Los ojos del alma

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 21 Inesperado


Era evidente que Eliza estaba sorprendida y en cierto modo, avergonzada, también Eleanor se sentía avergonzada, incluso la propia Candy se sentía avergonzada... u otro adjetivo más apropiado: burlada.

—No, no tienes que irte, Eliza... sé que eres amiga de la señora Eleanor y ésta es su casa, no mía.

Aunque Candy sonrió al terminar su argumento, había una angustia y decepción palpable en su cara.

—No fue mi intención que te sintieras incómoda, Candy, honestamente yo no pensé... nunca hubo doble intención...— Eleanor estaba nerviosa, temía que ese descuido provocara un descontento en el tríangulo que formaban ella, Terry y Candy al convivir.

—No se disculpe, Eleanor, como le dije, ésta es su casa, usted es libre de recibir a quien desee. Si me disculpan... me retiro a estudiar.— Se dirigía con su bastón hacia la habitación que ahora compartían ella y Terry.

—¡Candy!— Eliza la llamó y Candy se detuvo.

—Eliza, no creo que sea buena idea...— Intervino Eleanor.

—Yo creo que sí, creo que es muy necesario que Candy y yo tengamos ésta plática. No me tomaré mucho tiempo, ¿vienes, Candy?

Candy titubeó por largos segundos, al final decidió ir con Eliza, salieron del apartamento hacia el elevador y se sentaron en una banca del lobby del edificio, cada vez más decadente.

—Candy, es para mí muy importante que sepas que no ando detrás de Terry... la verdad es que yo a penas lo veo y aún si tuviera la oportunidad...

—Yo no he insinuado nada, es más... ni siquiera se lo he reprochado a Terry...

—Candy, déjame hablar.— Eliza la interrumpió, pues ya Candy la había interrumpido antes con su parloteo.

—Lo siento...

—Terry es un chico muy especial, tiene sus defectos, como cualquier otra persona, pero es... es íntegro. Aún si yo quisiera meterme en el medio... entre ustedes, él jamás se prestaría... En fin... Terry y yo nos conocemos desde el vientre de nuestras madres, cualquiera que fuera mi intención, él la adivinaría en segundos y me pondría en mi lugar antes de que yo alcanzace a dar un segundo paso.

—Yo no he dudado de él nunca...

—Tal vez no de él, pero sí de mí, de lo que tuvimos, o de mi relación con Eleanor, sé que de algún modo eso te mortifica.

Candy sólo bajó la cabeza, aunque no lo dijera con palabras, lo que Eliza decía era muy cierto.

—Es que... aún cuando sé que Terry me ama... su madre... es obvio que te prefiere a ti... ella quisiera que fueras tú la que estuvieras en mi lugar...

—No creo que sea así, Candy. Y bueno, aún si fuera así, poco importa, porque es la elección de Terry lo que cuenta y que creo que él ha dejado bastante claro a quién ha elegido.

—Si yo hubiera sabido en un principio de su relación contigo, jamás...

—Candy... no hay culpables aquí, nuestro rompimiento era inminente, aún si tú no existieras. Mira, Candy... Terry y yo siempre fuimos amigos, desde siempre... nuestras madres, ambas solteras y solas, eran amigas, su turnaban para cuidarnos, la mayor parte del tiempo siempre estábamos juntos y así crecimos, exploramos el mundo juntos... era inevitable que... que fuéramos algo más. Pero fue sólo eso, una costumbre vieja, fue amor en algún momento, no lo niego, pero ahora... ahora él y yo sólo somos viejos amigos y compartimos un lindo pasado y eso es todo.

Eliza tenía los ojos tan aguados al pronunciar todo aquello que al final las lágrimas cedieron, agradeció que Candy no pudo verlas.

—Entonces... ¿ya no lo quieres?— A Eliza se le formó un grueso nudo en la garganta, tan grueso que le dolió, tanto como esa verdad le dolía en el alma.

—Lo quiero, Candy. Yo amo a Terry, es algo que no podré arrancarme, nunca podré olvidarlo, yo he amado a Terry desde que tengo memoria. Pero Terry no me ama a mí y eso es suficiente para que yo me retire. Terry ha sufrido mucho, Candy, más de lo que él demuestra o admitiría, él merece ser feliz y yo... yo jamás lo traicionaría, por eso... no me podré meter entre ustedes dos, no por ti, sino por él... y porque además... de Eleanor he aprendido que uno debe tener amor propio... y arrastrarme por Terry aún sabiendo que no me quiere ya sería patético por demás.

Eliza se secó las lágrimas y esbozó una sonrisa para algún otro inquilino que vivía en el edificio.

—Lamento mucho que... bueno... que ustedes hayan terminado...

—No lo lamentes. Yo no me lamentaría en tu lugar.

—¡Candy!— Una chica llegó y las interrumpió. Candy supo bien de quién se trataba.

Con la interrupción, tanto Candy como Eliza dirigieron su atención hacia aquella voz. Se hizo un extraño silencio de pronto. Eliza y la recién llegada se quedaron mirándose, ninguna dijo nada, pero ambas sabían lo que cada una estaba pensando... y sobre todo... los recuerdos del lugar en donde coincidieron por primera vez.

—¡Annie! ¿Cómo llegaste hasta aquí?— Era evidente que Candy no estaba contenta de haber sido encontrada.

—Vine hablar contigo, Candy, por favor, escúchame...

—Disculpen, yo me voy.— Sin hacer contacto visual con Annie, Eliza se fue, quedando sólo las dos hermanas.

—¡Yo no te quiero escuchar!

—Candy... por favor... yo he querido hablar por años... mamá y papá nunca me lo permitieron, pero yo ya no puedo más con ésto... por favor... no me amordaces tú también.

Era tanta la desesperación de Annie, que Candy bajó la guardia y cedió un poco.

—Mira, Annie, sea lo que sea, está bien. No tienes que explicarme nada, todo está bien. No quiero que me digas nada, no quiero saber nada de ninguno de...

—¿En serio? ¿No te interesa saber nada de nosotros? ¿De cómo están papá y mamá? Patty lleva dos días durmiendo conmigo... no puede dormir sola en el cuarto que compartía contigo... ¿crees que eres la única que sufre aquí?

—No fui yo la que los llené de mentiras... ¡ustedes me traicionaron!— Lo dijo con dolor, no con rabia, sino con mucho dolor.

—¡A mí me han obligado a callar por años! A mí me han señalado todo éste tiempo por lo que te pasó. ¿Has notado la forma en que mamá es conmigo? ¿Has visto que me hable con cariño? ¿Alguna vez has escuchado lo orgullosa que se siente de mí? Mamá no es perfecta, Candy, pero a ti te ha querido mucho más de lo que me demuestra a mí.

—Lo siento... Annie, de verdad ya no se trata de ti. Son muchas cosas, hay muchas cosas en mi cabeza ahora y no se tratan sólo de ustedes... no creo que sea un buen momento, tal vez otro día...

—No, Candy, no será ningún otro día. Si no quieres verme más después de hoy, está bien, pero me vas a escuchar. No pienso guardarme ésto ni un día más.

Luego de que Annie le contara todo a Candy, ambas terminaron llorando y abrazándose.

—¿Por qué yo no recuerdo nada?— Le preguntó con frustración.

—Es una suerte que sea así, yo no lo olvido jamás... y cuando lo hago, las pesadillas me lo traen otra vez.

—Lo siento tanto, Annie...

...

Fue un gran alivio el hecho de que Candy y Annie hayan limado sus asperezas, aún así, Candy no regresó a su casa, no se sentía preparada. Ya hacía dos semanas que vivía con Terry y su suegra.

—¡Mamá!

—¿Qué pasa, cielo?— Eleanor puso el televisor en mudo para atender a su hijo.

—Arruinaste mi camiseta.— Le mostró a Eleanor una camiseta blanca que se había teñido de rojo en algunas partes.

—¿Yo?

—¿Y quién mas? Te he dicho que ya no tienes que ocuparte de lavar mi ropa...

—Yo no he tocado tu ropa, Terry.

—Fui yo... debió haberse ido sin querer con la ropa de color... lo siento.— Candy estaba al borde del llanto. Todos sus intentos de cooperar con las tareas del hogar eran cotraproducentes.

—Candy...— Terry se acercó a ella conmovido.

—Estoy arruinándolo todo...

—No... no, cieguita. Fue sólo un error, creo que a todos nos ha pasado...

—No debí venir aquí... les estoy destruyendo la casa...

¡Bum!— Un estallido y un fuerte olor a quemado y a fusibles impregnó el lugar.

—¡Dios! ¿qué fue eso?— Eleanor corrió del salón hacia la cocina, alarmada.

Detrás de ella, fueron Candy y Terry.

—¡No! El micro-ondas... lo compré no hace ni un mes...— Abrió la puertecita del aparato y encontró la causa de la explosión. Candy puso algo a calentar en un contenedor de aluminio.

—Lo siento... yo...— Ya Candy no supo que más decir, esa vez había metido la pata hasta el fondo.

—¿Lo sientes? Tú pareces querer resolverlo todo con eso. Te he dicho mil veces que pidas ayuda... ¿es que a caso quieres dejarnos en la calle?— Eleanor se había salido de control, cosa que muy rara vez sucedía.

—¡Mamá, cálmate!

—No es cosa de que me calme, Terry...

—Mañana mismo te compro otro micro-ondas.

—¡No se trata de eso! Sino del peligro... ¿te imaginas que ella hubiera estado frente a ese traste cuando explotó?— Terry no dijo nada más, pues su madre tenía toda la razón. No era sólo por los bienes materiales, estar con Candy en la casa suponía mucha responsabilidad.

—Ya no volverá a ocurrir, mamá. Yo estaré más pendiente de ella...

—Yo... yo ya no intentaré ayudarla más, Eleanor, prometo que... que no tocaré nada más...

—Tranquila, Candy.— Eleanor suspiró resignada.— ¿Por qué no van a dar un paseo? El clima está hermoso.

...

Candy y Terry captaron la indirecta y salieron del apartamento. Una vez abajo, Terry se quedó mirándola por un rato. Candy tenía la cara roja aún, en sus ojos brillaba la vergüenza por el incidente ocurrido. De pronto, analizando todo, Terry soltó varias carcajadas.

—¿Qué es tan gracioso?— Quiso saber Candy frunciendo el ceño y respingando la nariz.

—Vas a sacarle canas verdes a mamá, cieguita.— Siguió riendo.

—Eso no es gracioso, Grand.

—Bueno, hace un rato no, pero ahora que lo pienso...— Soltó otra carcajada, pero Candy, muy por el contrario, comenzó a llorar.

—¡Ya deja de reirte!— La risa se le paralizó de un golpe.

—Candy, no llores... no hay motivo, fue sólo... si quieres vamos hoy mismo y compramos otro maldito micro-ondas...

—¡Es que tú no entiendes!— Le gritó ya desesperada.

—¿Qué es lo que no entiendo?— Hasta Terry se fue molestando poco a poco también. Era mucha la presión que había estado soportando en los últimos días, aunque nunca se quejaba.

—Tu mamá no me quiere. Y yo no he hecho mucho para hacerla cambiar de opinión.

—Ah, es eso...— Suspiró Terry que se había imaginado algo peor.

—¿Y te parece poco? Lo dices como si... ¡bah!

—¿Y qué quieres que haga? Te ofrecí lo único que puedo ofrecerte, lamentablemente, mi mamá está incluída en el paquete, sólo haz un esfuerzo... yo no puedo con todo, Candy.

Luego de eso, se produjo un silencio enorme e incómodo.

—Tienes razón. Yo no debí meterte en ésto. Es que yo... pensé que sería tan fácil, pero... lo siento, Terry.— Lloró de frustración por sentirse atada, pero Terry notó que era la primera vez que lo llamaba por su nombre, como dándole seriedad a la situación.

—Tampoco te eches toda la culpa, Candy. No tenías muchas opciones y yo no iba a darte la espalda.

—Grand... yo... quiero irme de vuelta a casa.

Terry se quedó perplejo, eso sí que no se lo esperaba.

—Volver a tu casa...— Terry pronunció cada palabra con lentitud, como si fueran de otro idioma y cuidaba de la pronunciación.

—Sí...

—¿Estás segura? Candy, sé que éstos días no han sido fáciles, pero yo creo que...

—He tratado de ganarme a tu madre, Grand, y no es cosa de los últimos días, ha sido desde siempre. Ella, siempre ha sido amable conmigo, pero sólo eso. Hasta un ciego podría notar que no me acepta.

Terry supo que en gran parte, Candy tenía razón. Su madre había aceptado esa relación con resignación, pero no por convicción.

—Yo... hablaré con ella...

—No, Grand. Las cosas ya no pintan bien, no quiero echar más leña al fuego... y además, te conozco, sé que terminarán discutiendo y yo como siempre... seré la manzanita de discordia.

—¿Entonces lo has decidido? ¿Te vas a tu casa?

—Sí... entiéndeme, es que...

—No tienes que decir nada más, Candy. Entiendo perfectamente.— Se tomó un largo suspiro.

Caminaron hacia la salida cuando un anuncio en el boletín del lobby del edificio llamó la atención de Terry.

—¿Por qué nos detenemos?— Preguntó Candy desconcertada.

—Creo que tengo una idea mucho mejor...

—Pero... ¿a dónde...? ¡Grand!

Terry la arrastró sin explicaciones hacia el mostrador del encargado del edificio.

—Señor Tucci...

—¡Terruce! ¿Qué se te ofrece?— El amable señor, que conocía a Terry desde que era un chiquillo, se quitó el auricular de la oreja un momento para dirigirse a él, tapando la bocina para que el que estaba en línea no escuchara.

—Sobre el anuncio del apartamento vacío... ¿aún está disponible?

—Claro. Se desocupó ayer mismo... Toma, ve a verlo.— Le lanzó la llave y siguió atendiendo su llamada.

—Grand... ¿qué estás pensando? ¿A dónde me llevas...?

—A tu nueva casa.— Le dijo cargándola cuando la puerta del elevador se abrió en el piso del apartamento desocupado.

Terry abrió la puerta y entraron. Era un apartamento aún más pequeño que el que compartía con su madre. Tenía una sola habitación, pero estaba recién pintado y los enceres de la cocina y el baño parecían haber sido recién retocados.

—Grand... ¿nuestra nueva casa?— Preguntó Candy una vez él la puso en el suelo.

—Sí... ¿qué piensas?—Esperaba ansioso por su reacción.

—Yo... yo no sé... no quiero que gastes...

—No paga mucho. Además sólo exige un mes de depósito. Vamos, Candy, sí o no.

—Es que no sé...— Seguía dubitativa.

—Tal vez esto te ayude a decidirte...

Entre apasionados y lujuriosos besos la fue guiando a la cocina, sentándola sobre el modesto desayunador.

—Aquí todo será tuyo. No tienes que pedir permiso para nada, porque es tu casa.— No la dejaba hablar con sus besos, sus manos se estaban introduciendo por su blusa.

—Terry... no está bien, el señor Tucci podría entrar...

—Nadie va a entrar. Es una de las ventajas. Aquí nadie nos interrumpirá y nadie se quejará de tus gritos cada vez que te haga el amor...

En ese mismo momento le sacó la blusa y colocando las manos en sus caderas, comenzó a besarle el cuello.

—Te amo, Candy. Nunca te dejaré sola.

—Yo también te amo... ya no podría estar más sin ti...

—¿Ah sí?— Le dio un beso más ardiente y le quitó el sostén.

—Sí...

—¿Y sin sentirme?— Hizo que ella lo abrazara con sus piernas y la empujó más hacia el frente, casi al filo del mostrador para que pudiera sentirlo tan duro y viril.

—Sin... sin sentirte tampoco...— Contestó apasionada, pero con las mejillas rojas y la voz algo torpe, no sólo por el deso, sino porque aún conservaba algo de pudor.

Candy llevaba falda, era muy conveniente para la ocasión, Terry se la levantó y le corrió las bragas hacia un lado. Sin dejarla de besar, se bajó los pantalones y el calzoncillo luego de sacar un preservativo de su bolsillo. Antes de colocárselo, sin parar de besarla, su dedo comenzó a jugar un poco en su intimidad para estimularla, pero no hizo falta mucho esfuerzo. Terry sólo tenía que besarla, susurrarle al oído para que su pasión se disparara.

—Te amo.— Quiso que supiera, se puso el presarvativo y suavemente se hizo paso en su interior.

—También te amo.— La última palabra le salió chillona, el deseo tiene la capacidad de nublarnos y hasta cierto punto, idiotizarnos.

—Contigo todo es diferente...— La voz de Terry era falta de aire por los jadeos y las embestidas.

—Sí...— Ella quiso decir algo más profundo, pero las sensaciones divinas no le permitían otra cosa que no fuera gemir.

—Aquí puedes gritar. Nadie te oirá...

Esa fue la entrega más ardiente que tuvieron jamás. Fue pasión desenfrenada. Poco a poco, Terry le iba enseñando que cuando el deseo llama, cualquier lugar se convierte en cama y refugio para los enamorados.

Terminaron extasiados y aún no habían terminado de ver el apartamento. Tenía al menos estufa y refrigerador. Lo demás él podría comprarlo poco a poco y podría llevarse su cama del apartamento de su madre.

—¿Te gusta, cieguita?

—Lo que me gusta es que estaré contigo.

...

Dos días después, cuando Terry recibió su paga, le estaría comunicando de sus planes de mudanza a Eleanor.

—¡Qué! Pero, Terry... ¿has perdido el juicio?— Eleanor estaba visiblemente preocupada.

—¿Por qué te molesta tanto? Precisamente lo he decidido porque no queremos molestarte...

—¡No me molestan! Ustedes... no entienden...

—No, mamá, no entiendo, pero tampoco tengo tiempo, me tengo que ir a trabajar. Nos vemos por la noche.

Le dio un beso a su madre y a Candy y se fue, dejando a Candy con todo el lío... con Eleanor.

—Yo... me retiro... tengo que... estudiar...

—No vas a ninguna parte, Candy. Ahora tú y yo vamos hablar seriamente.

Continuará...


¡Hola!

Chicas, estoy de vacaciones de la uni hasta el 7 de enero, así que trataré de actualizar tanto como me sea posible. Gracias por seguir la historia aunque no actualice con la frecuencia de antes.

Bueno, ya estamos en una etapa muy clave de esta historia y... no le queda mucho, unos 9 capitulos aprox.

Gracias por sus comentarios:

norma Rodriguez, Erika L, elisablue85, Mirna, GRANDCHESTER LUCY, Maria De Jesus L H, Luisa, gatita, Soadora, mimeli, CONNY DE G, Dali, Iris Adriana, LizCarter, Oh Ha Ni, Maride de Grand, Zafiro Azul Cielo 1313, dulce lu, skarllet northman, Dayan Hernandez, Mazy Vampire

Chicas, algunas me pidieron unas sugerencias, creo que algo de un homenaje al chavo y otra la historia de los fosforos, no es que las esté pasando por alto, sino que en éstos momentos no tengo tiempo, por eso no he aceptado las propuestas, pero sí me he tomado el tiempo de leerlas y tal vez en alguna otra ocasión me anime y lo haga, pero por el momento es imposible, de hecho, les advierto que puede que al terminar ésta y historia y la otra que tengo a medias, me retire de fanfiction un tiempo indefinido, pues las metas que me he trazado requieren de toda mi concentración y esfuerzo para llegar a donde yo quiero llegar.

*En mi fic, "Amor de verano" en el final o en el epílogo hay un pequeño homenaje al chavo.

Un beso y gracias por el apoyo,

Wendy