Mi primer fic de YGO! u_u No discriminen XD AMO la pareja de Atem y Anzu jejeje así que para los otros fans este fic :'D

DISCLAIMER: Los personajes de Yu-Gi-Oh! no me pertenecen a mí, sino a Kazuki Takahashi.

EDICIÓN: No sé si se dieron cuenta, pero estoy re-escribiendo este fic, solo para dar una mejor impresión de él. Estuve leyéndolo, y descubrí demasiados errores… Así que los corregiré mientras me encargo de este desastre (19/02/2020).


Capítulo 1:

Un mismo deseo.


—¡Utilizaré a "renace el monstruo" para regresar a… Osiris, el dragón de los Cielos!

Una vez terminadas de pronunciar estas palabras, el poderoso dragón se presentó ante él.

—¡Ataca a Silent Magician!

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LP 0

Cero.

El simple, pero preciso y brutal rayo logró reducir sus puntos de vida a cero. Yugi…

Muto Yugi había perdido.

Mazaki Anzu no lo podía creer.

Sus preciosos ojos azules, más resplandecientes que nunca por las lágrimas, dejaron caer las gotas saladas con rapidez.

¡El faraón ganó!... Pero Yugi perdió.

Honestamente, no sabía si sentirse feliz o triste por todo esto. Atem podría quedarse con ellos, al lado de Yugi y de los demás. Sin embargo, eso también significaba que el faraón no podría descansar en paz; estaría atrapado en el rompecabezas y en esta era para siempre. Parpadeó para ver mejor, y vio a su amigo de la infancia caer de rodillas al suelo, llorando silenciosamente. Después, miró al faraón, quien mismo se veía un tanto triste con este resultado. La mera escena asaltó un gran miedo en su pecho: ¿Y si él no quería quedarse, después de todo…?

—Supongo que el faraón tendrá que quedarse —La voz de Ishizu interrumpió el pesado silencio—. Faraón, tendré que pedirle que regrese al rompecabezas —la petición sonó con genuina pesadez. La victoria era realmente agridulce.

Atem solo asintió, sin querer mostrar alguna expresión específica. Se acercó a la lápida donde reposaban los artículos, y tomó el rompecabezas entre sus manos, pero abrió más sus ojos violetas al notar algo fuera de lo normal.

No podía sentir nada.

—… ¿Por qué…?

— ¿Qué sucede?

— No puedo —Fue lo único que pudo decir antes de mirar a la antigua portadora del collar del milenio— ¿Por qué no puedo regresar al rompecabezas?

Ishizu y Marik intercambiaron una mirada, y se acercaron al faraón. La mayor tomó el objeto entre sus manos y cerró los ojos tratando de concentrar su energía en él, hasta que los abrió de golpe.

No podía creerlo.

—… ¿Qué es esto?

—¿Qué es lo que está pasando, Ishizu? —Se atrevió a hablar la bailarina.

Atem la miró, pero ella rápidamente apartó sus ojos de él y prefirió enfocarse en la respuesta de la mujer. No tenía el valor de mirarlo a la cara, ni siquiera la noche anterior pudo hacerlo.

Había deseado tanto que se quedase, pero ahora que se había cumplido su deseo, sentía que las consecuencias que se venían no eran buenas. Se sentía un poco culpable.

—El faraón no puede volver a ser el espíritu del rompecabezas como antes.

— ¿Qué quieres decir con eso? — Preguntó Jonouchi Katsuya al acercarse a su mejor amigo, que seguía arrodillado mirando el suelo.

—… Por alguna razón, el faraón ya no puede volver al rompecabezas del milenio, pero, por su victoria, está claro que le pertenece. Creo que al ser destinado quedarse en esta época y mundo… se le ha otorgado un cuerpo humano y propio.

Yugi alzó la vista al escuchar eso último.

Atem se miró a sí mismo sin poder creérselo. Miró sus manos, las abrió y cerró, finalmente sintiéndolas completamente suyas. Mas, era un tanto desolador ya no sentir la cálida presencia del espíritu de Yugi en su interior.

Era extraño.

—Hermana, ¿estás segura? —preguntó Marik.

—Completamente.

—¡Vaya, Atem! ¡Eres de carne y hueso ahora! —exclamó Jonouchi. Honda asintió, aún en shock como para decir algo coherente.

Atem seguía en silencio, mirando en un semblante preocupado a Anzu. Parecía huir de él apenas buscaba su mirada. Se preguntó si había hecho algo para herir sus sentimientos, pero no estaba seguro. La última vez que había entablado una conversación más o menos decente con ella había sido cuando le había agradecido por el cartucho. ¿Estaría triste por la derrota de Yugi? No le sorprendería, su compañero era muy apreciado por la bailarina, pero nadie parecía feliz con toda esta situación.

¿Acaso era el único?

Admitía sentir cierta melancolía ante el hecho de que no podría cruzar la puerta y encontrarse con sus seres queridos de su primera vida, pero estaba feliz; realmente feliz. Podría querarse con sus amigos, vivir como una persona normal, y no como el otro Yugi. Sería capaz de estar con ellos para siempre.

Pronto, el cartucho se sintió pesado contra su pecho.

¿Y si Anzu no pensaba lo mismo?, se preguntó mientras miraba cómo la joven junto a los demás acompañaban a Yugi.


Un gran escándalo; todo fue un gran escándalo. La madre de Yugi no se podía creer que había "un espíritu" en el rompecabezas de su hijo, ¡y casi idéntico a él! Salvo por sus ojos y mirada afilada por ciertas experiencias, claro. No tuvieron más opción que explicar durante horas el tema con ella, hasta que comprendió y se encariñó en tan solo segundos con el "nuevo miembro de la familia". Como se llamaba Atem, no se atreverían a quitarle su nombre, pero estuvieron de acuerdo para otorgarle el apellido Muto. Yugi se quedó con el rompecabezas, para que Atem tuviese espacio con su cartucho, el cual, curiosamente, observaba de reojo constantes veces.

Habían llegado agotados por la ardua batalla, pero veía a su "ahora hermano gemelo" sentado en su escritorio mirando seriamente la medalla grabada.

—¿Qué pasa?

—… Dime, Yugi. ¿Acaso no querían que me quedara?

—¡N-No es eso! —Se levantó rápidamente de la cama para mirarlo mejor. Entonces, notó la tristeza opacar los ojos del faraón. Yugi tragó saliva, incómodo—… ¿Acaso querías irte?

—… Quería que ganaras —Admitió—, pero también quería quedarme. Ustedes están aquí, conmigo. Aunque hay algo que me preocupa —Yugi asintió, instándolo a continuar—: me pregunto si Jonouchi, Honda… Anzu… y los demás hubiesen querido que me fuera.

—¿Por qué piensas eso? —Yugi lo dudaba. Estaba seguro que sus amigos, a pesar de haber puesto su fe en él, habían escondido el deseo de que Atem se quedara. Todos eran amigos, y lo apreciaban.

— Jonouchi no me dirigió la palabra en el trayecto de vuelta. Honda te acompañó… Anzu… Anzu ni siquiera me miró a la cara, como si fuese…

Entrecerró los ojos.

—¡No pienses eso! —Trató de frenar cualquier pensamiento negativo de su hermano—. Jonouchi-kun, Honda-kun y Anzu estaban un poco preocupados por mí, pero eso todo. Ellos te quieren mucho. — La verdad, él también había notado lo distantes que estaban sus amigos con Atem; creyó que había sido su imaginación, pero se equivocó al escuchar los tormentos en el faraón. Mas, estaba seguro que pronto se solucionaría todo—. Habla con los chicos mañana. Además, tendrás que ir a la escuela.

— ¿Con qué uniforme? — Preguntó desinteresadamente mientras jugaba con la pequeña cadena de su cartucho. No le llamaba mucho la atención.

—Ah, buena pregunta… Umm, Jonouchi-kun tiene dos uniformes. Podríamos…

Se mordió la lengua al ver la mirada de Atem oscurecerse aún más. Tal vez, temía de otro rechazo por parte de sus amigos.

— Lo siento.

— Es mi culpa, no te disculpes. — Se encogió de hombros, pero el tono de su voz sonó resignado, amargo.

Yugi no quiso seguir insistiendo. No supo en qué momento todo se había vuelto tan tenso e incómodo. Murmuró un débil "buenas noches" y se preparó para dormir. Pero estaba seguro de que no podría descansar, y Atem tampoco.

Apenas los rayos del sol salieron, ambos se dieron cuenta de que el tiempo había transcurrido muy rápido teniendo la cabeza llena de tantos pensamientos y reflexiones. Atem, quien estaba acostado en el suelo, no le importó y siguió observando el cartucho en un aire ausente. Yugi se levantó para llamar a su mejor amigo.

—… ¿Hola?

—¡Jonouchi-kun! — Sonrió.

¡Ah, Yugi! ¿Qué pasa? ¡¿Por qué me despiertas tan temprano?! —El pequeño se encogió por el grito de regaño.

— ¿Me prestas tu uniforme de repuesto?

¿…Ah?

— Es para Atem —Un largo silencio se hizo a través de la línea—… ¿Jono…-?

Muy bien. Te lo daré cuando te vayamos a buscar junto con los chicos —Le interrumpió y le colgó. El pequeño no pudo evitar hacer una mueca y un gran nudo en el estómago. No entendía muy bien la reacción de sus amigos.

Subió a su habitación donde Atem se encontraba dormido; le sorprendió un poco, honestamente. Se acercó y vio que tenía el cartucho en su mano, fuertemente agarrado. Parecía que el collar era más importante que el artículo del milenio. Miró de reojo el rompecabezas que reposaba en su velador, y se lo colocó sin muchas ganas. Era extraño; a pesar de siempre haberlo usado, nunca le gustó que Atem estuviese alejado de él. Pero él había insistido en que lo convervase.

Sin más, Yugi se acercó a despertarlo.

— Atem… Despierta, llegaremos tarde —Su voz sonó decaída. No podían culparlo de ello. Había una barrera que dividía a su nuevo hermano y a sus amigos. Quería entender el porqué, pero habían cosas que realmente no cuadraban. Los chicos siempre habían estimado al faraón desde que lo conocieron, ¿por qué ahora sería diferente?

El mayor abrió los ojos sin mucho esfuerzo, pero se podía ver que no había descansado del todo. Se levantó y se fue al baño, asintiendo con la cabeza, sin querer pronunciar palabra alguna. Echó a correr el agua, seguro que una ducha lograría despertarlo un poco más.


—¡Yugi, Atem! ¡Sus amigos están aquí!

Agradecía que su madre y que su abuelo siguieran tratando a Atem como una persona normal y miembro de la familia. De verdad lo apreciaba. Atem salió para mirar a sus tres amigos. Ellos lo miraron con curiosidad, pero no le dijeron nada, y él tampoco lo hizo. Miró la bolsa estirada de Jonouchi y la recibió. Diez minutos después, Atem salió del baño ya vestido. Ocultó el cartucho debajo de su camisa y agarró una de las mochilas de Yugi.

—¿Qué pasa? —Preguntó al notar la mirada de Yugi posada en él.

—… Nada — Se rio él con algo de verüenza—… Es solo que, a pesar de que seamos casi iguales, me hace gracia que seas más alto que yo.

Atem volvió su vista al espejo, donde se podían ver ambos. Era cierto, se podría decir que él medía casi un metro ochenta. Si que había crecido al otorgar cuerpo propio. No lo había notado. El pequeño Yugi apenas le llegaba en el hombro. Era algo curioso, y arrancó una sonrisa en el faraón. Esos pequeños gestos de Yugi siempre lo hacían sentir mejor.

—Sí, tiene algo de gracia. — Se rio y salió de la habitación, seguido del pequeño.

No les apeteció desayunar porque estaban un tanto retrasados para la llegar a la escuela. La madre de Yugi les hizo jurar que comerían algo apenas tuviesen un descanso. Sin más, salieron para volver a encarar a Jonouchi, Honda y Anzu. Atem no se molestó en disimular su incomodidad. Hizo un vago gesto de saludo mientras que su "hermano" los saludaba. Los cinco se encaminaron a la escuela mientras que Jonouchi trataba de conversar animadamente con Honda y Yugi, dejando a cierto par un poco más atrás.

Tanto el faraón y la bailarina estaban sumamente incómodos. Atem tensó la mandíbula, estaba molesto, frustrado y triste. No lograba comprender porqué sus amigos tenían esa actitud con todo lo ocurrido, tal vez, la relación había cambiado a pesar había dejado el cuerpo de Yugi. Esa idea lo deprimió más y bajó la vista, incapaz de tratar de buscar una forma de hablar con su amiga, quien caminaba a su lado.

A pesar de que eran ideas contrarias, Anzu era invadida por las mismas emociones que Atem. El silencio que lo solía caracterizar por sus constantes reflexiones, ahora era denso por la melancólica aura que lo rodeaba. Sus ojos violetas se veían tormentosos por la pesada tristesa que cargaba en sus hombros. Anzu supuso que debía estar extrañando a sus compañeros de su primera vida en Egipto, lo cual la hizo sentirse peor con sus deseos egoístas. ¿Y si todo había sido un error y Atem no quería estar con ellos?

—Estás demasiado callado —Susurró, segura que él querría algo de privacidad si llegaba a preguntarle algo personal—… ¿Sucede algo malo?

—Eso mismo me gustaría preguntarte —Le devolvió suavemente al mirarla. Anzu se cohibió y apartó sus ojos azules de él.

Para pesar de ambos, Atem malinterpretó su acción, creyendo que ella no se sentía cómoda con su presencia. Mas, sus dudas aumentaron cuando ella se había reunido valor para hablar.

—Yo…

—¡Chicos, nos adelantaremos! —Anunció abruptamente Yugi.

El par se giró para ver al menor sonreírles antes de salir corriendo con sus amigos, causando que detuvieran sus pasos. Atem miró de reojo a la joven, quien había seguido contemplando el camino que habían tomado los demás.

Yugi había hecho eso a propósito.


—¿De qué querías hablarnos, Yugi? —preguntó Jonouchi al dejar de correr—. Además, estás actuando un poco extraño.

—Pues, ustedes también están actuando muy raro —Les contestó de vuelta con cierta tristeza. Jonouchi y Honda lo miraron con sorpresa—. ¿Qué les sucede con Atem? Ahora él es mi hermano, parte de la familia… no sé porqué lo están tratando de esa forma.

—… ¿Cuál forma?

—Como si… no les gustara que esté aquí. Él a pesar está procesando la idea de quedarse aquí con nosotros. Deberíamos estar apoyándolo en lugar de dejarlo solo.

Ambos hicieron una mueca y miraron el suelo. El rubio fue el primero en alzar la mirada, llena de determinación.

—Lo sentimos, Yugi. Nosotros… No —Se corrigió al negar con la cabeza—… Por lo menos creo yo, que… fui muy egoísta con toda esta situación.

—¿De qué hablas? —Él ladeó la cabeza, sin entender. Honda lo miró con curiosidad.

—Quería que él se quedara, pero nunca creí que ocurriría… Pensé que ganarías cuando venciste a los tres dioses egipcios y, aun así, deseé con todas mis fuerzas…

—¡Jonouchi! —Exclamó sorprendido Honda—… Yo… Creí que era el único que pensaba de esa manera.

—… Entonces todos no se acercan a él porque sienten culpa —Dedujo el menor. Sus amigos asintieron tristes, y él suspiró—. No creo que él se moleste ni se resienta con ustedes. Anoche… Anoche me admitió que quiso que yo ganara —Al ver las miradas de sus amigos, prosiguió continuar—, pero también me confesó que no se arrepentía de haberme vencido, ya que estaba con nosotros, sus amigos. Por eso... él no se siente mal por querer regresar. Los extrañará, sí, pero cree que puede tener una nueva vida con nosotros acompaándolo.

Jonouchi se animó y asintió.

—¡Muy bien! ¡Hoy mismo lo invitamos a comer unas hamburguesas a modo de disculpas! —Propuso emocionado—… Aunque no tengo dinero…

—Aportemos todos —Sonrió.

—¡Genial! —Pero algo frenó sus planes—… Huh, aunque Anzu también ha estado actuando muy raro…

Ah —Yugi maldijo mentalmente cuando su voz salió de forma tan amarga. Carraspeó un poco, ordenando sus palabras—… Creo que Atem y Anzu deben solucionar esto solos.

Hacía mucho que Yugi tuvo claro que Anzu no lo miraba a él, sino al faraón. Y aunque lo había entendido, su corazón un anhelaba el de su amiga de la infancia. Cabía agregar que Anzu era cercana a Atem; si había alguien que podría hablar y liberar al faraón de sus demonios interiores, era ella.

—¿Y por qué? —Preguntó insistentemente Jonouchi—… ¿Acaso se van a declarar o qué?

—¿Ah?, ¿tú crees que ellos sientan algo por el otro? — Preguntó el castaño con cierto escepticismo. No estaba seguro de eso.

Yugi quiso frenar toda esta charla innecesaria, pero Jonouchi le ganó.

—¡Vamos! ¡Dicen que soy el más despistado y se nota a kilómetros que Anzu está enamorada de Atem!

Yugi apretó los labios, y soltó una risa demasiado forzada para su gusto.

—… Pues sí, eso es muy probable —Después, mostró una mueca de preocupación—, pero Atem es todo un misterio, nunca me ha hablado sobre sus sentimientos hacia alguien. Solo me contaba el aprecio que siente hacia todos nosotros, pero no ha habido ningún sentimiento en especial. O, que yo sepa, al menos…

—Mm, no he visto mucho… pero puedo decir que son muy cercanos —dijo Honda.

—¿Uh?

—Sé que es malo recordar los momentos difíciles, pero cuando —Honda pausó, rascándose la nuca con cierta incomodidad—… el Sello de Orichalcos se llevó tu alma, hubieron muchos problemas para tratar de alcanzar a Dartz. Apenas comenzamos el camino, nos tuvimos que separar. Anzu y Atem se fueron juntos y cuando los volví a ver, estaban muy juntitos.

Yugi solo se encogió de hombros, fingiendo omitir comentario al respecto al no estar seguro. Pero sus amigos no se veían convencidos de su actuar.

—Llegaremos tarde —Fue lo único que pudo decir.

—¿Qué hay de Atem y de Anzu?

—De seguro ya llegaron.

Y como predijo el tricolor, allí estaban. Todos los estudiantes miraban curiosamente a Atem, quien miraba distraídamente por la ventana con una expresión decaída. Cuando Yugi llegó, el salón comenzó a murmurar. Jonouchi notó a Anzu echa casi un ovillo en su asiento, rodeando su cabeza con sus brazos. Fue el primer lugar donde se acercaron. El Muto menor se preguntó qué pudo haber ocurrido como para haber llegado a esto. Pensó que si los dejaba solos, podrían haber hablado de sus problemas.

—¿Anzu? ¿Qué ocurre?

—… Estoy cansada, pero estoy bien —Su voz sonó extraña, así que no parecía muy creíble su excusa.

Jonouchi miró alternativamente a Atem y a Anzu. Ya tendría tiempo para estar con la bailarina, pero el faraón se había vuelto su misión cuando terminó de hablar con Yugi. Rápidamente, se sentó delante de él.

—¡Hola, Atem! —Su grito fue innecesario, pero logro su objetivo. El aludido había pegado un respingo y lo miró—. Tú y yo tenemos un asunto pendiente —Sonrió entre dientes—, pero eso lo hablaremos después. Primero dime, tu cara parece la de un cadáver y Anzu parece estar llorando. ¿Qué sucedió entre ustedes?

Atem parpadeó un par de veces, y reaccionó tras oír que su amiga podría estar llorando por su culpa.

—¿Está llorando?

—No sabemos el porqué, pero por lo menos déjame saber qué pasó entre ustedes para saber si tu gran amigo puede darte alguna solución —Se tornó serio—. Anda, escúpelo.

Atem inconscientemente tocó el cartucho que estaba tras la tela de la camisa y entrecerró los ojos.


¡Chicos, nos adelantaremos!

Cuando desaparecieron, Atem volvió su vista hacia ella, esperando una respuesta de lo que estaban hablando antes de ser interrumpidos.

—… ¿Y bien?

Yo —Pausó y se mordió el labio.

Anzu —Llamó su nombre con tristeza. Ella finalmente lo miró, y sus preciosos ojos estaban llenos de lágrimas—. ¿Acaso…? ¿…No querías que me quedara?... ¿Nuestra amistad solo podía ser por medio de Yugi?

Anzu no contestó. Estaba haciendo lo posible para no echarse a llorar en su cara.

—… No —Contestó con la voz temblorosa.

Entonces… ¿Qué es? ¿No somos amigos?

Eran amigos, pero su respuesta podría cambiar eso. Anzu apartó sus ojos de él cuando la primera lágrima escapó de sus ojo derecho.

Atem, ante el silencio de ella, lo tomó como una respuesta negativa. Tal vez, era demasiado amable como para darle una respuesta tan cruda. Había asustado y decepcionado a Anzu muchas veces; los errores que había cometido en el pasado le estaban cobrando el presente.

—… Ya veo —Anzu alzó la vista confundida—. Será mejor que vayamos con los demás para no llegar tarde.

Comenzó a caminar, y terminó por tomar la mano de la bailarina cuando parecía estar clavada en el suelo. Sus pasos eran temblorosos y rígidos. Ella no pudo mirarlo, y él tampoco buscó sus ojos.


Para gran sorpresa de Atem, Jonouchi se mantuvo serio en todo momento. Y cuando terminó, él suspiró.

—No te aflijas, amigo. Creo que a Anzu le sucedió lo mismo que a nosotros, verás…

— ¡Buenos días alumnos!

Todos se levantaron, Jonouchi dio un respingo y se levantó rápidamente.

— Cómo siempre, en vez de estudiar, va picoteando, Jonouchi Katsuya —Ironizó el profesor. El rubio le lanzó una mirada asesina.

Al faraón no le había hecho gracia el vil comentario del docente.

—Y como siempre, quienes tienen autoridad, se aprovechan de ella.

Todos se giraron para ver al responsable de esa voz, que se situaba en el rincón del salón. Anzu alzó la mirada, Honda abrió más los ojos y Yugi tragó saliva.

—… ¿Quién es usted?

Este sonrió.

—Muto. Atem Muto.

Los murmullos no se tardaron en procesar, miraban repetidamente al nuevo y al pequeño que estaba un poco más alejado de su hermano.

—Así que… Usted es el alumno nuevo. Ya es su primer día y quiere quedarse en detención.

—¿Por qué? ¿Por defender a un amigo?

—¡Me ha insultado! —le contestó con cierta impaciencia.

—Yo dije eso al aire —Alzó una ceja mientras sonreía—. Si usted se sintió identificado, no es mi problema.

Anzu no podía creerlo. Se estaba enfrentando a uno de los profesores más estrictos e irritantes de la escuela. Sin embargo, no debería sorprenderse tanto. Se había enfrentado a muchos idiotas en la escuela, siendo estudiantes o maestros.

Dicho profesor refunfuñó y decidió iniciar la clase.


Ya en el descanso, Jonouchi le contó a Atem sus pensamientos sobre la batalla final, los sentimientos contrariados que sentían los tres, y la culpabilidad que sentían, incluyendo a Anzu, aunque no podían estar del todo seguro. El rubio cerró los ojos fuertemente.

—¡No nos odies! —Se inclinó. Atem lo miró unos segundos, hasta que suspiró.

—Sinceramente, esa posibilidad fue lo último que consideré —Sonrió con melancolía—. Supongo que le debo una disculpa a Anzu.

—Tú siempre tan noble. —Chilló mientras lo abrazaba; Atem soltó un bufido, sintiéndose un poco más tranquilo consigo—. Oye, ¿y qué fue eso al comenzar las clases? ¡Gracias, viejo! ¡A ese idiota no lo soporto!

—No fue nada —Se encogió de hombros.

—¡Ya sé! Como recompensa, iré a buscar a Anzu por ti. Quédate aquí —Salió corriendo.

— No es nece…

Ya se había ido.

Atem se acomodó y siguió jugando distraídamente con el cartucho. Anzu era una de las pocas amigas que había tenido en su vida, considerando tanto su pasado en Egipto como el presente aquí en Domino. En la primera, estuvo solamente Mana…

¿Huh?

Cerró los ojos unos segundos. Solo Mana… ¿verdad?

Ahora, había conocido a muchas duelistas, pero las únicas que consideraba amigas eran Mai, Rebecca… y Anzu. Pero la bailarina no era una duelista, solo jugaba de forma aficionada. Siempre había tomado el rol de ser una amiga incondicional, ¡incluso se habían salvado de Zorc gracias al cartucho que le había dado!

Su mirada se suavizó al recordar la pequeña sonrisa que le había dedicado cuando le había regalado el cartucho, deseando conocer su verdadero nombre.

Sí, era diferente.

Lo que sentía por Anzu era diferente.


Continuará…


No me odien es mi primer fic de YuGiOh! Sinceramente el final destruyó mi corazón u-u Lo vi como hace tres años. Ahora, me dio por leer el manga y ES TAN OBVIO que Anzu ama a Atem, sin embargo me da aun duda sobre lo que ÉL siente por ella, amistad o amor pero en este fic es AMOOOOOOOR WIIIII JEJEJEJ Ya u-u Reviews?

EDICIÓN: Me demoré mucho en hacer un solo capítulo… (24/02/2020). Arreglé muchas expresiones que no se me hacian sentido, o ideas que había dejado al aire y nunca cerré. Además agregué unas cuantos EasterEggs de El fin de la Eternidad y el comienzo del Infinito (SECUELA), pero no afectan la historia. Me pregunto si alguien notará esto. En fin, si eres nuevo, bienvenido/a seas.