Creo que lloraré TT-TT Lo de los 100 reviews era una broma y sin embargo… Lo hicieron! Estoy conmovida lloro… y mucho! Jajajaja sinceramente este fic será muuuuuuuuuuuuy largo porque tendrá las típicas cosas casuales de los adolescentes, pero para contarle magia jijijiji yo creo que este fic tendrá más de 20 capítulos… Ñaaa Jajajajaja no sé… Bueno eso ojalá les guste:
Capítulo 6: ¿Qué sientes?
Las puertas se abrieron, dejando ver una gran cantidad de camareros esperándolos en la sala de entrada. La pareja parpadeó sorprendida admirando el lugar. Anzu nunca había pisado la mansión de Kaiba, Atem sí, pero al parecer la habían remodelado.
— El joven Seto los está esperando en su oficina.
Ambos asintieron y los condujeron por las escaleras. El lugar era frío y a Anzu le daba escalofríos. Por el miedo, agarró al faraón de la mano, sorprendiéndolo, pero luego sonrió apretando su mano. La ojiazul suspiró por el apoyo. Las puertas se abrieron, dejando ver a Seto escribiendo en su computadora con serenidad.
— El joven Atem y la señorita Anzu vinieron a su cita, amo.
— Puedes retirarte, gracias.
El hombre obedeció y cerró las puertas, dejando al trío a solas. Atem le dirigió una seria mirada al castaño de ojos azules, esperando escuchar la razón por la cual lo habían llamado. Anzu soltó su mano al ver que el millonario fijaba su vista en aquel estrecho, para luego sonreír con burla. Atem lo notó, pero prefirió no decir comentar.
—… ¿Y bien?
— ¿Bien qué?
— ¿Para qué nos llamaste? — Frunció el ceño. Seto volvió su mirada más seria, borrando su sonrisa.
— Ah, eso. — Volvió a teclear el computador. — Pues, hace unas semanas, me ofrecieron volver a la escuela. Al principio me negué, pero me dijeron que me pagarían si también ayudaba en otra cosa.
—… Ve sin rodeos.
— Cámaras ocultas. — Sonrió mirándolo.
— ¿Qué? — Anzu parpadeó un par de veces confundida.
— Me pagarían volver a la escuela porque me pidieron realizar un trabajito. El cual era, poner cámaras ocultas en la escuela en cada salón para evitar asaltos. Últimamente se han provocado mucho. — Sonrió. — Y veo que tu problema estará solucionado, ya que nadie sería capaz de sospechas en la esquina de los techos. — Se rio con arrogancia. — Así que, ¿tenemos un trato?
— Kaiba, tú…-
Atem levantó la mano señalándole silencio a su amiga. Anzu obedeció sin comprender.
— ¿Qué quieres a cambio? — La sonrisa de Kaiba se ensanchó. — Sabía que esto no saldría gratis. — Sonrió con seguridad.
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— Kaiba nunca se da por vencido, ¿verdad? — Susurró. Atem sonrió. — Bueno, de nuevo le ganaste, sabía el resultado y ganamos de todos modos.
— Solo quería un duelo, no la victoria. — Contestó este. Anzu lo miró sin comprender. — Puedo ver… Que siempre estuvo confundido entre Yugi y yo. Después de todo, tomarías por demente a alguien que dice tener dos corazones en un solo cuerpo.
Anzu solo bostezó y se apoyó por completo en el hombro de Atem, quien la llevaba en su espalda.
— No debí pedirte que me acompañaras, te quedaste dormida a mitad del duelo. — Se rio.
— Les llevó toda la tarde. — Se quejó esta.
— Bueno… Ahora tenemos las pruebas suficientes para mostrarles que nosotros no destruimos el laboratorio. Sin embargo…— Se detuvo al ver el semáforo alumbrar color rojo. —… Hoy es viernes. No tendremos tiempo para entregarlo porque mañana no los dejarán entregar el video.
Anzu, dormitando, lo escuchó y quiso decirle algo para reconfortarlo, pero se sentía sin fuerzas.
— No quiero que expulsen a Jonouchi, puede que la suspensión de ustedes dure hasta el lunes, pero cancelarán sus becas, algo por lo que han trabajado por mucho tiempo, que observé en silencio…
Anzu, en respuesta, abrazó al chico por el cuello con un poco más de fuerza, llamando su atención.
— Saldremos de esta…— Murmuró aun con los ojos cerrados.
Atem sonrió y siguió su camino a casa. Ya se había vuelto un hábito que los cinco se quedaran en su casa. Al llegar, recibió un largo reproche de Yugi por no avisar que saldría y unos cuantos comentarios "raros" por parte de Honda y de Jonouchi, logrando que este se sonrojara.
Llegó a su habitación y depositó a la castaña en la cama, cubriéndola con una frazada.
— Duerme que te lo mereces. — Sonrió tras abandonar la habitación.
Volvió al linving, donde los chicos lo esperaban.
— Así que… ¿Dices que Kaiba hizo un trato contigo? —Atem asintió. — ¡Esto me da mala espina! ¿Kaiba? ¿Ayudándonos? ¿Bromeas?
— Tendremos que confiar en él. — Dijo tranquilamente el faraón tras sacar una cinta de video del bolso de Anzu. — Veamos si lo que dice es cierto. — Dicho esto, lo colocó en la máquina de video.
Esperaron unos minutos para que cargara. Una vez hecho, lo adelantaron hasta la hora de las siete de la tarde. Allí vieron entrar Akira y al su grupo. Al principio comenzaron a fumar, luego Atem entró al laboratorio, exigiendo el cartucho que le había robado. Luego comenzó la pelea, el faraón hacía lo posible y lo imposible con tal de no causar daño alguno, pero un chico lo lanzó al estante donde estaban los tubos de ensayo y los químicos. Los hizo pedazos. También cuando este esquivaba los golpes o patadas, le daban a las mesas o a los otros estantes. Luego apareció Jonouchi, y así escucharon el grito de Anzu.
Atem le colocó pausa. Ya era suficiente. Sacó la segunda cinta que había gravado la localización del patio frente de la escuela. Nuevamente lo adelantaron para ver al ver a Jonouchi ser lanzado por la ventana, sujetándose por el borde, la llegada de Anzu, la caída de Atem y Jonouchi, la pelea, el fin. En parte, ambos bandos tenían culpa, pero mayoritariamente el de Akira. Con esto, Atem se colocó de pie y guardó ambas cintas.
— Tenemos pruebas suficientes. ¿Tenemos clases de lunes a sábado? — El rubio asintió. — Muy bien, aunque ese bastardo quiera o no, iremos a clases. — Sonrió.
— ¡Tu cara delata que planeas algo! — Se levantó emocionado el rubio. — ¡Ya me imagino como le quedará la cara a ese loco de profesor!
— ¡Yo me uno! — También se levantó el castaño.
Atem esperó de su hermano lo mismo, sin embargo este se notaba distraído.
—… ¿Yugi?
— ¿Ah? — Levantó rápidamente la vista. — ¡Sí,sí! ¡Claro! — Rio nerviosamente.
Honda no pareció notar el comportamiento del menor, pero Jonouchi y Atem lo notaron. Ambos fruncieron el ceño, dándole a entender a Yugi que querían saber qué sucedía con él.
—… Será mejor que le avisemos a Anzu. Iré a despertarla. — Tan solo dicho esto, salió huyendo de la mirada de sus dos mejores amigos.
Yugi abrió la puerta de la habitación de Atem, sabiendo que la castaña estaba ahí. Se acercó a ella y tocó su brazo.
— Anzu, Anzu…— La meció con cuidado. La ojiazul soltó un gruñido de molestia, cosa que hizo sonreír al pequeño. — Vamos, Anzu. Despierta ya.
— Cómo molestas…— Murmuró agarrando una almohada y lanzándosela al chico, lo dejó sorprendido.
En la puerta, Honda, Jonouchi y Atem apreciaban la escena.
— Vaya pareja…— Murmuró Honda.
Jonouchi miró de reojo a Atem, quien había fruncido un poco el ceño, quizá porque había escuchado lo dicho por Honda. Disimuladamente, el rubio le dio un codazo al chico, dándole a entender la mirada de Atem.
—… ¡ANZU! — Gritó el rubio para tirarse encima de la ojiazul. Honda, al seguirle el juego, le imitó tirándose encima del rubio, quedando completamente la castaña soltando un grito ahogado de sorpresa.
La mirada de desconcierto de Yugi y la asesina de Atem no tardaron en dejarse mostrar. Mientras que Yugi alejaba a Honda, Atem sacó al rubio encima de la castaña de un solo tirón. Jonouchi tragó saliva al ver la mirada molesta de su amigo.
—… Jejeje… Atem, eres más fuerte de lo que creí…— Rio nerviosamente. Atem lo soltó y apretó los labios mirando el suelo. — ¡Vamos, viejo! ¡Fue solo para despertar a Anzu!
— ¡Pero fue como 500 kilos encima, Jonouchi! — Respondió la mencionada tratando de recuperar el aliento.
Atem nuevamente miró con reproche al rubio, logrando incomodarlo, pero… Sería divertido incomodarlo a él también.
— Me parece que tú quisiste abalanzarte sobre ella, ¿me equivoco? — Le susurró para que la castaña no le oyera.
En respuesta, recibió un golpe en el brazo. Este miró sorprendido al faraón con las mejillas rojas.
—…— Se cubrió la boca para evitar soltar una carcajada. — "Siempre creí que Yugi era el más inocente… Y que Atem era muy maduro… ¡Pero Atem es más inocente en el sentido emocional que Yugi!"
—… Bajemos a comer, debemos contarle a Anzu los detalles de mañana. — Habló el castaño.
— ¿De qué hablan?
— Una pequeña travesura en la escuela. — Contestó el rubio encogiéndose de hombros.
— ¿Travesura? — Repitió sin comprender. Miró a Atem que le sonrió guiñándole un ojo.
— Todo saldrá bien.
—… Eso espero…
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— Esos mocosos… Están acabados. — Susurró riéndose cuando abrió la puerta del salón.
Pero para su sorpresa, los cinco chicos que, tres de ellos estaban "suspendidos", y los otros, "expulsados" a partir de dos días, estaban allí, sentados encima de SU escritorio. El único que estaba sentado en su silla, era Jonouchi. Tanto el rubio como Atem miraban al profesor con una sonrisa burlona, logrando que el profesor se enfureciera.
— ¡¿QUÉ DEMONIOS HACEN USTEDES AQUÍ?! — Miró a los demás alumnos. — ¡¿POR QUÉ LOS DEJARON ENTRAR, IMBÉCILES?!
—… Woah, Sensei…— Bufó el rubio, logrando captar su atención.
— Vaya respeto que tiene usted hacia los alumnos. — Continuó Atem, destilando ironía en sus palabras.
— ¡IMPRUDENTE…!
— ¿Corregir sus errores es imprudente? — Le interrumpió.
—… ¡¿Qué hacen aquí?!
— A demostrar nuestra inocencia. — Contestó el rubio mostrando las dos cintas.
Kaiba, quien estaba en el rincón del salón, sonrió.
— ¿Qué es eso?
— Cintas, ¿qué más? — Se burló. — En ellas demuestra nuestra inocencia, y si no le molesta, ya se la mostramos al director.
— ¡El director está fuera de la ciudad…!
— Volvió. — Resumió el faraón encogiéndose de hombros. — En otras palabras, no somos culpables de nada, salvo de una simple pelea por querer recuperar un objeto que robaron. Jonouchi y yo estamos suspendidos hasta el lunes, pero los demás no y no les quitarán las becas a Yugi ni a Anzu. — Su expresión de volvió seria. — Además… El director desea verlo… Quizá fue "imprudente", que usted no nos dejara explicar nuestra situación.
El hombre soltó un gruñido de molestia y se retiró. Todo el salón comenzó a aplaudir por la derrota del profesor más insoportable del lugar. Los cinco sonrieron complacidos de su buen trabajo.
— Bien, ya todo está hecho. — El rubio miró a Kaiba, por más que lo detestaba, en el fondo lo consideraba un amigo… insoportable. — Kaiba. — El aludido lo miró. — Gracias, te debemos una.
El ojiazul se vio sorprendido por las palabras de Jonouchi, luego miró al resto del grupo, que asintieron con la cabeza.
— Caso cerrado. Vámonos, Atem.
— ¿Eh? ¿Adónde van? — Preguntó la castaña deteniendo al chico de ojos violeta al agarrarlo del brazo.
— ¿Que no oíste? Atem y yo seguimos suspendidos por la pelea, Honda solo recibirá una detención… Tú y Yugi son inocentes. — Aclaró el rubio, luego sonrió de forma pícara. — No te preocupes, no dejaré que ninguna chica se le acerque en el camino.
Anzu soltó enseguida a Atem, bajando la mirada ocultando su sonrojo. El faraón sonrió y acarició su cabeza.
— Nos vemos, Anzu. — Luego alzó su vista para mirar a Honda y a Yugi. — Nos vemos, chicos.
Dicho esto abandonó el lugar junto con el rubio.
— Oye, Atem…
— ¿Qué sucede, Jonouchi?
—… ¿Qué es esto? — La pregunta sonó más para sí mismo que para el joven a su lado. — Hubo una persona… Que la última vez que la vi… Estaba sufriendo. — Comenzó, logrando confundir a Atem. — Volví a abrir los ojos y… No he sabido nada de esa persona… La extraño y quiero verla… Dime, Atem… ¿Qué es esto?
—… Supongo que hablas de Mai, ¿verdad?
Jonouchi giró enseguida su cabeza para mirar a Atem con las mejillas rojas.
— ¡¿Co-Cómo lo supiste?!
— Una simple corazonada. — Sonrió conmovido que el rubio le estuviera confiando su estado emocional. — Primero que todo, Jonouchi… Según tú… ¿Cómo le llamarías a eso?
—… ¡No lo sé! — Se revolvió los cabellos, frustrado. — Es que…— Pausó. Si podía aclarar sus sentimientos, quizá él y Atem descubrirían algo en especial. —… ¿Nunca te ha sucedido…? ¿… Que quieres proteger a una persona con tu vida?
— Los protegí a ustedes. — Contestó este.
— No, Atem. — Negó con la cabeza. — Me refiero a una sola persona… Solo una, por la cual darías lo que sea, tu propia vida con tal de que esa persona siga con vida… O si incluso necesites vivir para asegurarte de que esté bien…
Atem miró el cielo.
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Las vías del tren se habían separado, él no se había percatado, pero una voz lo hizo darse cuenta.
— ¡Oh, no!
Este se volteó dándose cuenta de la situación.
— ¡Anzu! — Le extendió su mano. La ojiazul se veía indecisa viendo cómo se separaban más y más hasta que finalmente se armó de valor para saltar.
El faraón al tomar su mano, la jaló hacia ella y al sentirla lo suficientemente cerca, con el otro brazo le rodeó la cintura para que se equilibrase. Abrió uno de sus ojos al percibir la peligrosa cercanía que tenía con su amiga.
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—… Para sonreír…— Murmuró.
Era probable… Aun así… Sentía que la persona en la que estaba pensando… Anzu… No. Ella había sufrido mucho a su lado. En realidad… Todos sufrieron por su culpa.
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— Yugi, espera. — Este frenó sus pasos, pero no encaró a la joven. —… ¿Acaso un duelo es más importante que el estado de Jonouchi?
No. No lo era, Jonouchi estaba gravemente herido por el ataque de Ra, parecía no poder seguir viviendo, sin embargo…
No contestó.
—… ¡¿Cómo puedes seguir luchando en un momento como este?!... No solo Jonouchi, Mai-san… Bakura-kun… Incluso ese sujeto Rishid…— Miró el suelo.
—… "Lo sé, Anzu…"
— ¡No quiero que mis amigos sigan sufriendo de esa manera! ¡No soportaría verte a ti también de esa manera!
Por un momento se preguntó… Si le decía eso a él… o al verdadero Yugi. Él era solo un espíritu que no pertenecía allí, sabía que tendría que separarse ellos… Por más que desease quedarse, después de todo lo que pasaron sus amigos… No tenía ni derecho de pensar en ello.
—… Anzu. — La llamó en tono suave. — Debo luchar… Por la promesa que le hice a Jonouchi…— Así es, el collar del milenio le mostró aquella visión. Jonouchi sobreviviría. —… Me acompañaste al museo. ¿Recuerdas lo que vimos?
—… Sí.
— El cuerpo que tenía mi alma murió hace mucho tiempo… Pero mi alma sigue aquí. Por eso necesito encontrar respuestas, debo encontrarlas. — Se giró a verla, notando que ya no estaba sola, estaban Otogi y Honda. — Jonouchi sobrevivirá, sé que nos volveremos a ver. Yo creeré en ese futuro.
Honda y Otogi dieron unos cuantos pasos.
— ¡Debes ganar, Yugi!
— Lo sé, por Jonouchi.
— ¡Buena suerte, Yugi!
No recibió ningún ánimo por parte de Anzu, eso le dolió. Sabía que tenía miedo que él perdiera, o quizá que el otro Yugi perdiera… No, él era el "otro". Ni siquiera tenía derecho de ser llamado por el nombre de su mejor amigo.
Avanzó de forma decidida, sin mirar atrás, sintiendo la triste mirada de su amiga posada en él…
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—… No. — Cerró los ojos sentándose en la hierba del parque. Jonocuhi le imitó.
— ¿No qué?
—… No quiero. — Abrió sus ojos violetas. — Jonouchi… Contéstame lo que pregunté. ¿Cómo le llamarías a ese sentimiento?
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—… Amor. Es lo único referente… Que se me viene a la cabeza.
Atem sonrió con tristeza.
—… Lo sabía. Sabía que estabas enamorado de Mai, solo que no querías admitirlo. O no sabías que lo sentías.
—… ¿Atem? ¿Tú… has amado a alguien?
— No quiero amar. — Fue la simple respuesta de él. — Ojalá que jamás lo haga.
—… Entonces estoy enamorado de Mai…— Susurró con una sonrisa. Luego se dio cuenta de las últimas palabras del chico. — ¡Espera! ¡¿QUÉ?! ¿Por qué?
Atem sonrió con tristeza.
— Yo nací para proteger al mundo, no para amar.
— ¡Atem…-!
— No puedo… Ni quiero hacerlo.
Jonouchi notó el dolor en su mirada. Atem, sin darse cuenta, estaba desarrollando ese gran sentimiento hacia Anzu, no lo notaba. Pero los demás sí, incluso él, que era el más despistado.
—… No soy capaz. Una vez que me enamore, no podré apartarme de esa persona, por más que trate de hacerlo. Incluso si no me correspondiese, la ataría inconscientemente a mí con todas mis fuerzas… Es egoísta y cruel. Por eso, soy una persona que no está hecha para amar.
—… Atem…
Jonouchi nunca había visto la mirada de Atem tan desolada, triste. Claro, era un alma solitaria, destinada a proteger la humanidad, ser la reencarnación de un Dios en la vida humana… No era nada fácil.
— ¡Entonces…!— Se armó de valor para preguntarle y aclarar sus dudas para tomar una decisión. — ¡Atem!... ¿Qué sientes por Anzu?
Atem lo miró y esa fue la última pregunta que el faraón esperara que Jonouchi le hiciera algún día.
Continuará…
Es el capítulo MÁS corto que he hecho en este fic u,u pero van a ser las dos de la mañana y me matarán XD Así que… Lo sigo la otra semana :'D Reviews?
PD: No me odien
