Les voy a ser sincera, esta semana no me he sentido muy bien, de hecho la entrega de las calificaciones me han dejado con un terrible humor, no es que esté molesta con todo el mundo, sino que estoy molesta conmigo misma, hace que me odie más de la cuenta, como ustedes deben imaginarse, no soy bonita, tampoco inteligente, pero la típica que se esfuerza a pesar de todo, pero no es un cuento lo mío, yo de verdad soy una estúpida en esto, por más que trate, parece más lejano mi sueño, tengo 15 años, la suficiente edad para decidir qué carrera debo escoger, ya sé cuál es… Pero odio cuando no aprecian mis esfuerzos y me hacen creer que no tendré futuro para nada, diciéndome que nunca lo lograré.

Bueno, este capítulo no es nada cómico, solo puse depende de mi estado de ánimo, como el de un cadáver inútil… Bien… Aquí vamos:

Capítulo 8: Dentro del malentendido, el sentimiento oculto.

Abrió la puerta del salón y se sentó en su pupitre, al fin volvía a clases… Pero no volvería a casa. No lo haría.

Muchos lo quedaron viendo al ver su rostro sombrío que además, tenía nuevamente un parche en su sien y uno en su mejilla. Frunció el ceño de solo recordar lo sucedido el día anterior. No le agradaba recordarlo, hacía que su corazón doliera y que se llenara de amargura.

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

"¿Cómo habían llegado a esto?

¡ERES UN MALDITO BASTARDO!

¡JONOUCHI, POR FAVOR YA BASTA! — Suplicó llorando la castaña.

¡NO CONSIDERASTE A YUGI!

¡Jonouchi, podemos explicar…!

Atem cayó al suelo por tercera vez. La pequeña herida de su sien que había estado sanando, había vuelto a abrirse gracias a los golpes de Jonouchi. Su labio inferior también sangraba y sentía un agudo dolor en el estómago.

¡JONOUCHI! — Suplicó agarrándolo del brazo.

¡SUÉLTAME, MASAKI! — Se zafó del agarre con fuerza, haciéndola caer al suelo. Atem se paralizó por lo que su "amigo" había hecho. — ¡¿Querías esto?! ¡BIEN, LO LOGRASTE! ¡QUIZÁ AKIRA Y SU GRUPO TENÍAN RAZÓN SOBRE…-!

Fue interrumpido por un golpe que llegó en su rostro. Cayó al suelo sorprendido, encontrándose con la furiosa mirada de Atem.

Jonouchi… Siempre creí que eras una gran persona. — Apretó los puños. — ¡¿TE HACES LLAMAR HOMBRE?! ¡¿ACASO SIEMPRE CREES LO QUE TUS OJOS VEN?!

¡LO QUE VEO ES QUE HERISTE LOS SENTIMIENTOS DE YUGI!

¡DÉJANOS EXPLICAR DE UNA MALDITA VEZ ESTO!

¡NO SERÁ NECESARIO! ¡ESTÁ MUY CLARO LO QUE PASÓ AQUÍ! ¡¿CÓMO PUDISTE?!

Atem ya no contestó. Respiró agitado por la ira que corría por sus venas. ¿Cómo habían llegado a esto? De nuevo se lo preguntaba. Primero, los descubrieron en un malentendido. Jonouchi estalló de la furia y comenzó a insultarlo. Pudo haberlo soportado, pero insultar a Anzu… Ya era demasiado. Se limpió lentamente la sangre de su labio, caminó hacia el closet y sacó un bolso de equipaje. Guardó rápidamente ropa y unos cuantos pares de zapatos. Una vez hecho esto, pasó al lado de los presentes, sin mirarlos.

¡¿A DÓNDE VAS, COBARDE?!

Este giró su cabeza para ver al rubio.

¿A eso llamas cobarde? — Se volteó por completo. — Muy bien. Piensen lo que quieran, me tienen sin cuidado sus palabras. Eres tú el cobarde que se atreve a lastimar a una chica, que no escucha, que jura tener siempre la razón.

¡Atem! ¡Cuida tu boca…!— Le advirtió el castaño.

¡NO ME INTERESA! — Gritó. — Me iré, no pienso seguir en el mismo techo donde juzgan antes de ver la verdad. — Anzu se colocó de pie con debilidad, el caer le había causado dolor en sus heridas. — Prefiero mil veces la calle que aquí.

Le dirigió una molesta y decepcionada mirada a Yugi, quien ni siquiera había detenido la pelea, al parecer, veía la pelea esperando alguna respuesta. ¿Qué había sucedido con la persona que él conoció? Se sentía defraudado, solo… Como siempre. Se volteó y bajó las escaleras tranquilamente, como si nada hubiese pasado.

Vio que Anzu se acercó a la puerta. Les dio una última mirada al trío con los ojos llorosos. Ellos…

Una sonora bofetada se escuchó en la habitación, que lo hizo detenerse y mirar la habitación y lo que vio fue un gran desconcierto para todos. No se hubieran sorprendido tanto si Anzu hubiese golpeado a Jonouchi por haberla tirado al suelo o haberla insultado, pero la persona a la que abofeteó… Fue a Yugi.

—… ¡Tú…! ¡¿Quién eres?! — Exclamó con la voz quebrada. — Tú no eres mi mejor amigo. ¡TÚ NO ERES YUGI!

Dicho esto salió corriendo en escaleras abajo, encontrándose con la mirada violeta de su otro hermano. Ella solo miró el suelo, reprimiendo sus sollozos. Él, frustrado de no poder controlar su ira, había logrado que también se enojaran con ella.

—… Lo siento.

—… Quiero irme. — Fue lo único que escuchó de la castaña.

La dejó ponerse sus shorts que había dejado en el piso de abajo. Luego, la llevó en sus brazos a su departamento nuevamente, no se daría el lujo de que se fuera sola y herida. Se quedó en la casa de Anzu toda la tarde, hasta que decidió que debía irse. Pero… ¿A dónde?"

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

Había conseguido un empleo, no muy lejos de la escuela. Así que pronto tendría dinero. Bostezó, estaba cansado. Comenzó a cerrar los ojos, cuando una mano se posó en su hombro. Se giró para encontrarse con unos tristes ojos azules. Estaban rojos, quizás había llorado mucho. Por su culpa. De nuevo…

—… Buenos días. — Anzu sonrió. Atem no la imitó.

—… Hola. — Apartó sus ojos de ella. —… Tus piernas…-

— Puedo caminar. — Rio un poco. — Gracias.

—… Anzu…— Volvió a mirarla. — Yo…-

— ¡¿Escucharon los rumores?! ¡Dicen que un alumno está rompiendo las reglas y tiene un trabajo de medio tiempo! ¿Quién será? — Escucharon unos gritos fuera del salón.

Atem las maldijo, él era el idiota que consiguió empleo y había sido visto por alguno de sus compañeros, no se había cubierto lo suficiente para pasar desapercibido. Muchos tenían trabajo de medio tiempo, pero podían ocultarlo con facilidad, para su mala suerte, él no. Se levantó de su asiento, necesitaba mojarse la cara, estaba agotado.

—… ¿Estás bien, Atem? — Miró a la joven qué tenía una preocupada mirada. Él sonrió con tristeza.

— Claro que no. Tú tampoco. — Susurró. Se giró nuevamente y siguió caminando.

El ambiente se tensó cuando estuvo a punto de salir del salón, justo en ese momento, Jonouchi iba a entrar. Ambas miradas se cruzaron al mismo nivel. Como tenían la misma estatura, no era difícil la competición de miradas. El rostro del rubio, que tenía un parche en la mejilla por el golpe de la otra ocasión, irradiaba incredulidad y algo de frialdad, sin embargo la de Atem era completamente cruel. Este último pasó a su lado, como si fuese cualquier persona, también notó a sus espaldas que estaban Honda y Yugi, que lo miraron con sorpresa.

— No volviste. — Se detuvo al oír la voz de su hermano.

—… No lo haré tampoco. — Fue lo único que pudo contestar.

— ¿Por qué?

Este se giró. Yugi le daba la espalda y parecía tener la cabeza gacha. Frunció el ceño.

— Eso pregúntaselo al verdadero Yugi. — Dijo en un tono resentido.

Siguió su camino hasta parar al baño. Se mojó la cara para despejar su rabia y su cansancio. Soltó un sonoro suspiro acariciándose la sien lastimada. Le dolía bastante. Jonouchi definitivamente peleaba muy bien. Salió del baño para luego cruzar una mirada asesina a Akira, quien le sonrió con burla. Al entrar a su salón, se sintió un poco mal al ver que Jonouchi ya no se sentaba delante de él, sino que se había sentado al lado de su hermano. Se rio mentalmente, eso era… muy inmaduro. Pero… ¿qué más hacer? No querer ver a una persona, ni tampoco saber nada de ella…

Caminó tranquilamente a su lugar, fingiendo la ignorancia de no haberse percatado del acto de su "mejor amigo". Se sentó y apoyó su cabeza con su mano derecha. Cerró los ojos, pero ese recuerdo atacó nuevamente su mente. Soltó un gruñido de molestia.

Abrió los ojos con sorpresa al oír a alguien dejar sus libros en el pupitre en frente de él. Seguido, una castaña de ojos azules se sentó y lo miró con una sonrisa. Él no salía de su asombro, Anzu, que siempre se había sentado al lado de Yugi, había abandonado su lugar para estar con él… ¿Por qué? No entendía las intenciones de su amiga, pero fuese cual fuese… Se sentía agradecido con su compañía. Su mirada se suavizó.

— No me gusta verte así. — Le susurró la joven. Él sonrió ya un poco más animado. — Ya pasará, ¿sí?

Él asintió.

Al otro extremo del salón, estaba el trío admirando la escena con desconcierto y decepción. El solo verlos juntos, solo demostraba que quizá lo sucedido o lo que creían era cierto. Yugi apartó rápidamente sus ojos dela escena, se sentía molesto consigo mismo, el día anterior no entendió lo que le había pasado, solo Anzu lo había hecho reaccionar con aquella bofetada. No tenía valor de disculparse con ella ni con Atem. Pensó que el que se sentase a su lado le daría una ventaja de poder hablar con ella, pero sus esperanzas se desvanecieron al verla sentarse delante de su hermano. Honda no sabía qué creer, no podía opinar, pero Yugi siempre durante mucho tiempo su amigo, debía pagárselo. Jonouchi trataba de concentrar sus pensamientos en cualquier cosa que no fuese su amiga y su amigo… Si es que podía llamarlos de esa manera. Ayer no había comprendido las palabras de Atem ni las de Anzu. Pero ahora que estaba más calmado… Lo entendía.

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

Oye, Atem…

¿Qué sucede, Jonouchi?

—… ¿Qué es esto? — La pregunta sonó más para sí mismo que para el joven a su lado. — Hubo una persona… Que la última vez que la vi… Estaba sufriendo. — Comenzó, logrando confundir a Atem. — Volví a abrir los ojos y… No he sabido nada de esa persona… La extraño y quiero verla… Dime, Atem… ¿Qué es esto?

—… Supongo que hablas de Mai, ¿verdad?

Jonouchi giró enseguida su cabeza para mirar a Atem con las mejillas rojas.

¡¿Co-Cómo lo supiste?!

Una simple corazonada. — Sonrió conmovido que el rubio le estuviera confiando su estado emocional. — Primero que todo, Jonouchi… Según tú… ¿Cómo le llamarías a eso?

.

.

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¡JONOUCHI! — Suplicó agarrándolo del brazo.

¡SUÉLTAME, MASAKI! — Se zafó del agarre con fuerza, haciéndola caer al suelo. Atem se paralizó por lo que su "amigo" había hecho. — ¡¿Querías esto?! ¡BIEN, LO LOGRASTE! ¡QUIZÁ AKIRA Y SU GRUPO TENÍAN RAZÓN SOBRE…-!

Fue interrumpido por un golpe que llegó en su rostro. Cayó al suelo sorprendido, encontrándose con la furiosa mirada de Atem.

.

.

.

¡Entonces…!... ¡Atem!... ¿Qué sientes por Anzu?

Atem lo miró con sorpresa, le pareció que nunca esperó que le preguntara eso. Sintió un peso muerto en el estómago al ver que la mirada de su amigo se volvía más miserable, apartando la mirada de él.

—… No lo sé…— Susurró, desconcertando al rubio. — La quiero, es mi mejor amiga… Hubo muchas veces… Que quise odiarla… Otras veces… Quise protegerla. Lloró por mi culpa muchas veces… Porque… Le daba miedo. Yo le causé terror, por la oscuridad que hay en mi corazón.

Pero yo creí que…

—… Por más que lo evitemos, somos humanos, Jonouchi… Nadie es perfecto, no hay persona que no tenga oscuridad en su corazón.

.

.

.

Jonouchi… Siempre creí que eras una gran persona. — Apretó los puños. — ¡¿TE HACES LLAMAR HOMBRE?! ¡¿ACASO SIEMPRE CREES LO QUE TUS OJOS VEN?!

¡LO QUE VEO ES QUE HERISTE LOS SENTIMIENTOS DE YUGI!

¡DÉJANOS EXPLICAR DE UNA MALDITA VEZ ESTO!

¡NO SERÁ NECESARIO! ¡ESTÁ MUY CLARO LO QUE PASÓ AQUÍ! ¡¿CÓMO PUDISTE?!

Atem ya no contestó. Se limpió lentamente la sangre de su labio, caminó hacia el closet y sacó un bolso de equipaje. Guardó rápidamente ropa y unos cuantos pares de zapatos. Una vez hecho esto, pasó al lado de los presentes, sin mirarlos.

¡¿A DÓNDE VAS, COBARDE?!

Este se giró para ver al rubio.

¿A eso llamas cobarde? — Se volteó por completo. — Muy bien. Piensen lo que quieran, me tienen sin cuidado sus palabras. Eres tú el cobarde que se atreve a lastimar a una chica, que no escucha, que jura tener siempre la razón."

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

Se sentía muy mal por ello. Había lastimado a Anzu tanto física como emocionalmente, Atem se había molestado por ello. Él sabía, que más que herirlo a él, era más dañado al ver a la gente importante para él peor. Miró de reojo al faraón, que estaba en un aire ausente viendo la ventana. Entró el profesor y todos saludaron, la mayoría de mala gana.

— Muy bien, pasemos la lista. — Sacó el libro.

Atem ignoró el resto, esperando calmadamente su nombre.

— Masaki Anzu.

— Presente.

— Muto Yugi

—… Presente.

— ¡Preséntese en voz alta, Muto!

— Lo siento. — Su tono de voz estaba apagado.

— Bien. Sigamos…— Frunció el ceño al leer el siguiente de la lista. — Muto Atem.

—…

— ¡MUTO!

— Estoy aquí. — Contestó en voz alta, bastante molesto.

— ¡Muestra más respeto a tu superior! — Le devolvió este colérico. Él joven sonrió con burla.

— ¿Qué tiene de usted superior?

Jonouchi tragó saliva, ese hombre expulsaba muy seguido a muchos alumnos. Atem no sería la excepción.

—… ¡Tú, mocoso!

— No sabía que los superiores trataban de esa manera tan respetuosa a sus alumnos. — Destiló ironía.

— ¡ERES UN…!

— ¿Un qué? — Se puso de pie. Se desquitaría con él, ya que él había querido expulsarlos a él, a Jonouchi y suspender a sus "amigos". A pesar de que ellos estuviesen molestos, él seguiría defendiéndolos. — Dígalo, si es que es tan hombre. ¿Aún tiene suficientes agallas para mirarme a la cara, después de querer haberme expulsado sin fundamento?

—…

— ¡DÍGALO!

— ¡YA BASTA, FUERA DE AQUÍ! ¡ERES UN INSOLENTE!

— ¡Yo seré un insolente…! ¡Pero es mejor ser un insolente que ser un hipócrita como USTED! — Anzu lo miró sorprendida, los ojos de su amigo destilaban una increíble ira que quizá hace mucho tiempo quiso ser liberada.

Como un impulso, Jonouchi se colocó de pie, pero no hizo absolutamente nada, solo admiró la escena, donde el faraón descargaba todo sentimiento referente al cansancio y la rabia. Atem finalmente inhaló y exhaló lentamente. Ya había sido suficiente.

—… Fuera… ¡Fuera! ¡FUERA DE AQUÍ!

Él no siguió protestando. Se llevó una mano a la cabeza, tratando de controlar sus mareos. Caminó lentamente hacia la salida del salón, pero una mano agarró su brazo. Se sorprendió de que fuera su hermano, mirándolo con algo de miedo y asombro. Quizá lo había agarrado sin pensar, y ahora que lo había hecho, no sabía que hacer…

Una potente descarga comenzó desde el brazo que Yugi le había tomado, para luego recorrer todo su cuerpo, dañando su interior, hasta detenerse en su pecho. Apartó sus ojos de su hermano, mordiéndose el labio para reprimir soltar un jadeo de dolor, dándose cuenta también… Que Yugi tenía puesto el rompecabezas.

Se zafó de su agarre como si su tacto le quemara, aunque en cierto modo era cierto, y salió corriendo del salón.

Yugi, Honda y Jonouchi, no entendieron esa reacción de Atem. Pero cierta castaña de ojos azules entendió a qué se debía. Alarmada, se colocó rápidamente de pie y antes de seguir al faraón, la voz del profesor la detuvo.

— ¿A dónde se dirige, Masaki?

—… A la enfermería. — Pésima excusa. No le importó.

Ignoró las siguientes preguntas del hombre, también las miradas confundidas de sus amigos, así que salió corriendo en busca de Atem. Apenas dobló en una esquina de los pasillos, y vio a Atem apoyándose apenas en la pared. Esta ahogó un pequeño grito y se acercó rápidamente a él.

— ¡Atem! — Exclamó en un susurro.

El chico sudaba, mantenía fuertemente los ojos cerrados, mientras se agarraba la camisa en el sector del pecho. La última descarga lo había dejado más débil que la vez anterior. Soltó un jadeo desesperado, le dolía.

—… ¿Cómo puede ser? — Preguntó en un susurró acercándose a él— No tocaste el rompecabezas… ¿Cómo…?

—… Probablemente…— Logró articular. — Es… Yugi.

—… ¿Qué?

Atem suspiró lentamente, logrando que el dolor se detuviera. Se dejó caer sentado en el suelo por el alivio. Anzu se arrodilló en frente de él.

—… ¿Estás bien?

—… Me encuentro mejor. — Su respiración seguía agitada. Anzu decidió levantarse y extendió su mano hacia él. — Gracias. — Murmuró débilmente al lograr ponerse de pie. — Vuelve al salón, Anzu. Al que echaron por "insolente" fue a mí. — Comenzó a marcharse.

Anzu le vio sorprendida. ¿Por qué de repente le evitaba?

— At…-

— Lamento… Que hayas presenciado eso. — Sonrió con amargura. — Lo de antes… En el salón.

—…

— Yo… No soy quien piensas, Anzu. — Apretó los puños. — No soy… quien crees. No soy una persona de buenos sentimientos, siento resentimiento, soy una persona muy egoísta. — Resumió.

Anzu no se movió, entendía ese sentimiento por parte de él. Se autocriticaba con facilidad, cosa que no era muy saludable. Se acercó a él hasta quedar en frente de él.

— Todos… Somos así. — Atem frunció el ceño confundido. — No hay nadie que siempre tenga buenos sentimientos, siempre llegará el momento en que uno sienta aunque sea un poco de resentimiento, somos egoístas… Pero cada uno de distinto grado. — Pausó. — Jonouchi, Honda, Yugi… Incluso yo soy así. Todos somos así, como lo sucedido… Ayer. — bajó la cabeza. — Así que… No te lastimes de esa manera, yo sé que no puedo entenderte del todo, aun así… Trato de entender.

Atem apreció la mirada de miedo y desesperanza de su mejor amiga, podía jurar que tenía unas enormes ganas de llorar, él entendía la razón. No pudo evitar sonreír.

— Eso no es cierto. — Anzu subió la vista confundida. — No es que me trates de entender. — tomó su mano y la estrechó con fuerza. — Tú ya me entiendes, Anzu. Cada palabra, sin vacilar… Me comprendes… Cuando estoy solo, aunque digo que quiero estarlo y es mentira… Sabes muy bien cuando miento. Me conoces muy bien, tanto como para ponerte en mi lugar. — Borró su sonrisa. — Te estoy muy agradecido.

Anzu, con los ojos brillantes por las lágrimas, asintió débilmente y correspondió el apretón de manos, bajando la vista para dejar escapar un par de lágrimas.

—… No quiero volver al salón. Me quedaré contigo.

— Pero…

— Está bien, no me molesta. Quiero asegurarme que de verdad estás bien. — Volvió a mirarlo y posó su otra mano en su pecho. — No quiero que vuelvas a recibir esos dolores. No soportaría de nuevo verte así…— Sintió sus mejillas arder por lo dicho, pero ya no había marcha atrás.

Atem sonrió y salió al patio trasero en compañía de su amiga. Se detuvieron cuando Atem sintió algo líquido recorrer su mejilla derecha.

— No de nuevo…— Maldijo por lo bajo al llevar su mano a su mejilla y encontrar lo que ya imaginaba: Sangre. Anzu gritó de la sorpresa. El ojivioleta la miró. — Eso también pasa cuando… Recibo esas descargas, se abren mis heridas, o hacen que la circulación de la sangre acelere tanto hasta que algún sector herido se abra. Si estuviese bien, sin heridas, quizás hubiera tosido sangre o algo así. — Explicó, la preocupación de Anzu no disminuyó.

Ambos se sentaron debajo de un árbol, había una pequeña llovizna, así que el sentarse allí no habría problema. Anzu sacó un pañuelo de una suave tela y se acercó más al chico.

— Acércate en poco. — Pidió con la voz temblorosa. Odiaba ver a la gente herida, más aun si esa gente fuera su amiga.

Atem se acercó con un poco de nerviosismo. Se estremeció al sentir la tela contra su mejilla para limpiar el líquido vital. Anzu ascendió hasta la sien y presionó un poco en ella, logrando que el faraón soltara un leve quejido.

— Perdón.

— No te preocupes.

Notó que seguía sangrando. No tenía nada con lo cual seguir cubriendo la herida. Se levantó y salió corriendo, gritando un "Quédate ahí" para el faraón.

Atem recargó su espalda en el tronco del árbol y cerró los ojos unos instantes. Hubiese estado más tiempo así, de no ser porque sintió que alguien se le acercaba, abrió los ojos y los dirigió hacia esa persona. Abrió los ojos con algo de incredulidad. Era Jonouchi.

Un largo e incómodo silencio reinó en el patio. Atem apartó la vista de él y miró el suelo, como si fuese más interesante que la presencia del rubio, quien se sintió algo dolido por el acto. No quiso acercarse, el faraón mostraba facciones molestas, pero se sorprendió al ver que la herida en su sien sangraba con rapidez e intensidad.

—… Eh…

— La herida se abrió. — Contestó simple, averiguando lo que pensaba. Jonouchi se acercó un poco. — ¿Qué quieres?

—… Yo…

— Agradecería que fueras sin rodeos, si Anzu viene, de seguro volveremos a pelear. Dilo y luego vete, ¿quieres? — Su amigo se vio sorprendido, esperaba que ese tono de voz sonara resentido y molesto, pero esta vez, se había escuchado cansado, triste y derrotado.

—… Sobre lo de ayer…-

— ¿Es eso? Entonces… Puedes irte. — Él rubio no se movió, imaginó que deseaba una explicación. — Jonouchi, no tengo que perdonarte nada, solo esperaba que me escucharas… Si no quisiste hacerlo es tu decisión… A quien debes pedirle disculpas realmente es a Anzu.

— Pero…

— Ella se sintió horrible con tus palabras… Discúlpate. — Ordenó.

—… ¡No puedo, Atem!

—… ¿Por qué no?

— Porque… ¡No soy capaz! ¡Al principio te creí un aprovechador porque estabas confundido respecto a Anzu!... — Atem frunció el ceño. Él no estaba confundido con Anzu… ¿verdad? — Pero luego de ver tu rostro cuando dije eso sin pensar… No lo quise creer, me doy cuenta que fuimos nosotros que… No. — Corrigió. — Yo… Yo fui quien no quiso escucharte… Lo sien…-

— No te disculpes. — Le interrumpió rápidamente. — No quiero oírte decir eso. Al menos, no quiero oírlo dirigiéndote a mí. Dile eso a Anzu.

—… Entonces déjame decirte algo. Yugi… Está muy arrepentido…-

— Yugi no es así. La forma en que actuó… No lo reconozco. — Lo cortó nuevamente. —… Tendría toda la razón de estar molesto si hubiese pasado "algo". Pero no pasó nada.

— Querría creerte, pero… Todo apunta que ustedes… Estuvieron…— No quiso terminar la frase.

Atem frunció el ceño. ¿Qué tenía de malo dormir con su amiga? Aunque la posición en la que se encontró fue realmente comprometedora, no tenía nada qué ver.

—… ¿Estuvimos qué? — Escuchó una suave risa del rubio.

— Eres tan inocente en ese sentido…— Borró su sonrisa. — Muy bien. Quiero escucharte, necesito saber la verdad.

—… Bien. — Cerró los ojos. — Estaba en el muelle… Me quedé dormido allí, me desperté muy tarde, ahí mismo, y escuché unos gritos. — Jonouchi frunció el ceño sin entender a dónde quería llegar. — Eran unos hombres persiguiendo a… Anzu. La encontré sucia y sangrando. — Jonouchi abrió los ojos demostrando el pánico en su mirada. —… No le lograron hacer nada, si eso es lo que quieres saber. — Mencionó al ver la expresión de su amigo. — La llevé a casa, recibí el mensaje de Yugi que se quedaría contigo… Luego mientras limpiaba las heridas de Anzu…-

Se frenó sintiendo sus mejillas arder. Ese recuerdo, ese momento… Cuando estuvieron apunto de… Soltó un gruñido, reprimiéndose por lo sucedido. Nos sabía si estar molesto porque no logró hacer contacto con sus labios, o porque estaba "abusando" de la amistad de su amiga inconscientemente.

—… ¿Qué más?

— ¿Ah?... Pu-Pues…— Se mordió el labio recordando cualquier cosa para complementarla como excusa. — Mientras limpiaba sus heridas… Me contó qué hacía allí y el por qué. Me dijo que cerca de su departamento escuchó unos gritos de una chica, luego otros idiotas que al parecer habían abusado de ella. Ellos descubrieron que Anzu los espiaba y… bueno, ya debes saber lo demás.

—… ¡Soy un idiota! — Se revolvió los cabellos, furioso. Atem lo miró sin comprender. — yo había visto a esos tipos… E iba a decirle a Anzu que tuviese cuidado… Pero luego llegó Yugi frustrado porque…-

— ¿Frustrado por qué?

—… Eh…

—… ¿Jonouchi?

—… Po-Porque…

— ¡Jonouchi, dilo ya!

— ¡Bien! ¡Kaiba le lavó el cerebro!... O al menos eso creo yo… Quizá por eso estuvo tan raro ayer.

— ¿Kaiba? ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

— Ese imbécil le pidió una conversación y comenzó a presumirle que tú eras mucho mejor que él, que sin ti, él no era nada… Además… Anzu…

— ¿Qué?

—… Yugi está enamorado de Anzu, tú más que nadie debe saberlo. — El faraón asintió. — Y por eso jugó con sus sentimientos… Por eso… Estuvo tan amargado.

Atem vio a Anzu aproximarse a ellos, sin notar la presencia del rubio. Volvió a mirarlo.

— Vete. — Este se vio confundido por la orden. — Anzu viene hacia aquí.

Él comprendió y asintió. Salió corriendo de allí, sin que la ojiazul se diera cuenta.

— Volví. ¿Con qué te entretuviste mientras no estaba? — Sonrió volviendo a sentarse a su lado.

— Pues… Mirando el cielo.

—… Ah…— Sacó de su bolsillo un parche. — La enfermera no quiso dármelo, pero no tuve de otra que sacar uno a escondidas, por eso me tardé. — Se rio. — Ven aquí.

Atem inclinó su cabeza hacia ella, quien estaba en frente de él. Nuevamente el suceso en el sofá se coló en su mente. Al parecer a Anzu no pensaba lo mismo, pues estaba muy concentrada en su trabajo. El ojivioleta sintió sus mejillas arder de solo recordar el recuerdo, ¿cómo pudo ser tan idiota? No podía hacerle eso a su mejor amiga.

Pero ella era tan especial… Toda ella era especial para él, tanto su sonrisa como sus lágrimas eran especiales para él, quien solo se aseguraría de que estuviese bien…

Entonces… Comprendió.

El sentimiento de desear y necesitar proteger a esa persona.

Asegurarse de que estuviese bien.

Que sonriera…

La necesidad de estar a su lado…

Su corazón palpitando energéticamente con solo su presencia.

La miseria de ver sus lágrimas…

La dicha de verla sonreírle a él… Solo a él.

La misión de hacerla feliz…

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

Jonouchi… Contéstame lo que pregunté. ¿Cómo le llamarías a ese sentimiento?

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—… Amor. Es lo único referente… Que se me viene a la cabeza."

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

Anzu le sonrió nuevamente al terminar de colocarle el parche. Atem sintió calor en sus mejillas.

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—… "Estoy enamorado". — Admitió finalmente tras corresponderle su sonrisa.

Continuará…

Gracias a mi hermana, mi humor subió mientras escribía esto… Bueno, aun no me siento bien del todo, me duelen los ojos, puesto que lloré mucho, y duelen más al estar en frente escribiendo esto jejeje pero lo hice por ustedes… Por eso quiero que hagan algo por mí: Lean esto. Siempre les contaré como me he encontrado emocionalmente en el principio y final de capítulo… Últimamente he estado con mis amigas y me he reído, pero a la vez una extraña sensación de soledad me invade… ¿Les ha pasado? Siempre haré preguntas incoherentes… Jejeje (Estúpida yo…) Ojalá les haya gustado, a mí me gusto bastante. Si quieren, cada vez que les pregunte algo, respóndanlo en los reviews jejej comentarán algo verdad?...

Bueno, eso… Se despide con cariño… Rossana's Mind

PD: De nuevo quiero un abrazo):