Lamento no haber actualizado tanto tiempo ni dar señales de vida u-u bueno las cosas han mejorado, arreglé las cosas con mi amiga (: Todo está bien n.n Bueno es imposible sentirse mal con las calificaciones, pero daré lo mejor de mí el próximo semestre :D
AGRADECIMIENTOS A TODOS LOS QUE COMENTARON MI NOTA (Y claro a los otros que me han comentado siempre el fic XD) POR HACERME SONREÍR CON CADA COSA QUE ESCRIBÍAN!
Capítulo 9: Perdón.
Sonrió nuevamente al cerrar los ojos. Anzu inclinó la cabeza sin entender la hermosa sonrisa del faraón que no desaparecía por nada del mundo. La ojiazul se acercó a él con algo de miedo.
—… ¿Sucede algo malo, Atem?
Este abrió los ojos y la miró. La chica no se dio cuenta del rubor de las mejillas del chico, quien apartó sus ojos de ella soltando una leve risa. Estaba nervioso, avergonzado… Y feliz. Muy feliz. Era incomparable la felicidad que sentía que su corazón le perteneciera a su mejor amiga, a ella, a esa maravillosa persona con un gran don de ternura. Se mordió el labio, ¡qué vergüenza! Darse cuenta de sus sentimientos en ese momento era muy bochornoso. Apenas podía controlar su respiración, ya que los latidos en su corazón eran imposibles de calmar. El calor en su cara no disminuía, es más, parecía aumentar.
—… ¿Atem?
Volvió a reírse. Se maldijo mentalmente, no podía otra cosa más que reírse como un tonto enamorado, pero era cierto de todos modos. ¡La amaba con locura y apenas se había dado cuenta de ello!
—… Todo está bien, Anzu. Es solo que… Hay algo que me causa gracia. — Apoyó su frente con el dorso de su mano, con la intención de ocultar su rostro de la castaña, aun sentía vergüenza. Soltó un leve quejido al apoyarse demasiado, había hecho un leve roce con su sien y le causó una horrible punzada.
— ¡Ah! ¿Estás bien? — Acarició con cuidado la herida.
El rubor de Atem aumentó. Sentirla cerca empeoraba su situación.
— Sigues sangrando, pero no con abundancia. — Comentó algo aliviada. — Eres una persona fuerte, de seguro en un par de días pronto estarás bien. — Le sonrió. Atem asintió con la cabeza gacha, apretando los labios. — ¿Crees lo mismo?
— Eso espero…
—… Estás rojo. ¿Tienes fiebre?
Se mordió el labio, lo había notado. La timidez que sentía no podía ser peor. Se sentía un niño hablando por primera vez con una niña que no fuese su madre.
—… Estoy bien, Anzu. No te preocupes. — Notó que la llovizna de hacía unos momentos, se intensificó. —… No me había dado cuenta… Que la lluvia empeoró.
Anzu miró el cielo y se rio. Ella tampoco se había dado cuenta al respecto. Ambos tenían el cabello y sus ropas húmedas.
— Con razón tenía frio. — Se abrazó a sí misma al reírse.
Atem se puso de pie y le extendió su mano. Anzu le sonrió agradecida.
— Entremos, o solo terminaremos más mojados.
Al ingresar nuevamente, ambos estornudaron al unísono, causando una carcajada de ambos. El faraón fijó su vista hacia su castaña de mirada zafiro peinarse el cabello con sus dedos con una expresión pensativa. No podía quitar sus ojos de ella, era imposible. No después de descubrir semejante sentimiento en su corazón. Anzu tembló un poco, murmurando que tenía frío.
It's just a wish, I still live like this (Es solo un deseo, aún vivo de esa manera)
Forget about where you are from (Olvídate de dónde eres)
I remember the day you came and talked (Recuerdo el día en que viniste y hablaste)
Your tone… Your face (Tu tono… Tu rostro)
They are so clear in my mind (Están muy claros en mi mente)
Just like you're beside me right now (Al igual que tú estás a mi lado en estos momentos)
Se acercó lentamente a ella, quien se puso nerviosa por el semblante serio de este. Hace unos momentos se le veía nervioso y ahora… Muy prudente. La castaña sintió su espalda chocar con los casilleros. Podía jurar que escuchaba los latidos de su corazón. El faraón posó ambas manos en los costados de la cintura de la ojiazul, apoyándose con los casilleros. Se acercó lo suficiente y pegó su cuerpo con el suyo. Cerró los ojos muy nerviosa. Ese "extraño abrazo" la estaba confundiendo, y volviéndola loca de las dudas.
—… Atem… ¿Qué…?
— Permanece así por un tiempo más…— Susurró. —… Así no tendrás tanto frío.
Ella, con el corazón en la garganta, solo asintió. Permaneció de esa manera, escuchando la lluvia como música de fondo en sus pensamientos. Levantó los brazos con miedo y rodeó su cuello. Se sorprendió de sentir el corazón de su amigo latir con velocidad, pero lo que más le asombró fue que ambos ritmos eran completamente iguales, como si fuera un solo corazón latiendo, provocando un leve zumbido.
Atem también se dio cuenta de eso, logrando que soltara un suspiro entrecortado.
This is Love… This is Love… (Esto es Amor… Esto es Amor…)
Look closely, this is love… (Fíjate bien, esto es amor…)
No matter how empty is… (No importa cuán vacío está…)
You fill my Heart… (Tú llenas mi corazón…)
¿Tan rápido había pasado el tiempo? Se separaron al oír la campana de recreo, Atem bajó la vista avergonzando, enojado consigo mismo, pensando que quizá la castaña estaría molesta con él. Sin embargo todos esos pensamientos se vinieron abajo al sentir a su mejor amiga tomarlo de la mano con una tímida sonrisa en sus labios con las mejillas encendidas.
—… Seguimos un poco mojados… Vamos por una toalla. — Se rio. Él correspondió su sonrisa y fueron tomados de la mano.
Yugi, Jonouchi y Honda, que habían pasado al lado de la pareja, se sorprendieron de verlos de esa manera. Lo que más le dolió al rubio, fue que ellos no se dieron cuenta de su presencia, como si ellos fuesen invisibles… Honda pensó lo mismo.
En cambio Yugi, sintió una horrible daga clavarse en su pecho. Estaban siendo muy crueles con ellos, pero… Se veían tan felices… Ni siquiera él, que había compartido cuerpo con su hermano, había logrado hacerlo sonreír de esa manera tan cálida como lo hacía con su amada mejor amiga. ¿Sería mejor alejarse de ellos para ser felices? ¿Pero que había de Jonouchi y de Honda? No solo por sus negativos pensamientos, ellos deberían sufrir de esa manera. Él le debía una enorme disculpa a Anzu, a Atem… A ambos. Nuevamente sintió unas enormes ganas de llorar al recordar el dolor que la ojiazul le provocó al chocar su mano con su mejilla, pero eso no dolió tanto como su expresión, sus ojos llenos de decepción y lágrimas… Esa expresión tan similar que vio en los ojos de Atem, solo que estos se veían fríos y resentidos… Pero había mucha decepción en ellos.
— "¿Qué estás haciendo, Yugi? ¿Qué pasó con todo el valor que tu hermano te dio? ¿Es que acaso piensas primero en tu felicidad a costa de la de tus amigos?" — Se recriminó mentalmente.
Jonouchi miró a Yugi, que irradiaba un aire ausente, fijando sus ojos en la dirección donde pasaron el par. Honda miró con tristeza a su amigo, de verdad estar separados… Era lo peor.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— ¿Conseguiste un lugar para arrendar? — Preguntó sorprendida.
— Sí. — Mintió. La verdad no dormía nada en la noche, pues su trabajo era nocturno y eso empeoraba su situación, pero no quería preocupar a la castaña. Al menos haría algo bueno en la noche en vez de pensar qué hacer en cuanto a la pelea con sus amigos.
— Bueno… Yo seguiré sola en este camino, gra…-
— Bromeas, ¿verdad? — La miró con reproche. — No quiero que te vayas sola a casa, me aseguraré que entres a tu casa y así podré irme tranquiló. — Demandó. — No quiero volver a verte en ese estado como la última vez.
Anzu apretó los labios, sintiendo un escalofrío el solo recordar esos gritos en su mente.
—… Supongo que tienes razón.
— Todos los días, después de clases te dejaré en tu casa. Es la única forma que tengo de recompensarte.
— ¿Recompensarme, por qué?
— No evité que te hicieras daño. — Contestó algo desanimado. Anzu sonrió conmovida por sus palabras.
Caminaron hasta dar con el edificio. Subieron las escaleras en silencio y se detuvieron en el departamento 207.
— ¿Aquí? — Anzu asintió. — Muy bien, nos vemos mañana.
— Hasta mañana, Atem. — Sonrió.
Él sonrió y salió del edificio. Sin embargo, apenas salir de allí, su sonrisa se borró y en su expresión se formó una grata sorpresa al encontrarse con su hermano menor esperándolo allí de espaldas. Se acercó a pasos lentos a él hasta quedar a un par de metros de distancia.
—… ¿Seguirás dándome la espalda cada vez que hablamos? — Preguntó frunciendo el ceño. Le molestaba que él no tuviese suficiente coraje para mirarlo a la cara. — ¿Por qué no me encaras? ¿Qué pasó con el valor que te di?
Yugi soltó un sonoro suspiro y finalmente se volteó para mirarlo. Ambos tenían fruncido el ceño, haciendo una competición de intimidación entre miradas. El menor se rindió primero, suavizando su expresión, sustituyéndola por una de tristeza y dolor. Atem, segundos después, cerró los ojos, tratando de buscar una palabra correcta para entablar una conversación decente.
—… ¿Qué haces aquí?
— Yo debería preguntarte eso…— Contestó Yugi con la voz apagada. — Pero no lo haré. Después de oír lo que me contó Jonouchi-kun de lo que sucedió con Anzu y contigo… No tengo derecho de cuestionarte nada. — El faraón entrecerró los ojos un poco sorprendido, creía que el rubio no diría nada. —... Yo…-
— Jonouchi me contó que habías hablado con Kaiba, que te había dicho que yo era mejor que tú en muchos aspectos.
—… Eso…
— ¿Qué te atormenta de eso?
— Pues que es cierto…
Atem se acercó rápidamente a su hermano y le jaló una mecha dorada de su cabello, sorprendiendo al menor. El faraón, sintió nuevamente algo quemar sus entrañas, terminando por deteriorar la energía de su cuerpo y corazón. Reprimió soltar un gemido de dolor, cosa que dio resultado, pues Yugi no se había dado cuenta.
—… ¿Qué tiene de verdad eso…?— Aquella oración escapó de sus labios como un suspiró agotado. —… ¿Sabes…?... ¿Acaso no te conoces a ti mismo…?...— Jadeó. —… Eres… Mil veces mejor que yo…— Sonrió con pesar, a pesar de sentir el sabor metálico de sangre en su boca. — Tienes buen corazón… Perdonas a pesar de todo… Defiendes a todos a costa de tu salud… Sacrificas todo… El solo ser fuerte físicamente no significa ser mejor… Puedes que seas pequeño… Pero eso no demuestra… que tu corazón sea… de la misma forma…
Yugi apretó los labios viendo a su hermano, se le veía adolorido, cansado… Sufriendo. Iba a preguntarle si estaba bien, pero él habló primero.
— Conócete tú primero… No debería importarte la opinión de los demás…— Cerró los ojos con fuerza. Otra descarga, ¿por qué cada vez que recibía una era mil veces más fuerte que la anterior? —… Te-Tengo que…
— ¡¿Atem?! — Se alarmó al ver al chico apenas mantenerse de pie y se arrodilló en el suelo. — ¡¿Estás bien?! — Se arrodilló en frente de él.
Atem se dio cuenta de su error: -Exponer su dolor. No, no podía permitírselo, no dejaría que los demás se preocuparan de nuevo por él, ya suficiente había hecho. Se levantó rápidamente.
— Sí, sí, estoy bien. —Contestó agitado. —… Nos vemos mañana.
Salió corriendo a toda velocidad, pero el dolor no abandonaba su interior. Corrió todo lo que sus piernas pudieron, hasta llegar al muelle.
Una vez allí, al darse cuenta que no había nadie, soltó un doloroso bramido de sufrimiento mientras se dejaba caer por completo al suelo. No se detenía, sentía que iba a morir en cualquier momento. Se reincorporó un poco hasta quedar sentado en el suelo. Se cubrió la boca al comenzar al toser.
Estuvo un buen rato tosiendo sangre, se limpió la sangre de su mano con un pañuelo. Ya lo limpiaría, pero estaba preocupado por su salud, no era un idiota que quisiera morir, puede que fuera un masoquista, pero no deseaba morir. No ahora, que descubría ese maravilloso sentimiento que sentía por su amiga, necesitaba asegurarse que ella fuese feliz. Soltó un doloroso suspiro.
—… ¿Atem?
Levantó la vista para encontrarse nuevamente con la rubia de ojos lilas que se bajaba de su motocicleta.
—… Mai…— Jadeó.
— ¿Te encuentras bien? — Se arrodilló en enfrente de él. — Tienes sangre aquí. — Se señaló a sí misma en la comisura de la boca. Atem se dio cuenta que aún tenía restos de sangre, se la quitó con la manga del uniforme algo molesto. —… ¿Por qué...? — No quiso continuar la pregunta al ver la mirada del chico, que suplicaba no querer responder. —… Muy bien, entiendo. No preguntaré. — Le extendió su mano. — Aunque sea déjame ayudarte a ponerte de pie, pareces un cadáver.
El faraón sonrió con pesar y aceptó la mano de la rubia. Se apoyó en la pared, sintiendo espasmos en todo su cuerpo, pero el daño estaba desapareciendo.
—… Te preguntaría cómo has estado, pero después de verte en ese estado, supongo que nada bien. — Sonrió algo incómoda. Él sonrió con pesar.
— No te imaginas cuánto…— La miró con seriedad. —… ¿Prometes no decírselo a nadie sobre esto?
—… No puedo hacer eso, sería muy masoquista de tu parte quedarte con eso todo el tiempo. — Él, en respuesta, se rio. Otra persona más le decía que era un masoquista.
—… Aunque sea… No se lo digas a Anzu. — Borró su sonrisa mirando el suelo. La rubia sonrió con dulzura.
— No me digas… ¿Ya te diste cuenta? — El joven levantó la vista para mirarla confundido. — De tus sentimientos, querido. — Se rio. Atem se sonrojó y volvió a mirar el suelo. Mai se carcajeó. — Vaya, supongo que te diste cuenta hace poco…
—… Déjame en paz… No es fácil lidiar con esto. — Murmuró algo apenado.
— Tranquilo, aunque era más que obvio, no se lo diré a nadie. — Le encantaría decirle que Anzu sentía lo mismo por él, pero eso sería mucho cargo de conciencia. Debería juntarlos de algún modo…
— ¡Atem!
Ambos se giraron para encarar a Jonouchi, que estaba respirando agitadamente. Había ido a buscar a su amigo porque Yugi le había llamado, diciéndole que Atem había estado actuando muy raro. Pero su mente se puso en blanco al fijar su vista en la persona que le hacía compañía a su amigo.
—… Mai…— Susurró.
La rubia también se veía sorprendida y asustada por la llegada del rubio.
—… Jono…— Murmuró, presa del pánico.
Atem miró a ambos, Jonouchi parecía estar en la luna, pues miraba fijamente a la rubia, pero su mirada se veía desconcertada y desorientada. Luego miró a Mai, que tenía muy claro lo que ocurría, y estaba presa del miedo. Necesitaba hacerlos hablar, así se escaparía de las preguntas de Jonouchi y… Los dejaría a solas para que hablaran.
—… Mai…— Murmuró nuevamente el chico. — T-Tú…— Sus labios temblaban, no podía decir nada coherente, ni formar una oración en su cabeza. — ¿Cómo…? ¿Cu-Cuándo volvis… te? — Tartamudeó.
—… Hace… Una semana. — Apretó los labios mirando el suelo.
Ninguno era capaz de decir algo normal, como los viejos tiempos.
— "¿Cómo no? Si la última vez que lo viste, le entregaste su alma a un demente…"— Se recriminó la rubia.
— "No debiste dejarla sola esa noche, Katsuya… La decepcionaste de nuevo…"— Pensó el rubio.
— "Necesito irme de aquí…"— Pensó el faraón.
Jonouchi iba a hablar, pero la voz de la Mai lo interrumpió.
— Olvidé… Que tengo que hacer algo… Nos vemos, Atem…— Miró al rubio. —… Adiós.
Dicho esto, salió corriendo hacia su motocicleta. Se montó en ella y salió disparada de ahí.
El rubio miró con tristeza el caminó que desapareció la rubia, tenía tanto que decirle… Tanto que expresar… Sobre todo el sentimiento que había descubierto gracias a…
— No te preocupes. — Jonouchi miró a Atem, que miraba el atardecer con seriedad. — Mai tiene miedo, pero no de ti.
—… ¿Qué quieres decir?
—… Yo entiendo cómo se siente. — Sonrió con amargura. — Dejas que una persona importante para ti pierda su alma por tu egoísmo y ambición.
Jonouchi sintió un peso muerto en el estómago, no debió mostrarse triste, había logrado que Atem también recordara malos momentos.
—… No fue tu culpa, amigo…
— Sé realista, Jonouchi. — Su sonrisa se volvió cínica. — ¿No fue mi culpa? ¿No fue mi ambición? ¿No fue mi egoísmo?
— ¡Deja de hablar así!
— ¿Y por qué no? — Le vio molesto. — ¿Por qué me estás diciendo esto ahora? Se supone que estamos molestos el uno con el otro.
—… Atem, no digas eso. — Susurró algo culpable.
— No estás molesto, ¿verdad? — El rubio negó con al cabeza. — Pero yo sigo pensando que sí. Esa es la forma que se siente Mai.
—… ¿Qué?
— El dolor… y la culpa no desaparecen con facilidad. Así como tú te sientes de culpable por pensar que abandonaste a Mai cuando perdiste tu alma, dejándola sola… Ella se siente culpable de haberte hecho pasar por aquello… Así como Yugi se siente culpable de pensar de esa manera de mí y de Anzu… Yo me siento culpable de que él tenga esos pensamientos.
— At…-
— Nada desaparece así como así, Jonouchi.
Dicho esto, suavizó su mirada, volviéndola triste. Miró su reloj. Ya pronto necesitaría llegar a su trabajo, era guardia nocturno de un centro comercial, lo aceptaron por una serie de pruebas de habilidad, bastante simple para él. Le encantaría faltar, pues las descargas del rompecabezas lo habían dejado muy débil, pero no podía… Necesitaba el dinero.
— Hasta mañana. — Murmuró tras comenzar a caminar, sabía que el rubio no insistiría en seguirlo, necesitaba que reflexionara lo que le acababa de decirle.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Detestaba el despertador. Se duchó, se vistió y se secó el cabello. Arregló su merienda de la escuela y salió del departamento. Se sorprendió de encontrarse con el chico de profundos ojos violetas esperándola en la entrada del edificio.
— Buenos días. — Saludó algo presa de los nervios. Él le sonrió cálidamente, logrando causar un rubor en sus mejillas.
— Buenos días, Anzu. Espero que no te moleste que…
— No, no. — Negó rápidamente. — Estoy feliz. — Se rio. — Siempre soy al primera en ir por los chicos…— Se detuvo y la tristeza la invadió. Era cierto… Todos estaban separados…—… Eh…
Atem la agarró de la mano y comenzaron a caminar a la escuela.
— Me dijiste que todo se solucionaría, así que deberías creer en tus propias palabras. — Le apoyó. Anzu asintió sonriendo nuevamente.
La ojiazul se sentía confundida por el "consentimiento" del faraón hacia ella, desde ayer que había comenzado a actuar extraño. La verdad… Desde hace mucho… ¿O siempre era así? Bueno, siempre era suave con ella, siempre trataba de no asustarla, hacía lo mayor posible para mantenerla a salvo de todo…
Se sonrojó al recordar lo sucedido del día anterior. Ese abrazo la había dejado muy confundida… ¿Qué era lo que realmente sentía el faraón por ella?
Llegaron a la escuela, todo parecía normal. Ambos notaron que Jonouchi, Yugi y Honda hablaban de forma secreta, entre murmullos y sonrisas malévolas. Eso les traía mala espina. ¿Qué traían entre manos? Las clases comenzaron y el trío no dejaba de susurrar sus planes, Anzu miraba de reojo hacia atrás, viendo que Atem trataba de prestar la mayor atención posible, pero estaba exhausto. Estaba abatido por el día anterior.
— ¡MUTO!
Levantó rápidamente la vista para encarar al odioso profesor que lo miraba con desprecio.
— ¿Me está prestando atención?
—… Quisiera, pero no. — Bostezó.
— ¿Ah, sí? ¿Acaso maneja el tema?
Atem miró la pizarra, estaban pasando logaritmos, fácil.
— Ajá. — Asintió con la cabeza. El hombre gruñó molesto.
— ¿De verdad? Entonces… ¿Cuál es el logaritmo de base cinco de ciento veinticinco?
Atem no vaciló y contestó.
— Tres.
—… Correcto. — Se giró furioso al no lograr su objetivo.
Anzu se giró para ver la victoriosa sonrisa del faraón.
—… ¿Cómo…?
— Esto es demasiado fácil para mí, Anzu.
— En ese caso… ¿Me ayudas a estudiarlo? — Se rio algo avergonzada de que no lograra comprender los logaritmos.
— Claro, será un placer. — Su sonrisa se volvió dulce.
—… Gracias. — Susurró y siguió prestando atención en clases, pero no pudo evitar preguntarse por qué Atem estaba tan cansado.
El resto de la clase fue así, hasta que llegó la hora de receso. Todos salieron corriendo del salón. Anzu sujetaba del brazo al faraón, que apenas podía caminar del cansancio. Caminaron hasta el árbol y se sentaron debajo de él.
— ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así? ¿No pudiste dormir anoche?
— No… No pude. — Y no mentía, ser guardia nocturno no era muy divertido. — Demonios… Aunque sea necesito dormir un poco y me repondré… Cinco minutos estarían bien…
— Descansa el resto del recreo. — Sugirió con una sonrisa. — Anda, recuéstate en mis piernas.
Atem la miró sorprendido. ¿De verdad podía?
—… ¿Hablas enserio?
— Claro, es lo único que puedo hacer por ti al verte como un zombi. — Se rio.
Atem asintió y se recostó en el regazo de la joven, sintiendo su corazón palpitar rápidamente. Apenas cerró los ojos, se relajó enseguida, pues estaba tan cansado, que no le costó trabajo dormirse.
Anzu, al notar que el chico ya se había quedado dormido, comenzó a admirar sus facciones. Se suponía que él, siendo un espíritu, pocas veces tuvo la oportunidad de dormir en el cuerpo de Yugi. Vio que por fin el faraón daba una expresión de paz. Siempre se mostraba serio y pensativo, pero el verlo dormido, lo hacía verle como un ángel caído, herido, pero aun así estaba en paz. Bueno, en cierto modo era así, fue un faraón con un destino a quedarse en una era donde él no pertenecía, pero fue acogido por ella, y los demás. Fue herido constantes veces, sacrificándose por los demás, pero seguía siendo feliz con sus amigos a su lado. La ojiazul cerró los ojos con tristeza al recordar la vez que el dragón alado de Ra había estado a punto de atacar a Mai y a Jonouchi, pero Atem había interferido. Esa fue la primera vez que había sentido un profundo dolor al verlo sacrificarse de esa manera, verlo sufrir… De esa manera. Nunca olvidaría el miedo que sintió cuando él cayó al suelo, pareciendo estar… muerto. Jamás lo olvidaría, pues se había prometido no dejar que saliera herido de nuevo. No lo cumplió, cuando fue a su época para ayudarlo, él estaba herido, la vida se le escapaba de las manos, pero había logrado salvarlo, ella y sus amigos…
Acarició el rostro del chico con la yema de sus dedos con cuidado.
—… Lo amo…— Susurró con una sonrisa. Él no la oiría, pero pronunciarlo abiertamente le había hecho sacar un gran peso de encima. Se rio con una verdadera felicidad. Estaba feliz de depositar su corazón en manos de una persona tan maravillosa como él. Ya había aceptado que jamás sería correspondida, pero era feliz siendo su amiga… Muy feliz.
La campana sonó, haciendo despertar al faraón, que había soltado un gruñido de molestia.
— Ahora… Ahora nos toca biología, ¿verdad? — Se sentó en la hierba algo desorientado. Anzu asintió.
— ¿Te sientes mejor?
—… Claro. — Se estiró un poco. Ambos se colocaron de pie.
— Hace un poco de frío.
—… Bueno, era de esperarse… Siempre hace frío después de llover.
Caminaron al salón, que extrañamente estaba vacío. Anzu caminó a su asiento. Sacó de su bolso un termo y se lo extendió al chico.
— Es café, quizás un sorbo te quite el cansancio un rato.
Atem asintió y dio un gran sorbo.
— Woah…— Suspiró. — Gracias, Anzu. Me siento muy bien gracias a ti. — Pausó. — ¿Podrías…? ¿Traerme café mañana también?
— Claro. — Sonrió. — Después de todo, solo lo traigo para calentar el cuerpo un poco. Pero te traeré todos los días para que no te duermas en clases. — Se rio.
Atem se rio algo avergonzado.
—… Ahora que recuerdo…— Guardó el termo. —… ¡Oh, no! ¡Hoy hay un acto cívico en la cancha! ¡Por eso no hay nadie! — Exclamó. Agarró al chico del brazo y salieron corriendo a toda velocidad.
Estuvieron un par de veces a punto de caerse de las escaleras por la prisa, pero gracias a la agilidad de la bailarina y las rápidas estrategias del faraón, lograron mantenerse al ritmo.
— Hacemos un buen equipo. — Opinó el faraón riéndose.
Al llegar, se sorprendieron de ver un gran eslogan que no tenía nada que ver… Con el acto. El eslogan decía con colores fosforescentes: "ATEM, ANZU. LO SENTIMOS MUCHO. ¡PERDÓNENNOS!"
Vieron que en el escenario estaban Yugi, Jonouchi y Honda, que le habían quitado el micrófono al director.
— ¡MUTO ATEM Y MASAKI ANZU! — Gritó el energético rubio. La pareja no salía de su asombro.
El trío se preparó y gritó con toda la fuerza que pudieron sus fuerzas vocales.
— ¡LO SENTIMOS MUCHOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Todos se cubrieron los oídos, incluyendo al par de allí, que recién había llegado.
— ¡Sabemos que tienen todo el derecho de estar molestos! — Anunció Yugi. — ¡Pero con esto esperamos que nos perdonen!
— ¡Así es! — Intervino Honda. — ¡Esperamos que volvamos a ser los mejores amigos todos nosotros como antes!
— ¡ANZU! — Gritó el rubio. — ¡Sé que herí tus sentimientos y no quise hacerlo! ¡Te estoy pagando con esa humillación y de seguro seré suspendido de nuevo! — Rio a pesar de ver la mirada asesina del profesor de matemáticas hacia él. — ¡ATEM, GRACIAS POR HABERME ABIERTO LOS OJOS!
— ¡GRACIAS POR ENSEÑARME TANTO, HERMANO! — Gritó esta vez Yugi.
— ¡ESPERAMOS SU PERDÓN!
Los tres se inclinaron. El público quedó impactado. Nadie se había atrevido a interrumpir un acto de esa manera, ni mucho menos que fueran esos tres, aunque se mentían en problemas con mucha frecuencia gracias a Jonouchi.
Atem y Anzu intercambiaron una mirada cómplice. Corrieron al escenario con una perversa expresión. El faraón se acercó al trío y les arrebató el micrófono.
—… Así que… ¿Están arrepentidos? — Habló con malicia. El trío trago saliva por la malévola expresión del chico, asintieron. — Interesante. — Miró a la ojiazul y ella sonrió. Le entregó el micrófono.
— Esta locura fue muy lejos chicos… Pero…— Les sonrió de forma especial. — ¡Pero si ustedes están en problemas, nosotros también!
Los tres se vieron sorprendidos.
— Comenzamos siendo cinco, cinco terminaremos en problemas. — Habló Atem.
El público aplaudió sorprendido por el gran lazo de los cinco, a excepción del grupo de Akira.
—… ¡GRACIAS, CHICOS! — Jonouchi, con los ojos llorosos de la emoción de abalanzó sobre Anzu y sobre Atem, provocando una carcajada general de todos.
— ¡Muy divertido, señor Jonouchi!
Los cinco miraron al director, que se reía como los alumnos.
— Muy conmovedor, esta escuela necesitaba esos ánimos.
— ¡Pero director! — Intervino el profesor. — ¡Esto es una falta de respeto! ¡Deberían ser suspendidos!
— Una simple detención es suficiente. — Sonrió amablemente el anciano. — No merecen esto, son grandes estudiantes con grandes metas. Espero más sorpresa de ustedes chicos.
El grupo sonrió. Atem miró a Anzu, que les sonreía a sus amigos, aliviada que el problema hubiese acabado. Luego miró a Jonouchi, quien también lo miraba.
— ¡Dame esos cinco! — Atem se rio por lo dicho.
Hizo lo mismo con Honda, pero al fijar su vista en Yugi, este le miraba con una sonrisa nerviosa, aun arrepentido, creyendo que a él no lo perdonaría. Atem se acercó a él y revolvió su cabello con una sonrisa.
— Todo está bien. — Yugi asintió con los ojos brillosos. — No llores, Anzu se preocupará.
Al oír esto, el pequeño se secó la lágrima que escapó de sus ojos y le sonrió a su hermano, que le correspondió la sonrisa.
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Ya era tarde, los cinco salían de la escuela, pues se habían quedado en detención. Usualmente se hubieran quejado, pero todos estaban felices. Todo estaba bien y no había ninguna preocupación.
— No puedo creer que hayan hecho eso. — Mencionó la castaña.
— ¡Fue divertido! — Se rio Jonouchi. — ¡El director es genial! ¡Debería él hacernos clases en lugar de ese loco que no se le entiende nada!
— No es que no le entienda nada, su forma de explicar es de nivel universitario, es todo. — Explicó el faraón. — Pero para mí es fácil.
Los cuatro lo miraron como si estuviera loco. Él solo se rio y siguió caminando, dejando a los cuatro… O más bien, a los tres atrás, pues Anzu le había seguido.
— ¿En qué piensas?
— ¿Eh? — Anzu sonrió.
— Quizás tengas razón… Te conozco muy bien. ¿Hay algo que te preocupa?
—… No es algo de qué preocuparse, pero… Es extraño…
— ¿Mm? — Atem se giró disimuladamente para que los chicos no se dieran cuenta. Se acercó más a Anzu.
— Hoy, cuando toqué Yugi en el acto, aun cuando tenía el rompecabezas… Esa vez… No logró hacerme nada. — Anzu lo miró sorprendida. Era cierto, lo había visto hablar con su hermano y todo… Y al parecer el objeto milenario no le había hecho daño.
—… ¿Se habrá detenido?
— No lo creo. — Su expresión se volvió seria. — Tengo una hipótesis de la razón por la cual el rompecabezas actúa de esa manera, aunque no estoy seguro… Bueno, no tengo por qué preocuparme por eso…— Le sonrió. — Hay que celebrar que estamos unidos nuevamente.
No se dieron cuenta que el trío se les había adelantado hasta la esquina.
— ¡OYE! ¡¿QUÉ ESPERAN?! ¡Hay que celebrar! — Gritó el rubio.
Ambos se rieron.
— Vamos. — La tomó de la mano, logrando sonrojar a la ojiazul. Lo miró, y esa cálida sonrisa seguía ahí. No sabía si era su imaginación, pero Atem le sonreía de una forma muy distinta que le sonreía a los demás…
Continuará…
¡¿PUEDEN CREER QUE YA TERMINÉ ETERNIDAD?! ¡Lo terminé en dos días! XDDD Las ideas fluyeron y las tengo guardada en un documento n_n Pero… Recuerden que desde el próximo semestre… No podré actualizar u_u Lo lamento mucho…
Por cierto, las letras cursivas y subrayadas representan la letra de una canción XD el otro capítulo tendrá "canción de fondo" por así decir… Jejejeje bueno a lo largo del fic habrán más canciones referente a los sentimientos de los personajes o también dependiendo de la situación!
Bueno… Contestaré una pregunta en especial de "Valerie Joan":
Bueno… Preguntaste esto: "¿por qué no puedo evitar pensar que tu forma de escribir es muy tierna y con sentimiento?"
Pues… Sí, escribo cada capítulo, tratándose de diferentes cosas depende de mi estado de ánimo. Se podría decir que hay muchas complicaciones en cuanto a eso, pues mi ánimo no es el mejor… XD Sí, la escritura es todo para mí, me da vergüenza mostrar mis historias a mis amigos, así que lo hago en fanfiction… Soy de las raras que les gusta el anime… Traducción: Una de las Fenómenos. Bueno, es escrito con sentimiento, pues puedo entender los sentimientos de los personajes, como si los conociera. En este caso, En Yu Gi Oh, cada personaje principal representa un pedazo de mí. KAIBA: Soy muy odiosa (Lo siento Kaiba, hay que ser sinceros xD) HONDA Y JONOUCHI: Me considero… Buena amiga, así que me importa mucho el bienestar de mis amigos, siempre trataré de estar ahí para ellos. YUGI: Soy odiosa… PERO EXTREMADAMENTE TÍMIDA, y deseé también amigos de verdad, que a pesar de los problemas, que siempre siguiésemos unidos… ANZU: Me parezco a ella por… Preocuparme mucho por los demás, los animo como puedo y trato de ayudar lo mayor posible para hacerlos sonreír. Se nota que está enamorada de Atem y no se queda con él… Así que se podría decir… Que en ese aspecto sufro mucho por amor… Tengo 15 y estoy ENAMORADA :C Y no me corresponde… Es triste lo sé XD Pero no me sorprende, no soy bonita. ATEM:… Me parezco a él… Porque soy masoquista XD Se puede notar que en cierto modo, es masoquista, un poco, pero lo es. También prefiere hacer las cosas solo, sin ayuda de los demás, yo hago lo mismo u,u… Bueno eso n_n Espero que leas esto
LO LAMENTO TARRANT HIGHTOPP! ME DEMORÉ MUCHO VERDAD DX?! BUENO AGRADECIMIENTOS A TODOS!
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