Hola mis lectores :'D Qué ha sido de su vida? Hay algo que no me gusta de estas vacaciones y es que son muuuy cortas :c Además, ya deben saber, que una vez que vuelva a clases, no volverán a verme hasta fin de año, porque me quitarán mi preciado computador donde tengo escrito este lindo proyecto junto con los otros u.u Algunos leyeron mi One-shot que publiqué que se llama "Paraguas para la lluvia" con nuestra pareja (AtemXAnzu) Jejejeje Y de aburrida estuve haciendo un dibujo de esta pareja, tal vez lo ponga de portada para esta historia, tal vez no, es que no me gustó mucho pero a la vez si XD es extraño… Bueno, algunas personas me regañaron por mi sobreesfuerzo por escribir el capítulo anterior, jejeje lo siento u,u No se preocupen que me he sentido como nueva así que no moriré n_n Ojalá que ustedes también estén de buena salud, no como yo estuve o Atem lo está u_u Ñaaa agradecimientos a todos n.n VAYAMOS AL CAPÍTULO!

Habrá más JonoXMai en este capítulo n.n

Capítulo 12: Premio San Valentín

No le sorprendía para nada ver a todos sus amigos apenas tener los ojos abiertos, pues habían estado toda la noche despiertos, siendo que tenían clases a primera hora. Yugi apenas podía mantener la vista al frente, Jonouchi y Honda ya se habían quedado dormidos. Luego fijó su vista en su castaña que se sentaba delante de él. Junto con él, eran los más despiertos. Pues después de que Anzu lo haya encontrado tosiendo sangre, no supo si fue por la conmoción de la castaña o cansancio por el cual ella se desmayó junto con él. No pudieron dormir cómodamente, sentía sus músculos tensos, pero al menos habían dormido para prestar atención en clases. Debía admitir que el dolor seguía en su interior. Ni siquiera era dolor, era una leve presión, que le causaba de vez en cuando agotamiento. No se acostumbraba del todo, pero ya pronto lo haría.

El sonido del timbre de receso finalmente llegó, despertando a sus amigos. El profesor se fue y Jonouchi se levantó para estirarse.

— ¡Demonios! No dormimos nada anoche… Creo que comí demasiada tarta…

— No eres el único, amigo. — Honda se apoyó del hombro del rubio. Yugi se rio de sus amigos y luego miró a Anzu.

— Anzu, anoche no te vimos casi nada. ¿Acaso te fuiste?

La castaña reaccionó y miró al pequeño. Necesitaba una excusa, cualquier cosa, pero no diría que durmió con Atem en uno de los pasillos del edificio. Sería extraño. Abrió la boca, pero alguien habló primero.

— Le había dado sueño, así que se fue a dormir a mi habitación. — Contestó Atem.

— ¿Y dónde estuviste tú, Atem? — Indagó curioso.

— Salí a tomar un poco de aire.

Yugi apretó los labios. Sabía muy bien que Atem le estaba mintiendo. Lo de Anzu quizá fuera cierto… Pero… El que haya salido "solo a tomar aire" no le creía. Compartieron cuerpo durante mucho tiempo y podía notar cada vez que le inquietaba algo o si le mentía. Su hermano estaba pálido, cansado. ¿Estaría enfermo? Pero él era bastante saludable, no lograba entender qué ocurría. Sabía que debía darle su espacio, después de todo, las enfermedades vienen y se van enseguida, ¿no?

Anzu miró con tristeza al faraón y luego se miró las manos. Estas temblaban. Le había prometido a Atem, otra vez, que no abriera la boca sobre su estado. Pero el recuerdo seguía ahí, el verlo escupir sangre, su rostro empapado por el sudor, su expresión de dolor… No podía abandonar ese recuerdo. Sentía que el faraón moriría en cualquier momento, lo peor era que no podía decir nada. Lo volvió a mirar y le sorprendió que él estuviera mirándola con una expresión seria, dándole a entender que después hablaran de ello, pero que por ahora… Que actuara como si todo estuviese bien. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios con timidez, siendo correspondida por la de él.

Honda se excusó que necesitaba ir a la cafetería para despejarse, siendo acompañado por Yugi.

Una vez que los dos que no sabían nada al respecto se fueron. Jonouchi se tornó serio junto con Anzu y miraron al faraón.

—… ¿Te encuentras bien? — Preguntó al rubio. Atem lo miró y sonrió apenas.

—… Un poco. — Anzu ya lo sospechaba, y quería saber el por qué.

— Creí que el dolor solo duraba unos minutos.

— Mientras se repitan, el período de tiempo que me lastima parece alargarse considerablemente. Y eso me está inquietando. — Cruzó los brazos. — Hay algo que tengo que hacer con el rompecabezas, romper esa especie de conjuro que me causa solamente a mí. — Pausó y una idea cruzó por su mente, haciéndole sentir un peso muerto en el estómago. —… ¿Y si me afecta a mí solamente porque no pertenezco aquí…?— Murmuró más para sí mismo que para sus dos amigos.

— ¡NO DIGAS TONTERÍAS! — Le gritó el rubio golpeando el escritorio. Atem lo miró sorprendido.

— ¡Claro que perteneces aquí! — Insistió la castaña. — ¡Formas parte de nosotros! ¡Por eso perteneces aquí, porque no sería lo mismo sin ti, Atem!

El faraón sonrió conmovido por sus palabras, pero esa sonrisa fue borrada enseguida, pues necesitaban encontrar la solución para quitar ese extraño daño que causaba el artículo del milenio hacia su propio dueño.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

— Estoy bien. — Insistió por tercera vez al ver la mirada insistente de su rubio amigo y la de su adorada castaña.

— Estás pálido. — Habló la ojiazul.

— Y estás sudando. — Concordó el rubio. — ¿Quieres que vayamos a tomar algo? ¿Algún refresco?

— El único que quiere ir a comer eres tú, Jonouchi. — insistió el faraón, aunque se sentía bastante mal, no quería preocuparlos.

— Corrección, faraón. — Le rodeó los hombros con el brazo. — Dije que tomemos un refresco, aunque comer no sería mala idea. — La castaña y el ojivioleta suspiraron al unísono por la resignación. —… Pero no tengo dinero…

— Yo tampoco…— Murmuró la castaña apenada. Atem logró escucharla y dos brillantes ideas cruzaron por su cabeza. Sonrió.

— Yo tengo dinero, vamos.

— Pero eso sería muy grosero de nuestra parte…

— No te preocupes, Anzu. Me pagarás con otra cosa. — Aseguró al pensar en su plan. Anzu inclinó la cabeza sin entender.

— ¿Con qué le pagarás, Atem? — Indagó curioso el rubio. — No me digas que…

— ¿Qué estás pensando, Jonouchi Katsuya? — Amenazó la castaña, pues ya tenía una idea de lo que estaba pensando su rubio amigo. No quería que envenenara la mente ingenua pero culta de su faraón. El rubio miró la asesina mirada que le dirigía su amiga y tragó saliva.

— ¡Nada, nada! ¡Olvídenlo! — Le quitó la billetera a Atem y salió corriendo. — ¡Yo voy por la comida! — Lograron escuchar al verlo correr a una tienda.

— ¿Qué demonios le pasa? Ni siquiera preguntó que queríamos y desaparece así…— Murmuró la castaña.

Atem sonrió.

— Era lo que quería. — La bailarina lo miró sin comprender. — Ahora necesito que me pagues, Anzu.

— Pero ya dije que no tengo dinero…

— No es eso. — La agarró de la mano. La alejó un poco de la tienda y la guió a un cartel que estaba en frente de ellos.

Anzu lo leyó: "Festival de San Valentín, 14 de febrero".

— ¿Qué hay con eso? — Preguntó.

— Necesito que me ayudes a juntar un par de rubios. — Anzu comprendió y se rio por la forma en que los llamó. — Pero necesitaremos también ayuda de los demás.

— ¡Tú cuenta conmigo! — Le apoyó muy emocionada. — Pero tanto Mai-san como Jonouchi son muy… Como decirlo…

— Idiotas. — Completó simple. — Tranquila, eso ya está planeado, pero necesito llamar a Mai.

— Tengo su número. — Señaló su celular. Atem sonrió.

— Entonces casi todo está listo. Solo hay que esperar dos días más para que el festival llegue. — Miraron alrededor, pues ya habían comenzado a adornar.

— ¡Oigan! ¿Qué hacen allá tan lejos?

Ambos se giraron a ver al rubio correr a ellos. Ambos sonrieron y se acercaron a él.

— Solo mirábamos los preparativos del festival.

— ¿Y qué? No tiene nada de especial.

— Bueno, como tendrá juegos de los cuales quizá te interesen… ¿Por qué no nos juntamos los seis en dos días más en la noche? — Anzu miró al faraón con sorpresa.

— ¿Ah? ¿Los seis?

— Tú, yo, Anzu, Yugi, Honda y Mai. — Sonrió de medio lado. Anzu seguía sin comprender pero sonrió.

— ¡Sí, es una fabulosa idea!

El rubio se sonrojó.

—… ¿P-Por qué Mai?

— ¿Acaso no es nuestra amiga?

— ¡Cla-Claro que sí! ¡¿Qué estoy pensando?! ¡Claro que sí! — Contestó rápidamente.

— Muy bien. — Le arrebató uno de los refrescos que traía. — Gracias por ir a comprar, aunque ni siquiera preguntaste de qué sabor queríamos.

—… Buen punto… ¡Qué va! No importa mucho, ¿verdad?

— Claro que no, Jou. — Contestó la castaña al recibir su vaso correspondiente y le dio un sorbo. — Bueno, necesitamos irnos.

— ¿Cómo que necesitamos? ¡Atem vive conmigo! ¡Es mío! — Lo jaló del brazo. — ¿Quién me va a cocinar? ¡No te lo vas a llevar!

Anzu hizo una mueca, el rubio había olvidado un pequeño detalle…

— Jonouchi…— Atem se zafó del agarre. — Recuerda que trabajo día por medio.

—… Pero ¿quién va a cocinarme? — Hizo un puchero.

— Tendrás que aguantarte. — Le entregó su mochila. — Tengo que irme. — Se despidió, miró a Anzu y le susurró. — Mañana, con los chicos.

Ella asintió mientras veía al chico salir corriendo. Se giró a ver al rubio que miraba la mochila de su amigo con curiosidad. En uno de los bolsillos encontró un ¿pañuelo? Ambos miraron el objeto y lo notaron. Estaba húmedo y manchado con un líquido rojo. La sangre no era de mucho tiempo. La castaña miró el camino por donde se fue el faraón…

Al día siguiente, Yugi caminaba pensativo a la escuela, hasta que sintió unos pasos a sus espaldas y se volteó, encontrándose con su hermano que corría a él.

— ¡Yugi!

— ¡Atem! ¡Qué sorpresa! ¿Por qué…?

— Llegué muy temprano porque estuve trabajando. No quise despertar a Jonouchi tan temprano. — Jadeó, pues estaba muy cansado.

— ¿Te encuentras bien?

— Ser guardia de seguridad del Centro Comercial Domino por toda la noche no es muy divertido. — Contestó en un suspiro. — Yugi, necesito que me ayudes en algo.

—… ¿Qué sería? — Preguntó confundido. Atem sonrió.

— Juntar a Jonouchi con Mai. — El menor sonrió emocionado.

— ¡Cuenta conmigo!

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

— Jonouchi tendrá que agradecernos, pues haremos su vida oficialmente perfecta. — Comentó el castaño que se había colocado un impermeable marrón. Le entregó uno verde a Yugi, uno blanco a Anzu y uno gris a Atem. Los tres se lo colocaron junto con unas gafas de sol.

— Honda-kun… ¿No crees que esto es muy poco disimulado?

— ¿Bromeas? ¡Esto es completamente secreto! Muy bien, nos dividiremos en dos, un grupo prepara la súper mega genial sorpresa, y el otro los vigila hasta que sea la hora de guiarlos a la escena del crimen. ¿Entendido? — Los tres asintieron. — Muy bien, yo soy uno, Atem es dos, Yugi tres, y Anzu cuatro. — Sacó un par de dados y los lanzó. El primero mostró dos y el segundo, cuatro. — Está hecho, Atem y Anzu se encargarán de vigilar, mientras que Yugi y yo preparamos todo. ¿Trato?

— Sí. — Asintieron los dos.

El teléfono de Anzu sonó y vio que era Mai.

— ¿Hola? ¡Mai!... Verás, surgió un problema muy serio… Ah, pues… Hon-Honda se quebró el brazo. — Honda le dirigió una mirada de desconcierto. —… Sí, no alcanzamos a decirle a Jonouchi… Sí, ¿podría hacerle compañía? Sería muy cruel dejarlo solo… ¡Gracias! — Colgó. — Listo, es hora. — Jaló al faraón del brazo. — Nos vemos, chicos.

Cada par salieron corriendo a diferentes direcciones. Anzu y Atem se ocultaron detrás de una camioneta. La castaña localizó a Mai caminando tranquilamente, mirando el lugar con sorpresa. Atem vio a su rubio amigo acercarse a toda velocidad, debía ser porque creyó que se le hacía tarde. Los vieron conversar un rato, hasta que escucharon el grito de Jonouchi.

— ¡¿HONDA QUÉ?!

— ¡Anzu dijo que no era muy serio! — Sinceramente, la rubia no parecía muy convencida del todo, sabía que el grupo había dejado a Jonouchi y a ella solos a propósito. Internamente lo agradecía, pero por otro lado, le era incómodo estar con el rubio. —… Um… ¿No crees que…?

— Tengo hambre. — Mai lo miró desconcertada. — Vamos a comer algo. Yo invito. — Le guiñó el ojo y salieron corriendo al primer lugar donde vendían comida.

Atem y Anzu, no pudieron evitar suspirar por el rubio. Era demasiado ingenuo, querían que estuvieran a solas para que arreglaran oficialmente todo, pero Jonouchi y sus antojos no eran de mucha ayuda. Los siguieron lo más alejado posibles, pero sin perderlos de vista para no perderse ningún detalle.

— ¿Qué haces, Anzu? — La vio sacar una cámara de su bolso.

— Jonouchi me ha molestado muchas veces, es mi venganza. — Le guiñó el ojo mientras fotografiaba a la pareja tomada de la mano. — Sacaré muchas más para mostrárselas la próxima vez. — Se rio. Atem solo sonrió y siguieron caminando.

— Me sorprende que hayan hecho un festival por esto. — Comentó Jonouchi. Mai lo miró.

— ¿Por qué lo dices?

— Usualmente solo entregan chocolates o flores. Me pregunto por qué este año es diferente. — Murmuró más para sí mismo que para ella. Mai sonrió.

— Quizá porque este año una chica tiene la mala suerte de comenzar a escribir su historia contigo. — Bromeó. Jonouchi la miró mal.

— Gracias. — Ironizó. — "Pues ojalá tu fueras la que tuviese mala suerte". — Pensó sonriendo. Comió otro takoyaki del pequeño recipiente donde los habían dejado y se los extendió a la rubia de ojos lilas. — ¿Quieres?

Ella sonrió y sacó uno.

— ¿Qué podríamos hacer? —Murmuró. — No soy buena en estas cosas de romance…

— ¡Entonces juguemos! — Le animó. — Vayamos a jugar solo por diversión, no por la celebración. — Se rio. — ¡Será divertido!

Al primer lugar que fueron fue tratar de derribar la torre de latas a una distancia de diez metros con una pelota. Para mala suerte del rubio, no lograba ganar. La pareja oculta, no pudo evitar reírse. Mai solo lo observaba, pues le resultaba tierno lo infantil que podría llegar a ser el chico. El siguiente fue uno común, tratar de agarrar un pequeño pez. Nuevamente, para desgracia del rubio, no logró ganar. Internamente quiso ganarlo para dárselo a la rubia, para que pensara que no era un perdedor. Suspiró derrotado.

— Yo no nací para esto. — Bufó. Mai se rio y posó una mano en su hombro.

— Puede que tengas razón, pero por lo menos sabes divertirme. — Le guiñó el ojo. Jonouchi, un poco sorprendido, también sonrió.

Las calles, llenas de puestos de juegos, atracciones o comida, eran interminables. Ambos siguieron caminando sin darse cuenta de la presencia de cierta pareja a sus espaldas siguiéndolos.

Se dieron cuenta que habían llegado al "final del túnel", sorprendiendo que el final del camino era el parque, donde fue diseñado como una pista de baile. La ojiazul miró el lugar maravillada. Muchas parejas estaban bailando, otras estaban sentadas en la hierba hablando o tan solo disfrutando su compañía. Tanto Anzu como Atem se quitaron sus gafas, dejando ver sus ojos para admirar realmente el lugar. Pues estaba muy bien engalanado. Miraron a Mai y a Jonouchi, que habían ido a sentarse debajo de un árbol.

— ¿Ahora qué? Si nos sentamos detrás de donde ellos están, nos descubrirán.

— Tranquila, Anzu. Ya sabía que algo así pasaría. Sígueme. — Caminó silenciosamente como la castaña hasta dicho árbol, detrás de la pareja. Atem comenzó a subir y le extendió su mano a la ojiazul y se sentaron en la rama de un árbol. — Por lo menos aquí, estaremos bien desapercibidos. — Anzu se rio y asintió.

La pareja rubia miraba la pista de baile en un aire pensativo. Apenas se miraban el uno al otro, apartaban la vista rápidamente, presos de los nervios o el miedo. Mai no sabía qué hacer, quería hablar con el rubio respecto a su error, rogando internamente a Ra que por favor le perdonara. Mientras tanto, Jonouchi no sabía qué hacer, le pediría un consejo a sus amigos, pero ellos no estaban en esos momentos. Estaba solo, acompañado de la su amada rubia. Le sudaban las manos y apenas podía controlar su respiración, pues su corazón estaba palpitando de forma alterada.

—… Jou…— Lo llamó sin mirarlo. El aludido la miró. —… ¿Cómo te sentiste…?

—… ¿Sentirme cómo?

—… La última vez que nos vimos… ¿Cómo te sentiste antes de…?— No quiso terminar la frase y ocultó su mirada.

—… Sentí alivio. — Contestó sinceramente al mirarla. La rubia lo miró con desconcierto. — Verás… Lo único que yo quería al tener ese duelo contigo… Era salvarte. Si tenía que perder mi alma en el intento, lo haría. Y como lo logré en el momento en que no soporté más, lo único que pude sentir fue alivio… Porque te había liberado de las manos de Dartz, de tus miedos… Por eso…— Le sonrió. — No me arrepiento de nada.

Sintió como si su sangre se congelara al oír un sollozo proviniendo de la rubia. Se inclinó buscando su mirada y la sorprendió con el rostro empapado de lágrimas, algo que nunca había visto en ella.

—… ¿Mai?

La pareja que miraba desde el árbol, no hizo nada. Ambos sintieron mucha tristeza por la rubia, pues ambos podían ver el malestar que irradiaba esa culpa. Atem le comprendía, pues él también tuvo que cargar con ella muchas veces.

— ¿Cómo puedes hablarme, Jonouchi Katsuya?... Incluso tienes el valor de mirarme a la cara, siendo que yo ni siquiera puedo sin sentirme culpable de lo que te hice. ¿Por qué? No logro… Comprenderte.

El rubio no pudo evitar sentirse un miserable, pues desde que se había encontrado con Mai, siempre la encontraba en compañía del faraón, al principio no entendía por qué, incluso admitía que se sentía un poco celoso… Pero ahora comprendía, Atem le hacía compañía para eso, para reconfortarla, pues él había pasado por algo similar. Un recuerdo vino a su mente y todas las piezas calzaron…

"-F-l-a-s-h—B-a-c-k-"

No te preocupes. — Jonouchi miró a Atem, que miraba el atardecer con seriedad. — Mai tiene miedo, pero no de ti.

—… ¿Qué quieres decir?

—… Yo entiendo cómo se siente. — Sonrió con amargura. — Dejas que una persona importante para ti pierda su alma por tu egoísmo y ambición.

Jonouchi sintió un peso muerto en el estómago, no debió mostrarse triste, había logrado que Atem también recordara malos momentos.

—… No fue tu culpa, amigo…

Sé realista, Jonouchi. — Su sonrisa se volvió cínica. — ¿No fue mi culpa? ¿No fue mi ambición? ¿No fue mi egoísmo?

¡Deja de hablar así!

¿Y por qué no? — Le vio molesto. — ¿Por qué me estás diciendo esto ahora? Se supone que estamos molestos el uno con el otro.

—… Atem, no digas eso. — Susurró algo culpable.

No estás molesto, ¿verdad? — El rubio negó con al cabeza. — Pero yo sigo pensando que sí. Esa es la forma que se siente Mai.

—… ¿Qué?

El dolor… y la culpa no desaparecen con facilidad. Así como tú te sientes de culpable por pensar que abandonaste a Mai cuando perdiste tu alma, dejándola sola… Ella se siente culpable de haberte hecho pasar por aquello… Así como Yugi se siente culpable de pensar de esa manera de mí y de Anzu… Yo me siento culpable de que él tenga esos pensamientos.

At…-

Nada desaparece así como así, Jonouchi.

"-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-"

Apretó los dientes, maldiciéndose a sí mismo, hasta ese momento, no había comprendido muy bien sus palabras. Pero al ver el estado de Mai y oír sus palabras rotas por su llanto, lo había hecho entender absolutamente todo. Sin poder soportarlo más, agarró a la rubia de los hombros y la abrazó con fuerza. En cuanto a la pareja que observaba, Atem le tapó la boca a Anzu para que evitara soltar una exclamación o algún sonido para arruinar el momento.

— ¡Eres una tonta! ¿Por qué dices esas estupideces?... ¡Yo debería disculparme! ¡No sabía que te sentías así! ¡No estuve cuando más me necesitaste!... ¡Además te dejé sola cuando perdí mi alma…!— La estrechó con más fuerza. — Eres mi amiga, Mai… No importa lo que pase, yo siempre te ayudaré como pueda, nunca lo dudes…

Mai no reaccionaba, apenas pudo notar que Jonouchi la estaba abrazando, pero luego de esas palabras… Simplemente no podía hacer nada ni contestarle. Sollozó y correspondió su abrazo. Tenía esperanzas… Muchas esperanzas e volverse algo más con Jonouchi. Tenía una oportunidad y no la desaprovecharía. Estaba agradecida con Atem y con Anzu, pues ya los había descubierto espiándolos hace un par de horas. No le importó, estaba agradecida con ellos. Todo había sido planeado para arreglar las cosas con el rubio. Sonrió mientras se aferraba a él con más fuerza.

Atem sonrió viendo la escena. No supuso que eso pasaría, pero había logrado su objetivo. Quito su mano de la boca de la castaña, que suspiró suavemente al recuperar un poco de aliento. El faraón se bajó silenciosamente del árbol y estiró sus brazos hacia la castaña, esperando que se lanzara para atraparla. Anzu, algo nerviosa, se lanzó con los ojos cerrados. Sintió unos brazos sujetar su cintura y luego sintió sus pies en el suelo. Abrió los ojos encontrándose con los violetas de su acompañante, sus rostros estaban peligrosamente cerca. La ojiazul apretó los labios con el corazón en la garganta. Atem sentía que se le saldría el corazón del pecho. Inhaló lentamente aire.

—… ¿Estás bién? —Preguntó un poco estremecido por la cercanía de Anzu.

—… Sí. Gracias. — Atem la soltó y se separaron un poco para recuperar aire.

— Vaya, vaya, vaya… Mira a quién tenemos aquí.

Ambos se giraron a ver a Mai y a Jonouchi mirándolos con una sonrisa perversa. Ambos se sonrojaron y miraron el suelo, presos de la vergüenza.

— Así que… ¿Honda se quebró el brazo? — Preguntó el rubio algo molesto acercándose a Atem.

— Jonouchi…-

En interrupción, el rubio le rodeo el cuello al faraón con fuerza.

— ¡Malditos bastardos mentirosos! — Se acercó un poco más y le susurró. — Gracias, viejo. Te debo una.

Atem sonrió y se zafó de la asfixia de su amigo. Mai solo sonrió y miró a Anzu, que observaba la pista de baile algo interesada. La rubia sonrió y le susurró algo al rubio. Jonouchi asintió.

— Nosotros volvemos enseguida. — Informó el rubio y jaló a Mai. — ¡Anzu, ve a bailar con Atem!

El faraón alzó la vista al ser nombrado y miró a Anzu.

— ¿Quieres bailar, Anzu?

— Pero es en pareja, dudo mucho que quieras…— Se encogió de hombros algo incómoda.

— Vamos, bailar es tu pasión. No soy de buenos pasos, pero al menos enséñame. — Se quitó el impermeable. — Deberías quitarte esto. — Le señaló su abrigo. — Parecemos detectives. — Se rio. Anzu asintió y se lo quitó. Lo dejaron a un lado del árbol y caminaron a la pista.

Atem agradeció mentalmente que después colocaran una canción de vals, pues no sabía bailar otro tipo de música, formar parte del pasado no era muy divertido, sobre todo si no podía ser como los demás. Tomó la mano de Anzu y posó la otra en su cintura con mucha delicadeza. La ojiazul, correspondiendo su estrecho de mano, colocó su otra mano el hombro de él.

—… Te advierto que al vals no es mi fuerte. — Admitió algo avergonzada. Él sonrió.

— Tú tranquila, yo te guio.

—… ¿Acaso has bailado con otras chicas en al antiguo Egipto? — Forzó una sonrisa.

— Claro que no. — Bufó comenzando a moverse con la castaña lentamente. — Ya te dije que no me interesaban las chicas de ese entonces. Cuando había algo que celebrar, solo observaba como bailaban, nada más.

— ¿Aprendiste visualmente? — Murmuró sorprendida. Atem asintió. — Eres impresionante.

— No hay mucho que presumir, pues tengo el honor de bailar con la futura mejor bailarina de la historia. — Anzu, conmovida y sorprendida por la respuesta, sonrió comenzando a relejarse y se dejó llevar por la música. — Para ser "mediocre" en este tipo de baile, lo haces bien.

— Tengo un buen tutor. — Presionó un poco su hombro con afecto.

Se sentía bien estar con él, lo apreciaba. Pero… ¿qué era ese sentimiento de inseguridad? Tenía miedo que él se fuera algún día por una última misión o algo por el estilo. El solo imaginar que él tendría que alejarse ella, que jamás se volvieran a ver.

—… ¿Anzu? — Preguntó preocupado al verla bajar la vista.

— Estoy bien.

Apoyó su frente en el pecho del faraón. Sintió unas grandes ganas de llorar al escuchar su corazón latir de una forma inestable, herida. ¿Sería por el daño del rompecabezas? ¿O era el dolor que irradiaban los ojos del faraón cada vez que estaba distraído y solo? Lo escuchaba llamarla, preguntándole si se encontraba bien. Ella solo volvía a asentir. Necesitaba atesorar el momento, desde que él la había visto bailar, a él, que había sido el primero en ver su baile además de los tutores en sus clases, siempre tuvo el sueño de bailar con él este tipo de bailes. Lentos, dejando llevar el sentimiento que sentía en su corazón. No podía evitar sentir que las esperanzas de que el faraón le correspondiera algún día aumentaran, pues él era tan detallista y dulce con ella, la protegía como nadie lo había hecho. Sentía que si él se separaba de ella, no podría continuar. Él estaba débil, ella debió saberlo desde que le contó lo del rompecabezas, pero nunca tuvo la oportunidad. Era su turno de protegerlo a él, cuidar de él. Por más que él se negara, asegurando que estaba bien, ella misma descubriría si se sentía bien o no. No se daría el lujo de verlo sufriendo de nuevo. Nunca más…

La canción acabó y alzó la vista. Los ojos de Atem se veían preocupados por ella.

—… Como siempre. — Murmuró. La mirada del faraón fue sustituida por una de confusión. — Eres una gran persona, Atem.

Ese mal presentimiento seguía presente. Notó que Anzu también lo sentía, había algo que andaba mal. No sabía qué, pero tenía que ver con ella. Se sentía impotente de no saber qué los acechaba.

— ¡Oigan!

Ambos miraron a Jonouchi y a Mai correr hacia ellos con una gran sonrisa.

— ¿Qué sucede, Mai-san? — Preguntó la castaña al separarse del faraón.

— ¡Jonouchi ganó un premio!

Atem y Anzu se miraron sin comprender. Jonouchi sonrió y les mostró un sobre. La ojiazul recibió el sobre y lo vio.

— ¿Seis boletos con todo pagado a Okinawa? ¿Es enserio? — Preguntó sorprendida. Jonouchi asintió. —… Woah… ¿Por cuánto?

— Un fin de semana. El viaje en una semana también. — Mencionó.

— Bueno, alcanzaremos a hacer los exámenes y podremos ir sin preocupaciones. — Comentó el faraón. Anzu asintió con una sonrisa.

El teléfono de Anzu sonó y ella vio que era Honda.

— ¿Hola?

¡Anzu! ¿Cómo les fue a los tortolos rubios? — Anzu se rio.

— Bastante bien, nos descubrieron. ¿Qué pasó con la sorpresa?

¿Los descubrieron? Jajaja, son muy descuidados. Ya está todo listo, ¿dónde están?

— En el parque.

¡Entonces era cierto! ¡Nosotros también! ¡AQUÍ VA!

Un sonido ensordecedor se escuchó, haciendo que el público se viera confundido. Atem y Anzu sonrieron viendo el cielo, viendo los fuegos artificiales que habían preparado Yugi y Honda. Luego de un momento de conmoción, todos admiraron el cielo al igual que todos. Jonouchi y Mai miraban el cielo sorprendidos.

— Woah… Fueron Honda y Yugi, ¿verdad? — Preguntó el rubio con una sonrisa.

— ¡Claro que fuimos nosotros!

Los cuatro se giraron para ver a Honda y a Yugi correr hacia ellos con una sonrisa.

— Muy creativo, amigo. — Le felicitó. — Nada mal.

— Fue idea de Yugi. — El nombrado solo sonrió.

— Eres el mejor, Yugi. — Le revolvió el cabello el rubio. El pequeño se rio. — ¡Ah, es cierto! ¡Gané boletos para viajar! ¡Para todos!

— ¿De verdad? — Interfirió el castaño. — ¡Genial! ¡Otra aventura!

— Bueno, por algo estamos aquí. Jonouchi tiene piernas de gelatina, así que… Honda, tienes el honor de bailar conmigo. — Mai agarró al castaño del brazo.

— Ah, claro. — Sonrió bromista al ver la mirada asesina de Jonouchi hacia ellos. — Espera un momento Mai. — Se acercó a Jonouchi. — No te preocupes, Jono. A mí solo me importa tu hermanita. — le guiñó el ojos. El rubio estalló.

— ¡HONDA! ¡TE MANDARÉ AL HOSPITAL, BASTARDO! — Honda salió corriendo mientras Atem sostenía a Jonouchi para evitar que cometiera una estupidez. — ¡Suéltame, Atem!

— No quiero que vayas a la cárcel. — Se rio mientras veía melancólicamente ver a Anzu invitar a Yugi a bailar. Su hermano se sonrojó, pero aceptó. Suspiró al soltar al rubio. — Estoy en la misma posición que tú, solo que yo lo tolero.

La expresión de Jonouchi se suavizó. Ambos se sentaron en la hierba para observar a sus amigos bailar. El rubio se giró a ver al faraón con una sonrisa.

— Supongo que… Te diste cuenta…— El ojivioleta lo miró sin entender. —… Te gusta Anzu, ¿no? ¿La quieres?

La expresión del chico se hizo seria y apartó la vista de su rubio amigo, para fijar sus ojos en la ojiazul que se reía con su hermano.

— Te equivocas.

— ¿Eh?

Una suave sonrisa se dibujó en sus labios sin dejar de mirar a su adorada castaña de ojos zafiros. Sintió sus mejillas arder un poco, pero no le importó.

— No quiero a Anzu, Jou. — Pausó. —… La amo, Jonouchi. — Corrigió.

El viento agitó el cabello de ambos. Jonouchi le sonrió, orgulloso de que el chico le confiara su secreto a él, aunque ya se notaba a kilómetros que él ya se había dado cuenta de sus sentimientos. Le dio unas ligeras palmadas en su hombro en señal de apoyo.

— Te entiendo, amigo…— Contestó mirando a Mai. — Te entiendo…

Ambos se rieron y siguieron observando a los chicos.

— ¿Qué opinas del viaje?

— Será perfecto, podremos estar juntos sin problemas.

— Suena bien. Aprovecha para conquistar a Anzu. — Atem se rio con tristeza, si tan solo…

—… Quizá lo haría, de no ser por Yugi. — Su sonrisa se borró viendo a su hermano. — No puedo dejar que sufra por mi culpa. Él me liberó de esa oscuridad donde estaba encerrado, estoy eternamente agradecido con él. No permitiré que con mi propio egoísmo él sea infeliz. Además… Dudo mucho que Anzu se fije en mí.

Jonouchi le miró como si estuviese loco.

— "Puedes ser muy inteligente, Atem… Pero en otros aspectos eres muy imbécil… Lamento insultarte mentalmente, amigo… Pero no puedo creer que no lo notes…"— Pensó desconcertado.

— Es por eso que no intentaré nada en el viaje… Más bien… Aprovecharé para averiguar algo.

— ¿Qué averiguarás? Solo es Okinawa.

— Puede haber algo interesante allí. — Se excusó en una expresión seria. — "Lo siento, Jonouchi. Pero no te diré lo que tengo planeado hacer… Aunque te lo dijera, tratarías de detenerme, no lo lograrías, pero sabes muy bien que la única persona que puede hacerlo es Anzu. Mientras nadie lo sepa, ella no lo sabrá… Tengo que hacerlo." — Pensó.

Continuará…

WOAH, WOAH! Bueno trato de subir los capítulos lo antes posible, pues pronto no los volveré a clases y no quiero que lloren por mi (Okay, eso sonó presumido xD) Jajaja era broma, pero trataré de subir el 13 y el 14 antes de que comiencen las clases lo juro por mi vida XD Bueno, estoy muy triste porque mi perrita que tiene 10 años tiene cáncer y se me está muriendo, si muere antes de lo previsto, juro que lloraré mucho ): Necesito su apoyo, lectores! Bueno… Ojalá que les haya gustado

Rossana's Mind Cambio y Fuera!

Reviews?