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Capítulo 13: Un trozo de corazón.

— ¡MIERDA, HONDA! ¡SAL DEL BAÑO DE UNA MALDITA VEZ! — Gritó el rubio.

— ¡¿Por qué rayos se demoran tanto?! ¡Llegaremos tarde al examen!

— ¡¿Por qué demonios cuando me siento listo para un examen tengo que llegar tarde?! — Gritó nuevamente el rubio al aire. — ¡HONDA! ¡SAL YA!

Yugi, Atem y Anzu esperaban impacientes al par de amigos. La noche anterior se la habían pasado estudiando para luego ser libres e ir al viaje con los boletos que se había ganado el rubio sin ninguna preocupación. No veían la hora de irse. Pero tenía que ser el grupo entero, o no sería lo mismo. Honda salió del baño vestido, mientras que Jonouchi corría a encerrarse en él para ducharse y vestirse. Uno más, y saldrían. Yugi y Atem suspiraron al unísono, mientras que Anzu veía su reloj algo tensa. Tenían solo diez minutos, ¿cómo lo lograrían?

— ¡Listo! — Salió el rubio. — ¡Vámonos ya!

— Correr no nos servirá de nada.

— ¡Tomemos el autobús que siempre pasa cerca de la escuela! —Mencionó el menor.

— Gran idea. — Agarró su mochila. — ¡Vámonos!

Los cinco salieron corriendo hasta la estación de bus. Llegaron a tiempo, pero había un insignificante detalle: Estaba casi lleno.

—… Demonios…— Murmuró el rubio al subir y asfixiarse con la cantidad de personas.

Apenas podían respirar, pues estaban tan apretados entre la gente que el mismo aire había sido respirado más de diez veces. Anzu estaba apoyada en un rincón en frente de Atem, Yugi detrás de su hermano, Honda y Jonouchi a su lado. Un movimiento brusco del bus hizo que Yugi casi se cayera, de no ser porque chocó con la espalda del faraón para apoyarse, logrando que este chocara abruptamente con Anzu. Ambos rostros se tiñeron de un ligero carmesí por el movimiento desprevenido. Lo peor era, que no podían moverse, así que Atem tuvo que mantenerse pegado al cuerpo de la castaña, siendo que sus rostros también estaban muy cerca.

—… Lo siento. — Se disculpó sumamente apenado.

— N-No te preocupes… Pudo haber sido peor. — Le trató de animar, aunque se sentía muy nerviosa por la cercanía del chico.

Jonouchi notaron lo que el pequeño había hecho involuntariamente. Tanto él como Honda se miraron y una sonrisa malvada fue dibujada en el rostro de cada uno. Disimuladamente, empujaron a Yugi hacia atrás, nuevamente provocando que los cuerpos de la pareja quedaran mucho más pegados de lo que ya estaban. El faraón captó las intenciones de sus amigos al escuchar la risa de Jonouchi.

— "¡Me las pagarás, Jonouchi!" — Pensó, preso de la vergüenza al estar extremadamente cerca de la castaña.

Agradecía internamente ser mucho más alto que ella, pues el rostro de la castaña chocaba contra su pecho, había logrado inclinarse para apartar su cara de ella. O si hubiese tenido la estatura de Yugi… Negó rápidamente con la cabeza de tan solo imaginarlo. Bajó su vista para mirar a Anzu, que parecía estar también incómoda por la cercanía, pero se le veía triste, preocupada. Inclinó un poco la cabeza para que los demás no escucharan la conversación.

—… ¿Ocurre algo malo? — Susurró.

Anzu se estremeció por sentir la voz del faraón cerca de su oído.

—… No es nada. Es solo que quedan dos minutos para entrar a clases y aún seguimos aquí.

— No te preocupes, estamos a punto de llegar. — Anzu sonrió y asintió.

— ¡Chicos, ya llegamos! — Informó Yugi.

Jonouchi jaló a Honda, que había agarrado a Yugi, que había tomado a Atem del brazo, quien sostenía a la castaña con su brazo rodeando su cintura. Demoraron unos segundos en salir, pues la "cadena" que habían formado para salir no fue de mucha ayuda. Anzu, que fue la última, fue empujada por alguien cuando estuvo a punto de bajar. Atem, enseguida la afianzó en sus brazos para evitar que cayera, aunque no pudo evitar sentir nuevamente su rostro arder al ver la mirada de Jonouchi.

—… "Muy bien… Estas coincidencias se están saliendo de control…"— Pensó al soltar tímidamente a la castaña.

— ¡YA ES HORA! — Gritó la castaña al escuchar la campana de la escuela.

Estaban en frente de la escuela. Cruzaron la calle y lograron llegar justo a tiempo al aula para evitar ser regañados por el profesor. Cada uno, ya confiados, realizaron el examen.

— Los resultados serán publicados la próxima semana. — Anunció el profesor antes de irse.

Apenas se fue, Jonouchi soltó un sonoro suspiro.

— ¡Es el primer examen en el que siento que me ha ido bien! ¡Gracias Atem! ¡Te debo una!

— Me debes muchas. — Suspiró. El rubio comprendió y le sonrió.

— Es cierto, jeje… Así que, ¿Mai irá por nosotros?

— Sí, me llamó anoche mientras ustedes estudiaban como locos. — Se rio la castaña.

— ¿Y qué dijo?

— Que pasaría por nosotros a las seis, pues tenemos que estar a las siete en el aeropuerto.

— Es un poco exagerado ir en avión… Pero es gratis, qué va. — Se encogió de hombros el castaño.

Anzu forzó una sonrisa y miró a Yugi, que permanecía callado con una expresión seria. Luego dirigió su vista a Atem, que también mostraba un semblante pensativo y preocupado. ¿Por qué ambos estaban de esa manera? Es más, ni siquiera se miraban el uno al otro, no se hablaban. Lo encontraba extraño, pues cuando planearon juntar a los rubios, parecían divertirse… Bueno, era notorio que Atem se mantenía alejado físicamente de su hermano, pues no quería ser herido por el artefacto milenario. Pero… Hace días, que Yugi se mostraba de esa manera tan triste. En realidad, se mostró así desde que había perdido contra el faraón. ¿Por qué? ¿Acaso quiso ganar? ¿No quería que él estuviese en su época? Pero Yugi sería incapaz… Aunque por un lado dudaba, pues cuando los chicos y él les habían descubierto a ella y a Atem en un malentendido, él no les creyó, se veía molesto y decepcionado… La actitud del pequeño le desconcertaba, él solía ser tan alegre y ahora…

Se levantó rápidamente de su asiento, sin importarle que fuera llamada por todos sus amigos, incluso Él, pero no quería seguir allí. Salió corriendo por los pasillos tratando de borrar esa inseguridad y angustia de su corazón. Tenía miedo de todo… ¿Y si Yugi quiso que Atem se fuera? ¿Y si el rompecabezas actúa de esa manera por la actitud de Yugi hacia el faraón? ¿Qué pasaría si Atem tendría que irse de verdad? ¿Él no pertenecía aquí? Pero… ¿Quiénes pertenecían en ese mismo lugar? ¿Quién y por qué lo merece? ¿Por qué no? Lágrimas de angustia se acumularon en sus orbes azules mientras seguía corriendo hasta dar el patio trasero. Allí donde estuvo con Atem el tiempo en que los chicos se habían distanciado de ellos…

Se acercó a pasos lentos y se sentó bajo el árbol, abrazándose las piernas. Ese sentimiento… Aquel terror no desaparecía de su interior. Ni ella se explicaba por qué lloraba… Estaba segura que sus amigos le dirían que eso era estúpido… ¿Por qué le tenía que ocurrir aquel malestar a ella? Sentía como si algo malo iría a pasar y no podía hacer nada más que lidiar con aquel miedo hasta que la tragedia ocurriera. Estuvo ocultando su rostro entre sus rodillas un buen rato mientras lloraba.

Las ganas habían cesado y sus ojos ardían. De seguro sus amigos estarían preocupados por ella. Alzó la vista y dio un respingo para encontrarse con Jonouchi, que la miraba en un semblante preocupado y serio.

— ¿Te sientes mejor? — Le sonrió.

—… Jou… ¿Cómo…? ¿Cómo me encontraste?

El rubio sonrió y con su dedo apuntó hacia su izquierda. Anzu se giró y vio al faraón a su lado con los ojos cerrados, respirando en un compás suave, como si estuviese durmiendo.

— Estaba aquí contigo antes de que yo llegara, aunque al parecer tú tampoco te diste cuenta.

Ambos miraron a Atem, que parecía indiferente a la situación, pero en realidad estaba despierto y escuchaba atentamente. Cuando Anzu había salido corriendo, él había ido tras ella. Al darse cuenta que iba al patio trasero se detuvo unos momentos para darle espacio. Luego de unos interminables minutos, decidió ir por ella, pero la había encontrado en ese estado. Lo único que hizo fue sentarse un poco alejada de ella esperar a que el llanto de su castaña de detuviera. Cerró los ojos para concentrarse en los sonidos que emitía hasta que oyó a Jonouchi llegar, pero no hizo nada. Él siguió a su lado. La verdad tenía mucho sueño, la presión aun no lo dejaba tranquilo y se sentía inestable de vez en cuando… Y lo extraño… Era que a veces sucedía cuando se preocupaba por uno de sus amigos, en especial de la castaña…

La castaña soltó un suspiro y le forzó una sonrisa al rubio.

— Me siento mejor. — No era sincera del todo, pero se había desahogado. — Es extraño.

— ¿Algo te preocupa? ¿Es Atem? — Señaló al chico.

—… Sí, ha estado actuando muy raro. Anoche, mientras estudiábamos, lo noté muy cansado, debe ser el exceso de trabajo y…

— El rompecabezas. — Completó el rubio.

Atem se sintió culpable de oír a sus amigos hablar de esa manera, no fue su intención preocuparlos. Al contrario, había tratado de ser lo más disimulado posible, pero siempre se olvidaba de lo observadora que era Anzu. Sinceramente quiso abrir los ojos y disculparse con sus amigos, sin embargo algo se impidió, y fue que la presión en su pecho volvió, causándole debilidad en el cuerpo, incapaz de moverse. Sintió una mano jalar su brazo y fue subido a la espalda de alguien. Supuso que fue la del rubio, pues lo escuchaba hablar de él.

— Luce muy cansado. — Comentó Jonouchi. — Tan solo míralo, parece que sufre mucho.

El faraón se estremeció al sentir la cálida mano de Anzu acariciar su mejilla. Sabía que era ella, la conocía perfectamente por su tacto. Ese simple contacto hizo que perdiera la conciencia, estaba muy abatido. Necesitaba descansar.

—… Está sudando mucho. ¿Tendrá fiebre?

— Es probable.

Jonouchi y Anzu siguieron caminando en silencio hasta llegar al salón, donde se encontraban solamente Honda y Yugi. El pequeño se acercó a ellos al ver a su hermano en la espalda de su mejor amigo.

— ¿Jonouchi-kun? ¿Qué le pasó a Atem?

— Está cansado, debe ser el trabajo. — Se excusó la castaña que había forzado una sonrisa.

Ninguno siguió comentando el tema viendo al chico dormido en la espalda del rubio.

Mai los esperaba en la entrada con su deportivo rojo, siendo alabada por todos, en especial por los chicos, que finalmente fueron ahuyentados por el grito de Jonouchi. La rubia llegó al departamento del rubio, donde estaban reunidas todas las maletas. Solo necesitaban cambiarse de ropa y listo.

— Creí que pasarías por nosotros a las seis, Mai-san. — Comentó la castaña cuando Honda, Yugi y Jonouchi se habían bajado y entrado al departamento.

— Sí, pero no veo la hora que nos vayamos. — Sonrió. — Yo acompañaré a los chicos, tú despierta a Atem. —Le guiñó el ojo mientras se bajaba para dirigirse al departamento.

Anzu miró a Atem, que tenía apoyada su cabeza en su hombro con mucha comodidad. ¿Cómo reaccionaría si despierta estando en esa situación? Lo apartó nerviosamente para apoyarlo en el reposacabezas del asiento trasero. Una vez que se había asegurado de que el faraón no prestaba atención a la situación, posó su mano en su brazo y comenzó a mecerlo suavemente.

— ¿Atem? Despierta, llegamos a la casa de Jou…— Le habló en un tono suave. —… Hoy nos vamos a Okinawa, ¿recuerdas?

En respuesta, escuchó un jadeo de cansancio. Lo vio fruncir el ceño mientras se llevaba una mano en su sien, acariciándola. Finalmente abrió perezosamente sus ojos violetas, encontrándose con los de ella.

—… Claro, vamos…— Contestó mientras se bajaba junto con la castaña.

Apenas comenzó a caminar se tambaleó y su vista se volvió borrosa. Anzu, percatándose del mareo del chico se colocó delante de él para evitar que cayera al suelo. Posó ambas manos en su pecho, empujándolo suavemente para evitar a que se estrellara con el suelo.

— No estás muy bien, Atem… ¿Por qué mientras arreglamos las cosas tú descansas? — Escuchó una risa cansada del faraón.

— Eso sería muy abusivo de mi parte…

— No es abusivo, estamos haciendo algo por ti, haré lo que pueda para evitar que vuelvas a sufrir de esta manera. — Lo agarró del brazo y comenzó a guiarlo a la dirección del departamento del rubio.

Mientras Atem simplemente observaba a los chicos moverse de un lado a otro para guardar las cosas, se sintió sumamente mal. No era justo que hicieran las cosas por él, no le gustaba, se sentía inútil. Suspiró mientras se terminaba de vestir. Se había puesto una camisa gris, su chaqueta, jeans y zapatos eran negros. Salió de su habitación tras terminar de vestirse al escuchar un grito de Jonouchi. Fue al living y quedó desconcertado con la escena. Anzu corría por todo el salón para no ser alcanzada por Jonouchi y por Mai.

— ¡ANZU! ¡ME LAS VAS A PAGAR! ¡DAME ESAS FOTOGRAFÍAS! — Gritó la pareja al unísono.

Apenas la castaña pasó a su lado, la agarró de la muñeca, frenando sus pasos. La jaló hacia él y la ocultó detrás de él para que la pareja rubia no la descuartizara viva.

— ¿Por qué el alboroto?

— ¡Anzu! ¡Ella nos tiene que devolver esa cámara! — Se quejó la joven de ojos lilas.

El faraón se giró para ver de soslayo a Anzu, esa era la cámara con la que había fotografiado cientos de veces a la pareja. Tomó el aparato entre sus manos y comenzó a ver una por uno. La primera fue cuando iban corriendo de la mano, las siguientes eran solamente estar jugando o se reían, pero la última lo hizo reírse. La última era donde Jonouchi estaba abrazando a Mai. No le resultaba divertida la foto, sino la actitud de ambos por la vergüenza.

— Pero, Anzu…— Honda le llamó. La castaña inclinó su cabeza para verle. — Nosotros también tenemos fotografías tuyas y de Atem.

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—… ¡¿QUÉ?! — Gritó la castaña. Honda le entregó su cámara a Jonouchi.

La pareja de rubios quedaron en silencio unos segundos, hasta que estallaron de carcajadas. Ninguno entendió por qué.

— ¿Cu-Cuál es la gracia? ¿Salgo tan mal? — Preguntó la ojiazul.

— ¡No es eso, Anzu! — Se siguió riendo. — Es que… ¡Son tan adorables!

Atem se acercó al rubio y le arrebató el aparato. Anzu se acercó a él para también ver. Las mejillas de ambos ardieron, pero el faraón sonrió. Era una fotografía de ambos bailando aquella noche. Le daba igual que sus amigos lo molestaran, era un recuerdo especial para él. La castaña lo miró.

— ¿No te molesta?

— ¿Por qué habría de hacerlo? A mí me gusta la fotografía. — Se encogió de hombros.

Anzu sonrió.

—… Chicos…— Todos miraron a Yugi. — Um… Quedan viente minutos para las siete… Llegaremos tarde.

. . .

— ¡¿QUÉ?!

Todos salieron corriendo, para desgracia peor, el combustible del deportivo de Mai se había acabado, por lo cual tuvieron que tomar taxi, Como no todos alcanzaban, tuvieron que dividirse. Mai, Jonouchi y Honda en uno, y Anzu, Atem y Yugi en el segundo. Apenas llegaron, salieron corriendo pues llegaron a las siete en punto. Los regañaron por ser tan impuntuales a pesar de que se habían ganado un premio con todo pagado. Sin más de qué preocuparse, subieron al avión, creyeron que estaría con otras personas que habrían ganado los mismos pasajes, pero solo eran ellos.

— ¿Es un avión privado? ¡Esto es genial!

Anzu se sentó con Mai, Jonouchi con Honda y Atem con Yugi.

— ¿Planeas decirle? — Preguntó la rubia. La castaña la miró sin entender.

— ¿Qué cosa? ¿A quién?

— A Atem, tus sentimientos por él. — Aclaró. La ojiazul la miró desconcertada.

—… ¿Bromeas?... No lo haré. Tú deberías decirle… Lo que sientes a Jonouchi… Después de todo ustedes ganaron el viaje…— Bufó. Mai se rio.

— Tienes razón, querida… Pero yo sé mis métodos para seducir a un hombre. — Le guiñó el ojo. — Tú estás en la época del primer amor.

— Creí que Jonouchi también fue la primera persona de la que te enamoraste.

— Tienes razón, pero he salido con otras personas. Enamorarse es diferente. Tengo experiencia en cuanto a los noviazgos, tú no. Sientes que solo una persona merece salir contigo en ese sentido, y es "tu primer amor"… yo no poseo esa perspectiva, solo salía con chicos lindos, aunque eran un fiasco total como personas. — Se rio nuevamente. — Pero Jonouchi, además de ser guapo… Tiene las peores cosas que jamás creí que me harían enamorarme de él. — Aseguró mirando al rubio que se reía a carcajadas con Honda y con Yugi. Notó que Anzu buscó a Atem con la mirada así que sonrió. — No te preocupes, él está dos asientos más adelante que nosotras, debe estar dormido, para variar.

—… Pero él está…

— No sé qué le esté ocurriendo… Pero es peligroso. — Aseguró. Anzu la miró unos segundos y asintió.

Miró a Yugi, que no tenía el rompecabezas puesto, lo había guardado en su maleta. Bueno, al menos en el trayecto, no pasaría nada.

—… Ay Dios… Ni siquiera sé por qué me enamoré de ese tonto. — Mencionó al aire. Anzu le sonrió a su rubia amiga.

— ¿De verdad se necesita una razón?

— ¿Mm?

— Yo pienso que… Es ilógico el amor, ellos mismos escogen a la persona para el resto de tu vida. Aunque sean las que menos pensamos…

—…

— "Como yo… ¿Quién diablos se enamoraría del espíritu de un faraón encerrado en un artículo del milenio?" — Pensó con una sonrisa.

Mai sonrió, Anzu sabía decir las palabras correctas en el momento adecuado.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

— ¡WOAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAH! — Gritó energéticamente el rubio.

— Jonouchi-kun, siempre te emocionas por todo. — Se rio el menor.

— De acuerdo con el mensaje que nos entregaron…—Leyó atentamente. —… Ni siquiera nos reservaron un hotel, en realidad es una cabaña… Que debería estar aquí mismo. — Señaló el suelo sin quitar sus ojos del mapa.

— Jonouchi…

— ¿Qué pasa, viejo?

— ¿Dijiste cabaña?

— Eso dice aquí.

— Pues no parece cabaña…

— ¿Eh? — Se giró a todos lados. — ¡Pero aquí no hay nada!

— Date la vuelta, idiota. — Le dijo la rubia.

Él se volteó para encontrarse con una pintoresca casa blanca de dos pisos. Era bastante grande…

—… Estamos en el paraíso…— Murmuró.

— Estás exagerando…

— ¡Es mil veces más que el tamaño de mi casa, Anzu! ¡¿Puedes creerlo?! ¡¿Qué esperan?! ¡Vamos!

Fue corriendo para encontrarse con el dueño de la cabaña que les arrendaba. Él anciano, generosamente le entregó las llaves, deseándoles un buen fin de semana.

— ¡Genial! ¡Nunca había dormido en una cama como esta! — Gritó el rubio al lanzarse a la primera cama que vio.

Anzu, sin prestarles mucha atención a sus amigos, subió al segundo piso para ir al balcón, pues desde que vio la casa, fue lo primero en lo que se fijó. Al estar en el lugar que ella quería sonrió. Era un lindo paisaje, el mar se veía perfectamente con el cielo azul.

— ¿Qué haces aquí, Anzu? — Ella se giró para ver a Yugi, que esta vez tenía puesto el rompecabezas.

Ella forzó una sonrisa.

—… Hola, Yugi. Solo quería mirar el mar. — Dirigió nuevamente su vista al paisaje.

El menor se colocó a su lado.

— El mar me recuerda a ti, Anzu. — Ella se giró para verlo con confusión. — Porque es el mismo color que tus ojos. Es todo. — La bailarina sonrió en respuesta, pero la sonrisa de Yugi se desvaneció. —… Anzu…

— ¿Qué pasa, Yugi?

—… Hace unos días, leí un libro… Sobre hacer lo correcto. — Anzu frunció el ceño sin entender. —… Por ejemplo… Tú y Mai son buenas amigas, ¿no? — La ojiazul asintió, sin entender a dónde quería llegar. —… Imagina que a ambas les gusta la misma persona…-

— ¿Te refieres a Jonouchi? — Alzó una ceja. — ¿Por qué?

— Solo escúchame. — Pidió con la voz suave. —… Bueno, si fuese Jonouchi-kun… Que le gusta Mai, y a ti no te corresponde… ¿Seguirías luchando o dejarías que fueran felices juntos?

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.

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Buena pregunta. Nunca se había planteado una situación así. Si tenía una "rival", la cual era su amiga… No tenía idea. Primero, si esa "persona" no estuviese interesada en ninguna de ellas, más que amistad, al menos lucharían de distinta manera para conseguir su corazón. O al menos eso de le ocurría. Pero… Si esa "persona" le correspondía a su amiga, y no a ella… El dolor sería horrible, tanto así que no lo soportaría, pero… Si era necesario tolerar todo eso por el bien de su amiga, ella estaría de acuerdo.

—… No sé por qué me estás preguntando esto, Yugi… Pero… Preferiría la felicidad de mi amiga sobre la mía, además, si esa persona que tiene mi corazón es feliz con ella, también lo seré, no importa cómo lo vea… Soy consciente del dolor que me causaría yo misma… Pero no cambiaría de opinión.

Yugi la miró con tristeza y siguió mirando el océano a una distancia no muy larga de ellos. Ella tenía razón… No estaba muy seguro de lo que Atem sentía por la castaña, pero ya tenía casi todas las pruebas que indicaban que estaba en lo cierto. Además… Anzu amaba al faraón, eso estaba más que claro. ¿Qué posibilidades tenía sobre él? Además, se había ganado mucho más cariño y cuidado por parte de la castaña, pues sin entender el por qué, la salud de Atem últimamente había deteriorado bastante.

Suspiró mientras sonreía… Había tomado una decisión.

. . .

— ¡MIERDA! ¡EL AGUA ESTÁ HELADA! ¡ME LAS PAGARÁS, ATEM! — Maldijo el rubio hacia el faraón, que lo había lanzado al agua con la ropa puesta.

— Tú quisiste venir aquí, además… Me debías dos, ahora solo queda una. — Se rio mientras le daba la espalda.

— Jejeje… Nunca le des la espalda al oponente. — Ese tono de voz no le agradó nada.

— ¿Pero qué…?— Sintió un brazo rodear su cuello y fue lanzado al mar. Apenas emergió, consiguió el aire en sus pulmones que no había alcanzado a inhalar. —… ¡JONOUCHI!

— ¡Fue tu culpa!

— ¿Qué hacen, chicos?

Ambos se giraron para ver a Anzu y a Mai. Ambas llevaban unos shorts con una blusa de manga corta. La de la castaña era blanca, y la de la rubia era lila. Estaban descalzas, pues se habían preparado si algo similar ocurría en cuanto a sus amigos. Jonouchi miró a Atem y le sonrió de manera perversa, para luego acercarse a las chicas.

— ¡¿P-Por qué nos miras así?! ¡¿Qué planeas, Jonouchi Katsuya?! — Le enfrentó la rubia.

— Oh, nada, querida Mai. — Sonrió "dulcemente".

El rubio subió a la rubia a su hombro, mientras esta comenzaba a patalear.

— ¡JONOUCHI KATSUYA! ¡SUÉLTAME AHORA MISMO! ¡YA, SUÉLTAME! ¡TE VAS A ARREPENTIR POR ESTO! — Fue lo último que gritó antes de ser lanzada al agua.

Atem suspiró, definitivamente el rubio conquistaba a la rubia de una manera "extraña".

— Ten. — Se giró para ver a Anzu, que le extendía una toalla blanca con una sonrisa.

— Gracias. — Agradeció mientras se la colocaba en los hombros.

Ambos caminaron hasta la orilla. Se sentaron la arena para tomar un poco de Sol. El silencio le resultaba incómodo a ambos, pues usualmente siempre hablaban de todo, en cualquier lugar y momento. Se rieron al ver la escena que había hecho la rubia a Jonouchi.

—… Jonouchi es un poco…

— Extraño. — Completó la castaña.

— Dime, Anzu… ¿Planeas dormir temprano?

— ¿Mm? ¿Por qué? — Lo miró.

— Pues…— Se mordió el labio. — "¡Ra, esto es MUY difícil!" — Pensó. —… Descubrí… Que en los alrededores hay ferias artesanales por las noches, así que…

— ¡Suena divertido! — Le interrumpió con una sonrisa. — ¿Quieres que te acompañe?

— Si tú quieres…—Se encogió de hombros, ya un poco más relajado.

— ¿Cómo lo averiguaste? — Atem sonrió.

— Es un secreto de los dos, no le digas a nadie. — Anzu asintió con una radiante sonrisa.

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Anzu bajó con mucho cuidado las escaleras, pues rechinaban un poco. Miró de soslayo su habitación que la compartía con Mai, la chica pareció no sospechar nada. Finalmente bajó por completo, pero sintió una mano en su hombro. Iba a soltar un chillido de sorpresa, pero otra mano le tapó la boca.

— ¿Quieres que nos descubran? — Le preguntó una voz a su lado, para luego liberarla del agarre. Ella hizo una mueca y le dio un suave golpe en el pecho.

— Me asustaste. — Dijo como excusa. Atem se rio suavemente y salieron de la casa. — ¿Queda cerca?

— Sí, solo tenemos que tomar un atajo.

Cerraron la rejilla del alrededor de la caso. Atem junto con Anzu se fueron en la parte de atrás, tras tomar un camino un poco angosto, habían llegado enseguida. El lugar estaba alumbrado por farolillos de papel. Comenzaron a ver por el lado derecho, donde compraban accesorios o adornos, tales como pulseras, anillos, collares…

— Espera. — Le detuvo. Anzu echó un vistazo a las pulseras de hilos. — Mmm… Sería lindo llevarle regalos a los chicos.

— ¿Y por qué no lo haces? — Le animó con una sonrisa.

—… Tienes razón.

Compró cuatro pulseras, la verde era para Jonouchi, la lila para Mai, la marrón para Honda y la azul marino era para Yugi. Las guardó en su pequeño bolso que llevaba y siguieron su camino. Lo siguiente no le llamó mucho la atención, algunas cosas sí.

— ¿Puedes quedarte aquí un momento? Vuelvo enseguida.

— Pero…

No pudo terminar su frase. Atem ya se había ido. Ella siguió viendo puesto por puesto, ya que quería regalarle algo al faraón. No sabía qué podía ser… No se le ocurría absolutamente nada. Ya le había regalado el cartucho… Y gracias a eso, todos se habían salvado para salvar al mundo… Pero… Sentía que debía darle más.

—… ¿Qué podría darle? —Murmuró.

— No necesitas darme nada.

Se volteó enseguida para mirar al faraón, que la miraba con una sonrisa. Abrió el primer botón de su camisa le mostró el cartucho.

— Con esto es más que suficiente, no te preocupes.

Anzu, sintiendo sus mejillas arder, solo asintió con la cabeza.

—… Volvamos a casa. — Dijo mientras veía su reloj. — Ya es más de medianoche. — Anzu subió la vista enseguida.

—… ¿Tan rápido? El tiempo vuela…— Se rio mientras caminaban de vuelta. — Notó que el chico se mostraba un poco pensativo. Una vez que notaron que ya no había nadie ni nada en los alrededores, el faraón detuvo sus pasos. Anzu le imitó confundida. — ¿Sucede algo, Atem?

Él mantuvo sus ojos en el suelo unos largos segundos, que consideró horas. Finalmente el chico sacó algo de su bolsillo, envuelto y se lo extendió a ella.

— Yo también quise darles algo a ustedes. — Susurró.

Anzu, con las manos temblorosas, lo aceptó. Deshizo el pequeño sobre y se sorprendió de sobremanera al darse cuenta de lo que era. Era una cadena de oro, que tenía como dije una forma de pieza de rompecabezas. Tenía gravada una "A" en el centro. Usualmente las chicas se esperaban algo similar o mejor, pero para ella, el regalo era perfecto, pues se lo había regalado él.

—… Es precioso. — Murmuró con una sonrisa. Atem no dijo nada, la siguió observando en silencio. — Es la primera vez que alguien me regala algo así. — Sentía unas enormes ganas de llorar, pero no lo haría. Preocuparía a Atem y eso era lo último que quería. Finalmente lo miró con una hermosa sonrisa y se abalanzó sobre él en un fuerte abrazo. — ¡Muchas gracias, Atem!

El faraón, sorprendido por el gesto de la castaña, correspondió con cuidado su abrazo. No esperó que se conmoviera tanto, era solo un collar… "Es la primera vez que alguien me regala algo así", resonó en su mente. Inconscientemente, se había dejado llevar nuevamente y aprovechaba la situación sobre la de su hermano. Suspiró frustrado consigo mismo al mismo tiempo de que la castaña se separa de él con una sonrisa.

— ¡Lo cuidaré con mi vida! — Aseguró mientras se lo colocaba. Él solo asintió, no era capaz de hablar, se sentía muy nervioso después del acto de la castaña. — ¿Y qué les darás a los demás?

— Es un juego de rompecabezas. — Explicó mientras sonreía. — Son seis piezas, para completarlo. Y ustedes son muy importantes para mí, creí que de esa manera… Les demostraría que cada uno de ustedes tiene un trozo de mi corazón en su interior.

— Eres muy dulce…— Murmuró mientras no dejaba de admirar el regalo. — ¿Les gravaste la letra de sus nombres a cada uno?

— No, solo lo hice para ti.

— ¿Por qué?

— "Porque te amo, Anzu."— Pensó, pero rebatió algo similar. — Porque… Siento que tienes algo más de mí que los demás no tienen…

Anzu sonrió en respuesta y tomó su mano para comenzar a correr.

— ¡Anda, vamos a casa! ¡Tenemos que aprovechar este viaje al máximo!

Él forzó una sonrisa, pues en ese viaje tenía planeado hacer otra cosa. Tomaría mucho riesgo hacerlo, pero era ahora o nunca. No podía dejar que siguiera sucediendo lo que ocurría, pues tras ese problema, había algo más… Algo que advertir, algo con la necesidad de proteger… A ella… A ella… Y a todos.

I was thinking about you, thinking about me (Estaba pensando en ti, pensando en mí)

What we gonna be? Open my eyes… (¿Qué llegaremos a ser? Abro mis ojos…)

It was only just a dream… (Fue solo un sueño…)

I travel back, down that road… Wil you come back? No one knows (Vuelvo atrás por ese camino… ¿Volverás? Nadie lo sabe)

I realize… It was Only Just a Dream… (Me doy cuenta… Fue Solo un Sueño…)

Continuará…

Necesitaba poner la letra de una canción al final XDD No lo contuve… Bueno ojalá que les haya gustado, se me ocurrió hacer otro One-Shot de YGO! Espero que les guste, es la continuación de "Paraguas para la Lluvia" este se va a llamar "Girasoles" jojojo Bueno eso :'D Agradecimientos por sus opiniones y comentarios n.n No revelaré ni daré una pista del próximo capítulo porque es una sorpresa e_e Jejeje

Para Tarrant Hightopp:

No te aflijas por no haberme comentado, pero mientras sigas presente y consciente de mi historia te perdono e.e Así que tú también te enfermaste… Jaja En el capítulo 11 hablé de mi accidente y estuve MUY MAL, así que comprendo tu dolor u,u… YO TAMBIEN AMO EL INGLÉS! Es mi vida, de hecho tengo planeado seriamente en ser profesora de inglés junto con ser traductora n.n Un sueño muy lejano para mí, pues mis calificaciones son del asco, pero tengo esperanzas porque inglés en uno de los pocos ramos en los que me va bien XD Bueno eso, FIGHTING!

"FIGHTING!" PARA TODOS!

Rossana's Mind cambio y fuera!

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