Hice una apuesta con mi hermana xD
Okay… Mucho odio por hoy ... Este capítulo estará lleno de angustia… como ya les dije… Escribo dependiendo de mi estado de ánimo… Y no es el mejor que digamos, pero ya pasará!
Vayamos al capítulo…
Capítulo 14: Sé más fuerte.
— ¡Gracias, chicos! — Agradecieron al unísono.
Atem y Anzu sonrieron. Cada uno recibió su regalo, aunque a la castaña el extrañó que ella fuera la única con collar… Porque los demás dijes venían en un llavero, o en una pulsera. Pensó que era solamente porque Atem le había dicho que era su mejor amiga. Sí, era lo más probable. Cada uno se colocó su regalo con una sonrisa. Aunque a Mai le surgió una pequeña duda…
— ¿Dónde los consiguieron?
Anzu abrió los ojos de par en par.
— Pues…-
Atem, que estaba a su lado, levantó el brazo para callarla, posando sus dedos en sus labios. Era cierto, había prometido no decir nada. El faraón sonrió.
— Es un secreto. — Contestó mirando a Mai, transmitiéndole visualmente que no insistiera. La rubia sonrió y asintió.
— ¡No es justo! ¡Yo también quiero comprarle cosas a Shizuka! — Gritó molesto el rubio. Se acercó a Atem. — Me lo dirás, ¿verdad? Somos socios, amigos, hermanos… ¿Me dirás?
—… No.
—… ¡AAAAAH! ¡ERES UN IMBECIL SIN CORAZÓN! — Lo zamarreó con fuerza. Anzu alejó a Jonouchi del faraón que había quedado un poco mareado por la brusquedad.
— Y tú un bruto sin remedio. — Comentó Mai. El chico se giró molesto.
— ¡¿QUÉ DIJISTE, ARPÍA?!
— ¡¿A QUIÉN LE DICES ARPÍA, GLOTÓN, DUELISTA DE CUARTA?!
— ¡¿QUIERES PELEAR?!
Atem miró a Yugi, que miraba tanto la pulsera de Anzu como la que le dio él en un semblante pensativo. No traía puesto el rompecabezas…
— "Sería una buena oportunidad…"— Se acercó a su hermano y le pellizcó la nariz.
— ¡Ah! ¡Oye! — hizo una mueca apartando su mano. Atem le sonrió.
— No pongas esa cara, o lo volveré a hacer.
El pequeño abrió los ojos con sorpresa, nadie, según él, había notado algo raro en él, ¿o sí? Bueno, la decisión que había tenido que haber elegido hace mucho, recién se había dado el lujo de tomarla. De todos modos, su situación no era fácil. Le dolería, pero tenía que hacerlo. Al ver que su hermano cambiaba se expresión a una preocupaba, sonrió.
— ¡Lo siento! — Se rio. El chico alzó una ceja. — Atem…
— ¿Qué?
La sonrisa de Yugi se tornó triste y dolorosa.
—… Eres un buen hermano… Gracias.
Dicho esto, se puso de pie y salió del comedor. Atem lo siguió con la mirada sin entender, conocía esa mirada… Parecía como si quisiese morir… ¿Qué sucedía con él?...
Entonces lo recordó: Él también estaba enamorado de Anzu.
— Soy un imbécil. — Se llevó una mano a su frente mientras se sentaba.
Lo había olvidado, se había aprovechado de estar con la castaña, ¡DE NUEVO! Soltó un gruñido de molestia, estaba furioso consigo mismo. ¿Acaso no podía vivir un día sin Anzu?... "Claro que no." Pensó soltando un suspiro de derrota.
Aún no lo entiendo… No sabía que sería de esta manera…
Sigo llamándote y me siento un poco avergonzado
— ¿Te ocurre algo?
Subió rápidamente la vista y miró a la castaña inclinada hacia él. Al inclinar su rostro hacia arriba, nuevamente quedaron extremadamente cerca. Una horrible vergüenza y nerviosismo lo invadió, pero no se apartó, no podía quitar sus ojos de los azules de la castaña. Necesitaba romper aquel contacto visual, porque o si no… Cometería una locura de la cual él NO se arrepentiría, pero Anzu lo odiaría, también Yugi… Y los demás… Muy bien, los pensamientos negativos tampoco ayudaban mucho en la situación. Logró calmarse y sonrió.
Aun cuando pienso que puedo controlar lo que siento
Cada vez que pasas en frente de mí…
Sonrío de nuevo y no hay nada que pueda hacer…
—… No es nada, Anzu. — Se rio un poco al ver la cara de confusión de la chica. —… Muy bien, hay algo. No quiero volver a mentirte, pero me siento incapaz de hablar de ello. — La castaña sonrió y se sentó a su lado mientras posaba su mano en su espalda.
— Tú tranquilo, por lo menos no me estas mintiendo. Es un avance. — Se encogió de hombros y lo miró, sorprendiéndose de ganarse una expresión de reproche por parte del faraón. No pudo resistirse y soltó una carcajada. — No lo decía enserio, no te enojes…— No continuó, ya que Atem también se rio.
— Está bien, de todos modos es cierto. — Mostró su cartucho y lo miró con seriedad. —… Anzu…
— ¿Mm?
Aún si digo que esto no es amor, me detengo y me alejo
¿Qué puedo hacer con este tonto que sigue sonriéndose a sí mismo?
Él sonrió y se rio levemente. Anzu inclinó la cabeza, sin entender.
— Nada, solo quería pronunciar tu nombre en voz alta.
Anzu le lanzó una mirada significativa, pues ella también le había dicho algo parecido. Ambos sostuvieron contacto visual, ella lo miraba un poco sorprendida, mientras que él solo seguía sonriéndole.
Deseo que seas mi amor… Ven a mí ahora
No sé por qué actúo de esta manera, aún ahora… Estoy inquieto, yendo de aquí para allá frente a ti
¿Tengo que confesarte mi amor para que te des cuenta?
Me quedaré esperándote…
Anzu, por alguna razón, sentía que algo pasaría entre ambos, no sabía qué, así que se dejó guiar por el instinto y cerró los ojos.
El faraón la miró con asombro al verla cerrar los ojos y notó nuevamente que estaban solos, no supo cuándo ni cómo… Pero lo estaban. Tenía una idea de lo que estaba pidiendo Anzu al cerrar sus bellos orbes azules. Con un poco de miedo, se acercó a ella. Se estremeció al sentir la respiración de la bailarina chocando contra su rostro. Pero no había vuelta atrás, si lo hacía… Que Ra lo perdonara, pero se sentía incapaz de dar marcha atrás. Él también cerró los ojos.
La persona la que le prometo mi Eternidad…
Eres tú…
Se separaron bruscamente al oír la puerta principal abrirse de golpe. Miraron a sus amigos con sorpresa.
— ¿Qué hacen aquí? ¡Vamos al mar! ¡Estar encerrados es malo para la salud! — Les alentó el castaño.
Jonouchi y Mai sintieron un peso muerto en el estómago por la culpa. Pudieron notar perfectamente lo que había estado ocurriendo antes de que aparecieran… ¡Lo habían arruinado! ¿Cómo podían llamarse amigos de esa manera? La situación no podía ser peor. Los labios de Anzu temblaban y sus mejillas estaban extremadamente rojas. En cambio, Atem había bajado la vista hacia el suelo, mordiéndose el labio. La pareja de rubios de miraron con preocupación, eso solo significaba una cosa…
— Vamos enseguida. — Atem se colocó de pie, caminó hacia su habitación rápidamente y la cerró con fuerza, haciendo que todos dieran un respingo.
Mai y Jonouchi intercambiaron una mirada determinada.
— ¡Anzu! ¿Me ayudas a ponerme mi traje de baño? —Le guiñó el ojo mientras la jalaba del brazo.
—… Ah… Claro…— Murmuró algo desorientada.
— ¡Vamos, vamos! — Corrieron escaleras arriba.
El rubio iba a ir a la habitación del faraón, pero alguien se lo impidió.
— Jonouchi-kun. — Miró a su mejor amigo.
— ¿Qué pasa, amigo? ¿Algún problema? — Trataba de sonar normal, no quería herir a Yugi, era lo último que quería.
—… ¿Podemos hablar? — Jonouchi frunció el ceño, pero asintió.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— ¿Qué pasó? ¡Dime, dime! ¡No te hagas la tonta, sabemos muy bien que interrumpimos algo! ¿Te ibas a declarar?
— ¡NO! — Le interrumpió con el rostro completamente rojo de la vergüenza y furia. —… ¡No fue eso! ¡Yo solo…!— Suavizó su tono de voz y miró el suelo. —… Yo solo… Cerré los ojos.
— ¿Cerraste…?— No completó su oración, pues en ese momento su cerebro hizo conectar a la "interrupción", y comprendió todo. —… ¡Lo siento! ¡No era nuestra intención interrumpirlos…-!
— Mai-san…— Su voz se quebró. —… Ya no sé qué pensar… — Sus ojos se llenaron de lágrimas. Mai hizo una mueca de tristeza y la abrazó. — Estoy comenzando… A tener esperanzas de que él logre quererme como yo quiero, pero… Tengo miedo de que solo sean ilusiones mías… Que un día él me diga que estoy equivocada, que todo lo que pensé fue un producto de mi imaginación…
La rubia sentía unas enormes ganas de gritarle a los cuatro vientos que no era así, que Atem le correspondía, pero eso también significaba dar explicaciones. ¿Explicaciones de qué? Simple, que Yugi también la quería. Si tiraba a uno por la borda, tiraría a uno gratis, cosa que no le gustaría por más que fuera una promoción dos por uno. No es que Jonouchi le hubiese contado sobre los sentimientos de su mejor amigo, ella ya lo sabía, se podía notar a kilómetros de distancia, él lo admitía. Pero Atem apenas lo lograba asimilar, según toda la historia que le había contado el rubio, él era un faraón hace muchísimo tiempo que salvó al mundo. Él tuvo un destino difícil, no como una persona normal. Todas las piezas calzaron y entendió, pero ahora… Había algo más que superar, mucho más fuerte que el juego de las sombras, mucho más que salvar al mundo…
Y eso era… El amor adolescente.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— Hijo mío…— El niño se secó las lágrimas y se giró a ver a su padre con curiosidad. — No sigas llorando. — Le pidió en un tono suplicante pues ya había pasado un año de la muerte de la reina de Egipto. —… Yo también sufrí, sufro y sufriré mucho por la ausencia de tu madre…
— Pero… No estás llorando…— Comentó inocentemente.
— No siempre hay que llorar para sufrir en silencio, Atem. — Lo miró y luego el rompecabezas. Se agachó a la altura del pequeño. — Esto... — Le mostró el colgante. — Si es que te da una oportunidad de querer a tu gente con todas tus fuerzas… Te dará una dificultosa prueba para protegerlos a ellos y… a tu reino.
—… Pero yo a la única que querré con todas mis fuerzas es mi mamá y a papá…— Sollozó.
— Lo entenderás algún día, hijo. Yo amé mucho a tu madre, pero tuve que ser agraviado y probado a ser digno de ella en muchas ocasiones. — El niño frunció el ceño sin entender.
—… ¿Cuándo tendré que hacer lo mismo que tú?
— Cuando encuentres a una joven pura, sin malicia, que sea todo para ti.
Él volvió a sentir sus ojos húmedos. ¿Cómo querer a alguien más que a su madre? Además, ¿por qué tuvo que irse? ¿Qué personas serían tan importantes al grado o incluso mayor al cariño que le tenía a su familia?...
. . .
Abrió los ojos de golpe y se reincorporó en su cama. Respiraba agitado, ese recuerdo… Aquella vez… Tragó duramente saliva y trataba de regularizar los latidos de su corazón, pero le era imposible. Estaba impresionado, preocupado… Y asustado.
—… "Padre… No sé por qué te recuerdo en un momento como este… Pero siento que esto tiene algo que ver con lo que he estado pensando hacer estos días…"— Pensó tras llevarse la mano a su pecho, al sentir un leve dolor. Jadeó y volvió a dejarse caer en su cama, cerrando los ojos.
Volvió a abrirlos al oír a alguien tocar la puerta.
— Atem… Soy yo. ¿Puedo…?— Era Jonouchi.
Bien, lo necesitaba. Lo admitía, necesitaba contarle lo que iba a hacer…
—… Está abierto. — Su tono de voz escapó como un leve suspiró ahogado de sus labios. Estaba bastante aturdido.
El chico abrió lentamente la puerta y volvió a cerrarla con seguro cuando la cerró. Se sentó en la cama, a su lado. El faraón volvió a reincorporarse y quedó sentado al lado de su amigo.
—… ¿Qué pasa?
— A otro perro con ese hueso, Atem. — Le reprochó en un tono severo. —… ¿Qué pasó entre Anzu y tú?
. . .
… Anzu…
— "Demonios…"
— No me vengas con que no pasó nada, no soy tan imbécil. — Lo miró. —… Y lo siento, no quisimos interrumpir nada…
—…
—… ¿Atem? ¿Amigo?... ¿Estás bien?
— Jonouchi… Yo de verdad… Estoy aterrado. — Admitió llevando sus manos a su rostro.
—… ¿Atem…?
— Este mal presentimiento… ¡No me deja en paz!... ¡Y tengo miedo! Tengo miedo de lo que pueda pasarle a ustedes… ¡Y a ella!... Algo no anda bien. Al principio creí que era una estupidez y me estaba volviendo paranoico, pero… ¡DEMONIOS! — Jadeó al sentir un agudo dolor en el pecho.
— ¡¿ATEM?!
¿Por qué? ¿Por qué ocurría eso cuando sentía dolor? ¿Por qué cuando pensaba en ella o en los demás con preocupación? ¡¿Por qué?! ¡No tenía el rompecabezas en sus manos! Pero le pertenecía, era una parte de él… Estaban conectados. Después de todo, él estuvo encerrado allí…
— Amigo, me estás asustando…
Atem abrió los ojos y miró a Jonouchi con determinación y a la vez desesperación.
— Jonouchi. — Lo llamó en un semblante serio, sin dejar de extenuarse. —… ¿Harías algo por mí? He tratado de ocultarlo, pero ya no…
— Claro, lo que sea…
— Si te digo, quizá no lo hagas…— Sonrió con amargura.
— ¡No lo sabré si no me dices!
— Bien… Te lo diré, pero una vez que te lo diga… Lo harás.
Su voz sonó tan fría que el rubio sintió cierto temor por el faraón. No le daba buena espina la situación.
— Bien, lo prometo.
—… Necesito el rompecabezas del milenio en mis manos… Ahora.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— Tranquila, querida…— Le acarició el cabello. — Atem no es un cobarde, si no está aquí, es por una razón. — Le animó. Anzu forzó una sonrisa.
— Gracias, Mai-san. Tienes razón. — Susurró acariciando el dije de su cadena con afecto. Se sentía insegura.
Mai podía notar la preocupación de la chica, ella también lo estaba. Cuando Anzu y ella habían bajado las escaleras, vieron salir de la casa a Yugi muy serio. Anzu pareció no notarlo y también salió, pero Jonouchi le había llamado la atención a la rubia para pedirle un favor, que si Yugi quería hablar con Anzu, que no intentara ninguna misión de espía. Eso solo la confundía más. ¿Qué quería decir? ¿No que iban a ver lo que sucedía con Atem y Anzu? Suspiró fastidiada.
— ¿Qué sucede, Mai-san?
— ¿Eh? ¡Na-Nada! — Rio.
La castaña sonrió y siguió mirando a Honda que construía un castillo de arena, aburrido. Yugi y Jonouchi tampoco estaban. ¿Acaso fueron a otra aventura? Típico de esos dos…
— Anzu…
Borró enseguida esa idea de su mente al girarse y ver parado a Yugi mirándola seriamente.
—… ¿Yugi? ¿Qué sucede? ¿Estás bien?
—… La verdad es que… Quiero hablar contigo, Anzu.
— ¿Ah, sí? — Sonrió. — Claro, ¿por qué no?
— Pero aquí no. — Apretó los labios. — Caminemos un rato, ¿sí?
La sonrisa de Anzu se borró, Yugi se veía muy preocupado. Asintió en silencio y comenzaron a caminar al lado de las olas, que pocas veces llegaba a alcanzarlos, pues la marea estaba suave.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
—… ¿Qué?
— Lo que oíste. Quiero el rompecabezas.
— Es… Estás… ¡¿ESTÁS LOCO?! — Lo agarró bruscamente de los hombros. — ¡¿CREES QUE QUIERO VERTE MORIR?! ¡¿QUÉ PLANEAS HACER?! ¡¿SUICIDARTE?!
— No quiero morir, Jonouchi. — Apartó los brazos del chico con brusquedad.
— ¡¿Entonces, qué…?!
— Quiero detenerlo. —El rubio calló, sorprendido. — Tal vez no lo haga ahora, pero al menos podré saber la razón… Por la cual sucede esto. Tengo una idea de cuál podría ser, pero… necesito tu ayuda. — Pausó. —… Estoy seguro que Yugi no lo trae puesto, pero lo debió haber guardado en un lugar seguro… Y yo no resisto mucho tiempo tocándolo… Necesito que lo traigas aquí.
Jonouchi estaba desesperado, quería frenar esa locura del faraón, pero él se veía decidido. Nada lo haría cambiar de opinión. Además, había prometido hacer ese favor. Bajó la vista apretando los dientes. ¿Y si las cosas salían mal?
—… Lo haré… Pero antes… Promete que no morirás. — Atem sonrió agradecido por el apoyo y preocupación de su amigo.
— No lo haré. — Afirmó. — ¿Por quién me tomas?
— Por el faraón de Egipto que salvó al mundo más idiota que pudo haber pisado la Tierra.
Él se rio mientras le daba un ligero golpe en el brazo. El rubio sonrió con pesar y asintió. Lo haría. Salió de la habitación y suspiró aliviado de ver que no había nadie en la casa. Corrió hacia la habitación de Yugi y buscó en su maleta. Como Atem predijo, no estaba allí. Cajones… Tampoco. ¿Debajo de la cama? ¡Menos! Entonces recordó, que una vez Yugi le había mencionado que si estaba alejado de su artículo por las noches, no dormía muy bien. Buscó bajo la almohada y ahí estaba. Sintió su corazón acelerarse. Una vez que se lo entregara a Atem, no habría marcha atrás.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
—… Um… ¿Yugi? Ya nos alejamos bastante, apenas puedo ver la casa. — Comentó al tratar de localizarla. — ¿Es tan importante lo que tienes que decirte?
El chico seguía dándole la espalda, cosa que le inquietaba un poco.
— No tienes idea de cuán importante es… Para mí. — Susurró. Ella logró oírle y caminó un par de pasos hacia él.
— ¿Yugi?
—… Fuiste mi amiga de la infancia, Anzu.
— Claro. — Asintió.
— Mi primera amiga, en quien pude confiar, que tenía buen corazón, que siempre me defendió cuando no tuve el valor de hacerlo... Te estoy muy agradecido… Pero ya no puedo seguir contigo de la manera que me siento. — Anzu frunció el ceño sin comprender.
—… ¿Qué quieres decir con eso, Yugi?
— ¡Quiero decir que ya no puedo seguir callando mis sentimientos por ti, Anzu! — Exclamó frustrado al voltearse y mirarla. — ¡Estoy enamorado de ti!
. . .
—… ¿Qué…?
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— ¿Estás seguro de esto? Puedes retroceder. — Le sugirió por séptima vez. Atem sonrió con melancolía.
— Prometí que no moriría, Jou. Estaré bien…
— ¿De verdad? ¿Entonces para que te encerrarás en tu habitación con llave? — Le reprochó.
— Bien, si no lo quieres así, no dejes que nadie impida lo que haré. Lamento hacerte esto, Jonouchi. Pero es la única forma que tengo para calmar al rompecabezas.
— ¿Y si Anzu quiere detenerte? — El faraón tensó la mandíbula. — ¿Lo harías?
—… No… No lo sé. — Admitió mientras le arrebataba el rompecabezas de las manos y se lo colocaba en el cuello, como en los viejos tiempos.
— ¡Atem, espera…-!
— Lo prometiste. — Le interrumpió. El rubio iba a protestar, pero Atem volvió a hablar. — No permitas que los demás sepan, en especial Yugi.
—… Yugi…— Era cierto, le había pedido que lo dejaran a solas con la castaña… Atem no sabía nada. Apretó los labios y simplemente asintió. — Bien… Comienza, prometo que si hay una persona que llegue a detenerte… No seré yo, porque cumpliré con mi palabra.
El faraón asintió y entró a su habitación, no la cerró, pues Jonouichi estaba en la entrada, dándole la espalda.
Soltó un suspiro entrecortado, apenas había tocado el artefacto, las descargas habían comenzado. Agarró el rompecabezas con ambas manos y concentró toda su energía en él.
— "¿Quién eres? ¿Qué quieres lograr? ¿Hay algo malo que hice? ¿Quieres que pague?"
En respuesta, un destello se desprendió del rompecabezas, adentrándose en el interior de su dueño, que soltó un alarido de dolor y se arrodilló en el suelo.
— ¡ATEM!
— ¡LO PROMETISTE! — Logró articular. —… ¡NO VENGAS…!
Sin embargo, a pesar del dolor, no soltó el rompecabezas. No entendía las palabras de su padre, no comprendía la energía del rompecabezas, que se suponía que siempre estuvo de su lado.
Sus manos comenzaron a temblar, pues el dolor era insoportable y sentía como si estrujaran violentamente su corazón.
Jonouchi apretó los puños con furia al ver al faraón comenzar a toser sangre.
— "Prometiste no morir, lo prometiste, te juro que si mueres, jamás, Atem… ¡PERO JAMÁS TE LO PERDONARÉ!" — Pensó al escuchar a Mai y a Honda aproximarse.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
—… Yugi… Yo no… No sabía…-
— Yo sé… Muy bien que quién es la persona que quieres, Anzu. — La castaña miró el suelo. — Es alguien que es casi igual a mí, pero es mejor en todo que yo.
— ¡Yugi! ¡Eso no es cierto! ¿Por qué piensas de esa manera?
— ¡ANZU! — Le interrumpió dolido. —… Puede que no lo veas de esa manera, pero yo lo creo así… No te estoy reprochando nada… Solo quería decírtelo antes de…— Se mordió el labio. — Antes de dejarte ir. — La castaña trató de acercarse, pero el menor retrocedió. — No te acerques. Solo quería agradecerte… Por darme a conocer este sentimiento, porque creí que nunca lo sentiría, pues soy un bueno para nada… Me siento un completo tonto cuando llego a sentir envidia de Atem, pues no tengo por qué. Él fue la persona que me reunió valor y coraje, que me hizo tener amigos… Muchas veces, fui muy cruel con él, siendo que él solo trataba de darme a entender que tenía que seguir… Cuando ustedes estaban en peligro, ÉL los salvaba, NO YO. — Se miró las manos. — Siempre dependí de él, y cuando ganó… ¡Solo por estar celoso…!— Sus ojos se llenaron de lágrimas. — ¡Deseé que YO hubiese ganado! ¡¿Qué clase de amigo piensa eso?! ¡Cada cosa que él hacía, me hacía sentir inferior a él! ¡No quería que siguiera a nuestro lado…! ¡Pero no ganaba nada con pensarlo! ¡Eso es egoísta y cruel…! Y recién me había dado cuenta de ello… Cuando me golpeaste. — Una primera lágrima escapó de sus ojos y al apartó con fuerza. —… Quería decirte esto porque ya no podía más… No me sorprendería si me odiaras por saber todo esto… Solo quería decirlo.
Anzu lloraba en silencio. No era por la decepción ni la rabia por la confesión de Yugi, sino que ella le causó tanto dolor a su amigo de la infancia, quien siempre le sonrió en los malos momentos, el primero que lo apoyó en su sueño de bailar en América… ¿Cómo pudo pensar solamente en ella y su posible relación con el hermano de su amigo, que tenía sentimientos escondidos hacia ella? Ella sollozó.
—… Perdóname, Yugi…— Se abrazó a sí misma.
— No tengo que perdonarte nada, Anzu. — Sonrió con tristeza. —… Soy yo quien debería hacerlo…— Inhaló lentamente y suspiró. —… Ve a casa, yo me quedaré aquí un poco más.
—… Pero…
— Te necesita. No sé qué le sucede, y tú eres su amiga de mayor confianza. De seguro te lo dirá o lo sabrás…
Anzu lo siguió mirando con los ojos brillantes por las lágrimas…
"Te necesita…"
Apretó los puños. ¿Qué era ese sentimiento de inseguridad? Sin darse cuenta, ya había echado a correr hacia la casa.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Todo lo que lo rodeaba era dolor, tanto físico como emocional. Los destellos se extendieron hasta llegar al punto de rodearlo por completo, siendo incapaz de ser tocado por Jonouchi, Mai u Honda. Sí, habían llegado en el peor momento, y se sentí culpable de ver al rubio impedirles la pasada tanto a la rubia como al castaño.
— ¡JONOUCHI! ¡DÉJANOS PASAR! ¡¿QUIERES QUE ATEM MUERA?!
— ¡No es eso!... ¡Prometió que no moriría!... ¡PROMETÍ QUE IMPEDIRÍA LO MAYOR POSIBLE QUE ALGUIEN LO DETUVIERA!
— ¡¿POR ESO ALEJASTE A ANZU Y A YUGI DE AQUÍ?! ¡¿TENÍAS TODO ESTO PLANEADO?! — Le gritó la rubia.
Atem logró escuchar aquello y sintió como la culpa también se hacía cargo de lastimarle.
"Bien hecho, faraón. Lastimaste a tu hermano."
"He tratado de protegerlo lo mayor posible… No tienes que echarme nada en cara."
"¿De verdad? ¿Qué hay de Anzu? Yugi la quiere, y tú se la estás quitando."
"¡Te equivocas!"
"¿No? Entonces… ¿Por qué intentaste besarla más de una ocasión, sabiendo los sentimientos de tu hermano? ¿Qué querías lograr?"
"… Yo… No lo sé, solo me dejé llevar…"
"Es típico, dejas que tus instintos y malas decisiones lastimen a los demás. ¿Recuerdas cuando utilizaste el sello de Orichalcos? Yugi dio su vida para salvarte por tu egoísmo y ambición."
"… Pero lo salvé."
"¿Y eso qué? Solo lograste perjudicarte más, porque internamente deseabas dejarlo allí, para que te tomaras su lugar."
"¡ESO NO ES CIERTO!"
"Jonouchi ha sacrificado su vida incontables veces solo para ayudarte. Todo lo que rodeas es destruido por tu culpa."
"… Jonouchi…"
"¿Y qué hay de Anzu? ¿Acaso la conoces de verdad? De seguro te detesta, porque hiciste que tuviera una pelea con sus amigos, que son mucho más especiales que tú. Estuvo en peligro por tu culpa, porque no la protegiste, nunca llegabas a tiempo."
— ¡CÁLLATE! — Gritó en voz alta. — "¡No, no, NO!"
"-F-l-a-s-h—B-a-c-k-"
— ¡Faraón! — Fue empujado para su gran desconcierto. Se giró dándose cuenta de que era Yugi.
— ¡Yugi, no…! ¡¿Qué estás haciendo?!
— Solo necesitan a uno… Así que dejaré que el Sello de Orichalcos se lleve mi alma…
—… ¡NO! ¡YUGI, NO!
El rubio no lo soportó más. Aunque su sonrisa no se borró, había ganado el duelo con Marik…
Cayó pesadamente al suelo.
Todos los presentes estaban en silencio, incapaz de decir algo coherente.
—… ¡JONOUCHI!
— ¡JONOUCHI!... Oigan… ¡Jonouchi…! ¡NO ESTÁ RESPIRANDO!
— ¡No puede ser…!
— ¡FARAÓN, POR FAVOR DETENTE! — Suplicó con la voz quebrada mientras detenía sus movimientos agarrándolo por la muñeca.
— ¡SUÉLTAME!
— ¡No saques más cartas, por favor!... El duelo se terminó.
El ojivioleta miraba las lágrimas de la castaña, el odio parecía reducirse al ver esos ojos azules, pero había aumentado el dolor y la culpa. La castaña se separó de él mientras que él corría hacia su oponente, Haga, que ya había perdido su alma.
— ¡Haga, reacciona! ¡Yo gané! ¡¿Dónde está Yugi?! ¡CONTÉSTAME!
—… Ya es tarde, Faraón… Haga ha perdido su alma.
— ¡HAGA! — Lo zamarreó con fuerza.
Entonces se dio cuenta. Él había causado todo ese problema. Se miró sus manos, incapaz de creer en que se había convertido en una persona podrida sin compasión.
"-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-"
Sus ojos ardieron y los abrió con sorpresa. No se hubiese sorprendido del todo si hubiese caído una lágrima, pero lo que cayó de sus orbes violetas no eran esas gotas saladas… Era sangre. Se llevó una mano a su mejilla y lo sintió empapado de ese líquido vital que le estaban arrebatando. Los latidos de su corazón se volvían cada vez más débiles… ¿Acaso de verdad moriría? Había vomitado demasiada sangre, y ahora lágrimas de sangre. Las energías negativas no lo abandonaban, es más, comenzaban a aumentar. Se reincorporó débilmente y quiso quitarte el rompecabezas, pero le fue imposible. Había perdido todas sus fuerzas, incluso las que tuvo para ponerse de pie se habían ido, pues volvió a estrellarse en el suelo.
— ¡ATEM! ¡LO PROMETISTE, MALDICIÓN!
Él seguía sentado allí, mirando el rompecabezas, que no contestaba ninguna de sus palabras. Soltó un jadeo desesperado. No, no quería morir. Quería hacer muchas cosas con los demás que aun no lograban hacer.
Quería ver a Mai y a Jonouchi juntos de una vez.
Quería ver a Honda ser aprobado por el rubio para que estuviese con su hermana Shizuka.
Quería que Yugi fuera feliz y no siguiera sufriendo por su culpa.
. . .
Y también… Quería que Anzu cumplir su sueño de ser bailarina e ir a América.
. . .
No se dejaría matar por una estupidez, quería todo eso con sus amigos. Quería experimentarlo, quería ser una persona normal, o intentar serlo, pues jamás sería como los otros. Pero al menos lo intentaría, sería un estudiante común, que va a clases, conversa con sus amigos, que decide su futuro propio.
Sintió que el sabor a sangre seguía en su boca, así que tragó con lentitud. No podía… No quería… Sin embargo no tenía fuerzas… Ya no podría…
— ¡ATEM, NO LO HAGAS!
— "Esa voz…"— Se giró.
Cierta castaña de ojos azules corría hacia él con lágrimas en sus hermosos orbes. Le importó muy poco que Jonouchi le advertía lo peligroso que era acercarse, no le importó para nada.
Atem se vio rodeado por unos brazos femeninos con tanta fuerza que ambos cayeron al suelo, mientras sentía como el rompecabezas dañaba también a Anzu. Se paralizó.
"Veo que te diste cuenta…"
"¡NO LA TOQUES! ¡NO DEJARÉ QUE LE HAGAS DAÑO! ¡NI A ELLA NI A NADIE!"
"Nada mal, para tu segunda prueba… Más vale que logres pasarla, de lo contrario, sabes lo que sucederá…"
"¿Eso la incluye a ella?"
"Incluye a TODOS."
"¿Cómo puedo frenar esto?"
"Sé más fuerte… Es todo."
Los bríos y energías se desvanecieron, para el alivio de ambos. Anzu se reincorporó con la mano posada en el sector de su corazón. Respiraba agitada, ese era el dolor que sentía Atem, incluso mil veces mayor. Lo miró y su corazón se encogió de dolor. La comisura de sus labios tenía restos de sangre. Lo que dejaba ver de su camisa, eran sus brazos, donde tenía unas quemaduras graves. Pero lo que más le dolió fueron ver sus ojos, se veían apagados, como si estuviese muerto. Sus mejillas llevaban un resto de líquido rojo. ¿Qué acababa de pasar? Ni siquiera era capaz de ayudarlo a ponerse de pie, porque tocarlo significaría hacerle aún más daño. Pero lo primero que hizo fue quitarle el rompecabezas y lo lanzó lo más lejos posible.
Apenas hizo ese acto, el faraón pareció reaccionar de su trance y comenzó a respirar con dificultad y comenzó a toser nuevamente. Anzu se colocó en frente de él, tomando su mano. Las lágrimas no abandonaban sus ojos, pues era incapaz de derramarlas por más que quisiese. Sus labios temblaban, no podía decirle algo coherente. Su estado era crítico.
Escuchó que los chicos se acercaban a ambos, pero ninguno de los dos reaccionaba. Anzu, con el corazón en la garganta, miraba impaciente a que el faraón hiciera algo que le diera muestras de que estaba "vivo". Por otro lado, Atem apenas lograba escuchar las voces de sus amigos, que parecían murmullos para él. Sentía una fría mano tocando la suya, que estaba en mal estado. Sabía a quién le pertenecía. Con la última fuerza que después se preguntaría cómo la recuperó, correspondió el estrecho de manos.
Su vista se nubló y se desplomó encima de la castaña.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— ¿Estás bien? — Entró la rubia a su habitación.
Anzu asintió, en un semblante ausente.
— Aun no entiendo por qué le seguimos ocultando la verdad a Yugi. — Comentó con acidez.
Él pequeño había llegado una hora después de lo ocurrido. Jonouchi le había mentido, diciendo que hubo un accidente leve en la cocina. ¡Sí,claro! ¡Tanto así como para dejarlo casi al borde de la muerte!
—… Anzu…-
— ¿Por qué? ¿Por qué no le dicen la verdad? Ustedes juran ser los únicos en una situación difícil.
— Anzu, te equivocas.
— ¡¿ENTONCES QUÉ?! — Se giró a verla. —… ¿Ahora qué?
La rubia tomó la mano de la castaña y la apretó con cariño, viendo como esta comenzaba a llorar desesperadamente y fue abrazada por la rubia.
—… ¿Quieres decir algo?
— ¿Por qué, Mai-san? ¡¿Por qué?! — Sollozó. —… Yugi… Me confesó que estaba enamorado de mí… Y yo no lo sabía… Todo este tiempo, yo solo pensando en mi posibilidad de poder estar con Atem… Y Yugi sufría por MI culpa… ¡Soy una terrible amiga! — Mai sintió que la chica temblaba con fuerza y no lograba entender la razón. Anzu notó la inseguridad y preocupación de su amiga, así que… Decidió explicarle. — Aun puedo sentirlo… Este dolor… Es el que Atem siente, mil veces mayor… ¡¿Por qué tiene que ser él?! ¡¿POR QUÉ?! Él no ha hecho nada malo… ¡Salvó al mundo incontables veces! ¡¿Por qué la vida no le da una oportunidad?! ¡¿POR QUÉ TIENE QUE SUFRIR Y YO ESTUPIDAMENTE SOLO ME QUEDO A MIRAR?!... No lo entiendo… Él no lo merece…
— Estás conmocionada, Anzu. — Se separó de ella y secó sus lágrimas. — Todos nos hacemos esa pregunta, querida. — Acarició su cabello. — ¿Viste el rostro de Jonouchi?... — Los ojos lilas de la rubia se llenaron de lágrimas. —… Me dijo que… Atem le había pedido que prometiera que por más peligro que él corriese, él no haría nada… ¿Sabes cómo se siente?
La chica sollozó de nuevo. Agradecía que Yugi ya estuviese dormido, o si no, vendrían explicaciones… Pero tenía todo el derecho de saberlo… Era su hermano, tenía que enterarse de la verdad y del peligro que corría el faraón.
Se separó de Mai y bajó lentamente las escaleras. Vio a Jonouchi sentado en la mesa, con las manos en sus oídos, como si tratara de callar un mal momento, y entendía a qué se debía.
—… Jonouchi…— Susurró.
El rubio alzó la vista y en sus ojos oscuros había lágrimas, como ella, estaba destrozado.
—… Anzu…— Se colocó de pie y se dejó caer en frente de ella. — ¡Te lo agradezco! ¡Arriesgaste tu propia vida por Atem…! ¡Para salvarlo mientras yo no podía…!
—… Para eso están los amigos, Jou. — Se arrodilló en frente de él.
Nadie estaba bien, Honda había salido y aun no se sabía nada de él. Era muy tarde y estaba preocupada. Bueno, Mai y él no sabían nada, la rubia tenía una idea, pero no una concreta. Al saber la verdad, quedaron igual que ellos.
—… ¿Cómo está? — Preguntó con la voz temblorosa. Jonouchi apretó los puños.
—… No tengo derecho de verlo siquiera. Soy de lo peor. Desde que lo curamos, nadie ha entrado a su habitación.
Anzu se levantó y le extendió una mano al rubio. Él la aceptó a regañadientes y una profunda tristeza.
Caminó lentamente a su habitación y la abrió. Se estremeció al notar lo fría que estaba. Caminó lentamente al faraón inconsciente, que estaba sin camisa, pues todo su torso fue vendado junto con sus brazos por las quemaduras. Algunos cortes se podían ver en su rostro… Su expresión era de dolor, un profundo dolor.
Respiraba rápidamente, como si la vida se le fuese de las manos, aunque en cierto modo era cierto. Se sentó su lado y tomó su mano.
—… ¿Atem…? Me dijiste… que a pesar de todo… No nos dejarías… ¿Tu promesa sigue en pie? ¿Lo está…?... No te irás, ¿verdad?
Al no oír respuesta comenzó a llorar nuevamente. Estaba frustrada, porque había herido los sentimientos de Yugi, había visto a todos sus amigos en un estado terrible, y Atem estaba gravemente herido. ¿Qué podía ser peor? ¡Todo se había destrozado!
—… No me iré…— Contestó en un susurro mientras seguía escuchándola llorar.
Sabía muy bien que ella no le había escuchado. Una vez más, la había lastimado.
Continuará…
Tarrant Hightopp: Haré como que nunca vi esos comentarios… Es más, los borré, no te preocupes, por un momento creí "Se volvió bipolar?" Pero luego recordé lo de tus hermanos, así que no importa, tengo hermanos iguales, solo que ellos si me dejan escribir con comodidad jejeje…
Sobre algunas preguntas… Preguntaste, y quizás muchos de ustedes también lo hace… ¿HABRÁ BESO?!...
. . .
Bueno, soy una niña "inocente" a nivel experto -.-U Pues mis labios son vírgenes XD Jaja no sé cómo describir un beso, aunque he leído en otros fics como se supone que debería ser… Pero en algunas ocasiones llegó a darme asco XD Cuando describo un beso me da vergüenza u/u No sé por qué, no pregunten… Es que… Trato de ponerlo en mayor entendimiento y sentimiento posible, pero es que como no sé nada de AMOR (Mentira. Si sé, pero lo he experimentado a malas experiencias por un IMBECIL que sigo queriendo de todos modos…) No sé… Solo pongo lo que creo que pasa en la pareja, es todo…
Pero sí, pondré BESO. Aunque después no discriminen XD ustedes lo pidieron así… Jejeje
FIGHTING!
Rossana's Mind cambio y fuera!
Reviews?
