Creo que alcanzaré a terminar este cap… Más vale XD Bueno, estamos a la mitad del fic y es trsite u,u… Bueno, al menos los dejaré en la mitad oficialmente así que los extrañaré mucho este capítulo tendrá un toque de frialdad y tristeza pues me da pena separarme de ustedes…

El capítulo será corto, o eso creo yo, porque simplemente estoy con poca inspiración u.u

VAYAMOS AL CAPÍTULO!

Capítulo 15: La verdad, la derrota.

Al día siguiente, no pudo evitar sentir amargura al ver a sus amigos sonreír de una manera tan falsa, aunque el fingir se les daba muy bien cuando estaban con Yugi, si ella desconociera la situación del día anterior, también no hubiese notado que estaban tan tristes y destrozados por dentro. Anzu también tenía que fingir, no era la excepción de tener que forzar una sonrisa. Aunque no era la mejor actuando… Era inevitable viendo al faraón aun inconsciente.

—… Anzu, ¿aún te sientes mal? — Preguntó Yugi en un semblante preocupado.

— Me duele mucho la cabeza, aunque no sé por qué. — Mintió con una sonrisa triste.

— Espero que pronto te recuperes. — Sonrió y le dio la espalda para irse.

— Espera, Yugi…— El pequeño se volteó con confusión en su rostro. —… Lo siento. — Una melancólica sonrisa se dibujó en el rostro de Yugi.

—… También yo.

Dicho esto se retiró de su habitación. Volvió a sentir lágrimas en sus orbes azules, pues la culpa seguía allí. Y no solo eso, las fuertes imágenes del día anterior rondaban en su cabeza, sin mencionar que las descargas que le dio el rompecabezas a ella, seguía retumbando en su interior, así como a Atem…

Atem…

Bajó las escaleras lentamente y sacó una pastilla para el dolor de cabeza, en esa parte no le había mentido a Yugi. Vio a Honda recostado en el sofá durmiendo. Sí, había llegado en la madrugada completamente ebrio. Que Ra sepa en dónde se metió, pues ella no quería saberlo. Dejó el paquete de remedio en la mesa, con una nota para el castaño, porque sabía muy bien que despertaría con una enorme resaca.

Caminó hacia la habitación del faraón, que estaba en el mismo estado que anoche, aunque su respiración se había vuelto más calmada y lenta. De vez en cuando soltaba leves jadeos de dolor, pero eran pocos. Le encantaría creer que se estaba recuperando con facilidad, de verdad le gustaría, pero el ver las vendas en su cuerpo le hacían perder nuevamente esa esperanza. Tomó su mano nuevamente, así como la noche anterior. No quería llorar, pues había llorado bastante. No le quedaban lágrimas…

¿A quién engañaba? Sentía unas enormes ganas de llorar, de gritar, de golpear algo, lo que fuese… Con tal de detener el sufrimiento de su corazón. Porque… En realidad se refería a ellos. Todo el dolor que ellos sentían y Él… Era como si se lo estuviesen también causando a ella.

Besó el dorso de su mano con suavidad. Quería que se recuperara, el solo verlo ahí, ya era muy duro para ella. Soltó su mano y se puso de pie, necesitaba aire, estas no eran las vacaciones que había querido. Esa misma noche volverían a la ciudad Domino… Le preocupaba que Atem no despertara antes de volver… De verdad le angustiaba. Sin querer seguir pensando en eso, abandonó la habitación y salió para caminar a la playa, donde estaban la mayoría. Yugi, Jonouchi y Honda estaban jugando, Mai solo los miraba sentada en la arena. Caminó hacia la rubia y se sentó a su lado sin avisar su llegada, aunque a la joven de ojos lilas no pareció importarle la intromisión.

—… ¿Cómo está?

—… Ya no tiene fiebre, no respira como si la vida le fuese en ello… Pero está muy grave de todos modos. — Ocultó la mirada gracias al flequillo de su cabello castaño.

—… Anzu. — La llamó en un tono suave. — Me sorprende que Yugi no sospeche nada… Es más, creí que no se creería la mentira de Jou.

—… Yo tampoco, usualmente… Yugi es más observador…-

— ¿Tiene que ver con la plática secreta de ayer…? ¿Sobre sus sentimientos? — Anzu palideció, pero asintió. — Vaya, vaya… El rechazo pone a la gente más idiota…— Apretó los labios. —… ¿Por qué no me especificaste lo que tenía Atem?

— Prometí no hacerlo…— Susurró. — Agradezco que sean pocas ocasiones, porque si fueran muchas… Simplemente me moriría.

Mai se tensó, recordando algo que la castaña desconocía.

"-F-l-a-s-h—B-a-c-k-"

—… ¿Atem?

Levantó la vista para encontrarse nuevamente con la rubia de ojos lilas que se bajaba de su motocicleta.

—… Mai…— Jadeó.

¿Te encuentras bien? — Se arrodilló en enfrente de él. — Tienes sangre aquí. — Se señaló a sí misma en la comisura de la boca. Atem se dio cuenta que aún tenía restos de sangre, se la quitó con la manga del uniforme algo molesto. —… ¿Por qué...? — No quiso continuar la pregunta al ver la mirada del chico, que suplicaba no querer responder. —… Muy bien, entiendo. No preguntaré. — Le extendió su mano. — Aunque sea déjame ayudarte a ponerte de pie, pareces un cadáver.

Lo vio sonreír con pesar y aceptó la mano de la rubia. Se apoyó en la pared, parecía muy adolorido.

—… Te preguntaría cómo has estado, pero después de verte en ese estado, supongo que nada bien. — Sonrió algo incómoda. Él sonrió con pesar.

No te imaginas cuánto…— La miró con seriedad. —… ¿Prometes no decírselo a nadie sobre esto?

—… No puedo hacer eso, sería muy masoquista de tu parte quedarte con eso todo el tiempo. — Él, en respuesta, se rio.

—… Aunque sea… No se lo digas a Anzu. — Borró su sonrisa mirando el suelo.

"-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-"

Estaba constantemente de ese recuerdo, pues lo había descubierto en mal estado. Creyó que era una enfermedad, pero cuando se había acercado al rubio nuevamente, él le había dicho que Atem era una persona muy saludable… Sin embargo al conocer la verdad… No estaba segura, algo le decía que aunque solucionara el problema… El faraón no viviría para contarlo. Le angustiaba y jamás lo diría, porque si aquello escapaba de sus labios y lo escuchaba la castaña a su lado, que era su mejor amiga… Le dolería mucho ver a la chica así.

Tenía que confiar en la amistad de sus amigos. Ellos estaban seguros que Atem se recuperaría, que él estaría con ellos y seguirían adelante. Debía hacerlo, tanto por su bien, como el de su amiga castaña, su amado rubio y el resto.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Hace unos momentos sentía un calor como el peor de los infiernos, pero ahora sentía como el hielo paralizaba sus entrañas y desalentaban los latidos de su corazón. Comenzó a jadear desesperado, quería despertar. Lo único en lo que se encontraba era oscuridad. Se retorcía de vez en cuando por la desesperación, tenía miedo, quería ver la luz. La aprensión lo había superado junto con el dolor, así que soltó un grito desgarrador y trato de reincorporarse para sentir algo…

— ¡¿Atem?!

Sintió unas cálidas manos que él conocía perfectamente sobre su brazo derecho. Su suavidad era inconfundible. Recordó que la noche anterior ella tenía sus manos frías cuando él estuvo con fiebre… Pero ahora que él sentía frío y aprensión estaban tibias. Ironías de la vida. Se sintió jalado del brazo para ser sentado y apoyado en algo… O más bien… De alguien. Nuevamente sintió una mano en su espalda que lo sujetaba y la otra apretando su mano en señal de apoyo. Le dolió un poco el gesto, pues sus manos también estaban en malas condiciones, pero eso era lo de menos. Se esforzó lo mayor posible para abrir los ojos y subió la vista. Se encontró con unos preocupados ojos azules como el cielo estrellado.

—… Anzu…— Jadeó.

— Despertaste…— Su voz se quebró.

Volvió a cerrar los ojos al soltar un sonoro suspiro de alivio. Volvió a abrirlos con pesar, aun le dolían sus orbes violetas. Derramar lágrimas de sangre no fue muy agradable para él. Le ardían bastante, apenas podía enfocar bien la vista. Se apoyó en el hombro de la castaña de una forma más cómoda mientras correspondía su estrecho de manos. Anzu se estremeció al sentir la respiración agitada por el alivio del faraón contra su cuello.

—… Anzu…— Pronunció su nombre en un gemido lastimero.

Todo su cuerpo le dolía, los espasmos en su interior seguían presentes, pero con solo tener la compañía de la castaña, a pesar del dolor, ella le brindaba apoyo, y eso lo hizo sentir agradecido… Y querido por ella.

— Es extraño que tuvieras fiebre y ahora tengas las manos tan heladas…— Comentó su castaña.

Él apenas estaba consciente, por más que quisiera estarlo y prestarle atención a Anzu, nada le respondía de su organismo.

— ¿Quieres que te traiga algo? — Él negó con la cabeza. — ¿Seguro? Te ves muy adolorido…

— No quiero… Eso no importa…— La ojiazul abrió la boca demostrando su sorpresa. ¿Cómo podía decir que no importaba su estado? —… Quédate conmigo. Es lo único…— inhaló. —… Que quiero…— Terminó pronunciándolo como un suspiró sin abrir los ojos.

Agradeció que el chico mantuviera sus bellos orbes violetas cerrados, pues no pudo apreciar el fuerte sonrojo en las mejillas de la castaña. Pronto, el compás de respiración del chico comenzó a ser normal. Abrió los ojos sin problema y se quedó mirando un lugar específico del suelo.

—… ¿Cómo reaccionaron los demás? — Preguntó con voz ronca.

— ¿Eh? ¿A qué te…?— Calló abruptamente. Entendió perfectamente. —… Pues… Ellos… Yugi y los demás…-

Atem se tensó por completó y se separó enseguida de la castaña para mirarla con pánico.

— ¡¿Yugi?! ¡¿Yugi lo sabe?! ¡¿Acaso…-?!

— Cálmate, Atem…— Le pidió en voz suave colocando sus dedos en sus labios, impidiéndole hablar. Entonces se dio cuenta de lo que había hecho y miró hacia abajo, avergonzada. Pero no retiró su mano. Tenía muy claro que él la estaba mirando fijamente. —… Yugi… No lo sabe.

Pero él no escuchó, sintió una extraña y agradable calidez en su pecho al sentir los dedos de la joven en sus labios, aunque también lo puso un poco nervioso. Sintió como lentamente la joven apartaba su mano de aquel tacto. Entonces reaccionó ante lo que dijo su castaña. Frunció el ceño.

—… ¿Cómo que no sabe? Todos estuvieron aquí…

— Excepto Yugi… Llegó a altas horas de la noche… Jonouchi le mintió, diciendo que hubo un accidente en la cocina. — Se rio sin ganas. —… Es muy poco creíble, aunque él nos creyó…

—… ¿Por qué Yugi no estaba con ustedes?

— Porque quiso estar solo después de que él y yo…-

Se llevó ambas manos a su boca. ¡¿Cómo pudo pronunciar tal secreto en frente de la persona de al que estaba perdidamente enamorada sin un rastro de sentimiento o consideración?! Atem frunció el ceño al ver el repentino cambio y el nerviosismo en su mirada.

—… ¿Anzu?... ¿Me estás ocultando algo?

Pudo sentir como sus ojos nuevamente se nublaban por las lágrimas, la culpa, el dolor del día anterior. Se cubrió sus ojos con el dorso de su mano y comenzó a llorar en silencio.

— ¡¿Anzu…?!

— N-No… No me odies…— Suplicó. Tenía miedo de la reacción del faraón. —… Por favor… ¡No me odies!

— Anzu…— La llamó en un tono suave y tomó con delicadeza su mano y la apartó de su rostro, su corazón se encogió de dolor al ver las lágrimas en esos ojos que tanto amaba. —… Escúchame, Anzu… Yo JAMÁS te odiaría… Eres mi mejor amiga, y no importa las discusiones o peleas, siempre serás importante para mí. Si no fuese así, no te hubiese dado esto. — Le mostró con una cálida sonrisa el dije que portaba la joven. — ¿Qué sucede con Yugi y contigo? ¿Tuvieron una pelea? — Indagó preocupado.

—… No…— Sollozó. —… Él me dijo… Me dijo que…

—… ¿Te dijo que…?

—… Me dijo que estaba enamorado… De mi…— Agachó la cabeza, incapaz de seguir mirándolo a la cara.

.

.

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—…

— No pude corresponder sus sentimientos… Y… Lo siento mucho…

Atem se tensó y una oleada de dolor recorrió sus entrañas. Apretó los puños por la impotencia, ira y odio que sentía consigo mismo. Se levantó bruscamente y salió corriendo a toda velocidad, dejando a una castaña impactada y sorprendida.

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Todos estuvieron en shock al ver salir al faraón como el alma que se lo lleva el diablo, clavando su mirada en Yugi, que se asustó por la mirada llena de cólera que había en los ojos de su hermano. El mayor lo agarró del brazo y lo arrastró a la casa, hasta los jardines. Nadie del público dijo nada, tenían un mal presentimiento de todo esto.

Apenas llegaron lo soltó. No podía verlo a la cara, se sentía un completo bastardo desconsiderado.

—… Tú…

— ¿Estás bien? Pareces muy adolorido. — Comentó preocupado el menor.

Nuevamente las ganas de matarse en ese mismo instante lo invadieron. Yugi… No se merecía eso. Se giró a verlo con una dolorosa expresión, y se sorprendió de ver lágrimas en los ojos de su hermano, pero aun sonreía… Con tristeza.

— Anzu te lo dijo, ¿verdad?

—… Yo…

— Estaba llorando, ¿verdad? — Preguntó nuevamente. Atem miró el suelo y asintió débilmente. — Lo sabía. — Rio con suavidad, pero su voz se rompió un poco. — La conozcó muy bien… Tanto así que duele.

—… Lo lamento…

— Sé que lo lamentas, sino no estarías aquí, en frente de mí sin saber qué hacer. — El faraón subió la mirada sorprendido. — Los conozco, a ambos. Demasiado bien… y como dije antes… Los conozco tan bien que duele. — Ambos miraron a la entrada de la casa, donde vieron pasar a la castaña, que los dos amaban, subir rápidamente a su habitación. —… Dejaré ir a Anzu, porque ella no será feliz conmigo, solo somos amigos de la infancia… Nada más. — Atem iba a replicar, pero Yugi no se lo permitió. — Y ahora… Apartemos a Anzu del tema. — Lo miró molesto, que desconcertó, una vez más, al faraón. — ¿Por qué no me lo dijiste?

—… ¿Decirte qué?

— ¡¿Por qué no me dijiste que el rompecabezas te hacía daño?! — Le replicó comenzando a llorar levemente.

.

.

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Pánico, sentía pánico. ¿Cómo se había enterado? ¿De quién?

— No es lo que piensas, Atem… Yo solo me di cuenta. — Sollozó. —… En realidad… Volví a casa, siguiendo a Anzu cuando te detuvo de lo que te ocurría… Al principio no comprendí nada, pero pronto, tanto Jonouchi-kun como Anzu le explicaron a Mai-san y a Honda-kun… Y yo estuve allí, escondido mientras te sanaban. — Apretó los puños. — ¿Sabes cómo me hace sentir esto? Todas esas veces que te alejabas de mí eran por esa razón. Creí que detestabas que fuéramos hermanos porque estábamos peleando por Anzu…-

— ¡ESO NO ES CIERTO! — Le interrumpió furioso, estaba harto, pero de él mismo. — ¡No es cierto! — Repitió cerrando los ojos con fuerza. — Nunca me alejé de ti por Anzu… ¡Lo hice por eso, porque tenías razón! Pero, ¿de verdad crees que odio que seamos hermanos? Porque eso eres para mí Yugi, un hermano. No tenemos la misma sangre, lo sé… Pero al menos lo parecemos, me da alivio… Porque siempre fuiste el de los pocos que me comprendió y me salvó cuando estaba solo. No puedo decirte mejor amigo, porque no eres eso para mí. Eres MI hermano… No quería preocuparte, sabía que reaccionarías como estás reaccionando ahora. — Pausó. — Y no lo hice con malas intenciones.

Yugi meditó las palabras de su hermano unos segundos, hasta que volvió a sonreír.

— "Son tal para cual… Ambos se frustran con el solo hecho de que sus amigos o familiares sufran." — Se rio levemente. —… No tengo ganas de perdonarte, Atem. — Contestó sinceramente. — Debiste decírmelo desde el principio, porque de saberlo, no hubiese vuelto a usar el rompecabezas. Y no hubieses salido herido.

—… Todo sucede por algo, Yugi. — Comentó sabiamente. Él asintió, comprendiendo.

— Entiendo que quisiste protegerme a tu manera, pero eso te hizo pagarlo caro. Eres un masoquista, ¿sabes?

Atem sonrió con tristeza. Otro agregado a la lista que lo consideraba masoquista.

— Tal vez lo sea…-

— Olvidaré a Anzu. — Le interrumpió. — Trataré de verla como una amiga desde hoy, no habrá más caprichos entre nosotros. Es lo mejor para ella… La quiero demasiado como para que siga sintiéndose mal por algo que no es su culpa.

— Yo... — Susurró. Yugi logró oírle y su expresión se volvió seria.

— "Así es… Dilo, quiero saberlo. Así como yo tuve valor de decirte la verdad, tú también dilo. Así lograré sentirme en paz, pensando que hice lo correcto."

Atem apretó los puños. Debía decirlo. ¿La razón? Porque él también lo hizo, tuvo el coraje, así que él también lo tendría. Así liberaría su miedo de una vez por todas.

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.

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— Amo a Anzu.

Aquel susurró solo lo escuchó su hermano, pues la brisa se encargó de callarlo como un secreto y llevárselo para que nadie más lo supiera. Pues la brisa, nunca vuelve a un punto que ya recorrió. Jamás.

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Todos subieron al avión, bastante cansados. Mai se sentó con Jonouchi, Yugi con Honda… Y Atem con Anzu.

—… Esos dos… Están muy raros. — Le susurró la joven de ojos lilas a su acompañante. El rubio asintió.

—… ¿Habrá pasado algo malo?

— Eso es lo último que queremos, Jonouchi. — Le replicó. Miraron a un lado, Honda y Yugi conversaban muy animados.

La duda los carcomía, ¿qué había pasado?

. . .

Anzu no sabía por qué el chico se mostraba tan indiferente con ella, ni siquiera le dirigió la palabra. Solo miraba la ventana, con una expresión seria. Estuvo muy preocupada, pues Atem llevaba puesto el rompecabezas. Ella le dijo que se lo quitara, pero él no le obedeció, es más… La ignoró por completo.

Por otro lado, aquella voz tormentosa que le había dicho el día anterior a Atem que se hiciera más fuerte, le había guiado a ponerse el rompecabezas, prometiendo que no seguiría haciéndole daño si se comportaba, se supone que lo hizo. Pero su mente estaba bloqueada… Solo un recuerdo se repetía una y otra vez en su cabeza.

"-F-l-a-s-h—B-a-c-k-"

Amo a Anzu.

Yugi lo miró con dolor, pero la sonrisa seguía allí, presente. Vio al pequeño suspirar y le pronunció la última frase que él esperaba escuchar.

—… Anzu también te ama.

"-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-"

Tenía apoyada su mejilla en su mano completamente vendada hasta los dedos. Las quemaduras habían sanado un poco, de vez en cuando le ardían pero era lo de menos.

Se había enterado de una verdad… En la derrota de Yugi.

Continuará…

Espero que les haya gustado…

Los extrañaré, pues no volveré hasta noviembre más o menos…

Bye!

Rossana's Mind CAMBIO Y FUERA!

Cuídense mucho

No me derribarás jamás, dispárame, dispárame

Fuerte estoy, y aquí me ves…

Dispárame, dispárame

NUNCA ME VERÁS CAER!

Canción: Titanium Spanish version.