CUÁNTO TIEMPO! :'D Los eché mucho de menos ;-; Espero muchos reviews por la grata espera 7u7 muajaja…Este cap hervirá las cosas… Pero espero que les guste n.n No hay mucha conexión "Revolutionshipping" en este cap... Se centra más en los pensamientos de Atem! Pero el final los emocionará! O eso creo XD Bueno, agradecimientos a todos por su espera (De nuevo las gracias xD) Jojojo VÁYAMOS AL CAPÍTULO!
Capítulo 16: Distanciados, oportunidad.
Agarró a la castaña del brazo al notar como las lágrimas comenzaban a aparecer en los ojos de su amiga, disculpándose con los chicos y la llevó al tocador del aeropuerto. La rubia la agarró de los hombros, esperando a que Anzu subiera la vista. Apretó los labios.
— ¿Qué pasa, Anzu?
Finalmente la escuchó soltar un sollozo y se cubrió su rostro con el dorso de su mano, evitando mostrarle su rostro lloroso a Mai, quien suspiró con tristeza.
—… ¿Qué sucede con él? ¿Te hizo daño? — Ella negó con la cabeza, sollozando nuevamente.
—… No lo sé, Mai-san. No sé, no sé…— Negó desesperadamente la cabeza hacia los lados. — Está tan frío conmigo… Ni siquiera cruzó palabra conmigo en el camino, como si con mi presencia, se sintiera fastidiado. ¿Hice algo malo? ¿Me odia porque le hice daño a Yugi…? ¿Por…-?
— ¡Anzu! — La interrumpió agarrándola de los brazos y la sacudió con fuerza, obligándola a mirarla con sorpresa por el forcejeo de la rubia, sin dejar de derramar lágrimas en sus bellos orbes azules. — ¿Crees que Atem es ese tipo de persona? ¡Él jamás te odiaría! ¡Él te quiere mucho! ¡Tanto así que daría su vida por ti! Este problema… Yugi… Está frustrado, es todo. Él no sabe que la causa que hayas rechazado a Yugi es él mismo… Y sabes que no le gusta desconocer las respuestas, está ofuscado porque no sabe la verdad…
—… ¿Tú crees? ¿No es porque me odia? ¿De verdad? — Preguntó reprimiendo seguir llorando, estaba tan asustada de perderlo… Que la desesperación la invadía. Vio a Mai sonreír con dulzura.
— Claro, preciosa. ¿Quién no te querría? — La abrazó para reconfortarla.
Anzu correspondió su abrazo, cerrando sus ojos mientras un último par de lágrimas escapaban de sus orbes zafiros. Estaba agradecida que Mai estuviese con ella para todo, para aconsejarle, para ayudarle y hacerle sonreír… Los chicos… Sí, era sus amigos, pero no podrían entender su punto de vista femenino. Quizá lo hicieran, pero no del todo. Estuvieron así un buen rato, para que a Anzu no se le notaran los ojos rojos por las lágrimas. Se lavó la cara mientras Mai le contaba uno que otro chiste que le había dicho Jonouchi para hacerla reír. Finalmente se sintió preparada para encarar a sus amigos y su amado chico de ojos amatistas.
— ¿Por qué demonios se demoraron tanto? — Se quejó el rubio. — ¿Acaso te estuviste maquillando, Mai? — Honda y Yugi se rieron, aquí iban de nuevo. — Sabes que mientras más te maquilles, más vieja serás en el futuro…-
— ¡CÁLLATE, JONOUCHI KATSUYA! — Le gritó furiosa. — ¡NO ES DE TU INCUMBENCIA!
— ¿Acaso tuviste dolor de estómago? ¿Por eso te demoraste?
— Ya basta, Jou. — Le interrumpió la castaña al interponerse en la guerra que estaba a punto de comenzar, entre la burla de su amigo, y la furia de su amiga. — Me mareé en el avión, Mai lo notó y me lavé la cara, es todo. — Se excusó.
Atem, que había estado distraído y ausente en la calurosa conversación mirando el suelo, al escuchar la explicación de Anzu, alzó rápidamente la vista para mirarla. ¿Por qué no se había dado cuenta de eso? Se maldijo a sí mismo mentalmente por no haberle prestado atención. Pero algo más le hizo odiarse más de la cuenta, sus ojos estaban brillosos… Estuvo llorando.
—… ¿Te encuentras bien ahora? — Le preguntó, atrayendo la atención de esta.
Anzu lo miró con un poco de sorpresa. Era obvio que estaba preocupado, podía verlo. Le sonrió con sinceridad, ya un poco más tranquila.
— Sí, muchas gracias, Atem.
Él solo asintió con la cabeza y siguió mirando el suelo. Se sentía… Extraño verla a la cara. Yugi notó a qué se debía, pero no se arrepentía de haberle dicho sobre los sentimientos de Anzu. La ojiazul se pondría furiosa al enterarse, dudaba que lo supiese, al menos por el momento, se notaba que el faraón apenas era capaz de asimilar la información que él le dio. Le dio un ligero codazo a su rubio amigo, quien lo miró confundido. Él solo le señaló con la cabeza al faraón, que había comenzado a sentir de nuevo dolor, pues se había llevado una mano, que por cierto estaba completamente vendada hasta los dedos, a su cabeza con una expresión de malestar. Jonouchi se acercó lentamente a él.
—… ¿Estás bien? — El faraón abrió los ojos y lo miró. Se limitó a asentir débilmente. — No te la crees ni tú. — Susurró para luego mirar al resto. — Vámonos chicos, no quiero que nos quedemos aquí.
Ellos simplemente asintieron. Yugi, Honda y Mai se fueron en un taxi, mientras que Atem, Anzu y Jonouchi en otro. El camino para el rubio fue tenso, definitivamente una barrera se había construido entre el faraón y la bailarina. El chico le debía una explicación… Anzu miraba preocupada a Atem, que había comenzado a sudar respirar con mayor velocidad, ¿el dolor había vuelto? ¿Cómo no? ¡Había quedado herido tanto física como psicológicamente! El solo pensar en ello, su corazón se estrujaba en agonía. No podía apartar sus ojos de él, el verlo sufrir le dañaba incluso a ella. Anzu había experimentado el dolor al que se refería el faraón, cuando había corrido hacia él para detenerlo, una potente descarga había recorrido sus vértebras hasta dar con todo su cuerpo, en especial su corazón. Por un segundo, había creído que moriría, sin embargo aquello no fue nada comparado con las heridas externas de Atem. Miró su mano vendada, que temblaba por la inestabilidad. Hubiese querido estrechar su mano, pero el faraón necesitaba reflexionar, pensar sobre lo sucedido con Yugi y con ella. DEBÍA darle espacio… Atem sentía un leve temblor en todo su cuerpo, sentía un enorme frío interior, pero estaba sudando porque su piel ardía. Ironías de la vida. Podía notar perfectamente una mirada zafiro posada en él con preocupación, la conocía muy bien. No se voltearía a verla. No se lo permitiría… Estaba tan asustado, tan sorprendido y herido… Que no sabía qué pensar. Si Yugi sanaba la herida que ÉL, y nadie más que él, le había causado, ¿tendría una oportunidad con la castaña?... ¿Pero de verdad la tendría toda su vida? Porque su padre le había dicho… Que el destino para la familia real… Era enamorarse solo una vez, aunque no se fuese correspondido… Yugi le dijo que ella lo amaba… Algunos recuerdos de preocupación, cariño y momentos inesperados en ellos le hacía creer aquello… Pero por otro lado… Tenía miedo. ¿Y si Yugi estaba equivocado? ¿Y si Anzu lo quería, pero pronto dejaría de hacerlo? No podrían estar para juntos para toda la vida, cosa que lo angustiaba… Podría ser algo pasajero, y eso lo destrozaría. Además… Anzu necesitaba alguien mejor que él…
Soltó un jadeo al sentir una presión en su pecho. Ya estaba acostumbrado, pero seguía doliendo. Miró su rompecabezas, no le estaba causando dolor alguno, de eso estaba seguro… Eran las heridas que le había dejado.
"No te preocupes… Ya no te seguiremos molestando así. Pasaste al prueba, no se repetirá."
"¿Que no me preocupe? Han pasado tantas cosas… Y no lo entenderías… Quien quiera que seas…"
"No hago esto porque quiero, ¿sabías? Solo somos enviados de tus descendientes."
"… ¿De qué estás hablando? ¿Ellos me hicieron esto?"
"No te creas la gran cosa, cada Rey de Egipto tuvo que pasar por esta prueba, si no lo lograba, ocurrían dos opciones: La primera, morir. La segunda, ser un muerto en vida, quiero decir, estás vivo, pero prefieres estar muerto."
"No logro comprender mucho."
"Lo siento, Atem. Pero por ahora no te puedo decir la verdad, pronto nos veremos. Lamento causarles dolor a ti y a… ella."
"¿Te refieres a Anzu?"
"¿Quién más si no? Ella es tu destino."
"Creo notarlo… ¿Mi destino?... ¿Sabes si ella…?"
"No lo sé, yo solo hago pruebas a los reyes de Egipto en su momento, nada más. No sé lo que el futuro te depara. Se suponía que tu camino era perder contra tu descendiente e irte al mundo de los muertos. Pero el fuerte deseo de ellos, que quisieron que te quedaras, desvió tu camino para escribir otro capítulo más de tu vida. Eres alguien interesante."
"… ¿Gracias?... Por cierto… ¿Quién eres? ¿Nos conocemos? No sé por qué… Desde que me dijiste que pasaba la prueba, me recuerdas a dos personas… Pero… ¿por qué?"
"Solo tomo forma de una persona importante para ti, por eso das esa impresión."
"Ya veo… Al menos dime tu nombre."
"Soy Ren. Ni preguntes mi edad, ya perdí la cuenta."
"Suenas muy joven, ¿sabes?"
"Ventajas de ser una extensión del artículo del milenio junto con mi hermana."
"Hermana, ¿eh?"
"Desconecta tu mente del rompecabezas, tus amigos te dirigirán la palabra y te creerán muerto. Pronto nos veremos, pero no por ahora… No hasta que la última prueba de comienzo."
"¿Y cuál es esa, Ren?"
"No preguntes, el Destino te tiene preparada la prueba, yo solo brindo mi energía. Después hablas conmigo."
. . .
— Llegamos, chicos. — Anunció el rubio.
Atem abrió con esfuerzo los ojos y asintió. Los tres salieron del taxi.
— Nos vemos mañana, chicos. — Se despidió la ojiazul con una sonrisa forzada. — Jonouchi, cuida de Atem, no queremos que se lastime de nuevo. — El rubio asintió con una triste sonrisa. El faraón la admiró con la mirada, pero no dijo nada. — Y tú, Atem…— Lo miró y su expresión se volvió dolorosa, pero su sonrisa no se borró. — Cuídate mucho, si en verdad no puedes… No vayas a clases.
—… Tú también cuídate. — Hizo un gesto de despedida.
Ambos chicos pasaron a su lado para seguir su camino directo a su hogar, pero antes de que la castaña también siguiera su camino, la voz de Atem, que había pasado a su lado, la frenó.
— Y no llores más por mi culpa.
Se giró rápidamente para verlo, pero él no se detuvo. Siempre lo supo, que ella había llorado a causa de él. Apretó los labios un poco confundida. Después pensaría en ello. Era muy tarde y lo mejor era ir a casa. Entró a su departamento y se lanzó en su cama.
.
.
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—… Bájame. — Ordenó.
— Ni hablar.
— Ya te dije que estoy bien.
— Sí, claro… Y yo tengo el cabello verde. — Ironizó siguiendo su camino.
Apenas se habían alejado del departamento de la castaña, Atem se había desplomado en el suelo. Jonouchi lo cargó en su espalda, llevado las maletas de ambos. No era molestia para él, quería ayudar a su amigo, pero el faraón era tan testarudo que lograba sacarlo de quicio. Abrió la puerta de su departamento y lanzó las maletas en cualquier lugar mientras dejaba al chico en su habitación correspondiente. Jonouchi se sentó en el escritorio.
—… Hay algo que te preocupa, ¿verdad? ¿Qué hablaste con Yugi allá? — El faraón se giró en la cama, dándole a espalda.
— Es difícil, Jou. — Contestó en un suspiro ahogado. —… Yugi siempre lo supo.
— ¿Eh? ¿Saber qué?
— Lo del rompecabezas, Jonouchi. — El rubio contuvo la respiración ante lo dicho. —… Tenía sospechas… Y cuando siguió a Anzu para detenerme… Confirmó todo. — Con dificultad, logró sentarse en la cama, sin mirar a su amigo. —… Quería hablar con él porque Anzu me contó… Que había…— Tragó lentamente saliva. —… Rechazado a Yugi. Tú lo sabías, ¿verdad? — El rubio, con la cabeza gacha, sin saber que decir, asintió débilmente. — Me dijo que… Se sentía ofendido por no habérselo dicho…
— Tenías tus razones, viejo.
—… Lo sé, pero cada uno tiene su perspectiva. — Lo miró con un triste mirar. — Yugi dejaría ir a Anzu, o al menos eso me dijo… Yo también le dije mis sentimientos hacia Anzu.
—… ¿Se lo dijiste?
— Tenía que hacerlo, él admitió los suyos en frente de ella, yo… Lo mínimo que tenía que hacer era admitirlos frente a mi rival. — Apretó los labios. —… Jonouchi… Hay algo que…
—… ¿Qué…?
—… Olvídalo. — Cerró los ojos. — Olvídalo, de verdad. No tiene importancia.
— De acuerdo. — Miró un segundo el suelo sin creerle del todo, luego volvió a verle. — ¿Irás a la escuela mañana? — El faraón asintió. — ¿De verdad? ¿Resistirás? ¿Qué les dirás a los profesores?
— No lo sabrán. — Se encogió de hombros. — Solo se verán mis manos vendadas, el resto pasará desapercibido. Si lo notan, diré que fue un pequeño accidente en la cocina. — Sonrió con burla recordando la excusa que usó con Yugi respecto a su accidente. El rubio se sonrojó apenado, causando que el faraón soltara una carcajada. — No te preocupes, Jou.
Jonouchi, sin seguir opinando al respecto, salió de la habitación de su amigo. Atem, al quedarse solo, presionó con la yema de sus dedos su rompecabezas, centrando su mente en él.
"¿Estás ahí?"
"Siempre estoy aquí…"
"Hay algunas cosas que no entiendo."
"¿Yo debería saberlas?"
"Claro… Supongo… Verás, dijiste que a los reyes de Egipto les ocurría esto cuando les llegaba el momento… ¿Qué quisiste decir con eso?"
"Sinceramente, no a todos les pasaba eso. Muchos no tenían la mala suerte que tú tienes. Tu padre la tuvo, tu abuelo también."
"Yo insisto, no te comprendo ni una sola palabra."
"Atem, ¿qué sentía tu padre por tu madre?"
"Amor. ¿Por qué lo…?... Quieres decir que…"
"Sí, el amor es tanto una bendición como una maldición. En este caso, es una maldición, que debes romper y superar de una buena vez."
"… ¿Por qué? No lo entiendo."
"Tampoco yo, tú tenías que irte al otro mundo, pero… Como dije antes, tus amigos tienen demasiado afecto por ti. No sé si Anzu o como se llame, sienta lo mismo por ti…"
"… Ya veo."
"Estás ocultando algo, lo buscaría dentro de tu mente, pues el rompecabezas representa su compleja conciencia, pero no quiero morir en una de tus trampas."
"¿Puedes morir?"
"No tengo nada que hacer, si pasas la prueba, desapareceré, pues en esta época no hay "reyes". Si logras tener una familia, tus hijos no heredarían esta maldición. Aun si no pasa, moriré de todos modos. No es divertido, pero de alguna forma y otra me recordarás."
"… Claro…"
"Esta será la última vez que dejaré que hables conmigo porque te quita energías, estás muy delicado. La primera y última vez que hablemos, será en persona. Nos vemos."
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Abrió rápidamente los ojos al sentir sus heridas arderles con violencia. Soltó un jadeo y apretó los dientes.
—… Maldición.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Yugi, Honda y Anzu lo miraron con la boca abierta. ¿Qué estaba haciendo él aquí? ¡Estaba lastimado! No tenía por qué forzarse e ir a la escuela por obligación.
— ¿Por qué dejaste que viniera, Jonouchi-kun? — Le regañó el hermano del faraón, que estaba apenas de pie mirando de forma desorientada algún lugar en especial del salón. De verdad se veía horrible. — No era necesario que viniese, si quería saber sus calificaciones de los exámenes, se las hubieses dado tú.
— ¡Él es el idiota que no me quiso escuchar! — Se quejó el rubio, seguido de recibir un golpe en la cabeza por parte del faraón que lo miraba irritado.
— Ya basta, quise venir y ya.
Nadie siguió comentando. Sabían por qué Atem estaba de mal humor, no le gustaba PARA NADA depender de alguien, aunque debería hacerlo de vez en cuando, ya suficiente ellos habían dependido de él. Los cinco caminaron hasta llegar al lugar donde "exponían" todas las calificaciones de cada salón en orden.
— ¡MIRA ESO! ¡Estamos entre los siete mejores! — Anunció el rubio orgulloso. — ¡Todo gracias a Atem! Que, claro, tuvo la mejor puntuación entre nosotros. — Se encogió de hombros mientras seguía viendo la tabla. —… Luego Anzu, Yugi, Honda… Y yo. — Hizo una mueca. — Siempre soy el de los últimos…
— No te sorprendas, desamparado. — Los cinco miraron a Kaiba, que les sonreía con arrogancia y burla. Jonouchi apretó los dientes.
— Te crees la gran cosa…
— Sinceramente, Jonouchi. Soy mejor que todos ustedes, tan solo mira. — Y no mentía, Atem hubiese tenido la mayor puntuación de no ser por el nombre que estaba escrito antes que el suyo, nada más ni menos que el de Seto.
— ¡No te creas! ¡Eres un imbécil bueno para nada! ¡Vanidoso manipulador! — Le escupió furioso.
Seto entrecerró los ojos. Analizó los ojos de cada uno. Honda no entendía la situación, de seguro no estaba al tanto. Miró a Jonouchi, que le lanzaba fuego por los ojos, no lograba entender por qué, pero no le importaba. Finalmente se fijó el trío que siempre le había llamado la atención. Tanto Atem como Anzu posaban una mano en cada hombro del pequeño Yugi, que se negaba a mirarlo. Los ojos de Anzu irradiaban desconfianza y a la vez astucia, no se dejaría vencer por el petulante Kaiba. El ojiazul sonrió complacido al ver la mirada rencorosa que le lanzaba el faraón, se había enterado de la charla que tuvo con Yugi, no le sorprendía. Pero… ¿Qué tenía de malo decirle la verdad? No era "completamente" cierto, pues quiso provocarlo, y sí que lo había logrado. Hubo un tiempo en que noto al grupo separado, debido a él, pero sinceramente… Quería que el capítulo se cerrara de una buena vez, Anzu quería a Atem, y él a ella, pero Yugi estorbaba. No odiaba al muchacho, de hecho, le había enseñado muchas cosas, tanto él, como su otro hermano.
Pero como había sido mencionado antes… Necesitaba destruir aquel triángulo torcido. No le sorprendía que el ganador fuera Atem, siempre… No importaba la situación, él era el ganador al final.
—… ¿Qué más quieres, Kaiba? — Lo sacó de sus pensamientos el mismo faraón. El castaño de mirada azul frunció el ceño.
— ¿Te has visto la cara? Estás blanco como papel y tus manos están con vendas.
— ¡No es de tu incumbencia! — Interfirió el castaño junto con el rubio al unísono. Anzu apretó los labios, presionando suavemente su mano posada en el hombro de su amigo de la infancia, que solo miraba el suelo.
— ¿Estás molesto porque le dije la verdad a Yugi? ¡Por favor…!
— ¡KAIBA!
Anzu se giró asustada a mirar a Atem, quien había sido quien bramó el apellido del ojiazul alzando la voz, más profunda de lo usual y por supuesto, destilaba amenaza. Su mirada no era la excepción, los ojos violetas del chico ardían de ira. Kaiba abrió más los ojos, demostrando su sorpresa, no esperaba que el faraón hubiese reaccionado de esa manera. Soltó un bufido y se fue por donde vino. El faraón cerró los ojos con lentitud, sintiéndose incapaz de seguir enfocando la vista. Retiró su mano del hombro de Yugi para llevársela a su frente, se sentía como los mil demonios.
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Después de clases, Jonouchi se reunió con Mai, mientras que Honda y Yugi se habían ido a sus respectivas casas. A Atem le tocaba la limpieza del salón, para su desgracia, y Anzu se le ofreció a hacerle compañía. Tenía miedo de volver a ver al faraón caer.
La castaña ordenó los pupitres como de debía, mientras que el tricolor limpiaba los borradores y los volvía a dejar en su lugar. Ambos suspiraron al unísono. De verdad, se había formado una barrera entre ellos… Una alta y extensa barrera los separaba. Anzu miró con tristeza al chico que le hacía una señal de que ya estaba listo mientras agarraba su mochila. Ella asintió y también agarró su bolso para irse de allí. Caminaron en silencio en el largo pasillo, adornados por la luz y colores del atardecer que se podía apreciar en las ventanas.
Una vez más lo miró, y él, una vez más, seguía dándole la espalda. ¿A qué se debía? ¿Por qué? ¿Había hecho algo malo? Él nunca se había molestado con ella, pero quizá ahora… Se llevó una mano a su collar, tocando el dije que él mismo le había regalado. ¿Había perdido ese trozo de corazón de él?
All my life I've been waiting (Toda mi vida he estado esperando)
For you to bring a Fairy tale my way (A que trajeras un cuento de hadas a mi camino)
Been living in a fantasy without meaning (He estado viviendo en una fantasía sin significado)
It's not okay… I don't feel safe (No está bien… No me siento segura)
… I don't feel safe… (… No me siento segura…)
Sus ojos se llenaron de lágrimas de solo imaginar que había perdido aquella pieza del corazón de su amado faraón. Todo este tiempo… Las esperanzas de que él la quisiera algún día más que una amiga, se habían destruido por completo. ¿Qué tenía ella de especial? ¡Absolutamente nada!... Sus pensamientos no eran saludables, quería gritar y llorar en su cara, suplicándole a que ya dejara de mostrarse tan frío con ella. Se sentía insegura, intimidada por todo, ya que él ya no parecía protegerla…
Por otro lado, Atem sentía la mirada de la bailarina clavada en él, sabía que estaba siendo cruel con ella, siendo que no había hecho nada malo. Sin embargo… Tenía que entenderlo. Dudaba, y se odiaba por eso, pero dudaba de los sentimientos de Anzu. Tenía miedo tenía que admitirlo.
Left broken empty in despair (Abandonado roto y vacío en la desesperación)
Wanna breath can't find air (Quiero respirar y no puedo encontrar aire)
Thought you were sent from up above (Pensé que fuiste enviada desde el Cielo)
But you and me never had Love (Pero tú y yo nunca tuvimos amor)
So much more I have to say (Tengo mucho que decir)
Help me find a way (Ayúdame a encontrar una manera)
Nunca había desarrollado tanto afecto por alguien, ni mucho menos el deseo de protegerla a tal extremo de dar su vida por ella. Sus pensamientos parecían castigar su cuerpo, pues sentía leves espasmos pensando de esa manera tan negativa. Era irónico, se sentía en el infierno, pero Anzu era su dulce Ángel, que lo cuidaba y velaba por él, que lloraba, sonreía y reía por él. Nunca fueron algo más, pues nunca se había dado cuenta hasta aquella vez que la amaba, y sobre ella…
"-F-l-a-s-h—B-a-c-k-"
— Amo a Anzu.
Yugi lo miró con dolor, pero la sonrisa seguía allí, presente. Vio al pequeño suspirar y le pronunció la última frase que él esperaba escuchar.
—… Anzu también te ama.
"-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-"
Quería preguntarle, saber la respuesta, pero se sentía incapaz de hacerlo ahora. Ren… Ren le había dicho que todo acabaría con la última prueba. No tenía idea a qué se refería, pero la involucraba a ella y a los demás… ESPECIALMENTE A ELLA. Y no podía permitir, por nada en el mundo que algo o alguien, le hiciese daño.
Frenó en seco sus pasos al oír un de débil sollozo a sus espaldas. La escuchó también detenerse, quizá porque había cometido el error de delatar su llanto.
Él se giró finalmente para encarar sus lágrimas.
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o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— ¡¿No se hablan?! ¡¿Por qué?! — Exclamó indignada la rubia. Jonouchi se revolvió los cabellos.
— ¡NO LO SÉ! — Gritó furioso y volvió a mirarla. — Atem me está ocultando algo, y al parecer Anzu también. No se hablan ni se miran, es más, parecen completos extraños… ¿Por qué es tan difícil hacer parejas en la vida real y no como en los naipes?
— Porque la gente es idiota, así como yo lo soy contigo, Jonouchi. — Le sonrió de una manera especial.
… ¿Qué había dicho? Se giró a verla con sorpresa, la vio suspirar con una sonrisa tranquila. Los colores se subieron a su rostro… ¿Fue…? ¿Una declaración indirecta…?
—… Mai… Tú…
— ¡MÍRATE! — Explotó a carcajadas al ver la inocente expresión del pobre duelista desamparado. Se abrazó el estómago al no poder detener su risa.
—… ¡MAI! — Le gritó ofendido e indignado. —… ¡No vuelvas a jugar conmigo! ¡Me asustaste! ¡Creí que…!
— No estaba jugando, Jou. — Pronunció una vez que se había calmado. — Hablaba enserio, a veces… Las personas se pelean, actúan estúpidamente con la persona que aman para que noten indirectamente que son diferentes con ellos, porque para nosotros… Esa persona es diferente. ¿Ahora entiendes lo que siento por ti, Jonouchi Katsuya?
—… Creo entenderlo. — Murmuró mirándola con suma sorpresa, hasta que finalmente sonrió. —… Y tú debes entender… Que el sentimiento es mutuo, ¿verdad?
La rubia se rio mientras apoyaba su cabeza en el hombro de su ahora novio.
— Lo sé, nadie resiste mis encantos.
— Ni tú los míos.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— ¡ESTÁN SALIENDO! — Anunció en un chillido de alegría el castaño.
— ¡ERES UN ESCANDALOSO, HONDA! — Le reprochó Jonouchi.
Miró a sus amigos con una sonrisa, no supo por qué, ni como… Pero el ambiente se veía mejor. Tanto Atem como Anzu lo miraban con una sincera sonrisa adornada en el rostro de ambos. Aunque estaban físicamente distanciados, se notaba que ya habían hablado respecto a la incomodidad.
— ¡Eso es genial, Jonouchi! — Le felicitó la castaña.
— Ya era hora. — Comentó al aire el faraón. El rubio le lanzó una mirada asesina. — ¿Qué? ¿No puedo comentar? — Sonrió con burla.
— Si sigues con eso… Un día de estos… Despertarás en Europa. — Advirtió. Todos se rieron por lo dicho del rubio.
Siguieron caminando a la casa del rubio, ya que habían decidido cenar allá todos juntos. Jonouchi le había insistido a Anzu hacer la cena, pues amaba como cocinaba, los demás le servirían para jugar un rato… Pero cuando estaban a punto de llegar…
— ¿Yugi? ¿Eres tú?
Todos se giraron para ver a cierta muchachita de cabellos largos, lisos y rubios, de ojos verde agua acompañados de unas gafas. Vestía una blusa blanca, una falda rosa y unas zapatillas.
—… ¿Rebecca? — Pronunció el menor.
La pequeña sonrió y corrió hacia los brazos de Yugi, que le correspondió un poco sorprendido. Vaya… Simplemente… Vaya.
—… ¿Qué haces aquí? — Preguntó al separarse de ella.
— Vine de visita, por supuesto. — Hizo un puchero. Los chicos sonrieron. — ¿Me extrañaste?
— ¿Cómo no hacerlo? — Le regaló una cálida sonrisa.
Se separó por completo de Yugi y miró a los presentes, todos le sonreían, excepto una persona. Su vista se detuvo en el último individuo, que era casi igual a su Yugi, solo que más alto, de una mirada más formal y seria… muy familiar.
—… Tú eres el faraón, ¿no es así? — Preguntó parpadeando varias veces. Él portaba el rompecabezas, no Yugi. —… ¿Cómo…?— Atem sonrió.
— Es una larga historia, pero me da gusto verte, Rebecca. — Pausó. — Mi nombre es Atem, y… De forma resumida… Soy el hermano perdido de Yugi.
La menor, comprendiendo el mensaje, se rió y asintió con una sonrisa.
— Te quedarás, supongo. — Él asintió. — Bueno, ya puedes moverte por tu propia voluntad, libre.
Le encantaría decirle que sí, pero sus heridas le decían lo contrario, así que solo tensó la mandíbula, un poco incómodo. Anzu lo notó, así que decidió cambiar de tema.
— ¿Por qué no cenas con nosotros?
— ¡Claro! — Agarró del brazo a Yugi. — ¡Vamos, Yugi!
El menor vio de reojo a Anzu, que no parecía molestarle en lo más mínimo el agarre de la blonda, siendo que antes estallaba de ira. Al parecer, la razón de su molestia era porque el alma de Atem también estaba en su interior. Suspiró resignado, siempre lo supo, pero nunca lo admitió. Vio al faraón en un semblante serio, pero relajado, más bien distraído. Luego vio a Anzu, que caminaba a su lado, pero ni siquiera se miraban, ella simplemente se mordía el labio inferior, no se veía molesta ni preocupada, sino… Emocionada.
Extraño. Simplemente… Extraño.
— ¡NO PUEDO CREER QUE NO TENGAS COMIDA, JONOUCHI! — Le regañó la castaña al rubio.
— ¡ES CULPA DE ATEM, NO ME AVISÓ!
— ¡EN LA MAÑANA SI HABÍA COMIDA, JONOUCHI! ¡¿TE LA COMISTE?!
—… Pues…
— ¡JONOUCHI KATSUYA!
— ¡Bien, bien! — Les interrumpió asustado por las miradas asesinas de ambos. — ¡Yugi, Rebecca! — Ambos miraron al rubio. — ¿Pueden ir por mí al supermercado a comprar mientras yo converso algo sumamente secreto con los otros? Pronto les contaré, lo prometo. — Susurró. Ambos asintieron. — ¡Gracias!... — Se dirigió a Anzu y a Atem, que lo miraban con reproche. — Te mostraré algo con Honda en mi habitación mientras Yugi y Rebecca compran las cosas… ¡Atem, ven acá! ¡Lo pido prestado cinco minutos, Anzu! — Agarró al faraón y a Honda y se encerraron en la habitación del rubio, dejando a la castaña perpleja.
. . .
Yugi y Rebecca caminaban en silencio, a paso lento, sin ningún tema de qué hablar. Rebecca tenía una idea de qué hablar… Pero tenía miedo de hacerlo. No quería herir sus sentimientos, se le veía dolido y frágil, de verdad se sentía horrible al verlo de esa manera.
—… Fuiste… ¿Rechazado? — Preguntó con la voz temblorosa. —… ¿Por Anzu? — Se detuvo. Yugi le imitó, sin mirarla. — ¿Es cierto lo que tus ojos delatan? — Preguntó mirándolo con una infinita tristeza en su mirar.
—… Sí. — Sonrió con tristeza. — Pero… Dejé ir a Anzu, porque ella…
— Está enamorada de él… de Atem. — Completó. Yugi asintió. — Lo sabía… Y siento no habértelo dicho. No quiero que estés de esa manera, y me siento una tonta insistiéndote lo mucho que me gustas siendo que fuiste rechazado hace… Poco, supongo… ¿Fue hace poco? — Él asintió. —… Yo quiero salir contigo… Pero como amigos… Principalmente como amigos. — Aclaró. — Después tú me darás tu respuesta, si tengo… O no… Una oportunidad, ¿sí?
—… Les estoy dando una oportunidad a ellos, para estar juntos…— Murmuró. Luego la miró con una sonrisa. — Gracias por ser tan honesta, Rebecca. Me siento un idiota por… No haberme enamorado de ti antes. Eres dulce, comprensiva, lista… Y muy bonita. — Apartó sus ojos de ella. — ¿Sabes?... Nunca fui un buen hermano… Desde que fingimos esto de que Atem es mi hermano, de verdad lo creí, pues además de parecernos, lo quiero como si de verdad lo fuese… Noté lo mucho que se había acercado a nosotros, pues como no tenía recuerdos, no podía compartirnos nada. Atem… Es una persona muy cautelosa, solo nos confió a nosotros sus recuerdos de su pasado…— Se detuvo un par de segundos. —… Anzu… Fue mi primera amiga, que lo sigue siendo hasta el día de hoy. Me comenzó a gustar en la secundaria, ya sabes, los chicos usualmente siempre descubren su primer amor allí, me había enamorado de ella… Me hice amigo de Jonouchi-kun, Honda-kun, Bakura-kun… Todo gracias a mi deseo del rompecabezas, conociéndolo a Atem también. Anzu me apoyó cada vez que sentía que no podía continuar, lucho por mí muchas veces, pero yo no hacía nada… Más bien, trataba de hacerlo… Pero solo Atem lo hacía, él siempre la salvaba, a ella y a los demás…— Finalmente la miró con lágrimas en los ojos. — Siempre quise ser como él, pero… Nada servía. Incluso, sentía rencor y envidia por él. Deseé que Atem se fuera de aquí… Quería ser yo la persona que Anzu mirara…— Rebecca sintió sus ojos humedecerse. — ¿Aún quieres a alguien como yo?
La joven se acercó lentamente a él y tomó su mano con afecto.
—… Claro que sí. — Yugi dejó escapar un par de lágrimas, por la sorpresa y el dolor que le causaban esas palabras. —… Yo… También pensaba así… De Anzu… Hasta que me di cuenta que… No ganaba nada con pensar en ello. Pronto sucederá lo mismo contigo, porque… Es algo que pasamos todos alguna vez. Siempre habrá un momento en el que sentiremos envidia por alguien…— Se sonrojó al notar la mirada fija de Yugi en los ojos de ella. — Así que… No te sientas mal… Trabajemos juntos en ser personas mejores. — Sonrió.
Sintió algo removerse en su interior, pero no de dolor, había sido suave, muy cálido. Entonces se dio cuenta… Rebecca le había frenado el desangramiento de la herida en su corazón. Fue como si todo el malestar se hubiese ido gracias a sus palabras. Él asintió con una sonrisa.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
—… ¿Es enserio viejo? ¿Yugi te dijo eso? — Preguntó el castaño sin salir de su asombro. Atem asintió. —…
— ¿Qué está pensando ese tonto…?— Murmuró Jonouchi al intercambiar miradas confundidas con Honda. Volvió a mirar a Atem que seguía leyendo desinteresadamente un libro de historia. — ¡Deja eso y préstanos atención! — Le regañó mientras se ponía de pie. Atem no les devolvió la mirada, pero cerró el libro. — ¡Actúas como si no fuese la gran cosa! ¡Estás enamorado de Anzu, ¿no?! ¡¿Por qué aparentas como si no te interesara del hecho de que Yugi, TU HERMANO, te haya dicho que ella siente lo mismo por ti?! ¡¿QUÉ DEMONIOS TE PASA?! ¡¿ACASO…-?!
Calló enseguida al ver la ira contenida en los ojos de su amigo. Se dio cuenta de que no era el único exasperado, desesperado…
—… ¿Tú crees que eres el único exasperado, Jonouchi? ¿Tienes idea de cómo me sentí cuando hablé con él? ¡Hablaba de él mismo como si fuese basura, siendo que yo merecía ser insultado en su lugar! — También se colocó de pie para quedar frente al rubio. — Yugi… Está herido por mi culpa, Anzu también. — Apretó los puños. Jonouchi frunció el ceño sin entender. — Cuando ella me detuvo… También fue herida por el rompecabezas. — Honda, en un impulso, también se colocó de pie.
— ¡¿Qué?! ¡¿Po-Por qué no nos dijo nada?!
—… A mí tampoco me lo dijo, pero lo noté. — Apartó la vista de ellos., sintió su corazón doler y se tambaleó. — "De nuevo… Esta sensación de nuevo… No es el rompecabezas… ¿Soy yo?"
— ¿Atem? ¿Estás bien? Lo lamento, no debí hablarte de esa manera, creo que necesitas recuperarte y el solo pasar por estas situaciones será peor. Ve a dormir un rato, nosotros ayudaremos a Anzu a cocinar.
—… Bien… Agradezco no tener que trabajar hasta la próxima semana. — Suspiró tras dejarse caer en su cama, agotado.
Ambos amigos asintieron y dejaron solo al faraón para pensar. Había algo más, de eso estaban seguros. Atem les estaba ocultando algo, aunque respetaban su decisión. Ya habían pasado muchas cosas malas para él. Jonouchi escuchó el timbre y fue a atender, esperando que fueran Yugi y Rebecca, pero solo se encontró con su novia de ojos lilas.
— ¡Mai, qué sorpresa!
— No puedo decir lo mismo, Jou. — Se rio. — Yo quise venir. — Se encogió de hombros. Mentía, claro que mentía, hace unos momentos, Anzu la había llamado por teléfono, por eso había venido. —… ¿Estás solo? — Preguntó inocentemente.
— No, están todos aquí. ¿Quieres cenar? — Sonrió. Ella asintió. — ¡Qué bien! Pasa.
— Gracias, ¿dónde está Anzu? ¡Tengo que hablar de mujer a mujer con ella!
— En la cocina. — Señaló. — ¿Le ayudarás a cocinar? — Preguntó. Ella se rio. Era tan inocente…
—… Ajá. — Dicho esto dejó parado ahí a su novio y fue a la cocina, encontrándose a una Anzu sentada en el suelo, abrazándose las rodillas. —… ¿Anzu?
La ojiazul rápidamente subió la vista y se puso de pie de un salto.
—… ¡Mai-san…!
— ¿Qué pasa, linda? ¿Arreglaron las cosas?
Alzó una ceja al ver el rostro de su amiga teñirse por completo de rojo. Muy bien, algo andaba muy mal.
— ¡Anda, dilo ya!
Anzu se mordió el labio mientras jugaba con sus manos, inquieta. Necesitaba… Decírselo a alguien, y Mai era la indicada. Los chicos no lo comprenderían.
—… Atem…
—… ¿Atem qué?
—… Pues…
— Anzu…— La llamó en tono de reproche.
— ¡Atem me besó!
"-F-l-a-s-h—B-a-c-k-"
Se detuvo al darse cuenta de su gran error, él había escuchado su llanto. Se giró para encararla con sorpresa y a la vez con una expresión de miedo.
Ella también estaba asustada.
—… Anzu…
— ¿Qué hice…?— Sollozó, armándose de valor. — ¿Para que me trates de esta manera…? ¿Tan fría?... No quiero… No quiero pensar que ya perdí…— Agachó la cabeza. — No quiero creer que quizá ya perdí… Un trozo de tu corazón… Sea lo que te haya hecho, perdón…— Analizó cada cosa que había hecho en el viaje para poder haberlo molestado, entonces recordó el momento en que… él y ella estuvieron a punto de…— Si quieres, olvídalo… No debe significar nada… Lo que pasó allá… Con tal de volver a la normalidad… Olvidémoslo…— Susurró.
Levantó la vista para ver su rostro, esperaba ver sorpresa o comprensión… Pero lo que vio en su rostro fue furia con un ceño fruncido agregado a su amenazador mirar. Sus labios comenzaron a temblar de la desesperación y el miedo. ¿Lo había perdido de verdad?...
. . .
Soltó un jadeo al sentir las manos del faraón en sus hombros y chocarla contra la pared con violencia. Lo miró sorprendida, mientras que este se negaba a mirarla, viendo el suelo.
—… Es un poco cruel lo que dices…
— ¡Y-Yo…! ¡Lo siento…! ¡Es solo que…! Ya no sé… Que tonterías estoy diciendo…— Sollozó.
— ¿Quién te dijo que dejaste de formar parte de mí? ¡¿CREES QUE YO TE QUERRÍA FUERA DE MI VIDA?! — La zamarreó con fuerza contenida, no quería lastimarla. Anzu no contestó, estaba demasiado perpleja. Lo vio sacar del cuello de su camisa el cartucho y finalmente la vio a los ojos mientras le mostraba el preciado objeto para ambos. — Esto, Anzu…— Le señaló el cartucho. — No me lo he quitado desde que lo volví a recuperar. ¿Aún piensas que no me importas? ¿Tienes idea de cuánto aprecio este objeto del solo hecho de saber que fuiste tú quien me lo dio?
—…
— ¿Quieres que olvide, Anzu?... ¿Cuándo apenas recuperé mis recuerdos gracias a ti y a los demás?... Lo que menos quiero en esta vida, es olvidar… No quiero volver hacerlo… Deberías saberlo… ¿Y me pides que olvide?
—… Lo siento…
¡Ella y su estúpida boca! ¡Diciendo cosas hirientes sin pensar! Debía tener claro lo mucho que le aterraba a Atem perder su memoria de nuevo… Y ella le pedía semejante cosa…
Lo siguiente no lo esperó… Definitivamente nunca lo esperó…
Había quitado sus manos de sus hombros para luego posarlas en sus mejillas y atraer su rostro al de él. Al sentir sus labios presionados contra los de él de una forma suave, cerró los ojos enseguida, dándose cuenta en la situación en la que estaba. Posó con miedo ambas manos en su pecho, aferrándose a su camisa, pues sentía que iba a caer en cualquier momento. Se estremeció por la forma en que el chico acariciaba sus labios con los suyos, parecía tan inexperto como ella, por lo cual trataba de ser cauteloso y no hacerle daño. Finalmente se relajó y correspondió el beso del faraón.
Siempre decían que la mente se ponía en blanco en situaciones así, pero fue todo lo contrario en ella. Tomó en cuenta cuando Atem la atrajo con un poco más de confianza hacia él para profundizar el beso, que ella aceptó. Sin embargo, no podía evitar preguntarse qué pasaría cuando se separaran… Cuando el momento se quebrara… ¿Seguirían igual de distantes? ¿O sus esperanzas seguían en pie?
—… "Sinceramente, no quiero saberlo. Para bien o para mal… No quiero saberlo. Quiero que el tiempo se detenga…"— Suplicó mentalmente.
Pues sus súplicas no habían servido de nada, apenas había pensado aquello, y el faraón se había apartado lentamente de ella. Pensó que la soltaría y la dejaría sola, no quiso averiguarlo, por lo cual mantuvo los ojos cerrados. Desechó esa idea al sentir su frente apoyada en la de ella, respirando agitadamente como ella.
—… Eres muy importante para mí. — Susurró antes de apartarse por completo de ella y darle la espalda.
Finalmente, Anzu abrió los ojos, viéndolo nuevamente con temor.
—… ¿Atem…?
— No te preocupes. — Le interrumpió. — No eres la única… A la cual trato de esa manera. Y detesto esta parte de mí por actuar de esta manera… Pero no tengo opción… Todo lo ocurrido… Hasta ahora… No me arrepiento de nada, ni quiero olvidarlo. — Confesó. — Pero no puedo hablar de eso por el momento. — Se giró a verla con tristeza. — Lo siento.
Comprendía su situación, no preguntaría el por qué sus acciones. Él necesitaba su espacio… Y ella se lo daría. Esperaría a que aclararan… Lo que acababa de suceder.
—… Cuando estés preparado…
— Cuando lo esté… Prometo que contestaré todas tus preguntas… Y aclararemos esto.
Ella asintió con una leve sonrisa. Él no le correspondió el gesto, se le veía bastante abatido. Apenas salieron de la escuela, fueron por rumbos diferentes, incapaces de verse a la cara como antes.
"-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-"
Continuará…
Pude actualizar porque no me quitaron el computador :'D Jojojojo gracias por sus comentarios n.n Soy feliiiiz, pero a la ves… me siento tonta XD
Como soy de "labios puros" no tuve ni una mísera idea de qué hacer… Además, soy muy inocente… Apenas trataba de ponerle brillo al momento, me sonrojaba y me daba vergüenza seguir escribiéndolo XD No sé si les gustará la descripción (? Pero de todos modos ojalá que les haya gustado este cap taaaaaaaaaaaan largo, es un regalo por su paciencia, me demoraré en actualizar… Pero no tanto gracias a que no me quitaron el computador :'D
FIGHTING!
Rossana's Mind cambio y fuera!
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