Estoy con el corazón rotoooooooooooooooooooooo! TT-TT Lo siento, necesitaba contarles, estoy muy triste, demasiado diría yo, pero no permitiré que por ese TONTO, mi humor y mi inspiración se vaya... El chico que tiene mi corazón trizado tiene novia u_u Fue tan triste enterarme, fue algo así (expresiones faciales): (o.o)… (O.O)… (Q.Q)… (T - T)

Preeeeeeeeeeegunta, ¿alguna vez les ha sucedido algo similar o sufrido por alguien? Yo sinceramente ya he sufrido suficiente por culpa de él, ya no quiero seguir queriéndolo, pero en el corazón no se manda… Si quieres contestarme esto, hazlo en los reviews n.n Vayamos al cap antes de que moje el teclado con mi llanto extremo XD

Capítulo 17: ¿Una última misión?

—… ¡¿De verdad?! — Chilló de la alegría mientras abrazaba a la castaña, que estaba hecha una vergüenza.

—… ¿Es bueno?

— ¡CLARO! ¡Da indicios de que le interesas! ¡Te comienza a querer más que a una amiga! — La sacudió de hombros. — "Aunque ya sabía…"

Anzu sonrió, un poco más animada. Sin embargo aún tenía sus dudas. Atem siempre era directo, iba sin rodeos en cuanto a la situación, ¿por qué justo en ese momento él tenía que permanecer en silencio? Aun cuando ella esté muriendo de la curiosidad, prometió no insistir, no hasta que el faraón terminara sea lo que haya empezado. Él le había dicho que ella era la persona en la que más confiaba, no tenía por qué sentirse ofendida del hecho de ansiar saber la razón por la cual ellos… Hicieron eso. Sintió arder sus mejillas por la vergüenza nuevamente.

—… ¿Anzu? — La bailarina miró a la rubia. —… ¿Estás bien? — Ella asintió. — Bien, terminemos de cocinar y cenemos de una vez.

— ¡Ya llegamos! — Se escucharon dos voces al unísono.

— ¿Quién…?

— Son Yugi y Rebecca. — Contestó la castaña al comenzar a cortar los vegetales.

—… Ya veo…— Sonrió con malicia sin que Anzu lo notara. — "Mmm… Las cosas van mejorando… Estoy saliendo con Jonouchi… Rebecca está consolando al pequeño Yugi… Honda está saliendo en secreto con Shizuka, aunque Jou lo va a matar por eso… Solo faltan Atem y Anzu, ese par de tontos." — Se rió mientras Anzu la miraba con una expresión confundida.

— ¡Hola! — Apareció la pequeña rubia. — Les vengo a ayudar. — Miró a Mai con sorpresa. — ¡Cuánto tiempo, Mai-san! — Le sonrió. La joven de ojos lilas le devolvió la sonrisa, aliviada que ella tampoco le guardase rencor por las cosas del pasado. — Bien, ¿en qué ayudo?

— ¿Puedes preparar la tarta de Jou, por favor? — La menor de ojos verde agua se rio mientras asentía, preparada para echar manos a la obra.

-Con los chicos-

— Tardaste muuuucho, Yuuuugiii…— Le dio suaves codazos a su amigo con una sonrisa perversa. — ¿Qué tanto hablaban tú y Rebecca? ¿Eh, eh?

El pequeño enrojeció por la pregunta de su rubio amigo. La verdad… Era que le daba mucha vergüenza. ¿Por qué…? Miró a Honda, ¡también lo miraba de la misma manera! Finalmente dirigió su vista a Atem, quien había apartado sus ojos de su libro para mirarlo, interesado por la plática. Eso solo aumentó el calor de sus mejillas. Comenzó a balbucear.

—… Uh… Pues… Eeeh… Ella… Y yo…

— ¡ÁNDALE, VIEJO! — Le dio un golpe en la espalda, haciéndolo dar un respingo. — No estás cometiendo delito, solo cuenta.

—… Solo hablamos de cosas…

— ¿Qué… cosas?

Yugi hizo una mueca, no quería dar detalles por su deprimido estado emocional, no quería preocupar a sus amigos, ni mucho menos a su hermano. Miró a este último, que se había tornado serio, descubriendo la razón por la cual él no se atrevía a contestar. Atem finalmente quitó sus ojos de su hermano y siguió leyendo como si nada. Eso lo hizo sentir un poco mal… Lo estaba preocupando más de la cuenta.

—… No hablemos de eso ahora. — Insistió. —… Atem, ¿cómo están tus heridas?

Tanto Honda como Jonouchi se giraron a ver al faraón para esperar la respuesta, pues a ambos se les había olvidado que la salud de su amigo estaba por los suelos. El antiguo Rey los miró sin mucho interés.

— No me quejo. — Dicho esto, volvió su vista a su libro. No mentía, sus heridas ya no dolían tanto, las pocas de su rostro se habían ido y las de sus manos, brazos y torso no daban mala señal.

Frunció el ceño, no se podía concentrar. No era por el ruido de sus amigos, ya se había acostumbrado, pero cierto recuerdo no abandonaba su cabeza. No podía creer que lo había hecho… No podía… No podía creerlo. Se mordió el labio inferior, aun sintiendo el sabor de los dulces labios de su bailarina… ¿Cómo había sucedido?... Primero, escuchó el llanto de la castaña, segundo, le molestó que pidiera que olvidara lo sucedido en Okinawa, pues ni loco perdería o ignoraría un pedazo de su memoria, pues era muy importante para él, y quizás también para ella… Tercero… Había perdido el control. ¡Dios, había perdido por completo la cordura! Ni él se lograba creer que él, que siempre se había mantenido al margen y calmado, ¡había hecho algo tan…! Tan… ¿Irrespetuoso? ¿Grosero? ¿Insolente? Pero gracias a ese… Incidente… Ya estaba seguro que lo que le dijo Yugi era verdad… Anzu… Anzu correspondía sus sentimientos. No pudo evitar sonreír de la felicidad… Ella lo amaba… ¡Ella lo amaba! Y él también a ella…

— Atem. — Miró al rubio que lo llamaba. — Es hora de cenar, las chicas ya tienen servido.

Él asintió.

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—… Supongo que… Tu promesa sobre recogerme todos los días no podrá ser.

—… Lo siento, Anzu…

¡Ja ja, no te preocupes, Atem! Tú necesitas tu espacio y lo entiendo. De verdad todo está bien, no es como si no volviésemos a hablar nunca más, así que no es la gran cosa. Además, yo también tengo muchas cosas que pensar…

—… Es por lo sucedido entre nosotros, ¿verdad? — Aquello sonó como un suave susurro.

¿Eh? ¿Dijiste algo?

— No, nada. Nos vemos mañana.

Colgó el teléfono y suspiró. Había un muro entre él y Anzu. Sí, después de eso se supone que venía la etapa de "declaración" que terminaba en tragedia o en felicidad… Que Ra quisiese un final feliz para él, pues así lo deseaba. Si ellos estaban así de distanciados, quizá el sentimiento de Anzu moriría…

Agitó la cabeza hacia los lados, no, no quería pensar en eso. El solo hacerlo le dolía. Sintió una pulsación en el rompecabezas y lo miró. ¿Una señal de Ren? La pulsación era suave, que le transmitía un poco de calor. Sí, era Ren. Sonrió por las intenciones del espíritu, quiso reconfortarlo. Ya un poco más relajado, se fue a dormir.

. . .

— Será mejor que tengas una buena razón por la cual me llamaste, Atem puede descubrirme y me interrogará hasta la muerte. — Dramatizó el rubio viendo a su novia. Mai, que le había dado la espalda todo el tiempo desde que había llegado, se giró a verlo con una sonrisa.

— Algo muy interesante ha ocurrido entre Anzu y Atem. — Rio traviesamente, colocando nervioso a Jonouchi.

—… ¿Eh? ¿Qué? ¿Qué pasó? — Indagó curioso acercándose a ella.

—… No puedo decirlo, es un secreto.

— ¿Anzu será madre?

—… ¡NO! — Le dio un manotazo en la nuca. — ¡¿QUÉ DEMONIOS TIENES EN ESA CABEZA, JONOUCHI?! ¡¿CÓMO SE TE OCURRE SEMEJANTE ESTUPIDEZ?!

—… Solo preguntaba, no querías decirme. — Se quejó este sobándose la cabeza.

— ¡De todos modos…!— Antes de seguir, aclaró su garganta y suavizó el tono de voz. — Como están en la escuela, no tengo tiempo ni oportunidad de verlos, así que… Tú, Honda y Yugi se encargarán de juntar a esos tontos.

— ¡¿Estás loca?! ¡Yugi aún está afectado por lo de Anzu! ¿Quieres que se suicide?

— No creo que Yugi se sienta mal después de ser consolado de esa manera por Rebecca. — Se encogió de hombros. Jonouchi parpadeó un par de veces, sorprendido. — ¿Yugi no te lo dijo? — Se rio. — Vaya, vaya, vaya… Esto se pone cada vez más interesante… El hecho de que Yugi se sienta nervioso de hablar eso con ustedes es buena señal. Sin darse cuenta está viendo a Rebecca como algo más, no lo culpo, la pequeña es muy bonita. — Sonrió con dulzura. Jonouchi correspondió su sonrisa.

— Tú también lo eres. — Mai lo miró con sorpresa unos segundos, hasta que se rio.

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Los días comenzaron a pasar, y mientras más deprimido se sentía Atem, más dolor le causaban sus heridas. Comenzaba a creer que se lastimaba a sí mismo por sus malos pensamientos, cosa que lo hacían capaz de moverse, pues sus heridas ardían como el mismísimo infierno. Comenzó a faltar muy seguido a la escuela, apenas lograba mantenerse de pie, y aun así, iba al trabajo nocturno con tal de ahorrar dinero. Jonouchi le insistía en dejar el trabajo, que ya había recolectado suficiente, pero el faraón era terco, quería seguir adelante, como si sus heridas no fueran la gran cosa. Honda iba a visitarlo todos los días para tratar de animarlo porque también habían notado que el dolor comenzaba a ser tanto físico como emocional. Yugi iba de vez en cuando, contándole las cosas de la escuela, sus salidas frecuentes con Rebecca… Hubo un par de veces que el hermano menor lloró en frente de su hermano, frustrado, dolido por lo sucedido con Anzu, Atem simplemente le dejaba llorar, pues necesitaba desahogarse en algún momento, y el mejor momento era cuando estaba con sus amigos o familia, en este caso, ambas… Y Anzu… Simplemente no iba a visitarlo, nunca. Ni una sola vez, siempre recibía saludos, presentes y remedios de ella, pero nunca fue e verlo, eso lo hacía sentirse desconfortado, solo, porque por más compañía que tuviese con Jono, Honda o Yugi, sin su castaña… No era lo mismo. Simplemente no era lo mismo. Él hubiese seguido los consejos de sus amigos sobre tomarse un respiro en el trabajo, pero como la ojiazul no daba señales de vida, inconscientemente seguía con el trabajo con el fin de llamar su atención, dándole a entender que se estaba despedazando por ella, porque quería verla. Él lo haría, pero no podía moverse, sus energías cobraban vida en la noche, es decir, a la hora de trabajo. Aquello seguía sin funcionar, ¿acaso tenía que esperar que le disparan y que lo llevaran al hospital con tal de ver su rostro? Ya comenzaba a excederse…

Gracias a su fuerza de voluntad, sus heridas sanaron, pero con lentitud, solo quedaba un pequeño detalle: un resfriado.

Estaba acomodándose su chaqueta de la escuela para ir junto con el rubio. Apenas salieron, se estremecieron por la brisa fría que les golpeó en la cara. Regresaron a la casa y sacaron unos abrigos de más. Atem se colocó uno negro y Jonouchi uno verde oscuro. Salieron ya un poco más confortados por el calor de sus sacos y caminaron a toda velocidad a la escuela. Terminaron corriendo al notar que había comenzado a nevar.

— ¡Al fin llegamos! — Expresó cansado el rubio tras llegar lanzándose al suelo cansado.

Anzu, que estaba hablando con Yugi y con Honda, miró al par que había llegado recién. Una vez que la mirada zafiro y la violácea se encontraron, no despegaron sus ojos por pocos segundos, que consideraron horas. Parpadeó y notó que ahora Anzu se sentaba con Yugi, de nuevo, Jonouchi también lo notó, así que se sentó donde era su lugar desde un principio, antes de dirigirse allí, prefirió establecerse de forma normal.

— Hola, chicos. — Saludó con una sonrisa forzada mientras se dirigía a su puesto.

—… Buenos días. — Saludó Atem con un asentimiento en la cabeza en modo de reverencia.

Debía calmarse, no era culpa de Anzu, quería estar con los chicos, solo eso… Pero el desprecio que le dio en ese período fue tan cruel que…

— ¿Atem?

Apretó los puños mirando el sueño con rabia, tensando la mandíbula. No había notado que Jonouchi estaba llamándolo. Por un momento, su vista se volvió carmesí, pero de repente sintió una descarga eléctrica haciéndolo reaccionar y llevó una mano a su rompecabezas. Sabía que eso era obra de…

"¡¿Qué diablos estás haciendo, Ren?! ¡Dijiste que no volverías a…!"

"¡Tuve que hacerlo! No seas imbécil!"

"… ¿De qué demonios estás hablando?"

"Y yo creí que eras mejor que otros faraones… ¡Demonios, Atem! Mira la situación con la cabeza fría, solo sigue el juego de tu destino, pues ella tiene mucho que pensar al igual que tú, alejarlos no les hará nada malo. Sé que la necesitas, pero eso solo causará más problemas."

"… ¿Qué pasó?"

"… Hace un momento tu vista se tornó roja, ¿no? Pues de ese color se tornaron tus ojos. Sabes muy bien que el rojo es peligroso."

"… No comprendo."

"El rojo representa… El amor, la pasión… El fuego de proteger… Pero ten cuidado, no juegues, pues también el fuego sirve para dañar, dejándote envolver por el odio y la rabia. Tu camino se tornará difícil, ya que se suponoía que no debía interferir hasta mi aparición, pero has trazado nuevos planes."

"… Lo siento."

"Yo lo siento, de todos modos, te estoy haciendo correr en peligro. Estás inconsciente a causa de lo que te hice."

"… ¿Lo estoy? No lo había notado"

"Claro que no, si estás hablando conmigo, sabes muy bien que el contactarte conmigo te hace daño. Esta sí que será la última vez que te ayude, no más hasta que nos veamos las caras, así que si te sientes mal, respira hondo y cálmate."

"… Bien…"

. . .

El aire volvió a sus pulmones y abrió lentamente los ojos. Había cuatro pares de ojos mirándolo con pánico y preocupación. Se reincorporó lentamente y se dio cuenta que estaban en el patio trasero. Su cabeza daba vueltas y su corazón latía de una forma muy lenta… Tanto así, que ni siquiera parecía estar palpitando. Parpadeó varias veces, era la segunda vez en su vida que se sentía cerca de la muerte. Miró los pálidos rostros de Jonouchi y de Honda, luego dirigió sus ojos hacia su hermano, que lo miraba con los ojos llenos de lágrimas y miedo. Finalmente sus ojos se encontraron con los divinos de ella. Anzu lloraba en silencio, tratando de no soltar un sollozo.

—… ¿Qué…?

— Nos…

— ¡NOS DISTE UN SUSTO DE MUERTE, IDIOTA! — Explotó el rubio. Atem abrió más los ojos, demostrando su sorpresa.

—…

— Te desmayaste… Creímos que necesitabas aire porque estás resfriado, pero cuando te llevamos aquí, no estabas respirando. — Explicó el menor con las manos temblando, así que las cerró volviéndolas puños. —… No nos vuelvas a hacer esto. Fue… Muy desgarrador.

— Extremo, viejo…— Suspiró el castaño. —… Diablos, eso… Fue…

— Horrible. — Completó Jonouchi, ya un poco más calmado y se puso de pie. — Iremos por algunas medicinas por tu resfriado. Anzu, tú quédate con él.

Atem, sintiendo pánico por lo pedido, trato de excusarse, pero se frenó al ver que Yugi le lanzaba una sonrisa sincera mientras asentía. ¿Estaba bien estar con ella en un momento así? Finalmente los tres desaparecieron tras la puerta, dejando a cierta pareja horriblemente incómoda, sin saber que decir o hacer…

Sus latidos comenzaron a tomar mayor velocidad, gracias a su nerviosismo y lo tenso que se sentía. ¿Justo ahora tenía que estar con ella? ¿En el momento donde necesitaba pensar y coordinar sus pensamientos? Apretó los labios al escuchar un débil sollozo a su lado. No, no la miraría. Se mantendría altivo, indiferente, fuerte.

Sus sollozos comenzaron a sonar con más frecuencia y de una forma más… dolorosa. Tragó saliva, se mantenía altivo, fuerte, ya no tan indiferente.

La vio de reojo al no escucharla y su corazón se encogió de dolor al verla cubrirse la boca con violencia para no seguir llorando. Apartó la vista de ella. Nuevamente su postura se volvió altiva, fuerte… Y también preocupada. Tensó la mandíbula.

Nuevamente la miró con disimulo, con ambas manos cubría su boca con tal fuerza de hacerle daño, mantenía los ojos fuertemente cerrados, pero sus lágrimas no desaparecían. Ya no pudo apartar sus ojos de ella, no se sentía tan fuerte, ni altivo.

Se sentía…

Un completo bastardo.

Se sintió un completo insensible al dejarse llevar. Agarró con violencia una de las muñecas de la castaña, haciéndola abrir los ojos, mirándolo con miedo y a la vez con sorpresa. La jalo hacia él y la estrechó en sus brazos con fuerza.

—… ¡No hagas eso! ¡Te haces daño, tonta!

Anzu se sorprendió por esas palabras. Él siempre había sido cortés con ella, tratando de tener cuidado con tal de protegerla, pero en esos momentos… Había reaccionado de una manera tan brusca que se preguntaba si Atem quiso dejar salir todas esas emociones en más de una ocasión.

Sollozó suavemente al sentir que el agarre en el que era sometida por los brazos del antiguo Rey de Egipto se volvía menos asfixiante, se tornó suave y delicado. Correspondió débilmente su abrazo y apoyó su mejilla en su hombro, cerrando los ojos. Estaba tan… Asustada. Las heridas de Atem no habían mejorado y ella trabajaba todos los días, no tenía tiempo de verlo. Volvió a su antiguo pupitre porque Yugi se lo aconsejó, para que no se sintiese tan sola. Sus manos estaban posadas en los hombros de él y se dio cuenta de lo tenso que estaba, ella también lo estaba. No se habían visto por tres largas semanas. Anzu había estado tan triste… Y Atem se había sentido tan solo…

—… Nunca… Había tenido tanto miedo en mi vida. — Susurró la castaña.

— ¿Mm? — Murmuró sin separarse de ella.

—… Habías… Dejado de respirar… No reaccionabas, pensamos lo peor… Y… El solo pensar… En ese momento, siento mucho miedo…— Se estremeció en los brazos del chico. —… Estuve tan aterrada, que sentí que mi ser se iba al infierno. — Su voz se quebró. — Pero cuando reaccionaste y abriste los ojos, sentía como la sangre me regresaba al cuerpo con naturalidad. — Sonrió contra su hombro. — Me alegra tanto que estés bien… Y perdóname… No quería dejarte solo… Es lo último que desearía para ti. — Lo abrazó con un poco más de confianza, soltando un sollozo.

El ojivioleta no contestó, se dejó abrazar por la castaña, la escuchó llorar, sin embargo no hizo nada. Ya había oído lo que quería saber. Sonrió mientras acariciaba el cabello de la joven que lloraba suavemente. Esa chica… Lo volvía loco.

Loco de amor.

Acomodó la cabeza de la castaña contra su pecho, pues el tanto llorar la había dejado exhausta, quedándose completamente dormida. La dejó descansar, porque se lo merecía, como él.

Mientras eso ocurría, no se dio cuenta que de su rompecabezas había salido un pequeño destello, que desapareció apenas salió.

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— ¿Bromeas? ¿Somos encargados de la clase?

— No te quejes, te cubríamos a ti y a Anzu. Tú, porque faltabas mucho. Y a ella. — La señaló. — Porque trabajaba todo el día después de clases. Adiós, te espero en casa.

Agarró a Yugi y a Honda y salieron corriendo del salón.

— ¡Excelente idea, Honda! ¡Dejarlos solos en el salón fue una GRAN idea!

— Ojalá que terminen emparejados de una vez, como todos nosotros.

—… ¿Todos?

— ¡Claro, Yugi! ¡Jou con Mai! ¡Tú con Rebecca! — El menor se sonrojó. — ¡Y yo con Shizuka-chan…-!

— ¡UN MOMENTO, HONDA! — Le interrumpió. —… ¿Dijiste…? ¿Shizuka?... ¿Mi hermana?... — El castaño palideció. — ¡MALDITO SEAS, HONDAAAAAAAAAAAAAAAA!

El castaño salió corriendo, seguido del rubio. Yugi quedó atrás mirándolos mientras suspiraba. Les faltaba madurar a ese par. Miró su reloj y comenzó a correr también, o si no llegaría tarde a su cita con Rebecca que lo esperaba en la estación.

. . .

— ¿Cuánto?

—… Unos… seiscientos mil. — Logró recordar.

— ¡¿Enserio?! Yo apenas logro tener un cuarto de lo que tienes en mi empleo. Tal vez sea mejor ser guardia de seguridad nocturno. — Atem soltó una carcajada en respuesta.

— No lo creo, es peligroso. Además tienes una beca, y excelentes calificaciones.

— Gracias a ti, estoy entre los tres mejores en la aplicación.

— Solo te enseño matemáticas, Anzu.

— Lo sé, pero sirvió mucho. ¿Qué harás en tu futuro, Atem? Eres una persona normal, parte de la ciudad, de nosotros… ¿qué harás?

—… No lo sé. No creí que mi vida daría un giro como este. — Salieron de la escuela. Miraron el cielo anaranjado por el atardecer. — El clima está raro, en la mañana había nevado y ahora todo está normal. — Se encogió de hombros.

—… ¿No has pensado en alguna carrera? Aunque tienes mucho dinero por el momento, ¿no crees?

—… Sí, pero… No es suficiente. Dinero no es lo que busco… Yo quiero algo por lo cual necesite sentirme bien y feliz por lo que hago.

Anzu lo admiró un par de segundos.

—… Si es eso, lograrías muchas cosas. Eres uno de los más inteligentes de salón. Si no fuera por Kaiba, tendrías el primer lugar en aplicación.

— Pero no lo tengo, sino el segundo.

— Y yo el tercero…— Hizo un puchero. Atem sonrió, anhelando ese gesto.

Nuevamente el silencio los invadió. Siguieron caminando hasta que dieron al parque. Estaba deshabitado, caminaron hacia los columpios y se sentó uno en cada uno. El viento soplaba con suavidad y delicadeza, como su cada brisa fuese una caricia en sus rostros. De vez en cuando se miraban de reojo para buscar de qué hablar, pero no encontraban un tema en específico.

Anzu apenas lo miraba, recordaba aquel beso. Agitó la cabeza hacia los lados, pero tenía tantas preguntas sin contestar. ¿Por qué Atem la besó? ¿Él comenzaba a verla más que a una amiga? Sin embargo si fuese así, ¿por qué se evitaban? No de la peor manera, pero no tocaban el tema, hablaban como si nada hubiese pasado. Eso solo le hacía creer que de verdad eso no significó nada, para ella lo era, pues fue su primer beso, guardado para una persona especial… Que por cierto, estaba a su lado. Lo miró y su expresión era seria, pensativa. No sabía si pensaba en lo sucedido en la mañana, sobre su repentina falta de aire… O que estuviese pensando en lo ocurrido con ella. Un céfiro de aire más fuerte movió el cabello de ambos. Anzu volvió a apartar sus ojos de él, pensando que quizás… Si se había arrepentido de lo ocurrido.

— No es eso.

Se giró a verlo con sorpresa, ¿acaso había pensado eso en voz alta?

—… No es lo que piensas. — Continuó sin mirarla. — Te tengo… Muy angustiada y confundida, ¿no es así? Y lo siento, pero… No puedo, simplemente no puedo hablar de ello por el momento… Pero… De verdad… No me arrepiento, Anzu. Te juro que no.

Podía sentir muy bien los ojos de la chica posados en él, pero no la miró. Estaba… Muy confundido… Después de clases, había sentido que la posibilidad de contactarse nuevamente con Ren era nula. Se sentía un poco débil por la descarga que le dio el espíritu, aunque se lo agradecía, porque no quería dejarse llevar por malos entendidos. El dolor que sentía no era nada comparado con lo que pudo haber causado, así que estaba bien. No podía hacerles daño, ni a ella, ni a sus amigos… A nadie. El que él tuviese una última tarea con el destino, no significaba que no podría protegerlos. Incluso si él salía muerto de eso, le daba igual… Ya estaba lo suficientemente destrozado a causa de su pasado.

'Cause I'm only a crack in this Castle of Glass (Porque solo soy una grieta en este Castillo de Cristal)

Hardly anything left… For you to see… (Casi nada allí… Para que veas)

For you to see (Para que veas)

Pero… Quería saber algo. Necesitaba saber si los sentimientos de Anzu eran verdaderos, aunque estaban más que claros, quería ver qué expresión pondría. Lo que sea…

—… Hay algo que quiero saber, Anzu.

— ¿Qué es?

Bien, ya lo había dicho. No había vuelta atrás, necesitaba saber… Se giró a verla con decisión en sus ojos violetas.

.

.

.

— ¿Tú me… Amas?

Bring me home in a blinding dream… (Tráeme a casa en un sueño enceguecedor)

Through the secrets that I have seen (A través de los secretos que he visto)

Wash the sorrow from off my skin… (Remueve el sufrimiento de mi piel…)

Show me how to be whole again… (Muéstrame cómo estar completo otra vez)

Anzu creyó haber imaginado la pregunta, lo miró directamente a los ojos con pánico. ¿Lo sabía? ¿Tan notorio era? ¿Alguien se lo había dicho? ¿Quién y por qué? Pero lo más importante… ¿Qué diría ÉL al respecto? Sintió un nudo en su garganta, segura de que pronto comenzaría a llorar. Apretó con fuerza los puños, presa del pánico que le causaron esas palabras. Se levantó rápidamente del columpio y trató de irse, pero lo escuchó levantarse también y la agarró suavemente de la muñeca.

— Anzu, por favor…

Ella no quería voltearse a verle. Tenía miedo de ver su rostro… Y si la rechazaba… ¿Acaso por eso la besó? ¿Por lástima? Se estremeció de solo pensar que eso fuese verdad… Tibias gotas saladas se deslizaron por sus mejillas por el horror de que fuese así. Forcejeó un poco, sin mirarle para que la dejara ir, pero el solo huir…

—… El que quiera huir…— Su voz se quebró. —… ¿No demuestra…? ¿… La respuesta?

—… Incluso si ya la sé… ¿Puedes pronunciarlo para mí?

Mientras formulaba la pregunta, tiró suavemente de ella para girarla y que ambos ojos se enfrentaran. Quitó su mano de la muñeca de la ojiazul para luego posar ambas en sus hombros. Ya no podría escapar, quería oírlo ya. Solo eso… Solo eso lo reconfortaría.

—… Anzu… Dilo.

—… Yo…

— Soy un maldito bastardo pidiéndote esto… Pero aun así… Si quieres… Una vez que lo digas, golpéame, insúltame, ódiame si quieres… Con tal de que lo digas… Aunque sea una vez en frente de mí… Estaré dispuesto a pagar cualquier precio.

Anzu soltó un sollozo y no lo soportó más. Desapareció el espacio entre ellos al abrazarlo con fuerza. A Atem no le molesto, correspondió su gesto enseguida. Se sintió débil ante él. ¿Por qué él tenía que ser tan maravilloso? Sollozó nuevamente contra su hombro mientras sentía que el faraón acariciaba su cabello con suavidad. Ella acarició con las manos temblorosas los hombros del chico, pues buscaba protección de sí misma. No estaba segura de qué decir…

Pero Atem le había hecho una pregunta, no tendrá de otra que contestársela.

— Atem…

—… Anzu.

—… Yo…-

. . .

Ambos se separaron al oír un estruendo cerca de la salida del parque. Corrieron enseguida hacia la dirección dónde provino el escándalo. Apenas salieron del parque, fueron a un callejón, donde había dos personas tiradas en el suelo. Parecían tener la misma edad que ellos. Era un chico y una chica. Ambos de cabellos negros.

—… Oigan.

— ¿Están bien? — Anzu se arrodilló en frente de la chica de cabellos cortos y negros.

Atem se acercó al otro chico y le movió el hombro para hacerle reaccionar. Abrió los ojos, dejando ver su color: Carmesí. Se reincorporó y lo miró.

—… Eres tú. — Atem frunció el ceño.

—… ¿Qué?

— Atem, soy yo.

Entonces al escuchar con mejor claridad su voz, entendió y supo de quién se trataba.

— Eres Ren. — Afirmó viendo al azabache de ojos rojos que tenía en frente. Miró a la chica. — Y ella es…

— Mi hermana, Aoi. — Aclaró. — ¿Recuerdas la razón por la cual aparecería en frente de ti?

— Porque me darías detalles de la última prueba.

—… Así que ella es tu destino. — Comentó mirando a la chica que ayudaba a levantar a Aoi. Atem asintió. — Es hermosa.

—… Hey. — Le llamó en tono de reproche. Ren sonrió con sorna.

— Tranquilo, no puedo enamorarme. — Se reincorporó. Atem le imitó. — Aoi, arriba.

La joven, al igual que su hermano, de cabello negro y ojos rojos asintió y se puso de pie junto con Anzu.

— ¿Los conoces, Atem?

—… Es una larga historia. —Se excusó.

— Será mejor reunir a los involucrados.

— ¿Involucrados? — Repitieron tanto el faraón como la bailarina.

— Tus amigos, tu destino…— Señaló a Anzu, quien inclinó la cabeza sin entender. — Y claro, tú. — Miró finalmente a Atem.

El faraón asintió. Su última misión… Al parecer acababa de empezar.

Continuará…

Estoy muy triste, de verdad muy triste… Bueno, la razón está arriba del cap xD También me peleé con una amiga ): Nada puede ser peor? DX Bueno, qué se le hará, ojalá les haya gustado, espero MUUUCHOS reviews de apoyo

Fighting… ( )/

Rossana's Mind cambio y fuera

Reviews? ;-;