Lamento haber publicado esa nota - -U Pero no lo soporté más, la borré para ahorrar malos momentos. Bien, solo vayamos al capítulo, ¿vale…?

Capítulo 18: Ren y Aoi, partes de una maldición.

— ¿Por qué nos habrá llamado Atem? — Preguntó en voz alta el rubio mientras caminaban hacia la casa de los Muto. Mai, Yugi, Rebecca y Honda caminaban un poco más atrás. El faraón los había citado para hablar de algo urgente. —… ¿Creen que él y Anzu ya…?

— ¿Tú crees?

—… No lo sé, sinceramente, algo me da mala espina…

Una vez que llegaron, entraron por la tienda y fueron a la sala de estar, donde encontraron a Atem y a Anzu curando a dos chicos malheridos, eran casi iguales.

—… ¿Nos perdimos de algo?

— Oh, Jou. — Se puso de pie la castaña. — Hola.

— ¿Quiénes son ellos, Ren? — Preguntó la pelinegra de mirada carmesí a su mellizo.

— Son los involucrados de Destino. — Murmuró. No tenía la autorización de poder llamar a la ojiazul por su nombre, así que la llamaba de esa manera: Destino. — Gracias a ellos… El faraón tomó otro camino.

— ¡¿Faraón?! ¡¿Ustedes saben…?!

Ren miró a Atem.

— Seguiste muy bien mis instrucciones, no se lo dijiste a nadie. — El ojivioleta asintió. — Bien, siéntense, hay mucho de que hablar. — Los chicos asintieron como si nada y se sentaron enfrente de los mellizos. — Yo soy Ren, y ella es Aoi, mi hermana menor. Somos extensiones del rompecabezas del milenio con un solo propósito y es terminar el destino de cada faraón de la familia, pero como Atem fue el último, es nuestra última misión. — Suspiró. — Verán, el primer faraón de la familia de Atem, que fue hace siglos… Le llegó una maldición de un hechicero oscuro, ya fue destruido, sin embargo no la maldición, pues fueron sus últimas fuerzas para hacerla. Resulta que el rey le quitó el amor de su vida al hechicero, así que se llenó de rencor, por lo cual nos creó a mí y a Aoi, para realizar pruebas sumamente difíciles para lograr hacer caer a los reyes en cuanto a ser dignos de su alma gemela, pero como éramos simples extensiones, nos daba igual el resultado. Eso cambió cuando el primer rey con la misión logró superarlo, en Aoi despertó sentimiento humano, luego en mí, así que deseamos que esto se acabe de una vez. — Anzu iba a decir algo, pero Ren podía leer la mente, así que no fue problema. — Tú quieres saber cuándo ocurre eso, ¿no, Destino? — La ojiazul le miró confundida por la forma en que la llamaba. — Verán, eso ocurre en el momento de mayor debilidad del hombre. — Sonrió. Todos entendieron el mensaje, excepto Anzu, Mai y Rebecca, ya que eran… mujeres. Jonouchi, Yugi y Honda miraron al faraón, que no dijo nada, ya lo había aceptado y reconocido, no era problema. — Bien, eso ocurre más o menos a tu edad, Atem. El hechizo se romperá cuando termines la misión, ya sea triunfando… O pereciendo.

—… ¿Qué pasará si yo no logro hacer la misión?

— Usualmente perderías a Destino. Pero… Como tu caso es especial, los pierdes a todos.

—… ¿Todos?

— Así es. — Miró a cada uno. — A los involucrados.

— ¿Y no puedes hacer nada para evitarlo?

— Me temo que no. Puedo desearte suerte si es lo que deseas, sin embargo… Soy solo una extensión, no puedo negar lo que tengo que hacer. Incluso si lo intentara, lo pagaría caro.

— ¿Con Aoi? — Ren asintió. — Ya veo… Pero… ¿Cuál es la última misión? Y ve sin rodeos.

—… Sin rodeos, ¿eh? — Sonrió de forma sádica, a Atem no le sorprendió. Había tratado con gente de ese tipo, pero que era buena en el fondo. — Bien. Es un Juego de las Sombras.

. . .

— ¿Qué? ¿No estás bromeando? — Habló el rubio algo tenso. A decir verdad, todos estaban sumamente rígidos al oír aquello. Cada uno tenía su propio trauma con la oscuridad, algo… Muy desagradable.

— No, claro que no. — Borró su sonrisa para cambiar su expresión a una más seria, para luego mirar al faraón. — Pero tu oponente será el espíritu que realizó esta maldición, poseerá un cuerpo inocente para vencerte, si pierdes, perderás lo que más anhelas. Ese es el dilema. No sé qué es lo que más anhelas, Destino es solo una parte de algo que anhelas con todo tu ser, así que… No lo sé.

—… Yo tampoco.

— El mundo corre peligro, Atem. — Cambió abruptamente el tema. El faraón frunció el ceño. — Sabes las reglas del Juego de las Sombras, ¿verdad? Un jugador que ha ganado sin cansancio de esto, encierra un montón de almas en el Reino de las Sombras… Sin embargo, si llega a perder, todas las almas encerradas serán liberadas, así como tú lo hiciste con el lado malvado de Marik, ¿me equivoco? También a Bakura…— Atem palideció.

Había encerrado… a muchas personas en el reino de las sombras. Recordaba haberse enfrentado con algunos porque les hacían daño a sus amigos… A muchos los había encerrado… También a Marik… Y a Bakura. Si él llegaba a perder… No solo perdería aquello que más anhelaba, aunque no supiese qué era aún, sino que también pondría en peligro al mundo entero tras liberar semejante malicia. Apretó los puños con impotencia, se sentía muy presionado… Tenía que salvar al mundo, otra vez, a sus amigos, otra vez. Y a ella, otra vez.

— Otra cosa más. — Aoi se animó a hablar por primera vez. — Cualquier cosa que suceda, el descendiente del faraón debe portar el rompecabezas.

— ¿El descendiente?

— Tú, Yugi. — Le nombró la chica de mirada carmesí. Rebecca miró al menor con cierta preocupación. — Tú eres el descendiente, así que… Cualquier cosa que suceda con Atem, debes tenerlo tú. — El pequeño asintió.

Mai miraba con los ojos entrecerrados al par de hermanos. Ellos estaban ocultando algo…

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— ¡¿QUÉ?! — La agarró de los hombros. — ¡¿Te pidió que le dijeras que estás enamorada de él?!

—… Sí. — Miró el suelo. Aun recordaba con claridad el suave cuidado que tuvo con ella al agarrarla de la muñeca.

— ¿Y qué hiciste? ¿Se lo dijiste?

— No, porque justo vimos a Aoi y a Ren…

— Demonios, Anzu… Ustedes sí que tienen mala suerte…— La soltó para luego cruzarse de brazos con molestia. La ojiazul miró a Mai con cierto aire pensativo.

Ambas dieron un respingo cuando las luces se cortaron en el momento en que se escuchó un relámpago. Ambas estaban en la cocina de la casa de Yugi, preparando la cena, mientras los demás seguían hablando con los dos extraños. Anzu comenzó a temblar de miedo, odiaba la oscuridad. Mai, por otro lado, se sentía acorralada, tenía una horrible experiencia relacionada a las sombras, así que el que no pudiese ver nada, lo ponía tensa. Ambas trataron de buscar algo con tal de ubicarse por el lugar, dando pasos inseguros.

La ojiazul sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal al sentir un suave roce en su hombro, junto con un susurro.

— Gusto en conocerte, Destino.

Lo siguiente que sintió fueron los pasos de los chicos junto con un punzante dolor en su hombro derecho, como si le estuviesen enterrando algo afilado…

— ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!

— ¡¿ANZU?!

— ¡ANZU! — Escucharon desde lejos.

— ¡¿Pero qué…?!— Mai vio una sombra correr y lanzarse en la ventana, rompiéndola. — "¿Un ladrón? ¡No escapará! ¡Estoy segura que le hizo algo a Anzu!" — Pensó mientras la furia corría por sus venas. — ¡NO ESCAPARÁS!

— ¡Mai! ¿Adónde…?

— ¡Yo iré con Mai! ¡USTEDES QUÉDENSE CON ANZU!

— Yo también iré. — Intervino la voz de Aoi, que generó un extraño destello proviniendo de su mano. — ¡Vamos!

Ren iba a imitar el movimiento de su hermana, pero repentinamente las luces volvieron a encenderse. Estaban a dos metros de la cocina. Estaban Honda, Yugi, Rebecca y Atem a sus espaldas. Todos sintieron como el alma se les caía a los pies al ver manchas rojas en el suelo en la entrada de la cocina…

. . .

Atem fue el primero en reaccionar y corrió a la cocina para encontrarse a una Anzu abrazándose a su misma, arrodillada en el suelo. Una mano se mantenía fuertemente posada en su hombro, mientras que con la otra se abrazaba tratando de encontrar consuelo consigo misma. Le dolía mucho, podía sentir la sangre de su hombro manchar su blusa blanca de la escuela.

— Anzu. — Subió la vista para encontrarse al faraón arrodillado en frente de ella mirándola con preocupación. — ¿Qué sucedió? ¿Dónde te hicieron daño?

Ella, en respuesta, soltando un sollozo, quitó su mano de su hombro para mostrarle su mano ensangrentada por la herida. Atem contuvo el aliento al ver su mano. Comenzó a temblar de pies a cabeza, le habían hecho daño, y el no pudo hacer nada para evitarlo. Rápidamente agarró a la castaña en sus brazos y corrió a su antigua habitación, olvidando a los presentes que estaban esperando. Honda, Rebecca y Yugi iban a ir tras ellos, pero Ren se interpuso.

— ¿Qué haces, Ren?

— Necesitan un momento de intimidad. He estado en el rompecabezas, sé los sentimientos que rodean al faraón y no saben cómo ha estado sufriendo por la escaza cercanía que tenía Destino con él.

Ninguno volvió a insistir.

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— ¡Espera! — Siguió corriendo tras la persona que estaba a más metros de distancia que antes. — ¡TE VOY A…!— No podía ver con claridad. Había comenzado a llover con fuerza, apenas podía distinguir lo que veía.

— ¡MAI, CUIDADO! — La agarró de los brazos para evitar que siguiera corriendo, pues no se había dado cuenta que iba a cruzar la calle con la luz roja.

— ¡¿QUÉ HACES, JONOUCHI?! ¡SUÉLTAME!

— Mai-san, cálmese por favor. — Intervino una voz suave: Aoi. — Sé que está molesta porque le han hecho daño a Destino, pero el faraón cuidará de ella. La persona que le hizo daño es la persona que fue poseída por el hechicero. Por favor, cálmese y regresemos, de lo contrario pescará un resfriado. — Le sonrió con suavidad. Mai se relajó en los brazos de Jonouchi tras escuchar las palabras de la joven de cabellos azabache.

— Bien, volvamos…

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Había sacado un cuchillo de la cocina para rasgar la parte trasera de la blusa de la chica para ver la herida. La sintió estremecerse por el frío y el dolor. Se levantó, sacó una de las pocas camisas que habían quedado en su habitación y se la dio.

— Ten, cúbrete con ella.

Ella asintió cubriéndose la parte delantera de su cuerpo. Las lágrimas no paraban de caer en silencio, estaba asustada de la persona que le había hecho eso, y lo peor… Es que estaba muerta de la vergüenza mostrándole su espalda al chico.

Atem se tensó al darse cuenta de que las heridas en el hombro de la castaña no eran simples trazos de cortadas, había algo escrito. "Destino". Nuevamente sus manos comenzaron a temblar ante esa vista apretó los puños quitando su vista de esas palabras. Eran graves, los cortes habían sido profundos y no dejaban de sangrar. Aun temblando, agarró al alcohol y el algodón para limpiar y desinfectar lo mayor posible la herida. El temblor de sus manos no se iba, y eso retrasaba su trabajo, pero no podía relajarse aun viendo esa escritura que sin duda quedaría de forma permanente en la piel de su querida castaña. Una vez termiando su trabajo, sacó una gaza que le había sobrado del tiempo en que estuvo herido y cubrió finalmente esa espantosa marca roja.

—… ¿Te encuentras bien?

No podía creer que la castaña le estuviese preguntando eso, con la voz quebrada, delatando su llanto, ¡preocupada por él! ¿Por qué? Él…

—… Yo debería preguntar eso, ¿sabes?

— Cuando… Me estabas curando… Tus manos temblaban. Por eso…

— ¿Cómo crees que me siento…? ¿Sabiendo que no pude hacer nada para evitarlo?

Anzu iba a decir algo, pero notó que aún tenía puesta su blusa rasgada y la camisa del faraón cubriéndola a duras penas. Con sumo cuidado, se cubrió los hombros con la camisa del chico, mientras se deshacía de la prenda rota, como le estaba dando la espalda al faraón, podía mantenerse relajada, ya que el chico no era un fisgón como sus amigos. Terminó y se abotonó la camisa para voltearse finalmente a verlo. El faraón evadía rotundamente su mirada, mirando algo en especial de la habitación. Tenía que admitir que se sentía sumamente asustada, por lo sucedido recientemente, y por lo de la tarde.

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

—… Hay algo que quiero saber, Anzu.

¿Qué es?

Se giró a verla con decisión en sus ojos violetas.

¿Tú me… Amas?

Anzu creyó haber imaginado la pregunta, lo miró directamente a los ojos con pánico. ¿Lo sabía? ¿Tan notorio era? ¿Alguien se lo había dicho? ¿Quién y por qué? Pero lo más importante… ¿Qué diría ÉL al respecto? Sintió un nudo en su garganta, segura de que pronto comenzaría a llorar. Apretó con fuerza los puños, presa del pánico que le causaron esas palabras. Se levantó rápidamente del columpio y trató de irse, pero lo escuchó levantarse también y la agarró suavemente de la muñeca.

Anzu, por favor…

Ella no quería voltearse a verle. Tenía miedo de ver su rostro… Y si la rechazaba… ¿Acaso por eso la besó? ¿Por lástima? Se estremeció de solo pensar que eso fuese verdad… Tibias gotas saladas se deslizaron por sus mejillas por el horror de que fuese así. Forcejeó un poco, sin mirarle para que la dejara ir, pero el solo huir…

—… El que quiera huir…— Su voz se quebró. —… ¿No demuestra…? ¿… La respuesta?

—… Incluso si ya la sé… ¿Puedes pronunciarlo para mí?

Mientras formulaba la pregunta, tiró suavemente de ella para girarla y que ambos ojos se enfrentaran. Quitó su mano de la muñeca de la ojiazul para luego posar ambas en sus hombros. Ya no podría escapar, quería oírlo ya. Solo eso… Solo eso lo reconfortaría.

—… Anzu… Dilo.

—… Yo…

Soy un maldito bastardo pidiéndote esto… Pero aun así… Si quieres… Una vez que lo digas, golpéame, insúltame, ódiame si quieres… Con tal de que lo digas… Aunque sea una vez en frente de mí… Estaré dispuesto a pagar cualquier precio.

Anzu soltó un sollozo y no lo soportó más. Desapareció el espacio entre ellos al abrazarlo con fuerza. A Atem no le molesto, correspondió su gesto enseguida. Se sintió débil ante él. ¿Por qué él tenía que ser tan maravilloso? Sollozó nuevamente contra su hombro mientras sentía que el faraón acariciaba su cabello con suavidad. Ella acarició con las manos temblorosas los hombros del chico, pues buscaba protección de sí misma. No estaba segura de qué decir…

Pero Atem le había hecho una pregunta, no tendrá de otra que contestársela.

Atem…

—… Anzu.

—… Yo…-

. . .

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

Estuvo tan sumida en ese recuerdo, que no se dio cuenta de que el faraón se había acercado peligrosamente a ella. Reaccionó cuando sintió su frente chocar con la de él y lo miró sorprendida. No intentaba hacer algo más, de eso estaba segura, solo se miraban, sumamente cerca. Sus alientos se mezclaban, sin embargo ninguno se movió, seguían analizando la mirada del otro. Anzu nunca había visto tanta intensidad en los ojos de Atem, siempre tuvo el presentimiento de que desde que se había quedado en este tiempo, el chico la miraba con más profundidad que a los demás.

—… ¿Qué haces?

— Solo quería mirarte… Un poco más cerca. — Le contestó en un susurro que ni las cuatro paredes lograron oírle, excepto ella.

El faraón se alejó un poco de ella para luego envolverla en sus brazos con mucho cuidado de no rozar su herida. Anzu se dejó abrazar, pues no podía mover sus brazos por la prisión de los brazos del chico. Apoyó su mejilla en el hombro de él. Cada vez sus sospechas eran más ciertas…

Pareciera como si Atem correspondiera sus sentimientos.

— Te amo.

.

.

.

Sabía que lo había dicho en el peor momento, pero no pudo contenerse más. Sintió al faraón tensarse por lo pronunciado de sus labios. La separó lentamente de ella para mirarla con sorpresa, con una verdadera sorpresa. No había quitado sus manos hombros, aunque claro, lo hacía con cuidado para no lastimarla.

— Querías… Que lo dijera esta tarde…— Su rostro ardía de la vergüenza, comenzando a arrepentirse, pero a la vez no. Extraño sentimiento…— Por eso… Por eso yo…— Se cubrió el rostro con ambas manos. — ¡Sé que no debí decirlo en un momento así, pero…!

— Anzu.

—…

— Gracias.

Quitó un poco sus manos, para mirarle. Él sonreía, como nunca le había visto. Ella también… ¡Ella también quería saber lo que sentía él por ella…!

— Atem, tú…-

— ¿Chicos?

Ambos miraron la puerta, pues de allí provino la voz.

—… ¿Qué pasa, Jonouchi?

—… Eh… Pues hace rato queremos saber cómo está Anzu. ¿Está muy herida?

Anzu maldijo al pobre rubio, ahora ella se quedaría con aún más preguntas… Ambos se levantaron y le abrieron al rubio.

— ¿Qué hacían con la puerta cerrada? — Les sonrió con malicia. Anzu estaba a punto de gritarle que solo estaba diciendo estupideces, pero alguien se le adelantó.

— ¡JONOUCHI!

— Bien, cálmate, viejo… Solo bromeaba, Atem. No me mates. — Levantó ambas manos en señal de paz. Atem no le quitó la mirada asesina. —… La cena ya está lista…

— ¿La hicieron mientras no estaba? No debieron, yo pude ayudar…-

— Anzu, estabas herida. No dejaríamos que siguieras esforzándote. Por cierto, ¿dónde te atacó el loco ese?

La ojiazul se tocó el hombro en señal de respuesta. El rubio asintió y los tres bajaron a cenar.

-Al día siguiente-

— Qué aburrido estar aquí todo el día. — Se quejó la rubia. — No puede haber mucho tiempo de chicas porque Rebecca también está en clases… Los chicos también… Solo somos tú y yo, Anzu… ¿Anzu?

La chica estaba en un aire pensativo, bastante distraída. Eso a Mai no le gustó. Le dio un manotazo en la nuca.

— ¡¿A qué vino eso, Mai-san?!

— ¡No me estás escuchando!

—… Lo siento. — Apartó la mirada de ella mientras se acariciaba el sector maltratado por la rubia de ojos lilas.

— Si un lo siento fuera suficiente, ¿para qué existen la ley y la policía? — En respuesta, Anzu le lanzó una mirada asesina. — ¿Por qué me miras así? Es verdad de todos modos. — Bufó.

—… Mm. — Suavizó su mirada para luego seguir mirando a la nada. — Mai-san… ¿Cómo te confesaste a Jou?

—… ¿Qué? — Le miró con sorpresa. — ¿Por qué la pregunta? ¿Estás celosa? — Le sonrió con malicia, pero como Anzu no estaba de humor, esa sonrisa se borró. — ¿Qué pasa, Anzu?

— Anoche... Finalmente le dije.

—… ¿Decir qué? ¿A quién? — Preguntó haciéndose la desentendida, aunque sabía a dónde iban a parar.

—… Ya sabes.

— Vamos, Anzu. No hay nadie, ¿cómo no tienes valor incluso para…?

— ¡YA LE DIJE A ATEM QUE ESTABA ENAMORADA DE ÉL! ¡¿CONTENTA?! — Le gritó a todo pulmón. La pobre rubia se tuvo que cubrir los oídos.

—… ¿Enserio? — Le sonrió con dulzura. — Pero eso es bueno, ¿no? ¿Qué te dijo él?

— Gracias.

— De nada, ¿gracias qué?

— No, Mai-san… Él me dijo eso: Gracias.

Mai estaba a punto de explotar, había hecho lo posible e imposible para juntarlos… ¿Y es lo único que pudo decir Atem?

—… ¡¿GRACIAS?! ¡¿QUIÉN DEMONIOS DICE ESO?! — Agarró su teléfono y comenzó a marcar.

— ¿A-A quién llamarás?

— ¡Ya me va a escuchar…!

¿Diga…-?

— ¡KATSUYAAAA!

¡¿Qué-Qué diablos te pasa, Mai?! ¡Estoy en la escuela! ¡No puedo salir contigo…!

— ¡NO ES ESO! ¿SABES LO QUE PASÓ AYER?

Atacaron a Anzu.

—… Aparte de eso…

Huh… Nop, no sé.

—… ¡ANZU AL FIN LO SOLTÓ!

¡¿De verdad?! ¿Y qué pasó?

— ¡¿Sabes lo que dijo ese Atem?!

No, pero quiero saber.

— Gracias.

—… De nada, ¿por qué me agradeces?

Anzu reprimió soltar una carcajada, podía escuchar perfectamente al rubio de la otra línea, había reaccionado igual que Mai. Sin duda eran tal para cual.

— No… No, Jou… No te estoy agradeciendo… ¡ESO ES LO QUE LE DIJO A ANZU ESE PEDAZO DE IDIOTA!

—… ¡¿QUEEEEEEEÉ?!

En la otra línea se escucharon todas las maldiciones de Jonouchi mientras también habían unos leves forcejeos.

¡¿Qué demonios te pasa, Jonouchi?!

Anzu se paralizó. Esa voz era de…

¡Ve y aclara las cosas de una maldita vez!

—… ¿Hola?

— ¡ATEM! ¡¿QUIÉN TE CREES?!

—… ¿Qué quieres decir con eso?

— ¡TÚ SABES DE QUÉ HABLO! ¿Por qué no hablas con claridad por una vez en tu vida?

—… ¿Quieres que se lo diga por teléfono?

— Al menos dígnate y hazlo. — Sintió más ira al escuchar como el faraón se reía con suavidad en la otra línea.

Eso no es digno, es ridículo… Decirlo por teléfono… Es patético.

Mai iba a replicar, pero el chico le había colgado.

—… ¡ESE IDIOTAAAA! — Maldijo. — ¡¿Por qué no estás molesta?! — Le acusó a la castaña.

Anzu sonrió con timidez.

—… Pues…

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

—… Eres muy importante para mí. — Susurró antes de apartarse por completo de ella y darle la espalda.

Finalmente, Anzu abrió los ojos, viéndolo nuevamente con temor.

—… ¿Atem…?

No te preocupes. — Le interrumpió. — No eres la única… A la cual trato de esa manera. Y detesto esta parte de mí por actuar de esta manera… Pero no tengo opción… Todo lo ocurrido… Hasta ahora… No me arrepiento de nada, ni quiero olvidarlo. — Confesó. — Pero no puedo hablar de eso por el momento. — Se giró a verla con tristeza. — Lo siento.

Comprendía su situación, no preguntaría el por qué sus acciones. Él necesitaba su espacio… Y ella se lo daría. Esperaría a que aclararan… Lo que acababa de suceder.

—… Cuando estés preparado…

Cuando lo esté… Prometo que contestaré todas tus preguntas… Y aclararemos esto.

Ella asintió con una leve sonrisa. Él no le correspondió el gesto, se le veía bastante abatido.

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

— Tengo que esperarle. Hasta que esto termine.

Mai prefirió no seguir tocando el tema.

— Por cierto, ¿dónde estás los mellizos?

— Estamos aquí.

Ambas dieron un respingo al oírlos a sus espaldas.

— ¿Cómo están sus heridas? — Les preguntó con una sonrisa la castaña.

— Bastante mejor, Destino. Gracias. — Agradeció cortésmente Aoi con una sonrisa.

— Hay algo que no entiendo, si vinieron del rompecabezas de Atem, ¿por qué están tan magullados? — Preguntó Mai.

— Ir al mundo real es un viaje sumamente peligroso, sobre todo para criaturas que no son humanas. — Explicó Ren. — Muy bien, nosotros limpiaremos la casa en agradecimiento por su hospitalidad. Vamos, Aoi.

Antes de que Anzu pudiese interponerse en la desición, los dos ya habían desaparecido delante de ellas, dejándolas sorprendias.

Los mellizos aparecieron en la habitación del faraón y se miraron seriamente.

—… ¿Está comenzando, hermanito?

Ren asintió, sumamente preocupado.

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— ¿Por qué le colgaste a Mai, Atem? — Le recriminó el rubio en un susurro, pues estaban en clases.

— Silencio, estoy tratando de pensar.

Jonouchi el lanzó una mirada irritada y él también se concentró en su guía. Les habían entregado una hoja sobre qué podrían ser en el futuro. Yugi pensaba heredar la tienda de su abuelito, Honda aún no estaba seguro, primero ahorraría suficiente dinero trabajando, y luego estudiaría. En cambio, tanto Jonouchi como Atem eran un caos, no tenían ni la más remota idea de qué estudiar o algo en que enfocarse, estaban demasiados indecisos. Jonouchi, por el simple hecho de nunca pensar en ello. Y Atem… Porque nunca creyó que se quedaría en ese mundo así que tenía un gran caos…

— Lo siento, acabo de llegar. ¿Puedo?

— Cuánto tiempo, pase a clase.

Todos subieron la vista para saber de quién se trataba.

— ¿Bakura?

— ¡Ah! Hola chicos, cuánto tiempo. — Les sonrió. Se fijó en el faraón. — Oh, es cierto, el faraón se quedó con nosotros. — Le sonrió.

Atem se tensó, el regreso de Bakura… Era una señal de que pronto la última prueba de la misión comenzaría.

Continuará…

LO ENCONTRÉ XDDDD ESTABA EN EL LUGAR DONDE MENOS BUSQUÉ u_u Ojalá les haya gustado! Ok… Pero hablando enserio… ¿Qué carreras les ofrecen a Jonouchi y a Atem? No se me ocurre nada XDD? Pueden ayudarme por favor u.u?

Fighting!

Rossana's Mind cambio y fuera

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