Mujajá yo otra vez e_e! Para los que lean el fic de nuevo, okno, notarán que hice unos ligeros cambios, pero casi nada, no cambié la historia, solo las estructuras de las canciones, había mencionado que después las cambiaría, ahora lo hice n.n bueno vayamos al cap!
Capítulo 19: Amenazas.
Anzu se aburrió en estar en la casa de Yugi, ya se había dado como tres vueltas por toda la casa. Los mellizos no aparecían y Mai había salido. Se colocó unos vaqueros junto a una blusa negra y unas zapatillas del mismo tono. Salió a caminar y vio la hora. En ese momento, los chicos ya deberían haber salido. Caminó hasta el parque y para su gran sorpresa, Atem y Yugi estaban ahí. Sonrió.
— ¡Yugi! ¡Atem! — Los gemelos giraron su cabeza para mirar a la castaña.
Ambos sonrieron. Estaban sentados en la hierba tratando de relajarse después de tanta cosa en la escuela. Anzu llegó y se sentó al lado de Yugi.
— Hola, Anzu. ¿Cómo está tu hombro? — Le preguntó el menor.
—… Bien, supongo. Me dolía un poco esta mañana, pero me tomé una píldora contra el dolor. Estoy de maravilla. — Aseguró tras acostarse de espaldas mirando el cielo. Yugi le imitó. —… He oído que sales mucho con Rebecca. ¿Qué tal sus citas?
— ¡¿Ci-Citas?! ¡No son citas!
— Yo oí que hace unos días saliste con ella al cine. — El faraón sonrió con burla aun sentado.
— ¡Atem! ¡Solo fue una salida!
— Pero son citas…-
— ¡Que no lo son! — Insistió. —… Aunque…
— ¿Aunque? ¿Aunque qué? — Anzu giró su cabeza para verlo.
—… Aunque… Rebecca es una buena chica. — Sonrió con ternura. — Es extraño…
— ¡No es extraño! — Se acercó la castaña hacia él. — ¡Es buena señal! Ella te pidió una oportunidad, podrías dársela.
Atem se fijó con mucho detalle en las emociones de su hermano. Había estado tan preocupado sobre el tema de la misión, que había olvidado el estado emocional de su hermano. Lo vio sonreír con sinceridad, como la última vez que lo dejó solo con Anzu para arreglar las cosas. Parecía casi haber superado a la castaña. Pero… Como había pensado, ese casi sigue ahí. Si no, no hubiese estado frustrado ni llorando en frente de él en el tiempo en que estuvo delicado de salud. Estaba agradecido con él por dejar a la castaña libre, así que él se merecía la mayor felicidad. De verdad se lo debía mucho… Y al parecer, Rebecca estaba ayudando en ello. Él también sonrió. Finalmente él también se recostó en la hierba, imitando a sus dos compañeros para admirar el cielo.
Yugi, por su parte, había comenzado a considerar seriamente el darle una oportunidad a Rebecca, ella era… Maravillosa. Y él estaba herido, así que su dulzura y cariño extremo no le haría daño. Estaba feliz de que ya no había tensión entre Atem y Anzu, pues en el período de tensión, no podían ni mirarse sin sentirse el ambiente tan incómodo. Las cosas comenzaban a funcionar, pero aún había una tarea que realizar. Lo peor era… Que ellos no podían ayudar, sucedería en el momento menos preciso, y en el lugar menos esperado.
A ambos hermanos les había dado una señal el regreso de Bakura. Estaban seguros de que pronto se aparecería Marik por ahí con el resto. Simplemente, eso solo los preocupaban más. Atem necesitaba hablar con Ren, y Yugi necesitaba explicaciones. La extensión del rompecabezas había dicho que el faraón había mantenido el secreto… ¿Desde cuándo Ren y Aoi se conocían con Atem?
—… Oye, Atem.
— ¿Qué pasa? — Miró a su hermano.
— ¿Cuándo conociste a Ren y a Aoi?
—… Pues a Aoi la conocí ayer, pero a Ren hace unas semanas. — Sintió también la mirada de Anzu posada en él, así que prefirió contarles todo. — Verán… Ren… Fue él quien me había hecho daño todo este tiempo con el rompecabezas. — Miró a ambos que estaban a punto de replicar, pero él se les adelantó. — Era parte de la prueba. La primera no estoy muy seguro de cuál era, creo que era soportar las descargas para hacerme más fuerte, o eso oí de Aoi. La segunda era protegerlos. — Al ver que los chicos no entendieron, decidió justificar. —… Lo sucedido en Okinawa. — Calló un momento recordando lo ocurrido.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
— ¡ATEM, NO LO HAGAS!
— "Esa voz…"— Se giró.
Cierta castaña de ojos azules corría hacia él con lágrimas en sus hermosos orbes. Le importó muy poco que Jonouchi le advirtiera lo peligroso que era acercarse, no le importó para nada.
Atem se vio rodeado por unos brazos femeninos con tanta fuerza que ambos cayeron al suelo, mientras sentía como el rompecabezas dañaba también a Anzu. Se paralizó.
"Veo que te diste cuenta…"
"¡NO LA TOQUES! ¡NO DEJARÉ QUE LE HAGAS DAÑO! ¡NI A ELLA NI A NADIE!"
"Nada mal, para tu segunda prueba… Más vale que logres pasarla, de lo contrario, sabes lo que sucederá…"
"¿Eso la incluye a ella?"
"Incluye a TODOS."
"¿Cómo puedo frenar esto?"
"Sé más fuerte… Es todo."
F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
— ¿Te refieres a cuando intervine? — Preguntó la castaña sintiendo un escalofrío al recordar semejante dolor. Atem lo había sentido numerosas veces, cada vez más fuerte… En cambio ella, solo una vez, y casi sintió como la vida se le iba de las manos. El faraón asintió. —… Y la última prueba es la más peligrosa… Un Juego de las Sombras…— Concluyó en un semblante preocupado.
— No te preocupes. — Le sonrió. — He tenido mucha experiencia en ello, ¿por quién me tomas?
— Por alguien muy impasible. — Sonrió un poco.
Atem se rió, en parte ella tenía razón, sin embargo no podía evitarlo. Debía mantenerse al margen de su posición, aun cuando estuviese tan alterado.
—… Por cierto, Bakura-kun volvió. — Anunció el menor. Anzu lo miró con sorpresa.
—… ¿Enserio? — Sintió una mala espina de todo aquello. — ¿Ustedes creen que…?
— No, no puede ser… El sujeto que te atacó el día anterior, estaba en la ciudad, en cambio, Bakura nos contó que había vuelto esta mañana, y Otogi es testigo de ello, pues viajaron juntos. — Comentó el faraón. — Es intrigante, tampoco podemos sospechar de otros conocidos, sería imposible… No se me ocurre nadie en especial.
— A mí tampoco. Será mejor que vayamos a casa. — Sugirió el menor al ponerse de pie. La pareja que seguía sentada, solo asintió.
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— ¿Eh? ¿Tienen que irse?
Los mellizos asintieron.
— Debemos regresar al rompecabezas del faraón, mírenlo con cuidado.
Todos obedecieron y se dieron cuenta de que el artículo se estaba volviendo plateado en un rincón de algunas piezas.
—… ¿Por qué ocurre eso?
— Se supone, que un rompecabezas luce de mejor manera con todas sus piezas. Nosotros ya somos partes de él, debemos volver, o el artículo dejará de funcionar y el resto también. — Sentenció Ren. — Pero antes… Destino, ¿me permites intercambiar algunas palabras contigo?
—… Claro, Ren. — Asintió la castaña. Ambos se fueron a la habitación del faraón.
Mientras tanto, solo quedaron Atem y Aoi, pues los demás decidieron darles privacidad.
— Faraón, ¿puede prometerme algo?
—… ¿Qué cosa?
— Es algo muy fácil de hacer, no se preocupe. — Le sonrió con suavidad. — Antes de que todo esto comience definitivamente… Prométame que le dirá sus sentimientos a Destino. Tiene que saberlo antes de la prueba.
—… ¿Definitivamente? ¿Ya ha comenzado?
— Desde que le hicieron la marca a Destino, todo comenzó, pero no del todo. — Su sonrisa se volvió siniestra, algo muy raro en ella.
—… Lo prometo.
— Gracias, faraón. — Se inclinó.
-En la habitación de arriba-
— ¿Qué pasa Ren? ¿Qué querías decirme?
—… Tenga. — Le extendió dos sobres. Uno blanco y otro negro. — Aquí están todas las respuestas que estarán buscando en el futuro. — La castaña los iba a abrir, pero el azabache se lo impidió. — No lo haga, habrán graves consecuencias si los abre antes. Debe esperar… El sobre negro es para el faraón… Y el blanco es de usted. Pero conservará ambos, hasta el momento adecuado… Cuando su corazón sienta inseguridad sobre el bienestar de Atem, tendrá que dárselo, no importa el tiempo o situación, cuando sienta eso, debe dárselo de inmediato… Y en cuanto a su sobre… Cuando todo comience, y las consecuencias se vean obligadas a cumplir, podrá abrir el sobre blanco. ¿Entendido?
—… Más o menos…— Contestó sinceramente. Ren sonrió.
— No se preocupe, con sus propios sentimientos lo entenderá pronto.
—… Bien.
— Será mejor que volvamos. — Susurró al abrir la puerta y comenzar a bajar las escaleras, seguido de la ojiazul.
Los cuatro volvieron a reunirse.
— Muy bien, si nos necesitas en la prueba, apareceremos, aunque nunca se sabe. Solo te podremos ayudar durante el juego, una vez que termine, nosotros no volveremos a aparecer ni contactarnos contigo ni el resto. — Explicó el azabache. Aoi asintió.
Atem asintió. Vio a Ren y a su hermana tomarse de las manos para luego cerrar sus ojos. Pronto, ambos comenzaron a tornarse menos tangibles, hasta que se fusionaron en un destello que se estrelló con el rompecabezas, haciendo que volviera a la normalidad, tal y como era antes. Anzu no pudo evitar sentirse triste, no era justo que Ren y Aoi solo sirviesen para eso.
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— Hola, Anzu. ¿Qué tal tu herida? — Preguntó el rubio al encontrarse con la castaña en la entrada. Ella sonrió mientras se quitaba los zapatos y los ponía en su casillero.
— Aun me duele, pero está cerrada, así que no creo me siga causando más problemas. — Se colocó los zapatos de la escuela junto con el rubio y comenzaron a caminar en dirección al salón.
Atem, que había estado oculto, finalmente salió, se sentía un poco nervioso estar con la castaña. Podía disimular con personas alrededor, pero estaba seguro que si se hubiese encontrado con ella ahí mismo, Jonouchi los hubiese dejado a solas, cosa que lo perturbaría. Tenía que decirle sus sentimientos, sí, pero… Aun no era el momento, al menos no por ahora. Suspiró mientras abría su casillero. Para su sorpresa, de él cayó un sobre pequeño al suelo. Lo recogió y lo abrió, había una pequeña nota doblada. La desdobló y leyó su contenido: "Entrarás al infierno". Alzó una ceja sin comprender, arrugó el papel y lo lanzó a la basura. Se acomodó los zapatos de la escuela y se fue a clases, sin contar que un par de ojos marrones lo miraban con el ceño fruncido, mirándole de forma indignada sin tomar en cuenta su amenaza… Pero lo pagaría, ya vería el faraón que hablaba enserio.
. . .
— Ya era hora. Me muero de hambre. — Se quejó el rubio al oír el timbre de descanso.
Atem se fijó en que el profesor de matemáticas se le veía realmente preocupado antes de irse. Él frunció el ceño y se colocó de pie para seguirle.
— ¿Adónde vas, Atem? — Preguntó la castaña. El faraón se giró a verla.
— Iré a dar un paseo. — Dicho esto, salió corriendo del aula, dejando a sus amigos muy confundidos.
— Hey, chicos…— Escucharon una voz.
— ¡Otogi-kun! — Sonrieron. — ¿Qué tal tu viaje con Bakura-kun? — Preguntó el pequeño.
— Muy bien, genial. Aunque… Últimamente, Bakura ha estado algo raro…— Comentó en voz baja mirando al albino sentado en su puesto, s ele veía en un semblante serio.
Todos se tensaron, recordando cosas del pasado… Pero todo eso había acabado… A menos de que se repitiera debido a que Atem pudiese perder… Desecharon enseguida esa idea, no, Atem ganaría, él los salvaría.
—… Chicos, yo vuelvo…-— iba a ponerse de pie Anzu, con la intención de ir tras el faraón, pero…
— ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!
Todos levantaron miraron la dirección de dónde provino el grito. Anzu fue la primera en reaccionar y salió corriendo, seguido de los chicos un poco más atrás. Mientras escuchaban, se oían unos leves comentarios.
— ¡¿Qué pasó?!
— ¡El profesor de matemáticas se suicidó!
— ¡¿Qué?! ¡¿Pero cómo…?!
— Se lanzó desde la azotea…-
— ¡Pero alguien más cayó con el profesor! ¡También estaba en la azotea!
— ¿Quién?
— ¡Ese! ¡El chico Muto!
Mientras más comentarios oían todos, más aceleraban el paso, sin creer nada de lo que decían. Eso no podía ser cierto... Llegaron al primer piso y salieron al patio, donde había un montón de gente rodeando algo.
— ¡DÉJENNOS PASAR, MALDITOS BASTARDOS! — Gritó el rubio al borde de la desesperación.
El grupo empujó a todo el mundo para lograr ver la escena, aunque cuando lo hicieron, quisieron arrepentirse ahí mismo. Un pequeño mancha de sangre había en alrededor de uno de los cuerpos, en el sector de la cabeza del profesor, que estaba debajo del cuerpo del faraón. Anzu se cubrió la boca tratando de no soltar un grito de horror, mientras que Jonouchi la abrazaba contra su hombro para que evitara seguir viendo aquello. Yugi apartó bruscamente la mirada cerrando los ojos con fuerza. Aunque tratara de no mirar, esa imagen ya había quedado gravada con fuego en su memoria… Honda y Otogi estaban en shock, no podían creer lo que veían, ambos estaban pálidos.
— ¡Esperen! ¡Ambos aun respiran! — Escucharon la voz de la enfermera. — ¡Rápido, llamen a una ambulancia! Mientras tanto, llévenselos a la enfermería. ¡Rápido, rápido!
Jonouchi soltó a Anzu y subió en su hombro al profesor con ayuda de Otogi, mientras que Honda levantaba a Atem. Anzu y Yugi los siguieron corriendo hasta la enfermería.
— ¡Enfermera, por favor, déjeme ayudarle! — Suplicó la ojiazul.
— ¡Claro que no, Masaki-san! ¡Esto es muy fuerte para un estudiante! ¡Tiene que salir de aquí!
—… ¡Pero…!— Se cubrió los ojos con ambas manos mientras cerraba los ojos con fuerza. Estaba tan… Asustada.
—… Espere…
La mujer mayor revisó con cuidado el estado del hombre mayor.
—… Este hombre solo tiene unos moretones, está en perfecto estado, solo tiene una torcedura en el brazo.
—… ¿Qué hay de Atem?
La mujer se acercó al chico inconsciente, estaba herido, más que el profesor, pero no había… Ninguna herida en su cabeza. Absolutamente nada. Solo habían manchas… ¿Cómo habían llegado ahí? La enfermera palideció al notar la manga izquierda de la chaqueta del faraón húmeda. Le subió la manga. Anzu contuvo el segundo grito de horror de ese mismo día. El brazo izquierdo del faraón estaba empapado de sangre, por profundos cortes en ellos.
—… ¿Cómo?
— ¡Masaki-san, salga de aquí! Cuando vuelva, no quiero verla aquí, yo iré por algunas cosas. — Salió del lugar.
—… ¿Qué…?
Anzu viró sus ojos al profesor por murmurar aquello. Este abrió los ojos y se reincorporó enseguida. Miró la camilla a su lado y ahí estaba Atem, inconsciente.
—… Ese chico…
— Está vivo, profesor. — Se atrevió a hablar la castaña.
— No lo dejen morir, Masaki… Le debo mi vida al muchacho.
—… ¿De que habla? — Se suponía que el profesor y Atem no se agradaban para nada.
—… Antes de explicarle… ¿Puede pretender que estoy muerto?
— ¿Pero qué cosas dice…?
— Usted sabe que mi hijo es Akira, ¿verdad? — La castaña asintió. — No volvió a casa hace dos noches, y comencé a recibir notas amenazantes, tenía que hacer todo lo que la nota me pidiera si quería a mi hijo vivo. — Anzu palideció. — Y hoy me pidieron que me quitara la vida, pero Muto…— Miró al chico inconsciente.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
Pronto llegó a la azotea. El profesor sacó una navaja y la colocó contra su cuello, aunque sus manos temblaban. Estaba a punto de cometer esa atrocidad, pero una voz se lo impidió.
— ¿Qué demonios está haciendo?
Se giró a ver a Atem, que le miraba con cierta molestia por la estupidez que estaba a punto de hacer.
— Vete, Muto.
— ¿Piensa quitarse la vida?
—… Tengo que hacerlo. — Sus manos no dejaban de temblar. — Si no lo hago… Akira va a…
—… ¿Akira?... ¿Qué tiene que ver él en todo esto?
— ¡No es de tu incumbencia!
El chico frunció el ceño mientras que de un hábil movimiento, le quitó la navaja de las manos, teniéndola él.
— Vamos, dígalo.
—… Es mi hijo…— Atem abrió los ojos de par en par, demostrando su sorpresa. — Desapareció… Y no me lo devolverán… Si no muero.
— ¿Por qué les está obedeciendo? — Se subió la manga izquierda de su chaqueta. — Si muere o no, no podrá volver a verlo. Haría algo sin fundamento. Es descabellado y estúpido. — Susurró lo último al hacerse un profundo corte en su brazo izquierdo.
— ¡¿Pero qué…?!
— Puedo ayudarlo. — Le ofreció al hacerse otro corte. — Pero debe funcionar. Usted debe… Estar muerto. ¿La nota decía específicamente en la escuela? — El hombre asintió. — Ya veo… Entonces quien quiera que sea… Está aquí, esperando verle muerto. Aunque no sé por qué se debe…— Se encogió de hombros al terminar con el brazo izquierdo empapado de sangre. — Muy bien, usted… Tendrá que lanzarse de la azotea.
— ¡¿Qué?!
— No se hará daño. Lo prometo. — Aseguró cuando su artículo brilló de una forma característica. — Pero no puedo dibujar sangre una vez que caiga, así que para eso estoy yo. — Sonrió mostrando su brazo maltratado. — Lo mancharé para que crea que en verdad murió, colocando de mi sangre en su cabeza..
— Pero eso lo pude haber hecho yo.
— ¿Y eso qué? No se le había ocurrido. — Sonrió con burla, pero en sus ojos había melancolía. — Además, no me gusta ver a las personas heridas, sufriendo. He tenido una mala experiencia en ello. Y de todos modos, es solo un brazo, pronto recuperaré mi sangre, no es la gran cosa. Yo fingiré tratar de detenerle.
— Pero te harás daño, mocoso. — Le regañó. La sonrisa de Atem se tornó dolorosa.
— Prefiero eso que más muertes a mí alrededor.
En cuanto llevaron a cabo el experimento, no supo por qué, pero una extraña energía se llevó todo el dolor que había sentido con la caída, había jurado que aquello había provenido del rompecabezas del chico.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
La chica, a pesar de las lágrimas, no pudo evitar sonreír. Atem era una persona extraordinaria… Y masoquista.
— No entiendo a este muchacho… Una vez descubrí que lo estaban golpeando en el gimnasio, era el grupo de Akira, pero no hice nada, ya que podrían expulsarlo… Aun así él no dijo nada al respecto, traté de defender a mi hijo, y él los defendió a ustedes, siendo que él debería defenderse a sí mismo.
—… Él se defiende, profesor… Pero de una forma muy singular.
—… Ya veo… Por favor, Masaki… Hagan creer que estoy muerto.
— Bien… pero primero debe estar como estaba, yo lo taparé por completo con las sábanas para que se crea que está muerto, cuando lleguen los médicos, tendrá que arreglárselas usted. — Sonrió con cierta timidez.
— De acuerdo, muchas gracias.
— No es nada.
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— ¡¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEÉ?! — Gritó el rubio.
— No grites, Jonouchi. — Le regañó su novia.
Todos se reunieron en la casa del rubio para hablar del tema. Estaban Jonouchi, Anzu, Mai, Yugi, Rebecca, Otogi y Honda.
— Qué fuerte lo sucedido, querida. — Comentó Mai mirando a Anzu. — ¿Cómo Atem le hizo para que el profesor no saliera lastimado?
— Probablemente fue el rompecabezas del milenio el que le ayudó.
— Piensas bien, Anzu.
Todos se giraron al oír esa voz.
— ¡ATEM! — La castaña se acercó rápidamente a él. — ¿Te encuentras bien?
— Primero… ¿Qué sucedió con...? — No terminó la frase. Anzu comprendió.
— Cuando lo subieron a la ambulancia, se escabulló y terminó en mi departamento, le presté las llaves, ya que hoy dormiré en la casa de Yugi. — Suspiró con una sonrisa.
—… Gracias, Anzu.
— Gracias a ti, viejo. — intervino el rubio. — Sí que tienes buena voluntad, aunque lo pagaste caro. — Comentó señalando su brazo izquierdo completamente vendado.
— ¿La policía no intervino? — Preguntó Rebecca.
— Claro que lo hizo, aunque tuve que mentir en algunas cosas. — Se rió. — Yugi… Espero que no te moleste que yo vuelva a casa. — Le sonrió con tristeza al menor, quien le miró extrañado.
— ¡¿QUÉ?! ¡¿TE VAS DE MI CASA?! ¡¿Por qué?! ¡¿Hice algo malo?! — Se puso rápidamente de pie el rubio.
— Lo que pasa, es que comes tanto que lo dejas sin comida. — Comentó Honda.
— No es eso. — Forzó una sonrisa. — Siento que he dejado muy solo a Yugi, y se ha encargado mucho tiempo de la tienda. Por eso le ayudaré. — Se excusó.
— Bueno, por mí no hay problema.
— Si es lo que quieres…— Suspiró algo triste e rubio tras volver a sentarse.
— Ustedes sigan hablando, yo arreglaré mis cosas.
Nadie tuvo tiempo de protestar, pues el chico se había ido directo a su habitación. Una vez que Atem estuvo solo en la habitación, apretó los puños con fuerza. No les había contado que había dejado su empleo… Sacó de su bolsillo de sus pantalones un trozo de papel maltratado. Lo leyó nuevamente: No estoy jugando, faraón. Sé quién eres y tú debes imaginarte de quién soy yo, lo de ese estúpido profesor fue solo para provocarte. Pero si no quieres que Destino o los involucrados sufran consecuencias, harás lo que yo te diga. Deja tu empleo y vuelve a la casa de tu hermanito, que lo tienes tan abandonado… El empleo es para que estés libre en cualquier momento que te necesite.
Frunció el ceño mientras arrugaba por tercera vez el papel, no sabía quién le estaba haciendo eso, pero quien quiera que fuese, estaba poseído por el espíritu del hechicero.
— Hubiese sido mejor si se mostrara enseguida, es patético hacerle daño a la gente a mi alrededor. — Pensó en voz alta con los puños cerrados.
. . .
"Tus quejas no son de mi gusto, faraón. Más vale que te ahorres tus palabras si no quieres que Destino sufra".
Despertó bruscamente al sentir una punzada en su brazo herido. Lo miró y las vendas estaban hechas pedazos, es más, había más cortes de los que se había hecho. Sabía quién lo había hecho, pero no haría nada al respecto, esa voz que escuchó no había sido un sueño. Soltó un suspiró mientras se levantaba a ir por más vendas.
— ¿Atem?
Se giró para ver a la ojiazul mirándole con cierta preocupación y curiosidad.
—… Es más de medianoche. ¿Qué haces en pie? — Le preguntó.
— Uh… Pues…— Se llevó una mano a su hombro derecho. — Me duele mucho…— Resumió.
—… Ven acá. — La tomó del brazo y la llevó a su habitación mientras prendía las luces. — ¿Puedes quitarte la camisa? — La castaña se sonrojó, incluso él, por haber preguntado de forma tan precipitada. — ¡No miraré, lo prometo! — Dijo tras voltearse y golpearse la frente. — "… Estúpido". — Se insultó mentalmente.
Anzu obedeció un poco avergonzada. Se cubrió lo suficiente y le permitió al faraón voltearse.
— ¿Puedo retirar el parche? — La castaña asintió. El chico lo retiró lentamente y analizó la herida. —… ¿Cuándo te comenzó a doler?
— Hace poco, creo que cerca del momento en que te levantaste.
— "Demasiado cerca…"— Pensó seriamente al ver unos pequeños trazos de más en el hombro de la chica. No solo a él lo habían herido. — No es nada, debe ser porque estabas durmiendo incómoda. — Mintió. — Te pondré otro parche.
-Al día siguiente-
El faraón abrió su casillero, y como esperaba, había una nota allí. La leyó: No hagas nada imprudente, si no quieres ver a Destino sufrir.
—… "Esto es molesto".
Guardó la nota como si nada y fue a clases acompañado de su hermano y de la ojiazul. Estuvo platicando con Anzu toda la noche, desviaban lo mayor posible la última misión, hablaban sobre el futuro… Sus posibles carreras. La castaña estaba muy decidida en cuanto a su futuro, ir a América y cumplir su sueño. Atem era todo lo contrario, sí, era una persona de mucho conocimiento… Y algo relacionado a ello, y que le gustara, claro, sería beneficioso. Le gustaba enseñar, de eso no había duda, le era muy cómodo enseñarle a Yugi en sus tareas, estudios… También ayudaba a los demás, le agradaba. Pero también le gustaría averiguar más cosas sobre la historia. Sobre Egipto, lo sabía tan bien como la palma de su mano, pero quería averiguar sobre otras culturas, pueblos originarios, reinos antiguos. Hasta ahora, seguía pensando en lo que podría ser una vez que todo acabara, si es que salía vivo para contarlo, claro. Aún tenía que llenar la guía que le habían entregado hace unos días. Tanto él como Jonouchi, eran un caos total…
¿Profesor…? ¿Arqueólogo?
¿Ambos?
¿Profesor de historia?
Ni idea.
— ¿Aun no decides nada? — Miró al rubio. — Yo tampoco. — Se rió. — Es que… Nunca pensé en ello. Siempre veía el futuro tan lejano… Y ahora seremos parte de la sociedad.
—… Peleas bien, Jou.
— ¿Y eso qué tiene que ver?
— No sé. — Se encogió de hombros con fingida ingenuidad. — Quizá… Puedas formar parte de la sociedad como alguien respetable, que haga lo correcto.
— Aaah, comprendo. — Se rió. —… Pero no quiero ser abogado, es aburrido. — Atem le dio un manotazo. — ¡AH! ¡¿Por qué me golpeaste?!
— Eres un poco lento. — Suspiró. — Se supone que sabes luchar bien, y tienes buenas cualidades.
— ¿Policía?
— No lo sé. Podría ser, pero deberías tener buenos reflejos. — Comentó tras comenzar a mover de un lado a otro su lápiz. — Solo doy mi opinión.
— Yugi heredará la tienda de su abuelo. ¿No le ayudarás?
— Sinceramente, sé que Yugi puede arreglárselas él solo. Honda me contó que quiere ser un hombre de negocios, para superar a Kaiba. — Se rió imaginándose el enfrentamiento de ambos en el futuro. — Creí que tú harías algo para superar a Kaiba. — El rubio bufó.
— No vale la pena. — Dijo entre dientes. Atem se rió. — Y Anzu… Se irá a América, o eso creo.
—…
— Solo espero que la hayan aceptado. Anunciaron que pronto las personas que solicitaron estudiar al extranjero, recibirían respuesta.
—… ¿Ah, sí?
— Sí. Si se va… ¿Quién me regañará? — Sonrió con melancolía. — Además de Mai, claro. — Ambos se rieron. — Si ella se va… ¿Qué será de ti, Atem?
. . .
Nunca lo había planteado en ese punto de vista. Si él lograba terminar la misión… Y si a Anzu la aceptaban para estudiar danza en América… ¿Qué sería se él? ¿Cuánto tiempo estaría fuera? ¿Volvería si ella tuviese la decisión en sus manos? Porque, con el paso de los años… TODO cambia. Y ella… Podría escoger preferir quedarse en otro continente… Enamorarse de otra persona…
Sintió una descarga eléctrica recorrerlo de pies a cabeza. Fue potente, pero lo más sorprendente, es que el dolor no le afectó, absolutamente nada…
"No pienses estupideces, Atem."
"Lo siento, Ren"
"Faraón, no piense esas cosas. Usted sabe que Destino es una persona que atezora sus sentimientos."
"Gracias, Aoi"
"¿Qué hay de mí?"
"Gracias a ambos".
"Por cierto, sí, gracias a las pruebas anteriores, te has vuelto más fuerte".
Soltó la conexión con el rompecabezas y notó que la extensión del artículo tenía razón. Siempre cuando hablaba con Ren en el rompecabezas, su energía vital era arrebatada. Pero esta vez, si es que le quitaron energía, no fue casi nada, pues él se sentía muy bien.
— Oye… ¡Atem!
— ¿Huh? ¿Qué?
— ¿Y bien? ¿Qué harías si Anzu se va?
— Pues… Supongo que la esperaría.
—… ¿Qué clase de respuesta es esa? — Bufó.
Él sonrió.
El timbre de salida sonó y todos salieron corriendo de allí, pues eran las últimas clases del día. Atem vio a Jonouchi y a Honda salir corriendo por comida. Él se rió y volvió a centrar su atención en la guía que seguía en blanco.
— Eso se entregará el próximo mes. — Se giró a ver a Anzu y a Yugi, este último había hablado. — ¿Aun no decides nada, Atem? — El faraón negó con la cabeza. —… ¿Y qué es lo que te interesa?
—… Estoy indeciso en dos cosas.
— Déjame adivinar. — Intervino al ojiazul con una sonrisa. — Arqueología y Pedagogía, ¿verdad? — El ojivioleta la miró con sorpresa. — ¿Tengo razón? — Él, lo único que pudo hacer fue asentir con la cabeza. Anzu se rió. — Era de esperarse de ti.
— Yo alcanzaré a los chicos. — Anunció Yugi al agarrar su mochila y salir corriendo.
Anzu arregló su mochila y miró al faraón que no quitaba sus ojos del papel.
— ¿Vienes, Atem?
— Ah, pues…-
Se paralizó al sentir un extraño sentimiento recorrerle. Un mal presentimiento.
—… Después los alcanzo. — Dijo al guardar la hoja con cuidado en uno de sus cuadernos. — Debo hacer algo primero.
— Bien, nos vemos despu…-
El chico se acercó rápidamente hacia ella y la estrechó en sus brazos, sorprendiendo a la castaña. El abrazo era violento, la apretaba contra él con tal fuerza que lograba arrancarle aire. ¿A qué venía esa repentina acción?
—… ¿Sucede algo malo?
— No. — Se mordió el labio, tratando de mantenerse al margen y no decirle nada. — Todo está bien…
— Pero…
— ¿Podemos hablar después? — Le preguntó una vez que se separó de ella y la miró a los ojos.
—… Claro. — Sonrió. — ¿Cuándo?
— Espérame en la entrada de la escuela, yo te alcanzo enseguida. — Sonrió con suavidad. — Prometí que contestaría tus preguntas… De aquella vez. — Anzu se paralizó. Estaba hablando del incidente. — Responderé todo, incluso… Hay cosas que quiero decirte correctamente. ¿Podrás escucharme?
—… Sí. — Apretó los puños. —… Pero…— Sacó un sobre negro de su mochila. — Ten. Ren me pidió que te lo diera cuando yo… Quisiera. Ni Ren ni yo sabemos que contiene. Él dice que tú debes saberlo primero… Y pronto… Podré leerla yo. ¿Comprendes? — Él asintió admirando el sobre. —… Nos vemos.
Anzu se acercó a la salida del aula, pero no estaba lista para salir. Se giró para verlo de nuevo. Él también la miraba, su intensa mirada se veía inalterable. Ella sonrió y salió del aula a toda velocidad.
— "… ¿Por qué me siento así? No debería, él está aquí… Pero… Sentí como… Si fuera la última vez que vería esos ojos de nuevo". — Pensó sin dar marcha atrás.
. . .
Atem admiró el diseño de la carta. Esperaba que estuviese escrito en jeroglífico, pero no. Sonrió muy seguro de la decisión que acababa de tomar.
Le diría sus sentimientos a Anzu.
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La ojiazul miraba el cielo incómoda. Tenía muchas preguntas… Eso sí, sobre lo sucedido, lo que sucede y sucedería entre ellos. Pronto sabría… TODO.
—… ¿Eh?
Miró el cielo, que en un principio estaba claro y soleado, pero repentinamente unas tormentosas y oscuras nubes cubrieron el cielo. Todo se vio repentinamente muy sombrío… De una manera muy familiar.
—… No puede ser.
Iba a entrar nuevamente al instituto, pero una mano la jaló hacia atrás, haciendo que la castaña soltara un grito de terror.
Continuará…
O_O Las cosas se pondrán bien feas u_u Ojalá les haya gustado!
Fighting!
Rossana's Mind cambio y fuera!
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