VOLVÍ A CLASES QUÉ HORRIBLE DX SUBIRÉ ESTE CAP LO MÁS RÁPIDO POSIBLE!
PD: Hay una parte de cursiva y subrayo. Ese es el contenido de la carta que Anzu le dio a Atem
PD2: Pondré flashbacks de la temporad XD y también cosas del manga momentos revshipping pero NUNCA los pusieron en la serie Utilizaré los diálogos originales en japonés, es que algunos en español latino no concuerdan para nada con lo que dicen en japonés XDDD 100% recuerdo real jejeje
Capítulo 20: Dulce Sacrificio.
Cuando terminó de leer la carta la guardó como si nada, sin embargo su contenido lo había dejado sin palabras. No podía dejarse mostrar sus intenciones… No podía. Sería difícil, y arriesgado… Pero lo haría. Sintió una presencia a sus espaldas. Sabía que él estaba allí, sin embargo no había dicho nada… Se giró para encarar al extraño, aunque como estaba oculto entre las sombras, no lograba distinguirlo con facilidad. Pero sabía de quién se trataba.
— Seguiste muy bien mis instrucciones.
—… Viniste.
— Tus insolentes pensamientos me llamaron a gritos. — Sonrió con malicia.
—… ¿Por qué lo posees a él? Es un chico con muchos problemas. No merece esto, además estás jugando con su padre.
El tipo salió de las sombras para mostrar su apariencia. Su cabello oscuro y sus ojos… Que se suponían que debían ser marrones, eran rojos: Era Akira, aunque claro, su voz no sonaba a él. Atem apretó los puños.
— Usando el cuerpo de Akira… Amenazaste a su propio padre a quitarse la vida…— Pronunció con cierto rencor. — Eres un bastardo.
— Tu familia está rellena de bastardos. — Devolvió él. El faraón no se dejó intimidar.
—… ¿Quieres comenzar ya? — Preguntó en el momento en que su rompecabezas comenzó a brillar de una manera singular y todo se volvió más oscuro de lo habitual, incluso el cielo, haciendo que el salón se volviera más sombrío. — ¿Cuáles son tus reglas?
Estarás confundido… Muy confundido cuando leas cada palabra.
Eres el último faraón en pasar por esto. Pero tu caso es diferente.
Abrió los ojos de par en par al ver que Akira, que tenía un bolso en su espalda, lo abrió y dejó caer todos los artículos del milenio restantes.
—… ¿Cómo…?
— Creí que no te sorprenderías… Le pedí ayuda a tu amiguito Bakura. Aunque claro… Se negó, sin embargo le amenacé con la vida de los involucrados, y él también es parte de ellos, pero… Siempre habrá un traidor. — Se rió. — Aun si lo hizo por ustedes, hizo lo incorrecto al creer en mi palabra.
—… Lo hizo para proteger a los demás...- — Defendió este.
— Basta de tanta charla. — Le interrumpió y sacó el cetro del milenio. — Jugaré con este, pero pronto me quedaré con todos.
— ¡Eso no ocurrirá! — Mientras decía eso, agarró con fuerza el objeto milenario que colgaba en su cuello.
Akira sonrió.
— Bien, comencemos ya. Pero antes…
Con el cetro, apuntó el rompecabezas del milenio y este último soltó un destello muy familiar. De ellos se desprendieron dos fulgores que comenzaron a tomar forma. Integraron al par de mellizos, ojos rojos y cabellos negros.
—… ¡¿Qué…?!
— ¡Hermano, esto es…!
— Cuánto tiempo sin verlos… Mis adoradas creaciones…— El chico poseído se acercó a ellos.
Ren hizo echar atrás a Aoi mientras miraba amenazadoramente al chico, sabía muy bien quien era. Lo sabía con solo escuchar su voz y mirar sus ojos.
Hay involucrados, gente leal a tu lado que te deseó una segunda oportunidad, Atem.
Entre ellos, está tu Destino. Esa persona que amarás más que a nada en el mundo.
Sabes muy bien que la felicidad no dura para siempre, tú más que nadie debe tenerlo en cuenta.
—… ¡Tú solo nos usaste para dañar a la gente! — Gritó Aoi.
— ¡Aoi, cállate! — Gritó su hermano sin despegar sus ojos del hechicero. — Aunque… Ella tiene razón. Nos usaste, si no fuera porque desarrollamos sentimientos humanos, hubiéramos matado a una gran cantidad de personas…
Akira sonrió.
— Bien, jueguen con el faraón. Yo lo haré solo, aunque tengo una gran cantidad de ventaja. — Mostró los artículos. Atem se tensó. — ¡QUÉ COMIENCE EL JUEGO DE LAS SOMBRAS!
— ¿No dirás las reglas? — Preguntó sorprendido el azabache.
— Ustedes deben averiguarlo. — Se rió. — Quien pierda… Quien se rinda o pierda… Perderá todo. Solo les daré unas pistas, una vez que el juego comience… Por más desesperados que estén… No deben moverse, ni mucho menos cometer un sonido, todo eso en cinco minutos, mientras que el oponente, yo, puede hacer lo que quiera. El más mínimo movimiento y ruido, hará que pierdan lo más anhelado para ustedes, podría ser… Sus vidas… los involucrados. — Atem palideció. — O quizás… Destino.
— ¡TÚ…!
— ¡COMIENZA EL JUEGO!
No supo cómo, pero tanto él como los mellizos habían quedado arrodillados mirando al chico. ¿Cuándo se habían arrodillado? Prefirió no seguir pensando aquello… No podía pensar con claridad… Necesitaba ganar… Y la carta…
Leerás esto cuando la última prueba de comienzo… Sufrirás mucho. Puede que pierdas algunas cosas valiosas… Que son importantes para ti.
Con las victorias y las pérdidas logras experiencias, para seguir adelante sin seguir cometiendo errores.
Debes saber quién es la persona que te está haciendo esto, luchará contigo.
Poseerá el cuerpo de un inocente, de una persona que sufre por dentro.
Y se aprovechará de esa inseguridad para tenerlo bajo su merced. No podrás hacer nada para hacerlo reaccionar. Debes seguir sus reglas, aunque no quieras.
— "Esto será un poco difícil…"
— "Dímelo a mí…"
—… "¿Podemos comunicarnos a pesar de…?"
— "Claro que sí, aunque… Este es un juego de las sombras, esto si nos quitará energía. A los tres."
— "¿Qué podemos hacer?"
— "Ese sujeto dijo… Que no podíamos movernos en cinco minutos…Ese maldito bastardo… Los segundos se volvieron minutos."
— "¡¿QUÉ?!"
— "¡Es cierto! La manija grande se mueve muy lento… Entonces… Si cada "segundo" equivale un minuto… Y necesitamos estar así cinco minutos… Cinco minutos son… Trescientos minutos… Entonces…"
— "… Esto no será nada fácil… ¡Pasaremos aquí una eternidad!"
— "¡¿Qué haremos ahora?! Nos quedamos en una posición que nos va acalambrar los músculos, caeremos, y haremos ruido… ¡MIERDA!"
— "¡Cálmate, Ren!... Así no solucionaremos nada."
— Deberías escuchar al faraón, Ren.
Los tres se tensaron más de la cuenta, pero no podían moverse… O todo estaría acabado. Akira comenzó a caminar alrededor de ellos tratando de hacerlos sentir más incómodos de lo que ya estaban. Atem apretó los dientes, tratando de no soltar un quejido cuando Akira usó el cetro y le enterró la punta del artículo en su hombro. Sentía la sangre salir de su herida, pero no podía moverse… Debía ser fuerte… Siguió inspeccionando a les tres y se arrodilló en frente de Ren. Esta vez, usó una navaja de su bolsillo y sin moverlo, le escribió algo en la mejilla con la navaja. Había escrito: TRAIDOR. El azabache tenía todo tipo de pensamientos inhumanos de cómo hacerle sufrir a ese hechicero. Finalmente, se acercó a Aoi, que tenía los ojos llorosos, asustada por Atem y Ren.
— ¿Qué pasa, Aoi? ¿Muy asustada?
Ren quiso matarlo en ese mismo momento, nadie tocaba a su hermana, era lo único que tenía… ¡Nadie le haría daño! Estaba a punto de cometer el error, cuando una voz en su mente lo frenó.
— "¡IDIOTA! Está haciendo esto a propósito. Y sé que nos está leyendo la mente… Pero contrólate. No le hará nada…-"
— ¿Eso crees, faraón?
Aoi seguía rígida, aguantando las lágrimas.
— ¡¿Pero qué…?!
— "¿Ren?"
— "¡ATEM! ESTO ES… YA LO ENTENDÍ, ¡ESTO ES…!"
— Basta de telepatía. — Interrumpió Akira. — Cada uno debe averiguar de qué se trata esto.
Atem maldijo al sujeto. ¿Qué más quería?
Por más que quieras ayudar a tus camaradas, no puedes. Un juego de las sombras debe ser justo y limpio. Y el hacer trampa, no sería recatado de ti.
Por más desesperado que estés, quieres seguir altivo.
Sin embargo…
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— ¡Yugi! ¿Adóne vas? ¡Acabamos de llegar!
— ¡Lo siento, mamá! ¡Pero tengo que irme! ¡También lo siento abuelito!
El pequeño tricolor siguió corriendo con Rebecca lo más rápido que podían sus piernas. Apenas su abuelo su madre habían vuelto, el cielo se había oscurecido rotundamente, de una forma muy familiar. Rebecca no pareció entenderlo, pero al ver la mirada de Yugi, comprendió todo. Ambos corrían a un lugar sin dirección, pues no sabían… No sabían dónde estaba Atem.
— ¡Yugi!
Se paralizó al oír esa voz. Se giró para mirar a los hermanos Ishtar.
—… Marik… Ishizu-san. — Tartamudeó y comenzó a temblar de pies a cabeza. —… ¿Qué hacen aquí?
— Los artículos del milenio fueron robados.
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— ¿Pero cómo…? Ustedes los tenían en Egipto…
— No sabemos cómo ni por qué, pero rastreamos al ladrón hasta aquí, y estoy segura que está relacionado con la estadía del faraón.
—… ¡Tenemos que llamar a los demás! ¡Esta oscuridad…! ¡Esta penumbra es…-!
— Un juego de las Sombras. — Completó Marik tensándose un poco. Sí, conocía muy bien el ambiente. Ishizu posó su mano en el hombro de su hermano para brindarle apoyo. Él sonrió un poco con el gesto. — ¿Qué ha sucedido con Atem?
— ¡Es una larga historia! — Dijo comenzando a correr de nuevo. Los demás siguieron al pequeño. — ¡Rebecca, llama a Honda-kun, Jonouchi-kun y a Anzu!
— ¡De acuerdo!
— ¡Yo iré comenzando por el muelle! ¡Nos reuniremos en la estación Domino!
— ¡Está bien, Yugi!
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Sin embargo… Siempre hay peros, y este es:
DEBES SALVAR UNA VIDA INOCENTE.
Y no, no te puedo decir de quien se trata. Debes averiguarlo por ti mismo.
Nuevamente las palabras de la carta se grabaron en su memoria… Tenía que salvar a esa persona.
— ¿A quién tienes que salvar, faraón? — Preguntó leyendo su mente. Él le miró con rencor.
— "… No es de tu incumbencia". — Pensó con cierta molestia. Sus músculos comenzaban a entumecerse. Ren tenía razón, estar en esa posición era dificultoso. Y no sabía si era su imaginación, pero el suelo parecía arder como el infierno. Sus manos estaban posadas en él, y podía jurar que tendría unas graves quemaduras, pero el dolor fue tan fuerte, que ya ni siquiera podía sentir sus manos. No podía moverse ni hacer ruido, era un sacrificio que debía pagar. También el ambiente… Apenas podía respirar en silencio. Sentía como si el aire se desvaneciera en cada segundo.
— No te rendirás, ¿eh?
—…
— Bien, hagamos este juego más interesante.
Como su cabeza estaba levemente inclinada, no lograba verle bien, pero notó que había una segunda persona a su lado. Era un poco más bajo que Akira. ¿Quién podría ser…?
—… Atem…
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—… "No puede ser… No, no es cierto… ¡NO PUEDE SER!"
— Es cierto, faraón… Tengo a Destino en mis manos. — Pudo ver un poco de ella, los zapatos de la castaña. Era verdad.
—…
— ¿Qué harás? Tengo a Destino en mis manos. Si la salvas, tanto tú como esos dos perderán. Pero si ganas, perderás a esta hermosa muchachita.
Escuchó un sollozo femenino, ¡¿qué demonios le estaba haciendo?!
—… "Cálmate, Atem… Puedes hacerlo. Algo me dice que las manijas del reloj son solo una ilusión, nosotros consideramos cada minuto una hora, pero debe ser mentira, así que… Tengo que… Calmarme… Pronto… Salvaré a Anzu". — Pensó, sin embargo los gritos de la castaña eran… Desgarradores.
— ¡NO, ATEM! ¡NO TE ACERQUES! ¡NO TE PREOCUPES POR MÍ…!— Gritó nuevamente.
Sentía su corazón contraerse de dolor al sentir el llanto desesperado de la chica. Vio unas cuantas manchas rojas caer al suelo. Se paralizó.
—… Ba-Basta…— Murmuró, o quizá lo había dicho mentalmente, no estaba seguro de haberse oído a sí mismo…
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—… ¡LA ESCUELA! ¡Toda la oscuridad proviene desde allá! — Anunció Ishizu.
Todos asintieron y salieron corriendo en dirección al lugar. El corazón de Yugi latía más rápido de lo normal, aunque no sabía qué sucedía, y su lazo con Atem se había disuelto, podía sentir y asegurar que el faraón estaba desesperado, lo que fuera que estuviese pasando, debía ser una devastación para él. Además, estaba preocupado… Jonouchi y Anzu no contestaban el teléfono. Solo Honda estaba con ellos, ¿qué sucedió con los otros?
Apenas entraron, algo anduvo mal… Yugi se estremeció por el repentino cambio de temperatura. El lugar estaba horrendamente frío, pero lo peor es que apenas había aire para una persona. La regulación del corazón de todos los presentes se aceleró por la desesperación de no poder respirar correctamente. Yugi miró el suelo, este ardía, podía sentirlo incluso con sus zapatos puestos… Era… Muy extraño.
—… ¡Atem debe estar en el salón! — Pensó en voz alta. — Vamos, no es muy lejos.
Subieron las escaleras, doblaron dos veces y abrieron la puerta. Yugi palideció.
—… ¿Qué…?
—… Yugi… ¿Estás seguro que es el salón correcto?
— ¡Claro que es el correcto, Marik! — Contestó Honda, pero muy confundido.
— No puede ser…— Volvió a cerrarla y a abrirla. Todos contuvieron el aliento, la sala había cambiado nuevamente.
—… ¿Yugi? — Preguntó la pequeña rubia mirándole asustada.
—… Es obra del juego de las sombras, no podremos alcanzarlo… Toda la escuela se volvió un laberinto, que cambia de habitación cada vez que abres y cierras cada puerta…
Rebecca miró el estado de Yugi, estaba aterrado por el bienestar del faraón, después de todo, él había salido herido, según el pequeño, por culpa suya. El tricolor cerró y abrió la puerta incontables veces mientras los salones seguían cambiando y sus ojos se llenaban de lágrimas.
— ¡¿Yugi?! — Trató de calmarlo el castaño.
— ¡ATEM! — Gritó. — ¡Contéstame! — Golpeó la puerta. — ¡¿Ahora qué vamos a hacer…?!
— ¡YUGI! — La blonda lo agarró del brazo con los ojos llorosos. — Desesperarse no nos ayudará en nada… ¡Hay que seguir intentando!
—…
— ¡Rebecca tiene razón, Yugi! — Concordó Marik. Ishizu y Honda asintieron.
El pequeño los siguió mirando con tristeza, se secó las lágrimas y asintió. Los cinco se separaron para inspeccionar.
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Trató de tragar saliva lo más silencioso posible, definitivamente el aire se estaba acabando, al parecer Akira no parecía ser afectado. Miró de reojo a los mellizos, que estaban en el mismo estado que él, en un estado de trance. Eso ya le estaba volviendo loco… Además…
Luchó nuevamente consigo mismo para controlarse al escuchar otro grito desgarrador por parte de la castaña. Manchas rojas cayeron al suelo, tenía que…
— "Anzu…"
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Pudo sentir el pánico en el corazón de Yugi, lo que significaba problemas. Su oscura presencia tomó el lugar del inocente, saliendo él a flote, dándose cuenta de la situación, Anzu, la amiga de su otro yo, estaba siendo. Sí, era su primera vez contemplándola en "persona"… Sin duda, esa muchacha era un ángel… Que no merecía esto.
— "A los que maltraten a mi preciosa Anzu, merecen sufrir… Sin embargo, haré que el destino decida su castigo". — Pensó mirando fijamente al sujeto que había golpeado a la ojiazul. Sí, puede que no fuese mejor o peor que el sujeto, pero la salud de esa persona ya sería algo vital para él.
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Ya había terminado con el idiota de Kokurano, que había querido propasarse con su preciada ojiazul.
— "Se debe tener coraje para conocer su propio rumbo, sin embargo este tipo no tendrá ese coraje jamás…"— Vio al sujeto durmiendo como un tronco, dejando ver todas las predicciones escondidas debajo de su capa. Realmente patético, sabía que no despertaría hasta mañana… Aun así, en parte estaba agradecido con él, eso pensó cuando se acercó a la castaña durmiendo plácidamente. — Eso no es nada comparado con este bonito rostro dormido. — Susurró tras cargarla en sus brazos y llevársela de allí
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—… ¡No te preocupes, Yugi! Ya vendrá el otro año…
— ¡Pero debe haber una forma de poder recuperlo!
—… Estoy segura de que todos ayudarían…— Susurró dándole la espalda, ocultando sus lágrimas, aunque Yugi las pudo ver perfectamente.
"Él", apenas sentir la tristeza en el interior de su otro yo, logró entenderlo por las lágrimas de la castaña… La ira lo carcomió, ¿cómo se atrevían a hacerla llorar?
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— ¡Anzu! — Tomó su mano para que evitara caer y la atrajo hacia él.
Sabía que había cometido un error mostrando su "otra cara", pero el bienestar de la ojiazul era lo que más le importaba. Pudo sentir notoriamente que Anzu se dio cuenta de que esa voz no le pertenecía a Yugi, sino a él… Al "otro".
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—… Umm… Yugi…— Se giró a verla. Ambos sabían que no era el "verdadero Yugi", pero.. ¿Cómo llamarle entonces? — Puedes tener esto. — Le extendió el segundo llavero con mucha timidez. — De veras… Pu-Puedes tenerlo, quizás sea de ayuda…
— "Anzu…"— Estaba conmovido.
—… ¿Es…? ¿Inútil…? Eso pensé…— Murmuró.
— ¡Anzu! — Estrechó en su mano el objeto que la castaña le había dado. — Puedo encontrarlo con esto.
Ella le regaló una tímida sonrisa, que para él, iluminó su oscuro corazón.
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— ¡YUGI, NO LO HAGAS! — Corrió hacia él, sin embargo él ya había ordenado a atacar a Kaiba, él perdería su vida si…— ¡Vuelve a la normalidad! ¡VUELVE A HACER EL YUGI DE ANTES!
Algo en el interior de su ser… No supo por qué… Pero se había quebrado… Se había hecho pedazos ante esa petición… Ella… Le tenía terror, porque de no ser por ella… Él hubiese asesinado a Kaiba… Anzu prefería… Al "Yugi normal", no a él, un intruso, un ser oscuro… Dejó que Yugi tomara todo el control. Ya no quería volver a mostrarse ante ella… La había lastimado… Dejó caerse de rodillas en el momento en que su compañero interior sintió pánico.
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El que Johnny Steps le invitara a bailar, ya le había provocado urticaria de la rabia, pero el que la castaña aceptara con esa sonrisa tan propia, lo hizo estallar mentalmente. Quizá lo que sentía con Anzu era algo como… "Sobreprotección de hermanos"… ¿Verdad?
— Si pierdes, pasarás la noche conmigo.
Anzu puso cara de pocos amigos, cosa que lo alivió un poco.
—… Bueno, aunque quizás por eso quisiste participar.
— Eres un cerdo. — Contestó esperando que la máquina diera comienzo.
— Music! Stand by! Go!
Apenas la música comenzó, ignoró todo lo demás, los aplausos, las adulaciones, ya fuesen hacia la castaña o hacia Johnny, había pasado por alto todo… Solo tenía sus ojos fijos en Anzu… Ella definitivamente tenía un don… Muy especial.
— "Nada mal, Anzu". — Sonrió.
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— ¡Eso fue muy divertido! Puede que 100 yenes sean poco, pero como es algo que representa poner fe en tu sueño, significa mucho. — Mencionó viendo el atardecer a su lado.
—… Poner fe en tu sueño…— Repitió. — Sin embargo, si te quedas allí mismo, no podrás avanzar.
—… ¿De verdad piensas así?
Él se apoyó en las barandas.
— Quiero saber quién soy… Quiero saber a dónde debería ir… Pero si sigo manteniéndome de esta manera, siempre necesitaré la ayuda de Yugi… Y estoy seguro que él lo quiere así. — Susurró. Pero él no quería depender de nadie, quería seguir por sus propios medios.
—… Puede que haya dos Yugis en un cuerpo, pero ahora estás mostrando tu propio corazón. — Él le miró. — Así que… Sé honesto contigo mismo. — Le miró regalándole una sonrisa. Él asintió.
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Tantas veces… Prometiéndose NUNCA MÁS dejar que ella resultara herida… Incluso… Lo sabía… Él tenía muy claro… Lo que iba a hacer…
Aoi y Ren palidecieron al oír al faraón colocarse de pie…
Sonreirías dándote cuenta de lo simple que pudo haber sido ganar.
Conocer la verdad te causará un extraño temor, sin saber qué perderás…
—… Ya basta. — Habló finalmente, pero con mucho esfuerzo. Apenas tenía aire en los pulmones.
Una sonora y cruel carcajada soltó Akira, extrañas energías oscuras rodearon al faraón y a ambas extensiones, nuevamente volviéndolos inmóviles, solo que de una forma más dolorosa.
La castaña que todo este tiempo esto gritando de dolor, fue solo una ilusión del juego… Pudo comprobarlo cuando el cuerpo y las manchas de sangre se desvanecieron como si nada.
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Atem había perdido.
Debes ser tú quien pierda, Atem… No huyas… Hijo mío.
Incluso si eso significa que este día sea el último que estés con vida.
Te quiere mucho… Tu madre.
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Jonouchi y Anzu corrían por los pasillos del instituto, estaban exhaustos y apenas podían respirar.
—… Jonouchi… ¿Qué vamos a hacer?
—… No lo sé, estoy seguro que hemos corrido hace más de dos horas pero…— Vio su reloj. — Solo han pasado tres minutos.
—… Esto es obra de ese juego…
— Pues gracias a Dios que te encontré para que Atem no me matara si algo malo te ocurría.
Sí, la persona que había agarrado a Anzu antes, había sido Jonouchi, quien le había pegado un susto de muerte a la pobre castaña, sin embargo decidieron entrar para buscar al faraón, pero notaron que mientras más corrían, más largo era el trayecto. Estaban cansados y sentían que morirían en cualquier segundo.
Las energías oscuras comenzaron a juntarse hasta dirigirse velozmente a un lugar en específico, quizás… donde...
— ¡Allí debe estar Atem! ¡Vamos, Jonouchi!
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Pudo sentir… Como literalmente su corazón humano era atravesado con crueldad… Una enorme mancha de sangre se tiñó en su uniforme escolar. Cayó al suelo respirando desesperado.
— ¡Atem! — Se acercaron los mellizos.
— ¡USTEDES TAMBIÉN PERDIERON! — Con el cetro del milenio desprendió una descarga hacia ambas extensiones, que clamaron de dolor. — ¡DESPÍDANSE DE LAS COSAS MÁS IMPORTANTES PARA USTEDES! Aunque… conociendo a tu patética familia, faraón… Lo más importante y preciado para ti debe ser tu propia vida, ¿verdad?
—… Te equivocas.
— Da igual, de seguro es Destino. Morirán ambos, que deliciosa ironía.
Atem apretó los labios, evitando escupir sangre. El dolor aumentaba cada segundo y los latidos de su corazón se hacían cada vez más lentos. Inhaló lentamente…
—… "Madre… ¿Tú sabes qué es lo más importante para mí? Anzu… Es todo para mí, pero… Jonouchi, Yugi, Mai, Honda… Todos… ¿Qué es lo más importante…? ¿Los perderé a todos…? ¿Solo por salvar a Akira? Aunque no me arrepiento de nada… Es… Injusto que ellos tengan que morir…"— Pensó cuando vio a Ren y a Aoi transformarse en destellos que se hicieron pedazos. Tampoco quiso perderlos a ellos… No quería…
Contuvo el aliento cuando una gran cantidad de energía sombría se dirigía hacia él con intención de dispararle o algo similar, y se incrustó en todo su cuerpo. Eso ya… No lo soportó más.
Soltó un sonoro bramido de dolor, pues eso había provocado que los latidos de su corazón se detuvieran.
— "Anzu…"
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Corría a toda velocidad, había perdido de vista aquella nube extraña que se había formado, pero es no la detuvo, excepto un doloroso grito que resonó por todo el pasillo. Sus pasos lentamente se detuvieron junto con los de Jonouchi.
—… Anzu… Ese fue…
La ojiazul se llevó una mano a su collar.
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— ¿Sucede algo, Atem?
Él mantuvo sus ojos en el suelo unos largos segundos, que consideró horas. Finalmente el chico sacó algo de su bolsillo, envuelto y se lo extendió a ella.
— Yo también quise darles algo a ustedes. — Susurró.
Anzu, con las manos temblorosas, lo aceptó. Deshizo el pequeño sobre y se sorprendió de sobremanera al darse cuenta de lo que era. Era una cadena de oro, que tenía como dije una forma de pieza de rompecabezas. Tenía gravada una "A" en el centro. Usualmente las chicas se esperaban algo similar o mejor, pero para ella, el regalo era perfecto, pues se lo había regalado él.
—… Es precioso. — Murmuró con una sonrisa. Atem no dijo nada, la siguió observando en silencio. — Es la primera vez que alguien me regala algo así. — Sentía unas enormes ganas de llorar, pero no lo haría. Preocuparía a Atem y eso era lo último que quería. Finalmente lo miró con una hermosa sonrisa y se abalanzó sobre él en un fuerte abrazo. — ¡Muchas gracias, Atem!
El faraón correspondió con cuidado su abrazo. Lo escuchó suspirar y ella se separó mirándolo con una sonrisa.
— ¡Lo cuidaré con mi vida! — Aseguró mientras se lo colocaba. Él solo asintió. — ¿Y qué les darás a los demás?
— Es un juego de rompecabezas. — Explicó mientras sonreía. — Son seis piezas, para completarlo. Y ustedes son muy importantes para mí, creí que de esa manera… Les demostraría que cada uno de ustedes tiene un trozo de mi corazón en su interior.
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Estrechó con fuerza el dije. No podía ser… Siguió corriendo, olvidando que Jonouchi le estaba hablando y corrió donde su corazón le decía. Finalmente… Dio con el salón de clases… Temerosa acercó su mano para abrir la puerta, pero… Tenía miedo… Deslizó rápidamente para entrar y lo que vio… Hizo que algo en su interior se retorciera de dolor.
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Atem estaba en el suelo, a su alrededor una mancha de sangre, proviniendo de su pecho. No parecía… Se acercó rápidamente a él.
—… Atem… ¡ATEM! — Su voz se quebró. —… "¿Quién te hizo esto? ¿Quién y por qué?"
Lo zamarreó con cuidado, y para su sorpresa, el faraón abrió los ojos, con una expresión cansada, suspiró mientras sonreía con tristeza.
—… Hola, Anzu…
—…— Sollozó. ¿Cuándo había comenzado a llorar? — Atem… ¿Qué…?
—… ¿Sabes? Aunque el corazón deja de funcionar… El cerebro te ayuda a aguantar aproximadamente siete minutos para seguir con vida, pero nada más…— Se rió con suavidad, aunque al hacerlo le provocó una horrible punzada en el pecho. — Ugh…— Jadeó.
— ¡N-No digas más! Pronto… ¡Pronto todos estarán aquí y…! ¡Y estarás bien y…!— Un par de lágrimas se mezclaron con la sangre de la herida del faraón, quien la miró y borró su sonrisa.
—… Sabes muy bien que… Ellos llegarán muy tarde.
—… ¿Por qué no dijiste nada? — Sus labios temblaban, apenas podía procesar ver a Atem en ese estado.
— No podía… Permitir que salieras herida… Jamás me lo perdonaría…— Miró el techo. — Aunque me siento culpable… Ren y Aoi… No se merecían esto.
—… Ellos…
— Fueron enviados al reino de las sombras… Y pronto yo moriré y les haré compañía.
—… ¡Basta! ¡No digas eso! — Con cuidado de no seguir hiriéndolo, aun así lo abrazó con fuerza.
No quería perderlo, él había dado su vida con tal de salvar la de ellos… ¿Por qué ella nunca podía devolverle el favor?
—… No te vayas… No nos hagas esto… No me hagas esto…
—… Oye, Anzu…— Su voz se quebró, no podía respirar. — Uh… ¿Recuerdas…? ¿Qué yo necesitaba…?
—…— Se separó de él para mirarlo.
—… ¿Decirte algo? — Finalmente completó con esfuerzo.
— Sí… Lo recuerdo. — Asintió asustada al sentir como el faraón con su mano se aferraba con fuerza a su chaqueta escolar.
—… Yo…— Gimió y cerró los ojos con fuerza. — An… zu…— Un último suspiro escapó de sus labios mientras dejaba caer su mano, inerte.
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—… ¿Atem?
Tomó su mano rápidamente, estaba helado. Miró su rostro…
.
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Ignoró el hecho de escuchar el grito de los demás… Sus pasos acercándose por los pasillos. Había pasado por alto todo aquello.
Todos llegaron al salón y lo peor sucedió.
Encontraron a Anzu abrazando con fuerza al faraón mientras esta lloraba desconsoladamente, manchándose sus ropas con la sangre de él.
Continuará…
Q_Q Creo que lloré escribiendo esto, Dios Ñe, no se depriman, quedan 10 capítulos más, pueden pasar muchas cosas!
Fighting!
Rossana's Mind cambio y fuera!
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