…
No encontraré mis archivos.
Hice lo que pude, y no los encontré, traté de recuperarlos a través de esta misma página, pero algunos se salvaron, bueno, ni modo, no se preocupen, escuchar música es lo mejor! Es la mejor fuente de inspiración que tengo (: Jejeje volví, no del todo recuperada, pero estoy bien e.e
VAYAMOS AL CAPÍTULO!
PD: La canción del capítulo anterior se llama "Things Left Unsaid" Es muuuuy triste ):
Capítulo 22: La Carta de la Muerte, la Carta de la Salvación.
— ¡Anzu!
Se removió, no quería despertar, estaba sumida en la oscuridad y le daba igual, pues… ¿Qué más quedaba? Además…
— ¡Anzu!
Tembló, tenía frío. Estaba… ¿Mojada? Tomó una bocanada de aire, pero al hacerlo, se atragantó con el agua en su boca, comenzó a toser, un poco asustada. ¿Qué había pasado?
— ¡Anzu!
Abrió los ojos, para encontrarse con los ojos de sus amigos.
—… ¿Qué…?
— ¡¿En qué estabas pensando?! — La levantó el rubio para que se sentara, sacudiéndola de los hombros. Ella no comprendió, no sabía de qué estaban hablando.
—… ¿De qué hablan?
— Primero, ¿qué hacías aquí? ¿Planeabas quitarte la vida?
Ella parpadeó varias veces, se miró su uniforme mojado, aun habían manchas de sangre en él… Se miró y se encontró en el muelle, al borde del mar. ¿Había caído? Volvió su vista a sus ropas… Esa sangre…
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
No quería perderlo, él había dado su vida con tal de salvar la de ellos… ¿Por qué ella nunca podía devolverle el favor?
—… No te vayas… No nos hagas esto… No me hagas esto…
—… Oye, Anzu…— Su voz se quebró, parecía no poder respirar. — Uh… ¿Recuerdas…? ¿Que yo necesitaba…?
—…— Se separó de él para mirarlo.
—… ¿Decirte algo? — Completó con esfuerzo.
— Sí… Lo recuerdo. — Asintió asustada al sentir como el faraón con su mano se aferraba con fuerza a su chaqueta escolar.
—… Yo…— Gimió y cerró los ojos con fuerza. — An… zu…— Un último suspiro escapó de sus labios mientras dejaba caer su mano, inerte.
. . .
—… ¿Atem?
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
Se llevó sus manos a sus ojos, cubriéndolos con la intención de borrar el recuerdo. Entonces… Lo recordó. Se giró a ambos lados buscando una mirada familiar, sin embargo…
—… Anzu… Sé que es difícil… Pero… Él no está aquí.
—…— Sus ojos no estaban llenos de lágrimas por eso, además, sabía que él no estaba ahí con ella… Pero aún tenía sus dudas. —… ¿Dónde está Yugi?
— Fue a casa a contarles al abuelo y a su madre. Además, él fue quien te salvó de que cometieras semejante locura.
—… Yo no…-
— ¿Tú qué? — Le acusó el rubio en tono molesto.
— No quise… Quitarme la vida…— Aclaró frunciendo un poco el ceño. — ¿Por qué hacerlo? Esto no es fácil, es verdad, pero no por eso me suicidaré… A él no le gustaría.
.
.
.
Jonouchi suavizó su mirada. Mai solo asintió, Honda seguía en silencio y Rebecca miraba a la castaña de una manera distraída. Todos estaban afligidos. Jonouchi, Mai y Honda no sabían que hacer, hicieron lo posible y hasta lo imposible para salvar al faraón, para volverlo una persona normal, y fuese feliz con la bailarina. Rebecca sabía que ese par debía estar junta, y se sentía culpable de no ponerse en lugar de los demás, pero antes… Cuando Yugi sacó a Anzu del agua, se había mostrado tan frío con ella… Que comenzaba a preguntarse si de verdad él había logrado superar a la castaña. Detestaba sentirse así… Se sentía una completa egoísta.
—... ¿Sucede algo, Rebecca?
Pestañeó para ver a la castaña.
—… No.
—… Bien…— Se puso de pie con mucho esfuerzo. — Iré a casa… A despejarme un poco… ¿Sí? Adiós, chicos…
— Pero, Anzu…— Quiso intervenir la rubia de ojos lilas, sin embargo Anzu había salido corriendo de ellos. — ¿Estará bien?
—… No lo sé. — Contestó sinceramente.
Jonouchi también estaba algo dudoso de sus pensamientos, esa aura tan oscura… Y cuando encontraron a Anzu…
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
Jonouchi iba a salir corriendo tras Anzu, quien había salido corriendo rápidamente, pero Mai lo detuvo.
—… ¿Qué haces, Mai? En ese estado, Anzu podría…-
— Hay que esperar… Tal vez necesita soltar toda esa tensión.
—… Pero…-
— No hay peros. — Presionó con más fuerza su mano en su hombro. — Si no regresa, iremos por ella.
Escucharon unos pasos acercarse, se giraron para ver a Yugi con la cabeza gacha, ocultando su rostro con sus flequillos dorados. Llevaba puesto el rompecabezas, se veía intacto, desde como lo habían visto por primera vez, ya no estaba manchado de sangre, el oro brillaba en cada tono de luz que había.
—… ¿Yugi?
El aludido se detuvo, sin dejar de mirar el suelo.
—…
— Huh… Anzu… Anzu no está bien… Ella salió de aquí conmocionada… Y no sé si…-
Calló abruptamente cuando el rompecabezas de Yugi resplandeció de manera singular. El chico no se inmutó y salió corriendo del hospital a toda velocidad, dejando a todos sorprendidos.
—… ¿Desde cuándo Yugi es tan alto? — Preguntó Honda inclinando su cabeza.
—… ¿Y desde cuándo es tan rápido? — Continuó el rubio.
Rebecca miró la escena un poco preocupada.
—… Yugi…
— Será mejor que vayamos tras él. — Suspiró la rubia mayor.
— ¡Hace unos segundos decías que nos quedáramos!
— Pero por la reacción de Yugi, puede que le ocurra algo malo a Anzu. — Miró con reproche a Jonouchi. — ¡Vamos!
Cuando salieron, ni siquiera lograron divisar al tricolor.
—… ¿Adónde se fue?
—… Ni idea.
"Muelle".
Todos dieron un respingo al oír una voz en su mente. ¿Quién?
—… Huh… Tal vez… ¿El muelle? — Susurró el rubio un poco inseguro.
Todos lo miraron con sorpresa y desconcierto, pero ninguno se negó. Cuando apenas estaban llegando, aceleraron aún más el paso cuando divisaron al menor salir del agua con… una muchacha en sus brazos.
— ¡¿Pero qué…?!
— ¡¿Anzu?!
— ¡ANZU!
Yugi solo la dejó en el suelo, la estrechó un segundo en sus brazos y finalmente la dejó en el suelo, recostada. Se puso de pie y comenzó a irse. El rubio lo alcanzó.
— ¡Yugi! — El aludido, a un par de metros de distancia, se detuvo.
—…
— ¿Qué pasó con Anzu? ¿Acaso quiso…?— No quiso completar la frase. El tricolor se encogió de hombros, sin saber. —… ¿Vas a casa? — Él asintió con la cabeza, pero él seguía sin pronunciar palabras. — ¿Le contarás a tu abuelo y a tu madre? — Él volvió a asentir. —… Bien… Ve con cuidado a casa.
Una vez más, afirmó con la cabeza y se fue a largas zancadas.
Finalmente Jonouchi acompañó a los demás para hacer reaccionar a la castaña.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Anzu buscó su pijama en su armario y lo dejó extendido en su cama. Entró a la ducha y dejó que el agua caliente quitara el frío de su piel y su corazón. Estaba confundida y asustada… No sabía qué hacer…
Al salir, se dejó el cabello mojado mientras se vestía y se lanzó a su cama. Estaba… Aterrada.
.
.
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Desde ese entonces, todos los días, sin excepción, los chicos iban a visitar al faraón, pero este seguía sin reaccionar, no daba esperanza alguna en sus amigos. El abuelo de Yugi de vez en cuando iba a visitarlo, pero… Nada. Él simplemente, estaba vivo solo por las conexiones de esas máquinas. No tuvieron más opción que volver a la escuela, le contaron al profesor que había salvado Atem sobre su situación. Este entristeció, ya que no pudo agradecerle lo que había hecho por él. Akira seguía sin aparecer, se había esfumado. De vez en cuando, Yugi también desaparecía, algo muy inusual para los presentes. Mai, como no iba al instituto, iba a ver al tricolor mayor en casos de alguna señal cuando los demás no podían verlo, pero… Todo siguió absolutamente igual.
Anzu estuvo unos días usando uniforme de hombre, que le había prestado Yugi, pues el suyo se negaba a limpiarse por completos con las manchas de sangre del chico en coma, hasta que finalmente se limpió por completo.
"Pareces afligida"
Sí, desde que había ocurrido el accidente del faraón, algo le perseguía, no sabía si era su mente, o era verdad, porque después de todo lo que había pasado, ya no dudaba de los espíritus que podrían asecharla.
—… "Ya es algo normal en mí"
"¿Ah, sí? Vaya, vaya…"
Destilaba burla, lo sabía… esa voz era tan familiar… Pero su mente estaba bloqueada, después de lo sucedido, no era capaz de pensar con claridad.
—… "¿Eres real?"
"El que no puedas verme, no significa que no sea real"
—… "Buen punto… Oye… ¿Acaso existen las terceras oportunidades?"
"… Creí que solo daban segundas, aunque si es una persona honorable, no veo el por qué no debería merecerla"
—… "El alma de las personas a punto de morir…"
"Hay veces que el alma de las personas salen del cuerpo para huir, o para morir de una buena vez… Y en pocos casos… Son arrebatadas y vagan en la soledad"
La castaña entristeció, soltando un suspiro. Cuando Yugi la salvó… ¿De verdad él fue? Era tonto hacerse esa pregunta, lo sabía. Pero no le costaba para nada alucinar y volverse loca de dolor. Pero no lo haría… Eso a Atem no le gustaría… Definitivamente no.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
Se detuvo en el muelle y siguió llorando, secándose las lágrimas en vano, seguían cayendo esas gotas saladas. Escuchó unos pasos acercarse rápidamente hasta que se detuvieron. No estaba cerca, lo podía sentir, y sabía quién era.
—… Yugi… Vete… No haré ninguna estupidez, es solo que… Necesitaba estar sola… Esto… Lo de Atem, Ren y Aoi… No lo asimilo…— Estaba al borde, daba un paso más, y caería a las frías aguas, pero no lo haría, sería estúpido. —… Me duele mucho, pero… No haré nada de lo que me arrepienta y ustedes también… Y no estoy molesta contigo por haberle dicho mis sentimientos a Atem… Pero el que él… Esté así me duele…
—…
—… Así que… Necesito estar sola…-
— La vida tiene momentos buenos y malos… De los buenos se disfruta… Y de los malos se aprende.
Se paralizó al oírlo hablar… Esa voz… ¡Esa voz! No podía ser posible… Se giró para verlo.
.
.
.
El tricolor tenía el rompecabezas puesto, como en los viejos tiempos, sin embargo… Su rostro se veía diferente…
Era su rostro.
Pero había una pequeña diferencia… Los ojos de él eran carmesí, fríos, calculadores, llenos de malicia.
—…
Su vista se nubló y se tambaleó, dando un paso hacia atrás, olvidando que caería. Cerró los ojos al sentirse sumergida en el mar, se retorció aun dentro de él, asustada. Apenas se podía mover, estaba en shock. Sintió unos brazos envolverla para sacarla. No abrió los ojos, no podía ser, no quería verlo de nuevo… No quería engañarse de nuevo. Tosió un poco cuando la sacó y la sentó nuevamente en el suelo, aun lo sentía cerca.
—… Eres muy descuidada…— Susurró al estrecharla un segundo en sus brazos.
Su voz era inconfundible…
Luego la dejó recostada ahí, ella comenzó a dejar su mente en blanco cuando lo escuchó alejarse al oír las voces de sus amigos.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
Suspiró nuevamente.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Abrió lentamente la puerta de la blanca habitación. Allí estaba él, nuevamente en ese estado tan lamentable. Sus ojos, como siempre, cerrados, indiferentes a lo que sucedía en su corazón y en el de los demás. No lo culpaba, no estaba presente. Al principio lo culpó, pero ahora analizaba la situación con la cabeza fría. Él debía tener motivos, pero ¿Cuáles? Su pecho vendado por la espantosa herida que estaba allí, era incapaz de verse, pues las vendas se entrometían. De todos modos, la castaña no quería averiguar cómo estaba esa herida, el verla la primera vez, le había hecho sentir pánico. ¿Cómo una persona pudo atravesar el corazón de otra así de simple? Una vez más, no lo quiso averiguar. Sentía miedo de solo querer averiguar eso. Un gran dolor le invadió.
—… Eso es.
¿Cómo no lo recordó? ¡La carta! Aquel sobre negro que le había entregado…
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
El chico se acercó rápidamente hacia ella y la estrechó en sus brazos, sorprendiendo a la castaña. El abrazo era violento, la apretaba contra él con tal fuerza que lograba arrancarle aire. ¿A qué venía esa repentina acción?
—… ¿Sucede algo malo?
— No. Todo está bien…— No le pareció oírle muy convencido.
— Pero…
— ¿Podemos hablar después? — Le preguntó una vez que se separó de ella y la miró a los ojos.
—… Claro. — Sonrió. — ¿Cuándo?
— Espérame en la entrada de la escuela, yo te alcanzo enseguida. — Sonrió con suavidad. — Prometí que contestaría tus preguntas… De aquella vez. — Anzu se paralizó. Estaba hablando delincidente. — Responderé todo, incluso… Hay cosas que quiero decirte correctamente. ¿Podrás escucharme?
—… Sí. — Apretó los puños. —… Pero…— Sacó un sobre negro de su mochila. — Ten. Ren me pidió que te lo diera cuando yo… Quisiera. Ni Ren ni yo sabemos que contiene. Él dice que tú debes saberlo primero… Y pronto… Podré leerla yo. ¿Comprendes? — Él asintió admirando el sobre. —… Nos vemos.
Anzu se acercó a la salida del aula, pero no estaba lista para salir. Se giró para verlo de nuevo. Él también la miraba, su intensa mirada se veía inalterable. Ella sonrió y salió del aula a toda velocidad.
— "… ¿Por qué me siento así? No debería, él está aquí… Pero… Sentí como… Si fuera la última vez que vería esos ojos de nuevo".
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
Soltó su mochila y se acercó a la mesita que estaba al lado del paciente, ahí seguían sus cosas, su uniforme, todo, tal y como estaba. Buscó en el bolsillo del pantalón, no estaba, y para su gran alivio, estaba en el bolsillo de su chaqueta. Temía que el contenido estuviese escrito en jeroglíficos, pero al hacerlo, no fue así. La hoja seguía siendo negra, pero la tinta de la letra era plateada… Era muy bonita la letra.
Comenzó a leerla lentamente, cada palabra, analizando cada oración, hasta llegar al final de su remitente.
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.
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Su madre.
Lágrimas se acumularon en sus orbes zafiros, comprendiendo. Atem se había dejado ganar con el propósito de salvar a alguien, ¿a quién? ¿A ellos? La carta decía que era una persona que sufría mucho… El hechicero que maldijo a su familia la pudo haber controlado… ¿Pero quién? Estaba cerca, o tal vez lejos… Pero sentía que de todas las personas con las que había socializado desde que Atem se había quedado, eran sospechosas, a excepción de sus amigos, claro…
Ahora… Solo le faltaba leer la suya.
Antes de irse, miró a Atem una vez más.
—… Aunque esta carta y tú… Hayan decidido sacrificar tu vida, yo te la voy a recuperar… Te lo prometo.
Como ella esperaba, no reaccionó, pero por alguna razón sintió que le había oído. Sonrió y se despidió de él. Abrió la puerta y dio un respingo al ver a Yugi a punto de abrir la puerta.
— ¡Ah! ¿Anzu?
— Vaya… Me asustaste, Yugi…— Suspiró. —… ¿Vienes a verlo? — Él asintió con una triste sonrisa. Ella le correspondió el doloroso gesto. Posó una mano en su hombro, Yugi la miró. — Algo me dice… Que él volverá.
—… También creo lo mismo.
—… Bien. Nos vemos, Yugi.
Él asintió. Una vez que quedó solo en la habitación, se apoyó en la puerta, deslizándose hacia abajo hasta quedar sentado. Entre sus manos, estaba el rompecabezas. Soltó un jadeo entrecortado por el dolor.
—… Esto no será fácil…— Susurró.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Llegó corriendo a su casa, lanzó sus zapatos y mochila a cualquier lugar. Buscó por toda su habitación la carta blanca y la encontró finalmente. La abrió enseguida:
Muchachita… Yo sé que estarás muy asustada leyendo esto.
Demasiado, diría… No merecías pasar por este dolor, siendo tan bonita y dulce…
Él no puede despertar, eso lo sabes, pero la esperanza sigue ahí.
Y te lo debes a que confías en él, que lo hizo por alguna razón, la cual ya debes saber…
Mi hijo lo hizo para salvar la vida de una personita que sufre, pero no lo demuestra, escondiéndolo a través de la brutalidad y rudeza.
Por un momento pensé que Atem volvería conmigo, su padre, y los demás al lugar donde debería estar…
Pero luego… Sentimos eso… Ese deseo… Que no solo tú, sino todos… Pidieron: El que él se quedara.
De esa forma, tú… Te convertiste en su "Destino".
Por eso esos espíritus te llamaban de esa manera. Tú estás unida a él.
Nunca esperé que alguien que no tenía nada que ver con esto, terminaría atada a mi niño.
Y aunque no lo creas, yo sé que en fondo de tu corazón, sabes que él también te ama.
Las mismas personas que cambiaron su destino, son las mismas que podrán traerlo de vuelta…
Su alma ya no está en su cuerpo, no está muy cerca, pero tampoco tan lejos.
Ha perdido lo que más ha estado valorando, y solo tú sabes que es…
Tu misión es, además de hacerlo volver… Es saber lo que ha perdido.
Tienen la vida de mi hijo en sus manos…
Sé fuerte, Anzu… Sigue siéndolo.
Y haz feliz a Atem.
Unas gotas saladas cayeron encima del papel, destiñendo un poco la letra. Anzu estrechó la carta blanca contra su pecho soltando un sollozo dejando que esta vez las lágrimas se impactaran contra el suelo. Lentamente se arrodilló en el suelo sin dejar de llorar. Estaba tan asustada… ¿Cómo lo traería de vuelta? Se consideraba tan débil y buena para nada… Siempre la salvaban, no había veces en que podía ella ser quien ayudara…
Dio un respingo cuando tocaron el timbre. Se puso torpemente de pie y caminó hacia la puerta, antes de abrir, escuchó la voz.
— Anzu, soy yo.
Abrió rápidamente la puerta, sorprendiendo a Mai, que le miró sorprendida por las lágrimas de la castaña. Anzu se abalanzó a abrazar a la rubia, comenzando a llorar contra su hombro. Mai, sin saber qué hacer, solamente correspondió el abrazo sin comprender.
—… ¿Qué pasa, Anzu? ¿Acaso…?
— Tenemos que salvarlo, Mai-san… Si no lo hacemos… Él seguirá atado solamente por esas máquinas…— Murmuró con la voz quebrada.
—…
Entraron y la rubia siguió consolando a la castaña hasta que dejó de llorar, quedándose dormida. Mai fue por su teléfono para marcar el de Jonouchi.
— ¿Hola?
—… Katsuya.
— ¿Mai? ¿Qué pasa?
—… Eso quisiera saber yo, Jou. — Suspiró. — ¿Estás con Yugi y los demás?
—… Pues, sí. Fuimos a casa de Yugi a charlar un poco para calmar a la señora Muto.
— Vengan todos acá, por favor… Vine a casa de Anzu, y la encontré llorando, al parecer sabe algo que nosotros no.
—… Bien. Vamos enseguida.
La rubia colgó suspirando por segunda vez.
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— ¡¿QUÉ?!
Anzu despertó por un grito general de sus amigos… Un momento, ¿cuándo habían llegado? Se levantó lentamente de la cama, el sobre en sus manos no estaba… Vio su escritorio, tampoco estaba el sobre negro. Pensó lo peor y salió corriendo hacia la sala de estar, donde supuso que provino el ruido, y no se equivicó: Ahí estaban Jonouchi, Mai, Honda y Yugi. Estaban sentados y en la mesa que rodeaban, estaban ambos sobres. Por un momento, la castaña se enfadó.
—… ¿Por qué leyeron eso?
— Lo sentimos, Anzu… Creímos que lograrías obtener alguna pista, no fue nuestra intención. — Se disculpó honestamente la rubia. La castaña suavizó su expresión y se acercó a ellos, se veían desconcertados.
— ¿Qué pasa?
Todos agacharon al cabeza. Mai miró a Jonouchi, que se mordía el labio. Honda solo removía sus manos, claramente nervioso. Yugi, sin embargo, sostenía seria su mirada con la de ojos azules.
—… ¿Yugi?
— Anzu… Lo que te voy a decir… Tómalo con calma, a mí también me sorprendió.
—…— Pestañeó varias veces.
—… Verás… Esa misma noche cuando… Te fuiste del hospital… Yo… Fui a visitarlo. — Todos volvieron a mirar a Yugi, pues los detalles no lo sabían, pero sabía a dónde llegaría, excepto la castaña. — Vi el rompecabezas. — El tricolor miró el artículo con tristeza. — Y cuando lo tomé en mis manos… Volvió a ser como antes… Como si Ren y Aoi hubiesen regresado, aunque traté de… Buscarlos… No estaban… Era yo, quien purificaba el rompecabezas del milenio… Era yo quien lo protegía, además de…— Apretó los labios.
—… Yugi…
— Por favor, Anzu… No te exaltes… Leyendo estas cartas, me hizo darme cuenta de muchas cosas… Y una de ellas, es que Atem perdió lo que más anhelaba, por un momento… Creí que eras tú…— Pausó. — Pero… No. Es algo más… Mucho más fuerte, obviamente que te incluye… Lo único que sé es que su alma no está en su cuerpo… Como dice en la carta. La carta de Atem es de un completo suicidio, que él mismo cometer con tal de salvar a alguien… y solo tú… Puedes salvarlo, Anzu.
—…
— ¿Sabes por qué? Porque tú sabes qué es lo que más aprecia en esta vida, además de que nos quiera a nosotros y que te amara a ti. — Anzu miró el suelo con una dolorosa expresión. — ¿Ya lo sabías?
—… Claro, pero no quise aceptarlo… Hasta que leí esto.
— Ya veo. — Posó ambas manos en el rompecabezas del milenio mientras se ponía de pie, ante la atención de todos. — Anzu…— La castaña de ojos zafiro volvió a mirarlo. — Una vez más… Te repito… Que no te exaltes…
Esta iba a preguntar de qué hablaba, pero se calló abruptamente cuando un destello oscuro se desprendió del rompecabezas. Yugi cerró los ojos, sintiendo un poco de dolor, mientras que los otros los cerraron por la ceguera.
Esperaron unos segundos hasta que pudiesen volver a enfocar sus vistas en el pequeño, sin embargo les costó bastante. Cuando lograron mirar a Yugi, todos se desconcertaron ante lo que vieron.
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La persona que mantenía sus ojos cerrados no era Yugi… Era otra persona… Su rostro era diferente, tenía rasgos más maduros, definidos, sin contar que tenía unos mechones de cabello dorados adicionales.
Honda no podía reaccionar, algo no andaba bien, esa atmósfera tan tensa y oscura no era para nada saludable, todos lo sabían.
Mai no salía de su asombro, no podía ser. Nunca creyó en ese tipo de tonterías, hasta que enfrentó un juego de las sombras, y el lugar se sentía horriblemente frío, así como la primera vez que lucho con Marik… Un profundo miedo le invadió y se abrazó a sí misma.
Jonouchi seguía mirando a "su mejor amigo", que seguía sin abrir los ojos. No sabía cómo reaccionar, hace tan solo unos días… Unos largos y tortuosos días… Todo parecía tan gris y miserable… Entonces… Lo sucedido en el muelle… Esa persona que no les daba la cara… Era él. Entonces reaccionó, miró rápidamente a Anzu.
Los ojos de la castaña estaban cristalinos. Entonces… No fue una alucinación. Esa noche… En verdad él la había salvado, él había estado allí… El tricolor finalmente abrió los ojos.
Todos se desconcertaron por el carmesí de sus orbes, a excepción de la castaña, ya lo había visto así. Ella también se puso de pie, mientras seguía mirándole, así como él seguía sosteniendo su mirada con ella.
—… Atem…— Susurró.
Él pestañeó, sin decir ninguna palabra, no demostraba ninguna emoción en especial, solo eso, seriedad y frialdad.
Finalmente los demás se pusieron de pie y trataron de acerarse a él, pero este retrocedió, frunciendo el ceño. Todos se extrañaron, incluso la castaña, que una vez más insistió en acercarse a él. En ello, hubo una pequeña diferencia, con los demás había retrocedido, pero con la castaña, solo la miraba fijamente mientras ella se acercaba. Anzu finalmente trató de tocar su mano, pero él volvió a retroceder.
—… ¿Qué te sucede…?
—… Atem…— Repitió. —… ¿Ese es mi nombre?
La castaña se paralizó al oír aquello… entonces comprendió todo. Lo que más anhelaba Atem… Además de quererlos a ellos…
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Era su memoria, que una vez fue arrebatada, y esta vez… No fue la excepción.
Continuará…
CHAN CHAN CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN.
Muajajá no está muy bonito, u-u Pero las cosas pasan por algo, la batalla se avecina o.o Ojalá que mi inspiración siga con este fic, gracias por su grata espera (:
Rossana's Mind cambio y Fuera!
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