AL FIN NO MÁS EXÁMENES! ESTO ES LO MEJOR DE LO MEJOR!

Otra cosa más:

Merry Christmas! Feliz Navidad atrasada y próspero año nuevo n.n

Espero que todos hayan tenido buenos momentos en estos días!

PD: Me ha dado un ataque con las canciones en caja musical D: Ashita no Nadja, Elfen Lied… ÑA XD

VAYAMOS AL CAPÍTULO!

Capítulo 24: Paz a su lado.

Apenas llegó a su casa, se quitó los zapatos para entrar y se lanzó a su cama. Le incomodó un poco el hecho, pues se enterró un poco el rompecabezas en su estómago, causándole una leve punzada de dolor. No le importó, necesitaba descansar, necesitaba un momento de paz… El más pequeño, para recuperarse… Aunque fueran tan solo segundos…

El espíritu analizaba la habitación con poco interés, parecía una persona normal, pero seguía sintiéndose inquieto a su lado. Se acercó a ella, para notar que se había movido un poco para no hacerse tanto daño con el artículo milenario. Apartó sus ojos de la castaña, ¿por qué siempre la seguía con la mirada? Era algo que no podía comprender…

. . .

Anzu comenzó a moverse incómoda en su cama, en vez de sentirse mejor, sentía que el corazón se le estrujaba con violencia por la gran cantidad de horribles recuerdos… Cuando el alma del abuelo de Yugi fue arrebatada por Pegasus, el otro yo de Bakura, la aparición de Marik, la casi muerte de Yugi, La casi muerte tanto de Mai como de Jonouchi, la del propio Atem en sus muchos sacrificios, el ataque del Dragón Alado de Ra, la situación en la cual casi se pierde a si mismo por la pérdida del alma de Yugi, su protección a Egipto y al mundo entero…

Despertó lentamente, le sorprendió no despertar exaltada… fue muy extraño, quizá ya estaba acostumbrada a ese tipo de cosas…

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

Tras el ataque del Dragón, el otro yo de Yugi cayó al suelo ante el pánico de todos, en especial de Mai y Jonouchi que estuvieron más de cerca.

¡Yugi…!

Su corazón se paralizó al verlo caer… ¡¿Estaría muerto…?!

¡YUGI…!— Gritó corriendo hacia él con lágrimas en los ojos.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

An… zu…— Un último suspiro escapó de sus labios mientras dejaba caer su mano, inerte.

—… ¿Atem?

Tomó su mano rápidamente, estaba helado. Miró su rostro…

Estrechó el cuerpo del faraón contra ella, comenzando a llorar desconsoladamente… ¿De verdad era el final…?

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

Se llevó sus manos a su cabeza, tratando de borrar esos recuerdos mientras comenzaba a llorar, afligida. Sollozó con fuerza… ¿Tan débil era? Apenas pudo soportarlo en el pasado… Ahora que su peor pesadilla se había hecho realidad…

— "Me duele… Él lucho tanto por conseguir sus recuerdos… Hizo lo posible y hasta lo imposible… ¿Qué hay de los demás…? Jonouchi, Mai, Honda… Yugi…"— Se abrazó las piernas.

"¿Por eso lloras?"

Alzó la vista para ver al espíritu mirándola con sorpresa. Se mordió el labio, un poco avergonzada… ¿Acaso había leído sus pensamientos?

"Mientras tengas el rompecabezas contigo, puedo sentirte por completo, ya sean tus sentimientos o pensamientos"

Ella no dijo nada, apartó sus ojos del Espíritu y miró un punto muerto de su oscura habitación. Por alguna razón, ya le daba igual que la oscuridad le acompañara en su miseria. Seguía sin estar lista para soportar tanta frialdad por parte de Atem, siendo que él fue quien más le brindó calor en sus peores momentos… Era demasiado contradictorio… Por otro lado, el faraón podía escuchar y sentir cada pensamiento o sentimiento que rodeaba a la castaña gracias a su rompecabezas. La muchachita sufría, y por alguna razón sentía que era su culpa… Bueno, no sentía, era un hecho, era más que obvio, Anzu pensaba en él, sufría por él, lloraba por él. Se sentó en la cama, para mirar mejor a la castaña, pero esta seguía sin querer mirarle. Le dolió un poco el gesto, pero él le había dicho que no quería lástima de su parte, y a cambio recibió una gran cantidad de sufrimiento emergiendo de ella. Apretó los labios al oírla sollozar nuevamente.

"… No llores. No quiero que llores, no me gusta verte así."

Contuvo soltar un suspiro de alivio cuando Anzu dejó de llorar y lo miró con cierta confusión en sus orbes zafiros. Atem admiró esos ojos, eran preciosos, pero estaban opacos por el sufrimiento…

"Cuando desperté hace poco… La primera vez que te vi, me sonreíste. No quiero que esa sonrisa sea remplazada por ese sufrimiento marcado en tu alma…"

Anzu notó en los ojos carmesí de Atem que él también sufría, no solo por la pérdida de su memoria, sus miedos y temores, sino que también… ¿Por ella? No, no podía ser… Él no la recordaba. Era imposible…

Se secó las lágrimas que caían por sus mejillas con la manga de su chaqueta escolar. Apenas lo hizo forzó una sonrisa al espíritu, después de todo, se sentía un poco reconfortada gracias a él, a Atem aún le quedaba un pedazo de corazón que había perdido, y eso la hacía feliz. El epíritu correspondió su sonrisa, a pesar de que era decaída, hizo sentir mejor a la castaña.

"Ve a dormir"

Ella asintió y dejó el rompecabezas sobre su cama, dejando a Atem en un semblante pensativo.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

— ¡Yugi!

El menor se giró a ver a su amiga de la infancia. Forzó una sonrisa cuando ella se acercó a él corriendo con una sonrisa.

—… ¿No has solucionado nada con Rebecca? — El tricolor bajó la mirada, dándole la respuesta con esa acción. Anzu se deprimió, en parte, las cosas mejoraban, pero en otras… Empeoraban. — No te desalientes, Yugi… Tendrá que escucharte en algún momento. — Posó su mano en su hombro en señal de apoyo.

—… Gracias, Anzu. — Sonrió. Además, ayer había descubierto algo sobre Atem. Había algo que le llamaba la atención. Se había molestado demasiado cuando había abrazado a la castaña. El amor que él sentía por Anzu era fuerte, seguía presente en ese mar de oscuridad que lo rodeaba. No podía comprobar nada, pero hoy lo haría. — Oye, Anzu. — Miró de reojo el rompecabezas que colgaba del cuello de la castaña.

— Dime. — Le sonrió, notaba a Yugi un poco más animado.

— Te quiero, Anzu. — Sonrió con sinceridad. — Te quiero mucho.

Anzu fue su primer amor, su primera ilusión. Y él siempre estaría con ella, una cosa era sufrir por un malentendido con Rebecca, y otra, era su amiga. Aunque ambos tenían un poco de culpa por lo visto de la blonda, no podía apartarse de la ojiazul. Ella era su mejor amiga, y Atem era su hermano, daría lo que sea con tal de hacer a ambos felices.

En cambio, Anzu se sorprendió ante las palabras de Yugi, estaba segura de que ya no sonaban dolorosas, no como en Okinawa, él de verdad estaba bien, había aceptado que ella estaba enamorada de Atem y solo esperaba su felicidad. No pudo evitar agrandar su sonrisa.

— ¡Yo también te quiero mucho, Yugi! — Se rió, ya estaba más animada de lo que ya estaba antes. Se quitó el artículo y se lo entregó. — Ten, gracias, pude compartir mucho con Atem y estoy feliz. Sé que me lo entregaste con esas intenciones. — El pequeño solo sonrió aún más.

Al tener el rompecabezas nuevamente en su posesión, lo sintió. La presencia de Atem, observaba a ambos en un semblante serio. Yugi solo concluyó una sola palabra de lo que sentía el faraón en esos momentos.

Celos.

Sí, sabía que el antiguo rey de Egipto era celoso. Le sorprendía que solo fuera con Anzu, bueno, la bailarina era bonita, ¿qué más esperaba? Nunca se sabía, todos querían a Anzu por su amabilidad y dulzura, aunque no faltaban los idiotas que querían propasarse con ella. Pero, ¡Ra, Atem era celoso incluso con sus propios amigos! Aunque, podrían ser dos opciones. Una, muy celoso… O dos, muy sobreprotector.

Tal vez ambas.

— Vamos a clases. — Decidió hablar. Anzu asintió.

Al llegar a clases, las cosas se tornaron un poco… Complicadas.

— ¡Eh, Muto!

El pequeño miró a sus compañeros.

— ¡¿Qué demonios significa esto?!

Lanzaron un papel al suelo. Anzu lo recogió, eran dos fotografías, una de Yugi, y otra de Atem. Abajo decía que el mayor estuvo sustituyendo a Yugi en los torneos de duelos, que Yugi Muto era un fraude…-

— ¡Esto es…!

— ¡ESO ES UNA MIERDA! — Gritó una voz.

Yugi y Anzu se giraron para ver a Honda y a Jonouchi, este último había gritado aquello.

— ¡Lo que dice eso es mentira! ¡Yugi es un gran duelista! Dio lo mejor que pudo en cada torneo.

— ¡No intervengas, Jonouchi! — Gritó otro. — ¡Hay pruebas! El que sean gemelos… ¡Eres una farsa, Muto!

— ¡Ya basta! — Intervino la castaña. — ¡Dejen de ser tan idiotas! ¡Eso no prueba que Yugi sea un fraude, él es un gran duelista, no como ustedes! — Posó una mano en el hombro del aludido. Yugi sonrió, Anzu era una gran persona. — Vámonos de aquí, Yugi.

Lo agarró del brazo y salió molesta del salón. ¿Quién había entregado ese afiche con esas tonterías? Antes de salieran al patio trasero, se encontraron con cierto castaño de ojos azules.

— Oí que está hospitalizado.

Anzu y Yugi alzaron la vista para encarar a Kaiba.

— Así es. — asintió la castaña.

— ¿No pueden hacer nada? ¿Pagar una operación…?

— Kaiba. — Habló el menor. — Atem está entre la vida y la muerte. No importa cuánto le chequeen en el hospital, él no despertará a menos que… Ganemos esto.

—… ¿Ganar qué?

— Perdió un juego de las Sombras.

Kaiba se sorprendió, ya había comenzado a aceptar las cosas "anormales" en las últimas situaciones, pero lo que más le desencajaba era que Atem haya perdido.

—… Es raro que haya perdido.

Anzu prefirió no comentar. Ella sabía por qué lo hizo… Comprendió las palabras de la madre de Atem… Él lo había hecho para salvar a la persona que estaba siendo controlada por el hechicero. El faraón tenía un gran corazón, porque prefirió sacrificarse para salvar al individuo, quien quiera que fuese… Fue algo muy leal, pero muy doloroso para todos.

—… Con permiso, Kaiba. — Se inclinó y se fue sin soltar a Yugi.

O al menos eso pensó, pues mientras hablaban, Atem le había pedido internamente a Yugi si podían cambiar de lugar un momento, ahora la persona que sujetaba la castaña era al faraón, sin darse cuenta aún. Salieron al jardín trasero y Anzu suspiró.

—… ¿Yugi, estás bi…? ¡¿EH?! — Se soltó enseguida al darse cuenta que estaba sujetando esta vez a Atem. El faraón frunció el ceño.

— ¿Cuál es el problema? ¿Tanto te desagrado?

— ¡No, no! — Negó energéticamente. — Una vez te lo dije y te lo vuelvo a repetir. Jamás me desagradarías… Eres muy importante para mí. — Le miró con tristeza.

—… Pero…— Decidió callar. Se estaba comportando como un idiota.

— ¿Pero qué?

—… ¿Quieres…? ¿Más a mi otro yo? — Apretó los labios.

.

.

.

¿Hablaba enserio? Ella tenía una distinta manera de querer a cada una de las personas que conocía, pues todos eran distintos y especiales a su forma de ser. Apretó los labios, sin saber qué decir.

—… Yugi es mi mejor amigo, también de la infancia… Nada más.

Atem analizó sus ojos unos segundos, se había mostrado sorprendida… Pero veía sinceridad en su mirada, no lograba entenderlo, conocía a su otro yo, el muchacho era bueno y amable, todo lo contrario a su actitud con la castaña, Yugi tenía más oportunidades con ella que él… Ese pensamiento no le reconfortaba para nada… Un momento… ¿Oportunidades? ¿Para qué? ¿Para ser algo más con la castaña? ¿Acaso se volvió loco? ¡Apenas llevaba unos días conociéndola! Bueno, le era familiar… ¡Se estaba desviando del tema…!

—… Mmph. — Apartó sus ojos de ella molesto consigo mismo.

Anzu hizo una mueca. Atem estaba un poco atrevido con ella, él nunca había usado esos gestos con ella… Bueno, no confiaba en nadie, ¿qué esperaba? ¿Abrazos y besos? Claro que no. Muy bien sabía lo que el faraón sentía por ella, gracias a la carta que le había dejado su madre… Pero… Simplemente ahora no podía ser. Suspiró, quería preguntarle algo desde que se había enterado que había vuelto al rompecabezas.

—… Oye, Atem. — Se sentó debajo del árbol. — Siéntate a mi lado. — Pidió. El chico de ojos carmesí la miró con desconfianza. —… Vamos, no seas así. — Sonrió. Él cerró los ojos mientras se sentaba y cruzaba sus brazos. — ¿Puede preguntarte algo? — Silencio absoluto. Decidió tomar ese silencio como una respuesta afirmativa. —… Huh… ¿Sabes? Tú volviste al rompecabezas la misma noche que te llevamos al hospital… Y…— Jugó un poco nerviosa con sus manos. —… Yo… Casi me ahogo en el muelle… Quiero saber… Si fuiste tú quien me salvó. — Finalmente le miró.

El faraón abrió los ojos y la miró con sorpresa. Había olvidado por completo ese insignificante detalle… Él la había salvado… Pero… Lo había hecho porque los demás estaban preocupados. Solo eso… ¿Pero qué le importaba a él la preocupación de esos desconocidos? No, no lo hizo por ellos… Lo hizo porque el rompecabezas lo llevó de guía y la salvó por cortesía… Sí, solo eso. Eso solamente…

—… Mmph. — Apartó sus ojos de ella sintiendo sus mejillas arder. ¡Ra, esto no podía pasarle a él! No podía estar avergonzado con una chica… ¿Cómo podía ser? —… No es para tanto, nadie puede ser tan cruel como para dejar a una chica morir ahogada. — Bufó, tratando de que no se le notara el rubor de sus mejillas.

—… Entonces… ¿Eras tú? — El tricolor la vio de reojo, ella estaba sonriendo. — Muchas gracias… Y a la vez lo siento. Me asusté mucho cuando te vi. — Él devolvió su vista a ella.

—… ¿Es eso una ofensa?

— ¡No, no, no! — Negó energéticamente la cabeza. Ra, el malinterpretaba las cosas con mucha facilidad…— Es que… Estaba muy sensible en aquel entonces…— Rió nerviosamente. — Te encontré sangrando… Parecías estar muerto, aunque casi lo estás en ese hospital. — Borró su sonrisa y miró el paisaje en un semblante triste. — Es por eso que… A altas horas de la noche, viendo a una persona que hace tan solo segundos viste en un hospital al borde de la muerte… Es un poco imposible, es por eso que me impresioné…

Atem se preguntaba cuánto Anzu lo quería a tal grado de sufrir tanto por él… Lo apreciaba demasiado, y eso ya lo tenía demasiado confundido… Pero su dolor le llegaba a él, detestaba ver tristeza en sus ojos. No lo podía tolerar… No lo soportaba. Sin darse cuenta, terminó recostando su cabeza en el hombro de la castaña, sorprendiéndola.

De algún modo, el faraón se sintió mejor con su cercanía.

—… ¿Te encuentras bien, Atem? — Le escuchó.

—… De alguna forma… Cuando estoy contigo, me siento muy cómodo… ¿Será por mi oscura alma cerca de la tuya que es pura? — Murmuró levemente cerrando los ojos. — Me atraigo mucho a la luz de tu corazón.

Muy bien, para tener nuevamente un alma oscura, el faraón estaba siendo muy dulce con ella. Quizá era por la falta de cariño que le faltaba, después de todo había perdido a su madre cuando apenas era un niño. Suspiró mientras sonreía, ella esperaría a Atem, esperaría todo lo necesario para que recordara y volviese a su cuerpo.

. . .

— ¡¿Qué?! — Gritó el rubio. Anzu le miró con reproche. — Lo siento…— Bajó la voz. — Es solo que… Esto es tener muy mala suerte. — Se revolvió los cabellos. — Primero Atem, luego su encierro en el rompecabezas… ¿Y ahora esto? — Suspiró. — La mala suerte nos persigue.

—… Y que lo digas, Jonouchi. — Miró con tristeza a Yugi, que estaba trazando rayas en su cuaderno en un semblante pensativo. —… ¿Qué podemos hacer para que Rebecca vuelva a acercarse a Yugi…?

Honda y Jonouchi se miraron entre ellos, claramente preocupados. Anzu apartó sus ojos del tricolor cuando este comenzó a notar que había muchas miradas sobre él.

— Mazaki Anzu.

La joven se puso de pie cuando el profesor de matemáticas la llamó. Avanzó ante la atenta mirada de todos.

— ¿Qué sucede, profesor? — Se acercó.

— Aquí tiene.

El hombre le extendió un sobre a la ojiazul, quien miró confundida el objeto. Ya estaba muy asustada por cada cosa que leía de las cartas, primero la carta de Atem, luego la suya… Y finalmente esta…

Apretó los labios mientras recibía la carta. Le agradeció al profesor y este se fue. Anzu abrió la carta, no se molestó en ver el remitente, solo la leyó.

.

.

.

—… No puede ser…— Salió corriendo del salón.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

— ¿Anzu no está aquí? — Preguntó sorprendida la rubia. — Demonios, vine a recogerla con todos ustedes para ir a la casa de Jou, pero… Bueno, tendremos que ir a la casa de Anzu. Suban, que no tengo todo el día. — Jonouchi, Honda y Yugi subieron.

En el trayecto, todos se preguntaban por qué la reacción tan asustada de la castaña.

Parecía demasiado preocupada, aterrada.

¿Sería una carta de amenaza?

¡Ra, eso solo los aterraba más!

Llegaron rápidamente al departamento de Anzu, ya suficientemente se habían metido terror ellos mismos, ahora necesitaban calmarse o alertarse.

— ¡Anzu, abre la puerta! Somos nosotros.

. . .

Luego de un par de minutos, finalmente la castaña abrió la puerta. Su rostro lo delataba… Ella…

— Por favor, no me pregunten nada, ¿sí? — Forzó una sonrisa. —… Acabo de recibir… Una llamada de Rebecca.

Yugi, que al oír el nombre de la blonda, miró atentamente a la castaña.

—… Yugi… Lo siento.

—… ¿Eh?

—… Rebecca se va esta tarde a América.

—…— Contuvo el aliento. —… ¿Qué?

—… Me pidió que no te dijera, pero no podía hacerte esto, sería muy cruel… Su avión está por salir… Y… No lograrás alcanzarla incluso si vas en auto, pero… Ten. — Le entregó su teléfono. — Es tu última oportunidad… No la desperdicies.

—…— La miró con lágrimas en los ojos. — Gracias, Anzu. — La abrazó con fuerza. — Eres la mejor amiga del mundo. — Se separó y se fue a la habitación de la castaña para tener mayor privacidad.

Aunque no notó que una vez que había cerrado la puerta, todos se habían puesto del otro lado para oírle.

—… Es ahora o nunca. — Marcó con los dedos temblorosos. —…— Todo él temblaba, pudo sentir a Atem observarle con cierta curiosidad, eso lo coloco más nervioso. —…

Anzu, ya basta… No trates de convencerme…-

— Rebecca, soy yo. — Le interrumpió.

—… ¿Yugi…?

— ¡Rebecca…!— Tragó duramente saliva con el corazón en la garganta. —… Escúchame, aunque sea por última vez… No quiero que te vayas, pero veo que es tarde… Pero lo que no quiero es que te vayas teniendo una idea equivocada.

—… Yugi, por favor… No sigas con esto, nos estamos haciendo daño…-

— ¡A la única que quiero es a ti, Rebecca! — Le interrumpió nuevamente. — Y ya no puedo callarme…— Las ganas de llorar aumentaron, ¡no quería que la Rebecca se fuera! Pero no tenía más opción que despedirse de ella, aunque eso le partiría el alma. —… No puedo detener este sentimiento que me estalla por dentro… Solo quiero que me creas…

—… Pero…— Escuchó un sollozo al otro lado de la línea. — Anzu y tú…

— Yo quise a Anzu, sí… Pero gracias a ti pude dejarla ir para que estuviera con Atem… Y sobre él… Quiero decirte que lo de ese día… Es que Anzu estaba pasando por un muy mal momento, Atem había vuelto al rompecabezas es por eso que…— Cerró los ojos evitando que las lágrimas se le escaparan. — Eso fue un golpe muy fuerte para Anzu, así que…

Ya es suficiente… Comprendo cómo te sientes, Yugi. — Sabía que Rebecca estaba llorando. — Gracias, Yugi… Estoy… Muy feliz. Y no te preocupes… Solo iré a América para ver a mi abuelito, está muy enfermo… Jeje… Volveré solo por ti. — le escuchó reírse. Él también lo hizo, aunque se le había escapado un par de lágrimas.

—… Adiós, Rebecca.

—… Adiós, Yugi.

So goodbye, don't cry and smile…

Those emotional days…

I will treat it as a gift to you…

So goodbye to the lonely me who once hid in the dark…

I need you…

I need you love again…

Colgó lentamente y suspiró. Bien, ya había liberado un gran peso de encima y un gran tormento. Al menos Rebecca ya no se iba con el dolor en el pecho, y él no la esperaría tampoco con el corazón roto. No, ambos esperarían a verse con ansias.

"Eso es bueno, ¿no?"

Miró al espíritu de Atem, que le sonreía. Él hizo lo mismo y se limpió las lágrimas.

—… Supongo.

"… Oye. ¿Puedo tomarte el lugar?"

— Claro. Necesito descansar emocionalmente. — Se rió.

Una vez que el faraón tomó el lugar en el cuerpo de su descendiente, salió de la habitación. Estaba a punto de ir al comedor, hasta que se detuvo.

— Al parecer, a Yugi le fue bien… Ojalá que sea así, ¿no? — Esa voz era la de Anzu.

—… Anzu, deja de cambiarnos el tema. — Escuchó a Jonouchi en tono molesto. — ¿Qué pasó? ¿Qué decía la carta esa?

—… Pues… No le digan a Yugi, porque si se entera, también lo sabrá Atem.

El tricolor frunció el ceño. ¿De qué hablaba?

—… ¿Qué pasa, Anzu?

—… Yo… Me aceptaron en la Academia en Broadway… Me iré la próxima semana a América.

.

.

.

— ¡¿QUÉ?!

—… Es por eso que… Debemos encontrar al enemigo pronto… Y salvar a Atem…

— Esto es muy serio…

—… Anzu…

. . .

Todos se giraron al oír la última voz. Miraron con sorpresa al faraón que miraba fijamente a la castaña. Para Atem resonaban esas palabras… "Me iré" "Me IRÉ" "ME IRÉ"

—… Atem…— Se mordió el labio. —… "No puedo con esto… ¡No puedo!" — Pensó antes de levantarse y salir corriendo de su propio departamento.

— ¡ANZU…-!— El rubio iba a ir tras ella, pero alguien se le adelante ágilmente y siguió a la ojiazul. —… "Atem… A pesar de no recordar… Debes tener claro que amas a Anzu"

.

.

.

—… ¡Yo…! ¡No quiero! — Gritó al alcanzarla y estrecharla en sus brazos. Anzu se sorprendió. — No quiero… ¡No quiero que Anzu se vaya! ¡No te vayas! — Negó repetidamente.

—… ¿Atem…?

— ¡NO! ¡No te vayas…!

Anzu se paralizó… Atem… Atem estaba llorando. Llorando por ella… ¡No lo podía creer! El sufrimiento que sentía aumentó al ver sus lágrimas.

—… No me dejes solo, Anzu… No me dejes caer en este abismo tan oscuro…

Anzu comenzó a llorar, era la primera vez que veía al faraón de esa manera tan destrozada… Simplemente se dejó abrazar.

Continuará…

ESTOY APURADA! SALDRÉ DE LA CIUDAD Y NO ME VERÁN EN UNAS SEMANAS!

PÁSENLA MUY BIEN!

Rossana's Mind cambio y fuera!