Holo! Espero que la hayan pasado muy bien n.n! Yo estuve enferma XD Fue horrible D: Y me dieron unas pastillas que en vez de mejorarme, me destruyeron el estómago y casi vomité :c El peor comienzo del año del mundo u,u jejeje pero ya estoy mejor porque eso fue a principios de enero muajajá así que su escritora no morirá XD
Me duele el hombro ):
VAYAMOS AL CAPÍTULO!
Capítulo 25: La pieza del Rompecabezas.
Cuando volvió, le pidió a los chicos que se fueran, no estaba de humor como para seguir hablando del tema…
Se dejó caer pesadamente en su cama. No podía creerlo, sus ojos ardían como los mil demonios. Había llorado sin cansancio, nunca creyó que lloraría hasta el punto de dolerle la garganta. La situación había sido dolorosa, muy dolorosa. Inhaló y exhaló lentamente. Su pecho, su garganta y sus ojos carbonizaban como si hubiese sido quemada con fuego. Se levantó y fue al baño para refrescarse. Sorbió un poco de agua y luego con las manos mojadas, se acarició los párpados de sus cansados ojos azules. Se miró y sus ojos estaban hinchados y enrojecidos alrededor.
Se preguntaba si los ojos de Atem también estarían así de irritados por tantas lágrimas.
O tal vez Yugi, es su cuerpo de todos modos.
Ya no quería pensar más en ello, pero le era imposible.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
—… ¡Yo…! ¡No quiero! — Gritó al alcanzarla y estrecharla en sus brazos. Anzu se sorprendió. — No quiero… ¡No quiero que Anzu se vaya! ¡No te vayas! — Negó repetidamente.
—… ¿Atem…?
— ¡NO! ¡No te vayas…!
Anzu se paralizó… Atem… Atem estaba llorando. Llorando por ella…
—… No me dejes solo, Anzu… No me dejes caer en este abismo tan oscuro…
Anzu comenzó a llorar, era la primera vez que veía al faraón de esa manera tan destrozada… Simplemente se dejó abrazar unos segundos, hasta que trató de separarse para verle.
Sin embargo fue incapaz, apenas el chico había notado sus intenciones, la estrechó con aún más fuerza, de tal modo que le arrancaba aire. Su hombro estaba mojado por las lágrimas que él derramaba. Cerró los ojos dolorosamente…
Bailar era su sueño, desde que era una niña… Desde que su madre le había dado el ser, su talento corría por sus venas.
Pero…
Si tenía que abandonar su sueño con tal de protegerlo a él, que no recordaba nada, que solo confiaba en ella... Lo haría, dejaría atrás todo con tal de hacerlo…
—… No me iré. — Correspondió su gesto sollozando. — Nunca te dejaré solo. No de nuevo, nunca.
El abrazo se hizo menos asfixiante, pero no menos cálido. No lo había calmado del todo, las lágrimas seguían cayendo, en ambos pares de ojos.
—… ¿Por mí?
Ella asintió.
—… ¿Por qué? — Su voz se quebró ante la pregunta. Anzu detestaba oírlo hablar de esa manera…
— "Porque te amo". — Pensó al sentir como las lágrimas seguían y seguían cayendo. Pensaba también decirle lo que pensaba…
Pero repentinamente él la soltó, la separó la suficiente para mirarla con sorpresa. Sus mejillas brillaban por las lágrimas, su expresión era de completo sufrimiento y shock.
—… ¿Qué?
Anzu se preguntó si lo había dicho en voz alta… Pero era imposible, de sus labios no salió nada… Entonces comprendió de dónde provenía. Miró el rompecabezas que él tenía puesto, ante su contacto con él en medio del abrazo, junto con sus pensamientos y emociones, habían sido ambos rodeados. Se insultó mentalmente, olvidando ese "insignificante" detalle. Miró unos segundos el suelo, sin saber qué decir o hacer. Se mordió el labio debido a que también había pensado en abandonarlo todo por él…
Y cómo conocía a Atem, el debería estar sintiendo solo una cosa en esos momentos.
Culpa.
—… Yo…-
— ¿Harías todo eso…? ¿Por mí…?
¿Para qué mentirle ahora? Ella siempre fue honesta, y siempre lo sería.
— Eso y mucho más. — Sollozó.
— ¿Por qué me amas? — Preguntó esta vez. Lo vio apretar los puños. Ra, tenía el presentimiento de que las cosas saldrían mal…
— N-No lo sé… El corazón es así. — Estaba asustada. ¿Y si sus sentimientos también fueron robados de su alma? —… Yo…-
— ¿Darías…? ¿Todo? — Sus hombros comenzaron a temblar. — Siempre fue tu sueño…— Miró el suelo, como si estuviera analizando recién la situación. — ¡¿Qué demonios te estoy pidiendo?!... ¡¿Por qué eres así?!... De repente… Dices que te vas… Y yo como idiota rogándote que no te vayas…— Cerró los ojos con fuerza. Anzu se acercó a él, pero el faraón retrocedió. — No, no te acerques…
— Atem, por favor escúchame…-
— No, no. — Negó lentamente con la cabeza. — Perdóname. Yo no debí… No debí pedirte esto. En una semana te irás y…
— ¡¿Cómo quieres que me vaya dejándote atrás?! — Lo agarró del brazo. Ambos se miraban con lágrimas en los ojos. — Dejándote solo, sin memorias… Aterrado… Y encerrado de nuevo en el rompecabezas… Seré capaz de irme si vuelvo a verte en TU cuerpo, sonriendo, diciéndome que todo estará bien…
— ¿Cómo puedes decir eso después de lo que te dije?
Ella sabía a qué se refería…
"NO QUIERO TU LÁSTIMA"
Admitía que habían dolido sus palabras y sobretodo su forma tan fría de mirarla. Pero de todos modos, ella comprendía, porque no la recordaba, ella también estaría reacia ante gente que se supone que no conoce… ¿Pero qué hacer en ese momento? Volvió a mirarlo, Atem se negaba a mirarla, dejando que las lágrimas siguieran cayendo de sus orbes rojos, respiro entrecortadamente por el llanto, esa imagen jamás se borraría, de una persona que tanto quería y estaba tan herido. Volvió a acercarse, él no se movió, pero siguió sin querer mirarla. Tomó su mano, para que pudiera oír sus pensamientos.
Aun si tenía que perder esa valiosa oportunidad y rechazar aquello, le daba igual. Porque no solo lo dejaría a él, también a Yugi, Jonouchi, Mai, Honda, Rebecca, los demás… Si tan solo aquello no hubiera aparecido ese hechicero, todo sería tan diferente… Atem no estaría postrado en una cama y su espíritu vagando con miseria, ni los otros no tendrían tantos problemas, como lo sucedido con Yugi y Rebecca, por su culpa. En vez de eso, si tan solo no hubiera pasado eso… Ellos estarían celebrando, le preguntarían qué haría una vez que viajara a América, que la extrañarían, que esperarían con ansias su regreso, así como ella lo esperaría…
Dejaría esos pensamientos, ella no iría a ningún lado hasta que Atem se recuperara, hasta que despertara… Porque si no…
— Ya basta.
No se dio cuenta que estuvo con los ojos cerrados, los abrió y fijó sus ojos en él, quien soltó un leve sollozo. Sabía que estaba sufriendo y lo estaba haciendo sentir más culpable por hacerle saber lo que pensaba, ¡pero él no quería escucharla! No tuvo otra opción más que hacerle aquello.
—… Ve. — Se liberó de su agarre. — Por favor… No hagas esto más difícil para mí. — Se secó inútilmente las lágrimas.
—…
— Yo… Atesoraré el tiempo que nos queda, lo haré… Pero no quiero que sacrifiques algo tan valioso por mí, no lo hagas. — Cerró fuertemente los ojos. — Porque si lo haces… Te juro que no volverás a verme.
.
.
.
¿Qué quería decir con eso? Sinceramente, le aterraba la respuesta a lo que se preguntaba. Entonces la respuesta se contestó sola, el rompecabezas resplandeció levemente e hizo unos profundos cortes en los brazos del chico como consecuencia, él soltó un leve quejido de dolor. Anzu se cubrió la boca con ambas manos, evitando soltar un grito. No podía creer lo masoquista que era… Comenzó a llorar con más fuerza cuando notó que el corte en su brazo derecho había sido cerca de sus venas principales, lo que provocó un gran desangramiento. Sus manos comenzaron a temblar, Se acercó nuevamente a él con intenciones de curarlo, pero apenas lo tocó, él se liberó de su agarre y la miró. Sus ojos ya estaban opacos del sufrimiento y sus mejillas mojadas por las lágrimas.
—… No lo olvides. — Habló nuevamente, de forma tosca. — Yo atesoraré tus recuerdos… Y tú te irás… Si no lo haces…— Se llevó su mano izquiera a su brazo derecho, tratando de detener la sangre. — Ya sabes que sucederá conmigo y con mi otro yo.
Le dio la espalda y comenzó a caminar, alejándose de ella. Anzu se dejó caer en el suelo de rodillas, se cubrió los ojos y sollozó nuevamente. Él no sería capaz… ¡Él no podía quitarse la vida por ella! También le estaba haciendo daño a Yugi, ¡no era justo! Pero en esos momentos él tenía su alma sumergida en las aguas oscuras, no podía hacer nada. Sus ideales se habían vuelto más crueles… Ra, hacía cosas horribles con tal de que él no se sintiera culpable de la situación. Le aterraba el hecho de que Atem fuera capaz de hacer algo malo para obligarla a irse…
No supo cuánto tiempo estuvo llorando, pero fue bastante, pues había comenzado a mostrarse oscuro el cielo. Se colocó torpemente de pie y caminó a casa.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
Suspiró nuevamente. Ya no sabía qué pensar… Las cosas iban de mal en peor… Necesitaba saber quién era la persona que estaba siendo controlada por el hechicero, para devolver todo a la normalidad… No podía darse el lujo de irse sin más y dejar a sus amigos batallando solos.
Se colocó su pijama y se quitó el collar que Atem le había regalado y lo puso al lado de su cama, donde estaba su pequeña mesa de noche. Lo miró unos segundos y cerró los ojos, estaba emocionalmente exhausta.
Cuando se quedó dormida, la ventana se abrió, dejando ver una sombra que se acercó lentamente a la cama de la castaña
.
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o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
"Lo siento".
Se giró a ver al espíritu, que miraba el paisaje por la ventana en un semblante triste. Sabía que había pasado, estuvo detrás de la situación todo el tiempo. Le daba igual que le haya causado dolor físico. Se miró los brazos vendados con poco interés y volvió a mirarle.
— No te preocupes, Atem. — Le sonrió.
El faraón se giró a ver a Yugi con desconsuelo. La sonrisa del menor se borró al ver esa expresión en su hermano. La situación se había vuelto muy crítica, había dejado a una Anzu destrozada en la calle, aunque claro, cerca de su casa, pero aun así…
—… No te preocupes… Anzu volvió a casa a salvo, aunque se le veía muy triste, según me contó Jou hace un rato.
Atem dirigió nuevamente su vista a la ventana, tratando de eliminar el dolor de su alma, aunque le era imposible. Anzu se iría… Lo dejaría solo… En un lugar tan frío y oscuro…
Pero no podía dejarse llevar por sus impulsos… Había actuado muy egoísta, por lo tanto, no podía hacer nada… Aunque algo le inquietaba por dentro, diciéndole que la chica no estaba bien, trataba de convencerse de que lo estaba, estaba en su casa de todos modos…
"… ¿Huh?"
Se llevó una mano a su cabeza. Su vista se nubló siendo reemplazada por otro lugar, el muelle, donde salvó a Anzu por segunda vez…
¿Segunda vez?
¿Cuándo la salvó la primera vez…?
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
Abrió los ojos y se dio cuenta que se había hecho de noche, ¿cómo pudo quedarse dormido en el muelle? Se puso de pie, preparado para irse, sin embargo…
— ¡SOCORRO! ¡QUE ALGUIEN…! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE! ¡YUGI, JONOUCHI, HONDA, ATEM!
— "Esa voz… ¡¿Anzu?!"
— ¡NADIE TE AYUDARÁ!
Salió del callejón donde estaba y se paralizó al confirmar sus sospechas de que era la castaña. No podía creerlo. Sus ropas estaban sucias y un poco desgarradas, sus rodillas estaban bañadas de sangre y estaba llorando como nunca la había visto.
Al parecer, esta no notó su presencia, pues siguió corriendo ignorándole. La agarró del brazo y la jaló hacia atrás, haciendo que esta gritara. La soltó y la agarró de los hombros.
— ¡Suéltame!
— ¡Oye! ¡Anzu, espera! — Esta vez la agarró de las muñecas para que no lo golpeara.
— ¡NO ME TOQUES!
— ¡ANZU, SOY YO!
Al parecer, reaccionó ante su grito. Contuvo un sollozo y lo miró con sorpresa. Pestañeó varias veces.
—… Anzu, ¿qué pasó? ¿Por qué…-?
Se paralizó cuando la muchachita se acercó peligrosamente a él y rodeó su cuello con sus brazos. La escuchó llorar, estaba anonado, Anzu y él nunca habían hecho ese tipo de contacto. Se habían tomado de las manos, la había salvado, la había cargado en sus brazos, pero nunca algo como eso…
— ¡Atem…! ¡Yo…! ¡Tenía miedo!... ¡TENÍA MUCHO MIEDO!
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
Soltó un jadeo de sorpresa, llamando la atención de Yugi.
— ¿Atem? ¿Qué sucede?
"… Recuerdo algo."
El pequeño se acercó a él con una sonrisa emocionada.
— ¡¿De verdad?! ¿Y qué fue…?
"Huh… Estaba en el muelle… Y encontré a Anzu en peligro…"
—… Ah, te refieres a esa vez. — Su sonrisa se volvió un poco forzosa. —… ¿Sabes? Esa vez, todos nos habíamos peleado. Nos separamos por una estupidez… Tú y Anzu se alejaron de nosotros porque nosotros no quisimos escuchar… Luego le explicaste a Jonouchi, y luego él nos explicó a nosotros. — Cerró los ojos con tristeza, rememorando cómo reaccionó y cómo la culpa lo había invadido. —… Nunca tuve la oportunidad de darte las gracias por salvar a Anzu.
Él permaneció en silencio, trataba de recordar con las palabras del pequeño, pero nada. Solo había recordado eso… Se acarició la cien, estaba agotado… Había pasado por muchas emociones… Lo mejor sería descansar.
"… Ve a dormir, Yugi."
El pequeño estaba preocupado, una vez más, compartían cuerpo, pensamientos… Y podía saber lo que él pensaba.
Se encaminó a su cama, pero antes de llegar, se tropezó y cayó al suelo, enterrándose levemente el artículo contra su estómago. Gimió de dolor un poco y miró el artículo al sentarse.
—… ¿Huh? — Palideció.
Se giró enseguida para buscar con sus ojos al espíritu, pero no lo encontró. Volvió a mirar el rompecabezas.
— "¿Sabías de esto y no me lo dijiste?"
No recibió respuesta.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Anzu caminaba en un semblante cansado a la escuela, había dormido bastante… Pero algo seguía sin estar bien… ¿Qué era? Se sentía como si un hubiera dormido nada… Entró y sacó sus zapatos del casillero. Una vez hecho y se los puso, caminó arrastrando los pies hasta el aula. Hoy quiso llegar temprano, no había nadie. Excepto…
Se sorprendió de que encontrara a Jonouchi sentado allí en su pupitre, ocultando su rostro pues lo tenía apoyado entre sus brazos. Se acercó lentamente hacia él.
—… ¿Jonouchi?
Él alzó la vista. La ojiazul se sorprendió de encontrarlo con ojeras. Se le veía bastante triste.
—… ¿Qué sucede?
—… Anzu, buenos días. — forzó una sonrisa. La castaña se sentó en frente de él y lo miró seriamente.
— ¿Qué sucede, Jou…?
—… Yo…
—...
— Terminé con Mai.
.
.
.
—… ¡¿Qué?! Pero… ¿Por qué? Tú la amas… Ella también a ti… Así que…— Calló cuando escuchó una risa cansada por parte del rubio.
— Mai reaccionó de la misma manera.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k-
Apenas dejaron el departamento de Anzu, comenzaron a cambiar en silencio.
— Me preocupa Anzu… No volvió para nada bien. Me preguntó que habrá hablado con Atem.
Jonouchi no contestó. Estuvo analizando todo el día anterior sobre los acontecimientos pasados… Y debía hacerlo. Alcanzaron a llegar hasta donde estaba estacionada la motocicleta de la rubia.
— Bueno, nos ve…-
— Mai. — Le interrumpió con la cabeza gacha.
— ¿Qué pasa? — Le preguntó al sostener su casco entre sus manos.
—… Yo… No puedo con esto. Lo siento.
— ¿De qué hablas?
— Lo de nosotros… Tú y yo…
—…— Abrió más los ojos por la sorpresa. — ¿Qué?... ¿Por qué? Tú me quieres… Y yo a ti… No entiendo por qué haces esto…-
— Entiéndeme, Mai… Yo… Te prometí que no te pasaría nada malo… Aquella vez… Que nos enfrentamos a Marik. Rompí mi promesa, no pude evitar que fueras enviada al Reino de las Sombras. — Vio como la rubia se tensaba ante el recuerdo. — Por eso…
— No digas tonterías…-
— ¡NO SON TONTERÍAS! — Le interrumpió mirándola con angustia. —… No pude salvarte. Y a causa de que no logré cuidarte, tu corazón se sumergió en la oscuridad y casi te pierdo, no solo porque te entregaste al maldito Sello de Orichalcos, sino que también… También casi te pierdo por la culpa del idiota de Valon.
— Jonouchi…
— No quiero que nos volvamos a ver, hasta que logremos recuperar a Atem. ¿Entendiste?
—… ¿Por qué haces esto?
— Porque es mi manera de protegerte.
—… Eres un egoísta. — El rubio la miró. Los ojos lilas de ella estaban brillosos por las lágrimas. — Ni siquiera entiendes cómo me siento al respecto.
— Lo sé, he sido un egoísta… Pero déjame hacer esto a mi manera. No quiero que volvamos a vernos… Hasta que esto termine. Espérame, por favor.
En respuesta, la rubia se colocó el casco y se fue a toda velocidad en su motocicleta. Jonouchi suspirtó, frustrado. Luego, se fue caminando lentamente a su casa.
-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-
Anzu posó una mano en el hombro del chico, que suspiró una vez más.
—… Eres un idiota. — Él se rió sin ganas.
— Yo lo sé… Pero… Ella logrará comprender. O eso espero.
Ambos se giraron cuando escucharon la puerta del salón deslizarse una vez más, dando paso a la siguiente persona que había entrado. Se sorprendieron de que fuera Atem, ¿por qué Yugi no…?
—… Hola, Atem. — Jonouchi fue el primero en hablar. — ¿Por qué…? Huh… Ya sabes…
El chico de ojos rojos fijó su vista en él, luego en Anzu. Hizo un leve gesto de saludo y se acercó a ambos.
— Yugi me permitió estar un tiempo en su cuerpo. — Se encogió de hombros.
Anzu hizo una mueca, él no la estaba mirando directamente, es más, pareciese como si en verdad no quisiera hacerlo. Se puso de pie con intención de irse y dejar al par solo, pero…
— Anzu.
Se detuvo rápidamente al oír su voz. Torpemente se volteó a verle. El faraón la estaba mirando en un semblante serio, bastante en su opinión, lo cual la ponía aún más nerviosa.
—… ¿Podemos hablar?
Ella asintió, bastante confundida.
—… Si quieren, yo me voy…-— Se iba a poner de pie el rubio, pero Anzu lo agarró del brazo, frenándolo.
— No, Jou. No es necesario. — Sonrió. — Hablaremos en el patio trasero. — Esta vez lo soltó y tomó el brazo del faraón, quien se tensó ante el tacto. —… Vamos.
Él asintió y dejó su mochila en cualquier pupitre. Apenas salieron del salón, Atem se libró el agarre de Anzu, para reemplazarlo por tomar su mano y acelerar el paso. Eso le sorprendió a la bailarina, pues pensaba que simplemente se soltaría y seguirían caminando, pero no fue así. El estrecho de manos que mantenía con él durante el recorrido fue seguro, nunca vaciló, la sostuvo fuerte, como si con solo soltarla, caería al vacío.
Abrieron la puerta del patio trasero y la cerraron enseguida, no querían más interrupciones. Se sentaron bajo el árbol, apoyando sus espaldas en el tronco. El silencio que los invadía era bastante incómodo. Atem no sabía cómo empezar, se sentía un poco extraño hablarle después de lo sucedido el día anterior. Anzu estaba en la misma situación, se sentía un poco avergonzada, y desde la mañana, se sentía un poco mareada, pero ahora que el faraón la había tocado, pareció como si se sintiera peor. Un ardor le alcanzó en el pecho, un dolor muy familiar… Como aquella vez que había detenido a Atem de revelarse contra el rompecabezas…
—… Anoche…
Se giró enseguida a verlo.
— Recordé algo. — Continuó. — Yugi me especificó los detalles… Pero lo que yo vi… Fue verte… Corriendo en el muelle. Estabas sangrando.
—… Ah. — Miró un poco incómoda el césped. —… Tus brazos…— Iba a hablar, mencionándole sus heridas.
— Están bien. No fueron cortes profundos, agradezco que te sigas preocupando aun cuando te traté de esa forma.
Anzu sonrió, estaba recuperando el corazón del faraón, de a poco, pero lo estaba haciendo. Estaba yendo en el buen camino. Dejó de sonreír cuando él se giró a verla.
—… Lo siento.
—… ¿Por qué te disculpas?
— Porque fui un poco cruel, no consideré la vida de mi otro yo, ni tampoco cómo se sentirían los demás que me rodean. — Volvió a mirar el cielo. —… Pero no he cambiado de opinión. Si intentas buscar una excusa tonta para quedarte, no te lo voy a permitir. — En sus ojos se mostró la tristeza de su partida. —… No lo haré.
Ella asintió, llevándose una mano el pecho. El dolor había aumentado… ¿Por qué esta vez ese poder se estaba infiltrando en ella?
—… ¿Anzu?
—… Ugh…— Gimió levemente. Cerró fuertemente los ojos. — Me duele…
— ¿Qué te duele? — Se movió hasta quedar en frente de ella.
— Mi corazón… Me duele… Y mucho… ¡Aaah! — Soltó un leve grito. No podía soportarlo, apenas sobrevivió la primera vez que recibió un ataque del rompecabezas. ¡No podría con esto!
Atem la cargó en sus brazos y salió corriendo, cuando iba a subir las escaleras, se encontró con Honda y Jonouchi.
— ¡¿Atem?! ¡¿Pero qué…?!
— Anzu… No sé qué le ocurre… Pero no es normal. Dice que le duele el corazón y…— Se mordió el labio. No sabía qué hacer.
Ambos chicos que tenían en frente se paralizaron al oír aquello. Sabían qué era eso y qué significaba.
—… Perder lo más importante… ¡Esto no puede ser verdad!
—… ¡¿De qué hablas?!
— Vámonos de aquí, tenemos que cuidar a Anzu.
Atem se paralizó cuando sintió una corriente eléctrica recorrerle todo el cuerpo, hasta detenerse en su corazón. Se tambaleó levemente, sintió cómo también Yugi lo había sentido…
— "¡Hey! ¿Te encuentras bien?"
"Estoy… Estoy bien, Atem… ¡Tenemos que ver qué le pasa a Anzu!"
Él asintió, pero no era capaz de caminar, el dolor, tal y como sentía la castaña, era insoportable, y lo peor… Es que le era familiar.
— ¿Atem?
Jonouchi hizo que soltara a la ojiazul y la cargó el mismo. Miró al castaño.
— Honda, sube a Atem a tu espalda. ¡Rápido y vámonos! — Salió corriendo, seguido del castaño. — "Justo tuve que terminar con Mai cuando justo necesitamos un auto…"— Maldijo mentalmente.
Como aún era temprano, pocos alumnos y profesores los vieron, no serían capaces de detenerlos. Cuando alcanzaron la salida, trataron de encontrar taxis, pero ninguno les quiso parar, pues eran estudiantes, deberían estar en clases. Ambos que cargaban a sus amigos, estaban desesperados, de vez en cuando, cada uno soltaba un leve quejido.
— "Yugi… Ya no puedo…"
"¡¿Atem?!"
Yugi volvió a su cuerpo, sintiendo el alma del faraón inestable, como si…
—… Oh no…— Gimió. — Ho… Honda-kun…
—… ¿Yugi? ¿Eres tú, amigo? — Este asintió débilmente. — ¿Qué pasó con Atem…?
— No lo puede soportar… Si no hacemos algo pronto…— Sintió algo extraño removerse en el rompecabezas. Estaba aterrado por lo que podía pasar, más aun por lo que había descubierto la noche anterior.
Lograron llegar a la casa de Jonouchi, este abrió la puerta de una patada y recostó a ambos en su cama.
— ¡Oigan! No se vayan a morir, porque les juro…— Se calló al ver a Yugi. — ¿Qué pasó…?
— Está muy débil…— Contestó levemente el pequeño, agitado. — Su alma se despedazará si no…
—… ¿De qué estás hablando?
—… Verán… Anoche…-
Fueron interrumpidos cuando repentinamente el cielo oscureció, y la ventana de la habitación se quebró, dejando ver a una sombra adentrarse al lugar. Honda agarró a Anzu y Jonouchi a Yugi para evitar que salieran lastimados. Era un chico, de cabellos oscuros, vestido de una capucha negra. El rostro les era familiar… era alguien que "había desaparecido".
—… ¿Akira?
Él sonrió y abrió los ojos, eran rojos. Todos se paralizaron, él estaba siendo poseído por el hechicero. Miró a Anzu y a Yugi, este último notó que más que mirarlo a él, estaba viendo el rompecabezas. Él miró el artículo y palideció, estaba titilando. Brillaba y oscurecía rápidamente, de forma constante. Atem no podía estar…
— Duele, ¿verdad? — Sonrió con burla. Todos ya estaban seguros, esa voz no le pertenecía a su compañero de clases. — Ese dolor en el corazón, es físico, pero es doloroso al punto de ser también psicológico y emocional. Mirando el estado de esa niña y el del faraón…— Se rió. — Morirían en cualquier momento.
— ¡Cállate! ¡Eso no va a pasar! — Le gritó furioso el rubio. — Ellos son fuertes…
— Entréguenme el rompecabezas. Para deshacerme del faraón de una vez por todas…
— ¿Eres idiota? ¿Crees que en verdad te lo vamos a entregar? — Espetó el castaño.
De su capucha sacó el cetro del milenio y le apuntó a Honda. Esta chocó contra la pared, aturdido. Notando la distracción de todos, atrajo a la castaña hacia él y le rodeó el cuello con violencia. Esta, no solo por el dolor en su corazón, sino que también por la asfixia, soltó un gemido de dolor.
— ¡Anzu!
— Démenlo. — Ordenó.
Yugi miró con lágrimas en los ojos el artículo, Atem estaba muy débil, en cualquier momento moriría…
—… No. ¡NO! — Negó violentamente con la cabeza. — ¡No lo haré!
El chico hizo una mueca. Apuntó el cetro hacia Honda y Jonouchi, paralizándolos. Luego miró al menor.
—… Dámelo, mocoso. No podrás evitarlo, a menos de que quieras que le rompa el cuello a esta mujer, además de matarla con mi maldición claro.
.
.
.
— ¿Maldición?
— Así es. — Se rió. — Anoche, gracias a mis súbditos, Marik y Bakura, maldecimos el preciado objeto que tiene esta chica. La maldición se activaría con el tacto de ambas almas destinadas.
—… Te refieres a…
— A esto. — Liberó del agarre de Anzu, pero brevemente, y le mostró el collar de la muchachita, con el dije en forma de una pieza de rompecabezas. Anzu sollozó, le dolía demasiado.
Una palpitación del rompecabezas llamó la atención de los tres. Yugi miró al espíritu, apenas era visible, debía ser por su estado tan crítico. Se le veía agotado…
—… ¿Atem?
Yugi se giró a sus amigos. Todos podían verlo… ¿Por qué…? ¿Acaso estaba gastando sus últimas energías? Miró con miedo a su hermano.
"… Tú… Suéltala"
Akira soltó una sonora carcajada, presionó con fuerza el dije de Anzu, logrando que unas descargas la recorrieran. La ojiazul soltó un doloroso grito, retorciéndose levemente, pues era incapaz de moverse por el agarre. Lloraba con desesperación, no quería que las cosas terminaran así…
— ¡ANZU!
— ¡Anzu! ¡Suéltala, maldición! — Trató de moverse el rubio, pero fue imposible.
Atem miró con tristeza a la castaña, quien también le sostenía la mirada. El espíritu sonrió, confundiendo a la chica. ¿Qué iba a hacer…?
"Iré contigo"
— ¡¿QUÉ?!
— ¡NO! ¡No, Atem!
— ¡No lo hagas!
El espíritu cerró los ojos y desapareció, para volver al artículo que portaba el tricolor menor, pero repentinamente el objeto se liberó con fuerza de su dueño y se posicionó en la mano libre de Akira, quien había soltado a Anzu. El hechicero soltó una sonora carcajada.
— ¡Es un idiota! Solo por querer salvarlos… Anzu morirá…— Miró a la chica tirada en el suelo, que seguía llorando y gimiendo de dolor. — Gracias a mi maldición. ¿En verdad creyó que detendría su dolor? El mío nunca se detuvo, sin importar cómo… Y ustedes también pagarán. — Se subió a la ventana y salió de allí con el rompecabezas puesto.
Una vez que su presencia desapareció, Jonouchi y Honda recuperaron la movilidad. Se acercaron a Yugi y a Anzu. Ambos últimos estaban llorando.
—… No puede ser…— Sollozó el menor. — Atem morirá…
— ¡No pienses así, Yugi…-!
— ¡¿Cómo no hacerlo?! — Le interrumpió mirándolo con angustia al rubio. —… Atem morirá…— Se limpió las lágrimas con la manga de su chaqueta escolar, aunque las gotas seguía cayendo.
—… ¿Hay algo que sabes? — Preguntó esta vez la castaña, tratando de incorporarse, pero le era imposible. No podía con tanto dolor.
—… Anoche… Caí y desarmé un poco el rompecabezas, cayeron dos piezas… Y… Atem y yo descubrimos… Que si el rompecabezas se desarma… Una vez más… Siendo que su alma está allí y su cuerpo en otro lugar… Él morirá…
.
.
.
— ¡Atem morirá! — Repitió.
Continuará…
Aiish me costó tanto hacer este capítulo XD Ojalá que les haya gustado, y queden angustiados como todos e_e Ñeñeñe Maldito hechicero cómo pude crear a alguien tan malo :c Bueno jejeje Por algo será!
Fighting!
Rossana's Mind cambio y fuera!
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