Sí, soy yo. Nadie más que Rossana's Mind a su servicio que dentro de poco acabará con esto de una vez por todas. Les requetecontrahiper prometo que actualizaré en Navidad, sí, el mismo 25 de diciembre, como regalo de Navidad les daré el final de Eternidad. Este fic que me han seguido por más de un año, el que nunca abandonaron, otros que me odiaron por hacerlos sufrir tanto XD Jejeje por algo pasa esto…
Y respecto a lo que dije en el capítulo anterior, sobre la nota… Hubo alguien que le atinó enseguida a mi siguiente objetivo
Y el/la ganadora es:
DannyStormborn01!
FELICIDADES
Esta persona descubrió mi secreto n.n! Y ahora se los revelaré a ustedes: HARÉ UNA SEGUNDA TEMPORADA DE ESTE FIC! Yupiiiiii! Para que queden con el pensamiento de que aún habrá más de esto! Si es que aún quieren, claro XD! Bueno, eso es! Se llamará "El fin de la Eternidad y el comienzo del Infinito", me encanta esa frase, no pude evitarlo XD
También doy las gracias a love stories on my mind! Porque le pedí que se mantuviera en silencio para jugar conmigo un rato n.n Muchas gracias, eres genial lml!
El premio es un One-Shot the Replayshipping nyanya! Espero que les guste cuando lo publique!
Bueno, estamos perdiendo muchas palabras, pero necesitaba que LEYERAN ESTO, así que por favor no lo ignoren si quieren saber de este fic y sobre mis actualizaciones!
VAYAMOS AL CAPÍTULO!
Capítulo 29: No es un adiós.
—… No puedo creerlo. — Murmuró.
El doctor Asou miraba con los ojos bien abiertos a Atem, que cargaba a una castaña inconsciente en sus brazos. ¡Como si nada! Caminó hacia él.
—… Usted… ¿Cómo es posible? — El faraón solo se limitó a sonreírle con amabilidad.
— Usted lo dijo una vez, soy un chico fuerte.
Luego de unos segundos de silencio, el doctor se rio suavemente.
— Claro que sí, aún más porque fue cuidado por mí. — Atem le contestó con otra carcajada suave.
—… Anzu se desmayó al verme. — Se encogió de hombros.
Sí, luego de que se abrazaron, el joven trató de hablarle y ella estaba dormida. Ni idea de cómo pasó… Solo… Pasó.
— Bueno, debió estar en shock, más que yo. Anzu estuvo muy preocupada por usted, joven.
—… Yo lo sé. — Cerró los ojos con una gran paz rodeando su corazón. — La dejaré en mi habitación mientras usted me revisa, en caso de que haya algún problema. — Sinceramente era una pésima excusa, pero él doctor se lo concedió.
Luego de un cambio de sus vendas, se volvió a vestir y salió de la habitación, solo para admirar como sus amigos estaban ahí, esperando a que saliera. Todos se giraron para mirarlo con la sorpresa y el shock dibujados en sus rostros. La madre de Yugi y su abuelo lo miraban con la boca abierta, incapaces de decir algo.
Mientras que, por otro lado, sus amigos no pudieron evitar reírse al verlo. Estaban asombrados, eso era cierto, pero ciertamente habían confirmado que todo había acabado. Definitivamente. Yugi, Jonouchi, Mai y Honda corrieron hacia él y lo estrujaron en un gran abrazo. El ojivioleta soltó un jadeo ante la fuerza y el repentino acto. Sin embargo no pudo evitar reírse suavemente con ellos, no pudo evitarlo, la felicidad que sentía era inexplicable. Yugi solo le sonrió con lágrimas en los ojos, Jonouchi se limitó a sonreírle como solo él sabía, Mai le guiñó el ojo y Honda hizo un gesto con la mano para darle la bienvenida.
—… Estás bien. Qué alivio. — Miró a la madre de Yugi que había dicho eso. Esta le sonrió con alivio y se rió.
— Gracias.
— Eres fuerte muchacho, siempre lo supe. Desde que me salvaste, lo supe. — Se cruzó de brazos el anciano con una sabia mirada. La sonrisa del faraón se volvió orgullosa ante esas palabras, finalmente pudo lograr su objetivo, terminar ese capítulo que aún lo ataba a su otra vida.
Al fin podía comenzar con una nueva vida, esa segunda oportunidad que tanto él había anhelado en silencio.
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Abrió perezosamente los ojos, sentía que había dormido milenios, pero bastante bien, no había dormido bien desde el accidente, por eso…-
Abandonó esos pensamientos al encontrarse con unos ojos violetas que la observan, estaban frente a frente. Se dio cuenta de que ambos estaban en su cama de su habitación del hospital. Sonrió suavemente, aún un poco somnolienta. Había extrañado esos ojos, violetas, profundos, confiados y hermosos. Respiró lentamente, admirando esos orbes en la oscuridad.
—… No es un sueño, ¿verdad?
Él, en respuesta, sonrió suavemente y tomó la mano de la castaña. La llevó hacia su pecho, para que sintiera los latidos de su corazón. A Anzu le gustaba que hiciera eso, y él lo sabía. Ella amaba ese sonido, porque era la prueba que no era un sueño, que ella podía sentirlo como él a ella. Acarició con sus dedos el sector de su pecho donde se encontraba su corazón, adorando la palpitación que sentía con la punta de sus delicados dedos.
Atem detuvo su mano y la llevó hasta sus labios para besarla suavemente. Su piel era tan tibia y suave, cerró los ojos, apreciando el momento. Él solo deseaba estrechar su mano, abrazarla, tenerla a su lado.
Pero había algo que ellos tenían que resolver.
Ambos lo sabían.
Sin embargo esa por esa noche lo dejarían pasar.
Anzu anhelaría ese momento, Atem también.
No era momento de que pensaran en eso. Simplemente lo olvidarían. Los ojos zafiros de la castaña se fueron cerrando nuevamente, aún estaba cansada, él comprendía. Puede que hubiese estado mucho tiempo "durmiendo", pero él también se sentía cansado. El faraón la acercó más a él para estrecharla por completo y presionar sus labios contra su frente. Antes de que se entregara al mundo de los sueños, supo que de alguna forma, aunque no estuviera allí, se sentía observado. Quien sabe, tal vez sí estuvo siendo observado, pero simplemente nadie podía verla. Sabía que ella sonreía, sabía que se estaba despidiendo se él, sabía que le deseaba suerte.
Pudo jurar sentir unos labios en su cabeza, cerca de su frente.
Sabía que fue el espíritu de su madre.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— Y así fue como el faraoncito vivió feliz con la bailarina. — Recitó el rubio al aire, llamando la atención de la rubia que lo acompañaba.
—… ¿Qué clase de cuento es ese?
— No lo sé, aun no sé qué nombre ponerle a este capítulo de nuestra aventura. — Se rió sonoramente. — Bueno, al menos las cosas volvieron a la normalidad.
La joven de ojos lilas frunció el ceño.
—… ¿Todas?
— No, no todas. — Habló honestamente. — Tenemos que hablar con Akira, respecto al espíritu, también a su padre… Diablos, ya muchos saben el secreto de Atem, no creo que…
— Katsuya. — Le cortó rápidamente con la el tono de voz altivo y autoritario, haciendo callar al rubio. — ¿No hay nada más que solucionar? ¿Algo de lo que quieras hablar conmigo?
El joven de ojos castaño atinó ante el último comentario. Mierda. Lo había olvidado por unas horas. Estuvo tan emocionado con el regreso de su amigo que había pasado por alto el problema que tuvo con la rubia.
—… Puedes cuidarte, Mai.
— Lo sé. — Se cruzó de brazos. — Por eso no comprendo por qué me hiciste a un lado aun sabiendo eso.
— No quise tomarme el riesgo. — Comentó honestamente el rubio. — Solo quise mantenerte a salvo, Mai. Debes saber que incluso en contra de tu voluntad, yo te protegeré a mí manera, incluso si eso significa sacrificar mi propia vida.
Claro que lo sabía, se lo había demostrado cuando se enfrentó a Marik. Dejó caer los brazos con una expresión cansada y triste.
—… Incluso cuando hubo peligro, Atem nunca apartó a Anzu de su lado. Es más, confió en ella.
— ¿Qué quieres decir con eso? — Frunció notoriamente el ceño. — Atem tiene sus formas, yo tengo las mías, Mai. — Refunfuñó. — Si no te agrada mi manera de mantenerte a salvo, ya puedes irte a competir contra Anzu, aunque de todos modos ella va a ganar porque tú eres fea. — Le dio la espalda con una mueca de disgusto.
La duelista no podía creer lo que escuchaban sus oídos. Toda la indignación se había ido y sonrió torpemente ante el descubrimiento que había hecho en ese momento. Se acercó un poco a él.
—… Jonouchi… Katsuya. — Se rió. — El tercer mejor duelista… ¿Estás celoso?
El rubio se giró rápidamente con las mejillas encendidas y una expresión de cólera.
— ¡¿YO?! ¡Claro que no! ¿Quién estaría celoso de ti? ¡Arpía loca! — Le gritó. Apretó los dientes y cerró los ojos para tratar de ignorar la migraña que sentía. Ra, no podía creer que…
—… Estás celoso. — Abrió nuevamente los ojos para admirar la burlona sonrisa de la rubia.
—…— Apartó sus ojos de ella.
— ¿Por qué estás celoso? Atem es mi amigo. — Alzó una ceja. — Es como un hermano para mí. Solo me conmueve lo mucho que se cuidan mutuamente y a pesar de todo… Fueron recompensados por ello.
Jonouchi pestañeó y no pudo evitar sonreír. Había visto lágrimas de Anzu, sus ojos azules llenos de sufrimiento a tal grado de estar sin brillo, unos ojos violetas llenos de remordimiento por sentir amor por alguien prohibido, a Atem lo desgarraron de su propio cuerpo una vez más, sin embargo el destino quiso seguir con aquella oportunidad de vida.
Ambos siguieron, se levantaron.
Le pasó un recuerdo, de una castaña sangrando, una espada atravesando su pecho.
Luego recordó al tricolor con una herida similar, no respiraba y estaba en los brazos de Anzu.
—… Sí. — Suspiró para mirarla. — Mai… Yo no quiero hacer las cosas mal. Admito que siempre me encargo de los trabajos pesados, porque así crecí, me encargué de los idiotas que molestaban a mi hermana cuando era un niño, cuidaba a mi padre que pasaba todo el día bebiendo hasta que lo obligué a entrar a rehabilitación… Te conocí y te protegí porque sabes que lo que siento por ti, no lo sentiré por nadie más.
— Lo sé.
El rubio quiso morirse ahí mismo. Le había confesado algo tan profundo para recibir un simple "Lo sé." ¡Genial!
— También debes saber que yo siento lo mismo y que obviamente volverás conmigo.
—…— Pestañeó un par de veces, hasta que se rió. — ¡Claro que sí!
— Y no te preocupes, guardaré el secreto de Atem que estuviste celoso de él.
Jonouchi sintió que hasta su cabello se volvía rojo de la vergüenza.
— ¡C-Cállate!
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Todos miraban en silencio como la pareja caminaba en los pasillos. Atem y Anzu ignoraban esas miradas, solo siguieron caminando tomados de la mano con una expresión serena en sus rostros. Detrás, iban sus amigos que miraban felices al reciente par junto.
—… Me pregunto si los están mirando porque Atem está vivo, pues porque todos saben que fue "atacado" en la escuela… O es porque está con Anzu. — Se preguntó el castaño.
—… ¿No has pensado que son las dos cosas? — Pensó Yugi en voz alta.
— Es probable. — Se encogió de hombros Jonouchi.
—… Sin embargo… ¿Estarán esos dos bien? — Honda se cruzó de brazos, pensativo. —… Ya saben… A esos dos… Les quedan muchos asuntos, ¿no?
Los cinco se detuvieron abruptamente cuando se cruzaron con cierto joven de ojos marrones.
Akira.
Los jóvenes elegidos miraban expectantes al joven que los miraba con una expresión seria. El silencio se volvió un poco incómodo, logrando llamar la atención de algunos alumnos que miraban la situación.
El faraón suspiró y suavizó su expresión.
—… Supongo que te debo una charla y una explicación.
— Tal vez. — Alzó una ceja.
Él asintió y soltó a la castaña, que solo le sonrió. Atem le devolvió la sonrisa y caminó en dirección hacia la azotea. Akira le siguió sin decir nada, dejando a sus amigos atrás.
— Está vivo.
Los cuatro se giraron para mirar a Kaiba.
— Así es. — Contestó el rubio. — Lo está.
— Mmph. — Bufó. — De alguna manera, no me sorprende. — Caminó hacia el salón. — Después de todo, siempre se salvan por un cabello.
Los chicos no dijeron nada, no lo iban a contradecir. Anzu se limitó a entrar al salón, mientras que sus amigos la seguían.
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— Solo resumiré que fuiste controlado por un espíritu.
— ¿Esas tonterías de exorcismos y magia existen? — El chico se cruzó de brazos.
— Tal vez no del concepto que tienen en este mundo, pero… Sí. Podría decirse que sí. — Se encogió de hombros. — Y… Pues… Nada, simplemente que casi morí por esa causa, pero ya se terminó. Así que no hay mucho que decir.
—… No formas parte de aquí, ¿verdad? — Atem se giró para mirar a Akira. — Siempre se supo que Muto Yugi era hijo único, todos se creyeron la estupidez que hubo un hermano escondido, pero para mí es estúpido. Es imposible, porque yo crecí con Yugi, no como amigos, pero desde que fui un niño lo vi de lejos, nunca pareció haber una conexión con alguien más aparte de él mismo y Mazaki. — Lo miró con el ceño fruncido. —… Hasta que comenzó a usar el rompecabezas que llevas puesto.
El faraón se limitó a ver el artículo un segundo y volvió a mirarlo.
—… Ahora tienes cuerpo propio.
— Eres muy observador.
— Lo sé. — Sonrió con arrogancia. — Pero estas estupideces nadie las creería, así que es mejor estar en silencio antes de que nos encierren en un loquero a todos. — Se rió sin ganas. — Bien, no es necesario que me supliques, porque no diré nada. Ni mucho menos a mi padre.
— Él ya sabe algo. — Mencionó. — Pero estoy seguro de que no va a preguntar.
Akira asintió, asimilando la información.
—… ¿Eso es todo?
— Sí. Aunque si necesitas algo más, puedes pedírmelo. — Le sonrió finalmente.
Atem sabía que Akira no era un mal chico, solo que hacía las cosas de mala manera para ganar atención. El joven se limitó a mirarlo unos segundos sin decir nada.
—… Tengo una última pregunta.
— ¿Cuál es?
—… ¿Quién eres tú?
Atem sonrió, en respuesta activó el poder del rompecabezas, sorprendiendo al de ojos cafés. Se dibujó el ojo de Horus en su frente, aunque fue borrado luego de que ser cubierto por su verdadera apariencia. Su piel se tornó morena y sus vestimentas se volvieron antiguas y se formaron unos adornos de oro en sus extremidades en su cabeza.
Akira se dejó caer torpemente al suelo, sin creer aun lo que veía.
—…
— Creo que ahí tienes tu respuesta. Pero mi nombre no cambia, sigue siendo Atem.
Detuvo el poder del artículo, logrando así volver a su apariencia normal de aquella época.
—… Sí, creo que la tengo. — Su respiración logró acompasarse. —… ¿Podemos saltarnos las clases? Porque ahora, sinceramente quiero saberlo todo.
El tricolor lo miró unos segundos, no dudaba en que Akira no dijese nada al respecto, sino que se preguntaba si lograría formar una amistad con el muchacho.
—… Bien. — Se sentó para hacerle compañía y contarle desde el principio su historia.
-D-í-a-s—D-e-s-p-u-é-s
Se colocó una blusa sin mangas negra junto con una falda morada. Se puso sus botas blancas y salió del departamento, viendo a sus amigos a la entrada del edificio esperándola con una sonrisa en cada rostro.
Anzu también sonrió.
Esta sería la última noche que pasarían todos juntos.
Yugi, Honda, Jonouchi, Mai, Atem y ella.
Y vaya la idea que se le ocurrió a Jonouchi.
Y ahí estaban todos, reunidos en un bar, el dueño era amigo del padre del rubio, así que no tuvieron problemas en entrar y mucho menos en rentarlo solo para ellos esa noche.
— Bien. — Colocó los seis jarros de cerveza en la mesa. — ¡Un brindis! Porque no sabemos cómo nos irá en el examen de actitud que será el próximo lunes. — Habló seriamente. — Y por supuesto, deseémosle un buen viaje a Anzu y que más vale que no se olvide de nosotros y nos mande recuerdos.
La castaña se rió suavemente y asintió.
Sí. Había decidido aceptar la aprobación de la academia de danza. Finalmente su sueño se haría realidad.
— ¿Estás seguro de esto, Jou? — Habló nervioso el menor. —… Yo nunca he bebido en mi vida…-
— Yo sí, pero no con frecuencia. — Se encogió de hombros. — ¡Vamos, Yugi! Sé que quieres…
— Aunque pienso que sería mejor hacer un brindis más general. Ahorremos las palabras. — Intervino Mai. Agarró su jarra y la alzó. — Por nosotros y nuestro futuro.
Todos le sonrieron a la rubia y alzaron sus enormes jarrones con cerveza.
Aunque claro, luego de unos dos horas, Yugi ya se encontraba en el suelo murmurando algunas cosas y Atem le hacía compañía tratando de entender qué demonios estaba balbuceando pues él estaba completamente sobrio, Jonouchi y Honda estaban cantando en el escenario mientras que Mai y Anzu eran obligadas a escuchar, de lo contrario escucharían un berrinche por parte del par.
—… ¿Y bien?
— ¿Bien qué?
— ¿No has hablado con Atem?
—… Sobre… ¿Mi viaje?
— Anzu. Te vas el día de la graduación, luego los chicos rendirán el examen. ¿Sabes cuánto de queda para pasar tiempo con él?
—… Una noche. — Contestó. — Tengo solo una noche para hablar con él.
— Así es. Porque mañana te vas. — Miró su reloj. — No, no te vas mañana. Te vas HOY, en cinco horas más.
—… Así es. — Sonrió.
— ¿No estás triste?
— Me sentiré sola. — Admitió. — Pero estoy feliz con lo que tengo. Me iré, pero sé que ustedes me van a esperar… Estoy segura de eso. — Cerró los ojos. —… Tú me enviarás e-mails… Jou y Honda también, contándome cuáles serán sus objetivos, Yugi seguirá siendo mi amigo, ya no sufrirá por mi culpa… Y Atem seguirá esperándome.
—… ¿No dudas de él? ¿Ni siquiera un poco?
— Nop.
La rubia se rió entre dientes. Increíble.
— Iré a tomar un poco de aire. — Mencionó la castaña antes de ponerse de pie y salir del sector.
La joven de ojos violetas notó que Atem había seguido a la ojiazul con la mirada. Mai suspiró, cogió unas servilletas y se las lanzó, llamando su atención y el faraón la miró con la confusión escrita en su rostro.
— ¿Qué esperas, galán? Ve tras ella.
El ojivioleta permaneció en silencio hasta que asintió sin más siguió a la castaña.
— ¡¿Cómo que GALÁN?! ¡MAI! ¡Me debes una explicación! — Escuchó la voz de su novio. Pudo oler el alcohol cerca de ella.
—… Genial. — Bufó.
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Anzu admiraba el cielo estrellado con una sonrisa. Llevó ambas manos detrás de su espalda para juntarlas y suspirar con los ojos cerrados. Nunca creyó que pasaría aquello.
Desde que tenía consciencia, amaba bailar, fue su aspiración.
En el jardín de niños, sus compañeros se burlaron de ella por su sueño.
Así que decidió callar su objetivo. Luego conoció a alguien.
Yugi.
Creció, siguieron siendo amigos, aun antes de que terminara de armar el rompecabezas, Jonouchi y Honda se presentaron en su vida, los muy idiotas y pervertidos los molestaban, especialmente a Yugi. Luego de armar el artículo, apareció Atem. Aquel joven que la salvó, y logró enamorarla tan fácilmente. Primero la había cautivado su voz, su profunda y varonil voz. Nunca creyó que lo encontraría, claro, hasta que Yugi confesó que la persona en quien ella suspiraba, era su otro yo. Lo conocieron oficialmente, siguió siendo su amiga, tanto de Atem como de Yugi. Pasaron aquellos conflictos, Pegasus arrebatando el alma del abuelo de Yugi, Marik y su venganza junto con poseer una parte de ella, Dartz y el Sello de Orichalcos, Tenma (N/A: Si no lo conocen, aparece en el manga YuGiOh R, es muy genial, les sugiero que lo lean, hay pistas Revolutionshipping e.e), y Bakura con su Juego de las Sombras. Cuando terminaron y el faraón logró recuperar sus memorias, una parte de ella le decía que tal vez… Solo tal vez… Atem se iría para siempre, sonreiría y se iría con su familia… Pero se quedó, con ellos.
— Anzu. — La aludida se giró para encarar al joven. Le sonrió con dulzura.
— Hola.
— ¿Estás bien?
— Sí. — Contestó honestamente. — ¿Y tú?
—… No lo sé. — Se acercó a ella. — Se me será extraño no verte dentro de dos a cuatro años.
—…— Bajó su vista para mirar las manos del faraón, mantenía los puños apretados. Tomó una de estas y la estrechó. —… Aún no es seguro. Si me va bien, estaré solo dos años… Si necesito entrenar más, serán cuatro.
— Sería mucho de todos modos.
—… Si te hubieras ido… Probablemente hubiese pensado lo mismo. Tendría que haber esperado hasta morir y volver a verte si hubieras cruzado la puerta. — Lo miró a los ojos. — Eso sí que hubiera sido mucho tiempo. — Se rió.
—…— Correspondió el apretón de su mano con la de ella con cariño. — Tal vez. — Sonrió.
—… Al menos sé que te volveré a ver.
— Sí. Lo harás. — Borró su sonrisa un segundo para mirarla intensamente a los ojos. —… Te extrañaré.
— Claro que lo harás, soy tu novia. — Bromeó con las mejillas sonrojadas.
Atem se acercó a ella hasta acariciar su rostro. Su expresión estaba llena de melancolía y otra expresión que ella conocía muy bien, sin embargo él nunca lo pronunció en frente de ella.
— Te amo.
Abrió sus ojos zafiros más de la cuenta ante la repentina confesión. De verdad pensaba que se lo diría en algún otro momento, pero no antes de irse. Parecía una especie de afirmación… Como si…
Como si tratara de jurarle que siempre la esperaría.
Luego se sorprendió aún más cuando el faraón de acarició las sienes con la mano, tratando de ocultar su rostro ruborizado.
—… Fue más difícil de decirlo de lo que creí…
La castaña también se sonrojó.
—… Eh… Um…
— ¿Por qué te avergüenzas? ¡Lo haces aún más difícil! — La miró desconcertado. ¡Ra, estaba en ridículo!
—… ¡Es que…! ¡No sé qué decir!
— ¡Tampoco yo…!
Ambos se dieron la espalda con el corazón en la garganta y el rostro encendido. Atem se pateó mentalmente, realmente había tratado de decírselo antes de que le diera un ataque al corazón de la ansiedad, ¡¿por qué le había costado tanto?! ¿Y por qué le daba tanta vergüenza? Realmente le faltaba algo en aquella situación… ¿Pero qué? En cambio, Anzu se debatía en qué diablos decirle para volver a calmar el ambiente. ¿Por qué estaba tan alterada si ella ya se lo había dicho? Para ella fue mucho peor porque ella aún no estaba segura de lo que pudiese sentir el faraón por ella, pero…-
Entonces comprendió.
Faltaba una última respuesta en esa confesión. Se giró abruptamente, mirando la espalda del chico, que no se había dado cuenta de su movimiento. Inhaló y exhaló para pronunciar lo que deseaba.
— Yo también te amo.
La mente del faraón se volvió en blanco cuando oyó esa oración provenir de los labios de la castaña. Ahí estaba lo que faltaba para llenar y consolar su corazón durante su ausencia. Se giró para mirarla con sorpresa, admiró su expresión, un poco más calmada, sin embargo el sonrojo de sus mejillas no se había ido. Suavizó un poco su expresión, ya un poco más aliviado, pero también sabía que el calor de su rostro no había disminuido.
Anzu se paró de puntitas para presionar sus labios con los del faraón, sorprendiéndolo. Aunque fue un simple roce de un simple segundo, le sorprendió bastante. La joven se alejó con una sonrisa en su rostro. Él le correspondió la sonrisa y la estrechó en sus brazos mientras volvía a besarla.
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— ¿Sabes? Hubiera podido disfrutar la ceremonia de no ser por esta horrible jaqueca. — Se quejó el rubio.
— Te apoyo. — Suspiró el menor con una expresión cansada.
— Ya somos tres. — Alzó la mano perezosamente el castaño.
— Yo no. — Atem se encogió de hombros.
Los cuatro caminaban hacia la salida del instituto. Ya habían recibido sus diplomas, ahora sus familiares los esperarían en la salida para felicitarlos. Yugi, Honda y Jonouchi tenían una terrible resaca. Atem no había bebido casi nada la noche anterior, admitía que tenía muchísimo sueño, pero podía soportarlo.
— ¡Mis lindos bebés!
Atem y Yugi se vieron envueltos en un fuerte abrazo maternal por parte de la señora Muto, mientras que el abuelo solo se reía sonoramente.
— ¡Onii-chan! ¡Honda-san!
El rubio se giró para ver a su hermana corriendo hacia él, detrás de ella estaba Mai, y un poco más atrás, estaban sus padres, claro, cada uno, a una distancia prudente. Su madre venía con su nueva pareja. Se sorprendió bastante.
— ¡Onii-chan! — Lo abrazó con fuerza.
— Bien hecho, querido. — Le guiñó el ojo la rubia. — Tienes mi aprobación de nivel intelectual. — Se burló.
—… Eh… ¿Gracias? — Se rió mientras correspondía el abrazo de su hermana. Vio a su castaña hermana correr hacia Honda y abrazarlo. Sonrió, derrotado. Solo por hoy los dejaría en paz.
Caminó hacia sus padres.
— Fuiste más de lo que esperaba. — Comentó su padre. Sus ojeras eran notorias, la rehabilitación le habían hecho perder un poco la energía, pero parecía verse mucho mejor.
— Puedo decir lo mismo ahora, viejo andrajoso. — Bromeó.
— Estoy feliz por ti, Katsuya. — La mujer mayor le sonrió con suavidad.
—… Gracias, mamá.
La pareja de su madre estrechó su mano con la de él. Nunca se habían visto, así que no había mucho que decir al respecto.
Mai le rodeó los hombros con su brazo mientras besaba su mejilla.
— Muy bien, Jou. Serás parte de la sociedad, como alguien normal.
El rubio se rió.
Shizuka se unió con Honda hacia el grupo, luego la familia Muto.
Sin embargo hubo alguien que se alejó de la celebración y caminó un poco más para apartarse del ambiente tan alegre. Miró el cielo azulado, que parecía más brillante y hermoso que nunca. En medio de la ceremonia, él había escuchado pasar un avión cerca.
Debió ser ella.
— ¿Estás deprimido?
Atem no necesitó girarse para notar las presencias de Ren y Aoi mirándolo con curiosidad.
—… No. — Se giró a verlos con una sonrisa confiada. — No es un adiós de todos modos.
Continuará…
Yuupiiiiiiiiiiiii!
Capítulo terminado! Muy lindo, muy lindo! XD En fin, después de todo, no iba a permitir que Anzu se quedara para no cumplir su sueño, yo de verdad quería que lo cumpliera, así que tuve la idea bien formada de que a pesar de todo, ella logrará su objetivo!
Akira era bueno después de todo, pero no sabía tomar buenas decisiones..
Jonouchi y Mai volvieron, y para mejor, la familia de él está un poco separada pero en buenos términos n.n
Y en cuanto a Atem… u.u Pobrecito, estará solo…
Nosotros le haremos compañía XD!
Bueno, espero que les haya gustado este capítulo!
OH DIOS MÍO ES EL PENÚLTIMO CAPÍTULO DX CREO QUE LLORARÉ XD
Jajaja Nos vemos en el próximo y ÚLTIMO capítulo!
Fighting!
Rossana's Mind cambio y fuera!
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