. . .
… Estamos todos reunidos en esta fecha especial para leer el último capítulo de Eternidad. No es el primer fic que termino, y tampoco será el último. Esperarán más fics de YGO de mí, como saben, habrá una SEGUNDA TEMPORADA de este fic, ya mencioné como se llamaría en el capítulo anterior, yo espero que todos se entusiasmen en leerlo, no aseguro ninguna fecha para saber cuándo lo subiré, tengo muchos fics que terminar, me demoraré mínimo seis meses en publicarlo por obvias razones, muchos fics, y el 2015 será mi último año, me graduaré y tendré que rendir la prueba para buscar una universidad, en mi país este examen es conocido como PSU, quien sabe, en unos años más puede que cambie de nombre como siempre… Bueno, yo sinceramente crecí escribiendo este fic..
En un principio, solía ser muy inmadura, sin embargo con todas estas experiencias, tanto buenas como malas que pase en fanfiction y en mi vida… Ahora me considero una persona racional. Les agradezco de corazón que me hayan apoyado hasta ahora con este fic y espero que me sigan acompañando hasta el final!
VAYAMOS AL ÚLTIMO CAPÍTULO, GENTE!
ME PASÉ TANTOS ROLLOS, CREÍ QUE NO PODRÍA SUBIR EL CAPÍTULO PORQUE EL COMPUTADOR DE MI MADRE NO FUNCIONABA D'X CASI LLORO
Capítulo 30: Para toda la Eternidad.
Recibió un 'librazo' en la nuca por su tutor. Miró con irritación al chico de ojos violetas que lo miraba de la misma manera.
— Por favor, Akira. Solo es historia.
— Sí, historia ABURRIDA. — Dijo entre dientes el de ojos marrones. — Esto es fácil para ti porque tienes un cerebro desarrollado como los extraterrestres. — Se acarició el sector golpeado. — No puedo creer que mi padre te esté pagando para que me enseñes historia.
— La única razón por la cual sigues sin entrar a la universidad es porque no consigues una gran calificación en este sector. — Atem frunció el ceño.
— Pues lo lamento, su majestad. — Se burló. — Pero yo soy normal.
Como respuesta recibió otro golpe en la cabeza.
— Esta es la última clase que te haré antes de tener vacaciones, Akira. — Suspiró. — Sabes que puedes, pero no te esfuerzas.
— Te pareces a mi padre. — Se cubrió los oídos. — Eres odioso a veces, Atem.
El faraón solo volvió a suspirar. Hace tres años, todos sus amigos habían aprobado el examen. ¡Incluso Jonouchi! Pero Akira no lo había hecho, el chico era inteligente, sin embargo el ser poseído por mucho tiempo por el espíritu había provocado un desequilibrio intelectual, así que Atem comenzó a ayudarlo por voluntad para que volviese a ser el de antes. Estaba seguro que ya estaba recuperado, pero él simplemente reprobaba a propósito. Era para llamar la atención, pero aquel año era su última oportunidad.
—… Bien, la clase terminó. — Echó sus libros en su bolso. — No puedo hacer nada más. Dudo que repruebes esta vez, siempre haces las cosas a último minuto. — Le sonrió con arrogancia. El de ojos cafés le contestó de la misma manera.
— Lo hago con estilo, faraón. — Le sacó la lengua.
El joven de 20 años solo sonrió, derrotado. Ese chico seguía siendo un niño en el fondo.
Una vez que salió de la casa del chico, se colocó su bufanda al sentir una helada brisa morder sus mejillas. Pronto sería Navidad. Desde el último examen, él no entró a la universidad, de vez en cuando se iba a Egipto a visitar a Ishizu y a Marik con el fin de realizar investigaciones y profundizarlas con su mismo conocimiento con la compañía del abuelo. Recientemente había vuelto para terminar su trabajo como tutor de historia, el padre de Akira le pagaba bien por ser su cliente más frecuente, así que se sentía realmente satisfecho con lo que realizaba, tenía suficiente dinero para buscar algún departamento en algún lado.
Yugi había heredado la tienda, dándole libertad a él y al abuelo de salir cuando quisiesen a hacer expediciones, mientras que él y su madre se hacían cargo de la tienda. Jonouchi y Mai de vez en cuando volvían a los duelos, pues de una forma u otra, ganando uno lograba ganar dinero, así que encontraron esa forma como un pasatiempo beneficioso. Aunque el rubio consiguió empleó donde una vez Atem trabajó, y fue ser guardia del centro comercial, aunque Jonouchi se lo tomaba muy a la ligera. Honda terminó trabajando para Kaiba, así que todos se rieron de él cuando se enteraron. Pero el castaño estaba feliz, pues tenía momentos para burlarse de Seto en secreto, y aún más cuando le trae fotografías a Jonouchi, haciendo que este último corriera a la corporación Kaiba solo para reírse del Jefe.
Aunque claro… De vez en cuando el pobre terminaba preso…
Sin embargo, Atem le guardaba el secreto a Honda de que ayudaba a los discapacitados a realizar rehabilitaciones con tal de estabilizarse. No comprendió en un principio por qué lo ocultaba… Hasta que descubrió que en ese mismo hospital donde era voluntario, también lo era Shizuka.
Atem cerró los ojos, recordando el día de su graduación. El día que Anzu se había ido. Seto había propuesto un torneo, de nuevo, solo por diversión. Aunque indirectamente, terminó ayudando la reputación de Yugi y la de Atem. ¿La razón? Muchos creyeron que Atem se hacía pasar por Yugi para tener mejor reputación en los duelos, y gracias al torneo, todas las dudas fueron resueltas.
Tercer lugar: Kaiba Seto.
Segundo lugar: Muto Yugi.
Primer lugar: Muto Atem.
Sí, nuevamente la había ganado a su descendiente. Aunque por poco casi fue derrotado, no le hubiera importado de todos modos. Hasta el presente, de vez en cuando se encontraba con unos niños que lo reconocían y le pedían consejos del duelo de monstruos, él se tomaba su tiempo y les trataba de ayudar lo mejor que podía.
Aunque esa pequeña migaja de soledad seguía molestándole.
— Ah, la esencia de tu alma se enfrió un poco. — Escuchó una voz a sus espaldas.
— Es porque está triste, hermano. — Le replicó una voz femenina.
— Creo que eso está más que claro, Aoi. — Ren se rió. — Pobre faraón, tus amigos y tu chica tuvieron que esperarte. Ahora es tu turno.
— Déjalo, hermano.
Atem agradeció que Aoi estuviera de su lado. No le molestaba esperar a Anzu, él sabía que ella volvería, no tenía por qué dudar de ello. Sin embargo su corazón sentía una soledad inmensa cuando hacían una reunión entre amigos.
Porque además de ser la mujer que había elegido para el resto de su vida, ella también es su amiga, la persona que también faltaba en aquel cuadro familiar que compartía con sus amigos. Recordaba que recibió una carta de ella una sola vez. Decía que se disculpaba por no poder hablar, pero no tenía tiempo.
¡Claro que no lo tenía! Desde que la vio bailar, supo que ella cumpliría su sueño, que ella lo lograría, pues tenía un don especial. Y todos lo notaron, la descubrió una vez bailando en un video oficial de una cantante conocida internacionalmente. Sí que se llevó una gran sorpresa, también le pidieron que participara en un concierto para ser una de las bailarinas de la misma cantante. La joven fue obviamente aprobada en la academia que tanto soñó, y consiguió éxito enseguida, por esa misma razón, estaba tan ocupada. De no haber sido así, ella ya habría vuelto.
El sonido de la puerta de la tienda abrirse lo devolvió a la realidad. Alzó la vista para ver a Yugi leyendo un libro. Alzó la vista para mirarlo y sonreírle.
— Bienvenido a casa, Atem.
— Gracias, Yugi. — Se quitó la bufanda para colgarla. — ¿Cómo van las cosas con Rebecca?
— Bastante bien. — Se rió. — Llevamos nueve meses.
— Mmph, debes estar feliz.
— ¡Claro que lo estoy! De no ser por ti, tal vez nos hubiésemos demorado aún más en estar juntos.
—…— Se rió suavemente. — ¿Recuerdas la única vez que Anzu nos mandó una carta?
— Quiero corregirte. — La lanzó una mirada burlona. — Olvida el 'nos', la carta era para ti, eres su novio.
— Estás cambiando el tema. — Cerró los ojos mientras se quitaba su abrigo tratando de ocultar su rubor. — Bueno, la verdad es que en la carta Anzu me pidió que los juntara a ustedes dos si es que aún poseían sentimientos por el otro.
—… Con razón pensaba que tu idea estaba demasiado alejada de tu ideología, todo fue idea de Anzu, ¿eh? — El faraón asintió.
— No quise decirte porque era una sorpresa.
— ¿Y recién me lo dices ahora?
— Pues, se me olvidó. — Mintió.
— Ajá. — Luego recordó algo. — Oye, Atem. La última vez que estuviste en Egipto, Anzu salió en la televisión.
— Siempre sale en la televisión, Yugi. — Alzó una ceja. El menor se rió. Muy bien, algo no andaba bien. — ¿Qué?
— No fue un video musical. Fue en una entrevista. — Bueno… Eso era de su interés.
Atem se sentó a su lado, acompañándole en la tienda.
— Anzu es una de las bailarinas más jóvenes que tienen tan buena reputación, así que quisieron saber todo de ella. — Se rió nuevamente. — Y le preguntaron por su vida amorosa. — Atem hizo una mueca. — ¿Sabes lo que dijo Anzu? — El faraón negó. — Dijo que había una persona esperándole en casa. — Apartó sus ojos de su hermano, pero sin dejar de sonreír. — Aunque claro, la pobre estaba muy nerviosa, me dio mucha gracia verla así.
El faraón sonrió, conmovido al imaginarse el manojo de nervios que debió tener su castaña para contestar tal pregunta.
— Vi que su cabello estaba más largo, al parecer quiso lo dejó crecer. — Le mencionó.
—…— Asintió. — Estoy orgulloso de Anzu. — Susurró al cerrar sus ojos. — Su sueño se cumplió y fue más allá de mis propias expectativas.
— Pues claro. Estamos hablando de Anzu. Nuestra mejor amiga, hermana y parte de la familia, conocida como una de las mejores bailarinas del mundo. — Se rió. — Hay rumores que también piensa centrarse en ser cantante. — Atem le miró sorprendido. — Son rumores, no estoy seguro de eso. Aunque Anzu siempre tuvo una voz muy linda.
— Vaya. — Alzó una ceja. — Pareces estar muy al tanto de lo que hace. — Yugi se rió, el faraón estaba celoso.
— Jamás haría algo en tu contra, Atem. Lo sabes. — Se encogió de hombros. — Solo lo hago para que estés enterado y no pases dos noches sin dormir por esa causa. — Atem se sonrojó. — ¿Creíste que no habías llamado la atención? No dormiste dos días completos solo porque uno de los actores más famosos de Estados Unidos le pidió una cita a Anzu.
—…
— Muy bien. Será mejor que recojas a mamá en el aeropuerto. — Mamá llegará de Osaka, así que… ¿Puedes recogerla? Yo aún debo cuidar la tienda.
Atem asintió, alejando el rompecabezas del Milenio de él.
— ¡Hey! ¿Nos dejarás aquí? ¿Es enserio? ¡Qué cruel! — Escuchó a Ren quejarse. Él solo sonrió con burla. La verdad era que molestarían mucho durante el trayecto. No se quejaba por la melliza de este, pero Ren…
Ni hablar.
— ¿No llevarás el rompecabezas? — Preguntó extrañado su hermano.
— Ren da dolores de cabeza. — Se rió, y su hermano le imitó. — Ya vuelvo.
Se subió a la motocicleta que Honda y Jonouchi le habían regalado. Sabía que a su madre no le gustaba que la usara, pero así el trayecto no sería tan largo…-
Madre.
Síp.
En Egipto, en su primera vida, nunca lo dejaron asociarse con mujeres además de su madre, Mana e Isis. Las demás eran pretendientes, las cuales rechazó enseguida… Siempre supo que el calor de una mujer, ya fuese maternal, amoroso, o fraternal fue una gran bendición.
Y comprobó esa silenciosa teoría cuando las personas que más lo animaron todos esos años de la ausencia de Anzu fueron la madre de Yugi, Mai, Shizuka y Rebecca.
El cariño que la señora Muto le transmitía le recordaba el calor de su primera madre, Atenea. Todo comenzó una noche en la que él no pudo dormir, a causa de su melancolía por la ausencia de la castaña. Ella lo encontró despierto y decidió consolarle. Le pidió que recostara su cabeza en sus piernas o acarició su cabello mientras le contaba su historia de cómo había conocido al padre de Yugi. Después le había dicho que debía imaginar que Anzu se sentiría un poco peor en otro continente, pues no tenía a nadie, ni familia ni amigos, sin embargo era fuerte y seguiría adelante. Al igual que él. Gracias a esas palabras él había logrado conciliar el sueño. Luego de ese suceso, un día, sin pensar, había llamado a la señora Muto mamá. Vaya que se había espantado cuando la mujer había comenzado a llorar, por un momento creyó que le había agarrado confianza muy rápido, sin embargo se sorprendió de que esta le abrazara y le agradeciera que le dijera así. Recordaba sus palabras, que sabía que ella no podría remplazar a su verdadera madre, pero la felicidad que sintió cuando él la llamó así no se pudo comparar con nada.
Sonrió ante el recuerdo, a pesar de que nevaba e iba rápido, el viento no le dañaba la vista debido a las gafas especiales que le había regalado Mai para conducir la motocicleta.
Mai.
Siempre tuvieron encuentros en duelos, donde desafortunadamente la rubia siempre perdía. También se juntaba con ella en el muelle, donde ambos conversaban de sus problemas. EL cariño que ambos se tenían era como de hermanos, sin mencionar que su forma de ver la vida era realmente similar. Pues de alguna forma u otra, ambos habían sufrido, no necesariamente más o menos que otros, pero gracias a esas cicatrices, ambos se pusieron de pie para encontrar el final de aquel conflicto. A veces se preocupaba de no ser la adecuada para Jonouchi, incluso le contó que Valon había vuelto por ella, pero vaya que habían terminado mal las cosas. El rubio se había enterado y se había agarrado a golpes con el castaño. Atem se había enterado, pues en ese tiempo él estuvo en Egipto. Cuando llegó, Mai había acudido a él a pedirle ayuda, pues él era el más sensato del grupo.
Sí, afrontémoslo. Atem era el más cuerdo entre todo ese grupo de amigos.
Y así lo hizo, había hablado de Jonouchi, al punto de gritarse por las estupideces que había hecho el rubio. Si se suponía que estaba con Mai, él tenía que confiar en ella y dejar que manejara la situación. Con Valon fue diferente, él joven había escuchado la petición de Mai acompañada de Atem luego del pleito. Él aceptó y se disculpó con Katsuya, para luego ofrecer su apoyo y amistad en cualquier caso.
Y en cuanto a Shizuka y Rebecca…
Un día Jonouchi le había suplicado que fuera el niñero de su amada hermanita, así que accedió. Ese día Rebecca fue a su casa para salir con Yugi, pero el pobre estaba enfermo. Allí comenzó a hacerse amiga de la hermana de su mejor amigo y decidieron salir. Y Atem, como el buen niñero, las tuvo que acompañar. Admitía que se había divertido, ambas eran más pequeñas y por lo tanto más infantiles, se emocionaban por cosas simples y gritaban de euforia. Quizás eso arrancaba la ternura de Yugi y la de Honda ante esas dos. Sin mencionar que esas dos fueron sus confidentes, pues cuando él las invitó a descansar e ir a comer un helado, estas le contaron cosas de Anzu que él no sabía. Como ciertas charlas que ambas menores tuvieron con ella, y hablaron de él, enfocándose en los sentimientos que poseía la ojiazul por él.
Sí, fueron unos años donde se sintió realmente reconfortado.
. . .
Muy bien, ahora venía lo difícil. Ahora era conocido mundialmente y oficialmente como Atem Muto, el mejor duelista que le había quitado el título a su hermano. El solo que la gente lo reconociera, él estaría perdido.
Muy bien. Aquel era el plan. Se escabulliría, luego iría a recibir a su madre y al fin irse a casa mientras los malditos periodistas y acosadores los perseguían. Suspiró, sinceramente no era el mejor plan, pero era lo único que tenía. No podía disfrazarse, su cabello y ojos llamaban demasiado la atención así que no tuvo de otra que hacer la situación rápida y precisa. Solo rezaba a Ra que saliera ileso de aquello.
—… Uno… Dos… Tre…-
— ¡WAAAAAAAH! ¡NO LO PUEDO CREER! ¡ES…!
— "Maldición. ¡¿Esto es enserio?!" — Dio un respingo. No podía comprender por qué lo descubrieron, estaba escondido…-
Pero no era a él a quien acosaban. Asomó su cabeza y vio a más de cien personas rodeando a quien quiera que fuese. Porque esa persona lo había salvado, aunque sentía lástima por ser despedazada por esos fanáticos salvajes. Él lo sabía, una vez casi le había arrancado la ropa, aunque lograron rasgarla. Joder, que había sido horrible. Si ser Rey fue agotador en el pasado, fue peor aún en el presente.
Dejó de distraerse al notar a una mujer salir y buscar con la mirada a alguien. Corrió hacia ella cerca de los locos que acosaban a la persona X para pasar desapercibido y logró alcanzarla.
— ¡Mamá! — La mujer se giró y le sonrió con dulzura.
— ¡Oh, Atem! ¡Mi niño lindo…! ¿Por qué llevas gafas…?— Calló cuando el chico coloco su dedo índice entre sus labios, suplicándole silencio. — Perdón, es que estoy encantada de verte. — Susurró. El faraón le sonrió.
— Igualmente, pero tengo que irme de aquí. — Se rió agarrándole de la mano. — ¿Lista para correr?
— Sí, aún no pierdo el ritmo. — Saltó emocionada. Él solo se rió, aunque dejó de hacerlo al escuchar ciertas miradas en él.
— ¡OH! ¡ES EL REY DE LOS JUEGOS! ¡ES ATEM MUTO!
— ¡NO ESCAPES! ¡DÁNOS TU AUTÓGRAFO!
— ¡REGÁLAME TU MAZO!
— ¡BÉSAME!
— ¡DAME UN HIJO!
— ¡CÁSATE CONMIGO!
El pobre, ya harto y avergonzado por gritos como esos salió corriendo con su madre a toda velocidad, dando largos saltos para evadir a las personas y algunas bancas. No estaba muy preocupado por la señora Muto, esta se acostumbró a los acosos de esos dementes y entrenó para estar preparada para la "huida ninja", como ella le decía con entusiasmo.
— ¡NO PUEDO CREERLO! ¡EL REY DE LOS JUEGOS Y LA REINA DEL BAILE DE BROADWAY EN EL MISMO LUGAR! ¡ES EL MEJOR DÍA DE MI VIDA!
Ese gritó que escuchó le llamó la atención. ¿Reina del Baile de Broadway? Agitó su cabeza mientras siguió corriendo y subió a su motocicleta. Solo tenía un casco. Prefirió dárselo a la mujer.
— ¡Por Ra, Atem! ¡Te dije que no vinieras en esta motocicleta…!— Calló cuando vio a un montón de gente correr hacia ellos. Muy bien, estaba harta de que sus pobres bebés corrieran por todos lados a causa de esos locos y acosadoras. — ¡BUENO YA ESTÁ BIEN! — Todos pararon y la miraron. — ¡DEJEN EN PAZ A MI CRIATURA, MUJERZUELAS! ¡NADIE TOCA A MIS BEBÉS!
Atem se acarició la cien, tratando de evitar no reírse ante el espectáculo de su madre. Sin más decidió acelerar enseguida y arrancó, dejando a los fans pasmados.
—… ¿Nos dijo mujerzuelas?
— ¡A ti te dijo! ¡Yo soy una fan decente! Solo quiero saber que talla de ropa usa.
— ¡Cállate, golfa! — Se abalanzó encima de ella.
.
.
.
Fue buena idea llevar dinero para tomar autobús para huir. Le pidió a su manager que por favor se hiciera pasar por ella al subirse en la limusina mientras ella se cubría con un enorme abrigo azulado junto con un sombrero y unas gafas. El autobús la dejó en el centro comercial. Nadie la notó, así que corrió al baño que estaba vacío y decidió quitarse el abrigo con el fin de arreglar su ropa. El abrigo cayó, dejando mostrar una minifalda de mezclilla, una blusa negra que tenía escrito "Broadway Star" con brillo plateado. Llevaba unas botas negras y unos tacones decentes. Se quitó el sombrero para dejar caer su largo cabello castaño que ahora cubría casi toda su espalda. Al quitarse las gafas, abrió sus ojos zafiro para mirarse al espejo. Tenía sus labios pintados de un suave rosado y sus pestañas estaban bien notadas con el rímel y la sombra de color azul que cubría con suavidad sus párpados.
Sonrió. No era el maquillaje, tampoco la ropa, mucho menos su lindo cabello que había estado cuidando por mucho tiempo para que creciera.
Se sentía deslumbrante, pero no por esas cosas, sino porque estaba orgullosa de su talento. No se quejaba de lo que tenía ahora, sin embargo ella aun así pertenecía a Japón, y ahí se quedaría.
Pues se lo había prometido.
Anzu Mazaki, más feliz que nunca, había vuelto a casa.
Un fuerte sonrojo se apoderó de su rostro. Estaba nerviosa. En el aeropuerto, había escuchado y notado que ÉL estuvo ahí. Quiso acercarse, pero los nervios se lo habían impedido junto con los fans. Solo logró ver su silueta. Había crecido, lo notó por su espalda, se le veía más atlético. ¿Cómo no? Tres años corriendo y huyendo de esas bestias. Se rió ante el pensamiento. Había gente realmente fanática, pero a veces se tornaban peligrosos.
Se acomodó la falda, pues se había subido un poco. También su blusa. Bien. Iría a su casa, al día siguiente iría de sorpresa a la tienda de los Muto. Después de todo pronto sería Navidad y el regalo era que ella había vuelto. Había recibido muchas cartas de ellos, las leía, sin embargo solo pudo contestar una vez. Sonrió con tristeza, quería abrazarlos a todos.
Pero más que nada, quería abrazarlo a él.
Quería verlo.
Se colocó el abrigo que la cubría hasta más debajo de las rodillas y se colocó el sombrero y las gafas. Esta vez tomó el tren, pues apenas salió, tenía que caminar una cuadra más para llegar a su departamento. Se estremeció por la nieve, el frío y por el recuerdo de esos sujetos que quisieron hacerle daño. Atem había estado allí.
Como si el solo pensar en él, el faraón aparecería mágicamente ante ella.
— Discúlpeme, señorita… ¿Pero qué hace a estas horas tan tarde?
Dio un respingo cuando vio una silueta cerca de su departamento. El tono de voz sonó realmente amable, así que no se asustó.
— Hola. — Se rió. — Es que… Estuve fuera un tiempo y… Al fin llegué a mi casa. — Escuchó una risa por parte de él.
— Eso es bueno.
Anzu parpadeó confundida. Estaba segura de conocerle, pero… Tal vez estaba muy cansada.
Hizo una reverencia al extraño y se encamino a las escaleras para subir al departamento, pero la última frase de él la detuvo.
— Mamá también estuvo feliz de verte en el aeropuerto.
Un momento.
Esa voz…
— Puedes ocultar tus ojos de cualquiera, pero no de mí. Lo sabes muy bien, Anzu. Soy capaz de reconocer tus ojos incluso en otro lado del mundo.
Nunca creyó que su tono de voz, aunque no se notara casi nada, se haya intensificado un poco. Vio como Atem salía de la oscuridad con una sonrisa. Sin duda estaba un poco más alto de lo que lo recordaba, tal vez no fue mucha diferencia, pero lo notó. Sus ojos amatistas brillaban con intensidad en tal noche de nevada. Con cierta timidez, la castaña se quitó el sombrero y los lentes. Él solo ensanchó su sonrisa al hacer contacto directo con esos ojos.
Anzu no pudo evitarlo y soltó una suave carcajada por el frío y la emoción que corrían por su cuerpo cuando él se acercó a ella casi corriendo al igual que ella a él y se lanzó a sus brazos. No podía tocar el suelo con sus pies, el joven se negaba a bajarla, la estrechaba con fuerza, transmitiéndole ese calor que no pudo sentir por tres años, ni siquiera con los abrigos más caros que tuvo.
— Yo…— Sus ojos se llenaron de lágrimas y se rió. ¡Ra, estaba tan feliz de verlo! — Escuché a una de tus fans pedirte matrimonio. — Atem en respuesta soltó una carcajada.
— ¿Es lo único que vas a decirme después de tres años? Y para que sepas, me alejo de ellas, así que no te preocupes por eso. — Anzu se rió.
— Perfecto, de lo contrario se las hubiesen visto conmigo. — Por fin sintió sus pies en la nieve y lo observó. — No has cambiado mucho.
— Tú tampoco.
Si alguien hubiese visto eso, hubiese contradicho tal comentario por parte de ambos. Pero simplemente era la verdad tanto para Atem como para Anzu. Porque a pesar de que ambos habían crecido, el brillo que conservaba cada uno en sus ojos seguía tan vivo como la luz que paseaba en la oscuridad de esa soledad por tantos años. No prestaron atención a los cambios físicos, sus ojos daban la respuesta y era que ambos seguían tan enlazados o quizás más con aquel hilo rojo invisible que los unía.
—… Ya llegué. — Anunció oficialmente cuando junto su frente con la del faraón.
—…— Sonrió. — Bienvenida a casa, Anzu.
.
.
.
— Más vale que nos hayas citado aquí por una buena razón, Atem. — Se quejó el rubio que abrazaba posesivamente a su novia, pues el pobre se estaba muriendo de frío.
Atem había reunido a Yugi, Jonouchi, Honda, Rebecca, Mai y a Shizuka en aquel lugar. Yugi llevaba puesto el Rompecabezas del Milenio desde anoche, pues Atem misteriosamente le dijo que no quería tenerlo por el momento. Y es que si lo hacía, Ren y Aoi sabrían lo que sucedía.
El faraón sonrió.
Se acercó a su hermano y posó ambas manos en el rompecabezas, logrando materializar a ambos mellizos, que se miraron sorprendidos entre ellos. Los demás lo miraron en sorpresa ante la nueva habilidad que poseía el joven de ojos amatistas.
—… Huh… ¿Qué…?
— ¿Cómo pudiste hacer eso?
— Las veces que fui a Egipto, encontré algunos datos del hechicero. — Se encogió de hombros. — Ishizu me ayudó a practicar un poco de magia y así pude convertirlos en personas, aunque claro, el que quieran serlo, es decisión de ustedes. — Miró una vez más al grupo de amigos que tenía en frente. —… Pero necesitaba que estuvieran todos los que me ayudaron hasta el final. — Cerró los ojos sin borrar su sonrisa.
—… ¿Qué te pasa, Atem? — Preguntó nervioso Honda.
— Hablas como si te fueses a ir. — Comentó su novia un poco asustada.
Sorprendiendo aún más a todos, el faraón soltó una carcajada. Vaya las ideas que se les subían a la cabeza. Se encogió de hombros mientras lanzaba una mirada significativa a alguien de la multitud. La aludida pestañeó.
—… No puede ser…— Susurró la rubia, captando el mensaje que transmitió los ojos violetas de Atem a los lilas de ella.
— ¿Mai? — Atem ensanchó su sonrisa cuando su mejor amiga se mordió el labio tratando de contener un grito.
— ¡Vamos, Atem! ¡Dinos qué es lo que pasa! — Pidió ya algo desesperado su hermano.
La expresión del faraón se suavizó al visualizar una figura caminando a espaldas de sus amigos, podía jurar que hasta sus ojos brillaban con solo verla. Joder, estaba profundamente enamorado.
— ¡Vaya, Yugi! Nunca creí que fueras tan desesperado, me sorprendes.
Todos se congelaron al oír esa voz. Mai se cubrió la boca con ambas manos soltando una carcajada mirando a Atem. Los chicos se giraron para mirar a una castaña de cabellos lagos y ojos azules corriendo hacia ellos.
—… A…
— An… ¿EH? — Miró repetidamente tanto al faraón como a la bailarina.
—… Anzu…
La primera en reaccionar fue Mai que se abalanzó sobre ella.
— ¡ANZU! ¡PEQUEÑA SABANDIJA! — La abrazó con fuerza. Se separó de ella y acarició su cabello y su rostro. — ¡Estás hermosa! ¡Mírate, no me sorprende que toda América te pidiera citas! — Se acercó y le susurró. — Aunque claro, tu rey se encuentra aquí, ¿eh? — Anzu solo le golpeó suavemente el brazo.
— ¡Anzu! — La castaña alzó la vista para ver a Yugi corriendo hacia ella. Esta sonrió y lo abrazó.
— ¡Estás alto! — Le alabó acariciando sus mejillas mientras se reía. — Tienes mi estatura, estoy orgullosa. — Se cruzó de brazos, el tricolor solo se rió avergonzado y al borde del llanto. Estaba demasiado feliz de verla. — ¡Vamos, Yugi! — Le golpeó el pecho. — ¡Anda, eres hombre! ¡No llores! ¡Mira a Jonouchi y a Honda ellos no…! Oh no…
Todos miraron a ambos. En ambos rostros caían cascadas de sus ojos mientras seguían observando a la bailarina.
—… Eh… Chicos, cálmense…— Alzó ambas manos. — Estoy aquí, volví, pero…-
— ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAANZUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU! — Gritaron al unísono al estrujarla entre ambos en un caluroso abrazo.
— ¡Eso duele!
— ¡Pues dolió más tu ausencia, mujer malvada! — Chilló el rubio.
— ¡¿Cómo nos haces esto?! ¡Cómo deseamos verte en la graduación!
—… Un momento…— Los tres se separaron. Jonouchi se giró a ver a Atem que los miraba con una sonrisa torcida. — ¡¿Hace cuánto sabes que volvió Anzu?! — Lo apuntó con un dedo.
— Desde anoche. — Se encogió de hombros.
—… ¡¿Y te atreves a contarnos el día siguiente?! ¡Qué cruel! — Se quejó el duelista. —… Espera, ¿anoche? ¿Dónde?
— En al aeropuerto, pero luego fui a su casa. — Explicó alzando una ceja. ¿Adónde quería llegar?
Mai y Jonouchi se miraron con picardía. Atem y Anzu hicieron una mueca.
Oh no…
— ¿Por qué fuiste a su casa? — La rubia se cruzó de brazos.
— Y a mí me dicen pervertido…
El antiguo Rey de Egipto y la Reina del Baile de Broadway se sonrojaron furiosamente.
— ¡NO ES LO QUE PIENSAN! — Gritaron al unísono. Jonouchi soltó una risotada con Honda mientras que Mai le mostraba una sonrisa malvada a ambos.
— Atem… ¿Por eso volviste tan tarde? — Preguntó el tricolor algo avergonzado, rascándose la mejilla.
— ¡Solo fui a…!
— ¡Solo fue a recibirme! — Explicó la castaña.
— Pues bien candente fue tu bienvenida, ¿eh? — Se burló Honda mientras su novia se cubría el rostro de la vergüenza.
— ¡¿CA-CANDENTE?!
— ¡Oh, por favor, ¿es enserio?!
— Pues digan la verdad…-
— ¡ES LA VERDAD!
Jonouchi, Mai y Honda callaron abruptamente cuando sintieron algo afilado en sus cuellos. Miraron a Ren y a Aoi, que sonreían "inocentemente". Los tres tragaron dificultosamente saliva.
— Nos disculparán, pero es nuestro trabajo ahora proteger al faraón, y eso incluye su dignidad. — Se inclinó elegantemente la pelinegra.
— Así es, además, estamos feliz de que se haya reunido con Destino. — Concordó Ren cuando bajó el arma junto con su hermana.
— Gracias, chicos. — Se rió cansado el faraón mientas se acariciaba la cien, tratando de relajarse y bajar la temperatura de sus mejillas.
Anzu miró a los mellizos y no pudo evitar abrazarlos. Ren se sonrojó y Aoi solo correspondió el abrazo con una tímida sonrisa.
— ¡Qué bueno verlos! — Se separó para ver a cada uno. — ¡Creí que jamás los volvería a ver!
— Pues agradécele a Atem. — Mencionó Aoi. — Gracias a él podemos convertirnos en humanos.
— Solo es cortesía. — Se encogió de hombros sin borrar su sonrisa.
— Bueno, ¡¿y qué esperamos?! ¡Vamos a celebrar que Anzu está de vuelta!
— ¡Vamos al bar! — Anunció el rubio.
Todos suspiraron, Jonouchi era muy energético. Rebecca, Mai, Shizuka y Aoi caminaban más adelante con Anzu, preguntándole muchas cosas sobre la academia, el conocer a tantas personas famosas… Mientras que los chicos se quedaban atrás mientras acosaban a Atem con preguntas, pidiendo detalles de la noche anterior. El faraón explicó lo sucedido, aclarando por décima vez que no había pasado nada más con Anzu.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
— ¡Todo esto es tu culpa Jonouchi! — Gritó su novia mientras el grupo seguía corriendo.
— ¡No sabía que había tanta gente de camino al bar! — Chilló con lagrimitas.
Perfecto, simplemente ¡perfecto…! Una manada de animales salvajes los perseguía una vez más por su popularidad. ¡¿Y qué era mejor?! Que estaba el Rey Mundial de los Juegos; la Reina del Baile de Broadway; presencia de algunos de los mejores duelistas, conocidos mundialmente y que estaban con sus respectivas parejas, para solo crear rumores, ¡joder! Ren y Aoi volvieron al rompecabezas, traumatizados por tanto acoso, no podían con eso… Ya después Atem los mataría a ambos.
— ¡Jonouchi, cuando lleguemos a un lugar seguro te mataré! — La aseguró el faraón.
— ¡Lo siento!
— ¡Un lo siento no es suficiente, perro sarnoso! — Se quejó el castaño jadeando por la carrera que hacían.
— ¡¿Cómo me llamaste?! — Quiso detenerse a matarlo, pero Mai siguió jalando de su mano.
— ¡¿Qué haces?! ¡CORRE!
Atem y Anzu eran los más adelantados. Habían discutido de ello la última vez. Que una vez que se viera con todos, lo más probable es que causaría aquello. Y por eso mismo, llevaron zapatillas deportivas para llevarse la gran carrera del año. Ambos se miraron, estaban cansados y sonrojados de tanto correr. Se rieron y aceleraron el paso con sus amigos.
— ¡Jonouchi-kun! ¡Debiste ser más discreto! — Se quejó el menor.
— ¡No me culpes, Yugi! ¡Tú no! — Se revolvió los cabellos.
Unas chicas estaban a punto de atrapar a Yugi cuando Rebecca les lanzó su bolso en el rostro.
— ¡No toquen a mi Yugi, mujeres locas! — Lo tomó de la mano y continuaron.
— Gra-Gracias, Becca. — Agradeció con las mejillas ruborizadas. La rubia solo sonrió con dulzura y siguieron corriendo.
— ¡AAAAHH! ¡POR LA MIERDA! — Jonouchi se detuvo, sorprendiendo a Mai. — ¡Corran! ¡Yo me sacrificaré por ustedes…! No llores por mí…-
— ¡Adiós, Jonouchi! ¡Fuiste un gran amigo! — Siguieron corriendo, ignorando su discuros. El rubio quedó boquiabierto.
—… ¡¿QUÉ CLASE DE AMIGOS SON USTEDES?!
Y así fue como terminó en el sofá de la casa de Yugi con toda la ropa desarreglada, con besos marcados en su camisa y en su cara, aunque ahora lo estaban vendando, porque también le habían lastimado. EL pobre se abrazaba con los dientes apretados.
—… Son unas bestias… ¡Me violaron sin piedad! — Gritó y miró a sus amigos. — ¡Y yo sacrificándome…! ¡Malas personas! — Lloró.
— Fue muy noble de tu parte, Jono…-
— Nadie te lo pidió. — Atem sonrió con arrogancia. — Además, ¿por qué paraste? ¿Prefieres a esas locas que a tu novia?
Mai le lanzó una mirada asesina.
—… ¿Así que por eso te detuviste? — Preparó sus puños.
— ¡N-No! ¡Mai, por favor! ¡No es lo que parece! — Miró a Atem suplicante. — ¡Dile que es mentira, ella siempre te escucha! ¡Dile, dile! ¿Sí?
El tricolor se rió mientras apoyaba una mano en el hombro de la rubia, quien suspiró y abrazó a su mejor amigo.
— ¿Sabes, Atem? Debería quedarme contigo y que Anzu se quedara con este imbécil. Eres demasiado perfecto.
— ¡¿QUÉ?! — Tanto Jonouchi como Anzu gritaron indignados.
— Ni lo sueñes. — Respondió el faraón con una sonrisa burlona. — Me dijiste cuando Jonouchi y Valon se agarraon. — Mai solo sonrió con arrogancia, le encantaba molestar a Jonouchi. Y a Atem también, así que hacían un dúo perfecto para molestarlo. Solo faltaba Kaiba…
Y ahí sería realmente divertido.
— Oye, ahora que lo recuerdo… Kaiba-kun me visitó. — Comentó la castaña.
— ¿Ah? — Atem frunció el ceño.
— Cuando estaba aún en América, él tiene muchas conexiones ahí, y aprovechó de visitarme, me contó algunas cosas sobre ustedes, después de otro torneo, ya saben. — Sonrió.
—… Mm, maldito bastardo, solo porque tiene dinero. — Se cruzó de brazos el rubio.
—… Huh… ¿Anzu? — Habló Yugi, un poco nervioso.
— ¿Eh? ¿Qué pasa, Yugi?
—… Es que… Hay algunos rumores… Y yo quería peguntarte cuando volvieras… ¿Es cierto que también planeas enfocarte en ser cantante? — Anzu lo miró sorprendida. — Pues, lo tienes todo. Tienes buena imagen, bailas muy bien y te he escuchado cantar. ¿Planeas hacerlo? — La bailarina se tendió a acomodar en su asiento con una expresión pensativa.
— La verdad es que siempre pensé que el baile y el cantar van tomados de la mano de alguna forma u otra. Me gusta cantar, pero no tanto como bailar. Se podría decir que me gustaría intentarlo, pero no por ahora. — Confesó. — Puede que lo haga, algún día.
Yugi asintió, comprendiendo a su amiga.
— Bueno, tanto tiempo de no estar con ustedes y después de todo lo que corrimos…— Se rió al ponerse de pie. — Me dieron ganas de cocinarles algo. Hace tiempo que no lo hago.
— ¡Anzu va a cocinar!
— ¡Extraña su comida!
— ¡Quiero tarta!
Mai se rió de su novio. Escucharon un sonido y todos se giraron.
— ¡Hola, ya volvimos con…!— La madre de Yugi y Atem junto con el abuelo se quedaron sorprendidos de encontrar a la castaña. Esta sonrió un poco nerviosa y se inclinó suavemente.
— Cuanto tiempo, señora Mu…- ¡Woah! — Se vio envuelta repentinamente por los brazos de la mujer.
— ¡Anzu, querida! ¡La prometida de mi niño volvió!
— Un momento, ¿qué? — Repitió con una risa el menor.
— ¿Prometida? — El faraón se sonrojó.
— Te vimos en el aeropuerto, pero no pudimos acercarnos. — Le contó mientras acariciaba sus brazos. — Estás muy bonita, más que nunca. — Se acercó y le susurró. — No te preocupes, he protegido a Atem de esas locas fanáticas. Te lo he reservado hasta que volvieras. — Anzu se rió un poco avergonzada.
— ¿Gracias? — Dijo mientras era abrazada por el abuelo.
— Mamá, por favor…-
— ¡Oh, vamos! Por dentro estás que saltas de alegría. — Lo abrazó.
Anzu miró sorprendida a su novio. Bien, anoche había escuchado que Atem le había llamado también mamá a la señora Muto, pero de verdad creyó que había sido un detalle, realmente el chico se había encariñado con la mujer. También le llamó la atención esa confianza que se agarraba con Mai, esas maldades de querer molestar a Jonouchi.
No pudo evitar sonreír.
Atem estaba viviendo con ellos, era una realidad que simplemente la hacía realmente feliz. Podría decir que sus sentimientos hacia todos, a cada uno, incluyéndola también a ella por supuesto, se habían intensificado. A cada uno le tenía aún más aprecio que antes.
.
.
.
.
.
.
Se había colocado un vestido de invierno azul, unas botas del casi mismo color, pero un tono más oscuro. Miró en la ventana, viendo como sus amigos jugaban en la nieve afuera de la casa. Se rió, eran unos niños aún.
— Anzu, no tienes que acompañarme a lavar esto. — Insistió la madre de los gemelos. — Hazle compañía a tus amigos, no sabe cuánto te extrañaron. Celebra la Navidad con ellos, no lavando platos. — Se rió. — Anda ve.
— ¿Está segura? — La mujer sonrió en respuesta. Ella correspondió el gesto y se colocó un abrigo negro para salir.
Apenas salió una ráfaga helada mordió sus pálidas mejillas. Alzó la vista para mirar el cielo. Adoraba la nieve, y nunca pudo disfrutarla estando tan ocupada en Estados Unidos. Caminó hacia Atem que estaba contemplando los copos de nieve al igual que ella hace unos momentos.
— ¿Habías visto la nieve antes en Egipto? — Preguntó.
— Sí, pero desde el palacio, nunca me dejaron jugar con ella porque podría enfermarme. — Se rió mientras seguía mirando el cielo. — Pero siempre me gustó. — Admitió. Anzu se rió. — ¿Qué?
— Nada, eres muy tierno a veces. — El faraón la miró un poco avergonzado. — Feliz Navidad, Atem. — Pronunció mientras apoyaba su cabeza en su hombro.
— Feliz Navidad, Anzu. — Murmuró cordialmente. Anzu cerró los ojos sin borrar la sonrisa.
— La señora Muto me contó que los primeros días de mi partida estuviste muy deprimido. — Atem no contestó. — Yo también, me dieron días para instalarme, y ubicarme en los lugares que debía frecuentar… Pero me sentía muy sola y asustada. Me preguntaba si lo lograría, qué pasaría si ustedes se decepcionarían de mí si no tenía el talento suficiente.
— Nosotros siempre tendremos fe en ti, Anzu. — La castaña lo miró. — Independiente cuál haya sido tu sueño, si no pudiste lograrlo, fue porque no era lo que estaba preparado para ti. Ya sabes cómo son los imprevistos. Tú sabes, de repente eres un faraón y al día siguiente eres una persona completamente normal. — La miró finalmente. — Lo único que te pido es que… Nunca te rindas, Anzu. Tú supiste levantarme, a Yugi y a los demás. Si pudiste salvarme a mí, puedes hacer grandes cosas por ti misma. Vales más de lo que piensas.
La castaña iba a decir algo, pero ambos dieron un respingo cuando sintieron una bola de nieve estrellarse cerca de ellos. Miraron a Rebecca y a Jonouchi.
— ¡Vamos a jugar, chicos!
Ambos se rieron.
— Supongo que no necesitas lecciones para saber cómo comenzar una guerra como esta.
— Tal vez…— Se encogió de hombros el faraón, para luego lanzarle una bola de nieve en el rostro a su novia. — Tal vez no. — Sonrió.
—… ¡Hey! ¡Atem! — Corrió hacia él, pero este la agarró y la subió a su hombro. — ¡Woah, Atem!
— ¿De verdad creíste que no sabía? — Se rió.
— Sinceramente sigues siendo impredeciblemente increíble. — Admitió cuando se liberó de un movimiento atlético. — No por nada eres el Rey de los Juegos, incluyendo este. — Se rió.
— Pues será mejor que te pongas de mi lado para acabar con Jou.
— ¡¿EH?! No es justo, siempre pierdo contigo, Atem. — Se quejó. — Bien, quédense como la feliz pareja que son. Pero yo haré equipo con el resto. Dos contra seis. — Se señaló a su mismo, luego a su novia, a su hermana y a sus amigos.
— Me parece perfecto. — Se rió. — Les ganaremos de todos modos. Pero antes de empezar, esperen un momento. — Agarró la mano de su castaña y les dio la espalda a sus amigos.
Caminó hasta la parte de atrás y se detuvo. La miró a los ojos en silencio.
— ¿Qué sucede?
— Hay algo que quise darte desde que te fuiste. No sé cómo llegó a mí, aunque siento que fue algo maravilloso el recibirlo. — Sacó algo de su bolsillo. — Quiero dártelo, porque además de que eres lo más importante para mí, siento que serás la mejor en tenerlo.
Anzu lo miró y luego miró la pequeña cajita. La miró unos segundos… Sabía que era un anillo, y por dentro estaba gritando de la emoción… Pero el solo tocar el objeto, pudo sentir algo extraño en su interior. Abrió la cajita para admirar el anillo. Obviamente estaba hecho de oro y había un diamante incrustado en él, pero no podía decir nada. El solo tocarlo la hizo sentir una pura presencia abrazarla. Rodeándola con lentitud y suavidad.
—…
— Era de mi madre, Anzu. De Atenea.
Lo miró rápidamente a los ojos ante la confesión.
— No sé cómo llegó aquí, pero… Estoy segura de que ella deseó que lo tuvieras.
Anzu asintió antes de estrecharlo en su pecho mientras se le escapaban un par de lágrimas de sus orbes zafiros. Se rió suavemente.
—… Es… Extraño.
— También la sientes. Su presencia. — Ella asintió.
— Se siente… Cálido.
— Pues tiene que ser así, de lo contrario estaríamos congelados con este frío. — Anzu se rió ante la broma. Notó que en el interior del anillo decía algo escrito en jeroglíficos.
—… ¿Qué dice ahí?
El joven se acercó y lo leyó.
— Juntos.
— ¿Juntos?
— Juntos… Para toda la Eternidad.
Quiso decir algo, pero fue interrumpida cuando él se acercó y besó suavemente sus labios. Fue un simple roce, pero significó mucho para ella. Luego sintió sus labios en su frente mientras acariciaba sus mejillas para apartar las lágrimas.
— ¿Por qué lloras?
— Estoy… Conmovida. — Admitió riéndose.
— Bien, arreglemos eso pateándole el trasero a Jounouchi. — Anzu asintió mientras se sacaba algo de su vestido. Atem miró la cadena. — ¿Aún la tienes?
— Tú me la diste, nunca me la quité. — Se la soltó y el anillo le hizo compañía al dije en forma de rompecabezas. — Luego me lo pondré oficialmente para que tus fanáticas vayan despidiéndose de ti. — Atem soltó una carcajada. — Pero ahora lo protegeré de la nieve. — Ocultó nuevamente su collar dentro de su vestido. — Anda, vamos.
Ambos se tomaron de la mano y corrieron a comenzar a batallar contra sus amigos.
El rompecabezas quedó en la mesa de enfrente, pero era protegido por una sombrilla, cortesía de Atem. Pues, era el hogar de sus espíritus.
Y hablando de ellos, Ren y Aoi se encontraban en el tejado de la casa viendo como batallaban esos chicos.
— Estoy feliz, Ren.
— También yo, Aoi.
Como pertenecientes del rompecabezas, y ser ahora los guardianes de Atem por haberlos salvado liberado, cuando estaban dentro del rompecabezas y Atem lo tenía puesto. Podían sentir sus emociones a través de las temperaturas. Y desde que la joven se había ido, las paredes del rompecabezas siempre estaban frías, hasta que volvió a aparecer. Esos dos llegaron a ser más fuertes de lo que eran, se superaron más de lo esperado.
Increíble.
Ren y Aoi sabían a qué se debía. Veían a esos chicos lanzarse bolas de nieve y parecía que lo hicieran en cámara lenta…
Más aún cuando Atem abrazaba a su castaña para apartarla del ataque de sus energéticos amigos. Los espíritus sonrieron cuando ese movimiento logró que el collar saliera a vista de todos y mostrara el brillante anillo.
— ¡WOW, WOW! ¡ALTO! — Frenó el rubio sorprendido. — ¿Eso es…? ¡Un anillo!
— ¡Qué lindo!
— ¡Ya era hora! — Se rió la rubia.
— ¿Qué hora? Era obvio. — Murmuró el rubio lanzándole una sonrisa a su amigo. Atem le imitó el gesto.
El faraón dirigió su vista nuevamente a su bailarina y sonrió aún más, mientras que esta correspondía su gesto.
¿Obvio?
Sí que lo era.
Porque… Aquel sentimiento lograba eliminar todo sentido del tiempo, destruía todo recuerdo del principio… Y anulaba todo temor de un final.
Eso era.
Lo que ellos sentían…
Sería para toda la Eternidad.
Fin.
…
Muy bien. Está terminado, creo que es el capítulo más largo del fic, tiene más de siete mil palabras, me inspiré demasiado.
Honestamente no sé qué más decirles además de agradecerles por haberme apoyado por tanto tiempo con este fic, tenía planeado decir algo pero estoy sin palabras.
Estoy realmente emocionada.
Este fic ha sido uno de mis grandes orgullos, una idea fresca y llena de locuras XD logró tener un gran éxito, así que este proyecto siempre será recordado para mí.
Una vez más les recuerdo que habrá una SEGUNDA TEMPORADA DE ESTE FIC, solo que no sé cuándo tendré el tiempo de publicarlo, que sepan que tengo más de 15 fic que terminar, y no haré ninguna otra historia hasta que los termine TODOS, o al menos que me queden 3 o dos que terminar. Lo que si publicaré son One-Shots y actualizar historias antiguas, entre ellas algunas de YGO, osea, es obvio!
Si quieren leer más fics/One-shots de YGO, les tengo aquí la lista ellos, no incluiré este porque, bueno, están metidos en él (XD):
Arráncale el Corazón (One-shot) (YamiYugiXAnzu)
Una Decisión (Fic en proceso) [OCXAtemXAnzu]
El Clan (Fic en proceso) AU [YamiYugiXAnzu] [JonouchiXMai]
Apostando Todo (Fic en proceso) [AU AtemXAnzu]
Blue Rose Radio (Fic terminado) [AU AtemXAnzu]
Paraguas para la Lluvia (One-shot) [AtemXAnzu]
Girasoles (One-Shot) [AtemXAnzu]
Bueno esos son por el momento, no puedo creer que solo tenga dos fics de YGO terminados, soy un asco XD Ok, si no los han leído, léanlo si gustan, solo sugiero jujuju, lo siento, estoy muy feliz de haber terminado este fic, demasiado.
Admito que visitaré este fic de vez en cuando, me gustó muchísimo esta idea XD Bueno…
Un supermegahiperpoderoso FIGHTING!
FIGHTING PARA TODOS!
Jajajaja y ahora, se despide más feliz y orgullosa que nunca
Rossana's Mind
PD: Los reviews son gratis :'D
"A quien le deseo mi Eternidad, es a ti."
