8/3/2015
Digimon no me pertenece y escribo esto sin fines de lucro.
A continuación, los capítulos 5 al 7 actualizados.
La guerra de los 1000 años
Capítulo 5: Escapar
Yamato y Takeru corrían por un calabozo grande, oscuro y frío. La humedad que el mayor de los hermanos había sentido provenía de unas goteras que empapaban el lugar: era de esperarse, ya que en ese reino, la lluvia era constante. Estaba también plagado de ranuras por donde entraba aire helado, y muchísimas celdas, cerradas con barrotes y divididas entre sí por gruesas paredes de piedra.
Corrían velozmente y no se detenían a observar a sus ocupantes. Sin embargo, estaba seguro de que lo poco que veía eran cadáveres. Su intención era liberarlos a todos, pero su pequeño hermano Takeru, quien tantos sacrificios había hecho para salvarlo, no se lo permitiría.
Fueron sorprendidos por ruidos metálicos, como si los guardias se estuviesen preparando para buscarlo. Se ocultaron contra una pared. Fue allí donde Yamato la vio. Frente a él, desmayada en el suelo de una celda mugrienta y húmeda, se encontraba una mujer de cabellos de fuego.
─ Sora─ murmuró.
─ ¡Shh!─ lo cayó Takeru─ ¡No hables! ¡Nos descubrirán!
No podía hacerlo. No se lo perdonaría jamás si la dejaba abandonada en ese lugar… Preparó su mano, dispuesto a usar sus poderes para liberarla, aun sabiendo que eso atraería a toda la guardia real. Se concentró, juntó las palmas… y nada sucedió. Su anillo no estaba.
─ ¡Tk, mi anillo!─ murmuró, señalándose la mano.
─ ¿Pensaste que te lo iban a dejar para que te escapes?─ respondió con ironía─ Vamos ya.
─ ¡No, Takeru! Tenemos que salvarla a ella─ pronunció mientras la indicaba. Sus cabellos de fuego se derramaban por el suelo, ensuciándose contra el suelo. Su vestido, arrugado, se había levantado por encima de sus muslos. Su sangre hirvió al imaginar lo que podrían hacer los guardias con una mujer como ella, hermosa e indefensa.
─ ¿Es Sora?─ Takeru creía haberla conocido hacía muchos años, en una ocasión en que ella viajó a su reino por una junta. Era muy pequeño y no la recordaba con exactitud.
─ Si. Vamos, por favor, necesito que uses tu anillo. Es una princesa y futura reina, de ninguna manera podemos arriesgarnos a abandonarla. ¡Será la primera en morir! ─ reclamó.
─ A lo que no podemos arriesgarnos es a atraer a los guardias a nuestras espaldas, ¡Matt!─ se le había hecho muy simpática, y hasta creía entrever cuales eran los sentimientos de su hermano, pero no debían parar. Tenían que irse.
─ ¡Si, podemos! ¡No vamos a dejarla!─ se adelantó hasta la celda, dispuesto a romperla con los puños de ser necesario.
─ Hermano, ¡es una enemiga! ¡Es la futura soberana del reino del fuego!─ dijo, tironeándolo hacia atrás.
─ No, ¡no es enemiga! Aquí los únicos enemigos son el reino del trueno y el del viento. No podemos dejarla, ¡quien sabe que le harán! Al menos a ella, ¡hay que salvarla Tk!─ al ver que su hermano continuaba impasible, Yamato pensó que tenía que decir algo más, algo que lo convenciera. Pero, para su asombro, Takeru levantó su anillo y descargó unos potentes bloques de hielo que derribaron la celda. Habían causado mucho ruido, por lo que sin esperar, Yamato levantó a Sora y se encaminaron hacia la salida que Takeru conocía. Subieron unas escaleras, susurró que estaban cerca, pero al llegar al final se encontraron con una fila de guardias apuntándolos con sus lanzas.
Yamato se sintió culpable, ya que si no hubiese sido tan testarudo, sin duda habrían escapado... pero Sora... si la mataban... instintivamente bajó su mano hacia el lugar donde debería estar su espada, pero claro, no la encontró. Dejando a Sora a un costado, le quitó la espada a Takeru y se preparó a pelear; sin embargo, en un segundo en el que no pudo precisar lo que pasaba, los enemigos acabaron quemados en el suelo.
─ Gracias a Dios que desperté, ¿no?─ dijo Sora, levantándose.─ Quien sabe que hubiese pasado de lo contrario…
─ ¡Sora!─ gritó Yamato mientras la abrazaba. Avergonzado, la soltó.─ Eh… yo...
─ Estimo que me han liberado. ¡Muchas gracias! ¿Acaso tú eres el pequeño Takeru?
─ Eh... ¿cómo puede usar su poder sin el anillo?─ preguntó, haciendo una pequeña reverencia.
─ Pequeño, nada de formalidades por favor... para explicártelo rápidamente, mi poder no está en el anillo... ¿alguna vez se preguntaron porque solo lo pueden usar ustedes o los miembros cercanos de su familia?─ ninguno respondió.─ El poder está dentro de ustedes, el anillo sirve solo para manejarlo y que no se salga de control... o eso estimo…
─ Tenemos que irnos─ la interrumpió Yamato. Tomó a Sora de una mano y los tres comenzaron a correr.─ Tk me sacó de mi celda para escapar, te encontramos en el camino y simplemente no pudimos dejarte…
─ Eh... ¡Matt!─ exclamó Takeru, deteniéndose de repente. Frente a ellos había un gran desmoronamiento de piedras.─ Por acá entré...
─ Entonces, tenemos que buscar otra salida─ dijo Sora─. No se preocupen tanto, con mi poder y el del pequeñito─ Tk se sonrojó, y se sintió un inútil. No tenía demasiada fuerza como para ocupar muchas veces su poder sin cansarse, por eso no había podido ayudar antes, y dudaba poder hacerlo ahora─, porque creo que el Príncipe Yamato no puede ocuparlo… ─ el nombrado enrojeció─ vamos a poder salir, seguro.
Corrieron a través del largo pasillo, Sora iba delante sin saber a donde los llevaba. En un breve descanso para recuperar fuerzas, Takeru se embobó mirando fijamente la celda que tenía delante y, sin que nadie supiera que pasaba por su mente, la congeló para luego romperla de una patada. Yamato se irguió alarmado porque los bloques de hielo, cayendo a su alrededor, hicieron mucho ruido. Oyeron gritos: la guardia los había escuchado. Sora, quien también se había parado, vio que dentro de la celda estaba la princesa Hikari. Tironeándola de una mano comenzó a correr con ella, con Yamato tras suyo ayudando a Takeru.
─ ¿Qué sucede?─ preguntó Hikari, siguiéndole el ritmo.
─ Tenemos que escapar─ fue su única respuesta.
─ ¡Conozco un atajo!─ Yamato y Takeru, súbitamente, vieron como Sora y Hikari desaparecían frente a ellos. Sin poder reaccionar, se encontraron cayendo de no mucha altura. Algo como una pared amenazó con caérseles encima, pero era tan solo una puerta trampa que se cerró sobre ellos.
─ ¿Están bien?─ Hikari se paró y notó como su cabeza casi rozaba el techo.
─ ¿Dónde estamos?─ preguntó Yamato, apretando su brazo, ya que se lo había golpeado al caer. Takeru estaba apoyado contra una pared, medio despierto medio dormido, por haber gastado demasiada energía. Sora estaba sentada detrás de Hikari.
─ Un pasadizo que se usaba en época de guerra... no sé si papá recuerda su existencia... es un buen trecho, pero termina en medio del bosque. No puedo asegurar cual es su estado, ni que es lo que podemos encontrarnos acá, pero es lo único que se me ocurrió... ¿Les parece que continuemos? ─ todos asistieron. ─ Entonces… empecemos la travesía.
Continuará...
Capítulo 6: Caminando
Hikari lideraba la marcha. Era la que menos problemas tenía, porque su estatura no le impedía moverse. Se había levantado el vestido y lo había atado a la faja, para que no le molestara. Pero este, rebelde, continuaba cayéndose, y continuamente debía parar a levantárselo.
─ Hikari... ¿que vamos a hacer cuando salgamos de aquí?─ preguntó Sora. Su cara estaba manchada con barro, pero aún así se veía hermosa. Llevaba un vestido azul, pero su técnica había sido diferente a la de Yagami: lo había roto, de esa forma no debería arrastrarlo. También se había sacado el pañuelo que tenía atado al cuello y se había limpiado la cara, aunque sin mucho éxito, para luego tirarlo. Yamato, algo asombrado por esas acciones tan poco principescas, había escondido todo detrás de unas rocas por si los seguían.
Hikari hizo silencio, ya que no sabía que contestar. Su única idea era escapar del castillo, cosa que ya habían hecho, y continuar por el túnel. Una vez que este terminara...
─ Sora... creo que podríamos parar para discutirlo...
Yamato soltó un suspiro. Acomodó a Takeru en el suelo, quien seguía debilitado, y se sentó junto a él. El cuello y la espalda le dolían terriblemente, no solo por tener que ayudar a su hermano, sino porque era demasiado alto para el techo y debía agacharse. La travesía se le estaba haciendo interminable, y la paciencia no era algo que lo caracterizara. Sora se sentó a su lado y Hikari se agachó donde estaba.
─ Como yo lo veo, tenemos seis opciones─ siguió─. Una, es volver a mi Reino. Esa opción está desechada. Podemos ir al reino del viento, pero no creo que nos convenga. Entonces, todavía nos queda el reino del fuego.
─ Está muy lejos─ la interrumpió.─ Tardaríamos demasiado, escondiéndonos en los bosques. No sé siquiera si sobreviviríamos...
─ Podemos ir a mi reino─ opinó Yamato─. No es tan lejos, y seremos bien recibidos.
─ Es una buena idea─ dijo Sora. – De todas formas, ¿qué otras opciones hay?
─ Ir al reino de los humanos, o escondernos en los bosques...
─ ¿Para siempre?─ preguntó Takeru, quien había intentado mantenerse despierto para escuchar el plan.
─ Al menos hasta que acabe la guerra... ─ dijo Hikari─ Hasta que haya paz...
─ Lo cual puede llevar años, así que mejor, vayamos a mi reino─ finalizó Yamato. Sin protestar, se levantaron para continuar su marcha.
Luego de otra hora caminando casi sin descanso, empezaron a ver luz por las rendijas del techo. Hikari pensó que estaban llegando al final. Takeru, ya mejor, podía caminar por su cuenta, pero aún sus ojos se veían perdidos.
Estaban muy cansados y la charla no se les daba bien. Prácticamente eran unos extraños, de países en guerra y además príncipes y princesas, acostumbrados a estar encerrados en sus castillos, llenos de lujos y sirvientes. Tres días antes, ninguno se hubiera imaginado con los demás escapando de la muerte por un túnel de cientos de años de antigüedad que se caía a pedazos.
─ Llegamos─ dijo Hikari. Ante ellos se abría, en el techo, una gran puerta de hierro. El techo ya no le apretaba la nuca, así que Yamato pudo mirar hacia arriba. De un salto sostuvo la manija y abrió la puerta. Algunas ramas y enredaderas cayeron, sin lastimar a nadie.
─ ¿Cómo salimos? ─ preguntó Tk. Pero antes de que terminara su pregunta Sora ya se había encaramado a las manos de Yamato para trepar.
─ Ya veo porque nadie sabía de este lugar... ─ le escucharon decir una vez que estuvo afuera. A su alrededor se extendía un bosque gigantesco y extremadamente salvaje. Era evidente que hacía siglos nadie pasaba por allí.
─ Nunca había venido por acá─ dijo Hikari, acomodando nuevamente su vestido─ Pero las historias dicen que era un lugar fantástico, un parque magnífico, con murallas que podían albergar hasta a diez mil hombres.
─ ¿Murallas como aquellas?─ preguntó Takeru, completamente recuperado y con su humor habitual. Señalaba unas rocas derrumbadas que se extendían detrás de los árboles.
─ Deberíamos ir a ver─ dijo Sora. Su espíritu de aventurera se estaba despertando.
─ Hikari... ¿alguien conoce este lugar del bosque?─ preguntó Yamato, sacudiéndose sus vestimentas.
─ Bueno... en realidad lo dudo... está muy adentro en la zona libre, y como ya saben, ningún reino puede adueñarse de este lugar… por ende, no creo que nadie venga por aquí. Ni debe haber muchas personas que conozcan de su existencia. Yo lo encontré en un libro muy viejo que había en la biblioteca. ¿Por qué no vamos a investigar esas murallas?
─ Si, pero antes... ─ Yamato levantó un pesado tronco que había a un costado de la puerta y, luego de cerrarla, lo tiró encima. ─ Deberíamos bloquear la entrada, por las dudas alguien nos haya seguido. Si llegan a abrir esto y estamos cerca vamos a escuchar mucho ruido...
Sora agarró unas lianas que parecían fuertes y las ató a las manijas. Yamato y Takeru subieron otros troncos y Hikari cubrió todo con hojas y ramas. Estaba perfectamente camuflado.
─ Ahora sí... vamos a las murallas ─ murmuró Hikari.
Continuará...
Capítulo 7: Escrito
Lo que antaño habían sido unas grandiosas murallas, ahora eran un montón de rocas abandonadas. La mayor parte estaban derrumbadas, pero todavía había una gran habitación con un pasillo en buenas condiciones. Takeru, quien ansiaba diseñar algún día, alabó la resistencia y dijo que estaba perfectamente construido a pesar de sus años de antigüedad. Aseguró que se podía pasar la noche dentro, y felicitó a Hikari por sus antepasados, quien solo atinó a sonrojarse.
Yamato observaba todo desde atrás. Cuando su hermano lo había rescatado solo había pensado en ayudar a todo el mundo, ahora se daba cuenta de que estaba en medio de la zona libre con tres chicos a su cuidado: una terriblemente terca, otra muy segura de poder manejar la situación y otro extremadamente inocente e ingenuo. Sabía que la conciencia no lo hubiera dejado en paz si no las hubiera sacado de ahí, pero los había arriesgado más, sobre todo a su hermano y a Hikari, ya que ambos tenían posibilidades de salvarse.
─ No te asusta la idea de pasar la noche acá, ¿Matt?─ Tras suyo se encontraba Sora. La luz de la luna enmarcaba su cuerpo y generaba que sus ojos brillaran de forma extraña. Notó que era la primera vez que lo llamaba con tanta confianza y, lentamente, todas sus dudas se desvanecieron. En ese momento, sabía que lo único que quería era protegerla y estar con ella.
─ No... no me asusta─ dijo. No estaba asustado, pero sí nervioso. Confiaba en que Sora no notaría que le temblaban las manos.
─ A mí sí─ le contestó, sentándose en el suelo para admirar la luna en silencio.─ Sé que... sé que debería ser más valiente, por el equipo, pero tengo una extraña sensación ─ se silenció unos momentos. ─ Me siento perseguida. Presiento que hay alguien con nosotros, alguien a quien no vemos… ─ miró al suelo fijamente.─ Creo que hay alguien más, Matt. Yo sé que hay alguien más...
Yamato sintió el repentino deseo de abrazarla, pero sabía que hubiera estado mal, así que optó por tratar de reconfortarla con la mirada.
─ Vamos, Sora. Creo... creo que los chicos quieren entrar...─ murmuró. Enseguida se sintió un idiota, pero no sabía que más hacer. Apenas se conocían, y ella ya le hablaba como si fuesen amigos de toda la vida... siempre había tenido problemas para lidiar con mujeres, tal vez porque nunca había estado expuesto a ellas. Su reino, netamente guerrero, las excluía del ejército, y su educación era privada como correspondía a un futuro soberano. Por tanto, no estaba acostumbrado a su presencia.
─ Ey, ¡vean esto!─ gritó Hikari, sacándolo de sus pensamientos. Ayudó a Sora a pararse y corrieron a donde estaban los pequeños.
La joven había corrido unas enredaderas para encontrar una inscripción extraña detrás de esta. Le había sorprendido que, debajo de las escrituras, se hallaban los escudos de los cinco reinos.
─ Es Aioram─ dijo Yamato, refiriéndose a un idioma extinto, que se había hablado a principios de la guerra.─ ¿Alguien lo lee?─ preguntó. Los cuatro permanecieron en silencio. Sin embargo, tan solo un momento después, Sora apoyó una mano en la escritura y dijo, con una extraña voz:
─ "Renacerá el Círculo, y cuando lo haga, volverá la unidad y permanecerá hasta cuando haya dado 994 vueltas al Brillo lo que nos rodea. Pero ellos regresaran de nuevo..."
Hikari encontró extraños sus ojos, apagados, así como su voz, pero no la interrumpió.
─ ¿Lees Aioram? ─ preguntó Takeru, mirando asombrado a la pelirroja. Esa chica lo sorprendía.
─ ¿Que? Eh... ─ Sora se dio cuenta de que era el centro de las miradas─ Eh... yo... si... algo... no sé si leí bien... hace mucho que no lo practico... ─ susurró apenada, mirando al suelo.
─ "Renacerá el Círculo, y cuando lo haga, volverá la unidad y permanecerá hasta cuando haya dado 994 vueltas al Brillo lo que nos rodea. Pero ellos regresaran de nuevo..."─ repitió Yamato. ─ Parece como si fuera el principio de algo, ¿no creen?
Los demás asintieron en silencio.
─ Creo que... deberíamos entrar ─ dijo Hikari.─ Tal vez encontremos algo más adentro... ─ volvieron a asentir e iniciaron la caminata al interior del recinto.
La oscuridad reinaba. No podían ver nada, pero una luz débil se materializó detrás de ellos. Sora mantenía una llama pequeña encendida sobre la palma de su mano. Yamato recogió cuatro antorchas que había en las paredes y las encendió. La luz se extendió. Se encontraban en una habitación muy grande, de paredes de piedras gigantes. Había algunas rendijas y una pared medio derrumbada, pero no hacía frío. Había algo que en una época pudo haber sido una gran mesa, pero ahora no era más que un pedazo de madera en el suelo. Y por todos lados, armaduras y armas, espadas y lanzas.
─ Esto es... hermoso ─ murmuró Takeru. Hikari encontró rara su definición de "hermosura", pero no opinó al respecto. Se empezaba a sentir cansada... ansiaba una cama, pero sabía que no la encontraría, por lo que decidió recostarse contra una pared. Era tarde; si querían investigar algo, podrían hacerlo en la mañana.─ Creo que podrías buscar alguna espada, Matt. ─ Terminó el rubio.
─ Si... ─ Eso era justo lo que estaba haciendo.
Sostuvo una que, a la débil luz de la antorcha, parecía no estar herrumbrada. La observó detenidamente. La levantó y, en un intento de ver que tan buena era, bajó su mano con fuerza hacia atrás, confiando en que la espada tocaría el suelo. Sin embargo, algo la detuvo. Yamato se dio vuelta asombrado y vio a Sora, quien la había detenido con otra espada. Sonriendo, la levantó y trató de asestar otro golpe, pero ella volvió a pararla con una perfección increíble.
─ Corre el rumor─ Sora volvió a parar otro golpe─ de que son buenos guerreros en el reino del fuego.─ Esquivó uno y paró otro─ Pero no sabía─ otro más─ que también entrenaban a las mujeres.
─ Y somos muy buenas, ¿o no?─ sonrió Sora. A duras penas Yamato logró parar un golpe.
─ Si. Pero─ con una habilidad increíble, Yamato se hizo a un costado y asestó un golpe que Sora no pudo detener, cayendo al suelo. – Mi orgullo sigue en pie.─ Sora, desde abajo, dio una débil patada a Yamato, la cual lo hizo trastabillar y caer.
─ Parece que es solamente tu orgullo lo que sigue en pie─ sonrió Sora, mientras se paraba y ayudaba a Yamato a hacerlo. En ningún momento habían tenido deseos de lastimarse el uno al otro, eso no había sido más que un juego, pero Sora se había hecho una pequeña herida con una armadura al caer.
─ ¿Y si dormimos?─ preguntó Takeru, interrumpiendo el momento. Ya estaba recuperado y, si bien ya podía usar sus poderes, aún estaba cansado.
─ Si─ respondió su hermano. ─ No creo que haya nadie por aquí, pero voy a montar guardia al menos un par de horas.
─ Despiértame cuanto te canses─ dijo Sora.
─ No es necesario─ respondió.
─ Sí es─ dijo Sora. Y sin más, se acostó junto a Kari, quien ya dormía profundamente.
A Takeru le hubiera gustado decirle a su hermano que quería cubrir algún turno, pero estaba tan cansado... tan cansado... apenas tocó el suelo se durmió. Entonces, solo quedó Ishida despierto. Sosteniendo la espada que había encontrado, se recostó contra la pared. Pensó en pedirle a Takeru su anillo, pero este ya parecía dormido. Se había esforzado mucho ese día, corriendo la loca aventura de rescatarlo de un reino enemigo… pero él también se había cansado... tuvo que acarrear a Sora, a su hermano, troncos, correr, hasta había tenido una pelea amistosa... la pared lo llamaba... se encontró analizando cuan cómodo podía ser dormir contra esas rocas... alejó los pensamientos de su mente. Tenía que permanecer despierto, y en todo caso despertar a Sora cuando no diera más...
Despertó cuando los primeros rayos de sol comenzaron a colarse por las ventanas. Miró a su alrededor. Hikari dormía junto a ella, al lado de Takeru, y más lejos, con la espada en los brazos, para protegerse, Yamato. Sora sonrió y pensó que ojalá la hubiese despertado en vez de quedarse dormido, pero estaban enteros así que no evidentemente no habían corrido ningún peligro.
Se levantó y comenzó a recorrer el lugar. Ahora que había luz, podía observarlo mejor. En una esquina descubrió cadenas herrumbradas y, junto a ellas, un esqueleto. Se detuvo un instante para rezar una plegaria. Eso en otra época había sido un ser humano. Con vida. Con sentimientos, amigos, tal vez una familia... una mascota y una linda casa... y ahora estaba ahí, muerto y sin sepultura.
─ ¿Cuánto tarda un muerto en descomponerse?─ se dio vuelta sobresaltada y encontró a Takeru, totalmente descansado y feliz.
─ Eh... no sé... un par de años supongo...
─ Entonces, ¿hace cuánto habrán matado a ese? Porque si fue en la última guerra, ¿no debería quedar solo polvo?
─ Creo que sí, Takeru... tal vez alguien estuvo aquí hace menos tiempo del que pensamos…
─ ¿Y no puede estar acá ahora? ─ Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Sora.
─ No... ─ dijo, tratando de parecer segura─ Tu hermano se durmió anoche, y seguimos enteros, así que...
─ Si... tal vez... ─ en ese instante la panza de Takeru rugió, y ambos comenzaron a reír. ─ ¿Habrá algo comestible por aquí? Tal vez algún árbol con frutas o algo así...
─ Busquemos ─ dijo Sora, y salieron del recinto.
Yamato y Hikari seguían durmiendo.
Continuará...
