9/3/2015
Digimon no me pertenece y escribo esto sin fines de lucro.
A continuación, capítulos 8, 9 y 10 con gramática y ortografía mejorada, más algunas palabritas de más y otras palabritas de menos.
La guerra de los 1000 años
Capítulo 8: Frutas, un montículo, más recintos, y...
Al despertar, Hikari miró a su alrededor. Sora y Takeru no estaban, pero Yamato yacía con los ojos abiertos un par de metros a su izquierda.
─ Buenos días, príncipe ─ saludó, con un hilo de voz.
─ Buenos días, princesa... ¿qué le parecería si comenzamos a tutearnos? Nadie sabe cuanto tiempo vamos a tener que pasar juntos, ¿no?
─ Está bien... Yamato ─ sonrió.─ ¿Dónde están Sora y Takeru?
─ Se despertaron hace un rato y salieron a buscar algo para comer.
─ ¿Y se puede saber por qué no los acompañaste?
─ Por que no notaron que estaba despierto. ─ Esto a Hikari le pareció gracioso. En ese momento entraron Sora y Takeru cargando provisiones.
─ Buenos días ─ dijeron ambos al mismo tiempo, para luego observarse y comenzar a reír. Aparentemente, esos pocos momentos juntos les habían servido para hacerse muy amigos.
─ Hay una pequeña cascada unos cien metros para allá ─ indicó Sora. ─ El agua está limpia. Podemos acompañarlos para tomar algo y para lavarnos las manos y la cara.
─ Además hay sol ─ siguió Takeru.─ Está muy lindo el tiempo, vamos.
─ Después volveremos para investigar esto un poco.
─ ¿Vieron esos cadáveres?...
─... En algún momento tuvieron vida y familia y mascota...
─...Y ahora están ahí, muertos, y nosotros...
─ ... los miramos...
─ Vamos ─ dijeron a unísono Yamato y Hikari, para no verse envueltos en esa extraña charla.
Sora y Takeru comenzaron a reír de nuevo y emprendieron la marcha, gritando y hablando de todo y de nada. Yamato y Hikari los siguieron en silencio.
─ ¡Esto es hermoso!─ exclamó la castaña, corriendo hacia la cascada. Empezaba en lo alto de una montaña e iba deslizándose en varios escalones. A sus alrededores había pequeñas flores blancas y amarillas, algunas cubiertas por los pastizales. El agua era transparente y se vislumbraban pequeños peces abajo. Un pez más grande se abalanzó contra ellos, pero antes de que los agarrara, Yamato lo tenía entre sus manos.
─ Bueno, hoy desayunamos pescado.
─ ¿Desayunamos? ─ murmuró Takeru, mirando al sol.─ Yo diría que ya es la 1:30 del mediodía...
Mientras Yamato y Hikari se lavaban, Takeru buscó ramas y Sora prendió un buen fuego para preparar el pescado. Con asombrosa velocidad, Yamato pescó otros dos. Las frutas que habían recogido en su primera recorrida quedaron olvidadas sobre una roca.
─ Esta cascada se llama Blind ─ dijo Hikari. – Lo recordé mientras me lavaba la cara. Lo leí en un libro, decía que estaba embrujada y que, quienes permanecen mucho tiempo adentro de ella, terminan su vida ciegos y pobres.
─ Espero que sea solo una leyenda ─ murmuró Sora.
─ Ustedes estuvieron revisando esto ─ Yamato observó a su hermano.─ ¿qué más hay?
─ Bueno, para la derecha ─ contestó ─ hay árboles de manzanas...
─ ... para la izquierda de naranjas y ciruelas...
─ si seguimos caminando, hay un pequeño montículo medio extraño al que deberíamos echarle una ojeada de nuevo...
─ para allá continúa este río, no sabemos donde desemboca...
─ y detrás del lugar donde dormimos, hay otras construcciones a las que también deberíamos darle una ojeada─ terminó Takeru, sirviéndose otro pedazo de pescado. Estaban comiendo con la mano, al aire libre, con la ropa cortada y sucia, hablando y gritando... nada más lejos de sus vidas de todos los días. Les encantaba.
─ Muy bien, ¿quién quiere fruta? ─ preguntó Sora, mientras agarraba una manzana.
─ Yo creo que es mejor que vayamos a ver ese montículo, y después las otras construcciones ─ opinó Yamato, parándose y agarrando su espada. Los demás lo imitaron.
─ Es por acá ─ indicó Takeru.
El montículo en cuestión no era más que una roca muy cuadrada. Lo que llamaba la atención de la misma, aparte de que estaba sola, en medio de los árboles, era que parecía pulida, recta. Era perfecta.
─ ¿Qué piensan? ─ preguntó Sora, tirando el corazón de su manzana.
─ Puede ser una roca que iba a ser usada para construir, pero sobró y la dejaron acá... ─ opinó Yamato.
─ Ya lo pensamos, pero Tk dice que es distinta a las de las murallas.
─ Tal vez es solo una roca que alguien decidió pulir ─ dijo Hikari, indecisa.
─ Me resulta difícil de creer ─ Takeru le sonrió y ella se encogió de hombros.
─ Las catapultas ─ dijo Yamato─. Si esto está desde la época de guerra, puede ser que se la haya usado para las catapultas. Una roca así, pega fuerte...
Al ser esa la mejor hipótesis que tenían, todos asintieron y continuaron su recorrida. Al pasar por la cascada, Hikari agarró una ciruela pero no continuó su camino. Se quedó observando fijamente el conjunto de frutas.
─ ¿Qué pasa?─ le preguntó Takeru.
─ Falta una manzana.
─ Si, la que yo comí...
─ No, Sora─ la interrumpió.─ Otra. Hoy había cinco y ahora hay tres. Estoy segura.
─ ¿Cuántas trajeron?─ preguntó Yamato, pero ambos levantaron los hombros, en señal de desconocimiento.
─ ¿¡Es que no me creen?! ─ casi gritó Hikari, sintiendo como el nerviosismo y el miedo se iban apoderando de ella.
─ Si te creemos ─ se apresuró a tranquilizarla Takeru ─. Habrá rodado y se la llevó la corriente, no hay porque hacer tanto problema...
Estas palabras terminaron de tranquiliza a Hikari, quien prosiguió la marcha.
Los demás recintos eran muy parecidos al lugar en el que habían dormido, solo que en peor estado. Encontraron más cadáveres, cadenas y armas herrumbradas. Hikari se adueñó de una pequeña daga en buen estado y Sora revolvió hasta encontrar una buena espada. Takeru ya había agarrado una al levantarse.
─ Son las 14:30 ─ dijo Yamato.─ ¿Qué les parece si agarramos algunas frutas y emprendemos el camino a nuestro Reino?
─ ¿Saben por dónde ir?─ preguntó Sora.
─ Bueno... ─ ambos se miraron─. En realidad... digamos que... no. Pero─ dijo Takeru, antes de que las chicas se escandalizaran─ si vamos hacia el este, bordeando el reino de los humanos, vamos a llegar al límite del reino de Sora, y desde allí podemos seguir derecho...
─ Ojalá fuera tan fácil ─ murmuró Hikari, quien ya imaginaba que se perderían.
Sin decir más, comenzaron a caminar hacia los árboles de manzana. En el camino pasaron junto a la salida del túnel.
El terror los detuvo. La puerta trampa estaba abierta de par en par, los troncos habían rodado para los costados y había ramas y hojas por todos lados. Alguien los había seguido.
Yamato sintió como el miedo se apoderaba de él, tuvo deseos de gritar y salir corriendo y correr y correr. Tuvo deseos de estar en su cama mullida y cómoda, llena de comodidades y libre de peligros. Tuvo deseos de ser un simple cortesano, trabajar todos los días para poder comer y alimentar a su familia y tener una vida sencilla. Tuvo deseos de no haber nacido. Pero más que nada, tuvo deseos de no haberse dormido la noche anterior, de haber estado despierto para escuchar algo y poner a salvo a los tres "niños" a su cargo.
Takeru, sin reaccionar, con la vista en blanco, observó alternativamente a la puerta y a su hermano.
Sora estaba tranquila. Tenía miedo, pero debía controlarlo. Estaban pasando cosas muy raras, ella las había sentido. Pero tenía que mantener la calma.
Hikari pensó en salir corriendo, pero algo brillando entre los troncos la sobresaltó. Sin pensar en las consecuencias, corrió a agarrarlo para luego ahogar un grito.
─ ¡Miren esto!─ En sus manos tenía una medalla redonda, de plata, con el símbolo de su reino. – ¡Todos en mi reino tienen esto! ¡Nos siguieron!
Sin decir nada más, comenzaron a correr sin un rumbo fijo, pero juntos.
Hikari arrojó la medalla hacia atrás. Cuando esta cayó se dio vuelta, y nadie vio que del otro lado, estaba el escudo de la realeza. Ese que solo quienes eran de la dinastía podían usar.
Y nadie vio tampoco, en la roca sobre la que estaban las frutas, la marca en barro de una mano. La marca con un dedo cortado, como si en ese mismo lugar, hubiera habido un anillo. Uno grande e importante. Un anillo real.
Continuará...
Capítulo 9: Qué hacer
Sin pensar en lo que hacía, en lo que podía hacer, en lo que estaba pasando, sin pensar en nada, Takeru corría. Corría como nunca había corrido en su vida, pensando en correr más y más rápido, en escapar, en irse, en desaparecer. Se sentía en uno de sus sueños, siempre escapando de algo, corriendo sin un rumbo fijo o sin que le importase, solo tratando de escapar... el aliento se le iba, estaba cansado, le dolían las piernas, pero tenía que correr... tenía que irse, ¡no tenía que estar ahí!... Pero, ¿dónde tenía que estar? ... Al pronunciarse estas palabras en el cerebro de Takeru, se detuvo de repente. Levantó la vista. Árboles. Solo árboles. Estaba perdido en el medio de la zona libre, solo, con un anillo que casi no podía usar, un arma que no conocía muy bien y un, o unos, locos siguiéndolo. Escuchó pasos, desenvainó su espada y se dio vuelta. Hikari chocó contra él, logrando que ambos cayeran.
─ ¿Dónde estamos?─ gritó Hikari, abrazándose a Takeru con todas sus fuerzas y sin permitir que ninguno de los dos se levante.
─ No sé, Kari... ¿dónde están Matt y Sora? Vamos, tenemos que encontrarlos...
De atrás de unos árboles aparecieron Yamato y Sora, encontrando a Hikari y Takeru en el suelo, abrazados. La situación daba para bromas, pero ninguno estaba con el humor suficiente.
─ ¡Levántense!─ ordenó Yamato, moviendo a Hikari.─ No sé donde estamos, obviamente estamos perdidos. Hay alguien siguiéndonos, puede estar en cualquier lugar. Lo mejor es que no nos separemos por el momento, ¿entendido?
─ ¿Pero qué hacemos, Matt?─ preguntó Takeru, guardando su espada.
─ El reino de los humanos─ dijo Sora. Estaba apoyándose contra un árbol, su pierna derecha casi del mismo color que su pelo.
─ ¡¿Qué te pasó?!─ asombrada, Hikari corrió hacia ella.
─ Nada, nada. Me caí y me golpeé contra una roca, pero no es nada. Ya se me va a pasar. ─ Todos pensaban que no era así.
─ ¿Qué pasa con el reino de los humanos?
─ Si seguimos caminando derecho vamos a llegar. No creo que tengan mucho problema en que nos quedemos, recuerden que ellos también perdieron gente. Están con nosotros.
─ Si... pero su gente está encerrada - o tal vez muerta - por culpa de mi reino. No creo que les agrade mucho mi presencia... ─ murmuró Hikari.
─ Ese es el último de nuestros problemas ─ la cortó Takeru. ─ Ya veremos como lo solucionamos. Ahora lo importante es llegar a este reino, hablar con el rey Motomiya y asegurarnos de que esté con nosotros.
─ ¿Y después? ─ preguntó Yamato. Todos guardaron silencio.─ ¿Alguno pensó en que vamos a hacer después? ─ Silencio─ ¿No? Yo sí lo he pensado. ¿Y saben qué? Somos fugitivos. Fugitivos. Todos los reinos deben estar buscándonos, tenemos a alguien siguiéndonos y, lo más importante, no todos los reinos están en paz. El de los humanos es un reino débil, no les va a gustar nada tener a los herederos de tres reinos escondiéndose detrás de sus puertas. Lo más seguro es que nos entreguen o nos maten. – Todos guardaron silencio por unos segundos.
─ No ─ dijo Takeru ─. Los enemigos son los reinos del viento y trueno. Para este momento, seguro que los demás reinos ya han hecho una alianza. Hikari es tan víctima como nosotros. Van a entenderlo. No se olviden que, según dicen, el reino de los humanos alojó a la princesa del fuego y al príncipe del hielo.
─ Son leyendas─ respondió Hikari, con mucha más convicción que el rubio pequeño.─ Leyendas. Fue hace más de 1000 años, ¿de verdad creen que se pudo desatar una guerra así por el capricho de dos enamorados? La guerra tuvo que haber sido por algo mucho más grave, por algún error de algún reino, o de todos, y lo ocultaron con lo primero que se les ocurrió.
─ En nuestro reino hay libros de esa época, y relatan lo de los príncipes... de todas formas, ¿qué importa eso ahora? ─ dijo Takeru─ Lo que tiene que importarnos es que si entramos a ese reino, lo más seguro es que nos encontremos con la muerte. ¿Qué vamos a hacer?
─ Entrar ─ afirmó Sora con decisión. Había permanecido en silencio. Lo dijo con tanta convicción, que a los tres les costó ver que debajo de ella se delineaba un charco de sangre.
─ ¿Y arriesgarnos a que nos maten? ─ preguntó Takeru.
─ Arriesgarnos. Ahí está la palabra Tk. Siempre estamos arriesgándonos a que nos maten, en todo momento. Ahora mismo tenemos a alguien detrás nuestro, que puede estar apuntándonos con un arco, listo para matarnos. Ahora mismo este árbol puede caer y matarnos a los cuatro. Ahora mismo puede caer un rayo. Ahora mismo pueden pasar tantas cosas... Si quedamos afuera, morimos. Si entramos, nos "arriesgamos", como dijo Takeru. No tenemos una vida acá afuera. La tenemos adentro. No vamos a sobrevivir. Es morir o arriesgarnos.─ Lo dijo con tanta convicción que logró que desaparecieran todas las dudas que tenían, e inmediatamente se pusieron en marcha. ¿Para dónde? Para adelante, porque estaban muy perdidos como para permitirse otra cosa.
Habían caminado unos pocos metros cuando Yamato se detuvo y pidió a los otros dos que esperaran. Sora iba muy atrás, apoyándose en los árboles. Había un rastro de sangre tras de ella.
─ Hay que vendarte eso.
─ No, estoy bien─ empujó a Yamato y comenzó a caminar más rápido, pero a los pocos pasos debió detenerse y agarrarse de un árbol.
─ No estás bien.
─ Si estoy bien... tuve heridas peores que esta.
─ ¿Si?─ dijo Yamato, ayudándola a levantarse.
─ Si. Una vez, una espada se me clavó en el hombro...
─ Bueno Sora, muy bien. Si en tu reino no le hacen caso a esas lastimaduritas, vas a tener que ir acostumbrándote, porque para mí, esas lastimaduritas... ─ en ese mismo momento, mientras la ayudaba a pararse, le asestó un fuerte golpe en la nuca, desmayándola. ─ Son muy importantes... ─ concluyó.
─ ¡Yamato!─ gritó Takeru, asombrado.
─ ¡Basta! Por favor, esta chica tan terca, ¡me enferma! Se está desangrando, hay que vendarle esa herida ya mismo.─ Se cortó un pedazo de su remera y comenzó a vendarla, apretando bien fuerte.─ Esto deberá lograr que pare la sangre... por lo menos hasta poder aplicarle un vendaje... Tenemos que apurarnos.
Continuará...
Capítulo 10: Noticias
Yamato, Takeru, Hikari, y una Sora apenas despierta, que difícilmente podía mantenerse en pie, y mortalmente pálida, se encontraban parados cerca de la entrada al reino de los humanos. Este estaba bordeado por una alta muralla, que Takeru dijo que estaba hecho con los mismos materiales que las ruinas que había dejado, que databa de la misma época y diversos datos que nadie escuchó. Había un gran portón; a ambos costados, sendos guardias vestidos con armaduras custodiaban la entrada.
─ ¿Qué hacemos? ─ preguntó Takeru. Yamato no dijo nada, pero ambos intercambiaron una mirada que Hikari interceptó.
─ Ya sé qué es lo que están pensando, no es necesario que lo escondan. En el reino del trueno están prisioneros – o han sido asesinados─ muchos de los dirigentes y personas importantes de este reino, así que ¿cómo va a entrar la princesa del trueno caminando tranquilamente? En cambio, las príncipes del reino del hielo y fuego sí pueden entrar, ¿cómo no? Así que, antes de que digan cualquier cosa, les explico lo que vamos a hacer: yo me voy a quedar acá, ustedes van a ir, decir que tienen a una enferma, entrar, curarla y averiguar cómo está la situación. Si es favorable para mí me vienen a buscar, sino, me dejan. Yo me las voy a arreglar hasta que puedan venir por mí, no se preocupen. En cuanto a ustedes... no sé, supongo que deberán ir a hablar con quien esté al cargo, o, no sé... lo que sea, pero no se preocupen por mí. No cambiaré de opinión.
─ Pero Hika─ Yamato interrumpió a su hermano.
─ Vamos Tk─ al tiempo que intercambiaba una mirada de gratitud con Hikari. Al fin alguien lo ayudaba...
Al aproximarse más a los guardias, Yamato pudo notar un par de botellas de alcohol mal disimuladas entre el pasto. Al verlos acercarse, uno de los guardias se adelantó tambaleándose.
─ ¿Quiénes son, qué quieren y... qué...? ¡Eh, Raijin! ¿Cómo es que seguía esto? Jajaja
El otro guardia comenzó a reírse también. El olor a alcohol que desprendían era insoportable, así que entre los dos sostuvieron a Sora y entraron. Detrás del portón había una pequeña casa, de techo de paja y paredes de barro y rocas. La puerta se abrió y salió un hombrecito menudo, en pijama. Un sombrero verde le tapaba casi toda la cara, pero se podía distinguir fácilmente el bigote recto.
─ ¿Quiénes son, que quieren y qué hacen? ─ preguntó, terminando la frase que los guardias habían sido incapaces de recordar.
─ Eh... ─ los rubios se miraron. Yamato sonrió.─ Los guardias nos dejaron entrar...
─ ¿Sí? Bien bien bien... no me importa. Les he hecho tres preguntas: ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? Y ¿Qué hacen? ─ viendo que Yamato apenas podía mantener la risa, Takeru se adelantó y habló por él.
─ Yo soy Takeru, él es Yamato y ella es Sora, una amiga. Necesitamos un doctor urgentemente, recibió una herida y está muy débil.
El hombrecito observó detenidamente a la pelirroja, para acto seguido entrar corriendo a su casa.
─ Está bien, está bien. ─ Dijo al regresar─ Mi esposa puede ayudar, pasen, pasen.
Fueron arrastrados, literalmente, al interior de la cabaña. Se encontraron de frente a una acogedora sala de estar, con una chimenea apagada, unos sillones y un par de cuadros. Una mujer de unos veinte años a medio vestir apareció por una puerta e hizo señas para que entrasen. El hombrecito agarró a Sora, que lo doblaba en tamaño, y la llevó con su esposa, indicando por señas a Yamato y Takeru que tenían que esperar. Se miraron inquietos, pero enseguida el hombre regresó.
─ Mi esposa va a hacerse cargo ahora. Por favor, necesitamos que pasen la noche aquí, por cualquier problema que surja. Vengan, vengan.
Los hizo pasar a otra habitación y los sentó frente a una mesa. Había visto el aspecto de los viajeros y supuso que tenían muchas historias por contar, pero su esposa lo había obligado a que los dejara descansar una noche. Les puso un bowl de cereales y una canasta con pan enfrente y les indicó que comieran.
─ Voy a ayudar a Sayo. Cuando terminen, sigan por esa puerta y van a encontrar una habitación y un baño. Hablaremos por la mañana.
Dicho esto se retiró, dejando a unos muy perplejos Yamato y Takeru comiendo cereales. Al final, las camas fueron más fuertes que ellos, y terminaron muertos en sendos colchones de algodón.
─ Va a estar bien─ afirmó la mujer a la mañana siguiente, presentándose como Sayo, mientras les servía un suculento desayuno. A la luz del día, Yamato había podido comprobar lo hermosa que era y, a pesar de la aparente diferencia de edades, se notaba que eran un matrimonio muy unido.─ Perdió mucha sangre, pero el vendaje aplicado ha ayudado bastante. ¿Puedo saber quién ha sido el realizador? ─ Yamato levantó una mano tímidamente, Sayo sonrió y en ese momento entró su esposo.
─ Ah, veo que los niños ya están despiertos. ¿Cómo está la linda pelirroja?
─ Va a estar bien─ repitió Sayo.─ En gran parte gracias al vendaje aplicado por este joven... por cierto, ¿cómo se llaman?
─ Yo soy Yamato y él es mi hermanito Takeru. La pelirroja es una amiga nuestra llamada Sora.
─ Oh, sí si─ dijo el hombrecito.─ Recuerdo que se me presentaron anoche... yo soy Seto. Traje esto para ustedes.─ abrió una bolsa que sostenía y extrajo dos trajes de los talles de Yamato y Takeru.─ Después de bañarse y cambiarse podrán contarnos todo lo que crean necesario respecto a su llegada pasada la medianoche... pero ahora vayan, vayan, que la mañana es corta.
Ya limpios y vestidos, Yamato y Takeru recuperaron la elegante figura que los caracterizaba. Mientras Takeru terminaba de calzarse, ambos hermanos intercambiaron una mirada que lo dijo todo. Habían dejado a Hikari sola en la zona libre toda la noche y a Sora con un matrimonio que, si bien parecía amable, no conocían. En parte habían fracasado, pero faltaba. Ahora iban a tener que poner toda su energía en averiguar los datos necesarios y poder llegar con el emperador.
Se dirigieron a la cocina, donde Seto y Sayo los esperaban sentados, y por señas les indicaron que se sentasen.
─ Bueno... ─ dijo Seto, pensando en que palabras usar. Lo meditó unos instantes y al final decidió ir directamente al grano─ mientras atendíamos a la señorita Sora, hemos podido observar que en su cuello tiene una medalla del reino del fuego, mientras que el señor Takeru luce un anillo del reino del hielo, de esos que si no me equivoco solo la realeza posee. ¿Cómo lo explican?
Intercambiaron miradas, y Yamato se decidió a contarles la verdad, o al menos una parte. En todo caso, un matrimonio no iba a poder contra el hielo de su hermano y contra su espada.
─ Nos hemos escapado del reino del trueno, donde éramos prisioneros, y hemos llegado hasta acá atravesando la zona libre.
─ Y la señorita Sora ¿qué hace con ustedes? ─ preguntó Sayo, mirando tímidamente a su esposo, pidiendo permiso para hablar.
─ Es una buena amiga y la ayudamos a escapar─ dijo Takeru─. No sabíamos que iban a hacerle, y no queríamos arriesgarnos a que le pasase algo.
─ Mmh… si, si...─ repetía Seto, mientras daba vueltas por la cocina─ La noticia ya llegó... de que el reino del trueno ha apresado a gente de todos los reinos... nuestro príncipe Daisuke está encerrado ahí, y la princesa Jun murió... ─ bajó la cabeza en señal de duelo.─ Tienen que ser francos con nosotros─ miró directamente a Yamato y pareció que mantenían una disputa sin palabras. Al final, Yamato cedió.─ Ustedes son los herederos al trono del reino del hielo, mientras que la señorita Sora lo es pero del reino del fuego.─ Yamato y Takeru se miraron para luego asentir.
─ Queremos saber como está la situación entre los reinos... nos gustaría regresar al nuestro...
─ Bueno, bueno... ─ Seto dejo de caminar y los miró fijamente.─ La verdad es que para ustedes es bastante... favorable─ Yamato y Takeru exhalaron un suspiro.─ Su reino y el de la señorita Sora han hecho una alianza momentánea, el reino del trueno y del viento están separados, y se cree que se organizará una guerra... en cuanto a nuestro reino, permanece al margen, pero estamos dispuestos a unirnos a la alianza si nuestro príncipe no regresa sano y salvo en una semana.
Yamato y Takeru volvieron a intercambiar miradas. La situación era favorable para ellos y para Sora, pero no para Hikari, quien seguramente seguía en el bosque.
─ ¿Qué piensan hacer? ─ preguntó la mujer.
─ Nos gustaría presentarnos ante quien está a cargo para rendir homenaje, y luego emprender la marcha hacia nuestro reino.
─ Bien, bien... en este momento está a cargo el hermano del rey... tengo que dirigirme al palacio. Puedo llevarlos conmigo.
Yamato y Takeru lo miraron agradecidos y asintieron.
Continuará...
