La guerra de los 1000 años

16- Voy a casarme con vos

No supo cuando, pero en algún momento Miyako y Yamato la habían obligado a levantarse y la habían hecho caminar. En esos momentos todo pasó muy rápido, solo veía oscuridad y tristeza. De repente se encontró encandilada por el sol, tirada en el pasto. Caminó segundos, minutos, horas... no sabía y nunca lo sabría. Se incorporó y miró alrededor. Miyako estaba encargándose de Kenta y Takeru, el Hombre de las heridas más leves de los demás. En ese momento atendía a Iori. Hirokazu estaba apoyado contra un árbol. En su mejilla había una herida que seguramente dejaría una cicatriz. Estaba sangrando, pero al parecer no le importaba. Yamato y Seiya estaban en el suelo, al parecer examinando a alguien. Dudó por unos segundos, no recordaba mucho de lo que había pasado. Tal vez habían encontrado a alguien en el túnel... trató de levantarse y sintió un dolor punzante en la panza. Miró y encontró una herida. La había olvidado y había empeorado. Cayó de espaldas sin fuerzas, aturdida por el dolor.

- Princesa... princesa... – abrió los ojos y se encontró mirando otro par color marrón.

- Yolei- nuevamente trató de incorporarse, y el mismo dolor de antes la tiró al piso.

- Está bien?

- Yo... creo que... si...

- Déjeme ver esa herida- levantó la remera y Hikari le corrió la mano.

- Estoy bien. Perfectamente bien.- Con todas las fuerzas que tenía se paró, pero trastabilló y cayó al piso. Alguien la detuvo.

- Otra terca- murmuró una voz en su oído.

- Yamato- el príncipe la dejó en el suelo

- Miyako, encargate de ella.

- Si, enseguida- respondió la morada, sonrojada. Hikari la miró curiosa y cuando el rubio se alejó comenzó a reír.

- Te enamoraste del príncipe! Hasta te llama por tu nombre!

- No, princesa, silencio por favor- contestó, totalmente sonrojada.

- Pero tengo razón, no?

Miyako no contestó y se avocó a la tarea de curar a su amiga. Al cabo de unos minutos Yamato volvió.

- Cómo estás?

- Bien- respondió Hikari. Miró a Miyako, pero ya no estaba. Se había ido a tratar de curar una herida de Seiya.

- El príncipe no despierta.

- Que? Eh- entonces recordó al príncipe Daisuke.- Ah! Pero... está muerto?

- No, respira. Pero no despierta, no sabemos que puede tener.

Hikari ya no lo escuchaba. Delante de ella, a unos diez metros, vio a Ken. Estaba sentado contra una roca, su cabeza encerrada entre sus piernas. Recuerdos de Osamu empezaron a inundar su cabeza. Trató de levantarse, pero se mareó. Abrió los ojos y vio el sol. Osamu estaba muerto. Osamu estaba muerto. Osamu estaba muerto. En algún lugar escuchaba la voz de Yamato. Osamu estaba muerto. Kari... Kari que te pasa?... muerto. Osamu estaba muerto. Se incorporó y de un salto se paró. Miyako estaba junto a ella y la agarró de los hombros, para que no cayera.

En pocos segundos cubrió la distancia que lo separaba de Ichijouji. Él levantó la cabeza cuando las sintió llegar.

- Ken, yo... yo... ¿lo siento mucho¿me gustaría haber ayudado?... que podía decirle? Su hermano estaba muerto. Sus palabras no iban a reconfortarlo, en lo más mínimo. Sentía que había matado a un ser humano. Ken la miraba fijamente. Trató de buscar odio en su mirada, rencor, tristeza... pero no había nada. Sus ojos estaban vacíos. "Mi hermano es un chico muy frío, nunca muestra sus sentimientos... alegría, miedo, furia, tristeza... nunca sé que es lo que está sintiendo, y eso en parte me asusta... siento que nunca voy a ser suficientemente bueno para que él me tome de ejemplo... me frustra..." eso le había dicho Osamu en medio de su búsqueda. Y tenía razón.- Yo...

- Las mujeres no sirven para pelear- dijo. Y Kari sintió que tenía razón.

- Insolente! Quien te crees que... – empezó Miyako, pero Hikari la calló.

- Ya está bien, Miyako- murmuró. La voz le temblaba.- Tiene razón. Yo nunca tuve que haberlos acompañado... nunca tuve que haber desafiado a mi padre... – los otros miembros de la expedición se habían acercado- las mujeres siempre siguieron las reglas que sus maridos, padres o hermanos les impusieron... yo nunca tuve que haberme salido de la línea... tuve que haber sido como mi madre, una esposa y madre dedicada que no hiciera daño a nadie... pero fui egoísta y pensé solo en mí, en como iba a divertirme más, en como prefería vivir... – la voz le tembló y comenzó a sollozar, Miyako se apresuró a abrazarla, pero ella la empujó. Levantó la vista y miró a todos los presentes.- Lo siento mucho. Por mi culpa Osamu murió. Ya sé que lo que diga no va a cambiar nada de lo sucedido, pero de ahora en más... voy a volver a mi Reino y voy a ser la hija modelo, voy a seguir a mi padre en la paz y en la guerra, voy a...

- Sí. Volvé a tu Reino- dijo Ken. Su voz estaba cargada de ira.- Volvé y contale a tu padre todos nuestros planes, mostrale el túnel y el camino hasta nuestro Reino. – Sus ojos chocaron con los de Hikari, que trató de bajar la vista pero no pudo. Algo se lo impedía.- Vos no vas a volver, y tu amiga tampoco. No sé que razón pudo haber tenido Osamu para salvarlas de esa manera, pero no va a ser en vano. Vas a permanecer con nosotros, vas a venir a nuestro Reino y vas a entregarte al príncipe y vas a ser una de sus tantas esposas, o de cualquiera de los aquí presentes...

- Está bien- dijo Hikari, sorprendiendo a todos los presentes.- Voy a casarme con vos – su voz ya no temblaba, Ken tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano por no bajar la vista.

- Con...migo?

- Sí. ¿O estás comprometido?

- No voy a casarme con vos. Nunca te voy a aceptar como esposa. No voy a tocarte jamás.

- No me importa. Voy a ser tu esposa, vamos a derrocar a mi padre y su Reino te va a pertenecer. Que más necesitas?

Ken la miró fijamente y encontró provocación. Sonrió levemente. Iba a seguirle el juego.

- Cuando lleguemos a mi Reino, vamos a comprometernos- dijo. Y eso fue todo. Cada uno tomó su propio rumbo.

- Miyako... hace cuanto amaneció- preguntó Hikari. Se habían alejado del grupo y estaban sentados junto al lago. A pesar de que Miyako era su dama de compañía y una plebeya, eran amigas desde hacia mucho tiempo. Ambas habían tenido una vida muy dura, y la otra era una especie de soplo de aire fresco en la vida de cada una. Habían crecido juntas, ya que su madre era dama de compañía de la Reina, pero cuando Miyako contaba con siete años, su padre se había fugado con la hija del vecino, que tenía solamente nueve años más. Después de eso el hombre fue nombrado Persona No Grata en el Reino del Trueno, pero eso no impidió que su madre se sumiera en la depresión, y un mes después dejara huérfanos a sus cinco hijos, siendo Miyako la más pequeña. Los Reyes trataron de ofrecerles alguna protección, pero los mayores se negaron, diciendo que no necesitaban la caridad. Miyako era muy pequeña para trabajar, así que se quedaba todo el día en su casa haciendo las tareas del hogar, mientras su hermano y hermanas trabajaban. Más de una persona quiso ayudarlos, aunque sea adoptando a Miyako para mandarla con algún maestro que pudiera darle una buena educación, pero eran orgullosos y se negaron. Dejó de ver a su compañera de juegos, ya que sus hermanos le habían advertido que la Familia Real creía que no iban a poder salir adelante y querían ayudarlos, pero ellos les demostrarían que podrían solos. A pesar de todos sus esfuerzos, había muchas veces en que pasaban hambre, y más de una persona se aprovechó de ellos. Cuando Miyako cumplió 12 años y estuvo en condiciones de salir a trabajar su hermano mayor, único hombre en la familia, juntó todos sus ahorros y se largó con su jefe en un viaje que, como dijo, lo volvería rico. Miyako soñó durante un mes y medio con su hermano, imaginaba que volvería sobre un caballo negro, magnifico, y vestido con un traje blanco de esos que solía usar el Rey, y las rescataría. Pero cuando pasado ese tiempo y más no hubo noticias, tuvieron que comenzar a prestar atención a los rumores que decían que su Jefe lo había engañado, le había robado todo y luego lo había asesinado. Al saberse que estaban las cuatro mujeres solas más de un hombre, no siempre con buenas intenciones, comenzó a acercarse a la casa, en especial un abogado gordo, calvo y feo, que desde el primer momento dijo que quería a Miyako como esposa. Sus hermanas trataron de hacerle entender que era demasiado pequeña y no tenían pensado casarla todavía, pero el hombre insistió tanto que tuvieron que echarlo. A partir de ese momento les fue de mal en peor, ya que el abogado tenía mucho poder y la gente le tenía miedo. Las despidieron de sus trabajos, no pudieron encontrar ninguno, y empezaron a ser perseguidas a todas horas del día. Resistieron, pero al cabo de un tiempo una de las hermanas fue apresada y violada en un camino bastante transitado sin que nadie hiciera nada por ayudarla. Este hecho fue escondido para Miyako, pero ella se enteró de todas formas, y decidió que era tiempo de hacer algo. Una noche en que sus hermanas dormían profundamente, juntó sus escasas pertenencias y salió de la casa. Iba a lo del viejo abogado. Antes de que hiciera una cuadra, vio como cinco hombres llegaban a su puerta y entraban a la fuerza. Tiró todo y comenzó a correr, pero antes de llegar comenzó a escuchar los gritos de ayuda de sus hermanas. Los vecinos comenzaron a salir o encender las luces, pero nadie hizo nada para ayudarlas. Miyako entró por una ventana trasera y se encontró con sus hermanas, que a duras penas podían sostener la puerta para que no entraran los hombres. Trató de ayudarlas, pero sus hermanas se lo impidieron, y la encerraron bajo unas maderas sueltas del piso, prohibiéndole que haga cualquier cosa. El haber soltado la puerta por un segundo hizo que los hombres entraran, y desde su escondite, Miyako vio y escuchó como sus hermanas eran torturadas y violadas salvajemente. Estaba paralizada del miedo, y no hizo nada por ayudarlas. Nunca se perdonó a si misma. Cuando los hombres se fueron, sus hermanas la sacaron del escondite, llorando de alegría por haber sido capaces de salvarla. Miyako les contó sobre su plan de casarse con el abogado, pero ellas se lo prohibieron terminantemente. Este hecho fue discutido en todo el pueblo, y al fin hubo algunas personas que se revelaron y empezaron a hacerle la contra al abogado, apoyados por la Familia Real. Esto lo calmó, pero no pasó mucho tiempo antes de que volvieran a molestarlas. Sin embargo, por estos tiempos, una de sus hermanas, Momoe, andaba viéndose con un soldado que la doblaba en edad, pero que era temido por muchos. Su presencia hizo desaparecer al abogado y su contingente de hombres, pero la tranquilidad no volvió para Miyako, ya que le temía a este soldado tal vez más que al abogado. Entre la gente se decía que este soldado siempre se buscaba chicas jóvenes, estaba con ellas un tiempo, las colmaba de regalos y atenciones, para luego acostarse con ellas y darse media vuelta. Todos sabían que Momoe correría con la misma suerte. Pero por primera vez en mucho tiempo, el destino les sonrió. El soldado fue ascendido, y su nueva posición le impedía hacer lo que tenía planeado. Se casó con Momoe, y los Inoue volvieron a entrar al palacio. Haciendo su orgullo a un lado, las dos hermanas mayores aceptaron trabajar para la Familia, y Miyako fue nombrada Dama de Compañía de su antigua amiga, la Princesa. Se hizo amiga del maestro de su amiga, y los tres pasaban horas y horas entre las paredes de la biblioteca, donde Miyako aprendió rápidamente todo lo que el destino le había negado antes. Y desde entonces no se habían separado más.

- Que- preguntó, sobresaltada.

- Que hace cuanto amaneció. Nuestra pelea empezó a la noche. Cuando llegamos ac�¿cómo estaba el sol? Es decir... ya había salido?

- Ahora que lo dices... si, ya había amanecido...

- Cuanto tiempo habremos peleado? No pareció pasar mucho tiempo, pero si ya había amanecido...

- Es que estuvimos mucho tiempo en el túnel.

- Eh?

- Si, tratando de organizar lo que había pasado...

¿Y cómo es que yo no me enteré?

- Ud. y el Señor Ken parecían dormidos... no quisimos molestarnos... – Miyako esperó la respuesta de Hikari, pero nunca llegó. Giró a la Princesa y vio que estaba observando un punto bastante alejado. El Príncipe Takeru.- Hika... – se había levantado y se encaminaba al príncipe. Miyako suspiró y fue a unirse al grupo.

- Hola- dijo

- Hola- respondió él. Permanecieron en silencio unos segundos.- Así que vas a casarte.

La afirmación la tomó por sorpresa. Miró al Príncipe y se sonrojó.

- Eh... si... es lo menos que puedo hacer por él... después de todo, es culpa mía y de Yolei que Osamu haya muerto...

¿Y por que no lo comprometes con Miyako? Es una plebeya, igual que él.- Hikari negó con la cabeza.

- Ella no tiene la culpa de nada. Nosotros la metimos en una batalla de la que ni estaba enterada.

- Kenta me dijo que Osamu estaba comprometido con la hermana del Príncipe.

¿La que murió en el castillo- Takeru asintió- ya veo... en parte soy responsable de todas sus desgracias...

- Para nada- exclamó Tk- No es culpa tuya, ella murió por culpa del Rey del Viento. Y él... quiso protegerlas... fue su elección...

Silencio.

- Hikari...

- Si?

- Hace un rato, cuando me dijiste que era culpa tuya y de Yolei que Osamu hubiera muerto, no sonabas muy convencida... – ella no respondió.- Yo estaba observando a Osamu cuando las protegió y vi que por un momento, pareció desconcertado... pudo haber vencido a esos guardias fácilmente, pero no atacó... fue como si quedara esperando, o algo... - nuevamente no respondió, y volvieron a sumirse en el silencio.

- Antes de morir... Osamu me dijo que no veía...

- Que- preguntó, girando asombrado.- Pero Hikari, entonces...!

- No! Ni lo pienses! Habrá estado cansado o habrá querido morir, pero no hay ninguna posibilidad de que se hubiera quedado ciego o lo que sea que estés pensando- exclamó.

Takeru no respondió. Estaba observando a los demás. Al parecer, Iori y Miyako estaban tratando de despertar a Daisuke, y mientras lo hacían reían e intercambiaban bromas. Iori estaba riendo. El resto estaba sentado en rocas sobre la cascada, al parecer hablando seriamente. Seguramente trataban de decidir el próximo movimiento. El sol pegaba contra la laguna y el resplandor lo cegaba. Se cubrió los ojos y miró a Hikari. Abrió la boca, pero enseguida volvió a mirar la cascada. Y tuvo que cerrar los ojos otra vez. "Esta cascada se llama Blind. Lo recordé mientras me lavaba la cara. Lo leí en un libro, decían que estaba embrujada, y quienes permanecían mucho tiempo adentro terminaban su vida ciegos y pobres." Palabras de Hikari.

- Hikari

- Que?

- ...

- Que pasa- preguntó, girando al rubio.

- Osamu estaba ciego.- Le explicó su razonamiento, y Hikari permaneció en silencio.- Y?

- ...La verdad... yo también lo había pensado... pero no puede ser- exclamó.

¿Por qué no puede ser!

¡Por que nosotros también nos mojamos ahí!

Takeru hizo silencio, incapaz de contestar. Hikari suspiró y se levantó, dispuesta a marcharse.

- No- murmuró Takeru. Ella giró y encontró al chico sonriendo abiertamente.- No fue así- se paró y caminó hasta quedar frente a frente.- Si recordas bien, vos te metiste por all�- señaló una zona más alejada, lejos de la cascada.- Sora también. Yamato y yo estuvimos all�- señaló a otro lugar e hizo silencio.

- Eso no cambia nada- dijo Hikari.- Osamu también estuvo...

- No me dejaste terminar- la interrumpió.- Este lago¿recibe agua solo de esa cascada- Hikari meditó unos segundos.

- En realidad... más allá pasa un río que está conectado...

- Pero no está conectado con la cascada, no?

- No podría asegurarlo...

- Vení- Takeru la empujó hasta un árbol de considerable altura, y comenzó a trepar por las ramas más bajas.

- Eh... Tk... – murmuró Hikari, pero él no respondió, ya que estaba demasiado arriba para oírla.- Que más da- alzó los hombros y comenzó a subir.

- Estás segura que podrás ayudarlo- preguntó Iori a Miyako, mientras juntaba agua en un cuenco y se lo pasaba.

- Por supuesto. Esta criatura no está muerta- sonrió.- Solo necesita... - Levantó la vista y miró alrededor- eso- señaló unos yuyos a pocos metros.- Tráeme tres hojas, por favor... – Iori obedeció, y después de hacerlo, Miyako comenzó a machucar las hojas sobre una roca.- mmh... creo que necesitaré otras cosas... Kenta- llamó. El nombrado levantó la vista asombrado- necesito una piedra larga y finita, que sirva para improvisar un mortero... ¿podrías por favor traérmelo- Kenta titubeó, pero al final terminó accediendo y se marchó.

- Necesitas algo más- preguntó Iori.

- No- sonrió.- Con esto es suficiente.

¿Qué es lo que tiene- preguntó Yamato, sentándose junto a la morada, que se sonrojó notablemente.

- Eh... es... una poción secreta que se usa dentro del castillo... – Yamato la siguió mirando, aparentemente esperando que continuara, y Miyako se odió por haber dado una respuesta tan vaga.- Es... eh... secreta... y... eh... – quería seguir, pero estaba perdida en la sonrisa del príncipe... – tiene que... – él la seguía mirando sonriendo, y ella ya no sabía que más agregar- tiene... tiene una sonrisa muy hermosa...

- Eh- preguntó Yamato, sobresaltándose. Hirokazu había estado observando la escena y comenzó a reírse, seguido por Seiya y, aunque un poco más disimuladamente, Iori.

- No, que... eh... bueno, como decía, la poción esta es secreta- Kenta ya había vuelto con la roca y Miyako volvió a encerrarse en su trabajo, apartando la vista del príncipe-. Sirve para dormir, la cantidad de tiempo depende de la dosis, podría dormir tanto una hora como dos años. – El resto del grupo estaba alrededor de ella, ansiosos por averiguar más. Ken era el único que seguía apartado, pero la miraba interesado.

- Pero tarde o temprano despertar�, no- preguntó Seiya. Miyako dudó antes de contestar.

- Puede ser mortal... – Miyako sintió como un escalofrío seguía a sus palabras.- El primer mes el cuerpo puede ser alimentado con comida común y corriente, pero si después de eso no comienzan a ocuparse unas bebidas especiales, el cuerpo comenzará a rechazar el alimento...

- Y morirá desnutrido- terminó Ken. Miyako giró la vista asombrada y al hacer contacto con sus ojos, se sonrojó levemente. Ken corrió la vista y se maldijo por haberse concentrado tanto en lo que estaba diciendo.

- Bueno, si, es cierto- continuó, visiblemente perturbada. – Sin embargo, existe un antídoto... secreto.

¿Pero vos sabes cual es- preguntó Kenta. Miyako asintió, y sonrió mirando a su alrededor. Salvo Ken, el resto la había aceptado. Ahora tenía que luchar por demostrarles que valía la pena.

- Me lo enseñó una vez el Hechicero del castillo... decía que yo sería la próxima – sonrió, revolvió el agua con las hojas y levantó el cuenco.- Ya est�- Iori levantó la cabeza del príncipe y ella comenzó a introducir el líquido por su boca-. Ahora, solo hay que esperar... tiene que hacer efecto enseguida...

Todos, incluido Ken, se arremolinaron alrededor del cuerpo del Príncipe, esperando que despertara. La espera se hacía interminable, pero Miyako sabía que ya tenía que despertar. 'Solo unos segundos más... no puede demorar mucho... tendría que despertar... ya...". Iori viraba entre Miyako y Daisuke. Ella había dicho que ya tenía que despertar, y sin embargo... podía notar el nerviosismo en su rostro... tal vez en esa zona no estaban las hierbas necesarias y había ocupado otras, confiando en que servirían... Yamato miró de reojo a Miyako y vio que apretaba fuertemente sus puños contra sus ropas. Miró al príncipe que yacía recostado sobre las piernas de Iori, y no notó diferencia. ¿Miyako les había mentido?... le resultaba difícil de creer, tal vez se había confundido... tal vez tenía algún otro problema... Miyako miró nerviosamente a su alrededor. Ken estaba detrás de ella, pero sentía sus ojos clavados en su nuca. Tenía que despertar... en ese momento, el príncipe giró la cabeza y vomitó el antídoto. Miyako y los demás lo miraron asombrados por unos segundos, pero luego, todas las cabezas se posaron en ella.

- Parece que... – comenzó Ken, pero ella no lo dejó continuar.

- Me confundí- dijo.- Tiene otra fórmula en su interior.

- Conoces el antídoto- preguntó Hirokazu. Ella dudó, pero contestó.

- Creo que sí... pero necesitaré la ayuda de todos... – se paró y miró a los siete hombres apostados a su alrededor. – A trabajar- el brillo en sus ojos asustó a los hombres, que se apresuraron a apostarse a su alrededor, esperando órdenes. De alguna manera, temían a la ira de la chica, que estaba decepcionada y furiosa consigo misma. Solo Ken permanecía indiferente.- Veamos, vos...

Hikari alcanzó a Takeru en una de las ramas más altas, pero era gruesa y aguantaría el peso de ambos. Se sentó junto a él y observó la vista. Desde ahí podían ver esa zona y mucho más, la vista era increíble.

- Bueno, ahora paso a explicarte mi teoría- dijo Takeru.- Ahí tenés la montaña de la que cae la cascada- era la única montaña en la zona, después había un par de colinas, pero nada tan alto. – El agua sigue hasta all�- indicó un lugar a unos metros de donde estaban los demás.- Si observas bien, en esa zona hay rocas que impiden que continúe el agua de la cascada.

- Entonces por que sigue el lago- preguntó Hikari, ya que después de esas rocas, el lago se extendía hasta la lejanía.

- Por que recibe agua de all�- Takeru apuntó a un resplandor apenas visible, pero que sin duda era un río, y al afluente que lo comunicaba con el lago.- Esa es agua limpia- agregó, antes de que Hikari lo interrumpiera- Ninguno de nosotros se mojó bajo la cascada, en cambio Osamu si lo hizo. Así que tiene sentido decir que se quedó ciego por que

- No- lo interrumpió Hikari- No puede ser...

- Pero tiene sentido...

- Pero no... no, es imposible...

- Hikari- gritó Takeru, agarrándola de los hombros- Es así! Osamu murió por que quedó ciego, no por protegerte a vos y a tu amiga! Tenés que aceptarlo! Tenes que ir y avisarle a los demás, de esa manera Ken las perdonará y... y... no tendrás que casarte con él... – añadió, casi en un susurro. Hikari lo miró y notó como las lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas. Él había buscado una manera de ayudarla, de salvarla... y la había encontrado...

- Tk... – dijo, con un susurro apenas audible para ella- No... no digas nada, por favor... – Takeru levantó la vista asombrado- Solo habría más problemas... Ken nunca se perdonaría a si mismo habernos culpado, pero es demasiado orgulloso como para pedirnos perdón... y viviría con el cargo de conciencia toda la vida...

- Pero Kari! No es la manera- dijo Tk. Lo que ella decía era cierto, tenía toda la razón, y sin embargo... no le parecía justo... – No podes ocultarle la verdad...

¿No crees que ya lleva una carga demasiado grande¿Para que sumarle otra?... Dejémoslo así, por favor... – el rubio no contestó- Tk... – él la miró y se sumergió en sus ojos. Quería hacerla ceder, pero ella se mantenía firme... notaba su tristeza y no podía hacer nada por remediarla... sus lágrimas... solo había empeorado su sufrimiento... suspiró.

- Está bien... como quieras...

- Gracias- exclamó Hikari, y extendió su brazo para abrazarlo, pero perdió el equilibrio y por poco cae. Takeru la agarró de la cintura y la atrajo hacia si, evitando que cayera. Y no la soltó. Ella lo miró sonrojado, y luego recostó su cabeza en su hombro. Por el momento, era todo lo que ambos necesitaban.

Miyako había comenzado a impartir órdenes sin que nadie se atreviera a contradecirla. Había mandado a Iori y a Kenta a buscar algo con lo que hacer fuego, a Hirokazu lo hizo subirse a un árbol de cuatro metros para que le pase las frutitas que crecían en la copa, el Hombre marchó a buscar más de las hierbas que había traído Iori anteriormente, Yamato trataba de pescar algo para alimentar al príncipe apenas abriera los ojos y Seiya perseguía mariposas.

- Necesito... - empezó Miyako, pero notó que no había nadie disponible y se paró para ir ella misma a buscarlo.

- Que- preguntó Ken, parándose delante de ella. La chica se sonrojó y estuvo a punto de decirle que podía ocuparse sola, pero... necesitaba ayuda...

- Necesito... una manzana... – dijo, y Ken enseguida partió a cumplir. Sonrió levemente y agradeció la ayuda. Se sentó y comenzó a preparar el antídoto a medida que le traían los materiales. Al final tenía a todos, incluido Ken, persiguiendo mariposas. En otra situación hubiera disfrutado esa escena, pero en ese momento estaba demasiado ocupada. Yamato e Iori volvieron con una mariposa cada uno, y se apresuró a agregar el polvo de las alas en la poción, que ardía suavemente. El resto se sentó alrededor de ella, esperando que estuviera listo.

Miró a su alrededor y nuevamente notó siete pares de ojos situados en ella y comenzó a ponerse nerviosa. No estaba segura, ya que nunca le habían enseñado ese antídoto. Esa fórmula era extraña e increíblemente secreta, y no se usaba salvo en contadas ocasiones, ya que producía la muerte en un plazo de siete días. Había encontrado en antídoto un día en que revisaba los libros de su Maestro, y algo recordaba, pero no estaba segura. Para empeorar las cosas, el antídoto demoraba en hacer efecto, y no sabía cuando iba a estar listo. Así que solo podía rezar.

Ninguno de los dos supo cuanto tiempo permanecieron así, pero en un momento Hikari vio que los demás estaban discutiendo y bajaron a ver que pasaba.

Al llegar al grupo, descubrieron que discutían por que Ken quería ir a buscar el cuerpo de su hermano, pero Miyako decía que sin duda ya lo habían sacado, y Seiya que solo perderían tiempo y los descubrirían.

¡Puedo ir solo- gritó Ken¡Ni siquiera necesito que me acompañen, y nadie va a descubrirme¡Creo que soy bastante cuidadoso en ese aspecto!

- Tenemos que regresar ya- dijo Yamato.- Debemos llevar al Príncipe mientras sabemos que está vivo

¡Puedo ir solo! – gritó Ken¡No necesito ayuda!

¡Nadie nos garantiza tu supervivencia! – gritó Miyako¿Así querés honrar a tu hermano¿Muriendo después de él- Ken hizo silencio y miró fijamente a la morada, que se sonrojó bastante, pero estaba dispuesta a no dejarse perder.

- Voy yo- dijo Hirokazu, después de una amplia pausa.- Ya no me importa si vivo o si muero, y no creo q a nadie le importe demasiado...

En ese momento, Hikari recordó la carta que le había entregado Juri, y revolviendo entre sus ropas, la encontró y se la pasó.

- Esto me lo entregó Juri- dijo- Me pidió que te la de lo más antes- Hirokazu no la dejó terminar y le arrebató la carta. Luego se separó del grupo para leer en paz.

Salvo Miyako, Yamato y el Hombre, los demás miraron a Hikari asombrados, enojados y decepcionados. Ella no entendía lo que estaba pasando, así que en un murmullo cuestionó a Seiya.

- Hirokazu es... sufre de depresión – dijo, mirando tristemente a Hikari-. Trató de acabar con su vida más de una vez... lo único que lo levanta un poco es cualquier cosa que tenga que ver con Juri... tal vez, si... – pero no continuó, ya que le parecía demasiado cruel decirle lo que estaba pensando. Ella no tenía la culpa, era nueva ahí y aún no estaba enterada de los conflictos que tenían... sin embargo, Ken tenía que hablar.

- Sos... sos... sos increíble- dijo, mirando asombrado a la castaña. Ella lo miró sin entender- No solo... no solo hiciste que muera mi hermano, sino que por poco matas a este otro también... tal vez, si le hubieras entregado la carta a tiempo, cuando Juri te lo pidió, tal vez esta catástrofe no hubiera sucedido... tal vez Osamu estaría vivo... Hirokazu estaría sonriendo y... – Ken seguía echándole en cara a Hikari todo lo que, según él, ella había logrado con su estupidez, y nadie intervenía. Miyako, Takeru, el Hombre y Yamato por que estaban tan asombrados como ella, y los demás, por que sentían que en parte Ken tenía razón, aunque no justificaban la manera en que se lo estaba diciendo... nadie sabía que decir, así que solo esperaban a que Ken se quedara sin insultos... – y yo siempre lo dije, y lo vuelvo a repetir, las mujeres solo sirven en la cocina... – y así seguía, y Miyako ardía de bronca, pero no sabía como proteger a su amiga- y no te sirvió con cometer un asesinato, casi cometes dos y... – esa fue la gota. Takeru saltó y golpeó a Ken, haciéndolo retroceder y caer.

¡Osamu murió por que quedó ciego- gritó¡Quedó ciego por que cayó al lago, por que lo empujaron¡No es culpa de ninguna de ellas, fue culpa de tu estupidez¡Por que vos lo empujaste al lago!

Todos hicieron silencio, asombrados. Ken miraba a Takeru anonadado, no había entendido nada de lo que el príncipe había dicho y creía que se había vuelto loco. Se levantó y se preparó a devolverle el golpe, pero no llegó.

- Eh... hola?... – dijo una voz, tímidamente. Todos giraron asombrados y vieron al Príncipe Daisuke sentado, observándolos.

- BINGO- gritó Miyako, sintiendo que la alegría la inundaba.

Continuará...

Notas: terminó... al fin... hace tanto que tengo este capítulo... y nunca lo terminaba... y lo terminé!... Bueno, díganme que piensan... Ken y Kari se van a casar! Kenkari! Eso me saca el Takari y el Kenyako, pero... aún falta mucho para que la historia termine... así que...

En el próximo capítulo va a haber algo de Sora, ya que regresaran al Reino de los Humanos...

Hillary: Bueno, se supone que esto es un Sorato, pero no sé... es mi pareja preferida, pero yo ciertamente puedo salir con cualquiera, hay veces en que hasta yo me asombro de las cosas que hago... algo va a haber, no te preocupes, ahora el final... de todas formas, Sora no apareció por estos capítulos, así que no pude hacer mucho... pero espera y veras...

Atori-chan: Así que entendiste? Bien! Me saca un gran peso de encima, la verdad... a mi tb me dio un poquito de pena lo de Osamu, pero bueno, como diría el Diablo... cosas que pasan... y ya va a haber + Tai... solo espera y veras...

Yoo: Bueno, gracias por tu review. Y no importa que no me hayas puesto uno en el capítulo 14, no me gusta obligar a nadie a escribir reviews ya que es muy extraño que yo misma lo haga... así que no te preocupes! Por ahora no te aseguro nada, ya que tengo otros proyectos en marcha, pero tdv tengo q terminar Noche, que es una especie de Sorato... , ya haré alguno... solo espera y veras (�?)... gracias!

Bueno, creo q eso fue todo... gracias x leerme!

Ag