La guerra de los 1000 años
"Llegamos" dijo Taichi, una vez estuvieron parados frente a una enorme puerta de hierro. Sora estaba asombrada por las dimensiones de esta. Sabía que en el Reino del Viento eran cuidadosos, pero no creía que para tanto. Era impresionante, su mente dudaba que entre 10 hombres pudieran abrirla. Sin embargo debía de ser posible, pues ante un llamado de Taichi, las puertas se abrieron emitiendo un suave crujido. Más parecía que alguien hubiera pisado un par de hojas secas a que hubieran movido una puerta de semejante tamaño.
Siguiendo una orden de Taichi, avanzó lentamente por delante de él, y una vez hubo puesto un pie dentro del Reino, tres lanzas la rodearon, apuntando dos a su pecho y una a su cabeza. Sora paró impresionada, pero ya su cerebro trabajaba rápidamente, buscando la mejor manera de escapar. Una vez hubo llegado a cuatro opciones posibles, se dio cuenta de que no sería necesario.
"Basta!" exclamó Taichi, y las lanzas se retiraron. "Ella es huésped del Rey. Vayan a avisar que ya ha llegado" el más bajo de los tres, un chico de cabellos castaños, casi rubios, hizo una reverencia y salió a toda carrera, desapareciendo a los pocos metros.
Sora sonrió a los guardias y avanzó junto a Taichi. A los pocos metros se dio cuenta de que había algo extraño en ese lugar. A pesar de no ser más de las 7 de la tarde, ya la ciudad se encontraba desierta. Todas las casas estaban cerradas, puertas y ventanas, y en ninguna había luz. No se veía un alma, el poblado parecía triste, desolado. Pensó en interrogar a Taichi, pero este se mostraba esquivo y preocupado.
Lentamente, Sora comenzó a escuchar sonidos. Agudizó sus oídos. No había pájaros cantando, no se escuchaba el susurrar del viento entre las hojas de los árboles, ningún sonido que indicara alguna presencia de cualquier tipo en ese lugar. Solamente ese sonido, que comenzaba a llegar torpemente a su cerebro. ¿Qué era?
Una extraña sensación comenzó a inundarla. Ella conocía ese sonido. Lo había escuchado. Y esa sensación... paró en seco. Pasos. Alguien la observaba. Los estaban siguiendo.
Giró alarmada, pero no había un alma cerca. Ya no escuchaba ningún sonido, pero alguien la observaba. Estaba segura.
"Vamos" murmuró Taichi, apretando su brazo con fuerza. Pero ella lo movió y siguió observando, tratando de captar nuevamente ese sonido. "Apresúrate!" dijo, aún en tono más bajo, Taichi.
"Hay alguien. Nos están siguiendo" dijo Sora, pero este se apresuró a callarla.
"Estamos solos" susurró. Acto seguido, la empujó para que continuara su camino. Sin embargo, esa extraña sensación no dejó de acompañar a Sora. Era una sensación conocida. Y sabía de cuando.
De cuando estaba con Hikari, Takeru y Yamato. Lo mismo que los seguía esa vez, la estaba siguiendo ahora.
"Adelante" dijo Hikari, mientras se limpiaba apresurada las lágrimas. Los pelirrojos cabellos de Juri se asomaron por la puerta, y lentamente su cabeza la siguió.
"Hace horas que la buscamos" dijo, sonriendo. Hikari notó que estaba más animada, y eso la reconfortó. Al menos había logrado algo, y era haber devuelto la sonrisa a Hirokazu.
"¿Qué sucede?" preguntó. Trataba de esconderse entre las sombras para evitar que su nueva amiga viera sus lágrimas y la interrogara.
"Bueno, es que..." comenzó, pero su voz se perdió en un murmullo. Miró a Hikari y luego de unos segundos volvió a hablar. "Resulta que me han dicho que debía prepararla para su compromiso, que se realizará esta tarde, pero... creo que se han confundido, por que"
"No" dijo Hikari "nadie se ha confundido. Yo... están en lo cierto" la voz le tembló al decir esta última parte, y el hecho no pasó desapercibido para Juri, quien sin embargo no preguntó nada. Estaba preocupada por ella, pero sin duda la Princesa tenía sus propios motivos para haber tomado esa decisión.
"Está bien, entonces... creo que debe bañarse" Hikari asintió y entró al baño. Ya no había vuelta atrás.
Desde algún lejano lugar, Yamato creía escuchar a las tropas que avanzaban hacia la futura batalla. Entendía que era su imaginación, pero de todas formas apuraba al caballo, deseoso por llegar al Reino del Viento. No estaba seguro de que haría una vez allí, pero por lo menos quería hacer acto de presencia, y si llegaba a empezar la guerra, buscar una manera de acercarse al senescal y hacer lo que tuviera que hacer.
Sin embargo, su mayor preocupación era Sora. Sabía que no estaba sola, y estaba mortalmente preocupado por quien pudiera ser su acompañante. Era un hombre, y eso no lo tranquilizaba. Sabía que Sora era una chica fuerte y no dejaría que nadie se acercara a ella, pero al no saber nada sobre el extraño no dejaba de preocuparse. Necesitaba encontrarla.
Cada vez le exigía más a su caballo, pero afortunadamente este era fuerte y no se quejaba. Recorría kilómetros como si fueran metros, y a pocas horas de haber salido del Reino de los Humanos ya veía como la vegetación comenzaba a cambiar, y notaba como se acercaba a pasos agigantados hacia su destino.
Más rápido que lento, Yamato comenzó a avistar las columnas del gran Reino. Había recorrido el camino en tiempo record. En otra ocasión estaría impresionado de sí mismo, pero en este momento ya nada le llamaba demasiado la atención.
La luna se avistaba en el cielo cuando llegó al portón, pero no se detuvo a observarlo. Simplemente aprovechó que estaba levemente abierto y entró a todo lo que daba. En el camino se encontró a dos guardias. No dudó en usar a Karma, tampoco en pensar si eran aliados o no, simplemente los mató.
Ya adentro de la ciudad, redujo la velocidad y pensó en que necesitaría un guía. Esta parecía desierta, pero aún antes de que terminara de desearlo, un joven de cabellos castaños se cruzó en su camino.
"Vi lo que hiciste con esos guardias" dijo el joven. Yamato quedó impresionado por el coraje del joven, que a pesar de estar temblando, su voz sonaba tranquila. Parecía tener la edad de su hermano.
"Yo también" contestó Yamato. Desmontó del caballo y lo observó detenidamente. Aparentemente, estaba desarmado, y sin duda sería un buen guía.
El joven lo miró asombrado y luego sonrió tímidamente.
"Soy Takato Matsuda" dijo, extendiéndole una mano "muchas gracias por haberlo hecho. Ya hace tiempo que queremos deshacernos de esos rufianes" aseguró. Yamato estrechó su mano. No sabía si podía confiar en él, pero era lo mejor que tenía por el momento.
"No es nada" respondió, pensando en cual sería la mejor manera de explicarle la cuestión y pedirle ayuda.
"No eres de aquí, cierto?" preguntó, aún con la sonrisa tímida en su rostro.
"No, soy un forastero. Oye... necesito tu ayuda" soltó de repente. El pequeño lo miró asombrado y luego asintió. "Estoy buscando a una mujer de cabellos y ojos rojizos, que estaba acompañada de un hombre de cabellos marrones. Son bastante llamativos, así que si los has visto-"
"Los he visto" lo interrumpió Takato, recordando a las personas que habían entrado esa tarde. "Se dirigían al castillo" agregó.
"Y por casualidad... ¿puedes llevarme hasta allí?"
Takato sonrió y asintió.
Miyako observaba el cielo por una ventana. Aún estaba transpirada por el arduo entrenamiento que había recibido, y aunque sabía que le faltaba un largo camino por recorrer, creía que no lo había hecho tan mal, y si seguía entrenando así, tal vez en poco tiempo sería capaz de defenderse sola.
Sintió como alguien se paraba tras ella y, al girar la vista, sus ojos chocaron con los de Ken Ichijouji. Parpadeó sorprendida y, luego de enfocar la mirada, lo observó fríamente.
"Avísale a la Princesa que nuestro compromiso se celebrará esta noche" dijo, para luego dar media vuelta y marcharse. Miyako lo observó enojada.
"Ichijouji" gritó, captando la atención del joven "¿Por qué sigues con esto? Sabes que ella no quiere casarse"
"¿Tan segura estás?" preguntó, lentamente "Te recomiendo que mejor lo hables con ella primero" nuevamente amagó marcharse, y nuevamente Miyako lo interrumpió.
"Ichijouji" sin embargo, esta vez Ken simplemente la miró por sobre su hombro "¿Por qué estabas observándome hoy mientras entrenaba con Cody?" Ken sonrió ligeramente y se marchó, dejando a la joven con la sangre hirviendo. No le cabían dudas, lo odiaba. Y no iba a dejar que hiciera desdichada a su amiga.
Justo en ese momento pasó Juri, la saludó con la mano y siguió su camino. La mente de Miyako ya estaba trabajando.
Takato hizo descender a Yamato del caballo y lo escondió, diciendo que así estarían más seguros. Y mientras lo guiaba por las sombras, le contó que el Rey Izumi era un tirano de los mejores, que tenía a los aldeanos atormentados y no los dejaba ni siquiera asomarse pasadas las 6 de la tarde, por razones no especificadas.
El pueblo vivía con miedo, y por esta misma razón lo seguirían si empezaba una guerra o algo por el estilo. Esto hizo acordar a Yamato sobre las tropas que se acercaban, y ya debían de estar allí. Se preguntó por que no habrían atacado ya.
"Ese es el castillo" dijo Takato señalando el edificio que se extendía sobre la cima de una colina. Yamato suspiró resignado al reparar en que tendrían que escalar para llegar. "Hay un camino corto por allá, pero no tardarían en descubrirnos, así que mejor tomamos el largo" dijo, señalando un camino lateral y algo escarpado, pero sin embargo podrían valerse solo de sus pies para subir.
Comenzaron enseguida la subida, y en el camino Takato dijo que el Rey estaba ausente en esos momentos, así que si los asuntos de sus amigos y de él eran urgentes, lamentablemente tendrían que esperar.
Yamato agradeció en silencio esa tardanza en los planes de quien fuera que estaba con Sora. Ahora tendría más tiempo de llegar hasta ella.
Miyako sonrió tristemente mientras seguía observando por la ventana. No podía quedarse así, era su mejor amiga!
"Disculpa, Inoue-sama" dijo una voz a su espalda.
"Señor" murmuró, haciendo una reverencia ante el Rey Daisuke.
"Oye... yo... buscaba a la Princesa Yagami..." dijo, sonrojado. Miyako lo notó, y pensó en si podía ocuparlo. Pero después de la escena que había causado cuando se conocieron, no creía que Hikari estuviera de acuerdo en soportarlo.
"Debe estar preparándose para su compromiso con Ichijouji-san" contestó.
"Oh..." murmuró el Rey, y se alejó. Miyako lo observó asombrada.
Hikari salió del baño, aún lamentándose por su suerte, y cuando levantó la vista y vio lo que la esperaba, se dijo que su suerte no podía ser peor.
Observó la puerta y tragó saliva. Estaba atrapada y no había vuelta atrás. Era el fin, ya no podía arrepentirse.
Vestía un sencillo vestido blanco, con un tul que iba desde su cabeza hasta bajo sus rodillas. Su cara estaba completamente tapada, veía a través de una minúscula rendija sobre ambos ojos. Los trajes de novia de ese Reino no podían ser más complicados!
Abrió lentamente la puerta y observó que en el interior estaban Ken y un sacerdote. Afortunadamente esas ceremonias eran privadas, ya que no hubiera soportado que nadie más presenciara su desgracia.
Caminó con paso torpe hasta la silla que debía ocupar junto a Ken, quien vestía una sencilla túnica blanca, igual a la del sacerdote, solo que la de este era negra.
Sonrió bobamente cuando se sentó. Que estúpida, nadie podría ver su cara.
Sin ni siquiera mirarla, el sacerdote comenzó con la sencilla Ceremonia de Compromiso. Murmuró unas palabras en un idioma que no llegó a entender y luego colocó una vasija de barro frente a ambos. Recordando las indicaciones que le había dado Juri luego de su baño, mojó sus manos con el líquido de esta y luego sacudió sus dedos sobre su acompañante.
Ahora Ken tenía que hacer lo mismo, pero para su extrañeza no lo hizo enseguida, sino que esperó, como dándole tiempo a que se arrepintiera, pero su decisión ya estaba tomada. Lentamente, Ken hizo lo mismo.
El sacerdote murmuró otras palabras, y luego abandonó la sala. Ahora el hombre debía levantar el velo de la que era su nueva prometida y depositar un suave beso en sus labios para finalizar con la Ceremonia.
Ken levantó el velo y cerró los ojos, como deseando que esa realidad desapareciera y él no tuviera que estar comprometiéndose con una mujer a la que no solo no amaba sino que tampoco soportaba. Abrió los ojos para ver a su prometida y tuvo que ahogar un grito. Se levantó asombrado y derribó la vasija, rompiendo esta en miles de pequeños pedacitos.
"¡Tú...!" gritó.
Miyako se limpió las lágrimas que inundaban sus ojos, se paró y observó al que de ahora en más era su prometido.
"Lo siento, Ichijouji-Sama. Pero Hikari es mi mejor amiga." Acto seguido, depositó un suave beso en los labios del asombrado joven, cerrando así el compromiso de Ken Ichijouji con Miyako Inoue.
Continuará...
Notas: ¿Alguien creyó en serio que iba a ser Kenari siendo el Kenyako una de mis parejas pref.? X Dios...
¿Les gustó? Lo empecé apenas subí el otro y lo terminé al otro día (o sea ayer) y lo voy a subir con suerte mañana. Espero que les haya gustado, por que yo disfruté mucho de este cap.. Ahora faltan un par de cosas sin importancia y después va a empezar la verdadera acción.
Sorita-DG1: A mí tampoco me gusta Hikari! Y este fic se centra en ella + q nada... q mal, no?
Sora Takenouchi Ishida: No dije que esto iba a ser Mimato, es solamente una idea… Mimí tdv no tuvo un papel muy importante acá, así que... de todas formas, no, no tengo en mente un Mimato. Nunca. Estoy trabajando en un nuevo capítulo de esos dos fics, y ahora que tengo unos días de vacas seguro me haga un tiempito y los termine.
Atori-chan: jajaja, parece que hay gente que nunca se cansa... bueno, este cap. Te habrá dado algo, no? Ahora deberemos esperar. Y Sora... creo que el fic ya contestó bastante bien esa pregunta...
Angel Nemesis: Por supuesto que tomo en cuenta tu opinión¿de que me serviría escribir si a los lectores no les gusta? Bueno, parece que hay muchas personas a las que no les gusta Hikari... de todas formas yo a la que no paso es a Mimí, a Hikari dentro de todo... no te gusta el Kenyako? En serio? Es una de mis tres parejas preferidas! Pero no x eso tiene q terminar así...
Muchísimas gracias x sus reviews, x leer, x estar, muchísimas grax x todo!
Ag
23/03
