La guerra de los 1000 años

Con dedos temblorosos, quitó la llave del pantalón de él.

Hikari se ajustó la falda y, echando una rápida mirada al rubio que dormía en su cama, se alejó silenciosamente.

Las lágrimas resbalaban por sus mejillas cuando se perdió en la noche, cuando esta la envolvió y la hizo desaparecer. Tras ella quedaban los guardias desmayados, despatarrados en el piso. Sabía que su acción llevaría a una investigación, pero en estos momentos no tenía alternativa.

Se subió al caballo que esperaba oculto entre las sombras y se mandó al galope. ¿Qué estaba haciendo? Escapando. ¿Hacia dónde? Yamato había partido al Reino del Viento. Estaba segura. Tenía que seguirlo. Algo le decía que allí encontraría alguna respuesta. ¿A qué? No sabía. Pero tenía que ir.

Seguramente Takeru se escandalizaría al despertarse y encontrarse sin ella. Pero no tenía opción, tenía que entenderlo! En silencio agradeció a su mejor amiga el haberle dado esa oportunidad. Sin ella ahora estaría comprometida con Ken Ichijouji. De todas formas, había arrastrado a Miyako a la desdicha, y eso no podía quedar así. A su regreso, arreglaría las cosas...

Si regresaba...


Yamato y Takato se apoyaron contra las paredes laterales del castillo para tomar aire y descansar.

"La vigilancia en este lugar siempre fue extrañamente débil" susurró Takato al oído de Yamato. Este asintió en silencio y agradeció el hecho.

"¿Qué vamos a hacer una vez dentro?" preguntó. Llegado el momento, se sentía nervioso y preocupado, y se había dado cuenta de que no tenía ningún plan.

"Ya hace tiempo que este pueblo quiere alzarse contra el Rey" murmuró "pero son pocos los que se atreven. Sin embargo, tenemos un espía dentro. No te preocupes." Dijo, tratando de tranquilizarlo, pero más tranquilizándose a sí mismo. Confiaba en el espía, pero no en el éxito de la misión. Y tampoco sabía demasiado sobre este hombre rubio, pero había demostrado tener fuerza, y le convenía alguien así de su lado.

"¿Entonces que hacemos?" preguntó Yamato, apretando con fuerza la espada que colgaba de su vaina.

"Por el momento..." una puerta se abrió de repente y se escucharon gritos y golpes de espada. Yamato se puso en posición y presenció como un hombre de baja estatura salía luchando con un muchacho de cabellos azules, de la edad de Takato. La lucha era ardua, pero el hombre llevaba ventaja. "Lee!" gritó Takato, abalanzándose al chico.

"Takato!" gritó este. Yamato enseguida comprendió la situación, y se apresuró a clavar su espada en la espalda del hombre.


Sora dejó que el agua se perdiera por su cuerpo, que recorriera cada centímetro de él. Se recostó y comenzó a enjabonarse lentamente, disfrutando cada segundo de esa dulce caricia que hacia tanto tiempo esperaba. Un baño... nunca lo había extrañado tanto.

Deseaba permanecer más tiempo, pero tenía misiones importantes. Por fin estaba allí, dentro del Reino del Viento. Era ahora cuando la verdadera misión empezaba. Prácticamente estaba exponiendo su cuello a los bandos enemigos. Pero no tenía opción. Haría lo que fuera por su Reino, y por sus amigos. Tenía que prepararse para la misión... que misión?

Salió del agua pensando en que no sabía que hacer. ¿Interrogar a Izumi¿Rebanarle el pescuezo? Algo dentro de sí le decía que esperara el momento, pero no siempre las respuestas venían con el momento...

Se secó y envolvió con la toalla. Abrió la puerta que comunicaba con su habitación y, al levantar la vista, se encontró con una fría mirada violeta.

"Ah!" gritó, ajustándose la toalla. Frente a ella había una chica de fuertes cabellos rojos, como ella misma, e intensa mirada violeta. La miraba con una extraña mezcla de desprecio y frialdad. Sora notó que se había adueñado de sus armas.

"Así que tu eres la Preciada Inquilina que desea hablar con el Rey..." dijo, su voz tan fría y carente de sentimientos como ella misma.

"Bueno, aparentemente tu ya sabes quien soy" dijo Sora, mientras comenzaba a caminar y se sentaba de espaldas a la extraña mujer. "¿Tú eres exactamente...?" dejó la pregunta y comenzó a vestirse.

"Nunca--!" Sora agarró el brazo de la mujer y la tumbó sobre el suelo. Desde arriba, vio como la cara de su contrincante pasaba de frialdad a miedo y admiración. "...des la espalda a tu enemigo..." terminó, en un murmullo apenas audible para ambas. Sora la soltó y se sentó sobre la cama.

Había intentando atacarla por la espalda y había fallado.

"Soy Ruki" dijo, parándose y haciendo una reverencia. "Ruki Makino"

"¿Makino...?" preguntó Sora, apoyando un dedo sobre su mentón y tratando de recordar.

"Mi padre es el senescal" dijo "lamentablemente..." agregó en un susurro que pensó solo ella escucharía, pero el entrenado oído de Sora lo captó enseguida. Sin embargo, prefirió no decir nada.

"¿Podrías ajustarme la faja?" preguntó Sora, dándole la espalda. Esta vez, Ruki se limitó a hacer lo pedido. Y al girar, tuvo que hacer un gran esfuerzo por no decirle a la extraña que se veía muy bien.

Sora tenía un vestido azul eléctrico, cuyo corsé realzaba sus pechos. La falda caía suelta, engarzada por una faja plateada, de la que caían unos pequeños hilos de plata que se mezclaban con el azul. En sus pies había unos delicados zapatos del color de la faja. Lo justo y necesario para estar en presencia de un Rey.

"Estoy bien para aparecer en presencia del Rey?" preguntó, a sabiendas de la respuesta.

"El Rey no se encuentra" dijo Ruki, volviendo a su tono frío de antes. Sin embargo, la Princesa se había ganado su respeto.

"Pero ya le han avisado de mi presencia" murmuró, observando la negra noche por una ventana. "Así que no tardará en llegar" terminó, luego sonrió a Ruki. "¿Necesitabas algo?"

"Usted es... la Princesa Takenouchi, no es cierto?" Sora asintió lentamente. "¿Esto es una emboscada?" la pregunta sobresaltó a Sora, que la miró asombrada.

"Eh?" de repente había olvidado todas las formalidades.

"El Reino del Fuego se dirige hacia acá junto al Reino del Hielo. Están por atacar."

"Eso no es cierto!" gritó Sora, asombrada.

"¿Es que no sabías nada?" el rostro de Ruki mostraba extrañeza.

"Yo..." rápidamente Sora le contó todo su viaje, omitiendo algunas cosas que no creía conveniente decirle, ya que no sabía cuanto podía confiar en ella. "Pero no pueden estar viniendo hacia acá..." sin embargo, su rostro denotaba lo contrario. Sora sabía que perfectamente podrían estar acercándose en ese momento.

"El Rey aún no lo sabe" agregó Ruki "pero sospecho que se ha marchado para averiguar eso."

Ambas hicieron silencio y Sora meditó la cuestión.

"Oye... ¿por qué me cuentas todo esto?" preguntó, al cabo de un rato.

Ruki solo sonrió levemente y depositó un paquete sobre la cama de Sora. Hecho esto, se marchó.

"Úsalas" dijo, antes de abandonar la habitación.

Sora observó la puerta cerrada y luego, comenzando a rasgar el papel madera, caminó hacia la ventana. El castillo estaba construido en forma de ele curva, de manera que Sora podía observar desde su posición un pedazo de la parte lateral de la construcción. Vio a cuatro personas, dos aparentemente peleando. Bajó la vista al notar que el papel terminaba de romperse y, al levantarla nuevamente, ya no había nadie. Observó lo que tenía en sus manos y sonrió. Ruki estaba de su lado.


Takeru abrió los ojos lentamente y se recriminó el haberse dormido, pero después de tanto... sonrió y al girar sobre si mismo, encontró la cama vacía. Abrió los ojos de par en par y pasó un dedo por donde debía estar Hikari. Pero no estaba, y eso hacía la diferencia.

Se desperezó y pensó que tal vez había salido de la habitación. Después de todo, recién eran las 11. Pero no podía creer eso, aunque quisiera. Salió apresurado, dispuesto a encontrarla.

"Iori!" gritó, al divisar al pequeño al final del pasillo. El nombrado miró en esa dirección y esperó a que el Príncipe se acercara. "¿No has visto a Hikari?" negó con la cabeza y prosiguió su camino, pero paró luego de unos pasos.

"Estoy buscando a Miyako. Es posible que esté con ella." Takeru asintió y observó a su interlocutor, pensando en como proceder. "¿Vienes?" sonrió y lo siguió.


"¡No se suponía que las cosas salieran así!" gritó un muy enfadado Ken, golpeando con el puño la pared. A su lado, Miyako sollozaba silenciosamente.

"¡No iba a permitir que te adueñaras de Hikari!" gritó esta, agarrando el brazo de Ichijouji y alejándolo de la pared. "Es la Princesa. Soy su mejor amiga. Es mi deber ocuparme de que esté bien."

"No es el trato que hice con ella." Respondió fríamente. "Pensé que al menos cumpliría con su palabra."

"No fue su intención." Dijo, apenas en un susurro. "Yo... la encerré." Ken soltó un suspiro. "¡No la querías!" gritó, nuevamente "No ibas a hacerla feliz! Ni siquiera querías el Reino¡¿Cuál es la diferencia!"

"¡No cumplió con su palabra!" exclamó, retomando el tono de antes. "¡Es lo menos que hubiera esperado!"

"¡Sí que cumplió¡Te dio a alguien en matrimonio!"

"Se prometió a si misma!"

"¡No la querías!"

"A ti menos aún!" Ken se arrepintió luego de haberlo dicho, al ver la cara de la Inoue. No buscaba ser tan cruel. Esta cerró los ojos, se limpió las lágrimas y, levantando la vista, murmuró quedamente.

"Veamos cuanto te dura." Acto seguido, giró para marcharse, pero dados unos pasos la puerta de la estancia se abrió, dando paso a Iori y Takeru.

"¿Han visto a Hikari?" pregunto el último, sonriendo tímidamente.

"Se suponía debía estar acá hace rato." Respondió Ichijouji fríamente. Miyako lo fulminó con la mirada.

"No, Takeru, no la hemos visto. Pensé que estaba con vos." Dijo, con su más dulce tono.

"Sí, pero se marchó." Contestó, aún sonriendo.

"No pudo haber ido más lejos. La encontraremos." Takeru dedicó una sonrisa a Miyako y abandonó la habitación. "Cody" Ken miró de reojo, asombrado de la familiaridad con que trataba a Hida. "Te parece que entrenemos ahora?"

"Es justamente lo que venía a proponerte." Dijo, sorprendido por la coincidencia.

"Me encantaría." Sonrió "Tengo algo de furia que descargar." Dijo con tono duro, mirando de reojo a Ichijouji. Y nuevamente, añadió con una dulzura incomparable. "¿Vamos?" Iori sonrió y la siguió.


Takeru se recostó contra la pared y cerró los ojos. ¿Dónde había ido Hikari¿Yamato¿Dónde estaba Sora? Se habían ido. Por más que buscara a Hikari, sabía que no la encontraría. No estaba. ¿Lo había dejado solo¿Por qué se había marchado?

Él iba a ser fuerte. La encontraría. Y también a su hermano, y a Sora. No iba a permitir que nadie lo abandonara nuevamente. Apretó los puños con fuerza. No. Nadie volvería a abandonarlo...

Una vieja casa perdida en un bosque. Apenas un rancho, nada importante. Pequeña. NO. Enredaderas cayendo sobre esta. Deslizándose hasta el piso. Abetos en el frente. ¡NO! Cayéndose a pedazos. Derrumbándose. La puerta delantera caída hacia un costado. Fuera de sus goznes. ¡NO RECUERDES! Las pajas del techo volando. La vivienda vibrando. Lluvia. Va a desarmarse. ¡NO RECUERDES¡NO! Dentro, ¡NO!

Takeru cayó al piso y se abrazó a sí mismo. Temblaba. Ligeros espasmos recorrían su cuerpo. No debía recordar. Nunca más. Ya no estaría solo. Se apretó con más fuerza. Nunca.

"¿Estás bien?" Takaishi levantó la vista lentamente. Ken.

"Sí." Se paró y lo observó por unos segundos. "Siento mucho que no hayas logrado comprometer a Hikari." Lo dijo con furia en su voz. Ichijouji lo notó.

"No era necesario." Comentó, mientras comenzaban a caminar. "Aunque Miyako tampoco me agrada." Takeru asintió y sonrió. ¿Por qué?

Llegaron al patio, cubierto por la oscuridad. La única porción iluminada estaba ocupada por Iori y Miyako. Esta golpeaba con furia las manoplas que tenía el pequeño.

Takeru observó como Ken miraba con detenimiento a la mujer. En cuanto a él, levantó la vista hacia las estrellas. Se nublaba. Ni siquiera ellas se quedaban esa noche...

Ken se levantó y volvió adentro. Takeru lo observó hasta que se perdió, y luego miró a Miyako. Gracias a ella. Le estaría agradecido siempre.

Siempre que no recordara.


Ruki apoyó una mano sobre las frías piedras del castillo. Le ayudaban a guiarse. Era fácil perderse en un lugar de esas dimensiones, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de recovecos que lo formaban.

"Pero si eres tú." Dijo una desagradable voz. Ruki levantó la vista y observó con asco a su interlocutor.

"¿Qué haces aquí?" preguntó, desconfiada.

"Bueno, resulta que trabajo para el Rey." Respondió, tratando de sonar sorprendido por la pregunta.

"Eso ya lo sé." Respondió ella. Avanzó, y al pasar junto a él lo empujó, acto que el hombre aprovechó para adueñarse de ella y apoyarla contra la pared. "Suéltame Yagami." Murmuró, fríamente.

"El Rey ya ha vuelto y está esperando a la invitada que le he traído. Me pidió que me ocupara de vos mientras tanto. Creo que esta noche por fin será tu turno." Ruki sintió como el miedo y la repugnancia crecían en su interior. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, lo empujó.

"Mientes." Dicho esto, se alejó. Llegó a escuchar la risa de Taichi de fondo.

Avanzó por los corredores a toda velocidad. Si Koushirou ya había llegado sin duda dentro de poco se encontraría con Sora, si es que ya no lo estaba haciendo, y ella debía apurarse para poder cumplir con su misión. ¿Dónde se había metido Lee?


Un débil golpeteo en la puerta la sacó de sus cavilaciones. Sora se levantó y la abrió, dando paso a una niña que tendría once o doce años. Le pareció una falta de respeto que emplearan a niñas de su edad.

"El Señor Koushirou la está esperando." Dijo, olvidando hacer la reverencia. Sora le sonrió.

"¿Podrías acompañarme?" preguntó, cerrando la puerta. La pequeña asintió y encabezó la marcha junto a ella, no a los tres pasos detrás obligados. "¿Cómo te llamas?" preguntó.

"Suichon Wong" contestó. Dijo su apellido y no hizo reverencia. Cada vez le caía mejor!

"¿Te parece que me veo bien? Mi cita con el Rey es importante." La niña sonrió y le dijo que estaba hermosa, y abrazó sus piernas.

Era muy chica para estar haciendo eso. No podían ponerla a trabajar a esa edad, ni siquiera se daba cuenta de qué era lo que debía hacer y lo que no. Ese Reino era completamente detestable!

"¡Aquí es!" dijo, al llegar a una gran puerta de ébano, rodeada por vigas de hierro. "El Rey te espera." Dicho esto, se alejó corriendo y riendo. Al llegar a la esquina paró, hizo una reverencia y volvió a correr.

Sora sonrió. Le había contado que tenía un hermano llamado Lee, al que decía Henry a veces, que también trabajaba ahí, y que era amigo de Ruki, o el novio, no sabía muy bien, y que su papá era consejero segundo y era muy inteligente, y una sarta de cosas que otra doncella no le hubiera dicho sin tener un ataque de nervios.

Dejando de lado a la pequeña, tenía que prepararse para lo que estaba por acometer. Frente a ella se apostaba la puerta que debía cruzar para enfrentarse, en una conferencia cerrada, al Rey Koushirou Izumi. Y exactamente, que haría? Aún no estaba segura. Pero ya estaba ahí. No podía volver atrás.


Hikari azuzó al caballo, pero este se negó a internarse en el bosque. Volvió a intentar y obtuvo igual respuesta. Enojada, saltó al suelo y se sentó en una roca a pensar. Ese caballo era impresionante, era lo más rápido que había visto, aún mejor que Beren, el viejo caballo de su hermano. Según le había dicho, podía llegar a los 25 km/h, por increíble que pareciera. Al principio había dudado, pero ahora estaba segura de su elección. En dos horas había recorrido lo que a Yamato le había llevado, sin duda, unas 3 horas y media. Estaba cerca, pero no demasiado. Y si el caballo no avanzaba...

Suspiró y se paró, para luego saltar nuevamente a él. Lentamente, comenzó a hacerlo caminar, y a regañadientes, Oiomúrë avanzó. Al principio caminando, luego comenzó a trotar, y a los 200 m. ya iba a una marcha desenfrenada, obligando a Hikari a abrazarse de su cuello para no salir despedida.

Ya estaba en camino, y no tardaría en llegar.


Retiró la espada y observó el cuerpo que cayó por el precipicio. Sentiría lástima, pero...

"¿Estás bien?" preguntó Takato al muchacho.

"Sí... muchas gracias." Dijo, mirando con un asomo de desconfianza a Yamato. Este no respondió al saludo.

"Él es Yamato" se apresuró a explicar Takato. "También quiere rebanar la cabeza al Rey." Ishida no pudo evitar reír ante esa descripción. Estrechó la mano del chico.

"Soy Lee. Puedes decirme Henry."

"¿Qué sabes?" preguntó Matsura.

"Ruki quedó en notificarme. Rápido!" entraron, trancaron las puertas y Lee explicó que ese hombre lo había descubierto con Ruki y había amenazado con avisarle al Rey. "Ahora solo tenemos que preocuparnos por encontrarla..." murmuró.

Al parecer los Dioses escucharon su ruego, ya que a los pocos metros apareció la pelirroja.

"Henry!" gritó, y corrió a abrazarlo. Al notar que había más gente, lo soltó y se sonrojó.

"Después te explico." Dijo, señalando con la vista a Yamato.

"Yamato Ishida, Reino del Hielo." Dijo rápidamente. "¿O me equivoco?" Ishida asintió, dejándolos boquiabiertos.

"Luego les explico." Agregó, otorgando la palabra a Makino.

"Ya está aquí. Sora Takenouchi." Los ojos de Yamato se abrieron de par en par y sintió como la alegría lo embargaba. Finalmente, la había alcanzado! "Pero en este momento está en una conferencia con el Rey. Una conferencia cerrada." Recalcó estas tres palabras, y los demás sonrieron. "Está de nuestro lado."

"Muy bien entonces, por que no vamos yendo?" preguntó Yamato, inquieto. Ruki sonrió.

"Aún hay que preparar un par de cosas... será mejor que no nos apresuremos."


Sora levantó una mano para golpear, pero cambió de idea y la bajó. Empujó la puerta y esta se abrió con un chirrido que lastimó sus oídos. Al entrar observó una habitación llena de los mejores lujos, antorchas de oro llenaban casi cada centímetro de las paredes, ventanas con delicados bordes de plata decoraban cada uno de los puntos cardinales, jarrones de ámbar reposaban bajo las antorchas, fuentes de plata y rubí ornamentaban la gran mesa que se extendía en el centro. Y, en una esquina de esta, Koushirou Izumi aguardaba parado.

Continuará...

Notas: ¿Y? Un capítulo bastante largo, no? Bueno, para lo que hago generalmente... iba a seguirlo un poco más, pero sino no lo subo más, y ya quiero escribir capítulos de otras historias.

Espero que les haya gustado, por favor háganmelo saber por medio de un review.

Sorita-DG1: jaja, me causó mucha gracia eso de "era como si estuviera ahi y lo mirase a escondidas". Muchas gracias por tu review, y perdón por la demora, me costó mucho escribir esto.

LizzStar: Que bueno que te haya gustado lo de la boda, fue una de las primeras imágenes que cree en mi mente cuando empecé este fic, y ya no aguantaba a poder desarrollarla. De todas formas, como siempre, creo que no quedó como yo esperaba...

Hillary: Ya vendrán las escenas románticas, ya... tal vez. El romance no es lo mío.

Angel Nemesis: Me encanta el Kenyako! Junto al Sorato, Michi y Rukee es de mis parejas preferidas, me gusta muchísimo¿Tampoco te gusta Miyako? Es de mis personajes preferidos, pero bueno, sobre gustos no hay nada escrito...

Atori-chan: ¿Cómo que 'Kari queda bien solo con Tk'? Y el Miyeru? Sokeru? Mikeru? Kenkeru? Sorkari? Koukari? Jyouari? Kenari? Y tantas otras?… ok, tal vez tenga un trauma con las parejas raras...

Cambiando de tema¿cuándo vas a actualizar tus historias?

Yoo: Nunca dejaría de escribir, creo que lo peor que puede hacer una escritora es dejar una historia x la mitad, aunque no tenga ningún lector. Yo voy a terminar todas las mías, solo necesito tiempo (y dejar de hacer nuevas).

KaOrA-FGV-16: Bueno, creo que en este capítulo se responden algunas preguntas... pero solo algunas. En cuanto a lo q quiere hacer Taichi con Sora y a dónde dejo Miyako a Hikari... en un par de capítulos se verá toda la historia.

Muchísimas gracias, sigan leyendo, actualicen sus historias, escriban más Sorato's, Kenyako's, Rukee's, Takumi's y todas las parejas raras que se les ocurran, ok? Gracias!

Ag

P.D.: Lo que le pasó a Hikari, eso de que el caballo decida no responderle... díganme si no es una de las cosas más molestas que pueden hacerles. Sobre todo cuando sos tan buena que no le pones montura para que no le duela y después no podes caminar por dos días...

Lo siento, debía descargarme... pero en serio!