La guerra de los 1000 años

25

Iori golpeó con cuidado la puerta de Miyako. No quería hacer demasiado ruido ni arriesgarse a que lo escucharan y salieran a perseguirlos, tenían que ser precavidos si querían escaparse con el príncipe.

"Cody! Qué sucede?" preguntó la chica saliendo de la habitación. "Todavía es temprano, o no?"

"El castillo está desierto. Los guardias están en una timba en este momento..." Miyako evitó exalar un suspiro de resignación. Irresponsabilidad en todos lados... pero esta vez le convenía.

"Está bien... hay que avisar..."

"Yo voy por Takeru. Andá a buscar a Ken." La joven vaciló un momento antes de responder. Luego, lentamente, asintió y se marchó. No tenía demasiados deseos de ir sola a verlo, pero en estos momentos no podía demorarse con problemas personales. Debían apurarse si no querían que sus planes fallaran... y en esos momentos, eso era lo que menos quería Miyako.

... Y después de todo, era su prometido... Aunque fuera difícil de creer y aceptar, en estos momentos tenían el futuro ligado... sería recomendable que encontraran la manera de llevarse bien desde un principio...

-Tk, que ha.? – la pregunta de Hikari fue interrumpida por un desesperado Takeru, que arrojándose sobre ella comenzó a besarla desesperadamente. Yagami se sobresaltó ante el asalto del que era víctima, ante la impensable manera en que su primer beso era robado. Y sin embargo, se encontró a si misma en un torpe intento por devolverlo. – No, Tk, espera... – susurró, separándose sonrojada. – Yo... – el joven la observaba en silencio, pero sus mejillas estaban teñidas de rojo y se notaba su nerviosismo. – Tk yo... estoy por casarme... – murmuró, agachando la mirada.

-No lo hagas... por favor – pidió, luego de unos interminables minutos de silencio.

-No es mi decisión! Yo..! – Hikari levantó la vista para encontrarse observando fijamente esos hermosos ojos azules del color del día.

-Hikari... Te amo- susurró, sosteniendo sus manos sin dejarla escapar.

-Tk... – trató de escapar, pero esos ojos la tenían hechizada. Trataba de obligar a su cuerpo a obedecer, pero le faltaba voluntad. Estaba demasiado atada, demasiado atrapada, demasiado... pero debía irse. Tenía que casarse con Ken. Ella sola había entrado en ese problema, ahora tendría que ir hasta el final. – no quiero casarme...! – gritó, refugiándose en sus brazos. Nuevamente, su voz la traicionaba... pero muy dentro suyo, sabía que esta vez debía agradecérselo.

Takeru la separó de él y, levantando su mentón, volvió a besarla. Hikari hundió sus manos entre sus cabellos, y antes de siquiera caer en lo que estaban haciendo, se encontró recostada sobre la cama, besándolo con desesperación.

-Ken!- gritó de golpe, separándose abruptamente. – Si no aparezco va a sospechar! – el joven rió y volvió a besarla.

-Ya apareciste, en realidad... – dijo, sonriendo y volviendo a besarla.

-Q...? – su pregunta fue nuevamente interrumpida por labios ajenos, y esta vez decidió dejarse llevar y confiar en él...

Un suave golpeteo sacó al joven príncipe de sus pensamientos. Sacudió la cabeza y pensó en cuanto tiempo había permanecido ahí, estático y con los ojos abiertos, observando esa cinta que tantos recuerdos traía a su mente. La sostuvo un momento más, la apretó y la guardó entre sus ropajes. A paso lento se acercó hasta la puerta.

-Vamos a partir ya – dijo a modo de saludo el pequeño Hida.

-Por que? Aún falta para la hora acordada... – Iori vaciló antes de contestar.

-Tan solo... vamos. – Aunque reacio, Takeru asintió y se apresuró a juntar todo lo que necesitaba, para luego seguirlo.


-Qué necesitas­?- la fría voz que se hizo oír sobresaltó a Miyako, que saltó y casi lanzó un grito, lo cual hubiera hecho si no fuera por que el mismo dueño de la voz tapó su boca con sus manos.

-Ichijouji por lo que más quieras! No vuelvas a darme esos sustos! – Inoue giró y, ya que él estaba sosteniéndola de espaldas, al hacerlo sus caras quedaron a escasos centímetros de distancia, logrando que ambos se sonrojaran y se apresuraran a distanciarse.

-De todas formas, que pretendes acercándote de esa manera a mis dominios a estas horas de la madrugada? – espetó, mirando para otro lado y claramente intranquilo por lo que acababa de suceder.

-Yo... iba a tu habitación a avisarte que se adelantaron los planes y estamos por salir ya, pero vos no tuviste mejor idea que asustarme en medio del camino! – hizo silencio.- Y que hacías vos – recalcó esta última palabra – fuera de tu habitación a estas horas? – Ichijouji dudó antes de contestar.

-Mi habitación tiene una especie de salida secreta – dijo finalmente. – Escuché pasos sospechosos que se acercaban y decidí salir a investigar... eso es todo.

-Está bien!

-Está bien! – repitió él. Y ambos hicieron silencio, enojados, mirando en direcciones contrarias.

-Ya debemos irnos – aunque nerviosa, Miyako se atrevió a romper el silencio. Debían apurarse, realmente, si querían llegar.

-Acompáñame. – La joven se alegró de que no preguntara el por que de tan repentino cambio en los planes, ya que no tenía deseos de volver a quedar en una situación de esa incomodidad con él.

Por un lado detestaba su presencia, tenerlo cerca la ponía nerviosa y hasta en cierto modo la asustaba, no sabía que hacer ni como comportarse, y deseaba salir corriendo. Pero por otro lado, algo en su interior le decía que la única manera de superar la situación era demostrándole su valía, y se esforzaba en hacerlo, en superarlo y demostrarle que no era una doncella más. Lo cual era muy raro en su caso, ya que por la manera en que había sido criada y por su ocupación, debería obedecer todo lo que le ordenaban las personas de elevada categoría. Pero con él, simplemente... era diferente. Y no podía explicarlo. No le gustaba verlo, pero cada vez que estaban cerca, que sentía su presencia... su corazón comenzaba a latir con rapidez y el nerviosismo acudía a ella... y cuando estaban separados, no hacía más que pensar en él e imaginar situaciones en las cuales era una súper heroína y él la alababa, se sentía orgulloso de estar comprometida con ella y le pedía perdón por haber pensado tan mal de ella... Eran sueños, nada más. Lo sabía. Pero toda la situación no hacía más que ponerla incómoda. Nunca le había pasado algo así con alguien, no lo entendía, y le molestaba...

-Por que no pasas? – habían llegado a la puerta de su habitación, y Miyako no se había movido de la entrada. Vaciló antes de responder.

-No me parece... recomendable – dijo, refiriéndose al hecho de que él era un hombre.

Ken movió la cabeza hacia ambos lados y luego, sorprendiéndola, la agarró de un brazo y la empujó hacia el interior de la habitación, cayendo ella contra una pared. Una vez dentro, se acercó y, luego de observarla por unos segundos fijamente, se apoderó de sus labios. Miyako no perdió tiempo y contestó al acto, sorprendiéndose a sí misma. Cruzó sus brazos por detrás de su cuello, y cuando estaba por profundizar el beso, él se separó bruscamente y le dio la espalda.

Inoue respiraba agitadamente y estaba totalmente sonrojada pero, aunque de espaldas, notaba que él estaba igual o tal vez peor que ella, ya que había sido su iniciativa.

-Que... fue eso?- preguntó, luego de unos minutos de silencio en los que lo único que hicieron fue respirar y rogar que la tierra los tragara.

-Solo... un recordatorio de que... estamos comprometidos. Y... es mejor que vayamos dejando de lado la vergüenza desde un principio...

Había estado segura él haría hasta milagros con tal de deshacer el compromiso y recuperar su libertad, pero al parecer se había equivocado... estaba lleno de sorpresas, ese chico...

-Junto mis cosas y... vamos – Miyako asintió, aún conmocionada por lo que acababa de suceder.


-Cody, no vas a explicarme por que salimos ahora y no hacemos como habíamos estipulado?- preguntó el príncipe, mientras caminaba tras el pequeño por un pasillo oscuro sin ventanas. Como respuesta obtuvo una seña para que hiciera silencio, seña que venía recibiendo desde que habían salido de su habitación.

-Ichijouji y Yolei ya deben haber llegado, apúrate y haz silencio!- Takeru resopló pero obedeció, sabía que no tenía demasiada opción de todas maneras.

Palpó su pierna derecha con su mano y verificó si llevaba todo lo que necesitaba, pero sobre todo lo más importante: su espada. Tenía su anillo y también algunas hierbas curativas que Miyako le había enseñado a reconocer, y una daga pequeña. Y eso era todo. No había querido llevar demasiadas cosas para no hacer bulto y para que no lo incomodara. Además, se suponía que no demorarían. La idea era ir, buscar a Hikari y a esa tal Mimí Tachikawa, y luego regresar.

Un ligero tono carmín acudió a sus mejillas al pensar en ella... pensar que dentro de unas pocas horas podría verla... solo debía hacer un esfuerzo por caminar sin parar y entonces...

-Ya están adentro- murmuró Iori. Habían llegado a la puerta de la sala del primer túnel. Ésta estaba abierta y podían verse sombras dentro.

-Inoue, éste no es el camino!- se quejó, por cuarta vez en 10 minutos, el joven Ichijouji. – A dónde vamos?

-Espera, tengo algo que buscar antes de irnos.- Respondió ella.

Caminaban por el ala oeste del castillo, donde tenían gran visibilidad ya que la luna llena se apreciaba perfectamente desde ahí, entrando su luz por los grandes ventanales que adornaban el lugar. Por estos mismos Ken había espiado a Yolei entrenando con Hida, y el recuerdo lo puso nervioso. No sabia que le pasaba cuando estaba cerca de ella, pero lo ponía nervioso... y la había besado, por que lo había hecho? Si su idea era destruir el compromiso apenas se le diera la oportunidad...

Sus pensamientos viraron hacia su hermano Osamu... él estaría sin dudas feliz de verlo así, con esos problemas mentales y sin su tranquilidad habitual... pero el recuerdo de su hermano también hizo que recordase a Hikari, quien era la culpable de su muerte... y la joven que caminaba delante de él en estos momentos, también era culpable... y él iba a vengarlo.

-Acá es- dijo la suave voz de Miyako, entrando por una puerta que antes había pasado desapercibida para Ichijouji. Realmente, nunca la había visto. Y lo que había en su interior lo sorprendió aún más. Estaban en la cocina.

-Que hacemos acá?- preguntó, elevando sin pensarlo el tono de voz. Ella giró y llevó ambos dedos a sus labios, obligándolo a callarse. A Ken le molestó la familiaridad con que la joven lo trataba, pero optó por no decirle nada por esta vez. Su curiosidad era mayor.

-Necesitaremos víveres- fue su única respuesta.

-Pero si solo nos iremos por unas pocas horas!- contestó, indignado.

-Mejor prevenir que lamentar, Ichijouji... vamos a tener que recargar energías- recogió un bolso de arpillera y comenzó a guardar todo lo que encontró. – Además, realmente no sabemos cuanto podemos demorar... es mejor que llevemos algo. – Termino de juntar todo lo que creyó necesario y luego sí, volvió a salir y se encaminó hacia el lugar de encuentro, con un rezagado Ken tras ella.


-Por que no entramos?- preguntó Takeru, sosteniéndose de los hombros de Iori. Yolei y Ken estaban adentro, y sin embargo no entraban.

-Es que es raro... quedamos en encontrarnos en la puerta, por que habrían de esperarnos adentro?- el joven príncipe negó con la cabeza antes de empujarlo hacia adentro.

-Vamos, si al final no hicimos lo que habíamos dicho... solo entra.

Acababan de pasar el umbral cuando Ken y Miyako aparecieron por el otro lado. Sin embargo, no llegaron a ver a sus compañeros.

-Ken, Yolei, ya están...? – la pregunta de Iori quedó en el aire cuando ambas figuras giraron. Y a través de los débiles rayos de luz que entraban por un respiradero, pudo ver que se trataba de Seiya y del príncipe Daisuke. En ese momento entraron Ichijouji e Inoue.

-Qué demo...?- Miyako tapó la boca de Ken con ambas manos antes de que su grito los delatara. Cruzaron miradas con unos asustados Takeru y Iori y luego miraron a esos dos invitados no esperados. Esto no estaba para nada bien...

-Que hacen acá?- preguntó Daisuke, mirándolos asombrado.

-Qué hacen Uds. Acá, si me permiten preguntar- dijo Takeru, con una mano cerca de su espada. No tenía razones para desconfiar de ellos, pero siempre había que ser precavidos... eso lo había aprendido de su hermano.

-Este es mi castillo- respondió, vacilante. Luego se hizo el silencio por unos minutos.

-La verdad, es que yo lo traje- dijo Seiya, hablando por primera vez. Cinco rostros cuestionantes se volvieron hacia él. – Supuse que harían algo para buscar a Hikari. – Hizo silencio. – Por que están yendo a buscarla, o me equivoco?- lentamente, los cuatro jóvenes asintieron. – Hacen bien. Pero necesito que se lleven al príncipe con Ustedes. Este castillo ya no es seguro para él.

-Por qué?- preguntó Miyako, pero Ken anuló su pregunta con un gesto de mano.

-Nosotros solo nos vamos por unas horas. No vamos a instalarnos allá. – Dijo, observándolos fríamente. No se confiaba de este plan...

-Será suficiente. Miren... – observó hacia sus costados y les hizo señas para que se acercaran. De cerca, pudieron observar que tenía ojeras y se notaba cansado, nervioso, no parecía el mismo de siempre. – No tengo mucho tiempo ahora, solo les pido que... confíen en mí. Por favor.

Ante su tono suplicante, Takeru y Miyako se apresuraron a asentir. En cambio, Ken y Iori no lo hicieron hasta pasados unos minutos.

-Está bien... – susurró Iori, aunque reticente.

Ken observó a sus compañeros, no muy seguro sobre que decir.

-Cómo sabemos que podemos confiar en Ud.? Y en Su Majestad el príncipe? – se apresuró a agregar, haciendo la debida reverencia que, dado lo inesperado de la situación, había olvidado momentos antes.

-Ken! Claro que podemos confiar en ellos!- lo regañó Miyako, haciendo ella también una reverencia, que Takeru se apresuró a imitar. Sin embargo, y esto no pasó desapercibido para nadie, Iori permaneció en su lugar, sin asomo de pensar siquiera copiar la acción de sus compañeros.

-Cómo sabes?- preguntó, volviendo a hacer una reverencia hacia el príncipe.

-Ken Ichijouji!- dijo Daisuke. Ken se apresuró a arrodillarse a sus pies. – Yo... eh... – observó a Seiya, nervioso e incómodo ante la situación que se le había presentado.

-Tan solo... ordénale ir con Ud.!- contestó Seiya, con una media sonrisa en el rostro.

-Eh... si... ESO! – los cuatro jóvenes miraron sorprendidos al futuro monarca, quien solo pudo lanzar un suspiro, resignado. – Esto no es para mi, simplemente... vamos! – los jóvenes seguían observándolo quietos, Ken arrodillado en el piso. – Tan solo... LEVANTATE! Y llévenme con Uds... por favor!

-Eh... si, si, Su Majestad... – Ken se levantó y se apresuró a levantar el tapiz para que todos pudieran pasar. Lentamente empezaron a avanzar, aunque Takeru permaneció para intercambiar unas palabras con Seiya. Ken observó sus caras, muy juntas, y le sorprendió lo parecidos que eran... sin embargo, esta impresión le duró solo unos momentos, ya que enseguida Takeru se separó y se abalanzó al interior del túnel. Ken soltó el tapiz, y enseguida la oscuridad los cubrió.

-Alguien quiere una cerilla?- preguntó suavemente Miyako, iluminándolos de repente.


Inoue no sabía cuanto tiempo llevaban caminando, pero estaba segura era mucho. Estaba cansada y quería parar, pero no era su deber pedirlo... no podía hacerlo, menos aún con Ken delante... ahora era una chica fuerte, debía recordárselo! Las –aunque escasas- lecciones que le había dado Iori tenían que servir para algo, aunque sea para darle resistencia. Estaba convencida. Aguantaría hasta el final, aunque llegara al borde del desmayo. Igual, ya habían pasado la zona libre, así que no podía faltar demasiado, cierto?

-Que buena idea esa de traer las cerillas- dijo de repente una voz, tomándola desprevenida. Delante de ella notaba, tras un ligero resplandor producido por la antorcha, los cabellos de Ichijouji. Tras ella caminaban Iori y Takeru, y a su lado el príncipe Daisuke, quien había hablado. Ese orden no era intencional, y Miyako no sabía si agradecer que Ken se preocupara por ella y la pusiera en el medio, o si odiarlo por considerarlo una joven indefensa. – Miyako... cierto?- sumida en sus pensamientos, había olvidado por completo que el joven había hablado.

-Si, eh... gracias, Majestad – murmuró.

-Puedo llamarte por tu nombre?- asintió, pero recordó que con la oscuridad él no podría verla.

-Bien, yo soy Daisuke, dime Davis.

-Como ordene, Majestad.

Daisuke hizo silencio. Sólo se oía el suave crepitar del fuego de las antorchas, y el débil sonido de sus pasos.

-Tu eres amigo de esa chica... de la Princesa del Trueno... Hikari, no es cierto?

-Si

-Dime Davis- se apresuró a agregar, interrumpiéndola. – Y tutéame, por favor... esto de las formalidades, la verdad...

-Entonces dime Yolei- dijo ella, sonriendo. – Y si, soy amiga de ella. En realidad, era su dama de compañía.

-Y estamos yendo en su búsqueda? – Miyako pensó un poco antes de contestar.

–En realidad... no sabemos. Es así. Esta chica llamada Sora, princesa del Reino del Fuego, se escapó. El Príncipe Yamato, hermano de Takeru, fue a buscarla, y

-Miyako, no incomodes al príncipe con tu charloteo sin sentido- espetó Ken. Miyako, aunque él estuviera de espaldas, lo fulminó con la mirada.

-En realidad no me molesta, Ichijouji- dijo Daisuke. Ken no contestó, y Miyako comenzó a hacerle señas burlándose. Al darse cuenta que el príncipe la observaba se detuvo y miró hacia abajo avergonzada, pero él sólo rió. – Puedes seguir contándome?

-Lo próximo que supimos fue que Hikari no estaba – esta vez fue Takeru quien habló, uniéndose al grupo del centro.

-Tk, cierto?- el rubio asintió.- Ichijouji, que acaso ella no era tu prometida?

-Dile Ken!- dijo Miyako, con una sonrisa malvada en el rostro.

-Si, era. – Fue todo lo que contestó. – Takeru vuelve a tu puesto por favor. El joven asintió, sonrojado nuevamente ante el recuerdo de la luz de sus ojos... deseaba salir corriendo y encontrarla ya!

-Y que pasó Ken?- preguntó, inocentemente. Miyako sonrió. Podía darse cuenta que el príncipe era bastante ingenuo...

Ante el asombro de Inoue, que esperaba escuchar su respuesta, Ichijouji permaneció en silencio. Paró y empezó a tantear delante suyo.

-Hagan silencio. Hemos llegado.

Los otros cuatro se reunieron alrededor de él y se miraron. Había llegado la hora de la verdad.

-Ahhhhh!- gritó Seiya, al tiempo que arrancaba una flecha de su brazo. La herida era muy profunda y sangraba abundantemente. Se puso una venda y la apretó, acto seguido se sentó en un asiento. Estaba cubierto de sangre, y tenía una herida grave en el pecho.

Sonrió ante el recuerdo de los 5 jóvenes que se habían marchado apenas unas horas antes... si supieran todo lo que iba a pasar en su ausencia, seguramente lo habrían pensado mejor... pero ahora ya era tarde, ya nadie podía intervenir en sus planes.

-Que... has hecho...?- preguntó una voz. Seiya giró asombrado. Y sintió que el mundo se le venía encima.

Continuará...

Notas: Antes que nada, agradezco a todas las personas que me mandaron reviews durante todo este tiempo! Muchas gracias por el apoyo! Kari y Tk 93, Maria Yagami, Puchiko Tsukino, Ruri, Estrella 12, Christi, Kibun No Tenshi, Atori, Dark Knight, Quietshade (me sonrojoooo! XD) y Chikage-SP!

No actualizo desde... emmh... septiembre...? ... soy un desastre! Todos me pedían que actualice pronto... lo siento! Se salió completamente de mi control!

Este cap fue solo para estos chicos por que me estaba apurando mucho con los otros y se supone que las cosas sucedían al mismo tiempo... el próximo (espero no tardar tanto!) con suerte tendrá un poco de todos los personajes!
Adiós!

SkuAg

24-05-06