La guerra de los 1000 años
Fe de erratas: en el cap 24 puse que el apellido de Ruki es Nonaka. Es Makino, siento el error. De ahora en adelante me referiré a ella con su apellido Japonés, o sea Makino, tal como estoy haciendo con Hikari y Taichi (Yagami en vez de Kamiya).
-Tk... Tk... – susurró, empujando levemente el cuerpo de su amante. – Tk! – volvió a susurrar. Un débil gruñido se dejó oír en la habitación. Hikari levantó la vista esperanzada, pero el rubio siguió durmiendo. Sin más, se sentó y comenzó a juntar sus ropas.
Luego de haberse vestido volvió a mirar al joven, y lo besó en la mejilla, en la frente, en los labios. No logró despertarlo. Un tanto decepcionada, se paró y metió algunas cosas en un bolso de mano que llevaba. Le hubiera gustado poderse despedir de él, pero había sido totalmente imposible despertarlo. Y pensándolo bien... tal vez era mejor así... Odiaba las despedidas, y no quería arriesgarse a que Takeru la detuviera, o quisiera ir con ella.
No le haría mal algo de compañía... pero esto debía hacerlo sola...
Retiró las llaves de su pantalón, y se marchó sin mirar hacia atrás.
-En qué piensas?- la voz volvió a Hikari a la realidad, y al mirar a Ryo un notable sonrojo cubrió sus mejillas. Él tan solo rió.
Ya habían ingresado al castillo y estaban movilizándose sin ser vistos, aunque con el jaleo que se había armado, era un tanto difícil y Akiyama ya había matado a algunos guardias. Hikari había notado que, aunque parecía un joven muy alegre y estaba en todo momento de buen humor, cada vez que debía pelear su semblante se tornaba serio y hasta despiadado, y no tenía reparos en pasarle por arriba a quien fuera necesario con tal de cumplir con su cometido...
Un escalofrío recorrió la espina vertebral de Yagami. Creía recordar a alguien exactamente así...
-Alguien debe ir a vigilar el pasillo – musitó Ruki. – Es posible que mi padre venga en cualquier momento. – Takato asintió y se marchó del lugar, no sin antes echar una última mirada al tan odiado cuerpo que reposaba en el suelo. – Henry ve con él... por las dudas. – Sin decir nada el peliazul se marchó, pero se detuvo en la puerta al escuchar que su novia volvía a hablar. – Y por favor... no tengas piedad.
Una vez ambos jóvenes se marcharon, Makino posó su vista en el Rey. Sora y Yamato no habían pronunciado palabra, ambos esperaban serios. – Está muerto? - al asentir Sora, la joven se acercó al cuerpo.
-No está muerto – dijo la grave voz de Ishida a sus espaldas. Pero fue tarde, Koushirou ya se había incorporado y mandado a Ruki a volar. Sin embargo, el Rey había perdido mucha sangre y su Ráfaga no pudo más que mandarla hacia atrás unos pocos metros, y Yamato llegó a ponerse tras ella y detenerla antes de que cayera.
-Tú! Tú eres la culpable!- gritó, al tiempo que tosía sangre y se recostaba nuevamente. – Yo soy Conocimiento... yo soy el Saber! No puedo morir!
-Está delirando – dijo Sora, hablando por primera vez desde que todos habían entrado. – Matémoslo y ahorrémosle sufrimiento.
-Déjalo que sufra – Ruki se interpuso entre Sora y el Rey. - Es lo mínimo que se merece.
Antes de que Sora pudiera opinar, se escucharon gritos y ruido de espadas en el pasillo.
-Los guardias están llegando! – exclamó Makino. En ese momento un hombre pelirrojo entró corriendo de espaldas, y tras él aparecieron Lee y Takato. En un movimiento muy rápido para los ojos de Yamato y Sora, Ruki se movió y desenvainó su espada, apuntándola hacia la espalda del pelirrojo, quien al sentir el filo de la hoja paró en su recorrido, quedando rodeado por la espada de Ruki y por los otros dos jóvenes del otro lado.
-Ruki... la verdad es que no sé que es esto, pero puedes dejar de fingir y ayudarme... hay un guerra en camino y
-CALLA! – gritó la joven. Ishida y Takenouchi observaron como sus ojos despedían chispas, transmitían odio. – Hasta acá llegan tus mentiras! – levantó su espada y la dejó caer directo hacia la cabeza del hombre, pero a medio camino se detuvo.
-Rika... hija...
-Quieres que lo haga yo?- preguntó Lee. Yamato y Takenouchi no escucharon ninguna respuesta, pero en un ágil y eficaz movimiento, la cabeza salió volando, salpicando a Ruki. Henry limpió su espada y volvió a envainarla. – Estás bien?
Tres aplausos resonaron en la sala, y los cinco presentes hicieron silencio y volvieron su vista hacia la entrada. Un joven alto, de cabellos marrones y enmarañados entraba en la sala, una gran y cínica sonrisa en su rostro. Antes de continuar, se aseguró de cerrar la puerta.
-Taichi... – murmuraron Sora y Ruki, ambas dando un paso hacia atrás. Sabían que ese joven no solo no era de fiar, sino que portaba dos espadas, y sabía usarlas.
-Vaya, vaya, vaya... así que han matado a Makino... realmente, debo agradecérselos, chicos... así me ahorran el trabajo – terminó.
-Taichi? Taichi eres tú? – preguntó el Rey, que ya todos tomaban por muerto. Al parecer Yagami también, ya que giró la vista asombrado. – Taichi! Ayúdame, ya! La pelirroja! Las pelirrojas! Mátalas a ambas! – Yamato y Henry enseguida se ubicaron delante de ellas, adoptando una actitud protectora.
-Las pelirrojas... La verdad es que tengo planes más... lujuriosos, en lo que respecta a ambas... – susurró, levantando sus espadas. El resto se puso en posición de lucha, esperando un golpe que no llegó. – Que hay del pelirrojo? – una de sus espadas giró hasta posarse sobre el corazón de Koushirou, mientras la otra seguía defendiéndolo.
-Que haces!- gritó, con las escasas fuerzas que tenía. Ya estaba muerto, todos lo sabían. En pocos minutos terminaría de desangrarse, sino en segundos. Sora creía que era morboso dejarlo que sufra así, como estaba haciendo él y como había hecho Ruki hacia momentos. – No puedes matarme! Si lo haces, LA PROFECÍA NO SE CUMPLIRÁ!
-Qué profecía? – preguntaron Takato y Lee.
-Ninguna – contestó Taichi, y hundió su espada en el pecho del Rey. Koushirou ni siquiera pudo reaccionar antes de que la vida se le escapara. Sora cerró los ojos. Le dolía la cabeza y empezaba a sentirse mareada... el olor a sangre era demasiado intenso...
-Qué sucede? – preguntó Yamato. Sora abrió los ojos y se dio cuenta que estaba apoyada sobre su espalda. Se corrió avergonzada y susurrando algo inentendible.
-Qué no se golpeó la cabeza cuando peleaba con Izumi? – preguntó Ruki. – Quédate con ella.
-Es eso Sora? Estás lastimada? – antes de que la joven contestara, se escucharon gritos de Lee y Takato.
Aprovechando que tres de cinco estaban distraídos Taichi, en un rápido movimiento, había herido a Takato, que era quien estaba más cercano a sí. Afortunadamente Henry había reaccionado a tiempo y había logrado parar la espada del castaño antes de que atacara de nuevo. Ruki se apresuró a correr junto a Matsuki, mientras Yamato sostenía a Sora de los hombros y la sentaba junto a una pared. Lo único que se oía eran los sonidos metálicos de ambas espadas al chocar, y a lo lejos, el débil murmullo de un ejército que se preparaba para atacar. Henry era bueno, y Yamato observó que usaba algunos movimientos extraños que él nunca había visto. No con la espada justamente, sino con el cuerpo. Pensó que en un combate cuerpo a cuerpo seguramente sería mejor que Yagami, pero con las espadas, poco a poco comenzó a verse que el castaño llevaba las de ganar.
Takato había sido herido en un brazo y Ruki se había apresurado a vendarlo para que no corriera la misma suerte que Izumi. Esperaba preparada, por las dudas que tuviera que acudir en ayuda de su novio.
Henry estaba cansado, ya llevaban varios minutos de golpes y no había logrado golpearlo ni siquiera una vez, pero en cambio él ya tenía un tajo en la mejilla derecha. Yagami era muy bueno en eso, y él ya lo sabía de antemano.
-Si se aleja, puedo usar Fuego contra él... – susurró Sora.
-Estás muy debilitada, no te arriesgues. – Dijo Yamato, dándole la espalda.
-Puedo hacerlo- trató de pararse, pero soltando un jadeo volvió a sentarse. Estaba muy cansada... – Ayúdame por favor Yamato...
Ishida no contestó, simplemente esperó siempre dándole la espalda. Sabía que la estaba tratando mal, y no entendía por que lo hacía. Había estado tan emocionado, deseando verla... y ahora que la tenía a escasos centímetros, lo único que hacía era torturarla... Odiaba ser tan incomprensible, y odiaba no poder hacer o decir lo que realmente sentía... tal vez lo que ocurría era que había esperado un encuentro más... expresivo...?... tal vez no era la expresión correcta pero ciertamente era la única que se le ocurría.
En ese momento Henry dio un paso en falso y tropezó con la mesa en la que habían estado comiendo Sora y Koushirou. Yagami soltó una risa maquiavélica y se acercó sonriendo.
-Vaya... así que hasta acá llegan los pasos del Joven Wong- sonrió. - No te preocupes, me divertiré unos días con tu noviecita y luego, la mandaré contigo...
Un fuerte ruido se hizo oír, y los pesados goznes de la puerta cedieron y se abrieron.
-Q- Taichi no terminó de hablar, en un segundo de distracción Ruki se había acercado y había rozado su tórax con un puñal.
-Cierren la puerta y no dejen entrar a nadie, Ishida encárgate de ellos!- gritó, al tiempo que comenzaba a pelear con el castaño. Ella sólo contaba con un puñal y él con dos espadas, pero confiaba en que al menos podría distraerlo el tiempo suficiente para que alguien ayudara a Henry.
-Hikari... – susurró Sora.- Y... Ryo...?
-Sora lo conoces? – preguntó Yamato. No sabía si Hikari era una especie de rehén o si estaba ahí por su propia voluntad, por eso mismo se había ido acercando lentamente espada en mano, y Akiyama había respondido de la misma manera.
-Sora? Eres Sora?- preguntó Ryo, bajando instantáneamente su espada y dirigiendo una mirada inquisitoria a Hikari. Ella sonrió y asintió.
Lo único que pudo vislumbrar Yamato luego, fue que el joven llamado 'Ryo' corrió hacia Sora y la ayudó a incorporarse, para luego abrazarla. Sintió que algo hervía en su interior, pero se negó a ponerle un nombre a ese sentimiento que lo embargaba. Optó por dirigirse hacia la joven Princesa que acababa de llegar.
Ruki estaba en desventaja por el arma que ocupaba, pero Yagami estaba más cansado y lastimado, mientras que ella por heridas, sólo tenía un tajo en la pierna derecha. Takato ya se había ocupado de Lee y podía sacarse esa preocupación de la cabeza.
-Qué está sucediendo afuera?- preguntó Yamato, sin perder de vista los movimientos de la pelirroja Makino y esperando el momento justo para intervenir. Le habían molestado sobremanera los comentarios lujuriosos que había lanzado Yagami en alusión a Sora, y deseaba batirse a duelo con él y mostrarle quien mandaba.
Yagami... Yamato miró rápidamente a su acompañante, y luego al moreno que seguía peleando con Ruki. Más bien, él atacaba y ella retrocedía y esquivaba sus golpes, exactamente de la manera en que había hecho con Henry, pero la situación estaba dada vuelta.
Eran hermanos. El hermano desaparecido tanto tiempo atrás, del que ella hablaba con tanto cariño... estaban en la misma habitación... debía decírselo, o esperar que ella lo descubriese?... No sería muy lindo para Hikari, descubrir que su 'querido hermano' en realidad no era más que un depravado que quería abusar de Sora y Ruki, que había asesinado a su propio rey, y que deseaba acabar con las vidas de todos ellos... su 'querido hermano', no era más que su enemigo.
-Las tropas de tu Reino y del Reino del Fuego están preparándose para atacar... tal vez ya han atacado... – contestó. Por un segundo se hundió en esos ojos tan parecidos a los de Takeru, y su recuerdo llegó hasta lo más hondo de su alma.
-Quién es el joven que vino contigo?- Hikari pudo observar como le lanzaba una mirada desafiante a Ryo, quien estaba hablando con Sora y al parecer haciendo alguna especie de plan, mientras miraban fijamente a Ruki. No estaba segura pero podrían ser... celos...?
-Es un general del Reino del Fuego... creo que es amigo de Sora, y cuando se enteró que venía a buscarla me siguió. La verdad es que me ha hecho las cosas mucho más fáciles... – Yamato asintió. Su semblante se había tornado serio y frío nuevamente.
-Aaaaaah!- el grito de la pelirroja asustó a todos los presentes, que por unos segundos la habían olvidado y no prestaban atención a lo que estaba sucediendo. Taichi la había arrinconado contra una pared y la había herido en la panza, por donde sangraba abundantemente.
-Si prometes ahora que harás todo lo que te pida – recalcó la palabra todo – podemos salir de esto sin que te lastime más, y hasta te prometo que te curaré enseguida para que no sigas sintiendo dolor... – dijo Taichi, de manera que todos en la habitación, incluido Henry, lo escucharon.
La pelirroja comenzó a reír, y antes de que Yagami entendiera el chiste, le escupió en la cara.
-AHORA!- gritó Ryo, mirando a Sora.
-Esperen que creen que están haciendo!- Yamato se acercó a grandes zancadas hasta ambos, enfrentando a Ryo.
-Sora usará un ataque de fuego- dijo Akiyama, también mirándolo desafiante. No sabía quien era ese rubio carita linda, pero no le caía para nada bien...
-Takenouchi no está en condiciones de hacerlo, está muy débil! – exclamó Yamato, deseando saltarle encima y destruirlo.
-Mira no sé quien seas, pero creo que conozco a Sora un poco más que tú y sé cuando está en condiciones de atacar y cuando no!- las miradas de ambos lanzaban chispas, y en cualquier momento parecía que se saltarían encima.
-Oigan, mientras Uds. siguen discutiendo Riku está en desventaja! – gritó Takato. Y era cierto. La chica había perdido su puñal y apenas podía esquivar los golpes y tratar de contraatacar con lo que encontrara en el camino.
Lanzándole una última mirada de odio, Ryo desenvainó su espada y se acercó a donde ambos estaban peleando.
-Oye, tú! Castaño! Es mi turno ahora!- Taichi sonrió y se volvió hacia el joven de ojos azules, que comenzó a atacar sin darle respiro.
Ruki llegó hasta donde estaban los otros y enseguida comenzó a vendarse con parte de su ropaje, sin dejar que los otros la ayudaran.
-Es muy bueno- musitó Lee, haciendo un esfuerzo en vano por ayudar a su novia.
-Estoy de acuerdo- dijo Hikari. Yamato lanzó un gruñido.
Y no se equivocaban. Hasta ahora Yagami siempre había llevado las de ganar, pero ahora... quien podía decir que aún corría con ventaja? Ryo estaba muy seguro de lo que hacía, a diferencia de él no estaba lastimado ni cansado. Un rayo de esperanza comenzó a brillar en los corazones de cada uno de los jóvenes, que habían estado preocupados por la fuerza de su enemigo.
-Ryo y yo solíamos entrenar juntos- dijo Sora, sorprendiendo a todos los presentes, ya que no era normal que una Princesa entrenara con alguien que no fuera de la realeza, por más amigos que pudieran ser. Al parecer Sora sintió lo que estaban pensando, ya que se apresuró a agregar- siempre que no nos veían, claro. A mis padres no les hubiera gustado nada saber lo que hacíamos... pero aprendí mucho de él.
Yamato pensó que Sora hablaba con mucha dulzura de su 'amigo', y que también lo miraba con la misma dulzura, y lo que había sentido hacia unos momentos, ese sentimiento que lo calcinaba por dentro, volvió a embargarlo.
-Oigan que está pasando?- preguntó Yamato, al ver que Ryo empezaba a retroceder y caía al suelo.
-Soy yo o el suelo está temblando? – preguntó Takato, sin quitar los ojos de encima a Ryo. Hikari ya había notado que lo observaba como extasiado.
Junto al temblor comenzaron a sentirse ruidos de bombas, y el lejano y débil murmullo se convirtió en un desesperado clamor.
-La guerra ha comenzado!- gritó Hikari.
El resto pasó muy rápido, lo único que Yamato había logrado ver era que Akiyama estaba en el piso y Taichi se acercaba a rematarlo, pero antes de que llegara Ryo miró a Sora y ésta creó en su mano una llama de fuego, que segundos después fue gigante y atacó Yagami, quien comenzó a gritar desesperado.
-Ya déjenlo!- gritó Hikari, y en el acto se apagaron las llamas. Taichi seguía vivo, pero pasaría mucho tiempo antes de que pudiera volver a pelear.
-Debemos irnos de aquí lo antes posible- dijo Ruki. Ataron las manos de Yagami, asegurándose de que no pudiera moverse.
-A dónde iremos?- preguntó Hikari. – Va a ser imposible salir... además, no tenemos ningún plan...
-Tiene razón- dijo Ryo. – Afuera se está llevando a cabo una cruenta guerra, debemos hacer un plan antes de actuar... – todos asintieron, pero Ryo no había terminado aún de hablar. – Y además... debemos ver si estamos todos en el mismo bando... – el silencio se cernió sobre los presentes.
-Qué haccccccccccccccccccccccccesssss acá?- preguntó Shinji, girándose asombrado al descubrir que había alguien en su recinto, y tratando de ocultar sin mucho éxito lo que tenía a sus espaldas.
-Dime Shinji, acaso el Rey sabe que practicas la Nigromancia?- preguntó Seiya, paseándose en la habitación y sonriendo irónicamente.
-No ssssssssssssssssssssssé de qué me hablasssssss- dijo, mirando hacia todos lados.- No puedesssss entrrrar a miss habitaccccionessssssssss... al Rey no le gusssssstará nada enterarrrrrrrrssse de que hasssss invvvvvadido mi essspacio.
-No te preocupes, el Rey no se enterará. Lo único que sabrá de ahora en más, es que su leal senescal, en realidad no es más que una sucia rata que practica la nigromancia.
-Yyyya te he dicho que no ssssssssssssé de que me hablassssss... – sus ojos lo traicionaban.- Ssssssssin embarrrrrrgo, podemosssss haccer... digamosssss... un trato... – Seiya sonrió, pero no lo interrumpió. – Sí te marchassss ya missssssmo de aquí, no llllle diré al Rrrrey que estássssss enloqueciendo...
-Oh, así que ahora piensas que estoy enloquecido... pues te diré que es lo que yo pienso- al tiempo que decía esto, estampó su espada contra una mesa del lugar. – Pienso que ya puedes ir contando tus últimos segundos de vida y de dominación sobre el Rey Nabuko!- gritó, partiendo la mesa a la mitad para probar el poder de su espada. Al hacerlo Shinji saltó del lugar donde estaba, dejando a la vista lo que tanto había tratado de ocultar: un par de libros viejos escritos en símbolos extraños y unos frascos con sustancias extrañas en su interior. – Vas a seguir negándome que practicas la Nigromancia!- exclamó, abalanzándose sobre él.
Shinji lo esquivó y comenzó a susurrar en voz baja, en un idioma inteligible.
-Letri llami nani to, letri llami nani to, Orehu! Orehu!
-Orehu en tierra firme? – Seiya sonrió y volvió a intentar atacar, pero Shinji nuevamente lo esquivo.
-Orko! Orko!- ante los gritos de Seiya, desde distintos puntos de la habitación aparecieron dos hombres que Seiya recordaba haber visto alguna vez en palacio, armados con sendos arcos, y comenzaron a lanzar flechas a diestra y siniestra, sin preocuparse mucho en si lastimaban o no a su 'amo'.
Mientras Seiya esquivaba las flechas, Shinji comenzó a juntar algunos frascos y libros para salvarlos de la venidera destrucción. Seiya era hábil y no tenía muchos problemas, pero al usar arcos ambos orkos se mantenían fuera de su alcance y él solo contaba con una espada para detenerlos. Además, le daba la sensación que mientras él trataba de pelear, Shinji fortalecía a sus vampiros por medio de sus artes negras.
Levantó la tapa de la mesa que momentos antes había roto y, usándolo como escudo, pudo acercarse lo suficiente a uno de los orkos para, con un certero golpe en el corazón, destruirlo. En su descuido por matarlo rápido, olvidó al otro orko, quien aprovechó para clavarle una flecha en un brazo. Seiya gritó de dolor y lanzó su espada, acabándolo en un instante.
Shinji ya corría subiendo las escaleras, escapando. Seiya fue tras él, aunque cada movimiento que hacía le dolía aún más, y gran parte de sus ropajes ya se habían vuelto rojos.
-No escaparás!- gritó, y en un último intento saltó sobre él y lo tumbó.
-Sssssi me dejasssss ahora, nnno le diré nnnnada a Nnnnnnnabuko- dijo, pero Seiya podía ver el miedo en sus ojos y sabía que mentía.
Comenzó a apretar su cuello. Había dejado su espada en el recinto, y sólo contaba con su fuerza para matarlo. Al comenzar a apretar, la sangre empezó a chorrear a borbotones de su brazo, y lanzando un alarido tuvo que soltarlo. Había hecho mucho ruido, en cualquier momento llegaría alguien.
Apretó un poco más, y al hacerlo algunos de los frascos que Shinji llevaba, que habían quedado bajo él, se rompieron y un humo con olor nauseabundo comenzó a salir. El brujo comenzó a gritar, Seiya se levantó anonadado y vio como era presa de convulsiones y su cuerpo comenzaba a desintegrarse por efecto de los ácidos.
-Yo... no hago tratos con viejos nigromantes- fue lo último que dijo, antes de alejarse dejando el trabajo hecho.
Luego de cerrar nuevamente la puerta, asegurarse de que Taichi no pudiera moverse (las quemaduras no habían sido tan graves, con un tratamiento adecuado podrían salvarlo y obligarlo a hablar) y curar a todos los heridos, los presentes se dispusieron a hablar.
-Antes que nada... hagamos las presentaciones correspondientes – dijo Lee, haciendo una reverencia. – Yo soy Lee Wong, mi padre es uno de los generales mayores de éste Reino, y consejero segundo del Rey.
-Oh, tu eres hermano de la pequeña Shiuchon! – dijo Sora, recordando su corto encuentro con la pequeña.- Tuve el agrado de conocerla. Una niña hermosa- sonrió. – Sora Takenouchi, heredera del Reino del Fuego.
-Ryo Akiyama – dijo el joven de ojos azules a quien Yamato había deseado matar. – Yo soy uno de los generales mayores del Reino del Fuego. Soy amigo de la Señorita Takenouchi desde hace años y soy parte de su escolta principal.
-Guau, tan joven y ya eres General?- preguntó Takato, mirándolo asombrado. Al no recibir respuesta se dio cuenta que era el blanco de todas las miradas y miró hacia el suelo avergonzado. – Takato Matsuda... eh... yo soy... eh...
-Conforma la Resistencia, -dijo Ruki- somos quienes queremos... queríamos – se corrigió, mirando hacia el cuerpo del joven Rey- destruir al Rey y su oligarquía. – Hizo silencio, dejando que todos tragaran esa información. – Ruki Makino, soy hija de... mi padre, era él.- Y señaló el cuerpo del otro hombre. Nuevamente se hizo silencio, mientras todos digerían esa información.
-Oye, ojiazul, si eres de la guardia personal de la señorita Takenouchi, por que la dejaste ir sola al concilio celebrado en el Reino del Trueno?- preguntó Yamato, clavando cada palabra fuertemente en la piel del joven.
-Eso fue... algo diferente- se apresuró a agregar Sora. – Ahora tan solo... preséntate.
Yamato Ishida- dijo simple y fríamente, entendiendo que todos sabían quien era.
-Así que eres el Príncipe del Reino del Hielo... – susurró Ryo, mirándolo fijamente y sin olvidar la ofensa recibida. Mantuvieron un duelo de miradas por unos segundos, y luego Ryo se arrodilló.
-Ryo levántate!- dijo Sora, azuzando a su amigo. – Em... – observó a todos y luego sonrió. – Sé que todos tenemos diferentes... rangos... pero creo que más allá de lo que sean nuestros padres, todos somos... tan solo... adolescentes y... me gustaría que dejásemos de lado las formalidades... si no es demasiada molestia... – pidió. Lentamente, todos comenzaron a asentir, y las miradas se dirigieron a la única joven que aún no había hablado.
-Hikari Yagami... pueden decirme Kari.- Lee, Ruki y Takato lanzaron intensas miradas a Sora y Yamato aludiendo a Taichi, quien permanecía amordazado y con la boca tapada, pero ambos miraron hacia otro lado, dejando en claro que luego se hablaría del tema. – Soy la heredera... o ex heredera... del trono del Reino del Trueno...
-Muy bien, ahora que ya sabemos quienes somos, creo que podemos discutir nuestros planes- dijo Ryo, golpeando las manos e internándose en la ronda.
-Oye espera un poco- saltó Yamato, agresivamente. – Quién te crees que eres para decidir que haremos?
-Y quién te crees tú? Si piensas que te respetaré de más por ser de la realeza, estás muy equivocado! Sora ya ha dejado bien en claro que somos tan solo adolescentes, y con eso me regiré, Yamato- recalcó cada sílaba de la palabra, demostrándole el poco respeto que le tendría. Ishida no estaba acostumbrado a ese tipo de trato y estuvo a punto de saltarle encima, pero por respeto a todos y en especial a Sora, se contuvo.
-Creo que tenemos que elegir a un líder- dijo, sin levantar la vista de esos ojos del mismo color que los suyos.
-Y yo creo que soy la persona más adecuada para ese puesto – atacó.- A diferencia tuya, yo he sufrido la vida. No crecí con las comodidades que tú tuviste, y tanto yo como mi familia tuvimos que luchar para llegar a donde estamos ahora. Yo he estado en batallas, he visto la muerte de cerca, he matado, he asesinado. Creo que tengo muchas más aptitudes que tú, que no eres más que una cara linda y
-YA BASTA!- gritó Sora, interponiéndose entre los dos antes de que comenzaran otra pelea.- Ryo no tienes ningún derecho a hablarle de esa forma, tú mismo lo dijiste, somos todos iguales pero de todas formas nos debemos respeto, y no veo en que te basas para hablar sobre la vida que Matt pudo o no haber tenido siendo que es la primera vez en tu vida que lo ves. – Yamato le sonrió burlonamente, pero su sonrisa fue rápidamente extinguida. – Lo mismo va para ti, Matt! Eres el más grande aquí y deberías darnos el ejemplo. Y... tal vez necesitemos un líder, pero dejémoslo para más delante de acuerdo?
Todos asintieron dándole la razón a la pelirroja. Yamato y Ryo se lanzaron una última mirada de odio, pactando en silencio una tregua momentánea.
-Está bien- fue Takato el que habló, sorprendiendo a todos. – Podríamos empezar viendo que es lo que quiere lograr cada uno y por qué nos encontramos hoy aquí... – por fin alguien decía algo razonable.
-Me parece bien- dijo Lee. – Nosotros tres – se indicó a sí mismo, a Takato y a Ruki- estamos acá para lograr lo que hicimos: destruir a los tres principales miembros de la Oligarquía y conseguir un Rey justo para nuestro Reino...
-Sin embargo, su Rey ha muerto sin dejar descendencia... – dedujo Hikari.
-Pensábamos dejar que la población elija a la nueva familia Reinante- dijo Ruki.
-Pero ahora con esta guerra en camino...- siguió la castaña.
-Exacto.- Dijo Lee. – Ya hemos llegado hasta donde queríamos, pero hay un nuevo obstáculo en el camino.
-De ese obstáculo nos ocuparemos nosotros- opinó Ishida.- Creo que ustedes ya llegaron hasta donde querían y pueden... dejarnos el resto a nosotros. – Los tres jóvenes se miraron, pero ninguno volvió a hablar.
-Yo lo que quiero, que era la misma ambición que tenían Yamato y Hikari, si es que no la cambiaron – ninguno de los dos opinó. – Era, también, sacar a quienes estaban en poder de nuestros respectivos Reinos y parar ésta estúpida guerra. – Ahora todos miraron a Ryo, que permanecía en silencio desde hacía rato.
-Yo... ya no sé lo que quiero- dijo, mirando hacia el suelo. – Al principio, mi fin era encontrar a Sora y reducir este Reino a cenizas... pero ahora que veo todo lo que ha pasado... creo que nos equivocamos. – Hizo silencio. – Pensábamos que todos en este Reino eran sucios brujos y nigromantes, que querían adueñarse de los demás reinos... pero ahora veo que aquí es como en todos lados, hay gente buena, como hay gente mala que sí quiere adueñarse de todos los Reinos...
-La oligarquía está destruida- dijo Lee.- Ahora solo queda gente 'buena' en este Reino...
-Debemos parar esta guerra- dijeron los otros seis a unísono.
-Por dónde debemos ir?- susurró Ken, mirando de reojo a Miyako.
Los cinco jóvenes habían ingresado a los calabozos y estaban recostados contra una de las frías paredes, moviéndose de a centímetros y tratando de no hacer ruido. No querían ser descubiertos esta vez, lo único que deseaban era encontrar a Hikari y a Mimí y salir de ese lugar lo más rápido posible.
-Tal vez... podríamos empezar por sus habitaciones- respondió, a su vez en un susurro.
-Cómo que tal vez! No sabes en donde está!- levantó un poco el tono de voz.
-Cómo pretendes que lo sepa! No creo que ninguna de las dos esté encerrada!- Miyako hizo un esfuerzo casi imposible por no levantar también la voz.
-Kari tal vez sí- dijo Takeru. Daisuke sintió como los celos lo quemaban por dentro, al pensar en la confianza que debían de tenerse para que él la nombrara de esa forma.
-Tiene razón- opinó Ken.- Buscamos en este calabozo?
-Es inmenso, no lo terminaríamos antes de que nos descubrieran. Será mejor que vayamos directamente a las habitaciones de Tachikawa y hablemos con ella.
-Sabes el camino?- preguntó Ichijouji. Inoue asintió y comenzó a guiarlos.
-Cuando me fui, los guardias eran un desastre... lo recuerdan- los cuatro asintieron.- Espero que no hayan levantado la vigilancia...
No se equivocaba. Había muy pocos guardias, y los que encontraron estaban borrachos o timbeando, y pudieron atravesar el lugar sin que los descubrieran. Ahora, al subir al castillo, ese era un tema totalmente diferente. Había guardias haciendo rondas cada media hora, y de los mejores, sobre todo a medida que se acercaban a las habitaciones más importantes.
A regañadientes, Ken tuvo que admitir que Miyako era útil. Al haber trabajado y vivido tanto tiempo ahí, conocía todos esos pequeños detalles que les eran de gran ayuda, como en que momento pasaba cada guardia por cada lugar y como hacer para esquivarlos, a parte de conocer algunos atajos y pasadizos.
Aún con esta preciosa ayuda y todo, pasó más de una hora antes de que llegaran al pasillo de la habitación de Tachikawa. Una hora en la que estuvieron a punto de descubrirlos más de una vez, una hora en que una y otra vez se salvaron gracias a los conocimientos de Inoue. Una hora en que corrieron felicitaciones para Miyako, una hora de la que Ken sufrió cada segundo, al tener que admitir que esta joven a la que quería odiar, tenía más de una virtud y les estaba siendo de mucha ayuda.
Pero ahora ya Miyako no podía salvarlos. El pasillo donde estaban daba directamente a la habitación, pero la puerta de ésta estaba guardada por un guardia con un gong, y cada veinte minutos pasaba otro en sus rondas. El lugar era seguro, ya que al ser un pequeño pasillo no pasaban guardias exactamente por ahí, y como estaba lleno de armaduras podían esconderse fácilmente sin que los vieran por los otros pasillos.
-Qué hacemos?- preguntó Takeru, preocupado.
-Ese guardia no va a moverse en toda la noche, y tampoco va a dormirse- dijo Miyako. – No podemos permanecer mucho más tiempo acá, tarde o temprano van a encontrarnos...
-Qué propones que hagamos? – preguntó Daisuke. Al hacerlo dio un paso en falso y movió una de las armaduras, causando mucho ruido.
El guardia enseguida se levantó y comenzó a mirar. Aún faltaban diez minutos para la próxima ronda, y no sabía si convenía hacer sonar el gong por un ruido que podría haber sido causado por un gato, o una lechuza... lentamente comenzó a acercarse, y los cinco jóvenes se miraron aterrados.
-Ahhhhh!- gritó Seiya, al tiempo que arrancaba la flecha de su brazo. Se había lastimado el pecho con la misma sustancia que había matado a Shinji, fuese lo que fuese. Tenía dos orkos... cómo lo había logrado? De qué manera había logrado corromper así la mente de dos jóvenes guardias? No recordaba sus nombres (aunque que importancia tendría ahora...) pero sabía que los había visto más de una vez y nunca habían surgido problemas...
Había cumplido con una parte de su plan, ahora faltaba la otra parte, y se le había sumado otro problema. Cómo saber si esos eran los dos únicos orkos que había? Que tal si Shinji había tenido tiempo de hacer más? Con todo el tiempo que llevaba ejerciendo su nigromancia sobre el Rey, quien podría dudarlo...
Sonrió ante el recuerdo de los 5 jóvenes que se habían marchado apenas unas horas antes... si supieran todo lo que iba a pasar en su ausencia, seguramente lo habrían pensado mejor... pero ahora ya era tarde, ya nadie podía intervenir en sus planes.
-Que... has hecho...?- preguntó una voz. Seiya giró asombrado. Y sintió que el mundo se le venía encima.
-Señor... eh... – el Rey estaba en el umbral, y por su rostro pudo ver que no estaba contento, sino aterrado y enojado. No sabía como lo había descubierto pero... LA ESPADA! Se golpeó la frente al darse cuenta de lo estúpido que había sido... tanto tiempo planeando como actuar, y el plan se le caía por apurado! Por no haber vuelto a buscar si dejaba evidencias!
-QUE HAS HECHO?- gritó. Era la primera vez que el pacífico hombre se enfrentaba a su leal servidor.
Tuvo que haber gritado muy fuerte, ya que algunos guardias aparecieron enseguida, alertados tanto por el olor que se extendía por todo el castillo como por los ruidos de batalla que se habían escuchado. La imagen tuvo que haber sido bastante extraña, Seiya cubierto en sangre, el Rey gritándole, siendo que siempre habían tenido una relación excelente; los guardias permanecieron sin saber exactamente que hacer.
-Shinji te tuvo todo este tiempo dominado por su manejo de la Nigromancia – un murmullo comenzó a extenderse entre los presentes. Seiya sabía que muchos de los guardias lo sospechaban hacía tiempo... esa era su oportunidad de demostrarlo... solo deseaba que no hubiera ningún orko entre los presentes...
-No sé de que estás hablando... APRÉSENLO! Lo ejecutaremos en la mañana. – Los guardias dudaron antes de actuar. Era cierto que debían obedecer a su Rey, pero... – QUÉ HACEN! APRESÚRENSE!
-Eres el único que duda de mi inocencia! – gritó, deteniendo a los pocos guardias que habían comenzando a caminar.- Aún no puedes darte cuenta, ya que sigues bajo sus hechizos, pero que pasará cuando se te pase el efecto y ya nadie te de la poción necesaria? En ese momento volverás a ser el que todos conocemos¡¿Por qué Shinji tenía tanto cuidado en que nadie entrara a sus aposentos, por que los pidió en los calabozos! Quien quiera acérquese ahora y verá sus libros y pociones!
-Éste hombre está delirando! APRÉSENLO!
Seiya lanzó una mirada de desesperación a los guardias, quienes no sabían como actuar. Estaban entre un hombre al que respetaban y admiraban, y otro que ni siquiera era su Rey legítimo, simplemente estaba 'guardando' el trono a su sobrino que aún no llegaba a la mayoría de edad... sin embargo, por el momento era su Rey, y le debían respeto...
-Lo siento... – murmuró uno de los guardias, mirando fijamente a Seiya, y acercándose al Rey, puso su espada contra su cuello.
Seiya soltó el suspiro que había estado guardando.
-Bien, veamos que hacemos – dijo Ryo. Estaban arrodillados en el suelo. - ... si no es ninguna molestia- agregó, observando a Yamato. El rubio se limitó a no contestar y a hacerse el desentendido. – En estos momentos, en lo que respecta a la dirección de nuestras tropas, solo hay una persona con mayor rango que yo, y es el senescal. Si lográramos convencerlo de que retrocediera...
-La única manera de convencerlo de que retroceda, es... – Sora no terminó la frase, pero el resto había comprendido. – Y aunque lo lográramos, que nos asegura que no nos descubrirán, y si lo hacen... no te harán caso, Ryo...
-A no ser, que la Princesa aparezca... – dijo Takato. – Debes... tener algo de poder sobre ellos, o no...?
Sora dudó. Ya había pensado esa posibilidad, pero la verdad era que... si aparecía, tendría que volver con ellos y...
-No lo recomiendo.- Dijo Ryo. – Si apareciera, tal vez lograría que retrocedieran pero... la interrogarían y, como explicar todo lo que ha sucedido...? Lo mejor que puedes decir, es que te han secuestrado desde este Reino... y entonces que...? Iríamos a guerra de todos modos!
Yamato, aunque lastimara su orgullo, tuvo que admitir que tenía mucha razón, y que era bueno para pensar... después de todo, era General al Mando, y no había llegado hasta ahí a fuerza de no pensar...
-Y si sus tropas se retiran, que hacemos con las nuestras?... no esperarán que yo aparezca, o sí...?- preguntó Yamato.
-Creo que estás en mi misma situación... – dijo Sora, sonriéndole amistosamente.
-En realidad... – dijo Ryo, luego de unos segundos- Ay... esto es difícil... – se paró y comenzó a girar por la habitación. – Digamos que... no busco desmerecer a nadie, pero... las tropas que yo comando, realmente no tienen deseos de estar en Guerra... la mayor parte está formada por jóvenes de nuestra edad, disconformes con los regentes... pero ellos... esteeee... tampoco confían en ti, Sora... – esa afirmación fue un baldazo de agua helada para Sora, ya que ella siempre se había preocupado por sus ciudadanos, y creía que ellos lo habían entendido... – Han corrido muchos rumores todo este tiempo, y la mayoría no te dejan bien parada...
-Qué rumores?- preguntó la pelirroja, preocupada.
-Mejor dejémoslo ahora... – contestó. – El tema es que, si apareces, no sé cuanto caso te harían... no quiero que nos arriesgamos... Pero tal vez si Yamato aparece... siento tener que decirlo, pero no es lo mismo una mujer al mando que un hombre al mando...
Sora trató de ocultar que estaba herida mostrando una gran sonrisa, pero tanto Ryo como Yamato y Hikari sabían lo orgullosa que era sobre sus habilidades, y entendían que estuviera decepcionada.
-Pero - ¿por qué siempre tenía que haber un 'pero'? se preguntaron todos – tampoco puedo aparecer y esperar que los grales. me obedezcan... por cierto, está aquí el senescal manco?- preguntó Ishida. Ryo negó con la cabeza.
-Al mando está el general Sugimori- Yamato soltó una expresión de disgusto, y Ryo sonrió y asintió. – Sí, estoy de acuerdo contigo- Yamato le dedicó una débil sonrisa, y por un segundo todos pensaron que podría haber paz entre ellos...
-Está bien, debo matarlos a todos.- Dijo simplemente, como si hablara de algo para nada grave. – Luego los mandaré a casa a todos y volveré.
-O, puedes evitar aparecer y dejar que las tropas se desbanden y vuelvan por sí solas... – opinó Ryo.
-La única manera que tenemos de detener esta guerra, es asumiendo nuestros futuros tronos... – dijo Sora, acongojada.
-... y la única forma de lograrlo, es asesinando a quienes están arriba nuestro... tal como han hecho aquí... – terminó Yamato.
-Oigan... no puede... solucionarse esto sin... muertes...?- preguntó Hikari. El resto intercambió miradas, e hicieron silencio.
-Kari... esto es una guerra... y las guerras, se terminan cuando algún Reino no tenga más gente para... asesinar... aunque nos cueste aceptarlo... – dijo Sora, odiando cada palabra.
El silencio se cernió sobre ellos.
-Entonces, está decidido- dijo Yamato, parándose. – Parece que las tropas se han detenido... recomiendo que descansemos unas horas, y cuando la noche esté más oscura, Ryo y yo nos dirigiremos cada uno hacia sus respectivas tropas y haremos lo que salga.
-Nosotros podemos ayudarlos- dijo Ruki. – Sabemos pelear!
Yamato y Ryo se miraron.
-Están muy mal heridos, y además... – comenzó Ryo. – Su guerra ya ha terminado... les estamos muy agradecidos pero ahora... creo que es momento de que descansen y nos dejen el resto a nosotros... – los tres jóvenes volvieron a mirarse, pero ninguno volvió a hablar.
-Y nosotros? No seríamos de ayuda?- preguntó Sora, refiriéndose a ella y Hikari.
-No debemos arriesgarnos a que las vean... – musitó Yamato. Al contrario de lo que creía, ambas jóvenes asintieron y no insistieron más con el tema.
-Ahora debemos encerrarlo – dijo Lee, refiriéndose a Taichi- y avisar en castillo todo lo que ha sucedido... mi padre estará tan feliz...! – Ruki y Takato sonrieron.
-Por cierto... él quien es...?- preguntó Hikari. Sora, Yamato, Ruki, Takato y Lee intercambiaron miradas desesperadas.
Miyako observó a los cuatros jóvenes que estaban con ella, y luego al guardia que se acercaba. Sus amigos, por que no encontraba otra manera de designarlos, estaban aterrados. Si lo mataban... sin pensarlo mucho, salió de su escondite y se enfrentó al guardia.
-Que- la frase quedó cortada, ya que Miyako se arrojó a sus brazos.
-Estaba... tan... asustada... – susurró, comenzando a llorar. – Pensé que... yo...
-Se-señorita Inoue!- tartamudeó el guardia. – La... la creíamos muerta!
-No me sueltes... por favor no me sueltes... tengo miedo... – los otros cuatro jóvenes estaban asombradísimos de la actuación que estaban presenciando. Algunos de ellos hasta dudaron que no lo estuviera diciendo en serio...
-Qu. Q sucedió...?
Miyako abrió sus grandes y lagrimosos ojos castaños y observó al joven guardia que la abrazaba. Él limpió sus lágrimas y le sonrió, susurrándole que todo estaba bien. Inoue volvió a recostarse en su pecho, para luego separarse y acercar su rostro, fundiéndose los dos en un apasionado y a la vez delicada beso. Takeru estaba junto a Ken y pudo sentir como la piel del joven se erizaba. A los segundos, el guardia cayó desmayado.
-Bien hecho- la felicitó Iori, saliendo de su escondite.
-Bien!- dijo Takeru. – Ahora debemos apurarnos! – Daisuke ya se había marchado. Ken pasó por su lado. Miyako pensó que tal vez podría recibir una felicitación de su parte pero... que esperaba...
-Entro o golpeo?- preguntó Daisuke, una vez estuvo frente a la puerta.
-Entra antes de que se despierte!- dijo Miyako, empujándolo al interior.
La habitación estaba decorada en tonos rosas y blancos, algo infantiloide pero con mucho gusto. Tenía una gran cama con dosel, espejos por doquier, un gran armario... pero la joven no estaba en ningún lado...
-No habrán estado... vigilando una habitación vacía, cierto?- preguntó Daisuke. Miyako no contestó, ya que francamente, no lo sabía...
-O sea que vinimos hasta acá para nada!- gritó Ken, enfrentándose a Inoue, a quien consideraba la culpable de toda esa situación.
-Oye! Creo que no fui la única que quiso venir!- espetó ésta, enfurecida. Después de todo lo que había hecho... hasta había besado a un hombre, para luego desmayarlo con un certero golpe en el cuello! Y él no solo no le agradecía, sino que encima le gritaba!
-Dejen de pelear!- gritó Iori, sorprendiéndolos ya que él no solía levantar la voz. – Nadie tiene la culpa aquí, y si no nos apuramos el guardia se despertará o llegará la próxima ronda! Así que debemos encontrarla rápido!
Afortunadamente, por primera vez podían decir que el cielo estaba de su lado: la puerta se abrió, dando paso a una bella joven de grandes ojos marrones.
-Este... él... – a Yamato se le cortó la voz. Ryo y Hikari lo miraron asombrados, ya que no entendían lo que estaba sucediendo. Yamato dirigió una mirada desesperada a Sora, pero la pelirroja no tenía nada que agregar.
-Oigan... quien es?- preguntó nuevamente, extrañada.
-Hikari él... – Sora se atragantó con sus palabras. No sabía si era su deber decirlo pero...
-Kari... puedo llamarte Kari cierto?- preguntó Takato. La joven asintió. – Él es... algo así como un hombre misterioso que no sabemos como apareció, pero estaba siempre con el Rey y era algo así como... su asesino personal, diríamos...
-Oh... – Hikari dudó antes de agregar algo. Podía ver que Takato estaba nervioso... la situación le resultaba un tanto extraña, pero... era solo su imaginación, seguro...
-Kari él es tu hermano- dijo Sora. Todos hicieron silencio.
-C.cómo dices... Sora?- preguntó. Los presentes no sabían si estaba aterrada, o a punto de largarse a llorar.
-Él es Taichi Yagami... lo siento- murmuró Ruki. Hikari la miró desesperada, para luego volver la vista a su 'hermano'.
-Está bien... eh... llévenlo a un calabozo o... – la voz se le cortó, les dio la espalda y fue hasta la puerta.
-Les prepararemos habitaciones- dijo Lee, saliendo con Ruki.
-Yo llevaré a éste- dijo Ryo, levantando a Taichi y obligándolo a caminar- a los calabozos.
-Te muestro el camino- se apresuró a decir Takato.
Al retirarse ambos, quedaron solo Yamato, Sora y Hikari, esta última mirando fijamente la pared.
-Kari... – murmuró Takenouchi.
-Chicos… es un gusto verlos… - dijo, girando y sonriéndoles levemente. – Eh... ahora... quiero estar sola unos momentos... – luego de decir esto se marchó, dejándolos solos.
-Vamos a...- comenzó a decir Yamato, pero se calló al sentir que Sora tironeaba de su manga y se recostaba contra su espalda. – Sora... – susurró, girando hacia ella. Levantó su mentón y la observó. – Estás...
-Lo siento, Matt... sé que querías que no usara Fuego...
-Fue un gran llamarada... estás muy cansada... – susurró, agarrándola de ambas manos para evitar que cayera.
-Fue solo un pequeña llamita... Ryo hizo todo el trabajo...
-Eh?- fue lo único que salió de sus labios, ya que sentía como de a poco se hundía en esos rubíes.
-Claro... yo hice la llama y Ryo la manipuló... ya te he dicho que tiene mucho poder... – dijo, sonriendo. – Matt... te pasa algo...?- Ishida parpadeó y se sonrojó.
-Sora... estás... muy linda hoy... – susurró. Sora miró su aspecto, sonrojada. Aún llevaba el vestido azul que se había puesto para encontrarse con el ahora fallecido Rey, pero sangraba un poco y estaba sucia, además de agitada...
-Yama... que... – no terminó de hablar, ya que le faltaron fuerzas y perdió el equilibrio, pero Yamato la agarró y la alzó.
-Sora... vamos a descansar si?- sonrió Takenouchi.
-Pero en un rato tienes que salir...
-Por qué no... me haces compañía hasta entonces... creo que tenemos mucho de que hablar... – Sora amplió su sonrisa y se recostó mejor sobre el pecho de Ishida.
-Señor...
-Qué sucede?- preguntó Seiya, girando hacia el hombre que había entrado a sus habitaciones.
-Es que... los recintos, de... – el guardia titubeaba y tartamudeaba- de el señor Shinji... se...
-Habla claro¿qué sucede?
-Es que... se están quemando...
Continuará...
Notas: Holasss! Me jugué y me mandé un capítulo largo y sólo 2 semanas y media después del anterior! Sííííí! Lo logréééé! Ok, no será taaaaaaaaaaan largo pero...! Igual, lamentablemente no prometo mantener este ritmo... se hace lo que se puede!
Mmh, bueno... supuestamente iba a hacer un cap solo de Sora & cia. pero al final, empecé a alargar y alargar y alargar y... bueno! Espero poder seguir haciéndolos así, pero nuevamente, no puedo prometer nada...
X si no lo notaron, lo que está en cursiva son recuerdos... un poco ya se vio en el cap anterior pero fue necesario ponerlo nuevamente.
Este capítulo es menester que se lo dedique a mis amigas Chikage y Fogadramon... es que gran parte fue escrito mientras chateaba con ambas, y al leerlo vienen a mi mente pedazos de esas conversaciones... así que chiks, para Ustedes! Espero que les gustee!
Mmh... que más... ah, sí! Orehu son seres de la mitología de Guayana, espíritus acuáticos que intentan agarrar a las canoas para hundirlas. Sin embargo, algunas pueden ser buenas, ya que se sabe que ellas enseñaron a los hombres a, entre otras cosas, comer frutos de los árboles.
Orkos, Yugoslavia. Es el vampiro que elige voluntariamente serlo, empujado por alguna clase de odio muy fuerte.
No tiene mucha relevancia en la historia, simplemente lo puse para dejar más en claro algo sobre las artes nigrománticas de Shinji.
Ahora a los reviews...! muchísimas gracias Quietshade, Puchiko Tsukino, CieloCriss, Atori-Chan, SoraDark666, Sakura-Hop, Naoko Tsukino, Digital-empress, Chikage y Kari y Tk 93 por sus reviewss! Ya pasé los 100! Y como regalo, al fin me puse las pilas y organicé los cap que faltaban... bah, el que faltaba. Todos piensan que era el 11 pero lo cierto es que era el 19... en una época faltó el 11, pero después lo fui corriendo y al fin arreglé todos... bueno, espero se haya arreglado! Voy a dejar pasar algunas hs y después reviso, sino lo arreglo de nuevo hasta que SE SOLUCIONE!
Ahora, por la fe de erratas de allá arriba... la verdad es que siempre pensé que Henry era Henry Wong en la versión que llegó acá, y Lee Wong en la versión japonesa... ahora resulta que es Tayekoshi Lee en realidad... nunca había escuchado eso...! bueno, pero no puedo arreglarlo por que es un despiole así que... de ahora en adelante será Lee Wong con sobrenombre Henry...
Esto ya se alargó. Reviews!
SkuAg
14/06/06
