La Guerra de los 1000 años
-Van a traernos algo de cenar... de lo que quedó de tu malograda cena con el Rey- murmuró Yamato, tomando asiento en el amplio balcón junto a ella. Sora había recostado su cabeza contra la ventana y las hiedras de la enredadera que recubría el palacio caían sobre su rostro y cuerpo, dándole un exquisito sabor exótico, extraño, como si fuera una misteriosa musa salida de las profundidades de la tierra... y Yamato no podía evitar delirar ahora que nuevamente estaba tan cerca...
-Ah, muchas gracias. Aunque no sé si tenga ganas de cenar nuevamente- susurró, su mirada perdida en la lejanía, tal vez tratando de avistar algún atisbo de guerra, de esos sonidos tan cataclísmicos que llegaban a sus oídos, o acaso de paz?
-Y que tienes ganas de hacer?- la pregunta sobresaltó a la pelirroja, haciéndola salir de su ensimismamiento, de la fortaleza que parecía haberse creado bajo las verdes hojas.
-No lo sé, Matt... quiero saber como estás... como estás llevando todo esto...
-Como puedo, Sora... esta guerra absurda cada vez se me va más de las manos, ya no llego a predecir que es lo que va a pasar la próxima vez que abra los ojos... y seguimos mintiendo, seguimos enredándonos, y estoy tan perdido que ya no puedo pensar con claridad- le gustaba desahogarse con ella, por que era una oyente tranquila y sumisa pero atenta, y siempre tenía una buena opinión que dar.
-Y la pérdida de vidas inocentes?- preguntó. Yamato la miró inquisitivo.
-Que hay con eso?
-Qué es lo que opinas?
Ishida demoró su respuesta. La batalla se escuchaba más cruenta y salvaje, pero alejada del castillo... las tropas imperiales de Izumi parecían estar haciendo su trabajo: respaldar por sobre todo al Rey, el Pueblo después... si todos esos hombres luchando supieran que no tenían Rey ni Comandante...
-La pérdida de vidas inocentes siempre es una factible en las guerras, Sora... más que una factible, es un hecho, un sacrificio que hay que hacer para lograr un fin... pero vos misma dijiste esto- dijo, confundido. La encontró observando las estrellas, su mirada perdida, lejana, y Yamato tuvo la seguridad de que no lo había escuchado, y la pregunta había sido solo una fachada para ocultar lo que de verdad deseaba expresarle.
-Qué sabes de Takeru?- preguntó, volviendo a la vida. Yamato la obligó a que focalizara sus ojos en él.
-La verdad es que nada... espero que esté bien... yo lo dejé hace unos días... – contestó, vagamente. Pero captó la atención de la pelirroja.
-Matt... por que estás acá sin él?
Ishida la miró fijamente unos segundos.
-Vine a buscarte.
Seiya recorrió a grandes zancadas el camino que lo separaba de los recintos que hasta hacía unos minutos ocupaba Shinji. Desde lejos podían escucharse gritos y a medida que se aproximaba comenzó a respirar el aire viciado, contaminado, el humo denso y gris plagado de tóxicos extraños y seguramente venenosos: Seiya sabía que cualquier cosa peligrosa podía encontrarse ahí dentro...
-Por acá! Traigan más agua!- escuchó cuando estuvo a un pasillo de distancia. Y al llegar vio guardias y siervos corriendo de un lado a otro, desesperados y algunos tapándose las narices para no exhalar el poco oxígeno que había. Los imitó con su capa, y se acercó revoleándola.
Shinji o alguno de sus secuaces había hecho un buen trabajo: todo lo que antes eran pruebas irrefutables de la influencia que Shinji había estado teniendo sobre el Rey ahora estaba reducido a cenizas, y Seiya se las vería negras para intentar explicar todo ante el consejo. Lo mejor y único que podía hacer era liberar al Rey, y luego... que?... si seguía bajo un hechizo... o si había alguien más suelto que pudiera seguir los preceptos del antiguo maestro...
-Apaguen el fuego y asegúrense no tocar nada de lo que pueda quedar!- ordenó. No tenía ningún plan en mente, tendría que empezar a demorar las cosas...
Hikari se encerró en la primer habitación vacía que encontró. Se sentó en la cama. Y comenzó a llorar. De impotencia, de rabia, de tristeza, bronca, de amor? Las emociones se mezclaban en su interior y por momentos el dolor le impedía distinguir entre pesadilla y realidad, por que eso un sueño no podía ser... no quería sentirse Centro del Mundo, pero todo parecía estar en su contra... desde lo de Tk, a quien su corazón extrañaba y apretaba a cada rato, y dolía tan fuerte y profundamente, pasando por todo lo de esta guerra de la que se sentía culpable, o al menos culpable de los problemas internos en su Reino, del poco respeto que, al igual que Sora, seguramente recibía su nombre en estos momentos...
Y este... su... hermano?... había escuchado claro... no podía ser... pero aunque su mente quería admitirlo, los alborotados cabellos y esos ojos café... que podían significar?... era tal como ella lo imaginaría hoy en día... pero la crueldad, el odio, la poca consideración hacia la vida humana que mostraban esos ojos no era lo que esperaba encontrar en él...y ni siquiera le había dirigido una mirada, no podía haberla olvidado, mucho menos no reconocerla! Había algo muy extraño en todo eso... y su mente se negaba a serenarse.
Mimí observó perdida a su alrededor: esos parecían sus aposentos, pero esa gente, sin duda no venía incluida en el paquete... no, debía haberse confundido...
-Lo siento- susurró, pero al apoyar su mano sobre la manija nuevamente, alguien la sostuvo del brazo.
-Espere, señorita Tachikawa! Por favor, entre y cierre la puerta.- Mimí miró extrañada a su interlocutora, y de a poco comenzó a esbozar una sonrisa.
-Yolei, si eres tu! No te había visto entre tantos hombres... y que andabas haciendo, eh? Te descubrí!- exclamó, echando los brazos alrededor de su cuello. Los presentes observaron la escena bastante confusos... esa era la famosa heredera tan importante que se codeaba con los mayores Reyes y era codiciada por tantos para ser su prometida?- Pero... OYE!- gritó, soltándola y echándose hacia atrás. Ken levantó una ceja, molesto por la estridente voz de la joven- que tú no estabas... perdida, secuestrada, muerta o... fugada...?- preguntó, para luego levantar un dedo en el aire. Cerró los ojos, al parecer haciendo un esfuerzo sobrehumano por concentrarse. – Corría el rumor de que podías haberte fugado con alguien... bueno, francamente, no esperaba que lo hicieras con... 4, pero... te felicito?
Miyako se llevó una mano a su frente, golpeándosela.
-Mimí, has entendido todo mal, yo... este...
-Por qué no vamos a las explicaciones pertinentes al caso, en vez de dar vueltas en insensatos temas de mujeres?- preguntó Ken, gravemente. Mimí lo observó con desprecio.
-Oye niño y tú quien eres para interrumpirnos de esta manera?!
Iori observaba en silencio la escena, preparado para atacar apenas entrara algún guardia alertado por el escándalo que los tres estaban armados. Daisuke, perplejo, trataba de mediar en la discusión, descubriendo lo inútil que podía ser para ejecutar dicha acción, mientras Takeru miraba divertido, sentado cómodamente en la cama, rodeado de cojines rosados.
-Basta! Por favor, Ken, señorita Tachikawa... después discutan lo necesario, ahora por favor permítame que le explique la situación- rogó Yolei. Mimí miró sobradora a Ichijouji y luego con un sonrisa, centró su atención en la joven.
-Yolei, por favor hazme el favor de no pasar del exagerado respeto al tono amistoso, me hiperventilo!- chilló, abanicándose con las manos. Los cuatro jóvenes retrocedieron al escuchar su voz. – El tono amistoso está bien! Ahora dime... que se te ofrece?
-Bueno, la verdad es que... – miró insegura a los jóvenes, no muy segura de si debía decirle o no toda la verdad. Al recibir tres sonrisas alentadoras-faltaba la de Ichijouji, por supuesto-se dispuso a continuar.- A mi si me secuestraron... bueno, me fui por mi cuenta... Hikari me llevó.
-Hikari!- exclamó, contenta.- Y dónde está ella? Ya quiero que regrese de sus vacaciones, estoy tan ansiosa de verla... hace años que no hablamos!
-Qué vacaciones?- preguntó Takeru interesado.
-Mmh... Mimí... lo cierto es que esas vacaciones no existieron... todo el tiempo que Usted estuvo acá, Kari se encontraba en el Reino de los Humanos... fugada por propia necesidad y voluntad...
-Eh? A qué te refieres? Si su padre ardía en ganas de verla!- Iori y Ken se sorprendieron ante la ingenuidad de la joven. Era bastante... falta de inteligencia, para ser la 'heredera' tan nombrada...
-Su padre la encerró, luego la ayudamos a escapar y fue conmigo y mi hermano al Reino de los Humanos, luego volvimos y nos llevamos a Yolei y al Príncipe Daisuke, y ahora Hikari se ha marchado de nuevo- largó Takeru, levemente exasperado por la incapacidad de Mimí en entender lo que sucedía. O tal vez, por que ardía en deseos de que enseguida le dieran alguna pista que los acercara a su paradero.
Mimí permaneció unos momentos más sin digerir la información.
-Están tratando de decirme que en realidad, el amoroso padre de Hikari que la extraña tanto, en realidad es un maldito canalla dictador que quiere hacerse con el poder a nivel mundial y desterrar a todo el que pueda interponerse en su camino?- sus ojos ardían de rabia, y todos permanecieron en silencio, sorprendidos ante la facilidad que tenía en pasar de la alegre ingenuidad a la fría y calculadora maldad.
-Eh... algo así...- susurró Miyako, tan sorprendida como sus compañeros.
-Entonces debemos matarlo- dijo, tranquilamente, mientras comenzaba a abrir cajones y a arreglarse.
-Eso es lo más inteligente que ha dicho desde que llegamos- murmuró Ken. Tachikawa le sonrió.
-Y a todo esto, tu quien eres? Eres bastante lindo, pero tus rasgos... no puedo relacionarlos con los de ninguna casa reinante...
-Soy Ken Ichijouji, no pertenezco a ninguna realeza, soy un habitante del Reino de los Humanos.
-Hida, Iori- dijo el pequeño, haciendo una leve reverencia.
-El pequeño Cody pertenece al Reino de los Humanos, también- dijo Yolei.- Y tienes que ver que paciencia que tiene! Me está enseñando defensa personal!
-Cody, tu no eras del Reino del Fuego?- preguntó Daisuke, confundido. El resto levantó la vista.
-Es eso cierto?- preguntó Miyako.
-Si- fue lo único que contestó, y la joven no creyó prudente tratar de sacarle nada más.
-Daisuke Motomiya
-Oh! Tu eres el heredero de los Humanos?
-Ah... si, jaja- respondió, sonrojado y rascándose la cabeza. A Miyako este joven no terminaba de agradarle, pero ya había podido notar que profesaba una extraña humildad, no muy normal en gente con su rango.
-Y yo soy Takeru Takaishi, es un gusto conocerte.
-Ah! Entonces este es grupo bastante... real!- exclamó. Algunos rieron de compromiso, ya que ella parecía pensar que acababa de hacer un chiste único e irrepetible.
-Bueno, entonces... exactamente para que están uds acá?
-Veníamos a hacerle
-Nada de formalismos, por favor!- exclamó, interrumpiendo a Takeru.
-Ahhh... está bien. Yolei nos contó sobre tu presencia acá y, sabiendo que eras la prometida de Koushirou Izumi, queríamos preguntarte que es lo que has venido a hacer... puede parecerte de nula necesidad, pero sabiendo que estuviste tanto tiempo cerca del Rey, tal vez podrías darnos alguna pista sobre que es lo que debemos hacer para parar esta Guerra sin sentido...
-Yo también quiero parar este Guerra!- exclamó. El resto hizo silencio.
-Y... bien, Mimí?- preguntó Yolei. Esta la miró, sonriente.
-Qué sucede Yolei?- Ken tuvo un repentino impulso de gritarle, pero supo que lo mejor era hacer silencio. Sin duda, la belleza y la inteligencia no venían de la mano...
-Vas a respondernos?... queremos saber que es lo que haces acá... si no es nada muy privado...
-Ah... eso... – de repente su mirada cambió. La dulce sonrisa que casi no había abandonado desde que llegaron dio paso a una mirada triste y perdida, sus rasgos se ensombrecieron y sus labios comenzaron a temblar. – Todo esto de Hikari me tiene muy preocupada... elijo creerles por que... el Rey tiene algunas actitudes que no me han gustado, que no son realmente suyas... vine acá con una noticia que para mi era muy importante y que pensé iba a ser muy buena para él, y no pareció prestarme mayor atención... y el Senescal se mostró bastante inquieto cuando le comuniqué esta noticia tan importante... El Rey no me permitió hablar si no fuera en presencia de su Senescal! Es todo muy extraño, por que siempre me tuvo en gran estima!... Realmente, todo esto no me gusta nada...
-Mimí, cuál es esa noticia tan importante?- preguntó Inoue.
-Y... uds que quieren hacer?- preguntó Mimí, observando a través de una ventana. Miyako, confundida, quiso insistir, pero Ken agarró suavemente una de sus manos y la atrajo hacia sí, indicándole con la mirada que no debía insistir. La joven se sonrojó al sentir ese inusitado acercamiento, y la tranquila mirada de su prometido la sorprendió. Ese era el gesto más amable que había tenido con ella hasta ahora. – Hikari no ha venido por acá... pero si quieren puedo esconderlos por unos días y manejarme como una espía...
-No tenemos unos días- dijo Daisuke. – Si Hikari no ha venido por acá, entonces es que su destino es otro, por que ya habría llegado.
-Hikari es considerada una enemiga en este Reino. Si vino para acá, sin duda no hubiera venido sonriendo a saludar a su padre- opinó Takeru. En el fondo, pensaba que Daisuke tenía razón, pero esta era la única pista que tenían sobre el paradero de ella, no podía irse ahora que estaba tan cerca...!
-Estas pensando egoístamente- dijo Ken, aun sosteniendo la mano de Miyako-. Estás cegado por tu necesidad de verla, que es comprensible por todos. Pero ahora hay que pensar en el bien común, y ciertamente el bien común no es el de satisfacer tus apetitos amorosos- dicho eso, apretó la mano de Inoue, y esta se sonrojó visiblemente. Mimí ya estaba tomando nota de todo lo que veía. – Hikari no ha venido por acá.
-Entonces que propones que hagamos?- preguntó, su orgullo propio herido, pero sabía que Ichijouji tenía razón. Nos vamos? Nos llevamos a Mimí? Creo que es peligroso para ella permanecer acá.
-Por qué?
-Por lo que me dijo Kari, el senescal domina completamente al Rey – Mimí asintió-. Si te tienen acá es por que, al ser tan cercana a Izumi, sin duda tenés información valiosa que ellos pueden ocupar en su propio beneficio. Y cuando no les seas de más beneficio...- Tachikawa meditó unos momentos la cuestión.
-Está bien... entonces, me voy con Ustedes... no sé que es exactamente esa 'información valiosa' a la que se refieren, pero puedo saber algunas cosas que les interesarían... por ahora quiero alejarme de todo esto, esta Guerra no me gusta para nada!
-Pero antes de irnos... creo que dijiste algo interesante hoy... – murmuró Cody.
-Hay que matar al Senescal- dijo Ken, decidido.
Sonrojada, Sora volvió a dirigir su mirada hacia las estrellas. Le parecía injusto estar tan tranquila, sabiendo que a sus pies una dura batalla estaba llevándose a cabo... sus propios ciudadanos estaban perdiendo la vida... pero después de tantos sufrimientos, unos pocos minutos de paz... le eran tan apetecibles...
-Matt- volvió la vista al joven, y de repente lo tuvo muy cercano a ella... tan cercano que... podía sentir la calidez de su respiración y vislumbrar, aún a la luz de la luna, las finas líneas rojas de cansancio que se veían en sus pálidos ojos... y totalmente conciente de lo que hacía, más conciente que nunca, se dejó acercarse a él... y juntó sus labios, y antes de poder profundizar ese único regalo que iba a permitirse... la puerta se abrió y Takato entró seguido de Lee. Ninguno notó nada extraño, y Yamato y Sora fueron lo bastante hábiles para disimular.
-Les trajimos algo de comida, es necesario que recobren sus fuerzas, sobre todo Usted príncipe, si piensa llevar a cabo lo que hemos estado tratando. – Yamato asintió y esperó paciente a que se fueran, y apenas lo hicieron se abalanzó prácticamente hacia Sora, pero la puerta volvió a abrirse y esta vez fue Ryo quien entró.
-Te parece bien que organicemos la estrategia mientras te alimentas?- preguntó, tampoco notando nada, y sentándose frente a él. Sora no pudo evitar reír. – Qué sucede?
-Nada, lo siento. Voy a ver a Hikari... avísenme lo que decidan hacer.
-No hay problema- dijo Ryo, sonriendo. – Ahora, Yamato, permíteme opinar...- Yamato suspiró y se esforzó en concentrarse en lo que tenía que hacer.
Ruki ingresó al frío calabozo envuelta en una manta y con otra en sus manos. Hikari debía estar helándose, y no quería que se enfermara. Ya bastante había sufrido por ese día...
Al llegar a la celda de Taichi, se sorprendió al descubrir que la joven no estaba allí: inmóvil, recostado sobre una pared y sangrando, Yagami reposaba, sus ojos observándola con una mezcla de lujuria y aparente vanidad. Lo habían atrapado, y aún se creía suficiente como para mirarla desde arriba.
-Preferiría tomar un baño antes de pasar a lo nuestro, pero viendo tu desesperación... – comenzó, irguiéndose- ahora que el Rey no está para satisfacer tus apetitos carnales, me imagino como estás... y hay Taichi para rato, amor- se había ido acercando lentamente hasta quedar frente a ella, las barras interponiéndose entre ambos. Ruki lo miró con asco y, súbitamente, lo golpeó de lleno en el rostro. Yagami retrocedió sonriendo. – Si... ya sé que te gusta el dolor... gritar... clavar tus uñas en la espalda... y dominar... – enfatizó la última palabra. – Salvaje... esa es la única palabra Izumi siempre encontró para describirte... y yo, querida... debo decirte que estoy de acuerdo...
-Te crees muy listo, cierto?- sonrió la pelirroja, recostándose sobre las barras y metiendo una de sus manos bajo su ropa, hasta agarrar uno de sus senos. – Esto es lo que quieres, Taichi? Esto?- su tono cambió al de una niña pequeña, pero en su rostro, aún la irónica sonrisa presente.- Aceptá la realidad: estás atrapado, tu vida depende de nuestra consideración... o de la de tu hermana, mejor dicho... no trates de jugar. Es el fin.- Su tono era el mismo de siempre, y la irónica sonrisa era ahora pura seriedad.
-Me pregunto si... sabe tu novio algo acerca de... tu promiscuidad?- preguntó, haciendo caso omiso a la verdad emitida por la joven. Por un segundo los ojos de Ruki temblaron, sorprendida por el abrupto cambio de conversación. Ese segundo fue suficiente para Taichi. – Ya veo... me lo imaginaba.- Sonrió. – Pobre pequeño Henry... siempre tan tímido... no sabe la novia que se pierde!- soltó una histérica carcajada.
-Mi novio sabe todo lo que tiene que saber. Y no vas a sacar nada de mi, Yagami.
-Si... me imagino... – sonrió.- Por ahora voy a ser bueno y no voy a pedirte que me liberes... quiero hablar con mi querida 'hermanita'. Lo único que quiero ahora son unas vendas y medicinas para parar algunas hemorragias... querida.
Ruki arrojó dentro de la celda una caja que llevaba bajo la manta.
-Vas a encontrar comida también... para que veas como se tratará a los prisioneros de este Reino de ahora en más.- Se alejó, la sangre hirviendo en su interior. Estaba a su merced. Taichi no iba a ganar.
Continuará...
Notas: Perdón x el retraso... la idea era terminar esto hace meses, pero en dic me vine a USA como algunos saben y sigo acá... y no tengo tanto tiempo. Ahora puede ser que vuelva para Argentina en unos días o tal vez me quede hasta junio. Está por verse. Haga lo que haga voy a tratar de actualizar lo más pronto posible. Como siempre...
Y de regalo... empezó el Sorato!
Gracias!
