La Guerra de los 1000 años

Lluvia. Viento. Truenos. Frío. Y llanto... llanto desgarrador, gritos desesperados, oscuridad, y un íntimo deseo de morir, de abrazar la muerte para escapar del dolor y del sufrimiento... pero una estúpida noción de esperanza, de 'no todo está perdido', 'hay mucho por lo que vivir' y TÍO! HERMANO! MAMÁ! HIKARI! Agua quemando contra sus costados, doliendo, lastimando, frío, mucho frío, un débil haz de luz en la lejanía, lluvia, finas pajas volando y cayendo, lastimando, lastimando LASTIMANDO y el miedo, tanto miedo! MIEDO MIEDO MIEDOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ALGUIEN AYÚDEME! Por primera vez, solo, después de tantos años de rogar por un segundo de soledad, poder abrir los ojos y caminar por su cuenta, aprender a manejarse y OTRA VEZ NO POR FAVOR! KARI! descubrir la inutilidad de un pequeño príncipe, estúpida curiosidad dirigiendo sus pasos a una choza abandonada para investigar una arquitectura inexistente... una falla, saberse una falla SAQUENME DE ACÁ! TÍO! TÍO! HERMANO POR FAVOR! KARI DÓNDE ESTÁS?!?!?!?! DÓNDE?!?!?!?! POR FAVOR NO OTRA VEZ NO DEVUELTA MATT!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

-POR FAVOR HAGAN ALGO!!! ALGUIEN HAGA ALGO! KEN POR FAVOR!- gritó Miyako, abalanzándose hacia el cuerpo de Takeru, pero los fuertes brazos de su prometido le impidieron avanzar.

-Despiértenlo... por favor despiértenlo... alguien haga algo... – susurró Mimí, ronquera en su voz, llorando y enroscada en el piso.

-No podemos hacer nada por él – susurró Hida, aunque era evidente un leve temblor en su usualmente bien mantenida voz. – Tiene que luchar por su cuenta contra sus propios espíritus.

-ESTÁ PIDIENDO AYUDA! – volvió a gritar Miyako, desesperada, amarrándose con fuerza a los brazos de Ichijouji que no la dejaban avanzar. Observó a Takeru desparramado contra el mugriento piso, arañándose, lastimándose a si mismo, los ojos inyectados con sangre, gritando frases sin sentido y asustado, llorando, sufriendo.

-HIKARI MATT MAMÁ!!! ALGUIEN! KARI POR FAVOR! KARI DÓNDE ESTÁS!!!

-El idiota está sufriendo de amor, nada más- murmuró Ichijouji, pero sin cruzar la vista con Inoue.

PAF! Mimí se levantó prestamente y golpeó a Ken con todas sus fuerzas, aún así sin lograr que soltara a su amiga.

-NO VES QUE ES MÁS QUE ESO?! No está sufriendo por 'amor'. Hay algo dentro suyo, algo que lo está atrapando, está soñando despierto, va a enloquecer si no lo ayudamos! Por favor no lo dejes sufrir así!- exclamó, llorando y lentamente cayendo al piso, perdiendo sus fuerzas. – Por favor alguien haga algo por él... no lo dejen sufrir así, por favor... por favor... – abrazándose a sí misma, llorando quedamente.

Sin que nadie lo notara, semioculto en la oscuridad, Daisuke caminó hacia Takeru sin que Ken atinara a detenerlo. Luchando contra el cuerpo semi inconsciente que seguía gritando y golpeando al aire, casi como si estuviera nadando, lo levantó y antes de que el resto terminara de pronunciar 'NO!', lo golpeó contra la pared. El cuerpo totalmente inconsciente de Takeru cayó contra su pecho.

-QUE HAS HECHO?!- gritó Inoue, librándose del amarre de Ken y corriendo hacia el cuerpo ahora inconsciente. – LO HAS MATADO!

-Está inconsciente nada más. Lo siento mucho, Inoue-Sama. Siento no haber consultado con el resto pero era lo único que podíamos hacer. Alguien en el castillo va a saber que hacer para remediar su dolor. Yo lo cargo – dijo, cuando Ken se acercó a ayudarlo. – Síganme por favor.

Iori y Ken obedecieron, pero Miyako y Mimí permanecieron incrédulas en el mismo lugar, abrazándose, la mayor aún llorando.

-Oye desde cuándo te has convertido en nuestro líder?!- exclamó Miyako, pero su grito fue ignorado.


Aparte de Ryo, otros cinco hombres se apuñaban en la carpa alrededor de una pequeña fogata. Iwomuro Kurai, un hombre de corte serio y amplio pecho, cabellos marrones y bien recortados; Takenouchi Kazuo, de unos 25 años, cabellos rojo Takenouchi y ojos aterradoramente verdes; Shiratori Mogawa, el más anciano de todos, sus cabellos eran grises y tenía una corta barba del mismo tono; Kuriko Monae y Maeno: hermanos gemelos de más de 40 años, totalmente idénticos en sus cabellos y ojos de apagados tonos oscuros. Lo único que los diferenciaban eran sus vestimentas: Monae siempre de rojo, Maeno siempre de azul; el escudo del Reino de Monae iba siempre al frente, mientras que el de Maeno se encontraba detrás. Eran el Consejero de la fallecida Reina; el 1er capitán al Mando, primo de sangre de la Princesa; General de las Caballerizas; Capitanes de las tropas a pie, y Ryo General Mayor. Esos seis eran quienes ahora se encargaban de decidir el futuro del Reino del Fuego.

-Akiyama, que es esto tan importante que debes decirnos?- preguntó Shiratori. Él siempre era quien trataba de hacerse cargo de la situación cuando era obvio que una discrepancia ocurriría. Después de todo, de otra manera esas 'discrepancias' podían ser mortales.

-Hemos estado observando movimientos extraños en las carpas del Reino del Fuego, así que mandé un guardia y requieren nuestra presencia inmediatamente.

-Y qué te hace creer que eres tan importante como para decidir por voluntad propia que nosotros deseamos asistir a una reunión de sucios hielinos?- preguntó Kazuo, observándolo sobradoramente. Los ojos de Ryo destellaron odio por un segundo, pero enseguida se calmó y volvió su vista hacia Shiratori. El anciano solo asintió con la cabeza.- Y dónde abandonaste a esa niña que hallaste en el camino? Desapareciste por un tiempo más que considerable y regresas sin ella. Puede ser una espía!- exclamó, aparentemente sin notar como el resto del grupo se impacientaba.

-Mis asuntos con mis esclavos son mis asuntos con mis esclavos- dijo secamente. Un guardia ingresó apresurado.

-Señores, el Rey del Reino del Hielo requiere su presencia inmediatamente. Hubo un cambio importante que merece ser tratado con prontitud.

-El Rey?- exclamaron Monae y Maeno. - ¿Qué es esto?

-Sea lo que sea parece ser perturbadoramente importante. Será mejor que vayamos- dijo Iwomuro, precediendo la marcha.

Esta vez fue Ryo quien lanzó una mirada sobradora a Kazuo.


Una vez en la ya familiar zona libre, los 5 jóvenes – más un inconsciente Takeru - se sentaron en el pasto para recobrar fuerza y compartir las opiniones que les habían sido impedidas antes, primero por el repentino escándalo de Takeru y luego por la frialdad de las ofendidas jóvenes, sumado a los gritos de 'ME HIPERVENTILO!' de Mimí Tachikawa.

-Hiciste un muy buen trabajo- felicitó Daisuke a Mimí, aún sin lograr aunque sea una mirada simpática de parte de ella. – Un excelente trabajo. Muy inteligente. Hasta mejor de lo que esperábamos. – Poco a poco, la mirada de Tachikawa fue serenándose, orgullosa de sí misma al ser alabada por otros. – Ahora el rey va a tener serios problemas en tratar de controlar a sus ciudadanos. Es el momento perfecto para encontrar a Hikari y que vaya a exigir su lugar. Su padre ya no es apto para gobernar.

-Si es que Hikari no está ahí... – susurró Iori. Todas las miradas se volvieron a él. – ¿Quién más podría haber creado todos esos truenos?

-Taichi Yagami – las palabras escaparon los labios de Ichijouji antes de que pudiera siquiera pensarlas. – Pero claro que eso no pue- se detuvo al ver como el sereno rostro de Mimí volvía a contraerse por las lágrimas y se levantaba apresurada. Miyako desarmó a Ken con la mirada y la siguió.

Mimí se había dirigido hacia unos árboles no muy alejados pero que definitivamente la ocultaban de la vista del grupo. Al llegar, Miyako la encontró agachada con su cabeza hacia el piso. Se apresuró a levantarse antes de que ella se acercara.

-¿Te sientes bien¿Necesitas algo?- preguntó, alarmada.

-Estoy bien. Sólo... devolví. Es que estoy cansada. Volvamos al grupo.- Aún algo inquieta, Miyako la siguió.

-Está bien. Eh... Escuchen... tal vez tuve que haber dicho esto antes pero... bueno, es que todos los últimos acontecimientos, no estoy acostumbrada a esta clase de vida y yo, pues... me hiperventilo, me hiperventilo! – gritó, y Miyako se apresuró a abanicarla.

-Mimí por favor cuéntanos que es lo que ocultas- dijo Daisuke, tan educadamente como pudo.

-Si, yo... esto es difícil.- Hizo silencio y centró su mirada en el pasto. Pero cuando levantó la vista, todos notaron que se había producido un cambio en ella. Sus ojos ya no estaban llorosos y había una nueva recarga de confianza y seguridad en ellos. – Cómo todos saben, yo soy la Prometida del Rey Koushirou Izumi, cómo antes lo fui del príncipe Taichi Yagami. Él... nunca pudo vivir tranquilo en su propio techo, su padre siempre estuvo dominado por... Yöjiro. Lo único que le traía felicidad ahí dentro era su pequeña hermanita, la dulce Hikari... y yo por supuesto- agregó, con un toque de soberbia.- Cómo sea, un día no pudo soportarlo más y decidió irse a tratar de encontrar evidencia que pusiera a Yöjiro en malos ojos frente a su padre... iba a ser lo mejor para todos, realmente! Él... escucho estos rumores y... bueno honestamente yo se los dije. Los rumores siempre llegan a mi – agregó en voz baja. Sonrió.- Se marchó y... no volvió más. Y yo nunca hablé por que se lo prometí... le prometí que pasara lo que pasara nunca hablaría... ya sé que éramos chicos, muy chicos pero yo... yo lo amaba y él... y él... – la voz se le cortó, pero luego de unos pocos segundos su mirada volvió a recargarse de seguridad. – El prometió que volvería, pero cuando así no lo hizo... yo decidí encontrarlo y escuchando unos rumores sobre su presencia en el Reino del Viento, decidí ir de vacaciones... convenientemente conocí al pequeño Príncipe, una dulzura era!! Siempre estudiando, siempre concentrado... meses después mi presencia fue solicitada en el castillo y, bueno... mi compromiso con Taichi había sido roto hacia años, cuando su padre – Yöjiro, digamos – decidió que estaba... muerto. Así fue como me prometí en la prometida de Koushirou y... si bien admito que al principio todo estaba bien y hasta era feliz... después el cambió... se hizo Rey... y un día, nunca supe de donde... él apareció.

-Quién es él?- preguntó Miyako, quien no había dejado de abrazarla todo ese tiempo.

-Taichi. Taichi... pero no era mi Taichi- susurró con un deje de tristeza, viendo la incredulidad de los presentes. – No me reconoció, la primera vez que me vio, y después... se envolvió en toda clase de acciones cuestionables y... era algo así como el asesino personal de Izzy, Izzy es Koushirou, y él también cambió... antes solía sentarse a hablarme sobre fórmulas y lenguas extrañas que jamás entendí, pero ahora... ni siquiera me miraba, no respondía a mis preguntas y... él también... se sumió en esas... acciones cuestionables y un día... un día... él... – se abrazó a sí misma con temor y cerró los ojos. Pero cuando los abrió, otra vez había seguridad en ellos. – Yo decidí que era mucho, quería empezar una guerra, y me fui! Volví a mi Reino a hablar con quien fuera, a tratar de explicar algo, pero cuando le conté al Rey que su hijo estaba vivo, saben que hizo? Saben que ME hizo?! Me dijo 'Ya, ya pequeña, por que no te retiras a descansar a tus antiguos aposentos? La Princesa Hikari está de vacaciones ahora mismo pero regresará pronto y estoy segura que estará muy contenta de verte de nuevo. Tienes que contarle todo sobre tu nuevo prometido, cuándo es la boda?' Me trató de estúpida, de mentirosa! A MÍ!

-O sea que... Taichi pudo haber sido quién regresó y... mató al senescal y luego nos ayudó?

-Taichi no tenía su anillo...

-Pero... Hikari dijo algo sobre Sora Takenouchi... pudiendo crear Fuego aún sin tener su anillo... – dijo Miyako. Todos hicieron silencio.

-Honestamente... si Taichi está ahí... no es una buena noticia, para nada... prefiero que sea Kari quién esté sola ahí, antes que Taichi, por que él ahora es un tirano!

-No vamos a averiguar nada si seguimos acá. Creo que lo mejor que podríamos hacer es volver al Reino de los Humanos, donde seguramente escucharemos algo. Y si Hikari desea 'regresar' a algún lugar... ese es el único lugar al que puede ir- opinó Ken.

-Déjenme hacerme cargo de sus heridas primero- dijo Miyako, levantándose.

-Sí! Yo primera! Estoy muy lastimada!- todos miraron a Tachikawa sorprendidos, ya que ella no había tenido parte en la pelea. – Acá, cuando caí!- levantó levemente su vestido para mostrar algo que no podía ser más que un raspón cerca de su tobillo izquierdo.- Duele! Por favor!

-Está bien Mimí... acá tengo unas gasas y... – abrió el pequeño bolso del que anteriormente había sacado las cerillas y se las pasó. – Si me das unos minutos... debo preparar una pomada, tengo todas las hierbas necesarias acá, solo necesito agua y... volveré pronto. – Se alejó hacia la cascada, perdiéndose de la vista de los demás. Los jóvenes de a poco empezaron a alejarse, sintiendo la necesidad de reflexionar por unos minutos.


Yamato ocupó un mullido sillón que alguien se había apresurado a llevar a sus pies. Frente a él, aparte de Jyou, otros cinco hombres se encontraban. Shin Kido, su hermano mayor, quien al igual que Jyou comandaba Tropas Especiales, Akira Kirayama, General de las Caballerizas, Takashi Kiruro, Capitán de la primera división, Yutaka Triken, Capitán al Mando, y Cleo Fujiyama, Consejero Segundo. El último era el más nervioso de todos, y se paseaba por la habitación murmurando palabras no entendibles para el oído humano. Akira, Takashi y Yutaka tenían solo un par de años más que Jyou y por consiguiente encontraban placentera la presencia de Yamato. Pero Cleo Fujiyama había estado siempre acompañado por Maneta y por el propio padre de Yamato, y encontrarse ahora rodeado por personas que no pasaban los treinta años de vida no le era cómodo ni placentero. Era una persona inmadura.

-Yamato, vas a explicarnos esta grata sorpresa?- exclamó Akira, evidentemente feliz. – Ese sucio de Izumi te tenía secuestrado, no es así?

-¿Acaso el niñito se asustó de unas bombitas y ruiditos y te liberó para que negocies la paz?- dijo Takashi, riendo y estrechando manos con Yutaka.

Fujiyama miró incómodo a su alrededor. Súbitamente era el único 'adulto responsable' en la comisión del Reino del Hielo y no podía seguir el ritmo de esos jóvenes adultos – adolescentes en el caso del Príncipe y Jyou -, quienes al parecer veían todo este tema de la Guerra como un juego y una competencia.

-El Rey Izumi esta muerto- dijo, fríamente, y las risas pararon en seguida. Hasta Fujiyama levantó la vista asombrado. – Y yo no fui su prisionero.

-¿Entonces de quién?- preguntó Shin, tomando asiento junto al mayor. Era quien lo seguía en edad y, si bien estaba feliz de que Yamato y no Maneta estuviera al mando, no podía unirse a las risas de los menores.

-Todas esas explicaciones llegaran a su tiempo- hizo una pausa, midiendo con la vista a quienes tendrían que acompañarlo en esta nueva travesía. Fujiyama era el único obstáculo, pero también era una persona tan tímida y manejable, que sin duda con el mayor de los Kido podrían planear algo para tenerlo de su lado. – El Rey Izumi era un tirano de quien sus ciudadanos estaban cansados. Pero ya nos hicimos cargo de eso-

-'Nos' quienes?- preguntó Fujiyama, una sombra de duda cruzando su rostro.

-Todas esas explicaciones llegaran a su tiempo- repitió Ishida.- El Reino está ahora totalmente indefenso y sus habitantes están eligiendo un nuevo gobernante y reponiéndose de los ataques. Una Guerra en este momento solo va a causar desorden y caos. Tienen mi palabra de que El Reino del Viento es oficialmente leal al Reino del Hielo.

-¡Pero entonces tenemos que atacar ya!- exclamó Akira, parándose entusiasmado.- Si no tienen heredero, pueden ser una de nuestras colonias.

-¿Y qué hay de su fianceé?- preguntó Yutaka.- Esa cortesana del Reino del Trueno. Dicen que sus ojos destruyen el piso cuando camina.- Agregó, riendo y lanzando miradas lascivas a Akira.

-Si, yo también escuche de esa! Y dicen que aunque no han contraído matrimonio,

-¡BASTA!- gritó Yamato, parándose en una silla.- ¡No hay heredero¡Todos están muertos¡Nuestras tropas retroceden ahora mismo!

Los seis espectadores hicieron silencio inmediatamente, y Fujiyama se escondió detrás de Shin.

-Bueno, para eso hay que negociar con el Reino del Fuego. Todavía tienen a su Princesa.- Dijo el mayor de los Kido.

-No hay prisioneros- contestó, su tono súbitamente serenándose ante el recuerdo de esos grandes ojos rubí.- Joe, ve por la comisión del Reino del Fuego.

Una vez Jyou se hubo retirado, Fujiyama comenzó a observar detenidamente al Príncipe. Prestaba oídos sordos a las bromas y quejas de Akira, Takashi y Yutaka, y estudiaba unos mapas cuidadosamente. Y su expresión... su expresión era tal que parecía calcada de su fallecido padre. Al final, juntó coraje y decidió hablar.

-Yamato, todavía no tienes la mayoría de edad.- Todos levantaron la vista asombrados. Ishida abrió la boca y volvió a cerrarla, al notar que no tenía nada que decir. – Y apareces de ningún lado, sin dar explicaciones, pensando que podés tomar mando, asesinar al Senescal y ordenar, cuando ni siquiera hemos vot-

Jyoy ingresó acompañado por cinco personas, y el argumento quedó en el aire, aunque Yamato tomó nota en su interior.

-¡Entonces es cierto!- gritó Kazuo, apenas puso pies en la carpa. – El pequeño Rey – estresó la palabra- ha aparecido!

-¡¿Con qué derecho le faltas el respeto a nuestro Príncipe?!- exclamó Akira, saltando sobre él. Yamato puso su espada entre medio de ambos y la pelea se interrumpió enseguida.

-¿Necesitan explicaciones?- preguntó, pasando su vista lentamente por sobre todos los recién llegados. Se detuvo por una milésima de segundo en Ryo, solo para asegurarse de que el plan seguía en pie, y en un destello de sus ojos creyó ver lo que buscaba.- El Reino del Trueno fue quien nos secuestró – a mí, al Rey Motomiya, hasta a su propia Princesa!—hizo silencio. Con solo unas pocas palabras había captado toda la atención que necesitaba. – La Princesa Takenouchi también se encontraba ahí.

-¡¿En dónde está ella ahora?!- gritó Kazuo, nuevamente perdiendo la compostura. Yamato permaneció en silencio, serio, y para asombro de todos, Takenouchi volvió a su asiento.

-Mi hermano fue a mi rescate, y sé que ambas Princesas y Motomiya escaparon en el mismo momento. No sé que fue de ellos, pero confío en que están juntos en algún lugar.

-¿Con la Princesa Yagami?- exclamó Maeno. - ¡Hay que hacer algo!

-Tengo razones para asegurar que la Princesa Yagami está de nuestro lado.

-¿Qué razones, joven Príncipe?- preguntó Shiratori, hablando por primera vez desde que había entrado. El resto de los presentes hicieron silencio al oír el solemne tono del anciano.

Yamato se perdió en sí mismo. ¿Qué razones? Se había dejado llevar y ahora estaba en una situación de la que difícilmente podría salir sin confesar todo. Su pausa se estaba alargando y notó que hasta sus propios generales se estaban impacientando. Lanzó a Ryo una mirada desesperada.

-Creo que el Príncipe ya ha dicho que tendremos explicaciones, y sin embargo... – comenzó Ryo. Los ojos de Yamato brillaron con furia. ¿Lo estaba traicionando? Akiyama sonrió con malicia.- aún no sabemos cómo es que llegó a esta zona...

Mientras el resto olvidaba la perdida explicación y empezaban a pedir una nueva, Yamato volvió a mirar a Ryo, y lo que vio en sus ojos no lo serenó.

-El Rey Izumi está muerto- dijo, interponiendo su voz sobre la de los demás, y el silencio se hizo presente.- No por mi espada. Y este es mi pedido- exclamó, y súbitamente, fue como si hasta los árboles dejaran de respirar.- Mi búsqueda de un culpable dirigió mis pasos hacia el Reino del Viento, y ahí, encontré una verdad totalmente diferente. Como ya he explicado a los miembros de mi Reino, el Rey Izumi no era más que un joven tirano demasiado inteligente, pero su inteligencia era tanta que no fue capaz de controlarla. Su Reino estaba disconforme con él y mi llegada fue el disparador para que la Resistencia se organizara. Ahora mismo están decidiendo un nuevo gobernante, y antes de que la mañana termine voy a traerlo a su presencia. No hay nada más que hacer acá, mis tropas van a retirarse, y recomiendo que las suyas hagan lo mismo.

-¿Retirarnos ante la perspectiva de un Reino indefenso?- preguntó Kazuo, riendo.- Ustedes pueden retirarse, pero estoy seguro que nuestro Reino tiene mejores planes...

-¡Esta Alianza buscaba la Paz!- gritó Shin, saltando de su asiento.

-Esta Alianza cree que el Rey debería darnos más explicaciones- dijo Ryo, adelantándose hasta quedar a centímetros del rubio. Yamato contó hasta diez, de lo contrario se habría abalanzado sobre él.

-Nuestro heredero ya ha dado todas las explicaciones que creyó necesarias- dijo Yutaka, calmadamente.- Y creo que le gustaría saber la opinión de Iwomuro Kurai, dado que él y no Ustedes es quien tiene la última palabra.

Todas las miradas se volvieron hacia él. El hombre no contestó enseguida. Paseó su mirada por todos los presentes, y luego de detenerse por incontables minutos en Ishida, se levantó y camino hacia la entrada.

-En lo que a mi respecta, nuestra prioridad es encontrar a nuestra Princesa. Si ustedes deciden ir a otra guerra, cuentan con mi apoyo, pero no con mi dirección. – Esas fueron sus últimas palabras antes de abandonar la carpa.

-Yo estoy de acuerdo con Iwomuro- dijo Kazuo.- Debemos retirarnos y encontrar a Sora. – Todos los miembros del Reino del Hielo parpadearon sorprendidos ante el cambio, y Monae & Maeno menearon sus cabezas sonriendo.

-¡¿Y que hay del Senescal¡¿Dónde se encuentra?!- gritó Ryo.- No recuerdo haber oído nada sobre él desde el momento en que llegamos.

-El senescal trató de asesinar a nuestro Príncipe- dijo Fujiyama. Al parecer esto sobresaltó a los demás, ya que habían olvidado su presencia. – Tuvimos que hacer lo que era necesario en estas circunstancias.

-Ese hombre siempre me dio mala espina- dijo Kazuo.- Vamos Akiyama, deja de protestar. Retiraremos las tropas- esta vez dirigiéndose a Yamato.- Y confío en que si recibe noticias de Sora, nos lo hará saber enseguida. Príncipe.- Esta vez no había sarcasmo en su voz, y para terminar de sorprender a todos, se arrodilló ante Yamato. El resto lo imitó, Ryo por último, luego de otra batalla de miradas.


-Necesitas ayuda?- Miyako sintió como el simple sonido helaba los pelos de su nuca, y cuando esa mano se posó en su brazo, sintió que las piernas le temblaban.

-Puedo hacerlo por mi cuenta, muchas gracias Ichijouji. Puedes retirarte a descansar, he visto que estás lastimado.- Contestó, su voz suave y segura.

-No estoy lastimado. Es sangre enemiga. En cambio tú, he notado que tienes un corte en el brazo.

-No es nada. Por favor, puedo ocuparme de mis ocupaciones por mi cuenta. No necesito de tu caridad.- Dijo fríamente, preparándose para el comentario sarcástico de su parte.

-Muchas gracias por salvar al Príncipe hoy.- Fue la respuesta de Ichijouji, soltó el brazo de la joven, y cuando ella giró sorprendida, él estaba arrodillado a sus pies.

-Ichijouji que estás- exclamó sorprendida y sonrojada, pero no pudo terminar por que él nuevamente estaba erguido y a escasos centímetros de ella. Se sonrojó notablemente al notar esa intensa mirada azul posada en ella con algo que no era odio.

-Mi deber, como miembro de la Guardia Real, es proteger al Príncipe de cualquier peligro. Y si no hubiera sido por tu rapidez, hoy... y no es la primera vez. Lo salvaste cuando estaba inconsciente y podría haber muerto, por lo que a nuestro conocimiento respecta. Y diste una buena pelea- susurró, por primera vez corriendo la vista avergonzada.

-Yo... Ken... – parpadeó, aún sin poder creer lo que acababa de acontecer. – Yo... estoy sin palabras... por primera vez en mi vida... – dijo, sonriendo. Ichijouji la miró y compartió su sonrisa.

-Podría ayudarte en algo? Si no piensas que voy a interrumpir tu trabajo, por supuesto.- Había un leve rubor en sus mejillas, y la joven pensó que se veía tan tierno...

-No... claro que no interrumpes. Un poco de ayuda es siempre bienvenida.- Sonrió, tal vez la primer sonrisa cómoda y alegre que le había dirigido.

-Me explicas lo que haces? En el castillo nunca tuvimos médicos lo suficientemente conversadores...

-ay, Ken! No soy médico... apenas una simple curandera... ahora, si me pasas esa planta de hojas azules... esa misma... bueno, lo que estamos haciendo... Ken, no muerdas eso!...

-Ahhh... el amor... – susurró Mimí, observando la escena escondida. – Tú- dijo, indicando a Iori quien descansaba contra una roca, limpiando su lanza. – Tienes que contarme. ¿Qué hay entre esos dos?


-Ryo! Tú... Maldito traidor!- gritó Yamato, abalanzándose sobre él. Takato y Jyou se apresuraron a intervenir. - ¡Después de todo lo que planeamos...!

-¡Matt espera un segundo!- exclamó Jyou, deteniéndolo por los brazos.- No sé de que planes hablan pero al menos déjalo explicarse!

Yamato se sacudió de su amigo y ocupó asiento en una de las sillas de la arruinada cena. La servidumbre del castillo había hecho un buen trabajo limpiando el lugar: solo algunas manchas de sangre permanecían.

Ruki se ubicó junto a Ryo, y Takato murmuró algo sobre Henry yendo a buscar a su padre. Presentaciones fueron hechas a Jyou enseguida.

-Kazuo y yo tenemos una leve... enemistad, digamos- comenzó Ryo, observando fijamente al rubio. – Es una persona extremadamente inteligente, pero eso no le impide tratar de llevarme la contraria.- Hizo una pausa.- Es un gran estratega y alguien que necesitas de tu lado.

-¡Tengo grandes estrategas¡Lo que necesito es que no me compliques el trabajo!- saltó, golpeando la mesa.

Henry ingresó con su padre en ese momento y ambos pararon en seco en la puerta.

-Yamato... no sé que acuerdo pudo haber habido entre Ustedes... pero Akiyama tiene razón. Kazuo Takenouchi es una persona demasiado importante y respetable, y lo queremos en nuestro equipo- murmuró Jyou. Cruzó miradas con él por un segundo.

-Kazuo es alguien demasiado importante en el Reino para ser pasado por alto. No es por nada nuestro próximo Rey.

-¡¿Próximo Rey¡¿De qué hablas¡¿Qué hay de Sora?!- esta vez explotó, parándose e instintivamente desenvainando su espada.

-Kazuo Takenouchi – comenzó Ryo, lentamente incorporándose- es el prometido de Sora Takenouchi.

Nadie pudo precisar cuando tiempo la mirada de Ishida permaneció tan vacía como sus labios, pero cuando volvió a hablar, todos notaron un nuevo tono en su voz, más blando y calmo.

-¿Dónde están Sora y Hikari?

Takato, Henry y Ruki intercambiaron miradas nerviosas.


El resto del camino transcurrió rápido y tranquilo, sin nadie gritando ni dirigiendo miradas de odio a algún otro miembro del grupo. Miyako no había podido hacer mucho para despertar a Takeru, pero al menos confirmó que dormía en paz, y un poco más de descanso lo llevaría a un tranquilo despertar.

Daisuke nuevamente dominaba la marcha, para pesar de la pelimorada, pero no hizo nada por quejarse. Iba tranquila, sonriente, sumida en sus pensamientos... y Mimí sonriendo tras ella y lanzándole miradas calculadoras a Ichijouji. Motomiya naturalmente no había notado nada, y caminaba hablando a los gritos con Ken y tratando de integrar a Iori en la conversación.

Su llegada al castillo fue silenciosa, pero se sorprendieron al descubrir que Seiya se encontraba esperándolos. Se movía con aire preocupado de una punta a la otra del salón, y por primera vez lo veían desaliñado.

-Sucede algo?- fue la primer pregunta preocupada del moreno, al apenas emerger de la pared.

-Daisuke, en realidad yo... qué le sucedió?- preguntó, moviéndose con agilidad hacia Takeru, quien era cargado por Ken.

-Está inconsciente nada más, en realidad creo que está durmiendo- contestó Miyako. – Ella es Mimí Tachikawa- Seiya no dirigió ni una mirada a la joven y se abalanzó sobre el rubio, recostándolo sobre sus rodillas. Mientras Miyako contaba entre titubeos lo que había acontecido, Iori pudo ver como las facciones del mayor pasaban de la preocupación a la incredulidad y luego se convertían en miedo. Y sus facciones eran tan... similares a las de Takaishi...!

-Takeru... Takeru, Tk... despierta… ya todo está bien. Ya no tienes que tener frío... nunca tendrás frío de vuelta. Ya todo está bien. Tk...- para sorpresa de todos, el pequeño abrió los ojos, de repente, casi como si les hubiera estado jugando una broma de mal gusto y hubiera decidido que ya era demasiado. Pero no pudieron ni siquiera sonreír, por que enseguida todos vieron como la furia se adueñaba de él al observar a Seiya.

-Tú!- gritó, alejándose.- Tú... sabía que eras tú! QUE HACES ACÁ?! QUE-

-Tk espera! Me parece que estás confundido!- exclamó, acercándose a él.

-MANTENTE LEJOS! NO TE ACERQUES MÁS! TÚ... Tú no debiste de haber vuelto... jamás... ALEJATE!- Miyako se tapó la boca con ambas manos y Mimí se abrazó a ella, asustada de ver al joven que le había parecido tan tranquilo cuando cuerdo, actuando de esa manera. Los demás chicos no sabían si intervenir o no, sorprendidos al ver a Takeru perder el control de esa manera, y temiendo que tal vez el golpe de Daisuke hubiera sido demasiado.

-Takeru que tienes?- preguntó Ken, tratando acercarse, pero el rubio se alejó aún más.

-Déjenme solo- susurró, y salió corriendo. Todos se miraron, consternados.

-Seiya tu sabes de que estaba hablando?- preguntó Daisuke.

-Estoy tan perdido como ustedes... – hicieron silencio.- Pero no hay tiempo que perder. Daisuke, tienes que saber todo lo que ha pasó mientras no estaban. Todos tienen que saber.

Continuara…

Notas: finalmente estoy subiendo este cap!!! Lo empecé apenas terminé el otro (casi siempre hago lo mismo…) y no lo podía terminar!!!! Encima se me borró una parte… craaaazy… pero acá esta!!! En el prox prometo va a haber algo mas sobre Hikari y Sora…

GRACIAS! Isfryd Beloved (cuando dijiste música, pensé te referías a si sigo escuchando el mismo tipo de. A mi banda ya no la tengo x q estoy en USA, y me pelee con ellas antes de venir. No quería seguir.), Chikage-SP, Hikari Yagami de Takaishi, Antotis, Kyoko-4ever, Estefi y L.I.T.. Gracias por leer y disculpen las demoras!!!

Ag