Resumen
5 reinos, una múltiple guerra con múltiples y cambiantes facciones.
Reino del Fuego
En alianza con el Reino del Hielo – en guerra contra el Reino del Viento. Su gobernante legal es Sora Takenouchi, por la muerte de sus padres, pero no puede acceder al trono por tener 19 años – la mayoría de edad es a los 23 años. En este momento se ha marchado con Hikari Yagami en alguna misión.
Al mando se encuentra el consejero de su madre, Iwomuro Kurai. No es apreciado por Sora.
Otros miembros del Reino:
Ryo Akiyama – amigo de la infancia de Sora. General Mayor. Conspirando junto con Yamato, en ausencia de la princesa.
Kazuo Takenouchi – primo y prometido de Sora. Primer Capitán. Enemistado con Ryo. Él y Yamato usan este hecho para que dé su apoyo a Yamato.
Mogawa Shiratori – General de las Caballerizas. El más anciano de todos y por ende el más respetado.
Monae Kuriko – siempre viste de rojo. Capitan de las tropas a pie.
Maeno Kuriko – hermano gemelo de Monae. Siempre viste de azul. Capitán de las tropas a pie.
Iori Hida – habita en el Reino de los Humanos pero afirma pertenecer al Fuego. Se desconoce la veracidad de esta afirmación.
Reino del Hielo
En alianza con el Reno del Hielo – en guerra contra el Reino del Viento. Su gobernante legal es Yamato Ishida, por la muerte de sus padres, pero no puede acceder al trono por tener 19 años – la mayoría de edad es a los 23 años. En este momento está complotando con Ryo y Jyou Kido para mandar a las tropas a sus casas y que dejen de hostigar al ahora inocente Reino del Viento.
Al mando se encontraba el Senescal Maneta (Senescal Manco), pero fue asesinado por Yamato. Ahora él está tratando de conseguir el respeto de sus tropas para eregirse como gobernante.
Otros miembros del Reino:
Takeru Takaishi – hermano menor de Yamato. Enamorado de Hikari Yagami. En este momento acaba de volver al Reino de los Humanos, luego de una frustrada misión en el Reino del Trueno, a donde fue a buscar a Hikari (que, aunque él no lo sabe, se encontraba con Sora en el Reino del Viento).
Jyou Kido – Médico Real, comanda tropas especiales, mejor amigo de Yamato Ishida. Ayudándolo a recuperar la confianza de sus súbditos.
Shin Kido – hermano de Jyou, comanda tropas especiales junto con él.
Akira Kirayama – General de las caballerizas
Takashi Kiruro – Capitán de las 1ra división
Yutaka Triken – Capitán al mando – estos últimos tres son amigos de Yamato y lo apoyan en cualquier decisión.
Cleo Fugiyama – Consejero Segundo. Hombre tímido y asustadizo, acostumbrado a contar con Maneta y con el padre de Yamato. Con la muerte de estos dos, se encuentra como único 'hombre adulto responsable' entre un montón de adolescentes.
Reino del Trueno
Por el momento, el único Reino de cuyas intenciones aún se dudan. El Rey sigue vivo pero sus súbditos han comenzado a dudar de él, luego de descubrirlo tratando de ahorcar a Mimi Tachikawa y lanzando exclamaciones contra su desaparecida hija, Hikari Yagami. Su consejero, Yöjiro, ha sido eliminado por Takeru y cia., y han robado el anillo que le permite a Hikari utilizar sus poderes.
Otros miembros del Reino:
Hikari Yagami – heredera legal por la desaparición de su hermano. Enamorada de Takeru Takaishi. Se ha marchado junto con Sora. Quiere desterrar a su padre, ya que no le gusta en quien se ha convertido.
Taichi Yagami – hermano de Hikari. Desapareció cuando ella era una niña, y ahora ha mágicamente aparecido en el Reino del Viento como asesino personal del príncipe Izumi. Es apresado por Ryo y Sora y Hikari lo manda a asesinar, luego de no reconocer nada en él del antiguo chico al que amó con locura.
Mimí Tachikawa – hija de un importante empresario. Enamorada y comprometida con Taichi Yagami hasta la desaparición de éste, luego va a buscarlo al Reino del Viento y la comprometen con el príncipe Izumi, hasta que éste asume el trono y empieza a cambiar. Sumado a la aparición de este extraño Taichi, Mimí se marcha al Reino del Trueno a hablar con el rey pero es ignorada por este. Miyako y cia. Van a buscarla y con su ayuda logran dejar al descubierto la verdadera personalidad del Rey.
Miyako Inoue – dama de honor y mejor amiga de Hikari Yagami. Pasado tormentoso. Es 'raptada' por esta cuando ingresan al calabozo a rescatar a Daisuke Motomiya. Consigue respeto por sus dotes como curandera, luego comienza a entrenar con Iori Hida. Se compromete con su odiado – por momentos – Ken Ichijouji para salvar a su amiga de tener que hacerlo.
Reino del Viento
Gobernado por Koushirou Izumi hasta que éste fue asesinado por Sora, Yamato y la Resistencia que se formó para escapar de su tiranía. También es asesinado el Senescal, padre de Ruki Makino, y Taichi Yagami, quienes eran sus principales apoyos. El resto del Reino solo quiere vivir en paz y elegir otra familia gobernante.
Otros miembros del Reino:
Ruki Makino – forma parte de la Resistencia. Brillante estratega. Novia de Lee Wong.
Lee 'Henry' Wong – forma parte de la Resistencia. Tiene un estilo peculiar de pelear. Novio de Ruki Makino.
Suichon Wong – dulce y tierna hermana menor de Lee. Apartada de complotaciones y demás por ser muy chica.
Satoshi Wong – padre de Lee y Suichon. Consejero Segundo, no forma parte de la Resistencia pero tampoco estaba de acuerdo con el Rey.
Takato Matsuda – miembro de la Resistencia.
Reino de los Humanos
Único Reino que no posee poderes. El heredero del trono es Daisuke Motomiya, pero al ser secuestrado por el Reino del Trueno, su cargo fue momentáneamente ocupado por su tío Nabuko. Yamato, Takeru y Hikari son enviados a rescatarlo para demostrar su valía.
Otros miembros del Reino:
Seiya – consejero de Nabuko. Guarda un extraño parecido con Takeru, y este de repente parece haber decidido no confiar en él. Asesina a Shinji por descubrirlo manejando a Nabuko por medio de la nigromancia.
Shinji – consejero de Nabuko. Odiado por todos, menos por él. Seiya lo asesina.
Ken Ichijouji – fenomenal guerrero. Comprometido con Miyako Inoue, a quien no puede terminar de odiar.
Osamu Ichijouji – hermano de Ken. Muere protegiendo a Hikari – aunque Takeru tiene la teoría de que quedó ciego por culpa de Ken. Es por eso que Hikari se ofrece como prometida del menor de los Ichijouji.
Hirokazu – guerrero. Novio de Juri.
Kenta – guerrero.
Juri – doncella. Amiga de Hikari. Novia de Hirokazu.
En este momento, los grupos se encuentran así: Hikari y Sora se han marchado con rumbo desconocido; Yamato, Jyou, Ryo, Takato, Lee y Ruki están tratando de mandar a los Reinos del Fuego y Hielo de vuelta a sus tierras y de conseguir la estabilidad en el Reino del Viento; Miyako, Ken, Takeru, Iori, Daisuke y Mimí acaban de regresar del Reino del Trueno, luego de asesinar al consejero, poner en duda los planes del Rey y de recuperar el anillo de Hikari. A último momento fueron rescatados por poderosos truenos, lo que los hace pensar que efectivamente Hikari se encontraba ahí. Nabuko ha sido apresado por sus propios guardias luego de que este tratara de mandar a matar a Seiya por el asesinato de Shinji.
La Guerra de los mil años
30
-Pronto comenzará a llover- susurró Hikari. – Sin truenos- agregó con una débil sonrisa, ante la mirada preocupada de la pelirroja. – Aún así... es mejor para nosotros, querida amiga...
Sora sonrió ante el repentino aumento de confianza y alegría de Yagami. Demasiada tristeza y dolor acumulados... llega un momento en que solo te queda sonreír para evitar enloquecer o quedar inutilizada... durante las largas horas de la noche que duró su recorrido, habían evitado hablar sobre Taichi o sobre sus planes futuros. Para este momento seguramente la cabeza de su pobre amiga estaba sintiendo dolor e intensas ganas de explotar, pero por supuesto, una sonrisa era siempre la mejor solución.
-¿Tenemos algún plan?
-Sí. Cúbrete la cabeza- Sora escondió sus fuertes cabellos de fuego bajo una capa y observó que Hikari hacía lo mismo.- Ahora sígueme. Mira hacia el piso y nadie te prestará atención, pero si llegas a centrar la mirada en alguien, ten por seguro que te reconocerán como extranjera, y en el peor de los casos querrán hablarte. Déjame la charla a mí. Por la falta de acento, no por que crea que no puedas hacerlo bien – se apresuró a agregar, pero Takenouchi estaba demasiado preocupada para molestarse por eso.
Así disfrazadas y por un camino paralelo que llegaba del bosque, ambas Princesas se adentraron en la Ciudad del Trueno, al mismo tiempo que una sutil llovizna comenzaba a mojar las ya húmedas calles de tierra de la capital. Por el rabillo del ojo, Sora notó como nadie se inmutaba por la lluvia y todos proseguían con sus quehaceres. Tal como en su tierra, donde a muy pocos ciudadanos les afectaba el calor de las áridas estepas y cañones.
Logró sonreír, por sobre su preocupación. Tal vez era por un par de ojos azules en los que no había dejado de pensar, o tal vez por que al fin, luego de tanto tiempo, tenía la sensación de estar bien encaminada y el tan llamado 'instinto femenino' la instaba a seguir adelante, siguiendo los pasos de la castaña.
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-Cómo está Tk?- preguntó Daisuke, apenas Miyako puso pie dentro de la sala. Ken la observaba, parado detrás de él. La joven se sonrojó antes de contestar.
-No quiere abrir la puerta. Me pidió que lo dejara solo. No quiere saber nada, ni de Hikari, ni de Seiya... dijo que le avisemos si Yamato o Sora vuelven... no quiere comer hasta entonces. – los jóvenes se miraron preocupados.- Qué has hecho con Seiya?
-Lo encerré – Miyako abrió la boca, sorprendida-. Le estoy agradecido por haber matado a Shinji... en realidad es solo una fachada... ideada por Ken. Explícale.
-Si Daisuke actúa como si Seiya fuera nuestro enemigo, obtendremos la confianza de Nabuko, que seguro tiene mucho que contar, y de paso lograremos que Takeru salga de su encierro y nos explique qué le sucedió. De paso, los guardias y todos en este Reino se darán cuenta de a quien hay que obedecer ahora. Verán que hay un peso fuerte en el trono, digamos. Necesitamos que lo sigan ciegamente.- Miyako sonrió.
-Eso es muy inteligente, Ken- Ichijouji se sonrojó.
-Gracias... Yolei.
Las puertas volvieron a abrirse e ingresó Nabuko, bañado y devuelto a sus ropajes imperiales.
-Sobrino! – exclamó, y se apresuró a abrazarlo. – Te agradezco que me hayas sacado del calabozo. Pero te fuiste sin mi consentimiento!
-¿Y por qué necesito tu consentimiento?- preguntó. Nabuko se detuvo, sorprendido.
-Bueno, Davis, en ausencia de tu padre yo soy... el Rey... – murmuró, dubitativo.
-Pero ahora he vuelto, y puedo ocupar mi trono- dijo, irguiéndose. Al ser más alto que su tío, éste tuvo que contentarse con mirarlo desde abajo.
-Daisuke- dijo su tío, luego de haber corrido la mirada.- Este... voy a decirte esto directamente.
-Por favor – pidió, aún parado.
-Tu eres solo un niño. Tienes 16 años, no puedes pretender... dominar un Reino! Menos en esta época de guerras, complots y asesinatos, no tienes experiencia, no tienes... Davis ni siquiera tienes Consejeros!
-Tu tampoco tienes consejeros. Shinji está, afortunadamente- recalcó-, muerto, y Seiya encerrado. Ken Ichijouji aquí presente es mi Consejero. Tiene el IQ más alto del Reino, sabías?- Nabuko enmudeció, sorprendido. Ken y Miyako miraron a su amigo sin terminar de entender. – También poseo excelentes contactos y relación con el Reino del Fuego, del Hielo y del Trueno. Con solo mover un par de piezas más en el ajedrez ideado por mi inteligente consejero y su útil novia – Ken y Miyako volvieron a enrojecerse -, todo este problema de la inacabada guerra de los 1000 años o como quieras llamarla, puede terminarse casi sin derramamiento de sangre. – Nabuko no lo interrumpió.- Mejor me das mi corona y mi trono ya, sin ceremonia ni nada. Ya habrá tiempo para eso. Si te niegas, querido tío, deberás ser encarcelado por haber trabajado con un nigromante. Esas prácticas están prohibidas en nuestro Reino según la ley número 23.876 inciso 3.
-Seiya quemó las habitaciones de Shinji! Jamás podrá demostrar lo que dice!- Daisuke sonrió y miró a Miyako, quien se alejó corriendo. – Por favor siéntate, tío. Esperemos a mi amiga.- Nabuko obedeció, pero apenas se vio libre de la influencia que la altura de su sobrino causaba, comenzó a hablar rápidamente.
-Por favor Daisuke, reconsidera! Esto que estás haciendo no tiene sentido, no puedes conseguir el apoyo de los ciudadanos solo con
-El apoyo de tus propios guardias, ya has perdido. Ellos eligieron a Seiya.- Nabuko hizo silencio, sorprendio, y en ese momento ingresó Miyako sosteniendo una bolsa transparente entre sus manos.
-Esto fue extraído de la tumba de Shinji- dijo, mostrando lo que parecía ser un pedazo de tela destruida.- Lo hemos analizado y contiene una mezcla de cianuro con yodo, que es solo utilizado en la magia negra. Ken-San ha investigado y hay solo un lugar en el mundo donde puede conseguirse, y es en las mesetas del Reino del Fuego, donde tenemos entendido que Shinji cumplió una corta temporada en su juventud, 'estudiando'.
-Miyako ha sido muy inteligente al poder identificar y separar los componentes de la tela y de la poción que se derramó sobre ella – dijo Ken, sonriéndole tiernamente.
-Davis...
-Tío, no tienes opción. Desde este momento yo, Daisuke Motomiya, reclamo y obtengo el trono que me pertenece.
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Takenouchi observó intrigada como su amiga se detenía frente a una casa que lucía tal como las otras, sin nada que a sus ojos la hiciera especial. Linda casa, seguro, con un arreglado jardín delantero, un balconcito y una enredadera que subía hasta el segundo piso y le recordaba a su antiguo castillo... sobre el cual era preferible no pensar en estos momentos.
-¿Ves a alguien cerca?- preguntó Hikari. Negó con la cabeza.- Ya puedes hablar.- Asintió, y en seguida se sonrojó por su acción. Yagami le sonrió.- Sígueme... y antes de que preguntes, tengo un plan que no sé si funcionará.
Rodearon la casa y Hikari se colgó con gran maestría a un balcón, por el que llegó a una puerta disimulada tras las espesas matas de enredadera. Sora la siguió.
-Sora, no sé si habrá alguien aquí... pero no puedo demorarme más! Tenemos que intentar – dicho esto dio tres ligeros golpes a la puerta, seguidos de otros dos más. Pasados unos cinco minutos, todo seguía en silencio.
-Kari, que pasará si alguien nos ve acá? Esto no es... invadir propiedad ajena? – Yagami lo meditó antes de contestar.
-Tan solo... – volvió a repetir el llamado. La lluvia comenzó a intensificarse.- Sora... tu puedes... controlar el Fuego sin tu anillo, cierto?- la pelirroja asintió e, inconscientemente, se tocó el dedo en que en otra época había usado el anillo con el orgulloso escudo de su Reino. – Cómo lo haces?
-Me concentro. No lo sé... el poder está en mí. Simplemente...
-Eres muy fuerte Sora... todo un ejemplo a seguir.- Takenouchi sonrió y acarició los cabellos de su amiga.
-Tu también eres fuerte. Nunca te caes. Ahora podrías estar sufriendo por haberte despedido de dos de las personas a quienes más querías – refiriéndose a su hermano y a Takeru- y en vez de eso estás acá, en tu Reino. Yo, personalmente, no sé cuando me tomaría volver a poner un pie en las áridas mesetas de mis tierras. – Hikari repitió el llamado, nerviosa.
-Cuando sea el momento... simplemente lo harás. Y tú, Sora, acabas de soportar despedirte de tu amigo Ryo, descubrir que tus tropas no confían en ti... recuperar y perder a Yamato – Sora se sonrojó, sorprendida por lo perspicaz que podía ser su amiga. En ese momento la puerta se abrió, y una mujer de platinados cabellos rubios e intensa piel bronceada las observó.
-Hikari? No puede ser! – gritó, y rápidamente las arrastró dentro.
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Yamato y Jyou se observaron silenciosamente largo rato, hasta que el primero bajó la vista.
-¡Aún no sabes que vas a hacer! – exclamó su amigo, molesto.
Ishida hizo silencio unos minutos más, mientras Kido paseaba nervioso de un lado a otro de la carpa.
-Voy a improvisar – dijo por último, y sin darle tiempo a responder, salió disparado por la puerta.
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-Les traje pan, galletas, manteca y agua- sonrió la mujer.- Siento no tener nada más digno de una Princesa, pero no quiero despertar sospechas en mi marido por la súbita desaparición de comida, que naturalmente yo no ingiero – y dio una vuelta, exhibiendo su figura. Sora la miró extrañada y Hikari sonrió.
-La misma de siempre, mi querida Momoe... – murmuró.
-No, Kari, no la misma de siempre... – su rostro se ensombreció.- Que ha pasado? Dónde has estado? Que puedes decirme de mi hermana? – al no recibir una respuesta inmediata, continuó- . Las cosas no son las mismas por acá... se nos está escondiendo información, y cada vez son más los ciudadanos que lo están notando... hasta Mimí estuvo por aquí!
-¿Continua en el Reino?- preguntó Yagami, limpiándose los labios.
-Dicen que se ha ido... así como, para ella, tu te has ido 'de vacaciones'...
-Explícate – Hikari levantó la vista, interesada, pero encontró a Momoe observando fijamente a Sora, que permanecía callada en un rincón. – Aún no las he presentado. Lo siento – Sora dejó caer su capucha y Momoe, al ver su intenso pelo rojizo, dio un paso para atrás. – Por favor no te asustes! Ella es, efectivamente y como estás pensando, Sora Takenouchi del Reino del Fuego, pero es mi amiga – dicho esto apoyó una mano sobre su brazo.- Sora, ella es Momoe Inoue, hermana de mi dama de honor y mejor amiga, Miyako. Te he hablado de ella- Sora asintió.- Miyako está sana y salva en el Reino de los Humanos. Ya te lo explicaré todo – agregó, ante el desconcierto de la mujer. – Pero primero, por favor, ponme al día de lo que ha sucedido por aquí.
Momoe volvió a tomar asiento, sonrió a Sora y luego volcó toda su atención en Hikari.
-Ha sucedido tanto, que no sé por donde empezar... – suspiró. – Bueno... el castillo es un desastre, ahora... primero te encarcelan, luego dicen que te raptaron, después que te mandaron de vacaciones... se descubre al Rey tratando de ahorcar a Mimí y blasfemando contra tu persona, Yöjiro es asesinado... – Hikari sonrió ampliamente – Kari, siento tener que disminuir tu alegría, pero su muerte no ha cambiado en nada los planes malvados de tu padre...
-¿Cuáles son los planes malvados de mi padre?
-Honestamente... creo que ni él lo sabe. Kari él... ¿cómo te digo esto?... – titubeó, y miró a Sora buscando ayuda.
-Solo dilo – dijo ella.
-No es el mismo. Si viniste a negociar con él, a tratar de encontrar en él rastros de quien alguna vez fue... la ambición puede ocasionar cambios grandes e irremediables en una persona... y Yöjiro supo alimentarla muy bien... – suspiró nuevamente. – Me animaría a decir que tu padre cree que los demás reinos están en contra suya y que quieren derrocarlo o algo... por ende, quiere destruirlos y anexarlos a su poder... está esperando que la alianza Fuego-Hielo destruya al Viento y luego Fuego-Hielo se destruyan entre ellos... es todo tan... desastroso!- exclamó- Si lo piensas detenidamente, nada tiene sentido, nadie sabe a donde está yendo ni qué está sucediendo por que todos están ocultando información... todo lo que se está iniciando son proyectos autodestructivos y sin futuro... Hikari si tan solo tu... – se calló y observó al suelo.
-Si tan solo yo... que?- preguntó. – Momoe por favor solo... habla!- la joven levantó la vista y la miró largamente.
-Si tan solo tu pudieras ocupar tu trono! Ser sincera, ser... ser la Luz que este Reino, que este Mundo necesita...!- se interrumpió al ver como el semblante de Hikari se congelaba en una mueca indescifrable.
-Eso significaría tener que matar a mi padre- dijo, con un tono increíblemente neutral, que no dejaba entrever para nada lo que opinaba al respecto.
-Lo siento, no quiero que...
-Creo que es... lo más... lastimosamente... – Sora y Momoe la miraron, nerviosas- inteligente, que he escuchado últimamente...
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-El discurso que preparaste para Davis fue muy ingenioso y preciso – murmuró Miyako, apareciéndole por la espalda a Ken. Los pelos de la nuca se le pararon en punta.
-Si hubiera tenido un arma en mis manos, en este momento... – dijo, girándose y observándola- Tengo reflejos rápidos, Yolei. Deberías no intentar sorprenderme. – Ella sonrió, y él se sonrojó.- Muchas... gracias. Con el tiempo él... podrá hacerlos por su cuenta y eso...
-Si... ya lo veo... Daisuke estudiando las leyes del Reino... – se sentó en la cama de su prometido y lo observó inocentemente, notando como el desconcierto y el nerviosismo del joven comenzaba a crecer.
-Volviendo a lo nuestro... no más sorpresas... – dijo, dándole la espalda.
-No creo que puedas lastimarme- Ken giró asombrado y se encontró frente a frente con ella, sonrojada y sonriéndole. Él agachó la cabeza, confundido.
-Yolei yo...
-Nada, no importa – sonrió. – Es... muy raro esto – esta vez fue ella quien corrió la mirada. Estaba descubriendo a un Ichijouji tímido y que se inhibía fácilmente.
-No sé como paso, pero... – esta vez fue él el que se sentó, y agarrando una de sus manos la obligó a mirarlo – yo.. solo... – hizo silencio, y ella lo miró nerviosa.- Me doy cuenta que no quiero lastimarte... nunca más.
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El desastre y la confusión que había afuera era peor que el que hubiera habido si hubieran perdido la guerra. Aunque inciertamente, ya todos sabían que Yamato Ishida había aparecido con vida, y que habían cesado el ataque al Reino del Viento y que se retiraban. Por un lado había obedientes soldados ordenando sus pertenencias, alimentando a los caballos para el viaje, desarmando carpas y arreglando destrozos, y por otro lado había grupos de soldados aún disconformes, intercambiando información con sus compañeros del otro Reino, reacios a creer rumores por más reales que sonaran...
Algunos lo describen como una aparición. Otros, aún no terminan de decidir si pasó o no. Los menos, quieren decir que fue solamente un joven rubio, caminando hacia su caballo. Pero la verdad de la historia, es que el porte y la fuerza de Yamato, del Príncipe Ishida, en esa su primera aparición pública, quedó grabada dolorosamente hasta en las almas de los soldados del Reino del Fuego. La gracia con que ignoró a Kazuo cuando le gritó 'Ishida, pareciera que algunos de tus soldados aún no te aceptan!', la determinación con que saltó a su caballo y la frialdad con que lo espoleó hacia el agua. La tibia sorpresa, inusitada locura que le atribuyeron, cuando lo vieron a todo galope ingresando en las tormentosas y ventosas aguas del río, el arrojo que demostró en lo que todos pensaron era un suicidio planeado y meditado.
Ni siquiera sus amigos pudieron correr en su ayuda, paralizados como estaban, cuando vieron lo imposible que era para él manejar a su animal, que se debatía por su vida y contra él, acorralado por la corriente y las rocas. Cual una fría aparición lo vieron emerger, su exquisito animal siendo arrastrado inexorablemente por la fuerza del río y él, mojado, desenvainó su espada y caminó hasta el centro del campamento.
Fue de esos momentos en que, si realmente hay viento, vida, movimiento, si efectivamente el mundo sigue su curso, nadie llega a notarlo.
Yamato Ishida demostró que no tendría piedad, que quien quisiera hacerle frente sería engullido con una fuerza demoledora. Yamato Ishida, el Rey, había hecho aparición.
Continuará...
