CHAN! Volví! Así de improvisto! Tengo que darle un fin a esta historia, no me parece correcto.

En el cap anterior hay un resumen de los personajes; ahora, les recuerdo de que trataba esta historia!

-Cinco Reinos en guerra desde hace mil años por una supuesta travesura amorosa de los Reinos del Hielo y Fuego (hipótesis que rápidamente se descartó en el transcurso de la historia). Pasados mil años, en un intento de resolverlo en el Reino del Trueno, el Viento les tiende una emboscada que luego es aprovechada por el Trueno para apresar a las clases gobernantes y "hacerse con el poder" (acá, todos los grandes son malos!). Hikari se opone y escapa del Reino junto a Takeru, Yamato y Sora; terminan en el Reino de los Humanos, quienes los envían a buscar a Daisuke. En el trayecto conocen a Ken y a Iori, y "secuestran" a Miyako.

Mientras tanto, Sora se escapa y se une en una misión suicida con el desaparecido Taichi. Yamato escapa a buscarla, luego Hikari a buscar a ambos; Miyako se casa con Ken para salvar a su mejor amiga, y ambos junto a Takeru, Iori y Daisuke marchan nuevamente al Trueno a buscar a Mimí y – en teoría- a buscar a Hikari.

Mientras tanto, Sora conoce y se enfrenta a Koushirou, quien es matado por Taichi. Yamato aparece para defenderla del lujurioso Yagami, junto a Ruki, Lee y Takato, quienes planean una Revolución en el Reino del Viento. Hikari arriba a la escena.

Luego de una conversación con su hermano, lo manda a matar. Yamato busca a su amigo Jyou y busca convencer a sus tropas de que lo tomen como Rey. Así, tanto las tropas del Fuego como del Hielo se retirarían de la guerra contra el Viento.

Mientras tanto, Hikari y Sora se escapan para ir al Trueno a que Hikari reclame su trono.

El grupo de Takeru rescata a Mimí, esta les cuenta de la locura de Koushirou y de la aparición de Taichi. Daisuke reclama su trono. Takeru sufre un desmayo y al despertarse acusa gravemente a Seiya (Seiya ha matado a Shinji – leer resumen del cap anterior).

Mientras tanto, los ahora separados Takeru y Hikari entablaron una relación, Miyako y Ken comienzan a llevarse mucho mejor, y Sora y Yamato intentaron tener algo, CLARO antes de que Matt se enterara de que Sora TENÍA UN PROMETIDO ESCONDIDO!

Más o menos ahí estábamos

La Guerra de los Mil Años

31

-No tengo un plan Sora. No tengo un plan, Momoe. Y no lo voy a hacer. Desde este momento, que nos guíe la improvisación. Y la improvisación comienza con tu marido.- Dicho esto, y sin dar tiempo a nadie a reaccionar, Hikari se apresuró puertas abajo. El General se mandó el susto de su vida, al ver en ropas de montar, a la Princesa perdida en el living de su casa. Tras ella llegaba corriendo la Princesa del Fuego, inconfundible por el color de sus cabellos, y su hermosa mujer. El esposo de Momoe no atinó a decir nada. Solo pudo observar.- ¿Qué es esta reacción? ¿Es manera de recibir a tu Soberana? ¿O ya no lo soy, acaso?- Hikari no debió terminar de decir esta frase. Ya él se encontraba postrado a sus pies, abrazándola.

-Lo siento Princesa. Temíamos que estuviera muerta. Usted es y será siempre nuestra Soberana.- Yagami sonrió y lo obligó a pararse.

-Esta reacción, ¿podré conseguirla en el resto del Pueblo? ¿Al menos en un sector lo suficientemente grande, que me acompañe a derrocar a mi padre?- el General dudó.

-Princesa, la única manera es intentarlo. La acompaño. Pero antes, por favor, vístase como Princesa. Muchas veces, sobre todo para las clases menos ilustradas, el respeto entra por los ojos; perdone la falta de respeto hacia Su persona. Pero mientras no estuvo se han dicho cosas y- Hikari lo interrumpió.

-Momoe, ¿tienes algo para nosotras dos? A Sora le queda precioso el color verde.

-¿Cuándo te convertiste en "la persona con el IQ más alto del Reino"? - preguntó Miyako, justo al oído de su prometido. Éste se tomó unos momentos antes de contestar. Ambos yacían recostados en la amplia cama de Ichijouji, la cual ahora se encontraba junto a los Aposentos Reales, y tal como exigía la situación, era un dormitorio para un futuro matrimonio.

Finalmente, luego de un suspiro que no pasó inadvertido, contestó. "Cuando falleció mi hermano".

-¡Ken, lo siento, lo siento mucho!- exclamó su prometida, escondiendo su cabeza en un abrazo. – Soy tan tonta, ¡no lo puedo creer!

-Ey- dijo suavemente el peliazul, y la obligó a mirarlo.- Estamos comprometidos, en breve vamos a casarnos. Tenés derecho y hasta la obligación de preguntarme todo lo que quieras saber. Y yo voy a hacer exactamente lo mismo.

Miyako miró largo rato al techo antes de hablar.

-Sos un hombre de pocas palabras. Yo no. ¿Seguro estás de acuerdo con que te haga preguntas?

-Por supuesto – contestó, con seguridad. La abrazó. Cada vez disfrutaba más ese gesto. Esa joven se estaba volviendo una adicción. Propia y personal. Y saludable.

-¡Bingo! – exclamó esta vez Miyako, con una gran sonrisa. – Bueno, contame tu historia. Todo. ¿Todo eh? ¡No es necesario que escatimes en detalles!

-¿No te parece que tenemos toda la vida para que te cuente eso? – preguntó divertido, pero enseguida el rostro dulce de Inoue se entristeció. – Lo siento, no quise rechazarte… te cuento – agregó rápidamente, deseoso de volver a ver su sonrisa. La cual no tardó en llegar. – Básicamente, y solo utilizo este adverbio porque estamos en medio de una guerra y el tiempo justo no es lo que nos sobra, mi historia es esta: familia noble, siempre cercanos a la realeza; padre gran General, hasta su retiro, hermano Osamu genio de la lucha y mejor soldado de la clase. Yo, su hermano.

-¿Cómo "su hermano"? ¿Qué quiere decir eso? ¿Esa es la primera presentación formal que haces ante tu futura esposa? – preguntó, algo decepcionada, pero divertida ante la libertad de poder preguntar y repreguntar a piacere.

-Lo siento- volvió a decir. Silencio. – Lo que quiero decir es que en mi casa, en el castillo, en la ciudad, siempre fue todo sobre Osamu. Él siempre fue el joven inteligente, atlético, el luchador, el simpático… el prometido de la Princesa Jun. Yo siempre fui su hermano. Nunca destaqué por ser inteligente, por ser atlético, por ser luchador, mucho menos por ser simpático. – Inoue sonrió. – Por lo menos puedo decir que ahora destaco por tener a la mejor prometida del reino, ¿cierto?- y con esto, la besó suavemente. Miyako se sonrojó, por el gesto inesperado, y por la dulzura. Era lo más dulce que le había dicho en todos estos días.

-También sos el más dulce- dijo ella. Y no lo dejó interrumpir. – Y también sos el más inteligente, el más atlético, el mejor luchador, y por supuesto el mejor prometido – y ahora fue ella quien lo besó. – Y no creo que eso sea algo nuevo, creo que siempre fue así. Y sé que Osamu lo pensaba, porque se lo dijo a Kari. – Ken la miró sorprendida. – Pero eso tendrás que hablarlo con ella cuando vuelva, seguro va a querer contarte. Guarda en alta estima a tu hermano.

-Si, sobre eso… le debo una enorme disculpa. La ataqué sin razón, sin conocimiento de causa. Me informé, ¿sabés? – esto no sorprendió en lo más mínimo a su prometida, quien ya había escuchado interminables relatos sobre las ansias de informarse que poseía el joven. – La cascada, en la que yo tiré a mi hermano; cuentan las leyendas que enceguecía a quienes se bañaban en ella. Yo soy el causante de la muerte de mi hermano. Y todavía no se lo conté a mis padres… - añadió, con un suspiro. Yolei se aferró a él aún más.

-No sos el causante de nada. Las cosas pasan. Las tragedias pasan. Y la vida sigue, y uno tiene que seguir con ella. No podés dejar que te pase por encima. Cuando estés listo, vamos a ir juntos a ver a tus padres; vas a hablarles de Osamu, y vas a presentarles a tu prometida, quien les va a caer tremendamente bien por ser una persona tan dulce, simpática, divertida, y con tanta alegría para repartir. – Esto último lo dijo en un tono divertido que no pasó inadvertido para el peliazul.

-Lo de alegría para repartir, seguro, lo otro… no sé- Miyako lo golpeó divertida. - ¿Y vos? ¿Cuál es tu historia? – el ensombrecimiento de su rostro no pasó desapercibido para Ken, quien se preocupó y se incorporó. Ella yacía acostada, derecha, boca arriba, mirando hacia un costado, evitando el cruce de miradas.

-Mi historia es un poco más complicada… si creo que podemos y debemos contarnos todo; solo te pido por favor que me des algo de tiempo. No por falta de confianza – agregó rápidamente-, solamente porque son cosas que no me gusta recordar. Pero vas a saber todo, te lo prometo. Quiero que esta relación esté llena de momentos felices- dijo, sonriendo. Él le sonrió. La encontraba hermosa. Y la palabra para describirla era esa: adicción.

-Por supuesto mi amor, todo lo que vos quieras – a Yolei le sorprendieron muchísimo las palabras escogidas por su novio, y sobre todo el hecho de que la mirara a los ojos mientras lo decía. Él la besó, y ella correspondió, y enredó sus manos en sus cabellos azules y lo atrajo hacia si misma. Rodaron por la cama. Toda una pareja de jóvenes enamorados.

-Cuando te conocí me molestaba tu pelo- dijo, interrumpiendo el beso.- Mucho. Pelo azul, ojos azules, ¿Qué es eso? ¿ansias de combinar? Me parecía muy extraño. Pero ahora sé que yo también tengo pelo violeta, y eso seguramente es más extraño, ¿no? Es porque somos tal para cual.

Ken comenzó a reír y volvió a abrazar a su adicción. La guerra tenía que terminar pronto, había que traer paz al mundo, y todo eso, para que él pudiera dedicar el resto de sus días a aconsejar a su mejor amigo y a abrazar y escuchar el sonido chillón de esta mujer.

-Te quiero, Yolei. Te quiero mucho.

-Yo te quiero más. ¡Yo empecé a luchar para demostrarte que me importás!- sonrieron, y continuaron su adorable jugueteo.

-Ryo- el castaño se sobresaltó, no estaba acostumbrado a ser sorprendido, y sabía que eran pocas las personas que podían hacerlo. Y esta era una de sus personas menos preferidas.- Las tropas del Hielo están emprendiendo la marcha. El Principito ha hecho una actuación magnífica. Toda una obra de teatro. Y sacrificó a un hermoso caballo.- Dijo Kazuo, sin ninguna expresión en su rostro.

-Sin dudas, una vez llegados al Reino se convocará al Consejo y se le otorgará la plena conducción del Reino, aunque sea como una medida excepcional por tiempo de Guerra. Cuando aparezca Sora podemos hacer lo mismo por ustedes.- A Ryo le entristecía pensar que su mejor amiga fuera a casarse con él. Pero a ella no. Y eso era lo que importaba. Odiaba que para el amor no hubiera reglas.

-¡¿A qué te refieres? ¡Tenemos leyes, las leyes están hechas para algo, hay que cumplirlas! Ya tenemos un Soberano; que los hielinos hagan lo que les plazca, nosotros vamos a actuar como es debido. – Kazuo sonaba realmente enfadado. Esto enfadó aún más a Ryo.

-No es lo que quiere Sora. El trono es de ella. Y tuyo. Les corresponde. No le corresponde a ese hijo de pta de Iwomuro. Sora jamás lo quiso. Si estuvieras tan enamorado de ella como predicas, ¡deberías entenderlo y apoyarla!- casi gritó, y luego recordó serenar su tono, ya que si era oído habrían grandes problemas.

-¡¿Qué sabes de Sora?- esta vez fue Kazuo el que gritó.- No te atrevas jamás a dudar del amor que siento por ella. Si mis tíos hubieran querido un matrimonio por conveniencia, no hubieran elegido a alguien de su mismo Reino, mucho menos a un pariente. Nuestra relación fue y es real- Ryo pensó en cual sería la opinión de Kazuo de enterarse que Yamato y su hermano habían arriesgado su pellejo por salvarla de un calabozo, mientras él recibía órdenes de alguien a quien Sora detestaba. Pero no era su lugar confesar nada.

-No me importa que clase de relación tengan. Lo que me importa son los deseos de Sora. Esté donde esté. Ella quiere y necesita la Paz. Y para eso necesita su trono. No seamos ingenuos. Apenas los hielinos se alejen, la reacción de Iwomuro será la lógica en cualquier monarca despiadado de la antigua generación: atacar a un Reino indefenso. ¡Y nada más y nada menos que el Reino del Viento! Todo un trofeo, ¿no te parece? Y dentro de cuatro años, cuando haya que entregarle el trono a Sora, o a su descendencia, ¿a quién crees que elegirá el Pueblo? ¿A la preciosa Princesa raptada, que no colaboró en la guerra? ¿O al noble guerrero y su descendencia, quienes apresaron a un Reino entero?- Kazuo escuchaba en silencio. – NUNCA va a haber Paz, hasta que en esos tronos no ocurra un cambio generacional. LO SABÉS. Y querés la Paz. Yo puedo no apreciarte – el prometido de Sora sonrió- pero jamás dudaría de tu nobleza. ¿De verdad querés eso para ella? ¿Un Reino que no la respeta? ¿Soldados que piensan que las mujeres no deberían luchar? Ella es muchísimo más que eso. Y es tu obligación colocarla en el lugar que se merece.

Kazuo meditó largo rato antes de contestar. Odiaba a Ryo. Mientras tanto, Ryo siguió ordenando sus pertenencias, para simular una partida que sabía no se realizaría sino hasta que su plan se cumpliera.

-Si Iwomuro desaparece… ¿quién asume el cargo momentáneo?- preguntó, dubitativo. Ryo lo observó. Odiaba a Kazuo. Pero no era un asesino por diversión, sino por lógica necesidad. Ahora necesitaba un empujón más.

-El prometido de la Princesa.- Dicho esto, en firmes palabras, Ryo se marchó, dejando a Kazuo en sus pensamientos. Yamato ya había cumplido su parte. La suya estaba en camino. Mientras esperaba el desenlace, se dirigió al castillo nuevamente.

….

Hikari solamente tuvo que abrir las puertas de la casa y avanzar, en su espléndido vestido rosa, con apliques de dorado; su medalla del Reino junto a su corazón, su andar altivo, de Princesa. De Soberana. "Es todo una cuestión de actitud", le había dicho Sora, quien caminaba a su lado con su espléndido vestido verde, lamentablemente sin su orgullosa medalla. Pero era inconfundible.

Momoe y su esposo, pocos pasos atrás, sonreían al ver como Hikari era aplaudida por la población, como era saludada, alabada, y como ella respondía con hermosas lecciones de humildad, ofreciendo sus manos a todos quienes se acercaban a saludar, y alentando a la población que la seguía. Toda una lección de democracia. Como gesto que agregaba emotividad a la escena, sus constantes abrazos a Sora eran una constante lección de Paz.

Hikari no quería confiarse ante lo fácil que había sido todo hasta ese momento, tal vez muchas cosas se complicarían una vez llegada a Palacio. Pero este era su primer momento feliz desde que se había separado de Takeru, y se lo merecía. Al llegar a los portones de su antigua vivienda, y mientras los guardias corrían a avisar a su padre, observó la situación tras de ella. Por lo menos trescientas personas había. Y eso era solo lo que podía observar. Si no se iba con un triunfo, se iba con una lección que le serviría de sobra cuando volviera con el resto de sus amigos, y con su futuro esposo.

-¡KARI! – exclamó su padre, y quiso correr a abrazarla, pero fue interrumpido por la lanza de dos guardias. Enseguida el Rey los reconoció como quienes habían estado presentes cuando él lanzó esa infortunada opinión sobre su hija.

-No vengo a repartir abrazos Padre. Al menos no hacia tu persona- dijo, abrazando a Sora y a una niñita que la había acompañado todo el camino.- TRAIGO UN MENSAJE DE MI HERMANO- clamó, callando a toda la población y logrando que su padre cayera en sus rodillas, por la impresión. Brevemente, pero con rotundas palabras, Hikari explicó las reticencias que su hermano había sentido hacia Yöjiro, y los motivos por los cuales se había marchado y por los cuales jamás había vuelto. Notaba que gran parte de la población asentía con ella. Había murmullos, mientras se comentaba hacia las filas de atrás que era lo que estaba ocurriendo. Había más gente. El no plan estaba funcionando.

-Pero amor, hija, hermosa, Yöjiro ya no está… estoy solo yo, tu padre, quien te ama desinteresadamente… - Hikari acababa de enviar a la horca a su hermano. Ningún discurso familiar la podría enternecer.

-Padre, vengo con una propuesta – exclamó con firmeza, tratando de que su voz se escuche. Sora estaba asombrada. La fuerza que tenía esa niña, tan pequeña, tan llena de Luz que parecía… Luz, eso era. Estaba guiando a su Pueblo.- Mi propuesta no incluye matarte- escuchó gritos de rechazo entre la gente- SIEMPRE QUE entiendas que desde ahora el Poder me pertenece. Estás relevado de tu cargo.

Se hizo el silencio. Sora le apretaba la mano, tratando de transmitirle fuerzas. O de que no las perdiera, porque no habían dudas de que lo que tenía dentro suyo la pequeña Yagami era fuerza, y Coraje. Luego de unos interminables segundos, su padre comenzó a reír. Muy pocos rieron con él.

-Kari querida, lamento decirte que no estás preparada, y queda claro en el hecho de que querés desterrarme de un trono que todavía no te pertenece. No tenés potestad para hacerlo. No has leído las leyes con atención.- Se escucharon abucheos. Hikari sonrió.

-¿Porqué no dejamos que el Pueblo decida?- se hizo el silencio. Silencio total. Ese era un Pueblo al que jamás le habían dado la oportunidad de elegir. Y cuando la obtenían, no era en forma progresiva, como era de esperarse, sino de golpe. Un regalo que caía sobre todos al mismo tiempo, y que debían abrir pronto antes de que se evapore. ¿O un golpe? ¿Una piedra, una bomba? Hikari respiró hondo. Su No Plan estaba dejando de funcionar. Miró a su amiga, suplicante, rogándole que la ayudara para que su única oportunidad no se le fuera de las manos. Su padre ya celebraba su victoria. Sora la miró, fijamente, pensando en cual era el lugar de una futura Soberana extranjera en los asuntos internos de un Pueblo con el que estaba en guerra. Y entonces lo supo.

-¡KARI! – gritó, con todas sus fuerzas.

-¡KARI!- repitieron Momoe y su esposo. - ¡KARI! – volvieron a gritar los tres. - ¡KARI! ¡KARI! ¡KARI! ¡KARI!- la gente comenzó a unirse. Primero con timidez, casi con miedo de tutear a la princesa, luego con más fuerza, luego desde las últimas filas, desde las casas, luego golpeando el piso, y aplaudiendo y levantando los puños. Yagami padre miró asombrado y desesperado como su Pueblo se manifestaba en favor de su hija de 17 años.

Sora le sonrió y volvió a apretar su mano, mientras la atraía hacia sí. Su lugar era el de una amiga, pero sobre todo, el de su nueva hermana mayor, de por vida. Después de esto, y mientras su Sangre reinara en el Fuego, nada volvería a separar a esos dos Reinos.

….

Yamato fue el primero en llegar. No fue fácil, porque ya la Resistencia había enviado comunicados y toda la población estaba congregándose fuera del Palacio. Felices.

Henry y su padre se encontraban afuera, dando explicaciones a quienes iban llegando, pidiendo opiniones, celebrando. Casi sentía lástima por Koushirou. Había sido manejado por fuerzas mayores que él. Y, temía Yamato, fuerzas mayores que todos ellos, que todavía no llegaban a entender.

Yamato no estaba feliz. Sora se le había escapado de las manos una vez más. Había perdido nada menos que DOS oportunidades de hacerle saber como se sentía, en el mismo día, casi en simultáneo. Luego había perdido la oportunidad de hacérselo saber en el futuro, porque ella estaba comprometida. Y luego la había perdido OTRA VEZ, por un largo período, porque había tomado la divertida decisión de escaparse con Hikari. Nunca la alcanzaba. Siempre se le escapaba. Era una señal, pero una señal tan difícil de asimilar.

-¿Qué han hecho con Yagami?- preguntó a Takato y Ruki. Se encontraban en las mazmorras del castillo; los jóvenes habían montado toda una imprenta clandestina, preparados para este momento. Los folletos con los futuros posibles planes de gobierno surgían sin parar, a medida que otros colaboradores manipulaban las máquinas. Todo un ejemplo, esos jóvenes.

-Kari nos pidió que lo matemos, pero aún no lo hemos hecho- dijo tímidamente Takato.

-Ganas nos sobran- agregó, más decidida, Ruki.- Pero queremos darle la oportunidad de arrepentirse. No hay posibilidades de que escape.

-Me gustaría hablar con él.- Sin perder tiempo, Takato ordenó a un ayudante que lo acompañara. Yamato enseguida notó que, incluso en su cabeza, quien lo acompañaba era un colaborador de Takato y Ruki, un igual, no un siervo, un criado, un eunuco, como hubiera sucedido en su Reino. Koushirou tenía un Pueblo tan maravilloso, y lo había aprovechado tan mal.

Al llegar, se encontró a Yagami parado junto a las rejas, de frente, como esperándolo. Le generó escalofríos.

-Ishida Yamato, gran luchador. Gracias por pasarte por mi celda a despedirte.- Sonrió burlonamente.

-¿Así que ya sabes lo que te espera? – A diferencia de Taichi, el tono de Matt no fue triste. Sentía tristeza por esta persona. Él jamás podría mandar a matar a Takeru. JAMÁS. No había nada en el mundo que pudiera generarlo. ¿Qué había hecho, tan malo, para que Hikari tomara esa decisión? Su pregunta no tuvo respuesta.- Sé que trataste mal a Kari. No sé que habrás dicho, pero no le gustó. Es una gran personita, ¿lo sabes, no?

-¿Te estás acostando con ella?- Yamato se enrojeció. No esperaba esa salida.

-No, ¡no! De ninguna manera. Pero la conozco, la conozco mucho. Somos compañeros de aventura. Va a llegar muy lejos con su vida.- Ante la falta de reacción de parte del moreno, Ishida continuó.- Está enamorada de mi hermano, Tk. ¿Lo recuerdas, cierto? Jugábamos juntos cuando éramos chicos y el mundo era más sencillo. Es correspondida. Ellos piensan que lo ocultan muy bien, pero es de amplio conocimiento ya.- Recién en este momento, Taichi sonrió.

-Es una chica muy dulce. Muy buena, muy ingenua. No creo que logre grandes cosas. Creo que el mundo se la va a llevar por delante. Ustedes piensan que son un grupo de jóvenes héroes y heroínas salvando al mundo de la guerra, pero no lo son. Hay cosas mucho más fuertes que ustedes diez, y ahora que han matado a Izzi, y que yo estoy encerrado, jamás van a poder controlarlas.

-¿Quiénes nosotros diez?- preguntó, asombrado. Y sobre todo asombrado porque, antes de llegar, venía pensando en que hay cosas mayores que ellos, que no llegan a entender ni controlar.

-Ustedes diez- fue su simple respuesta.- Ya no importa; como te dije, mataron a Izumi. Y él les advirtió que no lo hicieran. Ahora lo más cercano que tienen a este Reino es a Mimí Tachikawa, y ella en realidad pertenece a mi antiguo Reino.

-Mimí. La recuerdo. Ustedes eran muy cercanos.- Por primera vez, el rostro del moreno se entristeció. Yamato se sorprendió.

-Si. Lo fuimos. – Bajó su mirada.- Hay solo una cosa que lamento de mi conversación con Hikari- y nuevamente volvió a mirarlo.- Lo que dije de Mimí. Por favor, cuando la veas, necesito que sepa que es el amor de mi vida. Y que le pidas disculpas.- No dejó que Yamato lo interrumpiera.- Ella está con tu hermano ahora. Acabo de salvarles la vida.

Sin ninguna duda, a cada segundo que pasaba se sorprendía más de esta conversación. No sabía si le tomaba el pelo. Era todo muy extraño.

-¿Y no lamentás no haber apoyado a tu pequeña hermana en lo que sea que te haya dicho? Yo la conozco. En todos estos días no quiso matar a nadie, lloró por cada uno de los guardias asesinados, y de repente manda a matar a su hermano. ¿No es raro?- Taichi sonrió. Que ingenuidad la del Rey del Hielo.

-No es raro. Si yo regreso, ella pierde el trono. Y es ella quien quiere la Paz, juntos a sus amigos de los otros Reinos. Yo soy un estorbo. Además, deberías ver la comodidad de la situación. Hikari se casa con Takeru, quien no tiene inconveniente en mudarse a regir otro Reino porque el suyo estará controlado por vos; vos dirigís el tuyo, y no debés pelear con tu hermano; Sora dirige el suyo; Daisuke a los humanos, y acá inventan alguna novedad institucional para que Henry y su padre sean los nuevos Regentes. Ergo años de paz. Todos felices.- Sonrió con ironía. Hace segundos hablaba del amor de su vida y ahora se burlaba de la paz.

Pero Yamato sabía que tenía razón. Ese era el único plan. No importaban las fuerzas superiores. Una vez que cada uno dirigiera su Reino, encontrarían la manera de no pelear entre ellos. Y luego de las aventuras vividas, y de haberse salvado sus vidas entre sí varias veces, uno podía darse el lujo de ser idealista. En lo que no podía darse el lujo de ser Idealista era en que, si él empezaba una relación con Sora, uno de los dos debería abandonar su Reino. Ella no tenía hermanos que la sucedieran; él tenía a un hermanito tremendamente enamorado de una Reina de otro Reino. Por lo tanto, el sacrificio era suyo. Sora se casaría con su primo de ojos verdes, y él con Mimi Tachikawa, o con alguna otra joven de buena familia que su hermano o alguien le escogiera.

-¿Querés agregar algo más? Es tu última oportunidad antes de que te manden a la horca.- Era su responsabilidad que nada estropeara el plan que Yagami acababa de graficarle. El moreno hizo silencio largo rato.

-Si. Hay algo más que lamento de mi conversación. Lamento no haberle recordado que a pesar de todo la quiero. Espero que sepa que ratifiqué mi equivocación salvando a su novio de la muerte segura, tal como hice con Mimí.- Yamato seguía sin entender esta parte. Pero no iba a insistir.

-Anotado. Todo será comunicado a sus receptores. Ahora, me despido como un caballero.- Se estrecharon la mano, se miraron a los ojos, y Yamato partió.

Al subir, observó al colaborador, y le indicó que ya era hora de ajusticiarlo. En otra vida, seguro hubieran sido mejores amigos.

-¡ESO FUE INCREÍBLE! ¡INCREÍBLE! ¡INCREÍBLE! – gritaba Hikari, saltando alrededor de su habitación, mientras Sora la miraba desde la cama, feliz. Habían pasado horas, horas de saludos a la gente, de abrazos, de celebraciones, de corridas dentro del Palacio… su padre estaba momentáneamente encerrado en su habitación, así como todos los colaboradores cercanos. Hikari sabía que antes de obtener el poder total tendría que pasar una nueva prueba, pero en estos momentos sentía una fuerza que no había tenido antes.

Y de repente, Kari paró en seco y se tiró al suelo a llorar. Sora corrió a su lado.

-¿Qué pasa, Kari? Está saliendo todo según tu no plan, no estés mal…- la consoló.

-No sé que hacer con mi Padre Sora. Es mi Padre. Ya mandé a matar a mi hermano. ¿Qué clase de persona soy?- Sora la abrazó, por una vez sin palabras reconfortantes para darle. Lo que quedaba de camino sería difícil.- Contame algo lindo, por favor. Algo de tu viaje, algo de tu vida, algo que no sepa. Distraeme, por favor.

Sora sonrió. Sin dudas, tenía una hermanita menor, con muchísima fuerza; casi pensaba que la menor en la relación era ella misma.

-Besé a Matt- fue lo primero que se le ocurrió. Hikari alzó la vista sorprendida y abrió grande los ojos y la boca, casi sin creer lo que acababa de oír.- Bueno, en realidad no- aclaró.- Nos interrumpieron… dos veces. Pero quisimos besarnos, dos veces… estoy segura…- agregó, casi sin creérselo ella misma. Hikari permaneció unos segundos más sin responder, y luego comenzó a rendir estrepitosamente.

-¡YO SABÍA! ¡SABÍA QUE HABÍA ALGO! Preguntaba constantemente por vos, cuando te fuiste, y después salió a buscarte, no le avisó a nadie. Cuando volvimos al Reino de los Humanos y vos no estabas, ¡se sintió tan desdichado! ¡Tan triste! – hizo silencio.- ¡No lo puedo creer! ¡Y después de esas pocas horas que tuvieron juntos una vez que se encontraron, yo los separé! ¡Te traje otra vez! Que tonta que fui…- se lamentó. Sora sonrió.

-No, Kari, yo te acompañé porque esta misión es más importante que mi rubio. Además, vos también tenés a un rubiecito que te espera… ¿o me equivoco? – Hikari se sonrojó, y se apretó las manos con fuerza al recordar la última noche que pasó con él.

-Cuando todo esto pase, vamos a poder salir los cuatro juntos, ¿podríamos celebrar la boda juntos, no? Eso me recuerda que tengo que deshacer la boda de mi mejor amiga Yolei con ese maleducado de Ichijouji! – Consciente de que Sora no comprendía esta parte, agregó.- Después te explico.

Sin embargo, Sora no sonrió.

-Kari, yo… estoy comprometida, en mi Reino. No puedo escapar.

Daisuke se sentó en su trono. SU trono. SU TRONO. El trono que le correspondía como Rey de los Humanos. ¡Qué título! "Rey de los Humanos". "Rey de los Animales". Como si fueran una raza distinta. Bueno, sí, lo eran, pero de los Animales, no de los hielinos, o los fueguinos… suspiró. Nunca lograría la tener la fuerza, la destreza, la concentración necesaria para este puesto. Su deseo era cocinar. Pero en cambio, era "Rey de los Humanos".

Las noticias ya habían corrido, ya varios seguidores habían llegado a las puertas del castillo a saludarlo. Todavía no se había animado a salir, porque el título le quedaba grande. Eran cada vez más afuera. Daisuke, realmente, no era consciente del liderazgo que ejercía entre su Pueblo, incluso entre sus amigos.

Y por esto, aún no sabía cuales serían sus próximos movimientos. Solo sabía que tenía que dejar descansar a Miyako y a Ken, juntos; y que necesitaba que Takeru se mejorara, para saber si Seiya era o no de confiar. ¡Y luego salir al rescate de Kari! Se sonrojó. Pero eso era lo que quería hacer. Su próximo movimiento estaba decidido.

Aunque como dicen, si Mahoma no va a la montaña, que la montaña venga a Mahoma…

Escuchó toses y voces femeninas, y como una aparición, el tapiz se levantó y Hikari y Sora emergieron llenas de polvo.

-¡Hola, Davis! Que gusto verte – sonrió Hikari. – Te recomiendo que mandes a tapar este túnel, al menos momentáneamente, creo que ya hay muchas personas que saben de su existencia. En mi Reino ya lo están cubriendo.

Pero Daisuke no escuchaba. Había pensado en Hikari, y ella había aparecido. Era una señal. Era la señal de la nueva Reina del Reino de los Humanos.

Iori se definía a si mismo con "Concentración". Era una palabra profunda. Duradera. Seria. Él era serio, era profundo. No era alguien simpático, no perdía el tiempo con cursilerías, sensibilerías. Su tiempo libre era para entrenar. Entrenaba desde su nacimiento, entre los volcanes del Reino del Fuego. Había aprendido a controlar su presión, su ritmo cardíaco y a su cabeza en situaciones de altas temperaturas; luego había entrenado en las bajas temperaturas del Reino del Hielo. Las vueltas de la vida, a muy temprana edad, lo habían dejado de paso en el Reino de los Humanos. Un infortunado amorío de su madre con Nabuko y la posterior muerte de ella habían generado que de allí en adelante ese fuera su hogar. Jamás respetado.

Su Concentración tampoco había sido jamás rota. Y nunca lo sería. Eso pensaba, hasta que conoció a Mimí Tachikawa.

-¿Y Kari dónde está? ¿No dijeron que estaba acá? ¿A dónde fue? Lo de las vacaciones es inverosímil. ¿Nadie se da cuenta? Ese super genio que está comprometido con Yolei, ¿no se da cuenta? ¡Cody! ¡Cody! ¡CODY!

-La estoy escuchando, señorita Tachikawa. Simplemente no tengo respuestas a sus preguntas.- Cansado. Realmente cansado.

-Bueno, pero Yolei está con el novio, no la puedo interrumpir, no sería correcto. El Príncipe Daisuke está corriendo con problemas de política, y el lindo Takeru se encerró. Yo, ¡necesito hablar con alguien! ¿O no le caigo bien pequeño Cody? – preguntó, al borde de las lágrimas. Iori suspiró. SUSPIRÓ. Afortunadamente, Daisuke se asomó a una ventana del castillo y les hizo señas entusiastas para que fueran a su encuentro. Nunca disfrutó tanto de su presencia.

-¡JYOU!- exclamó Ryo. Éste detuvo a su caballo sorprendido. El moreno llegó cabalgando rápidamente.- Hemos escuchado la hazaña del Principito – a Kido el apodo le pareció simpático.- Y veo que las tropas se están retirando. ¿Principito se encuentra en el castillo?

-Si- contestó.- Estoy yendo a apoyarlo. Las tropas están al mando de mi hermano y los demás; se encargarán de que vuelvan a casa. Yamato habló con los soldados y les explicó que necesita negociar, y que le tomará unos días volver, pero cuando lo haga, será enarbolando la bandera de la Paz, y traerá a una esposa para el Reino. – Ryo lo observó sorprendido.

-¿Una esposa? ¿Qué esp- se detuvo en su frase. Y recordó haberlo encontrado con Sora en la habitación. Y haberlo visto defenderla con rudeza. Pero porque eran amigos, ¿cierto? Es decir, la relación de Sora con su prometido era real, ella estaba enamorada… - ¿No sabes quién es la afortunada?

-No tengo idea – contestó. Y era verdad.

-Porque… si es Sora…- Jyou lo observó sorprendido.- Es necesario que Yamato sepa que su compromiso es real y el amor es correspondido… y por la Paz mundial, no debería interrumpir, cierto…?

-Me encargaré de decirle eso – dijo Jyou, dubitativo. - ¿Necesitabas algo más? ¿Cómo van tus planes?

-Si, quiero ponerte al corriente para no ir hasta el castillo. Kazuo ya marchó a encargarse de Iwomuro; yo sé que él solo podrá conducir a las tropas hasta el Reino y esperar a que la Princesa regrese con la Paz. Debo partir con él, para que nadie sospeche, y para encargarme de hacer lo necesario para que ella sea recibida como una Soberana cuando regrese. – Jyou asintió.- Muchos éxitos, muchas fuerzas – sonriendo, se estrecharon las manos. Antes de que Jyou se alejara demasiado, agregó.- ¡Mis saludos al Soberano! ¡Éxitos en su búsqueda de esposa!

Kazuo se sentó junto a Iwomuro. Mirando al río, un río casi seco. Las estepas del Reino del Viento eran casi inhóspitas, con muchos minerales, pero con una tierra tan dura que poco crecía; el viento constante tiraba árboles al piso, los doblaba. Parecía que hasta el agua era llevada por el viento.

-He visto que no desarmaste tu carpa- comentó el joven.

-No, Kazuo. No nos estamos marchando. Pero eso ya lo sabes, creo- agregó, rápidamente.

-No, no lo sé. Yo actúo en favor de los intereses de mi Princesa, que son los del Reino. No tus intereses egoístas. Lo siento, no es nada personal.

Kazuo no dio tiempo a que se expresara, simplemente, se tiró al río con él. Moriría con él, pero se encargaría de que se ahogara y dejara a su hermosa Sora libre para siempre.

Continuará…

Notas: WAH! Que va a pasar? Pocos capítulos más, dos, a lo sumo tres, y se termina esta historia! Yamato, Hikari y Daisuke ya tienen el control de sus Reinos (o casi), el Viento parece que estaría por optar por una opción original, aún queda ver que va a pasar con el Fuego, y con todos los misterios sin resolver! ¡y por supuesto con la Paz!

Yo creo que voy a actualizar pronto, porque tengo mucho interés en terminarla. No tiene perdón mi demora, en muchos momentos pensé que jamás la iba a actualizar, ¡por suerte me equivoqué! Me hizo muy feliz volver a leer reviews viejos, y ver como mi escritura mejoró desde los primeros capítulos (del año 2003! Que locura!). GRACIAS por no haber dejado de escribir, incluso aunque hubieran pasado AÑOS desde mi última actualización. Gracias.