La Guerra de los Mil Años

32

-¿Daisuke los llamó? – preguntó Iori, al chocar con Ken y Miyako en la escalera. Ambos asintieron. Mimi apareció corriendo tras ellos.

-¿Por qué no me esperaste? – le espetó al más pequeño. - ¡Me dejaste sola en el patio! ¡Podría haber tenido un accidente! – Iori se negó a contestar. Miyako sonrió, y enlazando brazos encabezó la marcha.

-¡Vamos! Si nos interrumpió después de habernos deseado las buenas noches debe haber una excelente razón.

Rápidamente los cuatro arribaron a la habitación principal, donde encontraron a Daisuke junto a Hikari y Sora sentados en la escalera. Miyako y Mimí corrieron a abrazar a su amiga mientras Iori se inclinaba ante Sora y besaba su mano, lo cual para ella fue un gesto muy avergonzante. Hikari hizo rápidamente las presentaciones pertinentes.

-Traemos buenas y malas noticias – comenzó, una vez estuvieron todos sentados. – Pero me gustaría que Takeru estuviera con nosotros antes de comenzar… y Seiya.- Todas las miradas se dirigieron a Miyako, quien debía responder por su título de "Mejor Amiga".

-Kari, no es nada malo, no quiero que te preocupes, pero sería necesario que tengamos unas palabras en privado. ¿Tal vez la señorita Sora puede comenzar dando las noticias mientras nosotras conversamos?- Hikari asintió, preocupada, y abrazó a Sora antes de partir. "Dejo todo en tus manos", le susurró.

Sora miró a su alrededor nerviosa antes de continuar. Había visto al príncipe Daisuke en el Reino del Trueno hacía poco tiempo – no era justamente un buen recuerdo el que los unía – y a Mimí la había conocido de pequeña, en el mismo lugar. Respecto a los demás, tenía vagas referencias otorgadas por Hikari, y sabía que Ken debía caerle mal. Respecto al más pequeño – casi le parecía una falta de respeto que ese niño fuera un guerrero -, al verla se había hincado y le había besado la mano, de la misma forma que hacían sus súbditos. La situación la había asombrado bastante. Al sentirse centro de la atención, decidió que debía comenzar a hablar.

-Bien, la situación es esta. Hikari ha derrocado a su padre con ayuda del Pueblo – hizo señas con la mano antes las caras de asombro, para evitar interrupciones.- Aún no ha sido coronada pero esperamos volver rápidamente para hacerlo. Mi situación personal aún es incierta – suspiró.- Constitucionalmente no puedo acceder al poder, pero tampoco me satisface ni nos sirve la manera en que están las cosas ahora. Me he encontrado con mi mejor colaborador y le he encargado que lo resuelva mientras yo ayudaba a Kari. – Miyako se unió a la charla. Hikari no regresó con ella.- Hemos estado en el Reino del Viento y hemos ayudado a un grupo de rebeldes a alzarse con el poder. Cuando nosotras nos fuimos, estaban iniciando una consulta popular respecto a que hacer en adelante.

-Perdón por la interrupción- dijo Mimí.- Yo soy la prometida de Koushirou. ¿Está bien?- Sora se criticó internamente por haber olvidado ese detalle. Lo poco que sabía de ella era que Hikari la adoraba, y que no estaba en los planes de nadie lastimarla.

-Lo siento Mimí- dijo, realmente apenada.- Hubo una batalla… fue asesinado por su propio colaborador. – Tachikawa empalideció e Inoue se apuró a abrazarla, pero para asombro de todos, ni lloró ni hizo ninguna clase de escándalo.

-¿Podrías decirme el nombre del colaborador? ¿Lo sabés?- la voz le salió entrecortada. Temía lo peor. Ya sabía la respuesta.

-Si- Sora hizo silencio.- Esto va a sonar quizás sorprendente para todos. Su asesino fue Taichi Yagami.

-¡¿QUÉ?!- gritaron Miyako y Daisuke. Mimí comenzó a llorar y Sora pensó que su incapacidad de conseguir la atención de un grupo de cinco adolescentes era un mal indicio frente a su pretensión de nuclear la voluntad de todo un reino.

-Lo siento, siento mucho tener noticias desagradables que dar. Yo sé que no me conocen y quizás piensen que soy muy brusca para hacerlo – dijo, apenada.- Pero realmente necesito que me escuchen, Kari me dejó a cargo y quiero cumplir con su voluntad. Luego podrán hacerme tanto a mí como a ella todas las preguntas necesarias. Mimí, ¿necesitas un momento, o estás con nosotros?- Mimí asintió y se recostó contra Miyako. – Bien, lo siento, fue un momento estresante para todos. Luego de eso Yamato marchó con mi colaborador a hacerse cargo de su propio reino. Quiero creer que ha salido todo bien. Sus tropas y las de mi reino estaban listas para atacar, nuestro plan era impedirlo. Por eso fue que Hikari y yo nos marchamos sin avisar a nadie, seguramente, en este momento Matt está buscándonos desesperado por todo el castillo – se sonrojó, pero pasó inadvertido para todos esos extraños. – Ahora nos gustaría regresar a coronar a Kari; sería excelente contar con el Rey de los Humanos en nuestra comitiva- agregó, mirando a Daisuke. Este se apresuró a asentir.- Por lo demás, no tenemos un plan hecho, queríamos saber sus opiniones…

-Sora, pongo a tu disposición a mi mejor consejero – dijo Daisuke, indicando a Ken. – Yo mismo tengo algunas ideas que comentaré luego de pensarlas un poco. Me gustaría que todos pasemos la noche aquí y nos juntemos mañana temprano a tener un desayuno privado; con suerte contaremos con la presencia de Takeru entre nosotros, y podremos encontrarle solución a cual sea su problema con Seiya. – Miyako se sorprendió nuevamente por la capacidad de liderazgo que este joven más chico que ella misma estaba demostrando; no era la primera vez que lo observaba, y era un buen indicador de que iba en buen camino para convertirse en dirigente de toda su gente.- Ken, te encargo que ubiques a la Señorita Sora en una buena habitación junto a las de Hikari y Mimí.

-Me gustaría compartir la habitación con la Señorita Sora, si eso no es un inconveniente para nadie – dijo rápidamente Mimí. Sora la miró sorprendida, pero asintió. Seguramente no querría sentirse sola durante la noche, lo extraño era que no eligiera a Hikari para hacerlo.

-Bien, si eso es todo entonces, esta reunión se levanta.- Ken miró sonriendo a Miyako, y ella enseguida supo que estaban pensando lo mismo acerca del pequeño Motomiya. Se sonrojó al pensar que estaban entrando a la etapa de relación denominada "lectura de pensamiento", en tan poco tiempo.

Daisuke se encerró en su habitación, molesto. Se miró al espejo y pensó que una de sus características personales que más le alababan otras personas era su optimismo por la vida, por lo tanto no podía dejar que eso cambiara ahora que debía dirigir a su gente. Pero sentía que las responsabilidades comenzaban a acumularse sobre sus hombros en menos de un día de reinado, y cada vez que giraba la vista había alguien esperando algo de él. Y él debía estar a la altura.

Ahora, por ejemplo, su preocupación era saber que su ídolo de la infancia Taichi Yagami había aparecido con vida, había asesinado a un regente, y además parecía ser un colaborador del Viento, lo cual para él no tenía demasiado sentido. Era cierto que Tachikawa ya lo había dicho, pero seguía sin tener sentido. Había querido preguntar que era de él, si estaba con vida, si contaba con el apoyo de los demás ciudadanos, pero temió que hubiera más malas noticias y pensó que Mimí no podría soportarlas. Ya bastante fuerte había sido al elegir quedarse luego de saber que su prometido había sido asesinado.

Luego estaba el tema de Hikari. Siempre había sido un amor de la infancia, un amor platónico; alguien a quien no podría conquistar a no ser que sus padres concertaran el casamiento. Ahora sus padres no estaban, él era el Regente, y ella también. Lo cual era un inconveniente al plan realizado hacía apenas un rato, cuando había decidido que ella sería la próxima Reina del Reino de los Humanos. Para colmo de males, había salido corriendo al enterarse que Takeru estaba en malas condiciones. Y no había vuelto, lo cual era un inequívoco signo de que él había accedido a hablar con ella. Tal vez fueran solo amigos. Si, él tenía que ser optimista respecto a eso.

Igualmente, eso no resolvía la cuestión de como casar a dos regentes de reinos distintos; no estaba seguro porque nunca había prestado atención en sus clases de historia, pero creía que era una situación que jamás había sucedido. Ahora que lo pensaba, era un poco como lo que había sucedido hacía mil años, al inicio de esa guerra sin fin, en que no habían permitido que dos príncipes se enamoraran. Sabía que Hikari pensaba que esa historia era inverosímil. Pero tal vez, investigando un poco a fondo, si tan solo pudiera saber las causas exactas del inicio de esa guerra, podría tener al menos una esperanza de un futuro junto a esa niña que irradiaba tanta Luz…

Hikari golpeó la puerta, decidida, sin dudar. Sabía que tal vez no era la persona adecuada para hablar con él, y para aparecer así, después de haberlo abandonado en su propia cama sin previo aviso. Habían pasado muchas cosas desde ese momento de felicidad. Y había estado contando los segundos para verlo e imaginando una y otra vez las palabras que usaría para contarle todo lo bueno y todo lo malo que había pasado desde ese momento. Y todo lo bueno que pasaría junto a él, desde ese momento en adelante. Pero ahora había habido un nuevo cambio de planes, totalmente inesperado, y era ella la que tenía que sentarse a escuchar, si él quería hablarle. Creía que Takeru la necesitaba, y lo que ella más deseaba era estar a su lado.

Al no recibir respuesta, volvió a golpear. Luego intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada. Si Takeru estaba dormido, no podría hablar con él, y necesitaba hacerlo. Y si él no quería hablarle, tampoco podría hacerlo.

-Tk – dijo suavemente. Nuevamente no hubo respuesta. Volvió a repetir, más fuerte.- Tk!

Tal vez lo mejor era dejarlo descansar. En algún momento tendría que salir de allí, y tarde o temprano hablarían… es solo que tenía tantas ganas de mirarlo… decidió intentar una vez más.

-¡TK! – esta vez, de inmediato, la puerta se abrió, y encontró a su rubio preferido observándola, bastante ojeroso y con claro aspecto de recién despertado

-Kari… - susurró. Se observaron dos segundos. Luego Takeru la atrajo hacia sí y la abrazó con todas sus fuerzas, siendo correspondido enseguida. Hikari pensó que podría llorar de alegría, pero supo que no era acerca de ella este momento. – Pasa, por favor- de la mano la guió hacia la cama, luego de cerrar la puerta. Le sonrió.- Te ves bien – la pequeña Yagami sonrió. Se había cambiado las ropas de princesa que le había prestado Momoe por un equipo que utilizaba para entrenar, ya que era lo ideal para volver al Reino de Daisuke. Estaba despeinada y sucia por los túneles. Sin dudas, no se veía bien.

-¿No estás enojado conmigo?- preguntó, esperanzada. Takeru sonrió y volvió a abrazarla.

-No, jamás podría. Fue bastante decepcionante despertarme solo, pero seguro tuviste una buena aventura. ¿Fuiste a tu Reino? ¿Estabas ahí cuando sacamos a Mimí?

-No, no estaba, estaba en el Reino del Viento… pero bastante jaleo armaron, ¡visto que fue lo primero que me enteré al llegar!- para su sorpresa, Takeru puso expresión de preocupación al escuchar esto. - ¿Algún problema?

-Hikari, cuando nos marchábamos con Mimí, nos acorralaron en la entrada del túnel… fuimos salvados por rayos, rayos cayendo de todos lados. Teníamos la esperanza que hubieran sido tuyos, de lo contrario, ¿quién podría habernos salvado?- preguntó, preocupado. Hikari lo miró confundida.

-No lo sé, Tk… nadie me había dicho nada de eso… ¿crees que haya sido mi padre? – Takeru suspiró.

-No, no podría ser, no estaba cerca… no lo sé, es muy extraño. Pero cuéntame sobre el Reino del Viento. ¿Sabes algo de mi hermano?- Hikari sonrió, finalmente una noticia buena para darle.

-Si, Tk, estuvo con nosotras, él está muy bien… quiero creer que en este momento ya se ha alzado con el poder- rápidamente puso al joven al tanto de la situación, de la misma manera que Sora había hecho con los demás. También contestó pacientemente a todas sus preguntas.

Una vez que no tuvo más dudas, Takeru apretó su mano, la mano que había estado sosteniendo todo ese tiempo, y la atrajo hacia sí. La besó en los cabellos, en la frente, en la mejilla, y finalmente en los labios. La recostó sobre la cama y quiso inclinarse sobre ella, pero Hikari se hizo a un lado y terminaron recostados al lado, abrazados. Takeru se sorprendió un poco, pero pensó que tal vez estaba muy cansada por las aventuras vividas y necesitaba un rato de tranquilidad. Sin embargo, las preocupaciones de Hikari eran otras y muy distintas.

-Tk, me gustaría saber como estás. Quiero saber que pasó. Yolei me puso al tanto de todo- subrayó la palabra, deseando que él entendiera a que se refería. Y lo hizo.

-No es un buen momento, Kari, ahora… - suspiró. - Yo sé que estamos en una clase de relación, y me encantaría que esto fuera así por mucho tiempo más, y que debemos confiar en el otro y contarnos cosas, pero hay cosas que necesito hablar con mi hermano antes de confiártelas… lo siento mucho – agregó, besándola.- ¿Me perdonas?- Hikari se hundía en esos ojos azules. Siempre. Sentía que podía perdonarle cualquier cosa.

-Si Tk, por supuesto. Y yo también espero que sigamos en esta 'clase de relación' por mucho tiempo más… - se pegó más a su cuerpo.- Pero Yolei me dijo que Seiya estaba encerrado en su cuarto, con guardias, y a Davis le gustaría saber que puede dejarlo andar en paz sin que eso te estrese- no había terminado de decir eso cuando su novio estaba levantándose y corriendo fuera de la habitación. Hikari corrió tras él, confundida.- ¡Tk! ¡Un momento, que pasa!- gritó, pero no tuvo más opción que correr hasta alcanzarlo.

Takeru se detuvo delante del Dormitorio Real y golpeó con todas sus fuerzas. Daisuke abrió enseguida, asustado. El rubio se apresuró a entrar, empujando a Hikari con él.

-Davis, tengo una condición – exigió, mirándolo de frente. – Y si no se cumple me marcharé enseguida y me encargaré de que tengas que enviar a tus mejores negociadores para arreglar las cosas con mi Reino. – Daisuke miró extrañado a Hikari, pero esta alzó los hombros, indicándole que no sabía que se traía su amigo entre manos.

-Está bien, sentémonos- dijo, indicándoles un lugar en su sala de estar. Una vez estuvieron los tres ubicados, Takeru comenzó a hablar.

-Exijo… necesito – suavizó su tono- que encierres a Seiya en el calabozo, o en su habitación, o en algún lugar desde el cual no tenga manera de escapar. Créeme, si aún no ha escapado, es porque no ha encontrado el momento oportuno.

-Tk, ¿porqué escaparía?- preguntó, indeciso- Acaba de ayudarnos a deshacernos de Shinji y a poner a mi tío en su lugar, ¿no crees que como mínimo debemos confiar en que está de nuestro lado? – Takeru sonrió de una forma irónica que Hikari jamás le había visto, causándole una sensación extraña que supo que también había sido sentida por Motomiya.

-Te aseguro, Davis, esa persona no solo no está ni de mi lado ni del de mi hermano, tampoco está del tuyo. Ni siquiera te ha dicho su verdadero nombre. Si no lo haces como Rey, te lo pido como amigo. En cuanto me reúna con mi hermano lo discutiré con él y nos juntaremos todos a aclarar algunas cosas. – Daisuke asintió, pero Takeru sabía que aún tenía dudas. – Y algo más, Davis, por favor, lo más importante es que no haya ninguna clase de hielo cerca suyo, ¿de acuerdo? Que todas las bebidas que le lleven sean a temperatura ambiente.

-Tk, ¿porqué sería eso un problema?- preguntó Hikari. Pero muy muy adentro suyo creía saber la respuesta. Takeru se tomó unos minutos antes de contestar.

-¿Nadie notó el parecido físico que tiene conmigo y con mi hermano? Eso es lo único que puedo decirles- dicho esto, se levantó y se marchó. Hikari y Daisuke se miraron sorprendidos, ya que ambos lo habían notado.

-¿Hay algo más que puedas decirme?- preguntó el rey.

-Yo también estoy anonadada…

-Bien- Daisuke suspiró.- He mandado a arreglar y limpiar tu habitación hace horas, Sora y Mimí están juntas en la contigua. – Hikari sonrió.

-Gracias, no voy a estar necesitando una habitación me parece…- para Daisuke su sonrojo no pasó desapercibido.

-Pero Kari, no puedes marcharte hoy, estuvimos de acuerdo con la señorita Sora en dormir esta noche y juntarnos a desayunar temprano, para hacer planes…

-No te preocupes, no voy a marcharme. Gracias por la información, se la comunicaré a Tk y luego pasaré a saludar a mis amigas- Hikari lo besó en la mejilla y se alejó. Daisuke supo que soñaría toda la vida con ese beso. Con lo que no soñaría era con la idea de Takeru y su futura esposa compartiendo habitación, que era lo que evidentemente estaba sucediendo… lamentablemente, ahora debía ocuparse de Seiya. Pondría a Hirokazu y Kenta en la puerta de su habitación, necesitaba gente de su propia confianza. Afortunadamente esas habitaciones no tenían ventanas por las que pudiera escaparse – aunque no encontraba motivos para pensar que lo haría. Por lo demás, Juri podría llevarle su comida y bebida, sin hielo, natural, con el apoyo de su novio.

Hikari regresó a la habitación de Takeru. Lo encontró sentado, sereno. Se había cambiado las ropas y lavado la cara. No había nadie más en el universo. Le encantaba.

-Tk, voy a ver a Mimí, ¿querrías ver a Sora?- preguntó desde la puerta, temerosa de interrumpir la perfección.

-¡Si!- gritó, y saltó de su cama, feliz. A Hikari le alegraba saber que estaba feliz y no con el ataque de pánico con el cual según Miyako debería haberlo encontrado. A todo esto, aún debía resolver su cuestión; no podía dejarla unida a ese compromiso de por vida. Seguramente ahora que era Reina podía encontrar algún recoveco legal, impedirle que deje de ser la Dama de Compañía Real, algo similar… ya lo pensaría.

Mimí y Sora estaban sentadas en la misma cama, Sora consolaba a la castaña, quien parecía haber dejado de llorar hacía pocos momentos. Al ver entrar a Yagami, se incorporó y corrió a su encuentro, mientras Takeru se apresuraba a abrazar a la pelirroja.

-¿Cómo estás?- le preguntó Sora, quien ya había escuchado de boca de Mimí lo que había acontecido. "No te preocupes por mi", contestó él, observando a su novia y a Tachikawa. Ésta había estallado en llanto nuevamente al abrazarla, pero Hikari no estaba derramando ninguna lágrima. Sora sabía que ella no lloraría en público por su hermano.

-Mimí, espero que alguna vez puedas perdonarme- susurraba.- Sé que tal vez no tengo palabras para consolarte, porque nunca perdí a mi prometido, y mucho menos a mi prometido y a mi ex prometido el mismo día- suspiró. No iba a llorar.- Espero también que alguna vez entiendas que no tuve más opción que decidir que lo maten. Taichi ya no era Tai… era un ser horrible – evitó contarle las palabras que había usado para referirse a su antigua prometida. "Caprichosa y retardada castaña". Ella sabía que su amiga no era así.

-Kari, linda, no tengo nada que perdonar porque no te considero culpable de nada… yo sé exactamente la clase de persona en la que se había convertido- dijo, mientras se limpiaba las lágrimas. – Me cuesta no ponerme mal por su pérdida y la de Izzy al mismo tiempo, pero yo sé que ninguno de los dos eran las personas que conocí y a las que quise tanto… así que por favor, no pienses que nuestra relación vaya a cambiar por esto. Sora ya me ha puesto al tanto de todas las malas noticias- la miró y sonrió. - ¿Quieren que hablemos de temas lindos? En breve nos traerán comida, pediremos más para ustedes.

Con esto, los cuatro se ubicaron en la pequeña sala de estar de la habitación.

-¿Sora, piensas que mi hermano volverá pronto?- arremetió Takeru. Sora se sonrojó visiblemente y Hikari comenzó a reír disimuladamente, pero por supuesto nadie lo pasó por alto. - ¿Qué pasa Kari?

-No sé, Tk- se apresuró a decir Sora.- Supongo que si, es decir, debería, ¿no? O tal vez debamos ir nosotros a su encuentro, en breve va a haber coronación, me imagino, pero no sé, o sea, ¿Por qué debería saberlo yo?- Sora habló casi sin respirar, generando que Mimí y Takeru la miraran extrañada y Hikari sonriera más. Sora la fulminó con la mirada.

-¿Hikari, me he perdido algo?- preguntó Tk, confundido.

-No, no pasa nada- dijo Sora, ya visiblemente enojada. La pequeña Yagami rió más.

-Sora, no vas a ocultarlo mucho tiempo, es evidente. – Sonrió.- No es nada, Tk, es que nuestra amiga encuentra a tu hermano bastante atractivo.

-¡HIKARI!- gritó Sora, cubriéndose el rostro avergonzada.

-¡PERO COMO PUEDE SER QUE YO ESTÉ EN ESTE CUARTO CONTIGO HACE MÁS DE UNA HORA Y NO SUPE NADA DE ESTO!- gritó Mimí.- ¡Sora, me escuchaste llorar y me contaste todas estas cosas tristes y tenías lindas noticias para dar!

-No son noticias para dar…- dijo en voz baja la pelirroja, avergonzada.- Tk, no es nada, nada serio, Kari ni siquiera debería haberlo mencionado… - sin embargo, Takeru estaba tan sorprendido por ese intercambio entre las tres mujeres que acababa de presenciar que no se atrevió a agregar nada.

-Bueno, mientras esperamos que Tk se recupere de la 'noticia' – recalcó Kari-, podríamos ir haciendo planes. Necesito la ayuda de las dos si voy a ir buscando una forma de dejar a Yolei libre de ese insoportable de Ichijouji.

-¿Ichijouji es Ken? ¿Porqué separarías a esos dos tortolitos?- preguntó Mimí, triste. Hikari la miró sorprendida.

-¿Tortolitos? No, Mimí, entendiste todo mal, se comprometieron por un error mío, no puedo permitir que se casen y compartan su vida…

-Kari, estoy de acuerdo con Mimí – dijo Takeru.- Hay muchas cosas que cambiaron desde tu partida… antes de intentar algo, te recomiendo que hables con ella… o que los observes, es bastante obvio.

-¡Me voy YA MISMO!- gritó Yagami, pero Mimí la detuvo con un brazo. – No te lo recomiendo, quien sabe que escena podrías encontrar dentro de esa habitación- Hikari se sonrojó y volvió a ubicarse junto a su "novio".

La cena trascendió en paz, hablando de las cosas buenas que les habían pasado en esas últimas semanas y evitando cualquier tema que pudiera poner sensible a Mimí, ya que nadie quería hacerla sufrir más por ese día. Hikari y Takeru se comportaban como lo que eran: dos jóvenes enamorados y empezando una relación, no dos guerreros de la realeza en edad adolescente que debían salvar al mundo de la guerra. Mimí y Sora se derretían de ternura y constantemente les comentaban la linda pareja que hacían, logrando solamente que ellos se sonrojaran.

Luego de cenar, mientras Takeru abrazaba a Sora para despedirse, le susurró "que bueno que Kari me lo haya contado, porque mi pobre hermano ya no soportaba guardarse sus sentimientos… a veces es una persona reservada y fría, pero no pierdas la oportunidad de abordarlo porque va a ser un momento muy feliz para ambos". Le guiñó un ojo y se retiró.

-Sora… ¡a mi no se me pasa esa sonrisa de oreja a oreja!- gritó Mimí, una vez que se retiraron, y obligó a Sora a ponerla al tanto de todo.

A la mañana siguiente, Daisuke Motomiya, Iori Hida, Ken y Miyako Ichijouji, Sora Takenouchi, Mimí Tachikawa, Hikari Yagami y Takeru Ishida se encontraron en el desayuno. Daisuke mandó a cerrar las puertas y prohibió las interrupciones. Había chequeado a Seiya hacía minutos y este había pasado la noche tranquilo, no se había negado al encierro en su habitación. Le había pedido que lo liberaran, pero entendió que él no lo consideraba recomendable. El rey tampoco creyó necesario darle razones, solamente le dijo que era una cuestión de seguridad nacional y que él debía entenderlo. Seiya era un hombre de estado, y sabía que ante ese argumento no había nada que opinar.

Luego de haber dado estas noticias y recibido el agradecimiento de Takeru, se dirigió a Ken.

-¿Has pensando durante la noche en que hacer? ¿Has tenido oportunidad de hablar con Kari?- Ken negó con la cabeza.

-No he hablado con la señorita Yagami – se observaron por unos breves segundos y ambos corrieron la vista. Ken ahora la tenía en gran estima por haber puesto a Miyako en su camino, pero pensaba que Hikari todavía no estaba al tanto de eso y por ende no debía guardar una buena opinión de él.- Sin embargo, he estado trazando ciertos planes, ¿le gustaría escucharlos?- preguntó. Yagami asintió. Molesta. No le cerraba la idea de Miyako enamorada de ese chico.- Bien, creo que lo importante es obtener noticias de los otros reinos, la realidad es que en este momento solo podemos asegurarnos de que los humanos y el Reino de la señorita Yagami firmen la paz, pero eso no contempla la paz total.

-¿Sugieres que viajemos nuevamente al Reino del Viento? Ellos deben saber que sucedió – preguntó Hikari.

-No exactamente… lo que sugiero es que ellos vengan a nosotros- todos lo observaron sorprendidos.- Creo recordar que anoche se habló de lo inminente de su coronación, ¿es cierto eso, señorita Yagami?- Hikari asintió.- Bien, entonces sería una buena idea marchar hacia su reino con una buena comitiva que acompañe al Rey Daisuke, para que esté presente… la presencia de la señorita Sora y de Tk también son determinantes, está claro… solo debemos enviar unas cartas a los demás reinos y, dada la magnitud de la noticia, ésta correrá enseguida y estén donde estén, Yamato y el colaborador de Sora las escucharán… reuniéndose con nosotros en el Reino del Trueno… seguramente ocurrirá lo mismo con quién haya sido elegido Regente en el Reino del Viento. Una vez que estemos todos juntos, es cuestión de firmar ciertos tratados, tal vez hacer reducciones de tropas, establecer algún límite adicional a la Zona Libre… y vamos a obtener lo más parecido a la Paz que hayamos conocido.- Mimí se movió incómoda en su asiento. Quiso hablar, pero alguien se adelantó.

-Me parece una excelente idea – dijo Takeru.- De esta manera no tendré que enviar una carta a mi Reino pidiendo noticias, sino que será una invitación a recibir noticias… mientras no sepamos con certeza que mi hermano es el Rey, cualquier movimiento en falso podría ocasionarnos la guerra.

-Lo mismo digo- dijo Sora. El resto fue asintiendo y haciendo algunas preguntas de carácter técnico. La única que permanecía en silencio era Mimí. Antes de que pasara una hora, habían terminado el desayuno y estaban listos para poner el plan en acción. Daisuke y Hikari debían buscar buenos mensajeros que se apresuraran a llegar a su reino, paro avisar que debían comenzar los preparativos para la inminente coronación, y Ken se marchó para organizar la comitiva que acompañaría al Rey.

-Oigan – dijo finalmente Mimí. Daisuke, Hikari y Ken se habían marchado y el resto estaba desperdigado por la habitación.

Mimí no era una mujer interesada en la política. Ni siquiera formaba parte de la realeza. Y sin embargo, había pasado su vida rodeada de las más altas capas decisoras no de uno sino de dos reinos. A desgano y casi sin querer, se había empapado en tratados, guerras, períodos de paz, líneas verdes y referéndums. Y todos estos jóvenes de su edad, sorprendidos al escucharla hablar, que batallaban, se amigaban, se escapaban y se perseguían, estaban obviando lo más importante. – No creen que no podrá haber paz hasta que no resolvamos el tema de… - se interrumpió al ver las miradas extrañadas de sus interlocutores. No podía dejar de sentir que estaba por hacer un comentario sin sentido, al menos para ellos.- Nada, lo siento, no tengo nada importante que decir.- Se levantó y salió de la habitación. Sora corrió tras ella.

-Mimí, ¿hay algo que quieras contarme?- preguntó.

-No, Sora- negó.- No te preocupes, no era nada importante. – Dicho esto, se alejó en dirección al patio. Takenouchi quedó en situación dubitativa, sin saber si ir hacia ella o no.

-Señorita Sora, si usted no va a hablarle iré yo – Sora se sorprendió al escuchar un tono tan formal, aún más al darse cuenta de que se trataba del pequeño Iori.

-Pequeño Iori, si deseas puedes ir a hablarle… te pido por favor que me tutees, no me gusta sentirme superior… - susurró, apenada.

-Usted es una persona superior, Señorita Sora. Con su permiso.- Hizo una reverencia y se marchó. La pelirroja lo observó muy confundida.

Tres horas después, los ocho se reunieron en la entrada del castillo. Las noticias habían corrido y la población se había acercado a saludar a su Rey, a la futura Reina, y a los demás integrantes de las casas reales. Daisuke siempre había sido un niño muy querido y había confianza en que reinaría en forma bondadosa. Que Ken fuera su consejero era otro motivo de júbilo para el pueblo, debido a la familia que representaba. Se rumoreaba que ya había sido casado con una joven importante del Reino del Trueno y todos querían conocerla. Lamentablemente, eso incluía a sus padres, para quienes fue una terrible noticia saber que su pequeño hijo había hecho todo eso sin informarles. "Miyako, mis padres tienen que entender que ahora cumplo funciones directamente para el Rey y no puedo tomarme tiempo de ir a verlos cuando Daisuke me necesita – le dijo, ante su reclamo.- Yo te prometo que voy a presentarte, en breve, en forma oficial, te pido por favor unos días más de paciencia. Presiento que toda esta pesadilla está llegando a su fin." Y su prometida no podía más que aceptar su promesa.

Daisuke y Ken calculaban que antes de que ellos mismos llegaran a la Zona Libre, los mensajeros ya habrían llegado al Reino del Trueno y desde allí se estarían dirigiendo a los demás. A ellos les tomaría un tiempo más largo el camino porque llevaban toda una comitiva, por lo tanto deberían usar los caminos habituales y no los túneles secretos. La Ceremonia se realizaría al día siguiente; seguramente sin presencia de otras delegaciones, por una cuestión de distancia. Pero en un día o dos estas empezarían a llegar buscando noticias, y ese era el momento que los jóvenes esperaban para comenzar a recolectar su propia información.

Luego de asegurarse que Seiya siguiera encerrado por propia voluntad, Daisuke se ubicó en un mismo carro con Hikari y Ken, con quienes debía seguir haciendo planes, y por supuesto con Miyako, por su condición de prometida. Hikari ardía en deseos de conversar con ella, pero sabía que este no sería el momento ideal, ya que el tema de conversación estaba sentado con ellas.

Mimí específicamente pidió que Iori la acompañara, por lo tanto ambos junto a Takeru y Sora fueron en el segundo carro. El pequeño Hida pidió disculpas a Sora por ocupar el carro de la futura Reina, logrando que Takenouchi volviera a sonrojarse y pedirle que la tutee. Takeru esperaba poder conversar un poco acerca de su hermano.

Luego de ellos había un carro con efectos personales y regalos – bastante improvisados – para la Reina de parte del Reino y de la población. Los acompañaban veinte guerreros a caballo por cualquier inconveniente que pudiera surgir y diez colaboradores. Nabuko también era parte de la partida, junto a su actual mujer y dos colaboradores. Daisuke había decidido traerlo porque no deseaba que sus relaciones con su tío estuvieran en malas condiciones.

Lista y ordenada la comitiva, y entre gritos y saludos de la población feliz y agradecida, Daisuke dio la orden de marchar.

...

-Jyou, ¿porqué tardaste tanto?- preguntó Yamato, al encontrarse con su amigo deambulando por el castillo.

-Lo siento, Matt, una serie de cosas… cosas que organizar con mi hermano, este castillo que es inmenso, la gente afuera… ¡ah! Me encontré con Ryo, no va a venir hasta acá.

-¿Por qué?- preguntó, sorprendido.- ¿Por qué ese cambio de plan tan repentino?

-No lo sé, Yamato… lo encontré bastante raro, hablando sobre que Iwomuro no se marcharía y por eso él debía quedarse a ayudar a Kazuo, que Kazuo podía solo pero que para no levantar sospechas tenía que estar de su lado… ah, y de Sora, habló de Sora – el rostro de Yamato se iluminó, pero pasó desapercibido para Jyou porque no era muy bueno con esas cosas.

-¿Qué pasa con Sora? ¿Qué te dijo? ¿Está con ella?- Kido si se sorprendió un poco por estas preguntas, y pensó que tal vez la suposición que había hecho Ryo era acertada… pero Yamato no se lo diría, ni valía preguntar…

-No, Yama, no sé exactamente cual fue su punto pero habló de su compromiso con Kazuo, que fue optativo y que están enamorados, y que no deberías meterte en el medio porque eso solo entorpecería la paz… - ese era el baldazo de agua fría que le faltaba para que todas las señales que venía recibiendo de que Sora no era para él, terminaran por convencerlo… pero por supuesto, no dejaría que Jyou supiera todo eso.

-Que extraño, no sé a que se habrá referido… - mintió. Descaradamente.- En fin, Sora y Hikari no están así que tal vez deberíamos buscarlas, ¿no te parece? ¡Parece que somos solo nosotros en esta aventura amigo! Por fin, nadie de quien hacerme cargo- agregó.

En ese momento Lee entró corriendo, agitado.

-Vine lo más rápido que pude, tengo noticias – dijo, tratando de respirar. Ishida le indicó que se calmara antes de continuar.- Hikari y Sora han sido vistas en el Reino del Trueno, tal vez son rumores pero parece ser que se alzó con el poder… es muy probable que si van hasta allá las encuentren. O al menos es un lugar para empezar la búsqueda… - ambos asintieron.

-¿Y ustedes? ¿Sabes que van a hacer?- preguntó Jyou.

-Si, hasta ahora la opción que más popularidad ha obtenido es la del referéndum constitucional… que incluya la creación de una República con un regente electo, ya no más Rey para nosotros… - Lee sonrió, ya que hacía tiempo que luchaban por esa opción.- Aún no es seguro, y llevará un tiempo implementarlo, pero es un inicio positivo… - Yamato y Jyou sonrieron y lo felicitaron.

-Bien, si no hay más para hablar, creo que nosotros deberíamos marcharnos – dijo Ishida.- Pasaré a despedirme de Ruki y Takato… han hecho un gran trabajo y me llevo los mejores recuerdos e impresiones de esta población – sonrió.- Con suerte volveré coronado en breve.

-Con suerte no, así será. Cuentan con nosotros para todo lo que quieran. Firmaremos cualquier propuesta de paz que nos traigan.- Estrechó la mano del Rey, y Yamato y Jyou se marcharon.

Luego de despedirse de Jyou, Ryo se dirigió hacia el bosque. Debía encontrar a Iwomuro y a Kazuo antes que cualquier otra persona de su reino. La mañana era clara, ventosa por supuesto, pero la visibilidad era amplia y temía que algún soldado deambulante los encontrara antes que él. Sabía que Iwomuro solía dirigirse a pensar al río, y afortunadamente, ahí los encontró.

Ambos se encontraban peleando mano a mano dentro del agua, la corriente era fuerte y los arrastraba en dirección al campamento, por lo tanto Kazuo debía terminar su tarea pronto y él mismo debía apurarse. Hizo contacto visual con el joven y le sonrió, acto seguido giró su caballo y se dirigió a galope al campamento. Kazuo había sido muy imprudente al meterse en el agua, el plan entero podía fallar por ese acto.

Al llegar, se situó en el centro y gritó "¡IWOMURO QUIERE MATAR A KAZUO! ¡ESTÁN LUCHANDO EN ESTE MOMENTO!". Los soldados comenzaron a agolparse a su alrededor, pero también lo hicieron los demás generales, y Ryo marchó con ellos.

-¡Yo lo he visto todo! – exclamó, actuando como si estuviera nervioso.- Me acerqué a ellos, estaban hablando tranquilamente en la orilla del río, allí donde Iwomuro siempre se sienta a descansar. No llegué a escuchar su conversación. Pero súbitamente vi como él se lanzaba al cuello de Kazuo, ¡al cuello! – el resto lo escuchaba atentamente.- Una imprudencia, Kazuo es más joven, más fuerte, no sé que se traía en manos, pero rodaron y cayeron al agua…

-¿Por qué no los ayudaste?- preguntó Monae. Su hermano Maeno hizo señas de asentimiento con la cabeza. Ryo sabía que esos dos le traerían problemas…

-¿Qué podía hacer? La corriente es fuerte, lo más probable es que los arrastre a ambos, yo iba a ser arrastrado con ellos… preferí venir a avisar para que podamos detenerlos cuando pasen por aquí… irremediablemente la corriente los arrastrará…

-¿Y qué esperamos? – preguntó el anciano Shiratori. Ryo hizo una pequeña reverencia y salió corriendo junto a los gemelos. En el campamento comenzaban a escucharse los primeros gritos provenientes del río, así que hacia allí corrieron.

Cuatro soldados habían saltado al agua y estaban arrastrando los cuerpos de Kazuo e Iwomuro. Muy a su pesar, a Ryo le dio un vuelco el corazón al pensar que Kazuo estuviera lastimado, o peor, ya que cualquiera de las dos opciones estaba MUY lejos del plan que había ideado con Yamato, y sabía que a Sora la haría muy infeliz. Los médicos de las tropas llegaron enseguida, avisados por algún soldado con buenos reflejos, y comenzaron a trabajar. Si Iwomuro sobrevivía, era el fin de Kazuo, probablemente el de Ryo y de Sora, y sobre todo el de la incipiente Paz.

Al desabrochar las ropas de Iwomuro, saltaron a la vista las marcas de las manos de Kazuo sobre su cuello. Ryo empalideció, ese plan era desastroso, lo habían pensado muy poco. Era fácil darse cuenta que el atacado había sido él… ¿y que sucedía si Kazuo no sobrevivía? ¿Quién llevaría el mando en ese caso? Si por algún motivo recaía en alguno de los hermanos, Sora debería luchar demasiado por volver a su trono. No se la harían fácil. La avaricia y soberbia de ambos era de pleno conocimiento.

Por estar tan concentrado en sus pensamientos, Ryo no notó las miradas que intercambiaban los mismos hermanos al ver que, a diferencia de Iwomuro, Kazuo no contaba con ninguna marca en su cuello. Ambos se retiraron. Afortunadamente, con pocos segundos de presión sobre el pecho de Takenouchi, el joven pudo abrir los ojos y volver a respirar, luego de toser abundante agua. Dos soldados, junto a los médicos, lo trasladaron a una tienda y Ryo se apresuró a seguirlos. El anciano Shiratori salió lentamente tras él.

Muy a su pesar, Sora no lograba concentrarse en el paisaje. No era el relinchar de los caballos ni los gritos de los soldados lo que la alejaba de la vista. Tampoco el incesante hablar de Mimí y Takeru, que parecían conocerse hacía décadas, ni la mirada fija y constante del pequeño Iori, que se apresuraba a hacer incómodas reverencias dentro del carruaje cada vez que ella le dirigía la mirada. Sora no quería pensar en nada. Quería mirar el paisaje. Dejarse llevar. Llegar al reino de Hikari, más que nunca, al Reino de Hikari. Tal vez se encontraría con Yamato. Se sonrojaba, Iori lo notaba. Estaba segura. Pero ni siquiera pensar en el heredero – ¿o rey?- de ojos azules y palabras de hielo la alejaba de lo que realmente acosaba sus pensamientos. Y eso era el no tener un plan. No tenía legitimidad constitucional, eso ya lo sabía, pero mucho peor que eso, no tenía un plan. Simple, claro. No tenía una manera de conjugar las voluntades de su Pueblo. Y el no plan de Hikari no era una opción para ella.

Las cosas eran mucho más complicadas en su casa. El Pueblo de Hikari había perdido a un príncipe heredero y había visto descomponerse frente a ellos a un Rey que admiraban. Habían estado ansiosos de conseguir a una nueva candidata al trono, y esta había llegado caminando por la calle, sonriendo y derrochando Luz y humildad. Sora no era como Hikari. Y el pueblo del Fuego no era como el Trueno. Nunca la aceptarían tan fácilmente. Tal vez aceptarían a Kazuo como rey, y ella debería regalar sonrisas y palabras dulces por el resto de su vida.

No era que no lo quisiera, o que no pensara que fuera a ser un buen Rey. Pero lo habían elegido para mantener el trono dentro de la familia. Y sobre todo, lo habían elegido para que ella no fuera la elegida. Porque a las mujeres se las entrenaba para la guerra, porque eran un Reino belicoso. Se las estimaba y respetaba muchísimo, e intencionalmente se hacía correr la historia de que estaban en pie de igualdad con los hombres. Pero también, a las princesas y a las mujeres del reino de Sora, se las entrenaba para figurar, para ser dóciles y dulces; en pocas palabras, se las entrenaba para servir.

Y ella, a desgano, siempre había estado de acuerdo con eso. Porque era lo único que conocía. Y porque sus intentos de conocer, de pequeña, con Ryo, habían tenido consecuencias catastróficas. Pero un día, sin querer, conoció realmente, y quería remarcar el realmente, a Yamato. Y sus creencias, que nunca habían estado tan firmemente asentadas en su conciencia, se habían venido abajo.

Y ahora tenía un prometido que la amaba, y al que ella estimaba muchísimo, un mejor amigo tratando de solucionar los errores de su familia, un trono que no alcanzaba y un par de ojos azules atravesados en su alma. Y no tenía un plan.

Y como era costumbre en su Reino, la "primera mujer" o la "mujer más importante" del Fuego, seguiría el camino que todas sus compañeras mujeres seguían: sonreír, contentar, tragarse el alma y servir.

Y ella que hasta hace pocos días pensaba que iba a salvar al mundo de una guerra.

Hikari se arregló nerviosa el vestido dorado que Mimí le había elegido. "No tenemos tiempo para mandarte a hacer algo perfecto Kari, lo cual lamentarás toda tu vida, así que tenemos que hacer lo mejor con lo que tenemos: el dorado es un color que identifica a nuestro pueblo, cuando te vean luciéndolo, las pocas dudas que puedan quedar respecto a tu idoneidad para el cargo van a desaparecer, confía en mi", había argumentado. Hikari Yagami no sabía si darle tanta importancia a un atuendo, pero era la segunda vez en pocos días que escuchaba un argumento similar, y en la primera ocasión las cosas habían sido muy favorables para ella.

Aún no había decidido qué hacer con su padre. No lo había degradado a encerrarlo en las mazmorras como habían hecho con ella, pero no había encontrado mejor solución que mantenerlo detenido en su ala del palacio, con bastante movilidad pero también con un número excesivo de guardias. Esperaba mágicamente encontrar una solución al dilema respecto a qué hacer con los miembros díscolos que su familia había resultado tener, porque a la que había arribado con Taichi la lamentaría toda su vida.

Pero no era todavía el momento de llorar.

Había pedido quince minutos de soledad antes de marchar a la ceremonia. Ni siquiera había permitido que Takeru la acompañase. Hacía horas que escuchaba voces y gritos pidiendo por ella, aclamándola y agradeciéndole. Todo el pueblo se había juntado en la explanada del castillo a ver el momento en que su padre – se suponía – le entregaría la corona y el trono. Pero los colaboradores cercanos que tenía – el marido de Momoe principalmente – le habían aconsejado evitar ese paso, porque su padre ya no era adorado por el pueblo. Aunque fuera protocolo y nada más, ver a alguien temido entregándole el poder a una princesa querida generaría en los inconscientes la idea de que su gobierno solamente sería una continuación del anterior, y eso no era conveniente para nadie. Por lo tanto, no sabía quien le daría el trono, pero había decidido delegar esa decisión.

La realidad era que ser Reina jamás había estado en sus planes. El heredero siempre había sido Taichi. Y cuando su hermano desapareció, siempre esperó su regreso. Y aunque hubiera sido educada desde chica para asumir ese puesto, en caso de cualquier eventualidad (tal cual sucedió), hasta ahora nunca había notado lo irreal que era el que ella asumiera ese lugar. Simplemente, no era su lugar. No tenía madera de Reina.

Sin embargo, los últimos acontecimientos de alguna forma habían sido un entrenamiento súper intensivo en toma de decisiones importantes, esas que como regente tendría que tomar a diario. Le daba confianza pensar que, junto a un grupo de adolescentes como ella, estaban más cerca que nunca de firmar una paz permanente a una guerra que los aquejaba hacia siglos.

Desde ese día en que había combatido junto a Koushirou Izumi en este mismo palacio, había vivido más situaciones, sentido más emociones, conocido más gente y aprendido más que en toda su vida, y todo eso no debía ser en vano. Por lo tanto, si su Pueblo exigía que ella les otorgara un poco de Luz para los años venideros, sería momento de salir a cumplir.

Hikari Yagami, entonces, avanzó hacia su coronación a paso decidido. Todas las dudas y temores previos desaparecieron al percatarse de que la única posibilidad de arribar a la paz era a través de ese acto. Que su hermano, su padre, que su familia no estuviera ahí para acompañarla era solamente un escollo más en su camino, de tantos que había superado desde el fatídico día en que se habían reunido a tratar de ponerle un fin a esa guerra.

Otra vez, sentía el calor del Pueblo. Se sentía apreciada, querida. Ella, tímida y sobreprotegida toda su vida, había sido la elegida, no por las circunstancias, sino por su gente, para reinar y lograr buenas cosas. Y por primera vez en décadas o siglos, había logrado nuclear junto a si a un Rey, una princesa, un príncipe y hasta a una delegación del Reino del Viento, que seguían debatiendo como iguales el futuro de sus tierras. Sentía que su coronación, o su ratificación como decisora era completa, o casi completa, o por lo menos muchísimo más completa que todas las que la habían precedido.

Hikari sonrió y saludó a su Pueblo, y se sintió feliz porque aunque aún quedara un complicado camino hacia la Paz, sentía que su tarea estaba más completa que nunca. Y esto se reafirmó al ver y escuchar como su gente aplaudía y vitoreaba al Rey Daisuke y a los Príncipes Sora y Takeru, que se acercaban a entregarle su Corona. Y a ratificarle que el camino de la Paz, que era el que ella había elegido, iba a ganar sobre todos los otros.

Iori era un madrugador. El alba lo ayudaba a concentrarse. Le gustaba oler el rocío y sentir la brisa matutina sobre su rostro, sobre todo en un reino como este, húmedo y lluvioso, imprevisto, muy distinto a las estepas fueguinas en las que había crecido, y que extrañaba tanto. La concentración era su mejor atributo. Nadie lograba quebrar su temple. Miyako lo había intentado, nada más. No había sido exitosa. Pero claro, en la vida de Iori (y de otros más, creía) conocer a Mimí Tachikawa había marcado un antes y un después. Era la persona más distinta a él que pudiera existir. Charlatana, simpática, sensible, alboratada, dulce, princesa por extensión y por circunstancias de la vida, y cualquier cosa menos una guerrera.

Y sin embargo en ese día tan importante, se había despertado antes que él y ahora lo perseguía por el patio con su incesante charla nerviosa y desconectada y sus repentinos ataques de tristeza cuando pensaba en sus prometidos perdidos. Mimí no se concentraba en un tema de conversación, y él por ser educado y seguirle el hilo no se concentraba en concentrarse, y prepararse para el día que tendrían por delante.

-…Y es que siento que ahora es todo responsabilidad mía, porque Izzy y Tai ya no están, y yo estuve tanto tiempo junto a ellos que aprendí cosas que nunca quisiera haber sabido, y ahora parece que están todos corriendo desordenados y descoordinados hacia una meta que es la paz sin mirar el camino pero sobre todo sin mirar el pasado, y yo no sé hablar en grandes grupos y además Sora está pensando en Yamato y Kari en Tk y Daisuke en Kari y Miyako en que Ken no le presentó a la familia y además Kari no está convencida de lo que pasa entre Yolei y Ken, a pesar de que ayer pasaron todo el día juntos en un carruaje, una pensaría que eso fue tiempo suficiente para arreglar las cosas… - y Iori intentaba, en vano, seguirle la línea de pensamiento o al menos concentrarse en la naturaleza, pero con esta presencia inquieta y rosada junto a él, hasta el más mínimo ejercicio le resultaba imposible.

La lluvia se había detenido, momentáneamente sin dudas, y el sol estaba asomando. El recambio de guardias distrajo a Mimí, que se sentó a observarlos, dando tiempo a Iori de comenzar otra vez, y más rápido que de costumbre, la rutina de ejercicios que realizaba desde que recordaba, para mantenerse en forma física pero sobre todo para desestimular su imaginación, y lograr la calma que lo caracterizaba. En estos días tenía una sola cosa, o una sola persona en mente, y permitir el deambular de sus pensamientos lo alejaba de su única preocupación, que era ayudarla en el duro reto que tenía enfrente.

A falta de una, ahora Miyako se apresuraba por el jardín.

-Hikari nos está esperando, tenemos que ir reuniéndonos. Tenemos una mañana extensa y no podemos perder tiempo. Ken, Sora y Daisuke están planeando directivas desde muy temprano y ya es hora de que nos las informen.

O sea que de todos los madrugadores, Mimí no había tenido mejor idea que venir a interrumpirlo a él.

Tímidamente, Hikari se sentó en su trono. No era la primera vez. Había jugado muchas veces de chica, con Mimí, a que ella era el rey Taichi y Tachikawa su Reina. Porque Tai no jugaba con ellas. Desde muy pequeño estuvo entrenando físicamente para el puesto que ahora ella le había arrebatado asesinándolo. No, lo había perdido solo, escapándose y lastimando gente, se corrigió. Y ella había sido la elegida.

El día anterior había sido algo que nunca había imaginado. Se había sentido querida y respetada, admirada, pero sobre todo legal. Y de la mejor forma, que era la que se demostraba en el vitoreo de sus gobernados. Su corona había llegado de manos de Daisuke, quien era Rey, escoltado por los Príncipes Sora y Takeru, ya que de Yamato aún no había noticias. Era algo inusual, en una situación por completo inusual, pero se habían abrazado y habían roto el protocolo en todos los sentidos y, seguro, su Pueblo había visto en esos gobernantes y herederos una imagen de lo que realmente eran, un grupo de amigos que quería hacer cosas buenas por sus pueblos. Esa era el mejor reaseguro de que la paz estaba latente.

No había podido dormir con Takeru, porque ahora que era Reina, sería muy peligroso para él que, en una situación de peor escenario en la que Yamato volviera con malas noticias, los hielinos vieran al príncipe confraternizando con el enemigo, o mejor dicho durmiendo con. Pero esa situación se iba a resolver. Takeru la llenaba de esperanza.

Los primeros en llegar fueron Sora, Daisuke y Ken, de muy buen humor, seguramente su reunión matutina había llegado a buenas conclusiones, pero faltaba lo más importante que era tener noticias de primera mano de los reinos del Hielo y Fuego, los dos territorios aún en disputa. Los seguían el silencioso Iori y las escandalosas Mimí y Miyako, esta última más radiante que nunca. A regañadientes, Hikari estaba aceptando su unión con Ken, porque la hacía feliz. Y porque él era muy hábil y lo necesitaban en su bando. Por último, entró el sencillo y tierno Takeru, el príncipe de ojos celestes que en breve estaría sentado en el trono junto a ella, seguro. La diplomacia y las negociaciones bilaterales eran un poco complicadas, pero es ese caso la iban a favorecer. Estaba esperanzada.

-¿Hemos tenido novedades de las delegaciones del Hielo y del Fuego?- preguntó Daisuke, líder nato, tomando la iniciativa.

-No se presentaron en todo el día de ayer. Por las distancias, deberíamos esperarlos para hoy, en cualquier momento – contestó la Reina.- Los reuní temprano porque para cuando llegue ese momento, quiero que todos hayamos consensuado el camino a seguir y que estemos preparados ante las eventualidades, que seguro van a surgir. – Hizo silencio. Se estaba acostumbrando a sentir que sus palabras eran respetadas.- Sora, ¿llegaron a alguna conclusión sobre como zanjar- se interrumpió al escuchar gritos y empujones provenientes del pasillo, en el que específicamente había ordenado que no hubiera nadie, porque no sabía aún en quien confiar. La puerta se abrió y en forma desordenada entraron el marido de Momoe y dos guardias, que olvidaron reverenciar a la Reina.

-Majestad Hikari, lamento la interrupción y el desorden de mi llegada- dijo. – Pero estos dos jóvenes se han abierto paso hasta nosotros exclamando que deben verla y que Usted los espera.- Y tras él aparecieron dos guardias sosteniendo a un despeinado y altivo Yamato, que exigía que lo trataran con el debido respeto a su persona, y un joven de cabellos azules y anteojos que Hikari no recordaba. – No hemos logrado reducirlos.

No puedo terminar su frase, ya que Takeru y Hikari se estaban abalanzando hacia los recién llegados. Sin necesidad de más instrucciones, el General ordenó a los soldados que se retiraran y dejó a los diez jóvenes reunidos, saludándose e intercambiando risas y novedades.

-Si puedo tener su atención – volvió a exclamar Daisuke. Todos lo miraron.- Yamato, que alegría verte sano y salvo, Jyou es un placer conocerte y gracias por haberse reunido con nosotros tan pronto. No es costumbre mía el interrumpir una celebración pero creo que todos queremos saber lo mismo, así que más valdría que nos explicaran una sola vez. Yamato, ¿qué novedades tienes de tu Reino?

-Voy a empezar con las buenas- dijo en voz alta, contento por el dominio que estaba demostrando el joven Rey. Sora no había corrido a saludarlo, y ahora que él sabía cuál era su situación sentimental, se negaba a mirarla. No había hablado con nadie de esto, pero se sentía herido, casi tanto como se hubiera sentido si sus soldados no lo hubieran aclamado. Ahora su responsabilidad era, junto a estos nueve compañeros de ruta, dilapidar de una vez por todas la cuestión de la insensata e inmadura guerra que se cernía sobre todos, y haciéndolo esperaba conseguir una esposa y olvidar para siempre a esos ojazos de fuego. Por esto mismo que venía pensando, ser interrumpido por ella misma lo descolocó mucho más que a cualquiera de sus compañeros.

-Si no es mucha molestia – dijo Sora-, y ya sé que deberíamos apurarnos y hacer sociales luego – agregó –, pero me gustaría tomarme dos minutos de su tiempo. Necesito hacer algo.- Yamato asintió, molesto y nervioso por la interrupción. Hoy estaba más hermosa que nunca, con su vestido verde… le recordaba a esa noche que la tuvo recostada sobre las enredaderas. Era el único recuerdo con Sora que atesoraría para toda su vida, el más hermoso y también el más doloroso, porque fue la única vez en su vida que casi la tuvo… y a la vez el momento en el que menos la tuvo, porque ella siempre estuvo comprometida y enamorada de otro y él jamás lo supo…

Yamato estaba tan concentrado en pensar en ella que no notó que Sora había atravesado toda la habitación hasta situarse en frente de él. Sin darle tiempo a saludarla, ni siquiera a reaccionar, Takenouchi se situó a escasos centímetros de él, rozando su cuerpo, y en un súbito movimiento enlazó sus brazos con su cuello y lo besó, repentina y agresiva, posesivamente, asegurándose de que nadie volviera a interrumpirlos.

Mucho tiempo después, Ishida seguiría pensando que ese fue el momento en que más cerca, más suya la tuvo, más solo y conectado estuvo con ella… aunque la escena hubiera sucedido en una habitación con ocho personas más.

Continuará…

Notas: No tengo excusas, así que no las voy a dar. Hace diez años comencé a publicar esta historia, y aunque la abandoné mil veces, siempre vuelvo. El próximo capítulo, que puede salir en dos días o en dos años, va a ser el final total definitivo. Y va a haber un epílogo cortito. Lo dije muchas veces, pero ahora creo que logre concentrar distintos puntos que quedaban sueltos para darles un desenlace digno en el próximo capítulo.

Espero que me cuenten que piensan. Dos capítulos más atrás tienen un resumen de la situación, así que les recomienda que relean desde allí, si se sienten perdidos (como yo). Reviews por favor! Gracias!