Nota: En el capítulo 30 hay un resumen de los personajes principales y en el 31 de como iba la historia, hasta ese capítulo.
La Guerra de los 1000 años
33
Sora se separó de Yamato y se perdió en sus ojos azules. Qué lindo era. ¿Cuánto tiempo planeó ese momento? Dos segundos. Tres. Cuando tu vida está en peligro, uno se debe permitir actuar impulsivamente, sí señor. Lo miró un poco más, profundamente, porque no sabía cuándo volvería a tener esa oportunidad, de sentirlo tan cerca y respirar su olor a acción y a caballo…
Él estaba sorprendido, pero no atinaba a retirar sus manos de sus caderas, ya que temía que se le escapara otra vez. En el fondo de su cerebro tintineaba una advertencia, pero no lograba – no quería – traerla a colación. También le costaba concentrarse en el ambiente en el que estaban. Sabía que había personas, pero él simplemente quería tenerla un rato más para él, así que se acercó otra vez, esta vez para besarla él.
Sora reaccionó apretando más sus brazos alrededor de su cuello y entregándose. Ella no sentía ninguna advertencia. Ese era el lugar en el que quería estar.
─ Eh… ─ interrumpió una voz, dubitativa. El resto giró a mirar a Daisuke, el Líder, y el valiente que se animaba a interrumpir a esos tórtolos.
Tan fugaz como había comenzado, Sora se soltó de Ishida y retornó a su lugar, dejándolo atontado, junto a un confundido Jyou, quien no se había animado a tomar asiento por su cuenta. Ella se sentó junto a Mimi y la Tachikawa se apresuró a agarrarle una mano y sonreírle amistosamente; había sido una de las grandes fanáticas de su amor, a pesar de no haberlos visto juntos aún.
─ Bueno, como veníamos diciendo… ─ prosiguió Daisuke, mientras los rezagados se acercaban. – antes de esta demostración de afecto… ─ Sora se sonrojó y sonrió a Yamato, quien seguía perplejo y no atinó a reaccionar – necesitamos saber cuál es la situación en el Reino del Hielo, si son tan amables…
─ Cierto─ se paró Yamato, retomando la compostura. Es que era una diosa… una diosa impredecible. Cuando la buscaba, se escapaba, se le iba de las manos, viajaba y lo dejaba abandonado sin ni siquiera una sonrisa de despedida, y cuando la olvidaba, aparecía como un fénix que renace, para atolondrarle la cabeza y apretarle los pantalones. – La buena noticia es que tengo el apoyo de mis tropas.
─ ¡Bien, hermano! – gritó Takeru, abrazándolo, mientras el resto lo felicitaba. Pero él solo tenía ojos para una mirada de fuego. Él la quería proteger, pero ella, como el agua entre los dedos, se le escapaba dejando un recuerdo persistente, pero un rastro inhallable. ¿Ella, necesitaba ser protegida? Yamato creía que no, pero eso no le impedía tener ese deseo recurrente.
─ Ahora necesito retornar por el trono, pero no va a haber inconvenientes. El hermano de Jyou se aprestaba a analizar legalmente como puedo accederlo a esta edad, pero tenemos un plan B, que es nombrarme a mí mismo temporalmente mientras aguardamos la mayoría de edad del heredero…
─ ¿O sea, tu propia mayoría de edad? Digamos, ¿te estarías guardando el trono?─ preguntó Hikari, confundida.
─ ¡Oigan, eso podría funcionar en mi caso!─ exclamó Sora, parándose feliz.─ Y si no soy yo, entonces lo puede hacer mi primo Kazuo mientras aguardamos─ pero se cortó súbitamente al ver el semblante serio, y tal vez lleno de odio, de Yamato Ishida. Se maldijo por haberlo arruinado tan pronto, a escasos minutos de haber sido feliz con él.
─ ¿Mientras aguardamos?─ preguntó Ken, ajeno al hielo en la mirada de Ishida.
─ Mi mayoría de edad.─ terminó Sora, sentándose rápidamente. Una vez más, Mimi apretó su mano. Y es que ya la había… aaahg! Ahora no podía poner en orden sus pensamientos, había dejado que el raciocinio ganara una vez más por sobre sus impulsos y había puesto en peligro – o destruido – lo poco que había logrado siguiendo a su corazón, pero que la había hecho tan feliz. Él, no la miraba más.
─ Espectacular, ¿y cuándo piensas que estará listo todo eso?─ inquirió, esta vez, Miyako.
─ No lo sabemos con certeza, pero no hay apuro─ habló, por primera vez, Jyou.─ Ya hemos retirado las tropas, con lo que el peligro de guerra, inminente al menos, está desactivado. Nos pareció importante hacernos presentes aquí para que Yamato pueda demostrar iniciativa ante su pueblo, antes aún de hacerse con el trono. Creemos que mostrarse públicamente ante el pueblo con Daisuke y Hikari puede ser un punto diplomático fuerte para todos.
─ ¿Y Sora? – preguntó Mimí. ─ ¿Ella no puede estar presente, como lo hizo aquí con Kari?
─ Eso dependería de la situación por allá, Mimí, y yo no la conozco. – Contestó Sora, apenada. ─ ¿Ustedes, saben algo?
─ Ese amigo tuyo, Ryo – dijo Yamato, mirando al techo mientras hablaba. – Él tenía un plan con tu… con tu primo – espetó, casi rudamente─ y lo estaban llevando a cabo cuando salimos. Debían enviarnos noticias.
─ Aún no han llegado. – Terció Daisuke.─ Debemos esperar. – Silencio─ Pero eso no impide que entre nosotros tres, podamos llegar a algún acuerdo para terminar toda esta locura, ¿correcto? ¿O es necesario esperar a que coronen a Sora?
─ A mí no me tienen que esperar – opinó Takenouchi─ , porque lo máximo a lo que nos enfrentamos en mi caso es a revueltas internas y luchas por el poder. Si los demás reinos se alían, y contamos con el Viento para apoyarnos, mi Reino por sí solo no podrá hacerles frente. Quien esté al frente deberá unirse a la Alianza.
─ Pero queremos que sea Usted quien esté al frente – interrumpió Iori, quien como de costumbre había observado todo silenciosamente. – Es lo justo y lo que corresponde, ya que no se habría llegado a esta solución sin su participación. ─ Sora quiso interrumpir, pero súbitamente Mimí soltó su mano y se paró.
─ ¿Oigan, no les parece que hay cosas más importantes de las que hacernos cargo?
─ ¿En serio? ¿Cómo qué?─ preguntó Hikari, confundida.
─ Pues de… ─ Mimí se silenció, como ya había hecho en una conversación anterior. Las palabras estaban formadas en su cerebro, pero otra vez no podía hacerlas salir. Ella quería ser fuerte, y sobre todo de utilidad, pero estas discusiones de guerras, tratados y legalidades se le iban de las manos, y nunca sabía cuál era el momento ideal para interrumpir.
─ Mimí, ¿sucede algo?─ preguntó Sora, esta vez tomando la iniciativa en agarrar su mano, y sonriéndole, dándole ánimos. Tachikawa quería ser más como Sora, o como Kari, pero también temía molestar con palabrerío sin sentido y entorpecer las acciones, que ahora parecían comenzar a enderezarse. Respiró hondo y se serenó.
─ ¿Ustedes no han oído hablar de la… Profecía?─ preguntó, dubitativamente. Sora contuvo la respiración: era exactamente lo mismo que le había dicho Koushiro Izumi, quien seguro lo había compartido con Mimí. Otra vez, imágenes de su niñez, escondida dentro de un tronco con Ryo, amenazaron con colarse en su mente. Yamato, quien había escuchado toda la conversación con Izumi, instintivamente miró a Takenouchi, y aunque sus ojos se cruzaron, vio nerviosismo y… ¿miedo? en ellos, y casi quiso pararse a abrazarla una vez más.
─ Mimí, ¿te podrías explicar mejor?─ pidió Hikari, pero ella también predecía por donde venía todo esto.
─ Bueno, verán… – comenzó. – Me cuesta hablar cuando están todos presentes, ¡no me miren! – el resto intercambió miradas confusas, pero ante la insistencia de la castaña, comenzaron a girar sus rostros hacia las paredes y el techo.─ Bueno, bien. Resulta… ─ Mimí suspiró. Ya estaba en la línea de largada.─ Resulta que Izzy… Koushiro, verán, él siempre me hablaba de como las causas que iniciaron esta guerra no eran la leyenda amorosa de la que tanto se escucha hablar, y que su finalización había sido… impedida… por una Profecía, que él no sabía quién había hecho, pero cuyas partes había logrado reunir. En ella, se explicaba que la resolución llegaría de la mano de doce personas que, de alguna forma, restaurarían el equilibrio entre los reinos…
─ Oigan, y si hallamos la causa por la que inició esta guerra sin sentido, ¿piensan que podríamos lograr detenerla?
─ Lo dudo Daisuke─ contestó Mimí.─ Esta guerra comenzó hace… 994 años, si mal no recuerdo… no podemos retroceder tanto tiempo en la historia para buscar pistas…
─ ¿994? ¿De dónde me suena ese número?─ preguntó Takeru, pero mientras lo decía, la respuesta llegó a su mente, al mismo tiempo que a la de sus compañeros de ruta.
─ ¡La zona libre! ¡Las ruinas! ¡Sora, Matt…!─ exclamó Hikari, asombrada de haber unido esos recuerdos con el presente. ─ ¿Lo recuerdan? ¿Recuerdan lo que decía?
─ "Renacerá el círculo, y cuando lo haga, volverá la unidad y permanecerá hasta que haya dado 994 vueltas al Brillo lo que nos rodea…"─ comenzó Takeru.
─ "Pero ellos regresarán de nuevo…"─ terminó Tachikawa. ─ ¡Es esa, la conocen! ¡Saben de lo que les hablo! ─ Rápidamente, Sora explicó a lo demás de que estaban hablando. Su corazón temblaba locamente, sentía que esto tenía relación con sucesos de su infancia que siempre habían quedado inconexos en su mente.
─ ¿Pero cómo sabemos que todo esto es verdad? ¿Que es real?─ preguntó Miyako. Por toda respuesta, Sora prendió una llama de fuego en la palma de su mano. Algunos se asombraron, ya que sabían que ella no contaba con su anillo.
─ Miyako, en este mundo donde tantos de nosotros podemos manejar elementos de la naturaleza, no debería costarnos creer en que esta guerra sin sentido continúa porque no han llegado los Salvadores o… los Elegidos… como queramos llamarlos…─ opinó, muy convencida con su razonamiento. ─ ¿Mimí, sabes algo más?
─ No mucho más, sé que la profecía seguía, pero Izzy nunca lo compartió conmigo.
─ Pero yo sé dónde está─ Hikari sorprendió a todos con sus palabras. – Está en una pared del castillo de Daisuke. Yo lo vi en una recorrida… pero no pude leerlo porque estaba en Aioram, Sora, ¡debes acompañarnos!
─ ¡Oigan pero yo no puedo leer ese idioma!─ protestó.
─ ¡Claro que puedes! ¡Ya lo has hecho! – insistió Takeru.
─ Pero esa vez… no era yo, ¿es que no lo entienden? ¡yo tengo que ir a mi Reino! ¡no puedo perseguir paredes en otros idiomas, porque no voy a poder leerlos otra vez!
─ ¡Sora, no seas terca! – saltó Yamato. El resto hizo silencio, él no midió sus palabras. – Tu Reino va a seguir estando, tu prometido de ojos verdes se encargará de cuidártelo.─ Sora abrió los ojos, sorprendidísima, mientras Mimí y Miyako se tapaban la boca y miraban para todos lados enloquecidas. El resto contuvo la respiración. – Si esta es la única manera de hacer la Paz, debemos darle una oportunidad, o todo este círculo volverá a iniciarse, ¿no lo entienden? Lo que significa esa profecía es que solo lograremos vencerla cuando hayan pasado 994 años, de lo contrario, ¡serán otros 994 años de espera hasta que junten a los nuevos Elegidos! ¿o me equivoco? – instintivamente miró a Ken, quien asintió silencioso.
─ De todas formas – terció Mimí.─ Ya es muy tarde.─ Todos hicieron silencio.─ Koushiro, él… él tenía identificados a algunos de los Elegidos…
─ ¿Y quiénes eran? ¿Acaso éramos nosotros? – inquirió Iori.
─ Eso no lo sé, lo que si les puedo asegurar es que… yo debería ser uno de ellos, fue por eso que solicitó mi compromiso… y Taichi, otro, por ello lo reclutó en su castillo, antes de perder el control de su cabeza…
─ Es decir que si Taichi está… ─ Sora se interrumpió, ya que no quería herir los sentimientos de Hikari y Mimí.
─ Eso no importa ahora─ dijo Mimí.─ Porque Izzy era uno de ellos.
Luego de estas revelaciones, la reunión se desbandó, o "pasó a un cuarto intermedio", diplomáticamente hablando, mientras procesaban las palabras y, sobre todo, esperaban novedades del Reino del Fuego.
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Takeru llegó a su hermano antes que Sora se lo arrebatara, ya que si bien presentía que esa era su intención, y él quería permitírselo, debía hablar de algo urgente.
─ Hermano, es sobre Seiya – dijo rápidamente, llamando a Daisuke con la mano.─ Él no es quien dice ser.
─ ¿Y quién es?─ preguntó Daisuke, muy intrigado, ya que todo este misterio lo tenía preocupado.
─ Es Hiroshi… Hiroshi Takaishi…
─ ¡Nuestro tío!─ exclamó Yamato, golpeándose una mano con su otro puño. ─ ¡Cómo no lo noté antes! ¡Jyou!─ sin embargo, el peliazul observaba atentamente con Sora, y había empalidecido. – Daisuke, esta persona es peligrosa, no debes dejarla libre, es muy importante que lo encierres cuanto antes, ¡pero que no se entere! Porque es muy hábil, se escapará. – Siguió, atolondradamente.
─ Oigan oigan, yo no entiendo nada, si es tan familiar de ustedes, ¿Por qué debemos encerrarlo?
─ Él… trató de matarme, cuando era un niño.─ Dijo Takeru.─ Me llevó a una casa abandonada y me tiró en un pozo de agua… yo no podía congelarla, era muy chico… me quería ahogar.
─ ¿Por qué?─ preguntó Sora, interrumpiendo una conversación a la que no había sido invitada.
─ Luego de mí y de Takeru, él es el próximo heredero. Nunca fue cercano a mi padre, y las cosas en el Reino nunca iban de la manera que él hubiera deseado…
─ Pero esto no tiene sentido – protestó Daisuke, reacio a entregar a su colaborador.─ Él nos ayudó, descubrió a Shinji y lo detuvo…
─ Mientras trataba de separarnos, Davis. – lo interrumpió Takeru.─ Él mandó a mi hermano detrás de Sora porque era quien más fácilmente lo reconocería, por su edad cuando todo ocurrió. Luego, se sacó de encima a Hikari mandándola sola en una misión suicida. Y para terminar, nos mandó a nosotros a rescatarla EN LA OTRA DIRECCIÓN, sabiendo perfectamente a donde se dirigía ella. – Daisuke rumió el análisis unos segundos.
─ Seguro fue él quien envió a Taichi en mi busca.─ Interrumpió Sora.─ De otra forma, ¿cómo iba a saber él quien era yo, y donde encontrarme?
─ Me la juego a que sabe todo sobre la profecía y estuvo queriendo despistarnos y separarnos. – Jyou suspiró.─ Rey Motomiya, él es un fugitivo en nuestro reino, y vamos a solicitar legalmente que lo extraditen para ser juzgado.
Daisuke levantó los brazos, derrotado. Luego se retiró.
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─ ¡Matt! ¡Matt, espera!─ gritó Sora, persiguiéndolo. Jyou miró hacia atrás, pero Yamato ni se inmutó, y continuó firme hacia adelante. ─ ¡Matt!─ gritó, tironeándolo del brazo. Jyou se apresuró a desaparecer.
─ ¿Qué quieres?─ consultó, secamente y sin mirarla.
─ Quiero hablar contigo, por favor mírame. – A regañadientes, él la observó de reojo. No quería, porque temía flaquear. – Matt, quiero hablarte sobre lo que sucede con Kazuo─
─ No me interesa─ contestó Yamato, tratando de seguir caminando, pero ella lo abrazó por la espalda.
─ Al menos escúchame, no te quitaré más que unos minutos. – Yamato suspiró y se dispuso a enfrentarla, pero en ese momento llegó Hikari corriendo.
─ ¡Sora! ¡Sora! ¡Novedades de tu reino! – y rápidamente le aventó en las manos una hoja lacrada con el logo de su Reino. Temblando, rompió el sello y lo desdobló.
─ ¡Es la letra de Ryo!─ exclamó. – "¡Vuelve! De INCÓGNITO. R."─ leyó. – Oh, no, ¡debo regresar ahora mismo!
─ ¡Espera un momento! – la detuvo Yamato.─ Aún no hemos decidido que hacer respecto a esa… profecía, o lo que sea, no puedes salir corriendo para el otro lado si dependemos de tu lectura para resolver este enigma.
─ ¿Es que no lo entiendes? ¡No fui yo quien lo leyó, no recuerdo nada! – protestó.─ Yo debo regresar, ¡tengo que solucionar esto! ¡todo mi pueblo puede estar sufriendo!
─ ¡Si serás terca!─ exclamó Ishida, girando enfadado, para luego volver a encararla. ─ ¿Sabes qué? Yo me marcho, que te convenza el resto.
─ No, Yamato, ¡no hemos terminado de hablar!─ gritó, reteniéndolo del brazo. – Hikari, por favor. Tienes que volver con Daisuke. Tienes que descifrar ese enigma. Yo tengo que volver porque… porque podría haber una pista en la biblioteca de mi castillo.
─ ¿Cómo una pista? ¿De qué hablas?─ preguntó Hikari, intrigada.
─ Hay un libro, un libro que Ryo y yo siempre quisimos robar… nunca lo pude leer, pero estaba en aioram, y tenía el logo de los cinco reinos en su tapa… si hay alguna posibilidad de que destrabemos el lío en el que nos metimos al librarnos de Izumi y Taichi, tiene que estar en ese libro, pero necesitamos también terminar la profecía, y eso solo lo puedes hacer tu… Hikari, yo SÉ que puedes leerlo, ¡lo presiento! ¡Por favor!─ imploró Sora, se veía ansiosa, y no dejaba de apretar la manga del rubio. Dudosa, Hikari asintió.
─ Lo intentaré, pero… Sora, por favor, no puedes demorarte, tenemos que juntarnos nuevamente en el corto plazo, ¡no podemos seguir demorando esto!
─ Por eso lo mejor será dividirnos, ¡por última vez, lo prometo! Tú puedes llevar a Daisuke, Ken y Miyako, y estimo que Mimí querrá ir contigo.
─ ¿Y acaso vas a ir sola hasta tu Reino?─ preguntó Yamato, de mala gana, ya que este plan no le gustaba en lo más mínimo.
─ No, yo iré con ella─ intercedió Iori, apareciendo de las sombras. Sora le sonrió.
─ Matt… debes ir conmigo, tú también─ pidió Sora, sosteniéndolo con ambas manos. – Desde ahí será mucho más sencillo que vuelvas a tu Reino, tal vez incluso, ¡podemos juntarnos para tu coronación!
─ Yo no iré contigo, ya en muchos líos me he metido por perseguirte. Saldré con mi hermano y Jyou directo a mi Reino, y en cinco días a lo máximo los espero a todos ahí.
─ ¡Yamato!─ exclamó Hikari.─ ¡Somos un equipo! Estamos en esto juntos, no puedes cortarte sin más, además, no creo que Takeru te lo permita. – Ishida rezongó, pero realmente no tenía ningún contra argumento que ofrecer, ya que era seguro que su hermano se negaría a mandar a Sora en un viaje de dos días, sola con un niño, por buenos luchadores que ambos fueran.
─ ¡Está bien, está bien! Pero que quede claro que esto lo hago por el equipo, y porque es lo que mi hermano querría, NO lo hago por ti.─ Se zafó de los brazos de Sora y caminó unos pasos. – Si salimos pronto, podremos llegar para mañana a la noche, iré a buscar a Jyou y a Tk.
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Esa primera noche la pasaron debajo de los árboles en la Zona Libre. Hikari les había devuelto los anillos, luego de una apresurada búsqueda; finalmente, había logrado que su padre cooperara. Takeru ya estaba cansado de viajar, pero no pudo protestar cuando su hermano le dijo que era la antesala a marcharse a sus tierras, y menos aún cuando Hikari le comentó, preocupada, sobre la discusión entre Sora y Yamato. Es que mira que tenerse un prometido escondido… sin duda, la seriedad en esa relación no era lo de Sora, o tal vez, no lo era la fidelidad… pero en realidad, lo que le molestaba de viajar, era que Hikari se había ido hacia el otro lado, y no podía protestar, porque ella tenía una misión, y él debía mostrar su rostro por su reino, si no quería que destituyeran a su dinastía. Después de esto, podrían iniciar algunas negociaciones para que ambos reinos puedan unirse en una alianza, y entonces sí, debería abandonar sus tierras para mudarse al Trueno, pero para vivir – y reinar – con ella, y eso no era un sacrificio. Costaría acostumbrarse a la lluvia constante, y extrañaría las montañas escarpadas y los glaciares de sus tierras, pero sin dudas, debería visitar a su hermano seguro, aunque sea para evitar que hiciera tonterías como gritarle a Sora.
Ahora, lo que él necesitaba era, al igual que su novia, una misión… y observando el panorama, se le iba formando una en el cerebro.
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Iori estaba nervioso, aunque jamás lo exteriorizaría, porque era la primera vez en años en que regresaba a sus tierras de nacimiento. Por algún motivo, él nunca había dejado de sentirlas suyas, a pesar de que había vivido menos tiempo allí que en otros lugares. Pero entre los Humanos, nunca se sintió uno más, quizá porque las llamas de las velas temblaban a su paso o porque lo miraban de reojo y murmuraban a su paso por el castillo, conociendo sus vínculos con Nabuko.
Lo que a él lo había mantenido en pie, había sido entrenar junto a la guardia especial del castillo, ya que sus habilidades eran grandes, y no le daba vergüenza admitirlo. Era lo justo. Así se había hecho conocido y se había ganado el respeto de los demás, a pesar de ser el extranjero. Pero aunque su situación en esas tierras fuera buena, nunca había olvidado las estepas rojizas de su ciudad natal. Y lo había redescubierto al aparecer Sora Takenouchi, la princesa, y él iba a ayudarla a retornar a donde se merecía, porque era lo que correspondía.
Y en el medio había conocido a Miyako Inoue y a la loca de Mimí Tachikawa, y sonrió en silencio, porque por primera vez, se sentía parte de un equipo.
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Sora esperó despierta a que fuera el turno de Yamato de hacer guardia. Pasados unos momentos, cuando estimó que ya todos dormían, salió de sus mantas y se acercó a la fogata que ella misma había encendido, para sentarse junto a ese rubio que le quitaba el sueño.
─ ¿Qué estás haciendo? – preguntó, observándolo abrir y cerrar su mano repetidamente, sin su anillo.
─ Estoy tratando de crear escarcha, o un cubito de hielo, ya sabes… como haces tú sin tu anillo. – A Sora le agradó sentir que su tono hacia ella fuera cordial.─ Pero no estoy teniendo mucho éxito. – Agregó, al tiempo que recogía y volvía a ponerse su alhaja.
─ ¿Así? – preguntó Sora, creando una pequeña llamita. Sonriente, se la acercó a Yamato, quien dudoso, la recogió entre sus manos.
─ ¡Increíble, no quema!─ exclamó, sorprendido.
─ Eso es porque no quiero lastimarte. Considéralo un regalo. – Sonrió, pero él le evadió la mirada. – Sabes ─ continuó, luego de un momento. – La primera vez que pude utilizar mi poder sin mi anillo, estaba en un apuro… estaba en peligro, de hecho. Era bastante pequeña, no sé cómo logré hacerlo, ya que aún no manejaba bien mis fuerzas. Y luego de eso, me ayudó saber que podía hacerlo para lograrlo.
─ Fácil decirlo, ahora solo tengo que hacerlo una vez, que es lo que estoy tratando… o exponernos al peligro nuevamente – contestó Yamato. Hizo silencio, y esta vez ella no lo interrumpió. No quería que estuviera ahí, sentada tan cerca de él, sintiendo el tacto de la piel de sus brazos, pero tampoco quería rechazarla otra vez, y echarla como había hecho durante la tarde, simplemente porque no soportaba su mirada de tristeza y dolor. Y él quería lastimarla, se merecía lastimarla, pero en realidad, quería protegerla, y de paso abrazarla y respirar en sus cabellos. ─ ¿Por qué estabas en peligro, esa vez…? – preguntó, por impulso, antes de darse cuenta de que estaba entrando en un terreno peligroso.
─ Eso… tiene que ver con lo que me motiva a regresar a mi Reino tan pronto. Verás – respiro hondo─ una vez, con mi amigo Ryo─
─ Cuantos hombres en tu vida─ apuntó Yamato. Sora no se inmutó.
─ Nos escapamos a la noche, porque yo tenía este libro del que te hablé, y quería llevárselo a una anciana que vivía en el bosque, porque sabía que ella podría descifrarlo. Pero nos descubrieron y… alguien, o algo, nos persiguió─ Sora miraba fijamente a las llamas mientras proseguía su relato, y Yamato, la observaba a ella.─ Nos escondimos dentro del tronco de un árbol, yo lo poco que recuerdo es que tenía mucho miedo, y que apretaba el libro contra mí… pero en un momento, me sentí atrapada, supe que nos iban a agarrar, y no sé bien como, logré encender fuego y así nos salvamos…
─ Pero Sora, esa es una buena historia, no entiendo porque te cuesta tanto contarla.
─ Porque hubo consecuencias, Matt… esa era la segunda vez que nos encontraban a mí y a Ryo fuera por la noche, y la actitud no gustó… a él, lo retiraron del palacio, y no volví a poder hablarle hasta que crecimos y lo hicieron Comandante, ya que coincidía con mis entrenamientos… ─ suspiró─ pero además…─ Yamato, con la mirada, la alentó a seguir. Ella respiró hondo otra vez.─ Las llamas, como te dije, se salieron de mi control, y quemaron la choza de esta anciana… nunca la volví a ver, ni a ella ni al libro, que me fue arrebatado… y tengo el presentimiento de que, si ella estuviera viva, podría echar mucha luz sobre esto que estamos viviendo…
─ No es culpa tuya lo que pasó, no podías controlarte… además, si no hubieras sido tan curiosa, hoy probablemente ni sabríamos de la existencia de este libro y estaríamos nadando en la neblina respecto a esta… Profecía y… Elegidos, o lo que fuera… ─ Sora le sonrió, tímida, y pensó en recostarse en su hombro, pero no quería tomarse tantas libertades luego de la discusión de esa tarde. Tenía tantas cosas que contarle, y tantas explicaciones que darle, pero sentía que él debía tomar la iniciativa, o de lo contrario lo estaría acosando, y no quería arruinar el lindo momento que acababan de lograr. Pero, ¿es que él no sentía dudas? ¿Cómo no le preguntaba? Hombres, ya se estaba dando cuenta de que toda iniciativa, debería venir de su parte…
─ Oigan, ¿Qué hacen los dos despiertos?─ preguntó Jyou, uniéndose al grupo. – Uno de ustedes debería dormir para poder hacer su turno completo; Yama, yo te cubriré, ahora debes descansar.
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El grupo de Daisuke llegó a su reino casi un día después de haber salido. Habían reducido la comitiva para poder llegar más rápido, pero otra vez habían tomado el camino principal, porque era lo que correspondía a la investidura de dos soberanos. Hikari no había logrado dejar a nadie de mucha confianza a cargo, pero la tranquilizaba saber que en algunos años podría dejar a su futuro marido, Takeru, cada vez que ella debiera hacer algún viaje diplomático. Porque si era para tener una aventura, esta era la última que emprendía sin él.
Una vez llegados, ella no quiso esperar y se dirigió deprisa a las palabras que había visto. Daisuke y Ken sin embargo no las acompañaron, ya que debían dar órdenes precisas sobre qué hacer con Seiya, a la espera del pedido oficial de extradición que enviaría Yamato.
Por lo tanto, las tres chicas en solitario se mandaron a recorrer los corredores, tratando de encontrar algo que llamara su atención por lo extraño. Esto claro, porque Hikari se perdía en tan imponente lugar y no podía recordar donde había hecho su descubrimiento.
No demoró en llegar Miyako corriendo con la revelación de que había encontrado algo que, efectivamente, era lo que Hikari consideraba la continuación de la Profecía.
─ ¿Y cómo dices que hizo Sora para leerlo?─ preguntó la pelimorada.
─ No lo sé y no lo sabe ella tampoco, pero fue muy extraño, porque su voz se oía y su rostro se veía muy diferente cuando lo hacía, casi como si fuera otra persona hablando por ella…
─ ¿Crees que eso significa que ella también es una de las Elegidas?─ consultó Mimí.
─ No podría asegurarlo… oigan creen que si nos esforzamos en mirar estas palabras, ¿podremos descifrarlas? – inquirió Yagami, mirando fijamente los caracteres extraños. Las tres se dispusieron a observar fijamente. Ninguna era consciente de cuánto tiempo pasaba, pero sí de que no sucedía nada.
─ Esto es inútil – dijo Mimí, exasperada.─ No lograremos nada observando, ya sé que yo fui la de la idea, pero tal vez debemos abandonarlo…
─ No podemos rendirnos tan fácil, Mimí─ dijo Inoue, a la vez que dejaba de mirar las escrituras para enfocarla a ella. Ahora solo Hikari estaba centrada en su misión, mientras las demás chicas discutían entre ellas. Ken y Daisuke aparecieron por una esquina, buscándolas.
─ ¡Ahí están!─ gritó Ken, apresurando el paso. Miyako olvidó definitivamente su misión y se adelantó unos pasos para recibir a su prometido.
─ Oye Kari, ¿ya lo has descifrado?─ preguntó Daisuke, nervioso, como cada vez que se dirigía a esa castaña.
─ Es imposible – interrumpió Mimí.─ Creo que necesitamos un nuevo plan, esto no nos lleva a ningún lado.
─ "y todo volverá a comenzar. Para evitarlo harán falta sacrificios que retornen al equilibrio inicial. Pero más que esto, no encontrarán en las piedras." – susurró Hikari, sus ojos brillantes, su voz opaca, y una extraña luz surgiendo de su pecho. Su mano firmemente recorría los símbolos en la pared, como si los leyera con ellas en vez de con los ojos.
─ Kari, ¡lo hiciste! – gritó Miyako, abrazándola y sacándola de su trance.
─ ¿Qué? – preguntó Yagami, perpleja, ya que para ella no había sucedido nada entre la llegada de los chicos y este momento.
─ "y todo volverá a comenzar. Para evitarlo harán falta sacrificios que retornen al equilibrio inicial. Pero más que esto, no encontrarán en las piedras." – repitió Ken, sorprendido. – Esto significa que… este es el final de la profecía, ya que "no encontraremos más nada en las piedras"…
─ ¿Pero tal vez en otro lugar?─ preguntó Daisuke, admirado de la hazaña de la niña de sus ojos.
─ ¡En el libro que Sora fue a buscar!─ gritó Mimí, contenta de ser de utilidad, y chocó los cinco con Miyako, quien se había alegrado de su análisis.
─ Pero todo esto no puede ser coincidencia, es como si… fuera muy fácil – razonó Hikari.─ Mimí conocía la profecía por Izumi, nosotros encontramos un pedazo en nuestro camino hacia aquí, luego yo visualicé este otro, y Sora de pequeña estuvo en contacto con ese libro… casi no hay desafío…
─ Eso debe ser porque todos nosotros somos Elegidos. Por eso pudiste descifrarlo recién cuando ellos dos llegaron, habrá faltado… energía o… presencia… algo─ terminó Mimí, y todos la miraron sorprendidos de que hubiera llegado a tal conclusión por su cuenta.
─ ¡BINGO!─ terminó gritando Miyako, para que todos comenzaran a reír y a felicitarse por el gran equipo que hacían.
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El grupo de Sora llegó a sus puertas al anochecer del día siguiente a haber salido. Los últimos kilómetros los transitó cubierta hasta los pies, especialmente sus cabellos, tan llamativos, que podría haber sido fácilmente descubiertos por alguno de los campesinos que se cruzó en el camino. Sin embargo, habían corrido con suerte, y el único inconveniente era que, desde la repentina interrupción de Jyou la noche anterior, no había vuelto a intercambiar palabras con Ishida, ya que su consejero parecía haber hecho su misión personal el evitarlo.
─ ¿Cómo haremos para entrar? – preguntó el susodicho, admirando dos monumentales portones con dos guardias delante.
─ No tendremos problemas para abrir la puerta, pero debemos crear una distracción para que ambos se retiren – dijo Sora, quien observaba atentamente la situación.
─ ¿Podremos entrar con los caballos? – preguntó Yamato, encariñado con su bestia.
─ Creo que sí, si nos apuramos…─ susurró, y por primera vez en casi 24 horas intercambió una mirada con el rubio.─ Esto es lo que haremos…
El fuego comenzó momentos después, dentro del bosque, a varios metros de donde se encontraban los guardias. Uno salió disparado hacia el incendio, y el otro atravesó los portones, para buscar ayuda, dejando una de sus puertas abierta de par en par.
─ ¡Ahora o nunca!─ exclamó Takeru, y los cinco espolearon sus caballos para ingresar de improvisto, sabiendo que no serían vistos por el guardia que ya se había internado entre los árboles.
Sora no respiró hasta que estuvo dentro de las fronteras de su ciudad natal; pensó que nunca regresaría. La noche era calma, calurosa, y sobre todo tranquila, lo que beneficiaba a su misión. Pocas personas vieron a los cinco "forasteros" atravesar la avenida principal en dirección al castillo, donde esperaba que Ryo estuviera en la puerta, si había recibido su último mensaje. Sin embargo al llegar, se llevó una sorpresa desagradable al descubrir que quien la esperaba, estoico bajo la noche, era su primo Kazuo Takenouchi. No desagradable por volverlo a ver, ya que eran muy cercanos y lo extrañaba, sino porque Yamato sería partícipe del reencuentro entre ella y su "prometido", y eso sin dudas arruinaría lo poco que había avanzado en recuperar su afecto.
Para su sorpresa, Kazuo no hizo intención de acercarse cuando la vio llegar, sino que ordenó a un guardia abrir la puerta e indicarles que entraran inmediatamente, dejando a los caballos al cuidado de un mozo de estancia, al que enseguida se mandó llamar. Sora miró preocupada a todos lados al ingresar a su casa, pero el hall del castillo estaba desierto. Respiró aliviada, se sacó la capucha, y en ese momento Kazuo la envolvió entre sus brazos y la acercó a su corazón, abrazo que ella devolvió a pesar de que cierto rubio la estuviera mirando.
─ Sora, mi niña… ─ susurró él, alejándose para observarle la cara – Llegué a pensar que no te volvería a ver─ y volvió a abrazarla, aunque esta vez para asegurarse de que no se le escabullera de las manos una vez que la había recuperado. Serio, Yamato observó la escena, maldiciéndose por dentro, y dándose cuenta de que el aprecio de ese joven por su Sora era mucho más que fraternal. – Veo que has traído compañía, Rey Ishida, no esperaba volver a verlo tan pronto─ saludó, estrechándole la mano, gesto que ambos aprovecharon para apretar solo un poquito más de lo que dictaba el protocolo. – Muchas gracias por cuidar de nuestra princesa, no es que lo necesite, pero me siento complacido de que no haya debido viajar sola.─ Yamato asintió con la cabeza.
─ ¿Dónde está Ryo?─ preguntó Sora, preocupada, ya que su nota estaba expresamente dirigida a su castaño amigo.
─ No le ha sucedido nada malo, me está ayudando en una pequeña misión de propaganda, pero mañana de mañana estará aquí. Propongo que esta noche no descansemos y no perdamos tiempo, hay mucho que discutir… a no ser, claro, que estén muy cansados… ─ posó su mirada por Iori y Takeru, los menores del grupo, pero ninguno se hizo partícipe de la indirecta.
─ De ninguna manera puedo esperar hasta mañana, necesito saber ahora mismo en que situación está todo, ¿qué hay de las tropas? ¿pudiste librarte del senescal? ¿el Pueblo ha expresado algún deseo respecto al proceder de esta dinastía?─ Sora, atolondrada, encadenó las preguntas sin orden, ansiosa por encontrar respuesta a cualquiera de ellas.
─ Sora, te prometo que todo tendrá respuesta, pero vayamos a mis habitaciones, donde podamos hablar tranquilamente – ella sabía que esto significaba "donde podamos hablar sin que nos espíen", pero consideró muy prudente de parte de su primo no expresarlo en voz alta. Con una señal, indicó a sus amigos que la siguieran.
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Los aposentos de Kazuo Takenouchi se encontraban en la parte este del castillo, para lo que debían atravesarlo en su totalidad. A Sora le preocupó que no hubiera gente, guardias, servidumbre, parecía casi un castillo desierto, lo que no podía significar más que problemas: sin duda, él solo no habría podido contener los rumores o revueltas, y por ello habría prescindido del servicio. Se alegró sin embargo al llegar a las cocinas, donde pudieron ordenar algo de comer para cinco personas, y tres serviciales cocineras se apresuraron a ponerse manos a la obra.
Lo que también la preocupada era Yamato, quien caminaba a sus espaldas con su hermano. Si le había escrito a Ryo era porque específicamente quería evitar que él la viera con Kazuo, al menos en la medida de lo posible, y este pequeño "desliz" de su mejor amigo le resultaba sospechoso. Es que él, seguro, veía las complicaciones de lo que ella quería acometer con mucha más claridad que ella, quien estaba honestamente cegada por esos ojos azules que, últimamente, solo le lanzaban miradas heladas. Sora sabía que su plan iba a funcionar, pero no lo podía poner en marcha si él continuaba ignorándola, o peor aún, por lo que debía recomponer su relación cuanto antes. Y eso significaba que no podía haber más "deslices".
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Kazuo hizo acomodar a todos en una pequeña sala de estar, acogedora aunque simple, que guiaba sin duda a su habitación privada. Él intentó sentarse junto a Sora, pero ella se cuidó de sentarse junto a Yamato, con lo cual su primo no tuvo más remedio que acomodarse frente a ella, en un sillón pequeño.
─ Sora lo primero que debes saber es que nos hemos librado de Iwomuro─ inició Kazuo, sobresaltando a la pelirroja.
─ ¿Él está…?
─ Si─ contestó, secamente.─ Yo me encargué de ello… pero no sé si lo maneje con delicadeza. Veras─ continuó, ante la mirada suplicante de ella.─ Yo… quise simular que él intentó ahogarme, pero no logré convencer a todos… por el momento, Shiratori no ha expresado sus recelos en voz alta, con lo que pudimos neutralizar a los hermanos Kuriko y retroceder con las tropas, pero sé que una sola palabra suya puede tirar todo esto como un castillo de naipes… pienso que debemos tomar en forma urgente alguna medida que demuestre que estás de mi lado en esto, creería que eso alcanzaría para aplacar sus dudas, porque demuestra que no estuve actuando por interés propio.─ Sora asintió.
─ ¿Cuándo es que llega Ryo?─ volvió a preguntar, desconcertando a los presentes. Kazuo la miró confundido.
─ Está en una misión pero… no debería tardar en llegar…
Invocado, las puertas se abrieron para revelar al recién llamado. Sora saltó de su asiento y corrió a abrazarlo, esta vez despreocupándose de que Ishida la viera. Kazuo observó la escena impasible.
─ Oye oye, ya tendremos tiempo de ponernos al día… ahora tengo importantes novedades─ dijo, saludando con una seña a los invitados y posicionándose cerca de los demás. Detrás de él aparecieron las cocineras con la comida encargada, que Ryo se apresuró a servirse, a pesar de que no la habían pedido para él. – Querida Sora, he estado realizando unas tareas de propaganda junto a unos colaboradores, para chequear como está tu imagen en el reino.─ La susodicha se removió nerviosa en su asiento─ Tengo el agrado de informarte que cuentas con bastante apoyo, ─ Sora suspiró aliviada─ si bien corren rumores sobre tu desaparición…
─ ¿Qué rumores?
─ Bueno, son varios y cada uno más fantasioso que el anterior, sobre si fuiste raptada, si te fugaste, si te vendiste al "enemigo"─ Sora palideció al oír eso, él la desestimó con una mano─ no es importante, porque presiento que en la hora final, saldrán a respaldarte como Soberana – Sonrió.─ Has hecho mucho bien estos últimos años como para que te olviden – ahora fue su turno de sonreír, avergonzada, y se sonrojó más al notar que Yamato la miraba de reojo, con un leve brillo en sus ojos.
─ ¿Y respecto a mí?─ preguntó Kazuo.
─ Y… ahí es cuando comienzan los problemas… veras─ él lo observó serio─ en muchos lugares parecen creer que actuaste por motus propio, los soldados han hecho correr rumores, y temo que algunas personas han comenzado a creer que en realidad… estás tratando de embarrarle la cancha a Sora…
─ ¿Embarrarle la cancha a Sora? ¿Yo? ¿Quién puede creer algo así?─ exclamó, indignado.
─ Si la gente de mi pueblo puede creer que yo me vendí al enemigo, pueden creer cualquier cosa de cualquiera de nosotros, relajate, Kazuo─ dijo Sora, con ademán tranquilizador.
─ Entonces es como yo presentía─ dijo Takenouchi mayor, observándola.─ Tenemos que llevar a cabo alguna acción que demuestre sin rodeos que estamos juntos en esto, luego resolveremos fácilmente de qué manera otorgarte el trono que te corresponde.
─ ¿Qué medida?─ preguntó Takeru, que había observado todo en silencio, pero ahora sí, se temía que lo próximo no le agradaría.
─ Se tienen que casar cuanto antes.─ Anunció Ryo, seco, y sin desearlo sus ojos giraron hacia Yamato Ishida.
Luego de eso, la reunión se desbandó, ya que Sora deseaba pensar y descansar, ya al día siguiente podrían terminar de ponerse al día. Ryo se ofreció a acompañar a los invitados a sus aposentos para esa noche, y cuando Sora se disponía a salir de la habitación, Kazuo la detuvo.
─ Sora, espera… quédate conmigo un rato más.─ Ella estaba de espaldas a él, ya que se aprestaba a salir, y parado en la puerta se encontraba Yamato, tal vez esperándola. Al escuchar el pedido de Kazuo, él terminó de salir, dándole la espalda. Afuera, logró escuchar como Ryo decía a Takeru "así que tú eres el verdadero Principito, tu hermano ya es todo un Rey importante y ese apodo no le va".
─ Matt─ escuchó enseguida. Sora estaba detrás suyo y había cerrado la puerta, dejando a su prometido solo en el interior. – Te acompaño hasta tu habitación.─ Él asintió, y emprendió la marcha.
─ ¿Por qué no te quedas con él?
─ Me interesa más estar contigo.
─ Sora, él es tu prometido – dijo él, frenando de golpe.─ Si no se casan, quien sabe a qué destino lo enfrentarás, tal vez deba ir preso o lo ejecuten por asesinato.
─ Yo no voy a dejar que nada de eso suceda, Yamato – contestó, enfadada.─ No sé cómo puedes pensar algo así de mí.
─ ¿Y qué esperas que piense? Un día me besas y dos días después estás planeando tu boda, esto es absurdo, ¡no entiendo a qué estás jugando!
─ ¡Yo no estoy jugando a nada!─ habían detenido su marcha y el resto se había marchado, perdiéndolos de vista al doblar en un pasillo.
─ ¿Y entonces, qué es esto? ¿Acaso solo quieres divertirte conmigo?─ ¡PAF! El cachetazo resonó por todo el pasillo, luego Sora comenzó a llorar, pero no se alejó, sino que lo miró con firmeza.
─ En todos estos años de conocerlo, ni por un día sentí la excitación y la emoción que llevo conmigo desde que me sacaste de ese calabozo. Las aventuras que vivimos, los miedos, los gozos, los planes hechos y deshechos, y la sensación de ser, junto a ti, parte de algo más grande, me han llenado de estupor en un principio, y de nervios, ¡pero yo no puedo ocultar lo que siento! Esto es importante para mí, y se desentiende de las obvias responsabilidades que como futura Soberana me corresponde cumplir; y creo que deberías entenderlo, ¡ya que pronto te encontrarás en una situación similar!
─ Es que Sora, yo no sé qué pretendes que haga, yo ya soy Rey, no puedo abandonar a mi reino a la deriva para estar contigo, ¿te imaginas el sacrificio que le impondría eso a mi hermano? Él debería dejar todo con Hikari para suplantarme, y yo simplemente, ¡no puedo pedirle eso!
─ ¡Y yo tampoco te lo estoy pidiendo a ti! ¡Solo quiero que estés conmigo, mientras podamos! – Yamato suspiró hondo, y la agarró de las manos. Su expresión de bronca y fastidio ya había desaparecido, y ella había dejado de llorar. Le secó las lágrimas y reposó su mano en su mejilla caliente.
─ Lo siento Sora, yo… no lo había entendido así – dicho esto, la abrazó. – Y creo que tengo que pensarlo un poco más─ y con esto, se alejó por el pasillo, siguiendo el camino por el que se había perdido su hermano, y ella se quedó parada, sola, entre un futuro en apuros y un presente que se le iba…
Continuará…
Nota: CASI CASI lo termino acá, pero ya se me estaba alargando mucho el capítulo y estaba quitando escenas a lo loco para terminarlo, me iba a privar de hacer lindas escenas de romance solo para llegar al final. Es que ya estoy cansada, y para colmo del capítulo anterior recibí ¡un solo review! Lo continúo por terquedad y porque no me gusta dejar las cosas inconclusas, pero la verdad es que no debería y por meses estuve convencida de que ya se había terminado para mí.
Espero terminarlo si o si en el próximo capítulo (hace como cuatro que digo eso), luego habrá un epílogo cortito. Ya estoy trabajando en el siguiente, y mi intención es si o si terminarlo entre febrero o marzo, pero de verdad les quiero pedir por favor que me dejen review, por que no sé si vale la pena que escriba.
¡Saludos!
