Nota: Digimon no me pertenece y escribo esto tan solo por diversión.
La Guerra de los 1000 años
Epílogo
Sora hizo al trote los últimos metros que la separaban de su destino. Era un trote ligero, pero cómodo: había reemplazado los vestidos acolchonados y ajustados en el pecho que debía vestir como soberana por un pantalón de montar color caqui, con una simpática camisita en color verde – el preferido de Yamato – que le había sacado a su primo y marido.
Había luna llena. La noche era templada y la brisa muy leve, solo perceptible por el movimiento de las hojas de los árboles. Casi siempre les tocaban noches así. Las veces que había llovido – y solo una había sido tormentosa – habían acudido igualmente, con puntualidad y cargando regalos. Siempre solos, aunque en dos ocasiones Takeru y Hikari los habían sorprendido – intencionalmente, vale aclarar.
El artífice de todo esto, por supuesto, era Takeru Takaishi, quien la llamaba "cuñada predilecta", en contraposición a la "cuñada verdadera", de la que nunca quería hablar. En el medio de la Zona Libre, allí donde hacía poco más de un año habían llegado escapando del Trueno, en el mismo lugar donde Taichi Yagami los había observado y les había robado una manzana, el pequeño rubio les había hecho construir un cobertizo. Era endeble, poco espacioso y quizás peligroso. ¿Qué más se podía esperar, si había sido obra de él y sus amigos de aventura? Hasta Jyou y Ryo, los negados y opositores, habían participado de su construcción.
Había sido un fin de semana de descanso, pero dedicado a dar un cierre a esa aventura inolvidable. El objetivo de la pequeña casita no era otro que tener un lugar de encuentro al alcance de todos, pero en realidad solo era utilizado por Sora y Yamato, una vez por mes, en noches de luna llena, para destapar y liberar todo lo que ocultaban día a día en sus respectivas cortes.
Aunque, siendo estrictos, "ocultar" era un eufemismo, ya que Kazuo Tekenouchi-Takenouchi le mandaba mensajes formales a Yamato a través de Sora, una vez por mes, siendo la mayoría de ellas amenazas disfrazadas de legalidad diplomática. Y la jovencita esposa de Yamato, cada día más embarazada, suspiraba en silencio cuando lo veía partir, porque su contrato matrimonial acarreaba ese secreto a voces, el cual él mismo se había encargado de explicarle como si fuera un mero trámite protocolar.
Cuando él llegó, ella atizaba un fuego recién hecho. Manualmente, ya que hacía tiempo que no era capaz de jugar con las llamas entre sus manos. Su pueblo se había hecho incapaz de controlarlo una vez que ella depositó el último anillo en el fondo de ese pozo sin fin. Ahora, Takeru reescribía la historia, agregando su aventura, sin revelar cuál era el lugar donde la magia se extinguía.
─ Me encanta cuando vienes de verde ─ fueron sus primeras palabras, mientras sacudía sus pies sobre un improvisado tapete.
─ A mí me encanta cuando vienes ─ ella siempre era capaz de ganarle discursivamente, aún cuando no se lo propusiera. Gran parte del tiempo pasado juntos eran pequeñas peleas verbales y juguetonas, que lo dejaban en posición de desventaja. ─ Es la primera vez que te demoras unos minutos.
─ Lo lamento Sora, es que tengo novedades excitantes ─ ella levantó una ceja sorprendida y sonrió, esperando que él continuara hablando. ─ Hoy hemos destruido el último anillo del Viento.
─ ¿Se han terminado? ¿Todos? ─ contenta, se lanzó a sus brazos, dándole el primer abrazo de la noche. ─ ¿Es el fin?
─ No creo que sea el fin. Creo que es el comienzo ─ la besó sonoramente; también, el primero de la noche.
─ Sí. Yo también pienso que es el comienzo. Y tengo buenas noticias al respecto ─ ambos se sentaron en una pequeña mesa en el centro de la estancia, donde ella ya había depositado algunos alimentos que había traído de su castillo. Él, como siempre, llevaba una cantimplora de agua y una botella de vino, siempre una distinta. ─ Hoy me ha llegado una carta de Mimí.
─ ¿Hay novedades? ─ inquirió, cortando un budín de zanahorias, que solo cocinaban con exquisitez en el Fuego.
─ Taichi le ha preguntado cómo está Hikari. ¿Es esperanzador, no? A veces cuando pienso a fondo en la situación, en como debe pasar día a día visitando una cárcel de un reino lejano, esperando que él la mire y responda a sus caricias, me entra mucho desasosiego y me entristezco. Pero ella siempre me contesta con alegría, contándome como él la miró a los ojos, le sostuvo la mano o le dio un beso en la mejilla antes de que se retirara, y me admiro por la fortaleza que encontró. ¿Quién hubiera dicho que es la misma persona que hacía pucheros cada vez que queríamos pelear en algún lugar?
─ No sé si es fortaleza. Creo que lo que Mimí ha demostrado en toda esta situación es pureza. Pienso que es tan inocente que no puede comprender lo que la ambición de conocimiento generó en Koushiro ni la desesperanza en Taichi. Si la situación hubiera sido otra, seguramente ella habría sido capaz de salvarlos a ambos.
─ Pero en este contexto, siento que aún puede salvar a uno de ellos. No es eso lo que me genera desasosiego. Es ver como una joven como ella, de excelente familia, con vínculos exquisitos y con la posibilidad de tocar el cielo, terminará su vida visitando a diario a un preso que un día le profesa devoción, y al siguiente no le habla por horas.
─ Tal vez es el sacrificio que ella debía hacer. Takeru y Ken opinan que el equilibrio no se mantendrá artificialmente, porque faltaron Koushiro y Taichi. Entonces todos tendríamos que sacrificar algo, a efectos de cumplir con la profecía. Nosotros perdimos nuestros poderes, y arrastramos a todos nuestros súbditos con nosotros.
─ Yama… nosotros dos sacrificamos mucho más que eso. ─ No lo dijo como reproche, pero él sintió que se le hundía el corazón.
─ Pensé que estabas conforme con esta situación ─ enredó su mano con la de ella y la besó suavemente. La miró a los ojos, pero ella desvió la mirada.
─ Estoy conforme. Pero porque no tengo opción. ─ Suspiró. ─ Hoy podemos hacer esta locura de escaparnos de todo y encontrarnos a escondidas. ¿Pero qué va a pasar cuando tu esposa de a luz? ¿Qué va a pasar cuando yo esté embarazada y no pueda desplazarme? ¿Vas a movilizarte hasta mi reino a visitarme en mi castillo?
─ En la medida en que Kazuo me lo permita… ─ bromeó, pero ella ni esbozó sonrisa. ─ Lo siento, Sora, no quería burlarme de tus preocupaciones ─ se disculpó. ─ No sé como vamos a resolverlo en el futuro, mucho menos sé cuanto tiempo durarán estas escapadas… mucho menos quiero sonar tan esperanzador y optimista como Takeru, pero Sora, cuando te miro y pienso en todo lo que vivimos juntos, simplemente no puedo imaginar un futuro lejos de ti. Creo que para bien o para mal, lo vamos a ir resolviendo paso a paso.
Ella no contestó, pero se recargó sobre su pecho y dejó que él le acariciara el cabello.
─ A veces tengo un plan ─ dijo él, luego de un rato. ─ Es un plan un poco masoquista de mi parte, porque requiere que tengas un hijo o hija ─ Sora lo miró asombrada, ya que no se lo veía venir. ─ Pienso que lo mejor que pudimos haber hecho por nuestros reinos fue haber accedido al trono tan jóvenes. Recuerdo toda la aventura que tuvimos, analizo las decisiones que tomamos y observo el mundo que dejamos: uno pacífico, con reinos que conviven entre sí y soberanos que se encuentran a charlar en una choza perdida, además de intercambiar diariamente noticias, recomendaciones e inquietudes. ¿Nuestros padres hubieran podido hacerlo? Creo que no. No quiero desautorizarlos: bien sabes que nada me hubiera gustado más que conocer a la familia que te formó, aunque más no sea para admirarlos en secreto… pero si algo aprendí de todo esto, es el coraje que puede demostrar la juventud. Creo que a su manera, quienes nos precedieron fueron conservadores y tradicionalistas, y eso terminó de desencadenar toda la tragedia.
─ Que motivador Yama, tu confianza en la Juventud… pero no entiendo como eso puede ayudarnos. No seremos jóvenes para siempre, aunque aún tenemos bastantes años por delante.
─ Justamente, has dado en mi punto Sora ─ la abrazó y le besó los cabellos, la frente, la mejilla y las manos; de a poco empezaba a impacientarse por la cercanía, por sentir su piel cálida junto a la suya, por oler ese aroma a jazmín que siempre traía y por entrever ese brillo rojizo en sus ojos. ─ Creo que cuando dejemos de ser jóvenes voy a entregarle mi trono a mi hijo o hija. Voy a modificar esa legislación sobre los 23 años que tantos problemas nos trajo. Una vez que mi heredero alcance los 18, 19 o 20 años, si lo veo filosófica y éticamente listo ─ y lo educaré para que lo esté ─, le entregaré el trono y me retiraré.
─ ¿A dónde te retiraras, lindo Yama? ─ le parecía muy divertida la propuesta, y se estaba emocionando, porque veía una lucecita al final del túnel.
─ ¡Al fuego no, mucho calor! ─ protestó, haciéndola reír. ─ No estoy seguro, pero pienso que Daisuke nos recibiría… después de todo, toda esta locura empezó por culpa de su reino, que recibió a nuestros antepasados descarriados, ¿lo recuerdas? ─ hacía, claro, referencia a una leyenda que ambos sabían que era falsa, pero que de alguna manera estaba muy ligada a ellos.
─ Eso, solo si yo decido entregar mi reino… tal vez me apasiona el poder, enloquezco de amor por el trono, y te obligo a acompañarme hasta el fin de mis días en mi reino…
─ No, Sora, eso no; para ello debería atentar contra Kazuo, ¡y me empieza a resultar simpático el condenado!
Esto por supuesto despertó una carcajada en la pelirroja, al tiempo que se lanzaba sobre él para comenzar a besarlo.
Tal vez el sacrificio sería ese. Vivir una vida separados y dar todo por sus pueblos.
Pero, tan solo hasta…
FIN
Notas: Este si fue el final definitivo. Ya sé que fue cortito, tan solo necesitaba darle una esperanza a Sora y Yama. Les cuento que la intención siempre fue hacer un Mimí-Iori, hasta lo empecé a delinear, pero súbitamente me generó tristeza matar a Taichi y establecí ese giro, que a mí me pareció muy tierno.
Quiero agradecer de corazón el apoyo de Alejhandora, Dahio Azu, Jane, The-BigBoss y ShadowLights (guau, estoy escribiendo las notas y me llega el aviso de historia favorita, que puntería para aparecer en los agradecimientos) por ser tan fieles y traerme tantas alegrías. Este final es para ustedes.
El próximo paso será comenzar a reescribir los primeros capítulos de esta historia, porque me dan mucha vergüenza. ¿Qué piensan de esto? ¿Está bien o tengo que ser fiel a los desastres que escribía de pequeña?
¡Gracias por doce años de alegrías!
