Capítulo II
El árbol perfecto.
No soy dueña de ningún personaje, la dueña es Rumiko Takahashi
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Rin lo había decidido, haría que su hermano sintiera el espíritu navideño; él, y sus vecinas eran unos amargados, no habían puesto ninguna decoración, y la navidad estaba cada vez más cerca; alguna vez su hermano le dijo que no había necesidad de que él decorara, que su madre llegaría para llevarla con ella y que cuando llegaran a la mansión, todo lo que se había imaginado sería incluso mejor. Pero ella no se iba a conformar con un simple "después", ella quería un ahora, y lo iba a tener, ¿Y quién no conoce lo insistente que puede ser un niño cuando quiere algo? El que no pudiera hablar no quería decir que no tuviera sus trucos.
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Sesshomaru estaba molesto -aunque no lo demostrara-, a él le gustaba permanecer en el trabajo, por lo que durante todo el año había evitado las vacaciones, se la había pasado trabajando y eso le gustaba, ni siquiera había sido su intención tomar las vacaciones decembrinas, pero un día llegó a su oficina y se encontró con una nota:
"Tus vacaciones comienzan hoy, no hay peros, ve a casa.
Atentamente: Naraku
P.D: Debido a que no tomaste las vacaciones anteriores estas vacaciones se extenderán, todos dicen que soy un jefe abusivo por tu culpa y eso no me ayuda en mis negocios."
Frunció el ceño molesto, recordar eso le provocaba un vuelco en el estómago; además, Rin había estado insistiendo en ir a jugar todas las tardes con Kanna, y él por alguna razón no había podido negárselo, el verla feliz lo hacía sentir tranquilo.
Miró el reloj que llevaba, pronto anochecería, había que regresar a casa, no vivían lejos de donde Kagura Y Kanna lo hacían, pero no podía arriesgar a su hermana mejor a los riesgos que implicaba la noche, y es que había que decirlo, a pesar de lo "bellas" que decían las personas que eran esas fechas -que para él no eran más que hipocresías tontas-, él veía lo que eran con claridad: Los rufianes andaban como depredadores al acecho, aún más que en otras ocasiones, iban por las calles robando a las personas el fruto del trabajo de todo un año, y algunas veces mataban incluso.
Comenzó a caminar con lentitud hacía la salida de la casa, sabía que no había necesidad de hacer algún llamado, Rin siempre lo seguía, así que esperó de pie, al lado de la puerta, pero, al parecer Rin no lo siguió esta vez. Caminó de regreso a la sala donde se encontraban jugando las dos pequeñas -aunque pareciera que la única que jugaba era la castaña, mientras la albina la observaba sin expresión-, continuaban demasiado entretenidas con el peluche de rana y el espejo.
–Rin, es hora de irnos.
La aludida giró el rostro con decepción, pero enseguida se levantó alegremente, sosteniendo entre sus pequeñas manos algunas hojas de papel con dibujos en ellas, se dirigió con saltitos hacía el platinado y le entregó con timidez los trazos a crayola.
Kagura se levantó del viejo sillón en el que se encontraba sentada para poder ver también los dibujos -algunos los había hecho su hermana, pero no se los habían permitido ver-, se colocó detrás de Sesshomaru y lo maldijo por su altura, así que decidió mejor posarse a su lado para poder ver los dibujos. Abrió ligeramente los ojos y alzó una ceja con desconcierto, en las hojas de papel habían plasmado esferas, moños, coronas navideñas, un dibujo de una casa con luces de colores; podía adivinar que los dibujos hechos por Kanna eran aquellos que simplemente habían sido trazados con crayola negra, mientras que los de Rin estaban llenos de colores alegres. –Son adornos navideños.
– Está otra vez con eso. – Realmente no esperaba que él le respondiera, pero parecía saber más del asunto que ella.
– ¿De qué hablas?
– Quiere que adorne la casa.
– Pero Kanna nunca había mencionado nada sobre eso, aunque… – Vaciló – Ahora que lo pienso nunca me dice nada, es casi como si también fuera muda –Se recargó en la pared y cruzó los brazos.
– Al parecer no dejará de molestar hasta que le cumpla su capricho.
– ¿Después de todo arreglarás tu casa? – El tono de burla era evidente, la idea de que Sesshomaru cediera "tan fácilmente" le causaba gracia, pero también le causaban celos, y se sentía estúpida de celar a alguien que no mostraba el mínimo interés en ella.
–Tú también adornarás la tuya. Kanna participó en la creación de estos dibujos, y dudo que tú no quieras que tu hermana esté feliz.
La molestia se hizo presente, siempre la terminaba arrastrando a hacer cosas que no quería -o eso se decía ella-. – Mira, tú serás un ricachón, pero yo no tengo dinero para esas cosas, con mi trabajo a penas y puedo tenernos una comida decente.
Él hizo un ademán a Rin y ésta vez sí fue seguido, la pequeña le hizo un gesto a Kanna y ella dobló con delicadeza una hoja en la que ambas habían trabajado, la guardo debajo de su blanca ropa y se despidió levantando ligeramente la mano.
– Paso por ustedes mañana, a las 11 am, no esperaré más de 3 minutos. – Dicho esto, abrió la puerta, esperó a que Rin se colocara su abrigo para después salir.
– Ni creas que estaré lista.
– … –
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10:59 am.
Kagura maldecía mentalmente, no sólo se había preparado a ella y a Kanna para salir, sino que además se había apresurado tanto que desde las diez había estado lista; además había puesto especial dedicación a su maquillaje ese día y se había puesto su mejor ropa. Escuchó el timbre y con rapidez revisó el reloj, las once en punto; hizo una mueca y tomando de la mano a la albina se dirigió a la puerta, sabía quién era.
Se sorprendió un poco al ver que Sesshomaru no traía el auto que se había acostumbrado a verle, sino una camioneta. Bajó la mirada y se encontró con una sonriente Rin, quién la saludó enérgicamente para después tomar la mano de Kanna y encaminarla a la camioneta. La ojirubí suspiró y caminó detrás de ellas, la puerta del copiloto estaba abierta, por lo que supuso que debía ir ahí, tras entrar y abrocharse el cinturón giró el rostro hasta encontrarse con la mirada ambarina que la tenía loca. – ¿No había otro color? ¿Enserio la camioneta también debía ser blanca?
Sesshomaru la fulminó con la mirada, a lo que ella sólo respondió con una risilla, le divertía molestarlo.
Su día de compras fue más bien, un día de dos adultos comprando lo que dos niñas pedían; habían comprado tantas cosas y visto tantas tiendas que ya había anochecido, habían comido en un restaurante e incluso comprado ropa, todo, de la cartera de Sesshomaru, Kagura incluso llegó a creer que estaba en una cita mientras comía "– Nadie lleva a sus hermanitas a una cita–", se regañó mentalmente.
– A mí me parece que ya tenemos todas las cosas que ellas querían. – La mayor de las chicas parecía fastidiada.
Rin se acercó a Kanna y formó un triángulo con sus manos, la albina buscó en las bolsas de su blanco vestido y sacó la hoja que había doblado la noche anterior, se la entregó a Rin y esta la desdobló ante la mirada fría y expectante de los adultos.
– Es un árbol de navidad. No hemos comprado un árbol, bueno, dos. – Se sonrojó y giró el rostro molesta.
– Aquí cerca hay un lugar donde podemos comprarlos. – Ignoró el error que ella cometió y caminó con indiferencia.
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Los ojos de Rin destellaban, había tantos árboles, de tantos tamaños, que no sabía cuál era el que quería, su sonrisa se borró por unos instantes, nunca creyó que no sabría cuál era el árbol perfecto, caminó tomando la mano de Kanna entre lo que parecía un inmenso bosque, esta era una de las aventuras que siempre quiso vivir.
Sesshomaru había estado pensando toda la semana, era verdad que Kagura no le era indiferente, pero al parecer ella no lograba entenderlo. Frunció el ceño ligeramente y volteó a ver a la culpable, quién se movió incómoda. Él no era del tipo romántico, no iba a ir y a decirle "Oye, me gustas, sé mi novia", la simple idea le daba cierta repulsión, tampoco podía decirle alguna otra estupidez por el estilo. Las niñas seguían caminando, las vio embelesadas viendo un árbol, ahí estaba la oportunidad que necesitaba; exploró el terreno y encontró un sitio entre un árbol enorme de unos tres metros y de otro pequeño pero bien tupido, jaló a Kagura con brusquedad, esta chilló.
– ¿Qué te pasa? ¿Eres idiota o qué?
Los helados ojos de Sesshomaru, causaron que su cuerpo se estremeciera, había encontrado una calidez que normalmente no estaba acostumbrada a ver, el frío que sentía por el clima se fue alejando, sin darse cuenta se acercaba lentamente al cuerpo de él ¡Y no la rechazaba! Sentía un imán que la hacía acercarse más y más, hasta que él pudo tomar su cintura y ella rodear su cuello.
Sesshomaru sonrió de una forma casi imperceptible, al fin ella lo había entendido, o al menos por el momento, pero al parecer seguía acercándose, no es que lo molestara, pero sí lo hacía sentir incómodo. Sin que se diera cuenta ella no era la única que cerraba la distancia, cuando se percató decidió no romper el momento y seguir con ello; al fin, sus labios se juntaron, y se perdieron momentáneamente en ellos.
A lo lejos, dos pequeñas observaban la imagen, una indiferente y la otra enternecida, no sólo por la imagen, sino porque detrás de ellos estaba el árbol que tanto había visto en sueños, ese, el pequeño árbol tupido, era hermoso; era el árbol perfecto.
FIN.
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Bueno, realmente creo que me quedó demasiado meloso, y espero no haber hecho OOC, muchas gracias por leer, agradeceré su review para corregir errores en futuros fics.
Sé que siempre dejó todo con un simple beso, pero siento que no puedo apresurar las cosas entre ellos; quiero anunciar que quizá haya una continuación para esta pequeña historia, pero no será navideño, gracias. vidad estaba cada vez mgados, no hab
