Su respiración era agitada, se encontraba mareada y ni si quiera había dado dos sorbos a su copa. Emma conducía a toda velocidad hacía su apartamento. Eran apenas las siete de la tarde y ya estaba anocheciendo, aún así sabía que en su casa no habría nadie. Era jueves, y los jueves Mary Margaret tenía reunión en el colegio con el claustro de profesores y no regresaría hasta tarde, y Henry y David aprovechaban toda la tarde para pasarla juntos, montando a caballo, enseñando a Henry a usar el arco y la espada o simplemente yendo al cine y a tomar un helado. Mejor para Emma, así nadie vería el estado de alteración en el que se encontraba.
Aparcó el coche patrulla frente al edificio y se apresuró a entrar. Nada más subir y cerrar la puerta se dejó caer en ella respirando superficialmente. "¿Pero qué coño ha sido eso?!", Emma intentaba controlar su respiración para relajarse. "Estúpida, estúpida, estúpida, no tendrías que haberte ido asi, ¿por qué lo has hecho?" Se lo repetía una y otra vez dándose en la frente con la palma de su mano.
Se puso totalmente erguida e inspiró profundamente para obligarse a dejar la mente en blanco, pero lo que consiguió fue un mareo mas que otra cosa. Abatida y confusa subió hasta su dormitorio y se dejó caer pesadamente sobre la cama. Una vez allí decidió analizar lo sucedido poco a poco en su mente.
Ella, en primer lugar, había ido a ver a Regina, porque hacía ya tiempo que no la veía. A Henry, que no veía a Henry. Eso. Y había pensado que a ella le gustaría verlo. Una vez llegó a la mansión se había sumido en sus pensamientos hasta que Regina la sobresaltó apareciendo como de la nada en la ventanilla del coche. Regina siempre tendía a invadir el espacio personal de los demás para intimidar a su adversario en cualquier disputa, pero en ese caso no estaban discutiendo y sin embargo al girar la cara Emma allí estaba, tan cerca. Rojos, carnosos, suaves y perfectamente delineados, sus labios... Quiero decir, su cara... No, vamos, que Regina estaba allí. Fue entonces cuando salió del coche y medió discutió con ella, casi pierde los nervios pero la agarró de la mano y consiguió tranquilizarla. Agarro su mano, y no la soltó y así estuvieron durante varios minutos sin que ninguna de las dos se hubiese dado cuenta, mientras inconscientemente sus dedos se entrelazaban.
Emma sintió un escalofrío al recordar el tacto de Regina, pero decidió no darle importancia ya pensaría en ello mas tarde.
Lo siguiente que recordaba era a la alcaldesa dirigiéndose a la estantería después de ofrecerle una copa. Y entonces fue cuando se sorprendió a si misma mirándole el culo a Regina fijamente preguntándose cómo podía ser alguien tan perfecta. Y cuando volvió a al sillón y comenzó a hablar apenas pudo volver los ojos hacía ella de pura vergüenza. Poco a poco consiguió recuperarse, aunque visto lo visto mejor hubiese sido que nunca la hubiese mirado, quizá ahora su frágil corazón no se encontrase perturbado con la visión que se descubrió ante ella. No pudo más que fijarse en que se le habían abierto varios botones de su camisa dejando al descubierto el sujetador de encaje, haciendo que el corazón de Emma diese un vuelco. Fue entonces cuando huyó.
Oh Dios, seguía sin entender nada de lo que había sucedido, a no ser que... ¿es que acaso se sentía atraída por Regina? No. Sus labios. Es imposible. Su perfecto culo. De ninguna manera. Su perfecto par de Vale! Empezaba a sentirse mareada, se sentía atraída por una mujer, y no por cualquier mujer, por Regina. La alcaldesa. La Reina Malvada. La madrastra de SU madre. Estaba jodida. Muy jodida.
No podía volver a verla, era mucho mejor estar alejados de esa mujer, o eso le decían todos los habitantes de StroyBrooke. Aún estaba el asunto de Henry, quizá fuese hora de dejar que Regina y él se viesen de nuevo pero, ¿cómo hacerlo sin tener que encontrarse con ella? No podía pedírselo a Mary Margaret, David no dejaría que volviese a acercase a esa mujer, y a él tampoco se lo podía pedir a riesgo de que intentase clavarle una espada en el corazón a la bruja a la primera oportunidad.
La cosa estaba difícil, todo el mundo allí odiaba a Regina.
Después de mucho pensar, le llegó a una idea bastante buena. Le diría a Regina que un día a la semana podría recoger a Henry de la escuela y tenerlo con ella hasta las siete y media, hora a la que lo llevaría a su cita con el doctor Hopper.
Bien, ahora debía comunicarle eso a Regina, otra vez el mismo problema... Quizá podría hacerle una llamada, o mejor un email, si eso haría, le mandaría un email, así si Regina no quería hablar con ella por haber sido tan sumamente grosera al salir asi de su casa no tendría que fingir no estar en casa.
Se decidió a mandarle el email con su propio correo en vez de usar el de sheriff, que era el que usaba normalmente para mandar el papeleo y comunicarle algunos asuntos a la alcaldesa.
Le dio a "enviar" satisfecha de lo correcto y claro del mensaje y se acurrucó en su cama. A pesar de ser aún bastante pronto se quedó profundamente dormida rápidamente deseando poder olvidar en sus sueños los pensamientos que martilleaban en su cabeza.
Mientras tanto en la mansión...
Regina no daba crédito, cuando pensaba que la sheriff no podía ser más estúpida, esta siempre hacía algo que le demostraba lo equivocada que estaba, y es que, por lo visto, sí que se podía ser más estúpida.
Se dirigió de nuevo a la sala una vez cerrada la puerta principal y se sentó en el sitio que había ocupado Emma antes. Cogió su copa y empezó a beber, últimamente bebía mucho, quizá incluso demasiado, pero era lo único que la hacía dormir por las noches, la evadía hasta un sueño profundo e incluso a veces uno sin pesadillas, pesadillas en las que perdía a Henry de mil maneras diferentes, en las que él la odiaba por no poder cambiar, por seguir siendo la Reina Malvada y prefería quedarse con su verdadera familia, con Emma. Ahí estaba ella otra vez, sea como fuere siempre acababa en sus pensamientos esa impertinente rubia. Cada vez que pensaba en Emma se alteraba notablemente, ella era la causante de todos sus males, de que su maldición se hubiese roto, de tener que compartir el cariño de Henry. La odiaba. La odiaba igual que había odiado y aún odiaba a su madre por haberle quitado al amor de su vida.
Respiró hondo pensando en Henry, su cuerpo había empezado a temblar de furia contenida y no quería destrozar nada con su magia inestable. Se acercó a la mesa para llenar nuevamente su copa. Era la tercera vez que lo hacía, pero ya estaba lo suficientemente bebida como para no preocuparse de ello.
A mitad de su cuarta copa su teléfono vibró en el bolsillo de su pantalón. Un mensaje fue lo que descubrió al comprobar la pantalla. No conocía la dirección pero al abrirlo pudo comprobar que se trataba de Emma. Leyó el mensaje rápidamente. Hablaba de Henry, podría volver a verlo. Su corazón latió poco mas rápido por la repentina alegría de volver a ver a su hijo. Siguió leyendo el mensaje comprobando que tan sólo podría tenerlo consigo dos horas y media un día a la semana. Eso desató su furia, ella era inflamable y ese mensaje fue la pequeña chispa que la hizo explotar.
"COMO SE ATREVE!" Gritaba Regina en su interior. Sentía como todo su cuerpo temblaba de ira. Había criado a Henry durante 10 años, ella sola, sin la ayuda de nadie. Cuando su madre no lo había querido ella lo había adoptado, lo había cuidado, mimado y querido todo lo posible. ¿Como se atrevía esa Emma Swan a no permitirle ver a Henry? Entendía que hace dos meses lo alejaran de ella, pero ahora era diferente, ella había prometido cambiar y lo estaba intentando con todas sus fuerzas.
De pronto uno de los cuadros del despacho explotó fuertemente. Estaba empezando a perder el control. Si hubiese estado sobria se habría dado cuenta de que debía ir poco a poco y que un par de horas con Henry era mejor que nada, pero el alcohol le nublaba el juicio.
Lo siguiente que explotó fue la botella ya casi vacía de sidra, provocando que uno de los cristales golpeara a Regina en la cara haciéndole un pequeño corte en la mejilla. Al sentir el dolor y la sangre intentó calmarse un poco acostándose en el sillón quedando tumbada boca arriba.
Su respiración no se normalizaba, su mente no la dejaba tranquila, volvía una y otra vez al mensaje sobre Henry. Otro de los cuadros explotó. "Maldita sea! Todo esto es culpa de Emma!" Regina se lo repetía una y otra vez. Su mente empezó a confundirse debido al alcohol y a las emociones contenidas.
"La maldita sheriff, toda la culpa era suya, siempre dándose esos aires de chula, con esos tejanos tan, tan ajustados..." Algo muy diferente se encendió esta vez dentro de Regina. "Estúpida Emma siempre despreciándola y faltándole el respeto con esa irresistible y preciosa sonrisa ladeada..." Cerró los ojos, podía sentir como el calor baja de su pecho a su vientre y más abajo. "Como la odiaba, odiaba a Emma Swan y a todo lo que ella representaba, odiaba como le caía esa melena rebelde de ondas rubias, odiaba el brillo que tenían esos ojos verdes cada vez que discutía con ella, odiaba como se mordía inconscientemente esos labios rosados y llenos..." Sin apenas se consciente de ello Regina había comenzado a deslizar su mano hasta el punto ardiente que sentía ahora entre sus piernas. Desabrochando deliberadamente el botón de su pantalón. "Estúpida rubia sin gusto para la ropa, con esas horrible chaqueta roja que tanto le gustaba llevar y esas camisetas básicas pegadas siempre a su cuerpo, redondeando sus firmes pechos..." Regina introdujo una mano por dentro de su tanga de encaje al mismo tiempo que movía más rápido sus caderas con cada nueva imagen de la sheriff que pasaba por su mente. "La odiaba, acabaría con ella aunque fuese lo ultimo que hiciese, deseaba tenerla ahí con ella, poder agarrarla del pelo hasta acercarla a ella, muy cerca, y cuando sus labios casi se hubiesen rozado entonces la mat..." Ya no pudo terminar ese pensamiento, el orgasmo la sacudió con fuerza mientras pronunciaba el nombre de la sheriff en un grito gutural, salido desde lo mas profundo de su ser.
Abrió sus ojos y quedó mirando al techo, respirando entrecortadamente aún sintiendo pequeños reflejos del orgasmo por todo su cuerpo. No quería pensar en lo que acababa de hacer y mucho menos en quien pensaba mientras lo hacía. Estaba totalmente agotada además de borracha, ya tendría tiempo de avergonzarse al día siguiente.
Alargó su mano hacia la pequeña mesa agarrando su móvil y sin pensarlo mucho le mandó un mensaje a la sheriff. No estaba muy segura de lo que había escrito, ni si quiera sabía si lo había escrito bien. No tenía corrector automático, orgullosa como ella sola no consentía que nadie le dijese cómo hacer las cosas, mucho menos una estúpida máquina. Tampoco se preocupó en comprobar si lo había mandado bien, simplemente cerró los ojos un instante y se quedó profundamente dormida.
En ese momento, al otro lado del pueblo, sonaban dos tonos cortos y un teléfono vibraba suavemente sobre una cama.
Aquí os traigo un poquito de continuación, poco pero jugosito e.e Jajajaj
Evil Targaryen no he escrito lo de el ataque a Regina porque quería darle otro enfoque, para que no fuera igual y... y vamos que se me olvidó x'D No hombre pero es que no podía poner todo lo de la serie así que lo he obviado, podríamos decir que desde el momento que se rompe la maldición Regina tiene magia y nadie se atreve a acercarse... O.o x'D
Bueno, si teneis alguna duda/sugerencia/critica/chocolate que querais regalarme ya sabeis, aquí estoy ;)
Besos.
S.
