Bueeno, aqui estoy de nuevo. Sé que no es gran cosa pero el verano me tiene fritas las neuronas u.u Espero que os guste ;)


Mary Margaret abrió la puerta con cuidado y se acercó hasta la cama.

- Emma – Le dijo con voz suave sentándose a su lado. La única contestación fue un leve gruñido por parte de la rubia.

- Emma, vamos despierta, es hora de levantarse – Repitió esta vez agitando delicadamente el brazo de su hija.

Emma abrió los ojos y poco a poco pudo enfocar claramente a su madre que se encontraba a su izquierda mirándola con una sonrisa sincera. Estuvieron un par de minutos en silencio mientras Mary Margaret acariciaba las ondas rubias de su hija cariñosamente, hasta que de pronto Emma cayó en la cuenta de que si su madre había ido a despertarla debía ser tardísimo.

- Mierda, mierda, mierda! ¿Qué hora es? - Decía Emma mientras pegaba un salto de la cama y buscaba como loca algo que ponerse.

- Tranquila cariño, no te preocupes por la comisaría, tu padre ya se ha encargado de sustituirte puedes descansar un poco mas si quieres. - Mientras decía esto Mary Margaret sonreía divertida por la cara de alivio de Emma. - Y bien, ¿me vas a contar qué ha pasado? ¿Estás bien? - Continuó cambiando su sonrisa por una pequeña mueca de preocupación.

Mary Margaret estaba preocupada por Emma, la noche anterior no había llegado tarde, de hecho llegó antes que Henry y su marido, pero aún así ella ya estaba en su dormitorio profundamente dormida. Estuvo a punto de entrar varias veces a despertarla pero se contuvo pensando que quizá tan sólo estaba demasiado cansada. Pero esa misma mañana cuando sonó su despertador se dio cuenta de que no la había despertado la alarma de Emma dos horas antes como de costumbre, así que pensando que algo mas serio le pasaba a su hija mandó a David a cubrirla a la comisaría mientras ella iba a despertarla.

- Eh... No, nada... Estoy bien. - Le contestó Emma algo titubeante. - ¿Por qué preguntas?

- Bueno, creo que es bastante obvio ¿no? - Respondió Mary Margaret con el ceño fruncido. - Anoche te acostaste realmente temprano y hoy ni si quiera habías puesto el reloj para ir a trabajar...

- Oh, eso. - Emma estaba un poco turbada. - No es nada, simplemente estaba agotada, tuve un día bastante duro, ya sabes, de un lado para otro haciendo, pues eso, cosas de sheriff.

Mary Margaret se le quedó mirando fijamente nada convencida de la explicación de su hija y fue a sentarse a los pies de la cama al lado de donde unos instantes antes se acababa de sentar Emma.

- Emma, se que me estás ocultando algo - empezó con un tono suave pero con algo de reproche. - Quiero que sepas que puedes contarme lo que quieras, cualquier cosa que te preocupe, me gustaría que confiaras en mi.

Tras decir esas palabra se inclinó hacia Emma rodeándola en un fuerte abrazo. Al girar el cuerpo Mary Margaret golpeó el móvil de la sheriff que se volteó dejando ver la pequeña lucecita parpadeante.

- Bueno, yo voy a terminar de hacer el desayuno antes de ir a la escuela, te dejaré un par de tostadas y café hecho por si quieres desayunar mas tarde. - Le dijo a su hija mientras salia por la puerta y bajaba hasta la cocina.

En cuanto Mary Margaret salió de la habitación Emma volvió a tirarse en la cama. Todos los recuerdos de la noche anterior le vinieron a la cabeza, estaba claro que no había podido aclarar nada. Alargó la mano hasta alcanzar su teléfono y se encontró con un mensaje nuevo. "Regina". Al leer el nombre de la alcaldesa algo se agitó en su interior. ¿Qué querría? Lo mas seguro es que fuese un mensaje diciendo si le parecía bien o mal lo del trato de Henry... Justo cuando fue a abrirlo se fijó en la hora a la que lo había enviado. 01.30 am, ¿qué demonios hacía Regina mandándole mensajes tan tarde? Si tener ni idea del por qué, pulsó para abrir el mensaje. Se quedó congelada.

Emma se habría esperado cualquier cosa, una contestación borde o provocadora, una diatriba larga y aburrida sobre como creía ella que tenía que tratar el tema de Henry, o incluso un simple "OK". Pero lo que no se esperaba era aquello, que por otro lado no llegaba a comprender muy bien.

Volvió a leer el mensaje "Pir nucho qie lo ibtentes vitar sl final deras mia Emma Swqan.". ¿Qué demonios era eso? Parecía como si la alcaldesa hubiese escrito el mensaje muy borracha, tanto como para no ver las letras o no molestarse en corregirlas. Y por otro lado, ¿qué sentido tenía ese mensaje? ¿Habría querido Regina poner eso realmente? "Por mucho que lo intentes evitar al final serás mía Emma Swan" Eso era realmente lo que ponía? Igual todo era una mala pasada de la mente de la sheriff, igual lo estaba leyendo mal, quizá el cambio de una letra o una coma le cambiase el significado al texto entero...

Su mente divagaba sin ninguna dirección hasta que escuchó cómo Mary Margaret la llamaba.

- ¡Emma! ¡Me voy ya, si sales no te olvides de traer la compra! - Dijo su madre justo antes de salir por la puerta.

Bien estaba sola y se estaba volviendo loca, necesitaba mantenerse ocupada en algo, algo productivo, así que sin mas se vistió a toda prisa y salió dirección a la comisaría.

Aparcó su pequeño trasto con ruedas al lado de la plaza reservada para el coche patrulla, la cual en esos instantes estaba vacía. David debía de haber ido a patrullar un rato, o a atender una llamada nada grave, como un gato atrapado en un árbol.

Salió del coche cerrando la puerta tras de si con un fuerte portazo. Cada vez que lo hacía volvía a mirar hacia atrás con miedo de que se hubiese descuajaringado entero, era un coche muy antiguo, un pequeño beatle amarillo el cuál ya la había dejado tirada mas de una vez pero al que le tenía un gran cariño. No es que se lo hubiese comprado ella, de hecho lo había robado hacía ya varios años, antes de tener a Henry. No es que estuviese orgullosa de ello, había cometido muchos errores en su pasado y ahora intentaba compensarlo al máximo.

Emma echó una ultima mirada al coche mientras suspiraba profundamente antes de continuar su camino. Se sentía extraña cada vez que recordaba el tiempo pasado después de dejar el orfanato, como se las había tenido que apañar ella sola, cometiendo pequeños delitos, robando e intentando encontrar un lugar en el mundo donde encajar. Una vez consiguió un trabajo y un pequeño apartamento intentó dejar los robos pero con la miseria de sueldo que le pagaban en el cuchitril de la mala muerte en el que trabajaba no podía permitirse ni comer, y así es como terminó embarazada y en la cárcel.

Dar a Henry en adopción fue una de las decisiones mas acertadas de su vida. Fue muy doloroso si, pero sabía que era lo mejor para él, ella era incapaz de mantenerse a si misma, no estaba en condiciones de mantener a un crío y menos ahora estando en la cárcel. No, no se arrepentía, aquí había tenido una vida mucho mejor. Regina había sido una gran madre para él.

No, Regina en su cabeza otra vez no por favor. Entró rápidamente en la comisaría con la intención de encontrar algo que pueda distraerla lo suficiente. Llegó hasta su escritorio y se sentó en su incomoda silla. Debía hacerse con un sillón, o esta silla le acabaría destrozando la espalda. Estiró un poco los brazos perezosamente y comenzó sacar papeles e informes que rellenar y se puso a ello.

Dos horas después el ruido de unos pasos distraen a Emma de su tarea. Realmente iba atrasada con el papeleo, hasta ahora no se había dado cuenta, en dos horas que había estado rellenando informes tan sólo había terminado con un cuarto del total. Ese siempre había sido la parte mas aburrida de su trabajo por lo que lo posponía todo el tiempo, pero ahora era justo lo que necesitaba para no pensar en nada.

David se para en seco en la puerta al ver a Emma sentada en uno de los escritorios.

- Ey, Emma, no te esperaba, ¿qué haces aquí? - Preguntó sorprendido. - Creía que estabas enferma, tu madre me pidió que te sustituyera.

Emma hizo una diminuta mueca imperceptible a ojos de David, no podía evitarlo, era automático cada vez que alguien se refería a él o a Mary Margaret como sus padres, era muy raro, no terminaba de asimilarlo.

- Oh, si, ya sabes como es ella, en realidad tan solo estaba un poco cansada. - Dijo Emma intentando sonar convincente, algo que se le estaba empezando a dar bien.

- Deberías haberte quedado descansando, de todos modos yo ya estaba aquí para cubrir el puesto. - Replicó David con un tono que recordaba mucho al de un padre.

- No, de veras tengo cosas importantes que hacer aquí, tengo muchísimo papeleo atrasado con esto de la maldición y todo lo que siguió lo tengo un poco, bastante diría yo, atrasado. - Contestó Emma intentando no sonar cansina.

David frunció el ceño, se acercó hasta el escritorio y se sentó en una de las sillas colocadas enfrente.

- Muy bien, en ese caso te ayudaré con todo este jaleo. - Dijo David con expresión decidida.

- No, no. - Contestó Emma inmediatamente. - Necesito que me hagas un favor.

David la miró confundido.

- ¿Un favor?

- Si, esto va para largo y hoy Mary Margaret sale una hora mas tarde que Henry del colegio, se supone que lo tenía que recoger yo. - David asintió viendo por donde iban los tiros. - ¿Podrías recogerlo tú por mi? - Emma puso su mejor cara de suplica.

- Por supuesto que lo haré, no te preocupes. - Dijo David. - Será mejor que me vaya entonces ya, tengo que pasar por casa a por un par de cosas.

Emma lo miró y le sonrió en agradecimiento.

- Está bien, que tengas un buen día y de verdad muchas gracias con lo de Henry.

- Emma, no tienes que ser siempre tan formal con Mary Margaret y conmigo, puedes pedirnos lo que quieras, cariño, somos tus padres. - Le contestó David con una de sus mejores sonrisas.

La sheriff dudó unos instantes y le devolvió la sonrisa lo mas sinceramente que pudo mientras veía como David se volvía por donde había venido hacía unos momentos. Emma respiró hondo y volvió a sus tareas.

La luz se colaba por el gran ventanal derramándose sobre la mujer dormida en el sofá iluminándole el rostro. Si hubiese habido alguien observándola en ese momento podría haber visto como las hermosas facciones de la mujer cambiaban de una expresión a otra, era sorprendente lo claro que se leían los sentimientos en ella teniendo en cuenta que cuando estaba despierta acostumbraba a llevar su perfecta máscara impenetrable.

En esos momentos en su rostro cambiante se podía ver miedo, tristeza, enfado, odio, tristeza de nuevo, agitación... Abrió los ojos de golpe con el corazón a mil por hora, mientras una lágrima resbalaba por su mejilla. Respiraba con dificultad mientras intentaba procesar. Había tenido una pesadilla. Esto era ya una cosa normal para ella, desde que su prometido Daniel muriese a manos de su madre no había dejado de tener pesadillas en las que lo revivía todo, y lo volvía a perder de mil maneras diferentes. Las pesadillas se habían vuelto mucho mas frecuentes y agresivas recientemente desde que había perdido a Henry, no había un solo día en el que no despertase bañada en lágrimas o sudando por la agitación.

Se enjugó las lágrimas con suavidad y respiró hondo con resignación tratando de ubicarse. Mientras se incorporaba lentamente miró a su alrededor comprobando que se encontraba en su despacho. Por toda la claridad que había en la habitación debía ser bastante tarde, pero a ella le daba lo mismo la hora que fuese, no tenía nada que hacer, apenas tenía obligaciones y nadie la esperaba. Se había decidido que ella quedaría al frente de la alcaldía pero tan sólo para las cuestiones burocráticas puesto que era la única capacitada para ello, pero ya no tenía nada que decir con respecto a las decisiones del pueblo, no tenía ni voz ni voto. Para eso ya estaban los idiotas de los Charming y su consejo de paletos.

Dirigió su mirada a la mesa y suspiró al comprobar el lo que había provocado la noche anterior, no recordaba las cosas con claridad pero al ver todos los cristales por el suelo y la mancha en la alfombra supuso que había hecho estallar la botella. Eso la hizo fruncir el ceño, no debía perder el control de esa manera, estaba haciendo muchos esfuerzos para controlarse y cada vez que perdía el control era un paso atrás en su rehabilitación por Henry. No es que pensase dejar totalmente la magia pero en este mundo su magia era inestable y pese a la experiencia aún no la tenía bajo control, estaba totalmente ligada a sus emociones.

Se levantó con suavidad y su cabeza se resintió, tenía una leve resaca. Desde la altura pudo apreciar que no solo había hecho estallar la botella si no también algún que otro cuadro. Se maldijo a si misma y se marchó para su habitación, necesitaba una ducha fría.

Entró en su cuarto y comenzó a desvestirse no sin antes dejar preparada encima de la cama la ropa que se pondría. Una vez dentro del baño cambió la idea de la ducha fría por la de un relajante baño con sales aromáticas.

Cuando la bañera estuvo lista alcanzó uno de los tarros de sales sin mirar a penas la etiqueta de este y vació parte de su contenido en el agua caliente. En seguida comenzó a hacer espuma mientras la morena se introducía lentamente en la bañera y notaba como el agua, considerablemente caliente, lamía su piel poco a poco acostumbrándola al calor. Una vez acomodada, cerró los ojos y en un intento por relajarse inspiró profundamente sintiendo como ese olor tan peculiarmente familiar inundaba sus sentidos haciendo que su mente viajase por sus recuerdos. Esencia de canela. Volvió a respirar hondo, el olor a canela la hacía sentir bien, la hacía sentir en casa. En su mente algo pujaba por salir pero Regina era incapaz de saber que era exactamente. La canela le recordaba a algo que hacía que todo su cuerpo se calentase, ¿chocolate caliente?, si, puede ser, chocolate caliente con canela. Su mente se iba relajando poco a poco con la ayuda del agua caliente y la espuma en su cuerpo. "Humm, chocolate caliente, canela..." Pensaba Regina con los ojos cerrados disfrutando de esos olores embaucandola. Y en ese momento en forma de imperceptible susurro de los labios de la morena salió una palabra, un nombre... "Emma".

Regina abrió los ojos de golpe sorprendiéndose a si misma por pronunciar ese nombre y de golpe todos los recuerdos de la noche anterior se agolparon en su cabeza dejándola casi sin respiración.

En ese momento sintió rabia, rabia por haber bebido tanto, rabia por haber perdido el control, rabia por haberse dejado llevar y sobretodo por haberse dejado llevar pensando en esa indeseable. Se había filtrado en su mente hasta tal punto que la había hecho confundir sentimientos, estaba claro que era el deseo por acabar con la sheriff lo que la había excitado. Totalmente claro. No había ninguna duda. Ninguna.

Salió de la bañera mientras se repetía esto último en su cabeza una y otra vez. Olvidándose de recordar el pequeño detalle del mensaje que le escribió ya medio inconsciente a la sheriff.

Se había colocado un pantalón cómodo y paseaba por su dormito descalza mientras decidía que hacer ese día. Definitivamente tenía que buscarse un hobby. Se sentó en su cama suspirando profundamente, ¿cómo había cambiado tanto su vida en tan poco tiempo? Hacía poco mas de un año apenas si tenía un minuto libre para compartir con su hijo y ahora, allí estaba, despojada de todo cuanto significaba algo para ella. "Henry..." lo echaba de menos, necesitaba recuperarlo, tenía que conseguir que él quisiera estar con ella, que la quisiera como antes de que apareciera Emma eclipsándolo todo a su paso.

De pronto se levantó de la cama con una idea fija en la mente, recuperar a Henry, esa sería su nueva ocupación y lo conseguiría costase lo que costase, así tuviera que pasar por encima de los Charming, de su rebaño de enanitos, de su ejercito de hadas y hasta por encima de la misma Emma Swan si esta intenta detenerla.

Lo primero que tenía que hacer era hablar con la sheriff, tenía que conseguir el modo de poder tener a Henry más tiempo con ella de la manera mas pacífica posible. No sabía exactamente lo que le diría a esa estúpida rubia pero lo que tenía claro es que antes que nada tenía que cambiarse de ropa, por muy poco que le quedase, aún seguía siendo la alcaldesa del pueblo y eso requería un mínimo de elegancia.

Abrió su armario y contempló sus vestidos, hacia tanto que no salía a la calle que apenas los había usado así que agarró uno de sus favoritos y lo mantuvo en alto con el ceño fruncido mientras le daba el visto bueno. No perdió mas tiempo y comenzó a arreglarse.

Diez minutos más tarde estaba lista ante el espejo. Se veía realmente hermosa, el vestido se le adaptaba al cuerpo como si estuviese hecho a medida para ella. Ella siempre había tenido un gran gusto y mucha clase a la hora de vestir, no como esa insufrible de Emma Swan, además le sentaba tan bien ese vestido que cuando la viera se iba a querer morir... ¿Qué? De la envidia, morirse de la envidia por que ella es mucho más guapa y siempre se ve mucho mejor, eso era lo que quería decir. Sacudió su cabeza y se echó un último vistazo en el espejo antes de salir mientras susurraba sonriendo "espejito, espejito..."


Ey, espero que os haya gustado el capítulo, prometo no tardar mucho en actualizar :)

Quiero agradecer a todos los que comentan y a los que leen en las sombras, por su puesto Jajajaj

Franchiulla: Muchas gracias por el comentario, la verdad es que tuve que darle más de un repaso a esa parte, nunca terminaba de convencerme. Me alegra mucho que te gustase.

Fanfictionersq: Estoy trabajando en el otro, lo prometo ...u.u... -_-"

EsthefyBautista: Me alegra que te guste, ya estoy ideando nuevas escenas comprometidas para Emma jajaja

EvilTargaryen: Jajajajaj Te juro que lo de la colleja de tu madre me ha matado, no me puedo reir más imaginándome la situación x'DD Cultura fangirl... umm creo que esa va a ser mi nueva escusa para todo jajajaja ;)

En fin, nada más que decir... creo... Bueno eso sí, dejadme un comentario con vuestra opinión (buena o mala) y cualquier duda o lo que sea. Por cierto, si teneis alguna sugerencia para el rumbo que debería seguir la historia o quereis que aparezca algo especifico no se, estoy abierta a sugerencias ;)

Besos.

S.