Holaa! Ya estoy aquí de nuevo, espero que os guste el capitulo. Disfruten! ;)
No había terminado de recoger ni la mitad del estropicio que acababa de causar cuando el teléfono de emergencias sonó de pronto haciéndola pegar un bote en el sitio. Con un bufido dejó lo que estaba haciendo y en un par de zancadas alcanzó la mesa y descolgó el aparato.
- Sheriff Swan.
- Emma – La voz de Ruby resonó por el auricular e inmediatamente la preocupación la invadió.
- ¿Ruby? ¿Qué ocurre, estáis bien? ¿Qué ha pasado?
- Emma tranquila, no ha pasado nada, estamos todos bien... Bueno, casi... - La voz de Ruby sonaba extrañamente calmada y a la vez dubitativa – Creo que lo mejor sería que vinieras, te espero frente a la cafetería.
- Ruby no entiendo nada, ¿Qué demonios ha pasado? - Antes de que Ruby pudiese contestar le llegó una mezcla de voces, parecía que varias personas habían empezado a discutir unas con otras. - ¿Ruby?
- Emma – La camarera sonó repentinamente alarmada – Tienes que venir. Ahora. Esto se está poniendo feo.
Antes de que pudiese contestar la linea se cortó y tras varios segundos de incertidumbre agarró una chaqueta y salió a toda velocidad por la puerta. Desechando la idea de utilizar su coche hasta el restaurante se fijó en una pequeña multitud reunida frente a un coche negro, un coche que por desgracia conocía bastante bien. "Mierda. Regina ¿qué has hecho?" Con ese pensamiento corrió la distancia que la separaba de ellos.
Se fijó mejor en el grupo reunido junto al coche y divisó a Ruby entre ellos.
- ¡¿Alguien puede decirme de una vez que narices está pasando?! - Miraba fijamente a la chica que la miraba a su vez con cara de circunstancia.
- Es Regina. - Le tembló levemente la voz y Emma entrecerró los ojos e inconscientemente comenzó a buscar a la morena entre la multitud.
- ¿Y dónde se supone que- No tuvo tiempo de terminar la frase cuando una de las voces se oyó más alta que las demás.
- Yo digo que la matemos ahora que está indefensa – Otras voces le corearon y en ese instante Emma tomó consciencia de la situación. Logró ver la figura tendida en el suelo a unos metros de coche y su corazón dio un vuelco. Si se lo preguntase alguien diría que actuó por deber, pero la realidad es que en esos momentos lo único que sintió fue esa especie de miedo que te empuja a actuar por instintos y de las maneras más extrañas.
- ¡Atrás! ¡Que todo el mundo se retire! - Emma avanzó hasta donde se encontraba el cuerpo de la alcaldesa pero el extraño grupo allí reunido parecía tener otra idea – He dicho que os apartéis.
- Vamos sheriff, no me diga que no cree que se merece cualquier cosa que le pase. - Emma se volvió con una mirada furibunda hacia el mismo enanito que había hablado antes, no sabía cual era exactamente su nombre pero sabía que lo había visto en algún lugar.
- Muy bien, quiero dejar algo bastante claro – Habló lentamente, pronunciando cuidadosamente cada palabra, y con un veneno del que la misma Reina Malvada habría estado orgullosa. - Esto funciona así: Yo soy la sheriff aquí. Y si yo ordeno algo, vosotros obedecéis, ¿entendido? - Y para dar énfasis a sus palabras desenfundó poco a poco su revolver.
Por unos instantes creyó que seguirían insistiendo pero tras una nueva mirada asesina empezaron a recular. Suspiró imperceptiblemente más calmada y se quedó observándolos hasta que sólo quedaron ella y Ruby en la carretera. Sin decir palabra guardó el arma y se arrodilló junto a Regina que seguía inconsciente y tendida en el suelo. Se volvió hacia Ruby.
- ¿Y bien?
- No sé Emma, yo sólo oí el frenazo en medio de la carretera y salí a ver que había ocurrido. Lo siguiente que sé es que ella se desplomó en el suelo y nadie se acercó a ayudarla. Por ese motivo te llamé, nadie pensaba hacer nada por ayudarla – En ese momento la rubia pudo notar un leve sonrojo de vergüenza en las mejillas de la camarera, pero tampoco podía reprocharle nada – Pero entonces llegó Feliz y al verla empezó a increparla y a incitar a la gente a tomar venganza.
Emma suspiró y volvió a centrar su atención en Regina. Le tanteó por detrás de la cabeza y encontró un pequeño cúmulo de sangre seca. Rápidamente tomó una decisión, levantó a Regina del suelo y la tumbó en el asiento trasero del mercedes. Se dirigió hacia el asiento delantero no sin antes lanzar una mirada de agradecimiento a chica que la observaba curiosa.
- Gracias – Ruby simplemente asintió con la cabeza y se quedó mirando como el coche se alejaba camino del hospital.
Se sentía como si su cabeza fuese a explotar en cualquier momento. Si esto era una resaca debía de haberse bebido media bodega por lo menos. Sin querer abrir los ojos aún se revolvió un poco en su cama. "Espera, esta no es mi cama. Esto ni si quiera es una cama."
- Vaya, por fin despiertas Bella Durmiente – El sonido de esa voz la hizo abrir los ojos rápidamente para clavarlos en esa rubia insufrible que debía de estar junto a ella. - Oh, espera, cuento equivocado, lo siento, aún me estoy adaptando. - La rubia bromeó intentando aligerar el ambiente, pero al ver la expresión de absoluto desconcierto de Regina por un momento deseó haberse mordido la lengua.
Regina miró a su alrededor y se sorprendió levemente al descubrir que estaban en su casa, en su salón más precisamente. La sheriff se encontraba sentada a sus pies en el suelo junto al sofá y la miraba con expresión de perrito abandonado. Y ella lo encontró adorable. ¡¿Qué?! ¿Desde cuando encontraba a Emma adorable? Insufrible sería un adjetivo adecuado, pero ¿adorable? No, de ninguna manera. ¿Qué creía que iba a conseguir de ella con esa expresión?, puede que cada vez que la usaba consciente o inconscientemente la gente hiciera cosas estúpidas por ella, pero no creería en serio que con ella iba a funcionar, ¿no? Por supuesto que no.
Al ver la confusión reflejada en el rostro de la alcaldesa Emma abrió la boca con la intención de contarle lo sucedido, pero se vio interrumpida por un huracán. Un huracán llamado Henry.
- Emma, podemos ver una película mientras que... - Henry se quedó unos segundos en la entrada del salón mirando a Regina fijamente y antes de que la morena pudiese salir de su asombro al ver a Henry allí, el chico corrió hacia ella mientras gritaba - ¡Mamá! Estás despierta, ¿estás bien? Emma dijo que te golpeaste muy fuerte.
Regina apenas podía contener la emoción de volver a ver a su hijo y un nudo en su garganta le impedía hablar en esos momento así que se limitó a devolverle el abrazo de oso del que estaba siendo víctima.
Emma lo observaba todo desde su lugar en el suelo y la imagen que vio casi le derrite el corazón. Henry había estado todo este tiempo sin hablar de Regina, aparentaba todo el tiempo que no le afectaba en absoluto la situación, que apenas si la echaba de menos. Pero cuando Emma le contó la versión TP de lo que había ocurrido se volvió loco de preocupación.
Regina se separó a regañadientes del abrazo y se incorporó en el sofá. Se aclaró la garganta antes de hablar pero Emma la interrumpió.
-¿Qué es lo último que recuerdas? - Regina se quedó mirando al infinito durante unos segundos.
- Pues creo que me bajé del coche en medio de la calle y de pronto parece que me he despertado de la siesta en mi propio salón. - Soltó la frase con un deje de ironía, tan innecesaria en ese instante que hasta ella misma se sintió un poco fuera de lugar. Emma decidió olvidar el tono de la alcaldesa.
- Por lo visto te desmayaste en medio de la carretera – Miró a Henry unos segundos y después fijó su vista en Regina de nuevo. La morena captó la mirada significativa de Emma. - Así que te llevé al hospital y te hicieron algunas pruebas. - Se fijó también en como Emma apretaba la mandíbula al pronunciar cada frase - Poco después el "doctor" - La sheriff intentó ocultar la mueca que se dibujó en su cara al mencionar a ese que se hacía llamar doctor - dijo que aunque aún no hubieses despertado no tenía importancia y lo mejor era llevarte a casa. - La frase terminó con una especie de bufido.
- Ya veo... - Regina se limitó a asentir con la cabeza en señal de entendimiento. Realmente era sorprendente el grado de complicidad que eran capaces de desarrollar en tan sólo unos instantes. Y quizá un poco alarmante también.
Henry intervino en esos instantes terminando con el juego de miradas. - Las pizzas llegarán en veinte minutos, deberíamos preparar la película.
La que fuera Reina Malvada entrecerró los ojos y se dirigió de nuevo hacia Emma que continuaba sentada en el suelo y parecía que quisiese fundirse con él.
- ¿En serio? ¿Pizza y película entre semana? - La indignación en la voz de Regina hizo que Emma torciera una sonrisa de disculpa.
- Mamá, por favor, es sólo un día, además era por ti, como no despertabas teníamos que quedarnos a cuidarte. - La cara de Henry adoptó la misma expresión que tenía su madre biológica unos minutos atrás.
- Exacto – Intervino Emma – Teníamos que asegurarnos de que no tenías ninguna conmoción cerebral.
Regina los miró a ambos fijamente durante unos minutos, el parecido era asombroso ambos compartían esa odiosa manía de poner cara de absoluta pena cuando querían conseguir algo y, desgraciadamente, ella nunca había logrado resistirse. A ninguno de los dos.
- Está bien – Soltó un suspiró de derrota – Preparad todo para que podamos cenar, iré a cambiarme de ropa.
Emma y Henry asintieron y la vieron alejarse hacia las escaleras. Regina por su parte subía lentamente mientras le daba vueltas a los últimos sucesos. Sin duda alguna, por la cara que había puesto Emma, algo no muy agradable debería haber pasado para que no quisiera contarlo delante de Henry. Henry... Ese era otro tema, llevaba tanto tiempo sin verlo que casi se le para el corazón cuando lo vio en la puerta con los ojos llenos de preocupación, a lo mejor no la odiaba del todo. Ese pensamiento la entristeció y le trajo a la mente el plan que había urdido para recuperarlo, ahora era tremendamente absurdo teniendo en cuenta que por alguna razón Emma lo había llevado a su casa con ella. Tendría que pensar en todo más detenidamente.
Bajó de nuevo las escaleras tras haberse puesto algo más cómodo y entró en la cocina. Henry y Emma estaban rebuscando algo en uno de los armarios bajos y no se habían percatado de su presencia. Se dejó caer en el marco de la puerta y los observó cuchichear y reír en voz baja unos instantes, los suficientes para que una estúpida sonrisa se instalase sin permiso en su cara. Sacudió la cabeza borrando así extraños pensamientos e interrumpió la curiosa búsqueda.
- ¿Puedo ayudaros en algo? - Al oír la voz de la alcaldesa Emma, cuya cabeza se encontraba en ese momento dentro del mueble, se intentó levantar bruscamente pegándose un buen golpetazo.
Henry que también se había sobresaltado comenzó a reír a carcajadas mientras salía huyendo de la cocina con un par de paquetes de patatas y chucherías. Regina por su parte se esforzaba enormemente por no mostrar una sonrisa y mantener una pose desinteresada. Emma bufó claramente enfadada.
- ¡Por Dios! ¡Deja de hacer eso! - Regina rodó los ojos. Exhaló con fuerza y se levantó del suelo con cuidado de no golpearse nuevamente – Podrías hacerte notar o algo en vez de... - Y eso fue todo lo que pudo decir. Se había girado hacia Regina con su mejor pose indignada pero la visión la dejó sin palabras.
La morena vestía unos tejanos estrechos y lucía una camisa sin mangas que se ajustaba a su cuerpo en los lugares adecuados y dejaba a la vista un más que generoso escote. La vista era impresionante por si sola, el simple hecho de ver a Regina Mills en vaqueros ya era algo extraordinario, pero si además añadimos el factor de que estos se le ajustaban como una segunda piel moldeando sus perfectas curvas, podía dejar a cualquiera sin aliento.
Regina ladeó una sonrisa ante la reacción que había provocado en la rubia y se adentró en la cocina ignorándola deliberadamente. Su mente avanzaba a toda velocidad trazando un nuevo plan, pero primero debía comprobar una cosa. Se giró hacia ella apoyándose en el fregadero con expresión expectante.
- ¿Y bien? ¿Qué es lo que ocurrió exactamente?
Emma tuvo que carraspear un par de veces para aclarar sus ideas e intentar deshacerse de los pensamientos poco éticos que se habían instalado en su mente. Se dejó caer en la mesa que ocupaba el centro de la amplia cocina y comenzó a relatar lo sucedido sin omitir detalle. Le contó como la había encontrado, como nadie se interesó por ella en un principio, como Ruby a pesar de que no la auxilió al menos dio aviso, como cuando llegó a ella había un grupo de personas intentando aprovecharse de su situación. Llegados a ese punto Emma había conseguido mantener la mirada a los ojos marrones unos segundos y lo que vio le hizo sentir una punzada en el corazón. Durante una fracción de segundo los ojos de Regina mostraron dolor y resentimiento antes de refugiarse nuevamente en la indiferencia.
- ¿Eso es todo? - Regina la interrumpió fríamente y Emma sintió un escalofrío ante el cambio de actitud.
- No, cuando te monté en el coche tenías una pequeña herida en la cabeza así que para asegurarme de que estabas bien te llevé al hospital – La sorpresa brilló en el rostro de Regina brevemente, es verdad que Emma había mencionado al doctor pero creyó que había sido parte de la versión que le había dado a Henry para que no se preocupase por ella. – Tengo que decir que el imbécil de Whale se negó a atenderte, ¿te lo puedes creer? - Regina simplemente arqueó una ceja y sonrió irónicamente.
- ¿No me digas? - Emma arrugó la nariz y Regina inconscientemente suavizó su sonrisa – Supongo que después recogiste a Henry y me trajisteis aquí.
- No exactamente – Emma dejó entrever una pequeña sonrisa – Dije que se negó, pero normalmente cuando amenazas a alguien a punta de revolver con retirarle la licencia y encerrarlo en prisión se vuelve sorprendentemente amable. - Terminó la frase con una risita y se fijó en la cara sorprendida de Regina – Por cierto, estás bien. Te hicieron un par de pruebas y los resultados fueron buenos, el diagnostico fue desmayo por agotamiento y estrés.
Regina la miraba con curiosidad, le estaba costando entender la actitud de la rubia. ¿Por qué de pronto era así de amable con ella? Todo estaba empezando a volverse un poco confuso y Henry aprovechó ese momento para entrar de nuevo en la cocina.
- Acaba de llegar la pizza – Sus madres se volvieron hacia él sorprendidas por haber estado tan absortas en la conversación que no habían escuchado el timbre de la puerta – La he llevado al salón, he puesto un mantel en la mesita para comer mientras vemos la peli. - Se giró para salir de nuevo y antes de desaparecer por la puerta se volvió hacia ellas – Ah, traed un cuchillo y servilletas.
La interrupción de su hijo recordó a Regina lo que debía hacer y en ese momento vio la oportunidad perfecta. Abrió el cajón y sacó un cuchillo a la vez que pasaba un puñado de servilletas a la sheriff y con un gesto de la mano le indicó que saliese delante de ella. Justo cuando la rubia cruzaba la puerta Regina dejó caer el cuchillo al suelo con un estridente ruido y se volvió de espaldas a ella para recogerlo.
Emma volteó al oír el ruido del cubierto contra el suelo y abrió la boca para preguntar pero antes de que ningún sonido saliese de su boca todo el aire escapó de sus pulmones. Justo delante de ella Regina se inclinaba para recoger el cuchillo del suelo dejándole una asombrosa vista de su perfecto trasero injustamente atrapado en esos ajustados pantalones.
Regina por su parte se tomó más tiempo del estrictamente necesario en realizar la acción. Antes de incorporarse se permitió una mirada por encima del hombro hacia la sheriff y lo que vio la hizo sonreír perversamente. Emma la devoraba descaradamente con la mirada y en un gesto inconsciente se lamió los labios. Al ver esto, Regina sintió una calidez que descendía más abajo del vientre y se estremeció intentando no pensar en ello.
Emma apartó la mirada rápidamente en cuanto Regina se giró y no se atrevió a mirarla a los ojos.
- Ups, que torpe – El comentario de la morena le hizo volver a fijarse en ella. No era en absoluto algo que diría Regina Mills.
Regina cambió de cuchillo y se paró en la puerta justo al lado de Emma. Demasiado cerca. Podía ver las pupilas dilatadas en los oscurecidos ojos verdes y la respiración levemente audible se delataba superficial. Regina clavó sus ojos en los de la rubia unos segundos antes de hablar y cuando lo hizo fue más un leve ronroneo que otra cosa.
- ¿Algún problema, señorita Swan? - Emma, hipnotizada, apenas si fue capaz de negar con la cabeza mientras Regina se alejaba hacía el salón con esa malvada sonrisa de nuevo en su rostro y una nueva y prometedora misión que llevar a cabo, seduciría a Emma Swan para su propio beneficio.
Bueno, que tal? Os gustó, si? no? las dos cosas? ninguna? No soy adivina pero con los reviews seguro que me entero de lo que pensais así que no os hagais de rogar y compartid vuestros pensamientos ;)
Ah, antes de que se me olvide, creo que alguien preguntó por qué se desmayaba Regina por un mensaje o algo así, no recuerdo bien la pregunta pero quería aclarar que Regina no sólo se desmaya por eso, digamos que eso es la gota que colma el vaso, su cabeza está hecha un lío y se puede decir que cuando no puede más colapsa xD
Pues eso, nos leemos pronto.
Besos.
S.
