Hola! He vuelto después de... bueno, dejémoslo en demasiado tiempo xD Total, a partir de ahora espero actualizar más seguido, ya que no hay OUAT con algo tendré que quitarme el mono T-T aish, bueno ya no digo más tonterias xD
Espero que os guste! :)
Tuvieron que pasar unos segundos de más antes de que Emma fuera capaz de recomponerse y ponerse en movimiento. Al llegar al salón vio a su hijo sentado en la alfombra frente a la mesita con una porción de pizza a medio comer en la mano, pero lo que la sorprendió fue que a su lado, e igualmente sentada en el suelo, estaba Regina. Aún tenía la sombra de esa sonrisa de estar haciendo algo malo pintada en la cara mientras servía algunos trozos en cada plato y al sentir la presencia de la sheriff llevó uno de sus dedos manchados de queso y salsa hasta sus labios en un gesto deliberadamente lento y fijó sus ojos en el rostro de Emma esperando por su reacción.
Emma, a medio camino de la mesa, se quedó absorta en el movimiento sin apartar la vista de los labios de Regina.
- ¿Has traído las servilletas? - Al oír la voz de Regina Emma salió un poco de su estupor y la miró a los ojos un poco desorientada.
- ¿Eh?
- Las servilletas, señorita Swan. - Repitió Regina ladeando la sonrisa.
- Oh si, claro, aquí tienes. - Dijo torpemente mientras se sentaba.
Regina negó con la cabeza mientras ponía los ojos en blanco. Dirigió una mirada a Henry para entablar conversación con él pero ya estaba demasiado ocupado intentando al mismo tiempo no perder detalle de la película que acababa de empezar y no ahogarse con la pizza que prácticamente estaba engullendo. Iba a reprenderle por comer tan deprisa pero Emma se le adelantó.
- Ey chico, más despacio. Tu madre va a pensar que no te alimentamos en casa. - Con un leve enrojecimiento Henry asintió con la cabeza, murmuró una leve disculpa y volvió a concentrarse en la película. - Bueno, nadie diría que la señora alcaldesa disfruta sus días libres sentada en el suelo comiendo pizza. - Regina al oír esto soltó un bufido.
- No se haga ilusiones señorita Swan, yo no acostumbro a hacer esto. Es su culpa, usted está malcriando a mi hijo. - Su tono de voz era irónico, pero aún así Emma sabía que lo decía en serio.
- Nuestro.- dijo Emma de repente más seria.
- ¿Perdón?
- Nuestro hijo. No tuyo, nuestro. - Regina frunció el ceño pero no dijo nada y dirigió su atención a al plato que tenía delante. Emma por su parte la observó durante unos instantes antes de empezar a prestar atención a la película.
Nada más aparecer los créditos en pantalla, Regina se puso en pie y apagó la televisión. Al terminar de comer ella se había acomodado en el sofá mientras que Emma y Henry habían preferido quedarse sentados en el suelo.
- Es tarde, Henry hace rato que debería estar acostado. - Regina soltó la frase en medio de un suspiro.
- Ya has oído chico, vamos, te acompaño hasta tu cama. - Regina frunció el ceño mientras observaba incrédula como Henry se levantaba resoplando y se dirigía a la escalera.
- ¿Pero qué...? - Emma se volvió al oír a Regina.
- Oh, hemos pensado que Henry podría quedarse por si necesitas algo y así él podría avisarme si algo iba mal. - Emma vaciló unos instantes - ¿Está... está bien?
- Por supuesto, es su casa, puede quedarse cuanto quiera... - Miró hacia Henry con sus ojos rebosantes de amor y él la abrazo deseándole buenas noches – Que duermas bien Henry. - Puso un beso en su frente y se quedó observando como desaparecían de su vista.
Estaba confusa, aunque no estaba muy segura si era debido a la conmoción. Fue al salón de nuevo a recoger todo el desastre que tenían allí montado, había algunas palomitas derramadas por el suelo y más encima de la mesa. Lo apiló todo sobre las cajas de las pizzas y se lo llevó a la cocina como pudo. Mientras terminaba de recoger no dejaba de pensar en el comportamiento de Emma, ¿por qué hacía eso por ella? No le encontraba lógica, parecía que de buenas a primeras se preocupaba por ella y hasta dejaba a Henry dormir en su casa después de haberle dejado claro que sólo lo podría ver unas horas a la semana. Con la mirada fija en su propia imagen reflejada en el cristal de la ventana de la cocina dio un suspiro y de pronto sonrió al ver el reflejo de algo más tras ella. Una copa. Bien, ya tenía planeada la siguiente fase de su plan.
Emma empezó a bajar los escalones de dos en dos como solía hacer hasta que a mitad de la escalera, recordó, sonriendo para sí misma, que no quería que Regina la incinerase y continuó bajando como una persona normal. Llegó al salón buscando a Regina para despedirse pero se quedó con la frase en la boca, Regina estaba de pie frente a ella sosteniendo dos copas de vino.
- ¿Una copa antes de marcharse, sheriff? - Una sonrisa un tanto burlona apareció fugazmente antes de que se volviese hacía el sofá.
- Claro, ¿por qué no? - Murmuró Emma casi para sí misma. Tomó asiento a la derecha de Regina y cogió una de las copas que la mujer sostenía.
Regina llevó la copa a sus labios para esconder la sonrisa que amenazaba con salir al ver a Emma intentando encontrar un tema de conversación entre sorbo y sorbo de su copa. Dejó que se la terminase entera antes de echarle una mano y comenzar a hablar.
- Permíteme que te sirva otra copa. - Dijo mientras soltaba la suya casi llena sobre la mesa y agarraba la de Emma. La rubia se tensó en el instante que sus dedos se rozaron y Regina se mordió levemente el labio para mantenerse seria. - Y bien, ¿qué opinan los encantadores Charmings, valga la redundancia, de que su preciada hija y su nieto pasen la velada con la Reina Malvada? - La ironía y el veneno resbalaban en cada palabra, a pesar de que no había sido en absoluto la intención de Regina comenzar ese tipo de conversación. Por suerte Emma no tenía ganas empezar una pelea.
- Regina... - El tono de reproche en la voz de Emma era cansado.
- Tienes razón, hablemos de otra cosa – Concedió Regina.
Emma suspiró mientras daba un gran trago a su bebida y se estiró al tiempo que se dejaba apoyar totalmente en el sofá moviendo su cuello de un lado a otro.
- ¿Te duele la espalda y el cuello? - Emma asintió – No me extraña, has estado sentada en el suelo casi dos horas y, sheriff, la edad no perdona – Regina terminó la frase con una sonrisa y Emma le lanzó una mirada asesina.
"Allá vamos" Regina la miró con suspicacia antes de comenzar a moverse.
- Está bien, deja que te ayude. Muévete un poco hacia delante. - Emma la miró asombrada y sin entender lo que pretendía y aún así la obedeció sin darse cuenta sentándose un poco más al filo. Y antes de que pudiera reaccionar Regina se movió rápidamente hacia el pequeño hueco entre la espalda de Emma y el sofá y se colocó tras ella de rodillas dejándola entre sus piernas.
Emma estaba paralizada, decir que lo estaba flipando era poco, ¡¿en qué demonios estaba pensando Regina?!
- Relájese sheriff, le voy a dar un pequeño masaje, después de todo lo que ha hecho hoy por mi es lo menos que puedo hacer. - La voz de Regina a medio susurrar junto con el suave aliento rozando su oreja hizo que se estremeciera. "¿Qué me relaje?¡¿Qué me relaje?! ¡¿Y cómo demonios se supone que voy a relajarme contigo encima?!"
Emma intentaba controlar la respiración pero fracasó estrepitosamente cuando se le enganchó el aliento al sentir el primer roce de las manos de Regina en su cuello. Regina sonrió abiertamente ante las reacciones de Emma y comenzó masajear sus hombros. La respiración de Emma era superficial, cada vez que Regina hacia un nuevo movimiento inesperado ella inspiraba audiblemente. A Emma le daba vueltas la cabeza y ya no sabía si era efecto del vino o del olor y las manos de Regina que la embriagaban, se sentía tan bien y a la vez tan mal, todos sus músculos se relajaban al paso de las manos de Regina y se volvían a tensar al sentirla respirar junto a su oreja. Notó como esas manos cada vez se hicieron más audaces y en sus pasadas cada vez descendían más hacia sus pechos.
Regina pasó la mano derecha bajo el brazo de Emma y comenzó a masajear la zona justo arriba del pecho. Emma jadeo inaudiblemente y se estremeció ante el contacto inesperado. Un escalofrío de excitación recorrió la espalda de Regina de arriba abajo al sentir la reacción de Emma y tuvo que morderse el interior de la mejilla para mantenerse centrada en su propósito.
- Esta es una de las zonas dónde más tensión se acumula – dijo suavemente para tranquilizar a Emma que había cerrado fuertemente los ojos e intentaba por todos los medios mantener bajo control el gemido que quería escapar de su boca. Por supuesto sentir a Regina pegada completamente a ella no ayudaba, sentir el interior de sus muslos aprisionando sus caderas, sentir sus pechos pegados a su espalda, sentir su aliento en el cuello... No, no ayudaba en absoluto – Y esta es otra zona con una gran acumulación de estrés... - Mientras hablaba, Regina había deslizado una de sus manos hasta la zona lumbar y Emma contuvo el aliento cuando hizo presión justo en el borde de sus vaqueros por debajo de la camiseta.
- Emma... - La rubia se estremeció por el modo en el que Regina pronunció su nombre y se separó de ella lo suficiente para contemplar su rostro – Será mejor que te tumbes y así puedo... - Emma descubrió la mirada hambrienta de Regina y notó como la humedad que sentía desde hacia rato entre las piernas aumentaba considerablemente – Y así puedo continuar el masaje.
Emma simplemente asintió mientras sentía como su respiración temblaba y se reprendía mentalmente, ¿qué estaba haciendo? ¿No se suponía que iba a alejarse de ella? Su mente era un revoltijo de emociones sin sentido que la atosigaban mientras sin poder ni querer evitarlo quedaba tumbada boca abajo. Pero todo pensamiento coherente quedó desechado al sentir al mismo tiempo como Regina le pasaba una pierna por encima y se sentaba sobre ella y sus manos se colaban por debajo de su camiseta subiéndola al tiempo que avanzaban por su espalda.
- ¿Puedo? - Emma simplemente asintió con la cabeza y cerró los ojos como Regina se deshizo de su camiseta. Una vez desechada, Regina comenzó a masajear la zona lumbar suavemente mientras Emma clavaba sus uñas en el cojín intentando no gemir desesperadamente.
La cabeza le daba vueltas, sentía como si Regina estuviese en todas partes, sus manos comenzaron a subir de nuevo hacia el cuello de Emma y continuó masajeando ahí. Regina estaba prácticamente estirada sobre Emma e inconscientemente comenzó a mover las caderas acompasando el movimiento de sus manos. Emma abrió los ojos al notar los movimientos y se vio reflejada en la cristalera que había frente a ellas. Pero sobretodo vio el reflejo de Regina, la expresión de su cara, el modo en el que su pecho subía y bajaba en una respiración acelerada, el movimiento de sus caderas... y de pronto multitud de imágenes de la alcaldesa ligera de ropa acudieron a su mente, deseó en ese momento poder hacer desaparecer los pantalones de ambas y sentirla contra ella.
El vaivén de las caderas de Regina era cada vez más pronunciado pero estaba demasiado concentrada en la espalda de Emma como para percatarse. En ese momento giró la cabeza hacia la cristalera y vio su propia imagen y el modo en el que prácticamente se estaba restregando contra Emma podría decir que tuvo la intención de parar pero en ese instante hizo contacto visual con ella.
Al encontrar los ojos de Regina no pudo evitarlo y levantó sus caderas hacia arriba. El gemido de Regina fue bajo pero claro y sus uñas se clavaron en la espalda de Emma haciéndola soltar una especie de gruñido. Ambas se paralizaron, sus respiraciones eran aceleradas y superficiales, se quedaron quietas sin apartar la vista la una de la otra hasta que Emma volvió a elevar las caderas haciendo suspirar a Regina, que habiendo perdido todo el control se vio a si misma reanudar sus suaves embestidas sobre el trasero de la sheriff.
Regina sabía que esto no era parte de su plan pero aún así no podía parar los gemidos suaves se escapaban de su boca sin su permiso y ver la expresión de deseo de Emma la estaba haciendo perder la cabeza. Sus movimientos empezaban a ser rápidos y desesperados y Emma se retorcía bajo ella ayudándola a encontrar ese contacto tan necesitado.
Regina necesitaba más y lo sabía, así no llegaría, agarró uno de los brazos de la sheriff para que se volteara y ese instante unos pasos comenzaron a oírse al final de la escalera dejándolas heladas.
- ¿Mamá? ¿Emma? ¿Qué hacéis? - Un soñoliento Henry las observaba desde la puerta mientras se refregaba los ojos para despejarse.
Regina fue la más rápida en reaccionar y se levantó del sofá pasándole la camiseta a Emma.
- Nada cariño, a Emma le dolía la espalda de haber estado todo el rato tirada en el suelo y le estaba dando un masaje para agradecerle todo lo que estáis haciendo por mi. - Henry sonrió y volvió a mirar a Emma que disimuladamente se había vestido ya completamente.
- No es justo que te lleves tu todo el agradecimiento ¿sabes? - Regina sonrió ante la inocencia de su hijo.
- Pensaba hacerte mañana tortitas para desayunar.
- ¡Genial! Emma, ven mañana temprano y así podemos desayunar todos tortitas. - Emma sonrió mientras evitaba el contacto visual con Regina.
- Claro, si a tu madre le parece bien...
- Si claro, ¿por qué no? - Regina hablaba igualmente sin mirar a la rubia.
- Bueno me voy ya, hasta mañana. - Besó a Henry en la cabeza y desapareció por la puerta sin más.
Well well well, :P Esto es todo por hoy, espero que os haya gustado y si no, bueno, me lo podéis decir, sólo muerdo flojito... xD
Besos.
S.
