capítulo 7
FE CONTRA FANATISMO RELIGIOSO

CADENCE
Eran poco más de las 12:00 cuando me presenté ante mis tías en el salón del trono. Como me temía ellas querían que las respaldase en su no a la guerra contra Draconem. No deseaba pasar mi instancia en Canterlot metiéndome en política, había venido simplemente para visitar a mi familia, para estar cerca de mi marido. Aunque sabía cuál era mi responsabilidad, oponerme a un conflicto que supondría la vida de cientos de inocentes. Además tenía una segunda obligación; si surgía una guerra no debía permitir que ésta se extendiese al Imperio de Cristal. Había dejado a cargo a un gobierno provisional, que debía mantener buenas relaciones diplomáticas con el rey Magma.

El ambiente en el salón del trono era muy formal, pero lejos de andarme con reverencias me limité a abrazar a mis tías. Curiosamente la nobleza no pareció sentirse molesta por este gesto, que raro. Normalmente la mayor parte de la aristocracia suele ser muy estirada, y más en Canterlot, donde más del 55% de la población pertenece a la aristocracia.

En la instancia estábamos reunidos mis tías, más de 70 nobles y una servidora. Muchos hablaban a la vez, sin llegar a escucharse. Je, je. Tanto protocolo y etiqueta ¿Y resulta que no sabían guardar turno de palabra? Celestia tuvo que poner orden; luego trató de explicar que una guerra supondría la muerte de muchos inocentes; Luna añadió que aquello no serviría para vengar a los fallecidos en el colegio, solo aumentaría el número de muertos. Uno de los presentes se adelantó al resto, por desgracia era el pesado de mi primo Blueblood.

—Hola, primita. Gracias por no saludarme. Saludas a nuestras tías y a mí no, que educada.

—Ve al grano, primo.

—Desde luego.

Blueblood se puso a decir un montón de tonterías. Empezó comentando que últimamente la aristocracia se mezclaba demasiado con la plebe, que los nobles no teníamos por qué caer tan bajo como para mezclarnos con la chusma, y no sé cuántas memeces más. Luego añadió que deberíamos pedir ayuda a los países aliados, y crear un ejército de varias razas para arrasar Draconem. Muchos nobles comenzaron a murmurar, supuse que más de la mitad de los presentes le darían la razón, pero entonces se me ocurrió una idea, moralmente era una bajeza lo que iba a decir, pero lo principal era evitar el conflicto.

Me adelante y tomé la palabra.

—¿Y el coste económico? Todos los aquí presentes tienen inversiones en Los Pegasus, Manhattan u otras ciudades equestrianas. Incluso algunos tenéis dinero invertido en los países aliados, pero… ¿Y si esas ciudades fuesen destruidas por una guerra? ¿Cómo afectaría eso a vuestro patrimonio? Además tendríais que dar dinero para armar y mantener al ejército.

Varios nobles se adelantaron.

—La princesa Cadence tiene razón, el coste de una guerra sería muy alto.

—Debemos evitar el conflicto.

—Ya hay suficientes gast… dijo muertos.

Uno a uno los nobles se manifestaron en contra de la guerra, menos Blueblood que me miró enfadado. Moralmente no me sentía orgullosa de mi intervención; era horrible enfocar la guerra desde el punto de vista del dinero, pero sabía que aquellos aristócratas eran reacios a rascarse la cartera. Al menos la mayoría prometieron que se opondrían en la próxima reunión del Parlamento, a entrar en un conflicto armado. Cuando todos los presentes se marcharon me quedé a solas con mi primo y mis tías.

—Bueno intervención, sobrina. Les dijiste lo que necesitaban oír.

—¿Tú crees, tía Luna? No me siento del todo satisfecha de mis palabras.

—Yo tampoco, prima. Ya casi les había convencido pero tenías que hablar.

—En serio, primo Blueblood. Si hubiese una guerra me encantaría verte luchar en el frente.

—¿Quieres verme muerto? ¿Por qué no vas tú al frente, en primera línea de ataque?

—Quizás lo haga, aunque solo sea por no aguantarte.

—Y eso lo dice la princesa que se caso con un plebeyo ridículo.

—¡Insoportable!

—¡Ordinaria!

—¡BASTA!—gritó mi tía Celestia—Blueblood, no quiero que vuelvas a intervenir. Veté a hacer el vago, que se te da muy bien. Deja los asuntos de Estado para quienes que nos gusta trabajar.

—Pero tía…

—¡Fuera de aquí!

—Tengo derecho a estar. Yo también formó parte de la familia real.

—Pues actúa como tal. La población está asustada; habido decenas de muertos en el atentado del colegio; Twilight Sparkle está secuestrada en un país extranjero; y estamos al borde de una guerra respaldada por casi la mitad de nuestro país. Toda nuestra familia está viviendo un calvario, pero a ti te da igual—explotó mi tía Luna.

—Bueno… miremos el lado bueno.

—¿Qué lado bueno, primo? No hay ninguno.

—Podrías quedarte viuda.

—¿Qué?

—Dijo… si hay una guerra, con suerte Armor…

Miré a mi primo con pura ira, me abalance sobre él tirándolo al suelo, comenzando a abofetearlo. Normalmente no suelo actuar de una forma tan violenta, no sé qué me paso. Ese miserable había insinuado que desea ver muerto a mi esposo, al amor de mi vida, eso no iba a perdonárselo tan fácilmente. Aun así… no actúe bien. No debí reaccionar de esa manera, nunca antes había sido capaz de generar tanta ira.

—¡RETIRA ESO! RETÍRALO—le ordené a mi primo mientras lo inmovilizaba en el piso y le abofeteaba en la cara.

—¡ESTÁS LOCA! ¡TÍAS!

—¡NO TIENES DERECHO A DESEAR QUE SHINING MUERA! ¡RETÍRALO!

BLUEBLOOD
Estaba tirado en el suelo tumbado boca abajo. Mi prima estaba encima de mí abofeteándome con todas sus fuerzas, mientras que con su magia me inmovilizaba, intenté usar mis poderes pero estos nunca han sido muy fuertes. Grité a mis tías pidiendo ayuda pero ellas tardaron en intervenir. Finalmente Luna nos separó a Cadence y a mí. Esperaba que mis tías regañaran a mi prima pero fui yo el regañado. Para mi sorpresa me obligaron a disculparme ante mi prima. ¡A disculparme yo! ¡Yo, que era quien había sido agredido! Mi prima me lastimaba ¿Y la víctima era ella? Tenía ambas mejillas hinchadas por las bofetadas recibidas, me sentía completamente humillado.

Celestia me miró furiosa al tiempo que decía "Quédate en tu habitación. No se te ocurra salir por ningún motivo". Intenté protestar pero Celestia le dio la razón a su hermana. Me marché enfadado de la sala del trono.

LUNA
Nada más irse Blueblood, Cadence se puso a llorar, abrazándose a Cely. Al parecer las ofensas de mi tonto sobrino no se habían quedado en unos cuantos insultos, habían despertado ciertos temores en mi sobrina. Está última tenía miedo de que si hubiese una guerra podría perder a su marido, a su poni especial. Celestia y yo tratábamos de consolar a Cadence esta me miró y respondió "No lo entendéis. ¿Y si las predicciones de Blueblood se cumplen? Si Shining muriese entonces yo… No quería decíoslo aun, no me parecía el mejor momento con todo lo que está pasando, no lo sabe nadie pero yo… yo estoy… embarazada". Tanto mi hermana como yo nos quedamos de piedra ante esta noticia, pero no tardamos en reaccionar y felicitar a nuestra sobrina por el embarazo, pero ella tenía dudas, Cadence miro a Celestia y platicó "Estoy de un mes, aun no se lo dicho a Shining ni a nadie, además aun no sé el sexo del bebe pero... Si surge una guerra podría quedarse huérfano. Y aunque no fuese así crecería en un país devastado. Incluso podría morir él o ella. Yo… no quiero eso".

Normalmente el estar embarazada suele ser un motivo de alegría, pero no lo es cuando la madre está llena de temores por el futuro del fruto de su vientre.

CELESTIA
Mi pobre sobrina estuvo llorando encima de mí durante un buen rato, la pobrecilla estaba muy asustada, ella tenía miedo de lo que pudiese pasarle a su familia, y del futuro del pequeño que llevaba en su vientre. Maldito fuese mi sobrino. ¿Cómo había sido capaz de decir que deseaba que Shining muriese? ¿Es que no se daba cuenta del dolor que le había hecho a su prima?

MAGMA
Había recibido varios mensajes de paz del Imperio de Cristal, pero ese territorio no me preocupaba tanto. La amenaza estaba en Equestria, con quien me encontraba al borde de la guerra; Arquímedes y sus partidarios, los cuales suponían más del 48% del Parlamento estaban dispuestos a luchar contra los equinos. Afortunadamente Ceniza, que se negaba al conflicto, había logrado convencer al 52% restante.

ARQUÍMEDES
Los reyes siempre piensan que son ellos los que gobiernan, pero lo cierto es que Magma sin la ayuda de mí e incluso de Ceniza no sabría ni levantarse de la cama por las mañanas. Ceniza… si no fuese tan cabezota, si se uniese a mí entre los dos acabaríamos con todos los males de Draconem. Le odiaba pero le respetaba como rival, no compartía su forma de pensar y de actuar, pero sí compartía su dedicación, su pasión por defender lo que consideraba justo aunque se equivocase. Era una pena pero tenía que matarlo a él y a su mujer. Por último debía deshacerme de los trillizos.

FURIA
Gracias a un contacto del palacio real logré enterarme de que Minerva pensaba viajar a Canterlot, para ejercer como embajadora ante las princesas de Equestria, magnifico. Era una ocasión única; una vez que se marchase y abandonase la ciudad podría pillarla a solas, sin testigos. Por fin iba a poder enfrentarla, por fin iba a matarla.

TWILIGHT
Los trillizos me explicaron la partida de Minerva a Canterlot. Incluso me comentaron que por la mañana vendría su madre, Flavia, a quedarse conmigo porque Urano y Neptuno debían irse a trabajar. Les dije que podía quedarme sola, que no pensaba escaparme, ni tampoco tenía forma de hacerlo llevando el bloqueador de magia, me respondieron que confiaban en mí pero las ordenes del rey Magma era que yo no debía quedarme sola.

MINERVA
No tenía ninguna gana de hacer el "viaje" ¿Yo de embajadora en Canterlot? ¿Por qué? No tenía experiencia, Magma debía estar desesperado a la hora de elegirme. Cuando fui a ver a los padres de Twilight ya tuve problemas, pero entonces aun no se había producido el atentado contra la academia de Canterlot; ahora estaba todo muy revuelto, los periódicos hablaban de la frustración de los equinos y su reacción hostil hacía los dragones. Puede que ni siguiera llegase al palacio real de la capital equestriana, seguramente los guardias me detendrían mucho antes de llegar, está vez sería difícil esquivarlos y si les enfrentaba podría haber heridos, lo cual causaría más odio hacía mi raza. Sin embargo, no podía negarme al viaje, era una orden real; desobedecer se consideraría un deshonor para mi familia y yo. Hiciese lo que hiciese saldría perdiendo.

De pronto llamaron a la puerta. Abrí yo y me quedé asombrada de ver a aquella visitante. Era una dragona serpiente, de piel blanca, escamas azules, ojos verdes y un tamaño de unos 5 metros. Llame a mis hermanos y a Twilight. La yegua no conocía a la visitante pero nosotros sí. Era la esposa del rey Magma. La reina Ígnea.

Mis hermanos y yo nos inclinamos ante su majestad, esta nos respondió que no fuésemos tan formales y me abrazó dirigiéndose a mí "Mírate, Minerva. Toda una embajadora. ¿Quién iba a pensarlo? Parece que fue ayer cuando vuestros padres os presentaron ante mi esposo y yo. Entonces debías de tener un mes de vida aproximadamente". Su majestad hablaba con un tono bondadoso, era propio de ella. Mis hermanos y yo nunca habíamos intimado mucho con Magma pero con su esposa e hijos teníamos un poco más de relación; especialmente desde que en cierta ocasión, yo había hecho de niñera de los príncipes cuando estos eran niños. Por aquel entonces una servidora tenía tenía 15 años y sus altezas… el mayor tenía dos años y el más joven unos tres o cuatro meses. Yo solo ejercí de cuidadora una única vez. La niñera oficial se puso enferma y como yo estaba visitando el palacio con mi madre, me pidieron que me hiciese cargo de los jóvenes príncipes. No sé por qué pero le debí de gustar a la reina, porque a partir de entonces comenzó a tener cada vez más trato conmigo, y por extensión también con mis hermanos. Conforme los príncipes crecían también fueron entablando cierta amistad con mi familia. Sin embargo, con Magma nunca logramos intimar, él siempre fue y es muy frió. Siempre nos ha tratado con respeto pero sin calor alguno. Mis hermanos dicen que es un estirado, no sé si esa es la palabra para describirlo.

Ahora todo era distinto. Los príncipes ya tenían 20 y 22 años y se encontraban haciendo su servició militar en la ciudad de Volcánica, el servicio supuestamente duraba desde los 18 a los 21, pero a ellos se les había alargado hasta los 24, por petición de su padre. Además el rey había sido muy tajante en que sus hijos no recibiesen ningún tipo de trato especial, y que incluso se les tratase más duramente que al resto de los reclutas. Por mi parte mis hermanos y yo ya habíamos cumplido los 35.

La reina me entregó un paquete y me pidió que lo abriese, obedecí. Era una túnica de gala; dorada con remates plateados, en la espalda llevaba bordado el escudo de Draconem; que era un árbol con una dragona serpiente enroscado alrededor, el árbol representaba el paraíso y la dragona a Lunarian. La reina me comentó que si iba a ejercer de embajadora, debía de llevar un atuendo que me identificase como tal, de ahí que me regalase aquella prenda. Según me explicó aquella vestimenta había sido hecha a garra, por sus doncellas y ella misma; lo cual resultaba curioso porque solo habían pasado dos días desde que recibí la orden de marcharme, pero quién sabe si Magma no lo tenía ya planeado desde mucho antes. Agradecí el regalo pero intenté rechazarlo, me daba vergüenza aceptarlo porque no sabía cómo corresponder; pero su alteza no dejo que me negará, me dijo que no tenía que agradecérselo, que si quería corresponderla me esforzase en mi nuevo papel de embajadora.

TWILIGHT
Mire a la visitante asombrada. ¿Aquella dragona blanca era la reina, según Neptuno? A nivel de carácter no se parecía mucho al rey. Tenía un cierto aire familiar y una cierta mirada que trasmitía confianza. Sin embargo, hablaba todo el tiempo en su idioma natal, por tanto no entendí lo que ella y los trillizos decían. Su majestad me miró diciéndome algo en su lengua, que no comprendí. Neptuno intervino contestándola "Majestad, ella no habla el Stradivarius". La soberana se llevó una garra a la cara, al tiempo que comenzaba a hablar en el común. Me dijo que lamentaba mi situación, pero que tenía muchas posibilidades de ganar el juicio. Después se llevó a Minerva al salón para hablar a solas.

LA REINA IGNEA
No había ningún tipo de insonorización en el salón, por lo que supuse que los cotillas de los hermanos de Minerva espiarían mi conversación con ella, pero en el fondo contaba con ello, no me atreví a admitirlo pero de hecho quería que nos escuchasen. Quien no quería que espiase era la señorita Sparkle, de modo que todo el dialogo fue en Stradivarius. Podría haberme reunido con los tres hermanos a la vez, pero me sentía más cómoda platicando a solas con Minerva. Después de todo, era ella quién iba a viajar a Equestria, sus hermanos se quedarían aquí, lo lógico era platicar directamente con la chica.

En realidad, mi esposo no quería que fuese por ahí hablando de ciertas cosas, ni yo tampoco; pero aquel trío de hermanos tenían derecho a saber la verdad, sus padres y ellos mismos habían hecho mucho por el país y por la corona, no se merecían que se les tratase como a objetos. Le expliqué a Minerva que el motivo de enviarla a ella era porque el rey, mi marido, no quería arriesgarse a mandar un gran colectivo para negociar con Canterlot. Debido a la situación actual un grupo numeroso podría ser considerado como una provocación. Enviar a los padres de Minerva o a otros leales a la corona también era arriesgado. Se tenían sospechas de que Arquímedes y sus partidarios planeaban derrocar a mi cónyuge, pero sin pruebas Magma no se atrevía a detenerlos porque les convertiría en mártires. Ceniza estaba investigando por su cuenta pero eso no debía saberlo nadie, porque de saberse supondría el fin de la investigación.

—Eso es todo. Antes de venir aquí hablé con tu madre. Aparte de vosotros, mi marido y yo nadie más pueda saber está información.

—Entendido, majestad.

—¿Puedes llamarme por mi nombre, por favor?

—… De acuerdo. No diré nada, Ígnea.

—Gracias.

NEPTUNO
El salón no estaba insonorizado, de modo que fue fácil que mi hermano y yo escuchásemos la conversación entre la reina y Minerva. De pronto llamaron a la puerta, la abrí y entró un enfadado Magma preguntando por su esposa. Esta última y mi hermana salieron del salón, pero el rey se las llevó de nuevo dentro, junto con Urano y yo; Twilight se quedó fuera de la instancia. El soberano se encaró con su mujer al tiempo que decía "¿Qué les has contado?" y la reina respondió "La verdad. Las sospechas que tenemos sobre Arquímedes. Aparte le he explicado a Minerva los motivos por los que la envías a Equestria". El rey se llevó una garra a la cara.

—Insensata. ¿Y si te hubiesen seguido hasta aquí? Seguro que también has hablado con los padres de los chicos.

—Su padre ya lo sabe, tú mismo se lo confesaste. La madre tenía derecho a saberlo y sus hijos también.

—No todo se reduce a lo que está bien o mal. La política no es tan simple. Si alguien más se entera…

—Ellos no van a decir nada.

—Pero te podrían estar espiando. ¿No lo entiendes?

—Por favor, ya basta. No quiero que discutan por mi culpa. Iré ahora mismo a Canterlot. Gracias por la túnica, majestad.

—De nada, Minerva. Ten cuidado.

URANO
No me sentía cómodo con esta situación. ¿Por qué mi hermana debía de ir sola? Comprendía los motivos que había explicado la reina, pero mi hermana no era un peón. No era justo que se arriesgase su seguridad. Creo que Neptuno también sentía lo mismo, pero ambos sabíamos que no podíamos oponernos a un orden real.

MAGMA
Vi a Minerva poniéndose la túnica, mientras salía por la puerta del salón, a la salida se encontró con Twilight, de quien se despidió. La unicornio le entregó una carta para su hermano Spike, ese era el dragón al que supuestamente maltrataba Twilight, pero entonces ¿Por qué ella lo llamaba hermano? Ni siguiera eran de la misma especie.

En el fondo sabía que estaba actuando mal. Era arriesgado para la seguridad de Minerva que fuese sola, pero no podría arriesgarme a dotarla de una escolta, porque entonces Arquímedes podría sospechar que desconfiaba de él. Además como había explicado Ígnea enviar a un grupo numeroso podría ser considerado como una provocación. Sin embargo, la misión era arriesgada; aparte de que Minerva podría ser agredida en Equestria, había posibilidades de que ni siguiera llegase, porque podría ser atacada durante el trayecto; Arquímedes estaría conmigo en la corte pero… ¿Y los suyos? Es de suponer que los que querían la guerra, no permitirían tan fácilmente que una embajadora de paz llegase a Equestria. Aunque suene mal los trillizos eran más prescindibles que sus padres. En el fondo no deseaba hacer nada de esto, no quería arriesgar la seguridad de una chica a la que conocía desde que ella y sus hermanos eran bebes, había visto crecer a los trillizos, sabía que en su momento habían tenido cierta amistad con mis hijos, era consciente de que mis esposa les estimaba; yo también les quería; pero estábamos al borde de una guerra, y quizás incluso al borde de un golpe de Estado, ambos casos podrían suponer la muerte de muchos inocentes; me veía en una situación terrible, elegir el menor de dos males. Aunque a lo mejor no pasaba nada malo, quizás la chica llegase a salvo al país equino pero… ¿Y si no era así? Si algo le pasaba a Minerva su familia me culparía de ello, y la mía también, incluso yo me culparía a si mismo.

MINERVA
Apenas había tenido tiempo de despedirme de Twilight y mis hermanos. Mis padres estarían seguramente en el palacio real o en el Parlamento. Me sentí tentada de ir con ellos, de despedirme, pero descarte la idea. Solo estaría fuera unos días, ya les vería después, ahora lo primero era la misión.

Salí de la ciudad, rumbo a Equestria. Eché un vistazo a dos objetos muy extraños, que la reina me había regalado junto con la túnica. Parecían rocas magma, pero tenían algo raro, como una especie de puntos verdes tipo musgo. Suena raro pero me dio por lamer uno de ellos, sabía acido. Mordí parte de lo qué fuese aquello, parecía algún tipo de comida, que raro. ¿Sería alguna sustancia? Y en tal caso ¿Era venenoso? No, si fuese un veneno la reina no me lo abría regalado. Lo más raro era que la reina me había dicho sobre aquellos objetos. Me hubiese gustado investigar más pero no tenía tiempo; tendría que esperar a regresar a casa.

FLAVIA
Fui con mi esposo a ver a mis hijos. Queríamos despedirnos de nuestra hija, pero para cuando llegamos ella ya se había ido. Mi marido y yo nos sentimos vacios, habíamos llegado tarde.

MINERVA
Cuando estaba a medio camino, en pleno bosque Everfree, sentí de pronto una bola de fuego en la espalda, perdí el control del vuelo estrellándome contra el suelo; el golpe no fue grave. Miré hacia arriba y entonces la vi. Mi agresora bajo al suelo y me miró fijamente.

FURIA
Por fin. Finalmente tenía de frente a Minerva. Ahora estábamos a solas, sin testigos. Era el momento para matarla, pero estaba dispuesta a darla la oportunidad de defenderse, no quería una victoria fácil, quería un autentico combate entre ambas para demostrar que era mejor que ella. Miré a esa miserable fijamente diciéndola que se transformase, que adoptase el modo combate.

—¿Por qué? ¿Por qué me has atacado?

—Porque te odio ¿Vale?

—Eso no tiene sentido. Jamás te he hecho nada.

—¿Nada? Estoy harta de ti. Harta de que contamines la mente de mis hijos con ideas estúpidas sobre la tolerancia; harta de que siempre tengas que ser mejor que yo. Aunque todo eso haciendo un gran esfuerzo podría dejarlo pasar; pero tus ideas religiosas… tus blasfemias… ¿Lunarian es pacifista? ¿La Gran Diosa predica la libertad de culto? ¿Todas las religiones son aceptables mientras se basen en el amor, la tolerancia y el respeto? ¿Todas las razas deben ser respetadas por igual? NO LO SOPORTO. NO SOPORTO TALES IDEAS ABSURDAS.

—¿Me has atacado por defender la paz?

—Exacto. Hasta los más tontos saben que Lunarian creó a los dragones para que gobernasen a todas las demás razas. ¿Libertad religiosa? Por favor… El único culto admisible es el de la Gran Diosa; las otras religiones son falsas, son puros paganismos. Nuestra especie es la raza superior, todas las demás son seres débiles, elementos prescindibles, que deberían ser nuestros esclavos.

—Estás completamente equivocada. Lunarian nunca ha predicado la guerra. Sus escrituras se basan en el amor, en el respeto, en la paz…

—¡Mientes! Ya no tenemos nada más que hablar. Transfórmate, yo también lo haré.

—No quiero luchar contra ti ni contra nadie.

—Qué pena porque yo sí quiero, pero deseó que pelees al 100%.

FURIA
Comencé a transformarme para obtener el modo combate. Mi cuerpo creció hasta los siete metros de altura; mi piel se volvió gris oscura y más dura y gruesa de lo normal, por tanto era más difícil de atravesar; mis escamas y garras se tornaron negras e igualmente más fuertes, mis ojos se volvieron rojo sangre.. Todo mi cuerpo se había convertido en una máquina de matar. Cuando ataqué Canterlot no tuve necesidad de usar mi transformación, ahora posiblemente tampoco, pero puesto que iba a matar a una blasfema lo haría con estilo.

MINERVA
Estaba aterrorizada. No quería luchar y si lo hacía no podría ganar; pero no tenía opción, era inútil escapar. Aquella dragona no era como los soldados pegasos, no podía evitarla ganando altura, era mucho más fuerte que yo. Quizás podría intentar huir, pero me terminaría atrapando; además adónde iría ¿A Draconem? Imposible, era demasiada distancia puesto que ya había hecho más del la mitad del camino hacía Canterlot, me atraparía antes de que llegase ¿A Equestria? La distancia era menor, pero si esa bestia llegaba hasta allí sería una amenaza para los ponis, y ellos seguramente no me ayudarían. Solo me quedaba la acción de luchar. Me quité la túnica y la dejé colgada de la rama de un árbol.

Comencé a transformarme. Mi cuerpo que medía 2,5 metros aumentó a 6; mi piel amarilla se volvió naranja oscuro, mis escamas rojas se tornaron gris metalizado; mis ojos se volvieron rojo sangre. Cuando un dragón se transforma, los ojos siempre se tornan de rojo sangre, aunque no sé sabe por qué, los científicos están estudiando este fenómeno pero aun no hay nada concreto, solo teorías. No era el momento de pensar en ciencias. Me encaré con aquella mujer mirándola fijamente.

—Por fin te decides, niña.

—Por favor, Furia… No tenemos por qué hacer esto.

—Sí tenemos, yo al menos… A no ser que admitas la superioridad de nuestra raza, y el mensaje de guerra de Lunarian.

—Jamás. Nunca aceptaré tales mentiras.

—Bien entonces, prepárate.

FURIA
Siempre he defendido la superioridad de mi raza, por tanto no era de mi agrado enfrentarme a una miembro de mi propia especie. No me importó cuando ataqué el colegio de Canterlot y maté a sus ocupantes, pero ellos eran ponis, seres inferiores y prescindibles; ahora estaba a punto de derramar sangre de Draconem, pero ¿Qué podía hacer? Esa niña y sus ideas disparatadas eran peligrosas, su ideología era un veneno y yo debía de radicar ese veneno antes de que se extendiera demasiado.

Minerva y yo nos elevamos, cuando estábamos en el aire comenzamos a luchar.

NARRADOR
Ambas dragones comenzaron a luchar en el aire. Minerva era más pequeña y físicamente más débil pero se movía más rápidamente. Furia tenía dificultades para esquivar los ataques y seguir sus movimientos de su rival; pero en el fondo la malvada dragona sabía que su adversaria terminaría cansándose, y entonces estaría a su merced. De pronto ambas dragonas se detuvieron ambos comenzaron a pelear con sus colas, golpeándolas entre ellas; aquello parecía un combate de esgrima, solo que en vez de espadas se usaban las colas de las dragonas. De pronto Furia logró enroscar su cola en el cuello de su rival, comenzando a estrangularla; Minerva estaba a punto de quedarse sin aire, pero logró liberarse pegándola un mordisco a su adversaria. Furia dio un grito y se aparto temporalmente de su rival, mientras se quejaba. Ambas dragonas continuaban en el aire.

—Mi cola, mi pobrecilla colita. ¡Bestia! Además de blasfema eres un animal—se quejó Furia.

—¿Soy una bestia? Eres tú la que pretendes llevar a tu país a una guerra, justificándote en nuestra religión, no tiene sentido.

—¿No tiene sentido? Pretendo extender el culto de Lunarian a los equinos.

—Oooh, Claro que sí. ¿Y tú decides en el nombre de la Gran Diosa? Tú decides qué está bien, qué está mal; quién debe vivir y quién debe morir. De paso ¿Por qué no decides quién debe ir al paraíso, y quién debe ser condenado? ¿Qué pasa? ¿Te crees superior a Lunarian?—protestó Minerva hablando con un tono medio de ironía y medio de reproche.

—Te haré tragar tus palabras, cerda.

Furia lanzó una bola de fuego contra Minerva, está última correspondió con otra bola; ambos ataques chocaron entre sí, anulándose mutuamente; momento que aprovechó Furia para lanzarse y dar un puñetazo en la cara a su adversaria, la golpeada respondió con otro puñetazo. Ambas comenzaron a golpearse con sus propias puños; tanto en la cara como en el estomago y otras partes del cuerpo, en plan combate de boxeo. Sin embargo, Furia no jugó limpio, aprovechó uno de sus ganchos para hacer a continuación una gran llamarada que le dio a su rival de frente haciéndola retroceder, momento en que aprovecho Furia para usar una de sus garras a modo de filo, rebanándole el cuello a Minerva. La joven comenzó a ahogarse y Furia aprovecho para golpearla por detrás, haciendo que Minerva se estrellase contra el suelo provocando un gran cráter.

Minerva quedó en el suelo tumbada boca abajo, el corte en el cuello le dificultaba el respirar y le hacía desangrarse lentamente, haciendo un gran esfuerzo logró girarse quedando boca arriba, Furia aterrizó a su lado y se quedó mirándola.

—Te odio, Minerva, pero admito que has sido una rival digna. Te daré una última oportunidad; si aceptas que tus ideas son erróneas y me juras lealtad, respetaré tu vida.

—La… Gran… Diosa… No te… perdonará. Insultas… y tergiversas… sus enseñanzas.

—Oh, por favor… Mírate. Estás a punto de morir. Puedo auxiliarte pero solo si me juras lealtad y admites tus errores. ¿Por qué quieres morir como una mártir si puedes sobrevivir?

—Prefiero… responder… ante… Lunarian, que… que vivir… obedeciendo a… una demonio.

—… Ah. De acuerdo. Que no se diga que fui cruel. Te he tendido mi garra y tú la has rechazado.

Furia se inclino y usando las garras de su mano derecha, a modo de espada, le atravesó a su rival el estomago. Minerva dio un grito y perdió la conciencia. La agresora le cogió del brazo izquierdo y exclamo "No tiene pulso. Ha muerto". Furia miró al cielo "Lunarian, quien yace aquí es una pecadora, pero también era una persona valiente. Te ruego que perdones su alma".

FURIA
Lamentaba haber tenido que matar a alguien de mi propia raza, pero era necesario. A veces algunos deben sufrir para que otros se beneficien. Entonces tomé una decisión. Minerva se dirigía a Canterlot para proponer la paz, entonces yo iría allí para volver a matar, esta vez no me conformaría con un colegio. Mataría a todo aquel que se me pusiera por delante, especialmente a civiles. Los militares equinos eran necesarios para luchar en la segunda guerra poni-dragón, pero los demás eran sacrificables sobretodo los ancianos y los niños, ambos grupos no serían reclutados por el ejército, de modo que cuantos más ancianos y menores muriesen mejor, quizás sería bueno matar algunos bebes, eso generaría mucho odio hacía mi raza, y por tanto muchas ganas de entrar en guerra.

FIN DEL CAPÍTULO 7


Hola, bronies y lectores.

EL CASO DE CADENCE
Lo de la escena de Cadence abofeteando a Blueblood, fue para intentar echarse unas risas y unas lágrimas al mismo tiempo. Risas por el careto que se le quedó al principejo; y lágrimas por los miedos y el sufrimiento de la princesa de cristal.

Je, je, je. ¿Se esperaban ustedes que Cadence estuviese embarazada?

Memez. Expresión española que significa tontería. Su forma plural es memeces. Por cuando Cadence dice que su primo Blueblood decía muchas memeces, a lo que se refería es que el semental decía muchas tonterías.

EL COMBATE
Quería que el combate entre ambas dragonas tuviese una doble perspectiva. Por un lado un enfrentamiento físico; y por otra parte un enfrentamiento ideológico y religioso. Vimos las dos caras de la religión; por una lado, la parte más progresista y moderada representada por Minerva; y por otro la parte más extremista representada por Furia.

Lo del modo ataque de los dragones es un headcanon de Mr.E's-pen, y él lo usó en su fic "La segunda vida de Eclipse y Aurora", aunque yo lo he enfocado un poco a mi manera, para adaptarlo a este fanfic. ¿Te gustó el resultado, Mr.E?

Lo de los extraños objetos que le dieron a Minerva, lo explicaré posteriormente.

TIPO DE NARRADOR
Al principio me había propuesto que este fanfic no tuviese narrador omnisciente. Quería narrarlo todo usando el estilo de narrador protagonista. No obstante, para la escena del combate he tenido que usar un narrador omnisciente; porque de lo contrario era muy difícil de comentar dicho enfrentamiento. Por otro lado hubiese sido un poco raro que Minerva y Furia narrasen su pelea mientras combatían. Puede que en ocasiones tenga que usar el omnisciente, pero será solamente para combates u otras partes especificas, y si puedo evitarlo no lo volveré a usar en este fic.

Eso es todo por ahora.

Un saludo.
Nos leemos.