Hola, bronies y lectores:

Recientemente he publicado un one-shot escrito conjuntamente por Sg91 y un servidor. Se titula "Una divina conversación". Les animamos a leerlo.


Capítulo 12
EL REGRESO

NIGHT LIGHT
Había pasado una semana desde que Celestia lo confesó todo. Durante este tiempo mi esposa y Cadence apenas se separaron la una de la otra. Velvet se sostenía en su nuera para sobrellevar el estar apartada de su hija; aunque no soy psicólogo tenía la impresión de que mi esposa intentaba cubrir con Candy, el vacio que había dejado Twilight. Por su parte Cadence se apoyaba en Velvet para intentar superar su aborto.

SHINING ARMOR
El mero hecho de ver a mi madre y Candy siempre juntas, me producía a la vez alegría y tristeza; por un lado me alegraba de que estuviesen tan unidas; pero al mismo tiempo era testigo de que lo estaban pasando muy mal.

MAGMA
Me encontraba en uno de los salones del palacio con mi esposa, un juez, un notario y nuestros abogados. Estábamos firmando los papeles del divorcio. Ígnea me miraba con una expresión triste, yo tampoco estaba alegre. En el fondo nos queríamos pero lo nuestro no funcionaba. Aun recordaba que cuando ella me pidió el divorcio acabo llorando desesperada, pero después de aquella primera fase, las lágrimas se trasformaron en palabras de reproche. Apenas me hablaba y si lo hacía era para criticarme; se negaba a que durmiésemos juntos e incluso a que comisemos en la misma habitación; de hecho se negaba a juntarse conmigo salvo cuando la ocasión lo requería obligatoriamente.

—Antes de empezar, quiero recordarles que si se divorcian, cada una de las partes tendrá que devolver a la otra su dote matrimonial—intervino el juez.

—Yo no di dote al casarme pero le devolveré al rey la dote que él me dio a mí—sentenció Ígnea.

—Bueno… yo… tampoco es necesario. Puedes quedarte esos bienes.

—No quiero nada que provenga de usted. Si los chicos fuesen menores le pediría la custodia compartida pero ya son adultos.

—Además la dote a de ser devuelta—insistió el juez.

—No es necesario. Ígnea, por favor, quédate esos bienes. Es lo mínimo que te mereces, llevamos 1300 años de matrimonio, durante todo este tiempo llevas ejerciendo de senadora; además tenemos dos hijos.

—Perdone, su majestad, pero usted ya dejo muy claro lo que estos 1300 años de matrimonio han significado para vos, una cuestión de imagen. Asique quédese usted con sus bienes y sus periodistas.

—Oh, por favor, ¿Desde cuándo eres tan orgullosa? Te estoy ofreciendo la oportunidad de quedarte con tu dote. Si quieres puedes seguir viviendo aquí, en palacio, no tienes por qué irte.

—¿Cree, su majestad, que voy a querer quedarme aquí? Honestamente creo que os habéis golpeado la cabeza.

—¿Quieres dejar de llamarme majestad? Aun no hemos firmado, sigo siendo tu esposo. Tutéame.

—¿Tutearle, su majestad? Mmm. Mejor no.

—¡Ya me cansé! Haz lo que te dé la gana. ¿No quieres los bienes? Pues mejor, para mí. ¿No quieres quedarte en palacio? Igualmente mejor. Te recuerdo que el patrimonio de tu familia ya menguaba cuando nos conocimos; no te exigí nada al casarnos pero si te di una dote en condiciones, porque sabía que de esa forma favorecía económicamente a tu familia. Después de todo lo que hice por vosotros, y después de 1300 años de matrimonio creo que me merezco un poco más de respeto y afecto por tu parte.

—Respeto sí, afecto… ya dejasteis muy claro que no me queréis.

—…

ÍGNEA
Curiosamente tanto mi abogado como el de mi marido, incluso el notario y el juez insistieron en que conservase mi dote, pero me negué.

—¿Podemos firma ya, su majestad?

—¿Eres consciente de que en el momento que firmemos dejarás de ser reina? Volverás a ser una baronesa.

—Que bien.

MAGMA
Ambos firmamos.

La dote eran un conjunto de bienes que cada uno de los cónyuges aportaba al otro a la hora de contraer matrimonio. Podían ser tierras, propiedades, acciones, dinero en efectivo, etc. Por ley no era obligatorio tener dote para casarse, pero la nobleza solía hacerlo como rasgo de poder y distinción. En nuestro caso; Ígnea no aporto nada a la hora de desposarse conmigo, ni yo se lo exigí; ella pertenecía a una familia de barones, el rango más bajo de toda la nobleza, tenían algunos terrenos y empresas pero no eran tan adinerados como la mayor parte de la aristocracia. De modo que les favorecí rechazando sus bienes, y cediéndoles parte de las propiedades de la corona. Aquel divorcio no tuvo coste económico para mí, puesto que yo no había recibido bienes de mi esposa; pero si resulto caro para ella porque como no aceptó quedarse con lo que le di, se vio obligada a devolvérmelo todo.

No estaba seguro de si Ígnea era una orgullosa, o yo era un necio. Ella no había aceptado los bienes, no era una opción muy inteligente; sin ellos le quedaban pocas propiedades a su nombre. Además aunque nuestros hijos estuviesen en Volcánica, haciendo su formación militar, no tardarían en enterarse de nuestra separación; ellos adoraban a su madre, si yo dejaba a Ígnea desamparada eran capaces de reprochármelo toda la vida, teniendo en cuenta que los dragones vivimos varios milenios, iba a ser un reproche muy largo.

ÍGNEA
En cuanto la prensa se enterase de mi divorcio montaría un circo. Los periódicos se forrarían a costa de Magma y de mí. Quizás muchos se preguntasen por qué no acepté que mi ex–marido me dejase conservar su dote, obviamente por orgullo y por principios. Hacía ya una semana que le había pedido que nos divorciásemos; si él todavía me quisiera me habría intentado convencer dulcemente de que era una mala idea, pero… ¿Lo hizo? No. No tuvo una sola palabra cariñosa ni romántica para mí, simplemente me dijo que de hacerlo daríamos mala imagen a la opinión pública. Según Magma nuestro matrimonio solamente era un teatro para entretener a las masas, nuestros mis hijos ya eran adultos. ¿Para qué iba a seguir casada? ¿Para qué iba a conservar los bienes de mi antiguo marido? ¿Para qué pareciese una mujer aprovechada que se casa y divorcia por dinero? Por mí Magma y sus bienes se podían quedar juntitos.

A partir de ahora tendría un estilo de vida más austero pero me adaptaría. Me quedaban algunas propiedades en la ciudad, en Volcánica y el reino grifo; el problema era su caro mantenimiento, quizás tuviese que vender parte de todo aquello. Todavía seguía conservando mi cargo de senadora, al menos de momento; aunque ahora que ya no era reina seguro que Arquímedes y sus partidarios querrían quitarme del medio. Esperaba que al menos Magma tuviese la nobleza de defenderme.

CELESTIA
Desde que lo confesé todo me sentía extraña. Por un lado parecía que me había liberado de una gran carga, pero por otra parte podía notar que todos estaban molestos conmigo. Luna me defendió en aquel entonces, y lo hizo bien, posiblemente de no ser así todos me hubiesen odiado. Sin embargo, la defensa había disminuido la reacción de los demás pero no la había evitado del todo. Sentía que mi familia estaba decepcionada conmigo, y con razón pero… Cadence y Luna… ellas y Twilight eran las tres personas que más quería. Podía aceptar que los demás me diesen de lado, pero no ellas. Por su parte mi hermana se mantenía a mi lado, eso me hacía sentir culpable. Primero estuvo a punto de morir durante la guerra; después no pude evitar que se trasformase en Nightmare Moon; y cuando empleé los elementos de la armonía para intentar purificarla fallé, no pude controlar el poder de los talismanes, estos se descontrolaron y exiliaron a mi hermana durante mil años. Por todo aquello no podía entender la reacción de Luna. ¿Por qué ella se mantenía a mi lado y trataba de consolarme, siendo que tenía más motivos que nadie para odiarme?

Hay un detalle del caso del Spike que nunca le he contado a nadie. No lo hice por él o por los Sparkle, lo hice por mí. En su día provoqué la muerte de muchos dragones, eso es algo que siempre me ha pesado; de modo que después de varios siglos de aquello, cuando vi que un matrimonio equino reclamaba la custodia de un bebe dragón… de un inocente, no pude evitar ayudarles. Estuve dispuesta a arriesgarme a perder el trono con tal de defender a los Sparkle, esperaba que de esa forma mis pecados fuesen perdonados. No estoy segura de si Artemisa me ha indultado, pero espero que por lo menos ayude a mí familia; si me quiere castigar que me castigue en solitario, pero no haga sufrir a la gente que me importa.

ARQUÍMEDES
Eran las 12:30, lunes. Todo el Parlamento se había reunido para tratar dos cuestiones: una el mantenimiento de Ígnea como senadora; dos, la posibilidad de liberar a Twilight Sparkle. A mí personalmente me daba rabia dejar marchar a la yegua, pero esperaba que de esa manera Magma se confiase y bajase la guardia. Lo cierto es que ahora que había conseguido la transformación titán podría haber resuelto todo aquello por la fuerza, pero ese no era el plan. Una vez que Twilight regresase a Equestria, Torquemada y un servidor esperaríamos tres o cuatro días y después obligaríamos a Magma a abdicar.

En ese momento el rey, si es que a eso, se le puede llamar rey, subió a la tribuna para presidir la asamblea. El reyezuelo hizo una introducción dirigiéndose a todos los presentes, mencionando cuáles eran los temas del día. ¿Creía que nadie sabía el por qué estaban todos reunidos?

Ceniza no se encontraba presente. Había oído que había abandonado la ciudad por motivos de salud, eso me sonaba a excusa barata. Seguramente me estaría espiando, o al menos lo intentaría. Debería haberle buscado y asesinado; pero sin él la partida resultaría aburrida. Además aunque esto suene extraño yo respetaba a Ceniza; no compartía sus ideales ni su forma de actuar; pero si admiraba su valor, su determinación por defender aquello que consideraba correcto aunque se equivocase. Si bien es cierto que él me había dado muchos problemas, también era verdad que había resultado un adversario digno; un rival con firmeza, determinación y valor, cualidades de las que Magma carecía.

Uno de los motivos por el que estaba dispuesto a rebelarme contra el rey, aparte de para subir al poder, era porque le despreciaba. Magma me parecía un ser cobarde e incapaz de tomar una sola decisión; Draconem se merecía un rey fuerte, alguien que mandase y no se dejase mandar.

Aunque Ceniza no estuviese sus partidarios se encontraban entre los asistentes, estos se pusieron a exigir que liberasen a la yegua, mi grupo al principio se negó pero entonces intervine pidiendo igualmente que la poni fuese liberada, al igual que mi esposa. Prácticamente propuse intercambiar a Twilight por Furia; mis seguidores al principio se quedaron muy sorprendidos, pero no tardaron en darse cuenta de que había un motivo. La liberación de Twilight Sparkle fue aprobada por una amplia mayoría, pero a cambio se exigió la libertad de mi cónyuge.

Después tocó el segundo punto. Había que decidir si Ígnea continuaba o no como senadora. Algunos la defendieron, pero la mayoría quiso expulsarla; porque por un lado muchos no veían bien que se divorciase del rey, y especialmente porque con ella en el poder el plan de un golpe de Estado era más difícil de llevar a cabo. Según la tradición los hijos del rey Magma, al no haber finalizado su formación militar y su educación universitaria, aun no podían ser coronados; de modo que si el reyezuelo abdicaba la regencia de la corona pasaría a la madre de los príncipes mientras ellos se terminaban de preparar para subir al trono. Por otro lado aquella mujer era popular entre las masas, podría haber puesto a muchos contra mí, cosa que en parte ya había hecho entre la población, pero no voy a entrar en detalles.

Algunos se preguntarán por qué iba directamente a por Magma, sin tocar al mismo tiempo a sus herederos, es muy simple. Los jóvenes príncipes estaban en la ciudad de Volcánica, ejerciendo su formación militar; aquella academia militar estaba situada a 600 kilómetros de la capital de Vesubio, que era donde nos encontrábamos el reyezuelo y un servidor. Si había un golpe de estado, desde que se produjese hasta que se filtrase a la prensa se tardarían al menos unas horas. El ejército de Volcánica y otras ciudades necesitarían al menos tres días para movilizarse, quizás incluso cuatro; y en el momento en que Magma abdicase a mi favor el mando del ejército pasaría a mi persona. De modo que los principitos no suponían una amenaza; de haber estado en la capital quizás me hubiesen dado problemas, pero estaban apartados y ajenos a todo lo que estaba sucediendo. Además se rumoreaba que para mantener su concentración, a los cadetes no se les permitía leer prensa. Por otro lado confiaba en el inmenso poder que había recibido.

Ígnea era más peligrosa que sus hijos. Obviamente podía matarla pero la convertiría en una mártir. De modo que vote en contra de ella e incité a mi grupo a que hiciese lo mismo; además solicitamos que se marchase de la ciudad, no es que la desterrásemos, podía irse a Volcánica o a cualquier otra zona del país, pero siempre que se mantuviese fuera de la capital de Vesubio, la dimos dos días para marcharse. Todos esperábamos a que el rey defendiera a su ex–esposa porque él tenía el derecho a veto, pero no lo hizo; otra prueba más de lo patético que era Magma, que no tenía agallas ni para proteger a la madre de sus hijos.

MAGMA
El supuesto mantenimiento de Ígnea en las Cortes me puso en una situación muy complicada. Esperaba que más gente la defendiese pero casi todos fueron contra ella. En las últimas semanas mi corona se había visto cuestionada. La posibilidad de una guerra contra Equestria, más el caso de Twilight Sparkle, me habían hecho perder poder; de modo que si me enfrentaba al Parlamento mi posición como rey podría verse amenazada. Tenía dos opciones muy claras. Podía negarme a la expulsión de Ígnea de las Cortes, en cuyo caso estaría protegiéndola; ella había sido mi esposa durante 1300 años, me había dado dos hijos y herederos, siempre había pensado en el bien del país… La otra opción era acertar su marcha y expulsarla de allí, lo cual moralmente era una bajeza pero al menos no me haría debilitarme más. Escogí la segunda opción e hice que ella fuese sacada de allí. Pude contemplar su cara de asombro y de reproche, ella estaba sentada a mi lado.

—¿Qué? ¿Su majestad me expulsa de aquí?

—Lo siento, Ígnea. Has escuchado la opinión de la mayoría de esta cámara. Vete. Tienes 48 horas para abandonar la capital.

—No podéis hacerme esto.

—No lo hago yo, lo hacen casi todos. Márchate, por favor.

—… Bien. Me voy, un segundo.

Vi como ella escribía algo en un papel, me dio esa nota antes de marcharse. A la salida de la cámara leí aquel papelito, en él decía: eres un traidor. Tenía razón, era un traidor pero ¿Qué quería ella que hiciese? Tenía que mantenerme en el trono.

TWILIGHT
Minerva me había contado lo sucedido en Canterlot. La lucha de mi hermano contra una dragona llamada Furia, el aborto de mi cuñada, etc. Pobre Cadence, seguramente estaría destrozada.

Los trillizos me habían dado una noticia muy extraña e incluso contradictoria. Arquímedes, el hombre que me rapto ahora quería liberarme, todo aquello me sonaba raro. ¿La persona que me secuestro, ahora quería liberarme sin más? ¿Por qué? En aquel momento me encontraba reunida en el salón, junto con los tres hermanos. Era domingo, de modo que ninguno de ellos tenía que irse a trabajar. Flavia había vuelto a su casa desde hacía cinco días.

—Sé que todo esto te sorprende, Twilight—me comentó Minerva.

—Me alegro de que quieran dejarme regresar a casa, pero no entiendo la conducta de Arquímedes.

—Seguramente tiene un motivo oculto, eso es lo preocupante. No es normal que haya cambiado de opinión—expuso Neptuno.

—Tal vez haya tenido un ataque de conciencia.

—Créenos, Twilight. Ese tipo no ha tenido conciencia en toda su vida—sentenció Urano.


TWILIGHT
Eran las 9:30, jueves. Había recibido una carta del rey Magma donde me anunciaba que me dejaban regresar a Equestria. Estaba tan eufórica y emocionada que no soy capaz de describir con todo detalle cómo me sentía. Por fin, después de varias semanas de cautiverio me dejaban marchar, aunque admito que iba a extrañar a los trillizos, me había encariñado con ellos. Para mi sorpresa, Flavia se ofreció a llevarme hasta Canterlot.

—Es cuestión de necesidad, señorita Sparkle. Mis hijos tienen que irse a trabajar; no sé dónde está mi esposo; por último, cierto rey que yo me sé no le ha facilitado a usted ningún transporte. De modo que le acompañaré hasta la capital de Equestria, desde allí debería serle fácil llegar a su casa—sentenció Flavia con tono molesto.

—Yo también te quiero, Flavia.

—Yo a usted no. Bueno… va, un poquito sí—contestó la dragona cruzándose de brazos, al tiempo que se sonrojaba.

Me despedí de Neptuno, Urano y especialmente de Minerva. Esta última me abrazó con cierta ternura.

—Cuídate mucho, quería Twilight. Dale recuerdos a tu familia.

—Lo haré. Gracias por todo, Minerva. Gracias a todos vosotros. ¿Vendréis a visitarme?

—Dalo por hecho, Twilight. Iremos a verte pero no inmediatamente. Esperaremos unos meses, quizás un año, hasta que la situación entre nuestros dos países se relaje un poco—respondió Neptuno.

—Yo quiero probar el mus de limón de tu madre, mi hermana me habló de él.

—¡Urano, no seas goloso!

—Ah. Ya me conoces, hermanita.

—¿Hermanita? Je, soy tu hermana mayor.

—Por tu tamaño nadie lo diría, enana. Tú y Neptuno sois unos canijos.

—Perdona. ¿Qué has dicho de mí?—se quejó Neptuno. Era cierto que Urano era el más alto de sus hermanos. Minerva y Neptuno medían unos 2,50 metros de altura mientras que su hermano llegaba a los 2,60.

—Bueno… señorita Sparkle, vámonos, que estos se ponen muy tontos.

Al cabo de unos minutos iba montada en la espalda de Flavia, mientras ella volaba una servidora contemplaba el paisaje, pero también ejercía de guía e iba indicándole el camino a la dragona. Desde el cielo todo se veía más pequeño pero también más hermoso. La dragona quiso dejarme en la entrada de la ciudad, pero la convencí para que me llevase hasta el jardín de la casa de mis padres, podría haberla pedido que me acompañase a Ponyville, de hecho sobrevolamos el pueblo, pero antes de ver a mis amigas quería ver a mi familia. Una vez que entramos en la ciudad podríamos haber seguido recto, pero Flavia no tenía ganas de toparse con la guardia y tener que mediar con los soldados, asique dimos un rodeo, ganamos altura, y aprovechando que ese día estaba nublado nos escondimos entre las nubes. La dragona aterrizó en el jardín a escasos metros de mi casa; la pedí que entrase conmigo pero se negó.

—Me comprometí a traerla aquí, he cumplido. Ahora me voy.

—Pero… ¿No quieres conocer a mis padres? Ellos seguramente querrán darte las gracias.

—Por lo que me han contado Minerva y Neptuno de ellos, deben de ser unas magnificas personas pero aun no me acostumbro del todo a tu raza, dame tiempo, otro día será.

Fui a decir algo pero en ese momento mis padres, que al parecer debían de habernos visto, salieron de la casa corriendo a más no poder y se abalanzaron sobre mí.

FLAVIA
Pude observar como una yegua mayor que la señorita Sparkle, y un semental salían de la casa y se tiraban sobre Twilight abrazándola con mucha fuerza. La mujer lloraba y reía al mismo tiempo, le dijo a la señorita Sparkle que no se volviese a ir; el semental igualmente abrazaba a la chica y mencionó a sus hermanos; sin duda aquellas personas debían de ser los padres de Twilight; mis hijos me habían hablado de ellos, la mujer se llamaba Twilight Velvet y el varón Night no sé qué. Este último menciono a una tal Artemisa, el nombre me sonaba de algo pero no recordaba dónde y cuándo lo había oído. ¿Quién era Artemisa? ¿Y qué relación tenía esta última con los Sparkle?

La yegua mayor se me acercó y me abrazó dándome las gracias por cuidar de su hija; con el tono más educado que me fue posible, le respondí que yo no había hecho nada, y que el merito era de mis hijos. El semental me invitó a pasar a la casa, preguntándome si deseaba beber algo, pero me negué y me fui, argumentando que tenía prisa por regresar. Al elevarme en el aire pude oír gritar a Twilight dándome las gracias.

Seguidamente me oculte de nuevo entre las nubes para salir de la ciudad, pero cuando salí de allí no regrese directamente a Draconem; hice una acción muy extraña que no me explico por qué la lleve a cabo. Twilight me había hablado de Ponyville, me dirigí al ayuntamiento de dicho pueblo. En dicho lugar pedí hablar con el alcalde del lugar, que resultó ser una yegua grisacea, la alcaldesa y sus concejales, secretarios y demás ponis se asustaron al verme, a pesar de que no les hice nada. Lejos de enfadarme les dije que buscasen a las amigas de Twilight Sparkle, y les comunicasen que la chica acababa de regresar a Equestria y se encontraba con sus padres en Canterlot. Todos quedaron asombrados de tal noticia, pero lejos de observar su reacción me largué enseguida, ya había tenido suficientes ponis por un día.

Algunos se preguntaran por qué di el aviso a las amigas de Twilight, yo misma no me lo explicó, simplemente me dio la gana y punto. Muchas veces me he preguntado a mí misma por qué fui a Ponyville. Creo que tendría que ir al psicólogo para averiguarlo.

Después de marcharme del pueblo, cuando estaba a medio camino de regreso a Draconem, tuve una desagradable sorpresa. Sé que esto suena extraño pero me encontré a Furia, quien también volaba de regreso a nuestro país.

FURIA
La liberación de Twilight no fue gratuita, para que se produjese habían tenido que solicitar igualmente mi repatriación a mi ciudad natal. Por esta única vez no hice nada a los ponis, no porque no quisiera divertirme con ellos, sino porque primero deseaba ver a mi esposo. Seguro que a él se le ocurría algún plan para arrasar Equestria; además mi derrota y la instancia en aquella mazmorra me habían debilitado. Si Shining Armor volvía a combatir conmigo es posible que esta vez me ganase; primero tenía que reponer todas mis fuerzas antes de vengarme de los equinos. Me encontré casualmente a Flavia. Ella me miró furiosa. Ambas nos manteníamos flotando en el aire.

—¡TÚ! ¡TÚ INTENTASTE MATAR A MI HIJA!

—Tranquila, no seas tan temperamental.

—Será mejor que te vayas, sino quieres que te mate.

En circunstancias normales Flavia no hubiese sido rival para mí, pero como ya he explicado en aquellos momentos me sentía débil. Me marché inmediatamente, ya habría tiempo para asesinarla.

CENIZA
Hacía varios días que había viajado fuera de la ciudad por motivos de salud, o eso es lo que todos creían. En realidad permanecía oculto, moviéndome por la noche y manteniendo ciertos contactos, o mejor dicho ciertos espías. Había descubierto que Arquímedes trataba de llevar a cabo un golpe de Estado, para deponer y asesinar al rey y hacerse con el trono. No obstante, había muchas incógnitas. ¿Quiénes eran los cómplices de Arquímedes? Incluso si Magma muriera, Arquímedes no tenía derecho a la sucesión. ¿Cómo pensaba ser coronado? ¿Parte del gobierno estaba implicado? Y si era así ¿Quiénes eran los traidores? Uno de mis informadores me había puesto al corriente de que aquel sucio traidor, había obtenido el modo titánico pero me negaba a creerlo, eso solo era una leyenda, no podía existir semejante monstruosidad. Echaba de menos a mis hijos; Minerva, Neptuno y Urano. Me había enterado de que los dos primeros habían hecho un buen papel en Canterlot; me sentía orgulloso de los tres pero especialmente de mi hija. Minerva siempre había sido la más sensata de mis hijos, pero a veces sus hermanos pequeños la hacían de rabiar. Aunque los tres eran trillizos por haber nacido del mismo huevo, no salieron del cascaron todos a la vez. Mi esposa, Flavia, sacó primero a la niña; después a Neptuno; y por último a Urano que nació de nalgas porque estaba colocado al revés, tenía la cabeza mirando al interior del huevo y el pandero de cara a la salida; lo primero que vimos su madre y yo de él fue su trasero. Es tradición que sea la madre la que ayude a los hijos a salir del cascaron, pero la pobre Flavia cuando vio que dos de sus hijitos recién nacidos le miraban con aquellas caritas tan tiernas, mientras que el tercero le enseñaba el pompis, se sonrojó ante del tercer pequeñín, asique lo sacó en el último lugar. O sea que por haber nacido de culo a Urano le tocó ser el menor de sus hermanos; je, je, je. Cuando pienso en todo esto no puedo evitar reírme.

Los nombres de los niños fueron difíciles de escoger, y de hecho no los bautizamos hasta que tuvieron tres años, hasta entonces los nombrábamos por números, según el orden de su nacimiento; siendo Minerva el uno, Neptuno el dos, y Urano el tres. Esto es muy común en nuestra raza. A la niña la llamamos Minerva, que en Stradivarius significa sabiduría, porque desde el principio pareció la más juiciosa de sus hermanos, y la mejor académicamente; Neptuno significa agua, porque descubrimos que tenía… no sé cómo describirlo, una habilidad especial; finalmente Urano significa firmamento, porque de niño le gustaba mucho las estrellas, por ello al principio estudio astronomía, pero al final se decantó por las ciencias administrativas.

MAGMA
Me encontraba en mi habitación cuando recibí una carta. Abrí el sobre, la misiva no iba firmada pero reconocí la letra de Ceniza.

Majestad:

Destruir esta carta tan pronto como la leías. No hay tiempo para grandes explicaciones.

Arquímedes planea un golpe de Estado, quiere obligaros a abdicar y luego asesinaros. Debéis reforzar vuestra escolta al máximo, debéis movilizar al ejército y poner a salvo al gobierno y vuestros hijos. Actuar de inmediato, no hay tiempo que perder. Yo tengo obligaciones como marido y padre; trataré de poner a salvo a mi familia. Nos iremos del país, ya no volveré a contactad con vos.

La carta me dejó asombrado, la quemé por respeto al remitente. Sin embargo, no tomé ninguna de las medidas que se pedía, porque por un lado no tenía pruebas contra Arquímedes, y especialmente porque consideré aquella misiva exagerada y falta de credibilidad, un lamentable error.

FLAVIA
Cuando llegué a mi casa me sorprendí al entrar en ella. Mi marido, mis hijos y el personal de servicio estaban rodeados de varias maletas. Mi esposo se acercó a mí.

—Nos vamos, cariño.

—¿Irnos? ¿Dónde?

—A dónde sea. Al reino grifo, al país minotauro… dónde sea. Quieren asesinar al rey y a nosotros.

—Pero… Ceniza. Irnos sin más…

Mi esposo me tomó de la mano.

—Escúchame Flavia, sé que esto suena inverosímil pero te juró que es cierto. Quieren matarnos. Sabes que siempre he respetado tu opinión. Siempre hemos tomado todas las decisiones los dos juntos, hablando como iguales, largo y tendido, barajando todas las opciones… como debe hacer un buen matrimonio. Ahora no hay tiempo para hablar, no existen varias opciones; solo podemos morir o irnos.

—Querido…

—Tienes que confiar en mí, por favor, cariño. Mientras estabas fuera fui a buscar a los chicos, tenemos que irnos, por favor.

—… De acuerdo. Vámonos.

URANO
Quería luchar contra Arquímedes pero si era verdad que había logrado la transformación en titán entonces era casi imparable. Solo el ejército podía hacerle frente. Por otro lado, Magma no había dudado en arriesgar la vida de mi hermana, ni tampoco en no defender a Ígnea, cuyo caso había salido en la prensa. ¿Se merecía ese reyezuelo miserable que sacrificásemos nuestras vidas por él? Creo que no.

Les dijimos a nuestros criados que igualmente pusieran a salvo a sus familias pero con discreción. Tras despedirnos de ellos, mis padres, hermanos y un servidor nos dirigimos al reino grifo, con la esperanza de solicitar derecho de asilo a su reina.

TWILIGHT
Hacía dos horas que había llegado a la casa de mis padres, al principio solo les vi a ellos dos, pero después se presentaron mis hermanos. El recuentro con Shining fue muy emotivo, pero al que más ganas tenían de ver era a Spike. Nos fuimos a su antigua habitación para poder hablar a solas.

SHINING ARMOR
Mis hermanos quisieron quedarse solos para platicar entre ellos, el resto de la familia lo vimos algo normal. Llevaban mucho tiempo viviendo solos en Ponyville, seguramente durante el tiempo que estuvieron separados se extrañaron mucho el uno al otro.

SPIKE
Me quedé a solas con Twilight, quien al principio se quedo en silencio, como si estuviese buscando las palabras que quería decirme. Ambos estábamos sentados en la cama de mi hermano; de pronto ella giro la cabeza mirándome fijamente, parecía triste, seguidamente empezó a decirme que lamentaba todas las veces en que yo la había ayudado y ella no me había correspondido, o dado las gracias. Prácticamente me repitió las palabras que ya me había dicho en su carta, u otras muy similares.

—Twilight, para. Ah. Ya leí la carta. De hecho, espero que no te moleste, pero la leí en voz alta delante de nuestra familia y amigas. Estábamos todos reunidos porque Celestia nos junto para confesarnos…

—O sea que al final lo confesó todo.

—¿Estas enfadada con ella?

—Enfadada y decepcionada; pero prefiero hablar de nosotros. La cuestión es…

—La cuestión es, Twili, que nunca me he arrepentido de ser tu ayudante ni de vivir contigo. A veces discutimos porque… bueno porque sí. La convivencia no es siempre perfecta. Lo único que de verdad lamento es no haber conocido a mis padres biológicos.

—No tienes por qué seguir siendo mi ayudante si no quieres.

—Pero es que sí quiero.

—De acuerdo, pero te prometo que a partir de ahora me lo currare más contigo. Si quieres saber sobre tus orígenes te ayudaré a descubrirlos.

—¿Lo dices en serio?

—Sí, en serio. Llevará un tiempo pero entre los dos descubriremos quiénes fueron tus padres, Spike.

—Gracias, Twili.

—Además nos repartiremos más equitativamente las tareas domésticas.

—Menos la cocina.

—¿Qué pasa con la cocina, Spike?

—No entrés en ella. Cada vez que tocas la lumbre quemas la comida.

Twilight me miró fijamente, ambos nos sostuvimos la mirada un momento hasta acabar riendononos. De pronto llamaron a la puerta, contesté "adelante". Me sorprendí cuándo vi quién era. La recién llegada se abalanzo sobre mi hermana abrazándola muy fuerte.

—Twilight… Tenía tantas ganas de verte, no sé qué decir…

—No digas nada, Cadence. ¿Estás llorando?

—Shit, shit. Estoy tan contenta de tenerte de vuelta. Esto ha sido un tártaro desde que tú…

—Tranquila, ya estoy aquí. Ah, me enteré de lo que te paso, lo de tu embarazo y…

—Asique los dragones te lo contaron… Ya ves, no valgo para tener hijos.

—No digas eso. Seguro que fue un accidente.

—Un accidente que le costó la vida a mi niño… Pero no quiero hablar de eso. ¿Vale? Ah. Tu amiga Rainbow Dash está destrozada; todas tus amigas lo han pasado mal pero ella… se culpa de tu secuestro, no para de repetir que es culpa suya. Todos la dijimos que no era responsable, incluso tus padres trataron de consolarla, pero…

TWILIGHT
De pronto me di cuenta de que Spike se había marchado fuera de la habitación. Cadence y yo continuamos hablando un poco más, hasta que la puerta se abrió de golpe y porrazo. Para mi sorpresa se presentaron todas mis amigas en la instancia. Todas se avanzaron sobre mí, menos Dash que curiosamente me miraba de forma triste, creo que dijo algo apenas audible pero no pude escuchar qué era.

—Twilight, por fin estas aquí esa dragona le dijo a madame alcaldesa que estaba en Canterlot, y luego la alcaldesa nos aviso a todas nosotras y cogimos el primer tren hasta aquí y luego preguntamos a tropecientas personas que dónde estaba la casa de tus papás—expuso Pinkie Pie sin apenas tomar aire.

—Cariño, por fin estamos todas juntas de nuevo.

—Es bueno volver a verte, dulzura.

—Tengo que prepararte una súper fiesta para celebrar tu regreso.

—Me alegra volver a verte, Twilight.

—Gracias, chicas, yo también me alegro de haber regresado. Rainbow…

—Hola, Twilight. Es bueno que hayas vuelto—me comentó Dash sin apartar la vista del suelo—Bueno… he de irme.

—No. Tú no te vas de aquí—me enfadé pero Dashie se dirigió a la puerta la abrió y salió volando—Ah, no. No me vas a dejar plantada—respondí molesta persiguiéndola, afortunadamente ella no encontró ninguna ventana abierta.

—En serio, Twilight, me tengo que ir.

—No. Hemos de hablar.

Tanto mis amigas como mi familia se habían reunido en torno a Rainbow y yo. Cadence se elevó en el aire, y uso su magia para inmovilizar a Dash.

—¿Qué es esto? Suéltame—grito mi amiga viendo como una especie de aura rosada le inmovilizaba las alas y todo el cuerpo.

—Lo siento, pero debes hablar con Twilight—respondió mi cuñada mientras obligaba a Dash a posarse en el suelo.

—¡Suéltame! ¡Suéltame, bruta!

—No hables así de mi esposa.

—Shining, tranquilo. Rainbow, por favor, somos amigas.

—¡NO PODEMOS SERLO! ¡NO PODEMOS SER AMIGAS!—gritó Dash echándose a llorar y dejando impactados a todos los presentes, todavía estaba sujetada por Cadence— ¿No lo entiendes, Twilight? Te fallé. Intenté salvarte y en vez de eso, tú te entregaste para protegerme. ¿Por qué vas a querer seguir siendo mi amiga? No tiene ningún sentido. Y yo… yo no te merezco como amiga. Después de lo que te hice no me merezco a ninguno de vosotros—respondió Dash, que ya no tenía la inmovilización, de pronto se tiró en el suelo y comenzó a sollozar.

VELVET
Mi hija levantó con cuidado a Rainbow, la abrazó y la dejo desahogarse encima de ella. Los lloros de la pegaso cada vez eran más intensos, comenzaron siendo un sollozo pero pronto se convirtieron en un mar de lágrimas. La tristeza de Dash se contagio a todos los presentes, en especial a Fluttershy. Tanto las amigas de mi niña como mi familia y yo fuimos testigos del sufrimiento de la pobre pegaso cian.

FLUTTERSHY
Costó mucho consolar a Rainbow. Después de dejarla que durante un tiempo se desahogase solo con Twilight, todos comenzamos a arroparla. Todos tuvimos que insistirla muchas veces en que ella no era culpable del secuestro. No sé cuánto tiempo duró aquel proceso de consuelo, más de dos horas aproximadamente. Las lágrimas físicas duraron tan solo unos minutos, pero el disgusto de Dash fue mucho más durarero. Finalmente Dashie poco a poco comenzó a tranquilizarse.

NIGHT LIGHT
Twilight en un momento dado dijo "Pienso seguir siendo tu amiga, Rainbow, te guste o no". Me pareció admirable esta respuesta. No sé si es el mejor momento para decirlo, pero me siento muy orgulloso de todos mis hijos.

PINKIE PIE
Después de que Dash se tranquilizada decidimos irnos a comer fuera. Los padres de Twilight dijeron que nos invitaban, pero quedamos en pagar todos a medias porque sino les saldría muy caro el convite. En total éramos 11 personas: Velvet, Night, Shining, Spike, Cadence, Twilight, Rarity, Applejack, Rainbow, Fluttershy y yo. De modo que si dos personas tenían que pagar el almuerzo de once…

APPLEJACK
No habíamos salido de la casa cuando llamaron a la puerta principal, Night abrió y entraron las princesa. ¿Qué hacían allí? No tengo ni idea. Twilight pareció alegrarse de ver a Luna, pero cuando Celestia intentó saludarla, mi amiga la miro con cara de reproche, hizo una elegante reverencia, y en lugar de llamar "maestra" a la princesa la llamó "majestad". Celestia retrocedió dos pasos ante Twilight, lo cual me pareció raro, después la miró de arriba abajo.

—Twilight, por favor…—intentó hablar la princesa del sol.

—¿Sí, su majestad?—respondió Twilight, su tono sonaba a reproche.

—Entiendo que estés enfadada conmigo pero…

—Enfadada y decepcionada.

—Al menos… ¿Podemos hablar a solas?

—Sí. No veo por qué no.

Ambas se fueron a la habitación de Twilight. No sé qué se dirían allí.

CELESTIA
Podía notar que Twilight estaba molesta conmigo, lo entendía, había pasado por una experiencia horrible, y en parte era culpa mía.

—Twilight… Te juró que nunca quise que te hicieran daño.

—Pero lo hicieron, y usted incluso después de aquello no me ayudó. Magma le contó lo que sucedió en aquella mazmorra, pero usted no movió un casco para que me liberaran.

—Eso no es cierto, lo juro. Estuve todo el tiempo negociando tu liberación. Incluso tuve que aceptar que una delincuente, que había atacado Canterlot dos veces, fuese liberara para que tú también obtuvieses la libertad. La prensa y la población aun me critican que dejase marchar a Furia. No tienes ni idea de lo que tu retención supuso para mí, para todos nosotros; tu familia, tus amigas… Todos hemos vivido un calvario.

—…

—Twilight, eres como una hija para mí. Nunca quise que esto pasara. Sé que en parte es culpa mía por mis delitos de hace 2000 años.

—No sé qué decirla, majestad.

—Ah, que poco me gusta cuando eres tan formal. Prefiero cuando me llamas maestra.

—Pero es que no sé si puedo seguir llamándola maestra. No se ofenda pero no es usted un buen ejemplo.

Esa última frase de Twilight fue como un puñal clavado en mi corazón. En el fondo tenía razón, no era un buen ejemplo. Cadence siendo una adolescente ya era mejor persona y más inteligente que yo; y lo mismo Twilight y sus hermanos.

—Twilight, entiendo que este enfadada. Tal vez tú ahora no quieras saber nada de mí, pero ten presente algo. Nunca te cerraré la puerta, voy a estar siempre que me necesites. Me da igual si me llamas Celestia, maestra o majestad. Cuando quieras hablar conmigo no dudes en hacerlo.

—…

Me encaminé a la puerta pero antes de poder abrirla note una presión en mi espalda, me gire, Twilight se había abrazado a mí. Sus ojos estaban humedecidos parecía a punto de llorar. La tomé despacio con mucho cuidado y coloque frente a mí, cubriéndola con mis alas. Seguidamente ambas comenzamos poco a poco a sollozar, no dijimos nada más. No hacían falta palabras, aquellas lágrimas ya lo decían todo. No sé cuánto tiempo estuvimos así pero al final nos reconciliamos, o mejor dicho, Twilight me perdonó porque yo no tenía nada que reprocharla a ella.

FIN DEL CAPÍTULO 12


Hola, bronies y lectores:

El próximo capítulo será el último. En principio los episodios 12 y 13 iban a ser uno solo, pero al final los dividí en dos. La mayor parte de las tramas principales ya están resueltas. En el CP 11 Celestia confesó la verdad sobre la guerra poni-dragón; supimos por qué Arquímedes raptó a Twilight y conocimos a Torquemada. En este capítulo hemos sido testigos del divorcio de los reyes dragón, así como del regreso de Twilight a Equestria. Solo queda pendiente la resolución de la conspiración contra Magma.

Creó que era de esperar que Ceniza fuese el padre de los trillizos.

El regreso de Twilight quise que fuese trágico, pero con algunos golpes de humor.

Entre la primera y segunda aparición de Twilight hay una línea de separación; esto se debe a que en el primer caso la acción se desarrolla un domingo, mientras que la segunda vez la acción transcurre cuatro días después, en jueves.

El próximo capítulo será el último, y no habrá epilogo.

¿Qué les pareció el comportamiento de Flavia? ¿Y el de Ígnea y Rainbow?

Eso es todo por ahora.

Un saludo.
Nos leemos.