Londres

-¿Dónde vamos ahora?-preguntó John.

-A Morse Hudson, desde luego-respondió Sherlock caminando acelerado.

-¿Y para qué? ¿Crees que encontraremos allí al destructor de Napoleones?-preguntó John extrañado.

-¿Cómo crees? Por supuesto que no-respondió Sherlock-Pero por algo hay que empezar.

Ambos caminaron por Kennington Road hasta llegar a Morse Hudson, establecimiento que, además de esculturas, vendía cuadros... y tenía policías en su interior y gente curiosa afuera.

-Wow, esto es algo que no esperaba-dijo Sherlock levantando una ceja.

-¿Qué habrá ocurrido?-preguntó John.

-Otra rotura de un busto de Napoleón-respondió Sherlock.

-¿Cómo estás tan seguro?-preguntó John.

Sherlock no respondió, y tanto él como John pasaron en medio de la multitud que se iba congregando, siendo vistos y recibidos por un policía joven, rubio y de ojos azules que los reconoció.

-Detective Halloway-dijo John a modo de saludo.

-Señor Holmes, señor Watson, qué gusto verlos acá-respondió Halloway al tiempo que les daba un apretón de manos a ambos-Pasen, pasen, adelante.

Ambos entraron y notaron que todo en la tienda se veia normal, y en cuanto posó sus ojos en la vitrina, Sherlock dijo:

-Tal y como sospechaba, otro incidente con un busto de Napoleón.

John y el detective Halloway miraron la vitrina y notaron que de las tres columnas cuadradas negras, dos tenían bustos de Napoleón, y la del medio no tenía nada. Los bustos que quedaban eran idénticos entre sí.

-Y el busto que no está fue hecho con un molde diferente de los que están ahí-comentó Sherlock.

-¿Cómo lo supo, señor?-preguntó a espaldas de Sherlock un hombre de mediana edad, bajo y más bien rechoncho.

-Usted es el dueño de la tienda-dijo Sherlock.

-Así es-respondió el hombre-Henry Hudson.

-Y usted llamó a la policía-dijo Sherlock.

-Sí señor-respondió Henry Hudson-No entiendo por qué tenemos que pagar impuestos, si cualquiera puede entrar y destruir las propiedades de los demás, importándoles poco o nada el esfuerzo que uno haga en su trabajo. ¡Esto es una vergüenza!

Las mejillas de Henry Hudson enrojecierion por la rabia, y tan pronto como Sherlock se dio vuelta, el detective Halloway, sin esperar pregunta, dijo:

-El incidente ocurrió hace aproximadamente una hora. Un empleado de la tienda dijo que había entrado por un momento a la trastienda cuando escuchó que algo se rompió. Volvió acá corriendo y encontró un busto de yeso de Napoleón hecho pedazos en el suelo, y como en ese momento no había nadie más, salió a la calle a buscar al destructor, pero no vio a nadie sospechoso, y la descripción de la gente tampoco ayudó demasiado.

-Eso último no es una novedad-interrumpió Sherlock.

-Los testigos aseguraron ver a un hombre que salió corriendo, pero nadie pudo decir si era gordo, moreno, blanco. Nadie mencionó rasgos físicos característicos-dijo Halloway.

Sherlock se volvió hacia Henry Hudson y le preguntó:

-¿Ese busto de Napoleón tenía algo especial?

-No. Apenas costaba unas cuantas libras-respondió Henry Hudson.

-¿Usted le vendió bustos de Napoleón al doctor Barnicot?-preguntó Sherlock.

-Así es, yo se los vendí. Es un buen cliente y un buen sujeto el doctor. ¿Por qué?

Sherlock levantó la ceja y preguntó:

-¿Los bustos que le vendió a Barnicot fueron hechos con el mismo molde del que fue destruido ahora en su tienda?

Henry Hudson miró con los ojos muy abiertos a Sherlock y le dijo:

-Sí señor, el mismo molde. ¿Cómo lo supo?

-Lo que ocurrió hoy en la tienda es una prueba más de que todo esto es una acción premeditada-respondió Sherlock.

-¿Cómo puede estar tan seguro?-preguntó Halloway.

-Porque si se tratase de una persona loca con un odio profundo a la figura de Napoleón, destruiría todo cuanto haya visto de él, y esos dos bustos siguen en pie-respondió Sherlock.

-¿Entonces está insinuando que quien quiera que sea que destruyó el Napoleón de la vitrina es alguien con sus facultades mentales intactas?-preguntó Halloway.

-Sí. Alguien tan cuerdo como cualquiera de ustedes-respondió Sherlock.

-¿Y por qué lo haría? ¿Su móvil es el anarquismo?-preguntó Halloway.

-No lo sé, y no me gusta no saber-respondió Sherlock acercándose a la puerta.

-Aguarde un momento-dijo Halloway-Señor Holmes, indíqueme cómo podría seguir mi pauta de investigación si todo lo que tengo apunta a un desequilibrado pseudo anarquista.

Sherlock torció una sonrisa y dijo:

-Detective Halloway, no permita que mis pesquizas intervengan en las suyas. Usted hace su trabajo y yo el mío.

Dicho esto, Sherlock salió de la tienda junto a John, que le preguntó:

-¿Y eso qué fue?

-¿Qué cosa?-preguntó Sherlock.

-Lo que le dijiste a Halloway-dijo John.

-Un incentivo para que aprenda a creer en sí mismo-respondió Sherlock con tono de obviedad.

-¿Tú dándole incentivos a alguien?-preguntó John extrañado-¿Te sientes bien?

Sherlock miró a John sin entender lo que quiso decir y luego respondió:

-Halloway es un buen tipo, y es probable que en el futuro sea tan bueno como George.

-¿George?-preguntó John.

-Ya sabes, Lestrade-respondió Sherlock.

-Se llama Greg-corrigió John.

-Lo que sea-respondió Sherlock mientras ambos entraban hacia una cafetería.


Estocolmo

Dragan Armansky terminaba de revisar los últimos detalles de un informe reciente sobre un hombre uraño de treinta y tantos años cuando una figura diminuta y delgada apareció de un momento a otro en su oficina, y lo hizo en silencio, por lo que Armansky fue tomado por sorpresa.

-¡Lisbeth! Me asustaste-dijo Armansky.

-No era mi intención-respondió Lisbeth, vestida con su acostumbrada chupa negra de cuero, pantalones nuevos de cuero negro, bototos negros y una polera negra con la cara de un extraterrestre con colmillos y el texto I am also an alien.

Lisbeth se había dejado crecer el cabello y ahora su largo le llegaba hasta un poco más abajo del hombro. De acuerdo a Armansky, Lisbeth, aún fuel a su raro estilo, comenzaba a verse menos como niño y más como mujer, aunque él no tenía segundas intenciones con ella.

-Si vienes a buscar trabajo, entonces este podría ser tu día de suerte, pues ahora estamos terminando un caso y comenzando otro nuevo-dijo Armansky.

-¿En serio? ¿Y de quién se trata esta vez?-preguntó Lisbeth intentando sonar interesada.

-Se trata de un sujeto llamado Harald Nielssen, un sujeto de treinta y tantos años cuya investigación fue pedida por la señora Magda Ullmann-respondió Armansky.

-¿Magda Ullmann? ¿La viuda del magnate Ullmann?-preguntó Lisbeth levantando una ceja.

-Este sujeto Nielssen suele trabajar como jardinero, plomero y esa clase de oficios, y Magda Ullmann es su jefa más reciente-respondió Armansky-Ella llevó a Nielssen a su casa para unos trabajos en su jardín, y aunque dice que ha hecho un buen trabajo, sospecha que él se ha estado robando cosas que coincidentemente desaparecieron poco después de que él llegara a trabajar.

-¿Y por qué no lo denuncia a la policía?-preguntó Lisbeth.

-Porque tampoco está del todo segura. Nielssen entró a trabajar al mismo tiempo que otros obreros, y aunque pudo ser cualquiera, es él quien ha pasado más tiempo en su casa-respondió Armansky.

Lisbeth se mordió el labio inferior. Aquel parecía un caso de un simple robo que la afectada había denunciado a tiempo con el pretexto de reunir pruebas. Hasta donde Lisbeth recordaba, los Ullmann solían ser filántropos, la sociedad los tenía por buenas personas, y la viuda, con tal de conservar las apariencias, no podía acusar de buenas a primeras a un empleado sin pruebas, porque si el sujeto resultaba ser inocente, ella quedaría como una mujer injusta y su imagen de buena persona se iría por el tacho de la basura.

-Condenados ricos y su cinismo-pensó Lisbeth.

-¿Y qué dices? ¿Aceptas el trabajo?-preguntó Armansky.

-Sí-respondió Lisbeth sin siquiera pensarlo.

-Supuse que no fallarías-dijo Armansky sonriendo.

-¿Es idea mía o acá falta más gente?-preguntó Lisbeth, más que nada para cambiar el tema.

-No, aún no es período de vacaciones-respondió Armansky, que luego preguntó:-¿Cómo has estado?

-Bien-respondió Lisbeth.

-¿Eso es todo?-preguntó Armansky sonando un poco decepcionado.

-Sí, eso es todo. Estoy buen, y no creo tener más que contar-respondió Lisbeth.


Al salir de Milton Security, Lisbeth se sorprendió de sí misma por haber aceptado el caso de Harald Nielssen; mientras Armansky se lo planteaba, una parte de ella le decía que era algo absurdo, probablemente el prejuicio de una señora millonaria, pero otra parte de ella le decía que el caso era más de lo que aparentaba, que en realidad podía ser más interesante, y una voz en su interior le decía "Acéptalo, acéptalo", y así fue como la usualmente lógica y fría Lisbeth aceptó sin pensar detenidamente. ¿Por qué le pasó eso? ¿Acaso fue lo que la gente normalmente llamaría intuición? Kalle Blomkvist de los Cojones se lo hubiera dicho sin tapujos.

No importaba, ya había aceptado y debía trabajar en ello, más que nada para no fallarle a Armansky, una de las personas a las que, le gustara o no, le debía un gran favor de por vida por haber contribuido a que ella fuese declarada inocente en ese juicio que ella veía como un episodio lejano en su vida, y que inútimente se esforzaba en olvidar.


Hola gente, disculpen la demora en actualizar, hace poco entré a trabajar y he tenido poco tiempo para escribir, ya sea este fic o mi historia original. Me alegra ver que, aunque sea de a poco, este crossover empiece a gustar. Aún no sé como se darán los siguientes capítulos, eso lo veré en el camino. Cualquier review o sugerencia se agradecen. Nos leemos luego :)