Capítulo cuarto.
Tal como lo había dicho, el señor Collins fue por su prometida y su mejor amiga para irse de viaje a las tierras de Rosings Park. Lejos de estar entusiasmada, Lizzie sentía vértigo de solo pensar en la idea de viajar hasta allí. Temía que las siguientes semanas fueran una tortura intensa y aguda. El hecho que Collins hubiese vuelto, volvía a poner a Lizzie en una situación de pena constante; aunque sabía que lo podía manejar. Pero que aparte de eso, tuviesen que ir a la recatada y majestuosa Lady para que aprobase su unión, la ofendía profundamente. Algo le decía que esa mujer se metería en todo lo que hiciesen y pensasen. Esto alarmaba muchísimo a Lizzie, ya que su libre pensamiento la hacía muy feliz consigo misma. El hecho de tener que acallar esa parte de su personalidad, la hacia muy miserable.
- Creo que vas a poder librarte de esa- le dijo Charlotte, una vez que ella le habló de sus sentimientos-. Collins es bastante manejable y con dulzura, lo puedes amoldar a tu gusto.
- ¡Charlotte!- le dijo Lizzie, sonriendo.
- No me digas que no has notado la poca personalidad que tiene .Seguramente, con un poco de dulzura, lo logres domar.
- Ya veremos…
Durante todo el viaje, Collins no paró ni un segundo de hablar. En más de una ocasión, Lizzie y Charlotte se miraban con compasión. Y estuvieron muy tentadas a tirarse del carruaje y caminar hasta Rosings Park con tal de no tener que soportar al charlatán de su prometido.
- ¡Oh, que bello que son estos prados!. Son tierras muy caras y sus dueños tienen cientos de cuadras a su disposición. Pero no se compara con la grandeza de Rosings Park, No señor. – comparó él, satisfactoriamente-. Y no te preocupes por tu humilde vestimenta, mi querida. Lady Catherine no nos exige la elegancia que su persona demanda. Eso sí, querida Lizzie, recomendaría que te pusieras tus mejores vestidos. Recuerda que debes conmover a su señoría.
Lizzie llegó a Rosings con un sentimiento de odio hacia ese lugar. Pero no pudo evitar admirar lo majestuoso y maravilloso que era; todo parecía ser abominablemente grande y lujoso. No le agradaba escuchar la voz de su prometido mencionando las ventanas que tenía la casa o cuanto habían costado las mismas. Si bien la entrada a la mansión era un poco intimidante, Elizabeth no se sentía carente de valor. Muchas de las virtudes mencionadas por Collins eran solo la grandeza que proporcionaba el dinero y su rango. Eso no le haría perder la calma.
Los recibieron los criados, quienes los llevaron a donde estaban la dama en cuestión y su hija. Pronto estuvieron frente a la señora Lady Catherine y su hija. Ambas se encontraban sentadas en un largo sillón. Lady Catherine era grande y alta, mientras que su hija lucía pequeña y tenía una palidez que la hacía lucir enfermiza. Una vez presentados, subieron a las salas correspondientes para poder asearse y cambiarse. Las recamaras eran realmente hermosas y contenían el mismo estilo y personalidad que tenía la casa. Para cuando bajaron a la sala, ya era la hora de cenar.
Lady Catherine prestó mucho interés en Elizabeth: en su familia, su infancia, sus virtudes. Para todos estos temas, la señora tenía una acotación que hacer. Lizzie se sintió exasperada por tal impertinencia. ¿Acaso tenía que opinar sobre todos los temas hablados? La cena culminó justo cuando Lizzie comenzaba a perder su paciencia. Charlotte también lo notó, y ayudó a su amiga anunciando que estaban realmente cansadas por el viaje.
- Pueden ir a descansar- ordenó su señoría-. Rosings Park no se irá a ninguna parte.
Ambas subieron corriendo hacia el cuarto de Lizzie, y se quedaron hablando un buen rato. Su amiga necesitaba hacer catarsis, y Charlotte era muy buena acompañante.
- Gracias, querida Charlotte- le dijo Lizzie, quien se recostaba en la cama con poca majestuosidad.- Esa mujer me dejó realmente agotada.
- Ya lo noté. Por eso es que me vi obligada a cumplir el deber de amiga y alejarte de su presencia antes de que fuese demasiado tarde.
Los días que siguieron no fueron mucho más placenteros. Lady Catherine objetaba cada uno de los movimientos que hacía Elizabeth. Si decía algo poco adecuado, si hacía algo poco digno de una dama, si le gustaba algo austero. Todo era merecedor de una corrección. Pero en algunos momentos, sabía apreciar a Elizabeth y establecer una relación cordial entre ellas.
Elizabeth pasaba gran parte de su tiempo libre caminando y leyendo en la biblioteca. Eran los únicos momentos de paz que podía encontrar en esa casa llena de gente desagradable. En sus paseos, se preguntaba si alguna vez sería feliz con el señor Collins. Era conciente de que no era un hombre rudo y que su carácter no era imperioso. Al menos no temería de maltratos por parte de su futuro marido. Si tan solo hiciera un poco de silencio, su presencia se volvería más tolerable.
Cuando el tedio estaba llegando a su punto límite, dos visitantes inesperados llegaron a Rosings Park para animar y descolocar la situación.
El señor Darcy y su primo el coronel Fitzwilliam llegaron a la casa de su tía en una tarde cálida y ventosa. Fueron recibidos con alegría por todos los presentes excepto por Elizabeth. Si algo podía hacer su estadía más tediosa era la presencia del señor ostentoso.
Por otra parte, el coronel Fitzwilliam era una persona agradable que nada parecía tener que ver con el resto de sus familiares. Su carácter era sumamente amable y parecía predispuesto para una amena conversación. Lizzie estaba encantada de una presencia así en esa casa en la que se sentía sumamente sola.
-¿Has visto como te observa el señor Darcy?- le preguntó Charlotte, luego de la cena-. No ha despegado su mirada de ti.
Lizzie solo sonrió y se dedicó a disfrutar de la conversación entre su amiga y el coronel. Charlotte no estaba en lo erróneo; Darcy la observaba con vehemencia. Mantenía su postura parca y orgullosa, pero estaba lejos de ser discreta.
No pudo evitar pronunciar uno de los tantos comentarios mordaces que solía tener para el señor Darcy. El coronel Fitzwilliam quería saber como había sido la estadía de su primo en Netherfield. Lizzie le describió con lujo de detalles como se había comportado su primo. No fue un comentario adulador o positivo.
Darcy no pareció inmutarse, pero tampoco pudo evitar defenderse ante tales acusaciones. Lizzie le dedicó una sonrisa burlona mientras el señor Darcy le expresaba su falta de experiencia para hablar con personas desconocidas. Ella le aconsejó que practicara para mejorar sus modales y deseo que su comentario lo dejara al margen de cualquier comentario desdeñoso.
Dos días más tarde, el señor Collins, Charlotte y Elizabeth fueron a ver el futuro hogar del señor y la señora Collins. La rectoría era un lugar cálido y modesto. Lizzie lo habría disfrutado plenamente de no haber sido por los constantes comentarios de su prometido. Todo lo que había allí pertenecía a la benevolente Lady Catherine y cada decoración era tal como ella lo había sugerido. O más bien, ordenado.
Por primera vez, Lizzie se pudo ver en esa vida. Podría lidiar con Collins, solo debía lograr evitarlo por gran parte del día. E intentaría no estar presente cuando su señoría pasase por allí.
¿Seria feliz en esa casa? Muy en el fondo sabía que no, pero podía intentar conformarse con esa nueva perspectiva a futuro. Dedicó el resto de la semana a recorrer los alrededores, casi siempre sola ya que su amiga estaba muy entretenida con el coronel Fitzwilliam. Le agradaba mucho que su amiga hubiese hecho un nuevo amigo y que se tuviesen mucha estima.
Era un hombre realmente fiel a sus amigos y Elizabeth lo comprobaría un domingo lluvioso entre susurros dentro de la rectoría donde se daba una misa por parte del señor Collins.
- ¿Cuándo se piensa marchar?
- Hasta que Darcy decida. Estoy a su disposición.
- Todos parecen estarlo. ¿Por qué no se casa y se asegura la perpetuación de su especie?- se burló Lizzie.
- Sería una mujer con suerte. Darcy es un compañero leal. Según me enteré cuando venía para aquí, él rescató a uno de sus amigos a tiempo.
- ¿Qué sucedió?- preguntó, con los ojos abiertos.
- Lo salvó de un matrimonio imprudente.
- ¿Quién era?
- Su mejor amigo, Charles Bingley.
- ¿Le contó el señor Darcy sus motivos para interferir?
- Al parecer había fuertes objeciones hacia la dama.
- ¿Qué objeciones? ¿Su falta de fortuna?
- Creo que su familia era considerada inadecuada.
- ¿Así que los separó?
- Eso creo- silenció el coronel.
Lizzie notó la mirada de Darcy en su nuca y tuvo la necesidad de salir corriendo bajo la lluvia. La revelación del coronel la había sorprendido, haciéndola sentir sumamente desdichada. No supo cuanta distancia recorrió o por cuanto tiempo fue, solo sentía la pesada y copiosa lluvia corriendo por su cuerpo y cabello. Se resguardo bajo el templo, con las mejillas rosadas y el cabello totalmente revuelto. No había logrado moderar su pulso, cuando notó una presencia a su lado, haciéndola sobresaltar de la sorpresa.
El señor Darcy se encontraba a su lado, discerniéndola con la mirada. También se encontraba agitado y completamente ensopado, Elizabeth escuchó aturdida un montón de palabras, algunas bastante insultantes, pero hablaba de sentimientos y suposiciones. Tuvo que detenerlo por un momento y susurrar:
- No lo entiendo…
- La amo – y Lizzie notó como sus ojos se dilataban -. Muy ardientemente.
Lizzie se quedó petrificada. Se quedó sonrojada, indecisa y muda. Darcy continuó hablando a no escuchar voz alguna por parte de la señorita. Le informó que había pasado su inferior situación, aunque para el que fuese una degradación en haber posado los ojos en ella. Estaba dispuesto a desafiar su buen juicio y el de su familia por su cariño.
Por unos momentos, pese a la profunda apatía que tenía por él, no pudo sentir insensibilidad ante las manifestaciones de un hombre así. Y se sintió un poco entristecida por la sorpresa que el señor Darcy se iba a llevar. Pero a medida que iba escuchando el lenguaje que el pronunciaba, cambió su compasión a ira. Notó como el soberbio Darcy pensaba victorioso de su propuesta.
Lizzie rechazó brutalmente su propuesta. Darcy la miró frío y silencioso; solo se podía escuchar la cortina de agua a su alrededor. Pidió saber porque era rechazado tan impolíticamente. ¿Realmente tenía que contestar esa pregunta?
Eso haría entonces. Primero habló de su total rudeza a la hora de dirigirse a su persona al denominarla como un ser inferior. Adjudicó que su negativa era también por su intromisión en el asunto de su hermana con el señor Bingley. El era el culpable de la infelicidad de su hermana, y jamás podría pasar alto algo como eso.
Fingiendo serenidad, Darcy asumió su responsabilidad en el hecho aunque no tenía nada que arrepentirse, alegando que ese futuro compromiso era algo sumamente conveniente para la familia Bennet.
El semblante de Darcy cambió a medida que Lizzie mencionaba al señor Wickham. Para ese entonces, Darcy estaba enrojecido e intranquilo.
Ambos quedaron fulminándose con la mirada, agitados y enojados. Ahora solo se escuchaba el torrente de lluvia y los latidos que galopaban fuertemente. Ella podía observar los ojos azules de Darcy, y como su mirada la examinaba con tristeza. Nunca había notado que tenía unos ojos tan bellos y en ese momento estaban más abiertos y melancólicos que nunca. Su mirada se fue acercando a su rostro, quedando frente a la suya, cuando sus labios rozaron los de ella.
Por un segundo, Lizzie quiso apartarlo de un empujón. Solo la curiosidad permitió que siguiera ese juego tan peligroso. Lo necesitó con urgencia, siguiendo su ritmo, acariciando el cabello de Darcy, mientras sentía como sus labios invadían su boca. Era una sensación agradable, haciendo que Lizzie no pensara claramente. Hubo un fuerte trueno que actuó como despertador en su mente, desenlazándose por completo de aquél hombre.
Darcy pareció comprender que la conversación había terminado. Se dio media vuelta y se introdujo nuevamente en la lluvia. Lizzie lo siguió con la mirada, con su tapado azul ondulando por el viento. ¿Es qué acaso ese hombre no tenía otro vestuario?
Volvió a la casa de Lady Catherine completamente ensopada, bajo la mirada desconcertante de todos los presentes. Collins la observó con reprobación, ¿qué pensaría su señoría ante tal comportamiento?
- Disculpen. No me siento muy bien. Creo que he agarrado un resfriado- y se dirigió escaleras arriba para llegar a su recamara.
Charlotte apareció unos segundos después. No la interrogó, sino que la ayudó a sacarse la ropa y darse un baño; realmente le preocupaba una posible enfermedad ante semejante tormenta. Una vez acostada en su cama, Lizzie se atrevió a confesarle todo a su amiga.
- ¡Oh, querida Charlotte! No creerás cuando te lo cuente.
Su amiga se sentó en la cama y prestó atención a sus palabras. Lizzie no se podía quedar quieta y se puso de pie para caminar de un lado al otro.
- Hoy el señor Darcy me propuso matrimonio- e hizo una risita nerviosa al escuchar lo ridículo que sonaba eso-. Me dijo que me amaba y pese a toda su conciencia, decidió que podía permitirse amarme.
Charlotte la miró sorprendida, pero luego se dibujó una sonrisa en su rostro. Fue Lizzie quien la miraba con sorpresa.
- He de decirte que no me sorprende nada- declaró ella-. Ya en casa te había observado varias veces. Yo lo escuché alabar tus ojos frente a una indignada señorita Bingley. Y esta vez parecía mucho más atento a tu persona.
-¡Podrías haberme dicho algo! ¿Cómo se supone que iba a saber que el señor Darcy estaba enamorado de mí?- dijo ella, sintiéndose como una tonta-. Eso no es todo. Cuando estábamos en la iglesia, al coronel Fitzwilliam se le había escapado que Darcy era el causante de la inesperada partida de Bingley en Netterfield. Dijo que mi familia no tenía decoro alguno y que prácticamente me debía sentir sumamente honrada de su propuesta por la inferioridad de mi nacimiento.
- Tal vez esas no fueron las palabras más agradables para cautivarte…
- ¡Claro que no! Fue vergonzoso y humillante. El pensaba que me iba a derretir bajo su oferta. ¡Que equivocado estaba! ¿Cómo puede pensar que yo iba a acceder? Supongo que su soberbia pasó por alto ese hecho.
- ¡Que descaro! ¿Acaso se olvida que eres una mujer comprometida?
Lizzie no pudo evitar lanzar una sonora carcajada.
- Me olvidé por completo del señor Collins- confesó divertida a su amiga-. Estaba tan indignada con todo que me olvide de que soy una mujer comprometida.
Ambos rieron con complicidad; era agradable poder reírse ante una situación así.
-¡No conté la mejor parte!- declaró con un notorio bochorno-. No estoy segura de como ni porque pero nos hemos dado un beso.
- ¡Lizzie Bennet!- exclamó ella, divertida-. Haz sido besada por primera vez. Y nada menos que con el señor pomposo. ¿Lo haz disfrutado?
- ¡Charlotte!- exclamó Lizzie, divertida-. Pues no tengo con que compararlo, pero me gustó como para dejarme llevar. Pensándolo mejor, no debe ser una buena idea estar besándome con otro hombre que no sea mi prometido. ¡He engañado al señor Collins con el señor Darcy! No será de mi gran devoción, pero debo de respetarle.
Pronto el cuarto volvió a estar en silencio. Lizzie no podía dormir; en parte por la ansiedad que tenía por toda la situación y por haberse perdido la cena. Tenía hambre y necesitaba alimentarse. Salió descalza y en camisón, con un chal que la cubría por arriba. Si la mansión de día daba miedo, de noche era terrorífica. Luego de agarrar pan y fruta, se apresuró a volver a su recamara.
Observó durante un largo rato como la copiosa lluvia golpeaba su ventana. Solo lo dejó de hacer cuando vio el reflejo del señor Darcy sobre el vidrio. Se sobresaltó, pero no se dio vuelta para observarlo, no se atrevía a mirar sus ojos.
- No renovaré los sentimientos que tanto disgusto le causaron, pero, si me lo permite, ventilaré las dos ofensas que ha lanzado en mi contra.
Para cuando se volteó, el ya había desaparecido. Se acercó al sobre y lo sostuvo en sus manos, pensativa. Lizzie ignoraba que el contenido de aquella carta lo cambiaría todo.
¿Qué había sucedido con el señor Darcy luego del rechazo?
Darcy volvió totalmente ensopado, pero eso no afectaba en comparación a la furia que sentía. Su primo lo vio entrar a la casa y se preguntó el motivo de su ausencia. Su primo respondió con sequedad que no se sentía bien y se iba a su dormitorio. Entró a su dormitorio y se recostó contra la puerta.
Exhaló profundo, cansado y abatido, pero doblemente indignado. Necesitaba descargar su ira de alguna forma, defenderse de lo que se lo había acusado. Eso era lo que más le había dolido. Y lo que más le entristecía. De no ser por la mala información que tenía su amada señorita Bennet sobre ciertos asuntos, ahora estaría celebrando su futura unión. Claro que estaba el señor Collins de por medio, pero jamás lo tomó como un impedimento. Ninguna de las dos partes pareció recordar su existencia.
Se sentó en el tocador que había en la recamara y empapó su pluma de tinta. Comenzó a escribir con determinación, explayando cada uno de sus puntos y razones. Defendiéndose de falsas e incorrectas acusaciones y dando a conocer los hechos fehacientes. Culminó, luego de volcar dos hojas de puras y lógicas autenticas. Soltó la pluma y se apoyó en su silla sintiéndose vencido.
Sintió los labios en los suyos y no pudo evitar esbozar una sonrisa con amargura. Al menos la había besado; sus labios habían sido suyos por unos minutos. Reconoció que había sido bueno, tal vez el mejor de su vida.
¡Buenas, mis queridas lectoras!
Aquí vengo nuevamente a dejarles otro capítulo de estos dos. Mil perdones por la demora, pero ando en otros fics también y se me hace muy difícil tener el tiempo para organizarme para todo.
Como verán, en este capítulo se vuelve a la escena de la confesión de amor no tan caballeresca por parte de Darcy. Los sentimientos de Lizzie y los puntos de vista se mantienen como en el libro y película. Les cuento que este capitulo fue un poco difícil de planificar ya que tenía que volver a describir lo mismo que había hecho en el capítulo anterior y lo que hemos leído y visto en las diferentes adaptaciones sin sonar tan redundante. Pero me quedé conforme con lo que salió.
No pude evitar poner un comentario sobre el tapado azul de Darcy. Al menos, en la película, lo usa en casi- o todas- las escenas. Y creo que es una pregunta que nos hacemos todas en algún momento.
Elegí a Charlotte como acompañante de este viaje porque es tan o más inteligente que Lizzie. Hay varias situaciones en las que se puede advertir su astucia ante la vida de sus amigos. Se que Jane es la mayor confidente de Lizzie, pero Charlotte me cautiva muchísimo más como personaje.
Nos leemos pronto, Aknuk.
PD: No se olviden de dejarme una review que hacen muy feliz a este intento de escritora ;)
