VII. Amor en Primavera.
Desde hacía tres días que no se sabía nada de Kouga, pero estaban seguros que no le había dicho nada a los padres de Kagome, si no, ya estarían allí.
Inuyasha notaba decaída a Kagome, apenas si comía y no lo miraba a los ojos, pasaba casi todo el día en su habitación. Tal parecía que las palabras del lobucho habían tenido un efecto negativo en ella. Y no encontraba manera de hacerla sonreír de nuevo, sentía que ya había sido rechazado. Y tan bien que iban las cosas desde su última visita a Nagoya, él que creía que ya había una conexión mas fuerte con ella.
Pero al quinto día Kouga apareció, justo cuando Kagome estaba dormitando en la sala. Escuchó la puerta y fue a atender, Inuyasha seguramente estaba dormido y Kaede no había llegado.
― Kouga.― dijo sorprendida Kagome, no esperaba verlo.
― Hablemos.― dijo seriamente.
― Claro, vamos atrás.― lo condujo al jardín trasero y se sentaron en la banca que había bajo un frondoso árbol.
― No te voy a mentir, cuando me enteré de lo que habías hecho me sentí traicionado, no dejaba de pensar en que lo que hiciste fue estúpido e imprudente, pero, luego comprendí que esa eres tú, siempre velas por otros y no te preocupes por ti, tampoco pides ayuda para no incomodidad.― la tomó de las manos y se las beso.― Sabes que te quiero mucho y solo por eso no diré nada.
― Gracias, muchas gracias.― Kagome se lanzó a los brazos de Kouga.
Desde la ventana de su habitación Inuyasha observaba a Kagome y al lobucho sentarse bajo un árbol, notaba que la expresión de ambos era sería y estaban tensos, pero en un parpadear el lobo tomaba a Kagome de las manos y se las besaba, fue cuando apretó con gran fuerza el marco de la ventana, pero eso no fue todo su mundo se cayó cuando la chica se lanzó a sus brazos, abrazándolo efusivamente, de mala gana se dejo caer en el tatami, ya no quería seguir viendo esa escena.
Y como si alguien quisiera empeorar las cosas su celular no paraba de sonar, lo tomó por fin, esperando que no fuera Kikyou, pero al ver el nombre de su amigo contestó, pero de mala gana.
― ¿Qué quieres Miroku?
― ¿Y ese genio?
― Nada, no me hagas caso.
― ¿Cómo va todo?
― Le gusta alguien.
― ¿Cómo dices?- preguntó sorprendido, él pensaba que a Kagome le atraía Inuyasha.
― En resumen, el destino quiso que se encontrará con un viejo amigo.
― ¡¿Entonces ya se enteró del acuerdo?!― preguntó preocupado.
― Sí, pero no te preocupes ya todo está bien, pero a ella le efecto que ese lobucho la rechazara cuando se enteró de todo.
Miroku sonrió al saber que eran tantos los celos de su amigo, que ya le había puesto apodo a su rival, Inuyasha se estaba comportando como un niño.
― Bueno, imaginó que ese joven debe ser importante para ella, como un hermano así como nosotros para ti, no creo que...
― Deberías ver como la mira, incluso ella deja que la tome de las manos y se las besé, se lanzó a sus brazos muy efusivamente.― describía con claros celos.
― Calma, los celos no son buenos, tal vez solo es un gesto inocente y tú estás haciendo un escándalo.
― Él sería mejor para ella, no tiene compromiso alguno y puede estar con ella libremente ¿Qué puedo ofrecerle? ¿Una vida a escondidas? ¿Qué sea mi amante? Ella no merece eso.― ahora veía lo suyo con Kagome más complicado.
― Sabías desde el principio que las cosas no serían fáciles.
Lo bueno de que solo él sentía algo, era que solo él sufriría y Kagome seguiría con su vida, sin saber jamás que él la amaba con locura.
― Lo mejor será hacerme a un la...
― Escúchame bien pedazo de animal.― interrumpió Sango quien había estado escuchando todo eso.― Lo que tienes que hacer es luchar por ella, admítelo es lo mejor que te ha pasado en tu perra vida y si la dejas ir te lo lamentarás toda la vida.― sentenció enfurecida.
― ¿No escuchaste bien lo que dije?― preguntó molesto ¡A Kagome ya le gustaba alguien! ¿Acaso su amiga estaba sorda?
― Claro que sí, pero ¿Acaso el "gran Inuyasha" va a dejar que alguien le gane? ¿Te vas a rendir sin dar lucha? Así no eres.
Sango tenía razón, si el lobo ese no sabía de la enfermedad de la madre de la chica, eso quería decir que Kagome no se había acordado de él y por lo tanto no era tan importante en su vida ¿Verdad?. Y si Kagome no sentía algo por él, porque se llamaba Inuyasha haría que ella lo amasé, la conquistaría a como dé lugar.
― Les llamo luego.― dijo antes de colgar.
Se asomó por la ventana y ya no estaban, bajo las escaleras y vio pasar a Kagome de la entrada a la cocina. Desde ahora conquistaría a Kagome, pero antes tenía que saber que tipo de hombres le gustaban y si le gustaba el lobucho.
Kagome acaba de despedirse de Kouga y ahora respiraba con más tranquilidad, al final salió todo bien con el moreno, él guardaría su secreto y no podía estar más que agradecida. Fue a la cocina a preparar algo de té y un bocadillo ¿A Inuyasha le gustaría comer algo? Se preguntó al ver la hora y percatarse que eran las tres de la tarde y desde el desayuno no comían nada.
― ¿Todo bien?― preguntó Inuyasha al verla tan pensativa.
Kagome se sobresalto, no esperaba que Inuyasha fuera a la cocina y mucho menos que se le apareciera cuando estaba pensando en él.
― Vi que Okami vino.― dijo el ojidorado al ver que ella no contestaba.
― Sí, no dirá nada.― contestó con una sonrisa.
― ¿Desde cuándo se conocen?
― Como diez años, Kouga es mayor, tiene 25 años. Su familia se mudo junto a la mía, no paso mucho y nos hicimos amigos.― explicaba mientras buscaba queso y jamón en el refrigerador.― Él se fue a estudiar Medicina a Seúl y solo en vacaciones le veía, perdimos algo de contacto cuando me fui a Tokio.― cerró el refrigerador y se sobresalto al verlo atrás de ella.
Inuyasha sonrió al verla sonrojarse, al ver que estaba sacando cosas para un sándwich se acercó a ayudarla. Al verla nerviosa por la cercanía de ambos, supo que no le era tan indiferente.
― Ponle también lechuga, pepino y jitomate.― Kagome asintió pero cuando estaba por voltearse y sacar las verduras, el muchacho la tomó de los hombros.― Yo lo sacó, pon eso en la barra.― dijo señalando lo que tenía en mano.
El corazón de la azabache latía a mil por hora, era la primera vez que estaban tan cerca y que Inuyasha prácticamente la acorralaba. Se le quedó observando mientras él lavaba las verduras ¿Por qué no podía dejar de verlo?
― ¿Sabías que tenía familia aquí?.― esa pregunta sacó de su letargo a Kagome.
― No, una tía se caso y se vino a vivir acá, solo la estaba visitando.― explicó mientras ponía rebanadas de pan en dos platos.
― ¿La conoces?
― No, no te preocupes, jamás nos hemos visto.
― Le quieres mucho ¿verdad?― preguntó con cautela y observando cada gesto que ella hiciera, cualquier cosa que le dijera lo contrarió a lo que le decía.
― Es normal, lo conozco desde hace mucho.
― Antes de lo de tu madre ¿salías con alguien?
― ¿A qué viene eso?― preguntó extrañada de que él se interesará en esas cosas de su vida.
― Curiosidad, quiero saber a que más renunciaste.― contestó lo más normal que pudo, como si de una charla casual se tratase y comenzó a cortar las verduras.
― Había un chico, Hoyo, siempre era muy atento y solo salimos dos veces a comer, la verdad no es mi tipo y es una lástima porque es gran chico, pero...
― Pero te gusta Okami.― afirmó automáticamente, eso no estaba en sus planes pero de pronto los celos lo invadieron de nuevo.
― Tampoco.― negó con la cabeza e Inuyasha sonrió, estaba feliz con lo que escuchaba.― Él también es buena persona, pero ni yo misma se lo que quiero.
― Debes tener una idea.― era momento de saber que clase de hombres le gustaban.
― Pues yo... aún no lo sé bien. Creo que debería darle una oportunidad a Kouga, tal vez por conocerlo de hace mucho estoy confundiéndome.― eso sí que no, pensaba Inuyasha, no dejaría que ella pensará tan siquiera en esa posibilidad.
― ¿En verdad te lo imaginas siento tu esposo? ¿Lo ves como el futuro padre tus hijos?― rodeo la barra y se sentó junto a ella.
― No detesta a los niños y se preocupa por mi.― dijo mientras le ponía la verdura a los sándwiches.
― Eso no es suficiente.― ante esas palabras Kagome volteo a verlo.― Necesitas a alguien que te vea como lo más importante en su vida, alguien que llegaría hacer cualquier cosa por tu felicidad, que por sobre todas las cosas tú seas su principal prioridad.― sin percatarse Inuyasha la había tomado de la mano y ahora ambos estaba demasiado cerca uno del otro.― Que atesore cada momento que pasan juntos, que ame cada una de tus sonrisas, que aunque te haga enojar o llorar sabes que te ama y siempre podrás contar con él.― el corazón de Kagome amenazaba con salir de su pecho, sentía como si cada palabra que Inuyasha decía, eran los sentimientos de él hacía ella.― Que cuando te diga "te amo" haga que tu corazón se acelere igual que el suyo.
Sin proponérselo, Inuyasha le había confesado sus sentimientos, le había dicho "te amo" y ella ni lo sabía. Kagome por su parte estaba más que nerviosa, todo eso le sonó como una declaración, pero era imposible, aún así no podía apartarse de Inuyasha, quería que él siguiera sujetando su mano, quería estar siempre a su lado.
Inuyasha miraba como las mejillas de ella estaba rojas, se veía adorable y los deseos de besarla lo invadieron, cuando la vio morderse su labio iba a mandar todo a la mierda y la besaría, pero justo en ese momento, el sonido de la tetera los alerto. Separándose de inmediato, Kagome fue a servirse su té y tomó su plato con su sándwich.
― Voy a mi cuarto, con permiso.
― Estaré en el jardín trasero si me necesitas.
Kagome asintió e Inuyasha la vio salir de la cocina, bueno, no todo estaba perdido, había comprobado dos cosas, a ella no le gustaba el lobucho y él no le era tan indiferente. Tenía una oportunidad de conquistar a Kagome y no la desaprovecharía.
Kagome se sentó en el suelo de su recámara, sostenía su mano contra su pecho, no podía olvidar lo bien que se sentía el contacto de la mano de Inuyasha, se sonrojó al pensar que estuvieron a punto de besarse, sacudió la cabeza, eso no era posible ¿Por qué Inuyasha la besaría?
Escuchó que Inuyasha comenzaba a entrenar y se asomó con cautela por la ventana, no quería que él la pillará observándolo, en verdad que Inuyasha era como un dios, sus hipnotizantes ojos dorados, tan distintos a los azules de Kouga; su cuerpo bronceado y marcado, su rebelde melena negra aunque corta, le provocaba querer pasar sus manos por ella y por sus pectorales; cosa que jamás pasaba con Kouga, a pesar de ya haberlo visto sin camisa en varias ocasiones. Dejó de verlo y se recargo contra la pared, se abrazó a sus piernas y hundió su cara entre sus brazos, dejó que las lágrimas salieran de sus ojos, estaba enojada con ella misma, se había prometido no enamorarse de él y no pudo hacerlo.
¿Por qué se había enamorado de alguien inalcanzable? ¿Por qué mejor de Hoyo o Kouga?
Inuyasha estaba en su cuarto revisando el contrato que firmo con Kagome, cuando un sonido de algo que se rompía en el cuarto de estudios lo distrajo. Por un momento no le tomó importancia, pero enseguida recordó a Kagome y se levantó de inmediato. Él le había mostrado el extenso surtido de libros que tenían y le dijo que podía tomar el que quisiera, temía que ella hubiera querido coger uno muy alto y se hubiera lastimado, pero al entrar la vio de rodillas recogiendo pedazos de cerámica.
― ¿Qué paso?
― Tomé un libro y por accidente mi pulsera se atoró con la estatuilla y...― explicaba mientras veía las partes de aquella figura en el suelo y las lágrimas se acumulaban en sus ojos.
― Déjame ver tu mano.― pidió al notar que uno de sus dedos sangraba, se había cortado al recoger las piezas.
― Lo siento mucho.― dijo comenzando a llorar, Inuyasha debía estar molesto con ella.
― No te preocupes esas cosas pasan.― dijo con total calma.― Hay que limpiarte la herida.
― Perdón, se que era de tu abuela... Yo...― decía con voz cortada, Kaede le explicó que esa estatuilla de duende fue de la abuela de Inuyasha, su esposo se la había regalado en un aniversario.
― No llores.― pidió al momento que besaba su frente y limpia sus lágrimas.
Kagome en automático dejo de llorar, no porque él se lo pidiera, más bien fue por el gesto de él hacía con ella.
― Eso es, buena chica. ¿Te digo un secreto?― preguntó con una sonrisa y Kagome asintió.― A mi abuela no le gustaba, solo lo tenía para no herir a mi abuelo y a mí me daba miedo, por eso lo deje allí.― Kagome le miró al principio incrédula, seguramente lo decía para no herirla, pero sus ojos no le mentían.― Vamos al pueblo a comprar algo que adorne ese lugar ¿Me ayudarás a escogerlo?
― ¿Confiarás en mi gusto?
― Debes tener mejor gusto que el viejo, vamos antes que comience haber gente, ya comenzarán los preparativos para el hanami.
...
Fueron a varias tiendas de artesanías, vieron geishas y kokeshis, pero aunque eran bonitas a Kagome no le terminaban de convencer. Ya iban a regresar derrotados cuando encontraron una pequeña tienda, pasaron y comenzaron a curiosear.
― Buenas tardes, soy Kaji Totosai.― se presento un señor ya mayor y de extraña apariencia.― Díganme ¿Qué busca la joven pareja?― Kagome se apeno por el comentario, pero se sintió feliz de pensar que la gente los veía como pareja.
Inuyasha no se molesto en desmentirlo, al contrarió se sintió feliz con aquel comentario y tomó a Kagome de la mano, esperando que ella no lo rechazará y sorpresivamente no lo hizo.
Debía admitir que el gesto de Inuyasha la tomó por sorpresa, pero no pudo negarse a su agarré, desde aquella vez en que sujeto su mano había querido sentir de nuevo su calidez y no desaprovecharía la oportunidad.
― Buscamos un adorno para un librero.
― Por aquí tengo varias cosas.― Totosai les mostró figurillas de youkais, onis, princesas y samuráis.
― Este me gusta.― dijo Kagome al ver la estatuilla de perro blanco y con marcas moradas en la cara.
― Interesante elección, es la representación de un Daiyoukai perro.― prosiguió el ver la cara de confusión de Kagome.― La leyenda cuenta, que una vez existió una princesa que tenía poderes espirituales, convirtiéndose también en sacerdotisa, su misión era proteger a su pueblo. Un día se enfrento a una horda de demonios y terminó mal herida en el bosque, pero el guardián de las tierras del oeste pasaba por el lugar, al intuir de quien se trataba supo que debía matarla, pero no pudo, no era ningún cobarde como para matar a alguien inconsciente, la llevó a su castillo y cuido hasta que estuviera en condiciones de pelear. Paso el tiempo y los dos se enamoraron, no podían matarse, sabían que su relación sería mal vista por youkais y humanos, por lo que mantuvieron en secreto su amor. Todo iba bien hasta que, un oscuro youkai apareció, aquel demonio había robado la Shikon no Tama. Se le encomendó a la princesa acabar con ese ser, cuando la noticia llegó a oídos del general de inmediato fue a ayudarla, llegando justo a tiempo e interponerse entre su amada y un ataque que la hubiera matado. Con sus últimas fuerzas le quitó la perla a aquel ser y la princesa terminó de matarlo. A pesar de todos los intentos de la princesa, no podía sanar la herida de su amado, el gran general sabía que pronto moriría, tomó la perla y pidió poder estar de nuevo en otra vida con ella. La perla concedió su deseo, pero no desapareció, hasta el día en que la princesa muriera la perla desaparecería, de esa manera, ambos reencarnarían al mismo tiempo.
― ¿Qué paso con la princesa?― preguntó curiosa Kagome.
― Cuido a su pueblo hasta su último día, encontrándose con su amado en la rueda del samsara, donde la esperaba para poder reencarnar con ella. Sin el deseo, la rueda lo hubiera absorbido desde hace mucho y no se hubieran encontrado jamás.
― Por eso pienso que ese Inu Daiyoukai es la representación más pura de amor.― dijo una mujer que recién entraba.
― Mi hija, Kaji Hitomi.- presentó Totosai.
― Mucho gusto.― saludaron Kagome e Inuyasha.
― Mi madre creía que el general era el protector del amor puro, lo cual lo hace ideal para aquellos que se aman de verdad.― decía con una sonrisa mientras miraba a los jóvenes que tenía delante.
― ¿Ese quieres?― preguntó Inuyasha a la azabache y ella asintió.― Nos llevamos ese.
― Dejen lo envuelvo.― contestó el anciano.
― Te gusto ¿Verdad? Si no, podemos ver otra...
― Pequeña.― interrumpió y Kagome se quedo de piedra al ser llamada por ese apodo.― Me gusto mucho.― si la historia tenía algo de verdad, sería un gran amuleto para ellos, por algo se había aparecido ante ellos ¿Verdad?― Voy a pagar.
― Disculpa.― dijo Kagome a Hitomi.― ¿Ellos reencarnaron y fueron felices?
― Yo creo que sí, aun que, la fecha de reencarnación puede ya haber pasado o no. Pero sea como sea, estoy segura que él cuidará de ustedes, puedo ver que lo amabas mucho.― Kagome se sonrojó por ese comentario.― Y él a...
― Ya esta, podemos irnos.― interrumpió Inuyasha sin querer, ya traía consigo una caja con la estatuilla.
― Muchas gracias.― se despidió Kagome de Hitomi y salió junto a Inuyasha.
― ¿Qué miras hija?
― El amor que florece en primavera, padre.― contestó con una gran sonrisa.
Ando con prisas así que seré breve.
Sé que ya quieren que Kagome e Inuyasha tengan más acción, pero no desesperen, más pronto de lo que creen habrá avance :D
Nos leemos pronto y mil gracias por sus comentarios.
...
Okami: Lobo, de ahí el pretexto para llamarle "lobucho" a Kouga.
Kaji: Herrero.
16/08/2014
