XI. Tensión.

No quería estar en ese lugar, pero Kikyou le llamó toda preocupada y en medio de una ataque de histeria ¿Qué más podía hacer?

Tienes que ir a verlo.

Tranquila, todo debe estar bien.

¿Bien? Inuyasha jamás me dijo palabras tan lindas y mucho menos en ese tono de hombre enamorado.― decía molesta de solo recordarlas.

" Te amo más que a mi vida, eres lo mejor que me pudo ocurrir."

Debe ser porque te extraña, lo tienes a tus pies ¿No crees que haces una tormenta en un vaso de agua?― intentó calmarla, ella quería dormir.

Ve a ver que pasa en ese lugar.

¿Qué más da si tiene una aventura? Tú tienes muchas... Y sales ganando.

¿Estás tonta?

Solo piénsalo, en dado caso de que no la quiera dejar, la verá a escondidas y es cuando aprovechas para acusarlo de adulterio, te será más fácil quitarle al mocoso y demandas a la chiquilla esa por infringir el contrato.

Es una excelente idea, pero, quiero corroborarlo, así me será más fácil planear como debo actuar y quiero dejarle en claro que no puede huir de mí.

Está bien, iré, pero me debes una.

Estaba por entrar a la fuerza, la anciana que le abrió no era rival para ella, pero apareció el chofer e impedirle el paso. Algo ocultaban y ella lo averiguaría.

...

Kaede veía como Inuyasha seguía en shock, así que le dio una cachetada, logrando que reaccionará.

― [Llévala a su recamara, ya acomode un futon].

― No, mejor que se quede aquí, aquí está la cama.

― [¿Cómo vas explicar que tus cosas estén aquí?].

― Mierda...― dioses no sabía qué hacer, pero antes debía despertar a la azabache.― Kagome, despierta, debes despertarte pequeña.

― ¿Qué pasa?― dijo adormilada, tenía mucho sueño, ni podía abrir los ojos.

― Kag, tienes que despertarte e ir a tu recamara.

― ¿Por qué?― preguntó al intentar acurrucarse.

― Kaede te explicará, pero en verdad debes levantarte.― decía mientras la jalaba, no quería hacer eso pero era necesario.

― Tengo mucho sueño.― le reclamó con algo de enfado, no sabía ahora que mosca le había picado a Inuyasha para comportarse así.

― Lo sé y no sabes cuanto siento tener que hacerte esto, pero es necesario.

Kagome logró levantarse e Inuyasha la ayudo a ir a su antigua recámara. Una vez que la dejo, regreso a su recámara y se cambió a toda prisa, para ir a ver a su inoportuna y desagradable visita.

― ¿Qué pasa Kaede?― preguntó ya más despierta Kagome.

― [Una amiga de Kikyou está aquí].― escribió a toda prisa y al leerlo, la azabache se despertó por completo.― [No te preocupes, Inuyasha ya fue a verla].― escribió al ver la cara de espanto de la joven.

― Pero... Eso quiere decir que ya lo sabe.

― [No lo sabemos, pero Inuyasha se encargará de ella, ahora acuéstate y finge dormir por si se le ocurre subir].― Kagome asintió y se acomodó en el futon.― [Por cierto ¿Tienes cosas tuyas allá?]

― ¡Mi ropa de ayer!― dijo con miedo.

― [La voy a sacar, tu tranquila].

...

Al salir al patio, Inuyasha vio como Tashibana le bloqueaba el paso a Tsubaky y por su postura, estaba furiosa.

― Tsubaky ¿qué haces aquí?― habló cortante.

― Kikyou me pidió de favor ver como estabas.― dijo al quitarse sus lentes de sol.

― Estoy bien, ahora vete.

― Que pésimos modales ¿No me invitas a pasar? ¿Le tengo que llamar a Kikyou?― preguntó al mostrarle su móvil.

Inuyasha la miró con rencor, si esa mujer realizaba esa llamada lo más probable era que al siguiente día Kikyou ya estuviera allí.

― Claro que no, pasa.― dijo de mala gana.

...

No quería bajar, no quería tener que ver a una amiga de Kikyou ¿Qué pasaba si metía la pata y decía algo que no debía? Kami, tenía mucho miedo. Pero Kaede le dijo que debía bajar y actuar normal. Respiró profundamente y se dirigió a la sala.

― Joven Taisho, buenos días.― saludo, y vio Inuyasha frente a una mujer de largo cabello negro, que vestía un vestido negro demasiado entallado y escotado para su gusto.

― Buenos días Higurashi.― demonios, como odiaba que le hablará así y él tener que hacer lo mismo.― Ella es Hebi Tsubaky y es amiga de Kikyou.

― Un placer.― saludo Kagome ya cohibida por la mirada que le daba esa mujer.

― Así que tu eres la chica, con razón Kikyou no quería tenerlo, sabes lo que costará bajar todos esos kilos.― dijo con veneno, su única intensión era hacer sentir mal a Kagome y lo había logrado.

Ella no pensaba que hubiera subido tanto de peso, Inuyasha siempre le decía que se veía hermosa y ella le creía, pero ¿Si lo decía para no hacerla sentir mal? ¿Y si no recuperaba la figura que tenía antes y ya no le gustaba a Inuyasha? Y sus padres ¿Cómo les explicaría que estuviera muy pasada de kilos? ¿Por qué no pensó eso antes?

― Tsubaky.― nombró Inuyasha en modo de advertencia, esa mujer ya lo estaba colmando, Kagome estaba por llorar por su comentario y él no podía ir a abrazarla para decirle que lo que dijo era mentira, cosa que le enfurecía más.

― ¿Qué?― le miró como si no supiera el porqué de ese tono.― ¿Por cierto dónde duermes?― preguntó a Kagome.

― Arriba.

― Tú también duermes arriba ¿o no?― dijo a Inuyasha como si lo estuviera acusando de algo.

― Arriba están las habitaciones ¿Dónde más iba a dormir?

― ¿Quiero verlo?― dijo al pararse y posarse frente a Kagome.

― ¿Qué cosa?― preguntó sin entender.

― Tu cuarto ¿Acaso no es obvio?

Kagome miró a Inuyasha disimuladamente, no sabía que contestar, pero cuando él asintió comenzó a caminar a las escaleras. Al llegar a su cuarto, Tsubaky miraba todo minuciosamente.

― Es muy simple y ordinario ¿Y el tuyo Inuyasha?

― No vas a pasar.― eso si que no, esa mujer no se acercaría allí, aún no se le ocurría nada que pudiera explicar la cama.

― ¿Por qué no?

― Porque no quiero.

Tsubaky comenzó a caminar a las escaleras, pero en un segundo se volteó y tenía el móvil en la oreja.

― Kikyou, tu novio no me dejar ver su recamara.― dijo mientras miraba desafiante a Inuyasha.

― ¿Piensan que ocultó algo? Adelante entra.― dijo al caminar y correr la puerta de su cuarto.

― ¿Y esa cama?― preguntó victoriosa, como si hubiera descubierto lo que había ido a buscar.

¡¿Cómo que una cama? Eso es imposible!― gritaba Kikyou al otro lado de la línea.

― Así es amiga, tiene una cama matrimonial.

Kagome estaba aterrada, desde su cuarto escuchaba todo lo que decían, y no tenía ni idea cómo Inuyasha explicaría la existencia de esa cama. Llevó sus manos a su vientre, el bebé no dejaba de moverse, estaba muy agitado, respiró profundo varias veces para calmarse, no quería transmitirle sus miedos al pequeño.

― La compre hace poco, Kagome no podía dormir.― dijo la mitad de la verdad.

― ¿Entonces que hace aquí y no allá?

― No cabía en la de ella y la dejaron aquí.

Esa maldita mocosa, pregúntale que entonces en dónde duerme.

― ¿En dónde duerme?

― Por la noche cambiamos cuartos.

Revisa sus cajones, ¡Todo su cuarto si es necesario!

― ¿Qué haces?― preguntó furioso al ver que esa mujer sacaba un cajón y lo vaciaba en el suelo.

― Comprobando lo que dices.― dijo al caminar al armario y abrirlo.

― Solo hay cosas mías aquí.

― Todo está bien, pero ¿Cómo puede vivir sin tantas cosas?― hablaba con Kikyou.

¿Segura que solo hay cosas de él?

― Muy segura.

...

El resto de la tarde Kagome se la paso con Kaede e Inuyasha discutiendo con Tsubaky, quien le había exigido un tour por toda la casa. Kagome los veía ir y venir, siempre escuchando que Inuyasha le contestaba de mala gana y Tsubaky lo amenazaba con llamarle a Kikyou.

Todo ese asunto tenía más que estresada a Kagome, ni con los tés que Kaede le daba lograba calmarse. A la hora de la comida, en contra de su voluntad se vio obligada a comer con Tsubaky presente, todo para mantener las apariencias.

― ¿Eso comeremos?.― preguntó Tsubaky con desagrado al mirar el plato de sopa miso.

― Es lo que hay, si no, ve a un restaurante.― contestó de malas Inuyasha, esa mujer ya había acabado con su paciencia.

Kagome les veía incomoda, jamás había visto a Inuyasha tan molesto y tenso, miró su plato y con esa mujer presente las ganas de comer se le iban, de hecho si comía sentía que su estomago se revolvía.

Por su parte, Inuyasha estaba preocupado, Kagome no había comido nada y no dejaba de acariciar su vientre, debía deshacerse de Tsubaky pero era claro que no iba a ser fácil.

― ¿Dónde dormiré?

― Hay un hotel cerca, ve por tus maletas y te pido una habitación, la que quieras.― ofreció con tal de no tenerla más en su casa.

― ¿Por qué no quieres que me quede? ¿Ocultas algo?.

― Jamás he ocultado que me desagradas.

― Si no me dejas quedar, llamaré a Kikyou.― de nuevo con su amenaza de llamar a Kikyou, esa maldita mujer sabía bien que no podía hacer nada ante eso.

― Sígueme.― le ordenó al levantarse.

― ¿A dónde? No has terminado tu comida, ya sé, tampoco te gusta.

Inuyasha la fulmino con la mirada, claro que le gustaba, la comida de Kagome le encantaba, solo que con ella presente no podía disfrutarla como él quería.

― Te mostraré donde dormirás.― contestó.― Pero te advierto que no es muy cómodo.― la dejaría en el cuarto más pequeño y más lejano a los suyos.

...

Llegada la noche Kagome se quedo en el cuarto de Inuyasha y él en el de ella, en todo el día casi no habían hablado. Kagome se giró y miró el reloj de mesa, pasaba de la una de la mañana y no podía dormirse, su vientre le estorbaba más que otras veces, intentó acomodarse de muchas formas, ponerse almohadas a su espalda, entre sus piernas, bajo su vientre y nada servía, ya se había acostumbrado tanto a la presencia de Inuyasha que ahora no podía dormir sin él.

¿Kagome estaría bien? ¿Estaría cómoda en la cama? ¿Tendría sed o hambre? ¿Ya estaría dormida? Todo eso y más se preguntaba Inuyasha, no había podido dormir de solo pensar en ella. Quería acurrucarse a su lado, sentir su calor junto al suyo ¡Pero no! Kikyou tuvo que mandar a Tsubaky, solo quería saber ¿Qué fue lo que hizo sospechar a Kikyou? De otra forma, aquella mujer no estaría en su casa incomodándolos.

...

Aun tenía sueño, no supo a qué hora se durmió al fin, pero también moría de hambre. Solo se arreglo el cabello y bajo en pijama a desayunar algo. Al entrar a la cocina Kaede cocinaba, Inuyasha estaba a mitad de su desayuno y Tsubaky parecía supervisar a Kaede con lo que hacía.

― Que mal te vez.― dijo Tsubaky al ver a Kagome que tenía unas grandes ojeras.

― No dejo de moverse y no pude dormir bien.

Inuyasha miró a Kagome preocupado, él tampoco durmió mucho pero no se sentía con sueño, en cambio ella, estaba pálida, apenas si se había cepillado el cabello y sus ojos estaban hinchados. Si tan solo hubiera estado con ella, la hubiera ayudado a conciliar el sueño.

― Kikyou jamás se ha visto así, ni siquiera cuando el mismo día que llegó de Marruecos tuvo sesión fotográfica y durmió poco en el avión ¿Lo recuerdas Inuyasha?.

― ¿Cómo olvidarlo?.― ahora que lo recordaba y analizaba, fue uno de los días que quisiera olvidar.

En esa ocasión se sintió acosado por todas esas personas que le decían que hacer para que la foto fuera perfecta, lo soportó ya que no quería que Kikyou luciera mal y en ese entonces quería que las fotos fueran perfectas, pero ahora sabía que todo eso no era necesario, prueba perfecta era la foto que les tomaron a él y a Kagome en aquel restaurante, la guardaba como si de un tesoro se tratase, en ella se veía lo mucho que ya se querían y aún no se lo decían.

― Claro que lo recuerdas, esa vez...

― Ya está tu ensalada, cométela.― dijo al ver que Kaede ya había terminado la ensalada de salmón que Tsubaky pidió y fue un buen pretexto para cambiar de tema, no quería que Kagome se sintiera opacada por cosas que pusiera decir Tsubaky.

― Estaban tan felices.― prosiguió ignorando las palabras de Inuyasha.― Esas fotos las pusieron en el especial de San Valentín, todo mundo sentía celos de lo bien que lucían juntos. Están hechos para estar juntos.

¿Inuyasha y Kikyou se habían tomado fotos para una revista juntos y para San Valentín? Eso quería decir que la mitad de Japón sabía de su relación. Si llegaba a estar al lado de Inuyasha, tendría que hacer lo mismo, después de todo la familia de él estaba entre la elite de Japón. Ella jamás lograría encajar allí, se vería tan tonta y sosa, solo haría quedar en mal a Inuyasha. De nuevo el bebé se movió, sacándola de sus pensamientos y fue hasta Kaede para pedirle la sopa del día anterior.

― No te lo había dicho, pero hoy por la noche parto a Brasil a ver a Kikyou.― dijo Tsubaky al comer solo un poco de la ensalada.

― ¿Y?― mejor para él, ya no la tendría metiendo cizaña entre él y Kagome.

― ¿Y su presente?.

― ¿Su qué?.

― Su regalo ¿no le vas a mandar nada?.

― Estamos lejos de una ciudad, aquí no hay nada que le pueda gustar.

― Entonces ven a Nagoya y le compras algo, sirve me acompañas al aeropuerto.

― No puedo dejarla, falta poco para que nazca el bebé y...

― La anciana la esta cuidado y cualquier cosa te llamarán. Es lo mínimo que debes hacer, hace meses no la ves ¿Y ni un regalo como muestra de amor le mandas? ¿Qué clase de novio eres? ¿Dónde quedo el que la adoraba con pasión?― Inuyasha casi la jala y la saca de la cocina, pero se contuvo, eso solo empeoraría las cosas.

― Imaginó que entenderá o te doy el dinero y le escoges algo.

― Recuerdo bien como cada aniversario, cuando ella regresaba de sus pasarelas, adquiría un nuevo contrato o solo porque veías algo que se vería bien en ella lo comprabas, sin razón alguna. No me mires así.― dijo al ver que el chico la miraba con cara de pocos amigos.― Siempre has sido muy romántico con ella ¿Ahora por qué no?.

― ¿En quince minutos nos vamos?― dijo de mala gana, debía seguir aparentando si no quería levantar sospechas.

― Perfecto.― se levanto dejando la mitad de la ensalada.

De solo escuchar aquello su corazón dolía, no quería que Inuyasha se fuera, quería que se quedará con ella, no quería que la dejará por ir a comprarle algo a Kikyou ¿Desde cuándo se había vuelto tan celosa?. Entonces una punzada se extendió por todo su vientre y de inmediato sintió los brazos de Inuyasha rodearla.

― ¿Estás bien?― preguntó preocupado.

La estaba viendo de reojo, sabía que todo lo que decía Tsubaky le estaba afectando, lo mejor era alejar a esa mala mujer de Kagome pero antes de salir de la cocina, vio como su pequeña cerraba los ojos con fuerza y sujetaba su vientre. Sin pensarlo dos veces corrió hasta ella, no le importo que Tsubaky estuviera, solo quería comprobar que su hijo y Kagome estuvieran bien.

― Sí, solo una leve punzada.

― [Debe ser por el estrés, has que esa mujer ya se marche].― dijo Kaede preocupada por la salud de Kagome y la del bebé.

― Ya paso.― dijo Kagome ya más calmada.

― Lo vez, está bien, vámonos.― dijo Tsubaky desesperada. Inuyasha si que quería a su hijo, lo que era más que perfecto para Kikyou, de esa forma lo vería sufrir como nunca.

― La voy a llevar a la sala, tu ve por tus maletas.

Tsubaky obedeció, en cuanto se perdió de vista Inuyasha cargó a Kagome y la llevó a la sala.

― ¿Segura estas bien?― preguntó en voz baja y vigilando las escaleras.

― Sí, ve tranquilo.― dijo con una sonrisa para intentar calmarlo.

― Kag, todo lo que ella dijo...

― Está bien, no es necesario que me lo expliques.

― Pero quiero hacerlo.― no quería que hubiera malos entendidos con ella.

― Luego lo harás, ahora tienes que irte.

― Estaré de regreso en la noche, cualquier cosa me llaman.

― Estoy lista Let's go!― gritó Tsubaky al llegar con sus maletas.

...

Toda la tarde se la pasaron de tienda en tienda, no había algo que quisiera comprar a pesar de las sugerencias de Tsubaky. Pero al ver la hora decidió que compraría lo que fuera, así que compró un vestido de noche que le sugirió Tsubaky. A las nueve dejo a Tsubaky en el aeropuerto y al salir, había una terrible tormenta, protección civil dio la recomendación de no salir a carretera. Y maldijo su suerte, fue al hotel más cercano y alquilo una habitación.

Una vez instalado, tomó el teléfono y se maldijo por no poner uno en la casa o comprarle uno a Kagome, pero Tashibana si tenía, le marco y no contestó, marco de nuevo y tuvo suerte, le dejó su recado y colgó, solo esperaba que Kagome estuviera bien.

A la mañana siguiente regresó a Takayama, moría por tener a Kagome de nuevo para él, recompensarla por todo lo que paso en ese par de días. Al llegar corrió al interior, pero antes de entrar Tashibana le hablo.

― Joven Taisho.

― ¿Qué sucede Tashibana?

― La señorita Higurashi pasó la noche en casa de Kaede.

― ¿Algo malo le paso?― preguntó con temor.

― Claro que no, no se preocupe. Les di su recado y para que no estuviera ella aquí sola Kaede la llevo a su casa.

― ¿Por qué no se quedaron aquí?

― Kaede quería que ella se distrajera, desde la llegada de su visita inesperada, la señorita no estaba de buen ánimo.

Inuyasha asintió, claro que no lo estaba, ella estaba triste y él la dejó, cosa que seguramente empeoró su estado de ánimo. ¿Y si todo lo que hacía solo la lastimaba? El no quería que ella sufriera, era lo que menos quería.

― ¿Estoy haciendo mal Tashibana?

― ¿Cómo dice?

― Se que ya lo sabes, no finjas.

― Nunca le había visto tan feliz, hasta parece otro al lado de la señorita y ella, bueno, ella es sin duda especial y cuando esta con usted siempre tiene una radiante sonrisa.

― Gracias Tashibana, iré a descansar.

...

Inuyasha dormitaba en el sofá cuando escucho la puerta abrirse, se levanto de inmediato y allí, en la entrada estaba Kagome al lado de Kaede. La anciana les miró con una sonrisa y siguió su camino, tenían mucho de que hablar, lo mejor era dejarlos solos.

― Perdón la demora.― se disculpó Inuyasha mientras caminaba hasta Kagome.

― No te preocupes, no era seguro que salieras a carretera.― ella comprendía, pero le había extrañado mucho.

― Te traje algo.― dijo al meter su mano en su bolsillo derecho.

― No era necesario, estoy bien.

― Oye, si tuve que comprarle algo a Kikyou en contra de mi voluntad, deja darte esto.― dijo al ponerle un collar.

― Pero...

― Se te ve hermoso.― dijo al verla ya con el collar.

Desde que lo vio pensó en Kagome, era la joya más simple que tenían en aquella joyería, nadie le prestaba atención pero él sí, era una pieza maravillosa, solo hacía falta la dueña adecuada.

Kagome lo miró bien y admitía que era hermoso, una cadena de oro blanco con una perla rosada, solo eso, pero era sin dudas maravillosa.

― Sencillo y hermoso como tu.― dijo al tomarla de la cara.― Te amo.

Comenzó a besarla, no le importó que estuvieran en el recibidor, la acorraló contra la pared y bajo el cierre del vestido de Kagome.

― Inu... aquí no.― pidió al recordar el lugar donde estaban.

― Entonces vayamos arriba.― sugirió al besarla en el cuello.

― Me siento cansada, no he dormido bien.

Inuyasha se separó de ella, comprendía que ella necesitaba descansar, al igual que él. La besó suavemente en los labios y le cerró el vestido.

― ¿Te gustan las aguas termales?― Kagome asintió.― Vayamos, necesitas relajarte y yo también; solo comemos y nos vamos.

...

Al atardecen llegaron a unas termas que estaban en un cerro cercano, aquel lugar se fusionaba a la perfección con la naturaleza. Inuyasha los registro y una jovencita los guió a un cuarto de baño, después de bañarse para poder entrar a la terma, Kagome se recogió el cabello y se intentó cubrir con una toalla, mientras que Inuyasha se enrollo una toalla a la cintura y miraba divertido como era que la azabache intentaba ocultarse de su vista, cosa que le parecía innecesaria, él ya la conocía muy bien, así que se acerco a ella y la guío hasta la terma que ocuparían.

― Me encanta.― exclamó emocionada, el ambiente estaba lleno de vapor y la poza estaba rodeada de rocas, al rededor había arbustos de un hermoso color verde y las luciérnagas hacían que el lugar brillará, logrando darle un toque mágico.

― Entremos.― dijo al tomarla de la mano, le ayudo a Kagome a quitarse su toalla, dejándola junto a la terma, de inmediato él se deshizo de su toalla poniéndola junto a la de Kagome, entonces entró al aguay ayudo a entrar a Kagome.― ¿Cómo te sientes?― preguntó una vez que se acomodaron en la terma.

― Bien, el bebé me pesa menos.― contestó al estar recargada en Inuyasha.

― ¿Te estás durmiendo?― preguntó al sentirla tan relajada.

― Esto es tan relajante.― dijo al acurrucarse más en el chico.

― ¿Sabes que te relajaría más?― preguntó mientras le repartía suaves besos por su cuello y nuca.

Kagome se dejo mimar por Inuyasha, las manos de él la recorrían con adoración, pasando lentamente por su cuerpo, pero cuando los masajes se situaron en sus pechos se junto más a él, logrando sentir su eminente erección e inconscientemente se restregó más.

― ¿Qué pasa?― preguntó al sentir que ella se removía entre sus brazos.

― ¿Cómo es posible que reacciones tan rápido?― preguntó divertida al sentirlo ya duro.

― Tú me excitas demasiado.― dijo divertido, la rodeó de la cintura y la acomodó mejor entre sus piernas, ella aún dándole la espalda.

― Pero si parezco un globo, estoy hinchada por todos lados.― dijo algo decaída al recordar las palabras de Tsubaky.

― Estás perfecta.

― Pero...

― Créeme cuando te lo digo, estás hermosa, cada que te veo me vuelves loco, es verdad que estas diferente pero es porque una pequeña vida crece aquí.― dijo al poner sus manos en el vientre de ella.― Es algo natural y tan hermoso, que solo hace que seas más bella ¿Pero sabes lo mejor de todo?― Kagome negó, tenía ganas de llorar de felicidad por todo lo que él le decía.― Lo mejor es que Eres Solo Mía.

Inuyasha comenzó a besarla, no le daría tiempo de pensar en que otra cosa que no fueran sus caricias, así de espaldas como estaban, coló una de sus manos en la entrepierna de ella, logrando de inmediato que Kagome gimiera, sintiéndose satisfecho de inmediato.

Podría sentir los dedos de Inuyasha invadirla, él los movía rítmicamente era claro que sabía lo que hacía y no puedo evitar pensar ¿Cuántas veces había hecho aquello con Kikyou? ¿Él la trataba como la trataba a ella? Ante esas preguntas unas lagrimas salieron de sus ojos, no quería pensar en eso, en esos momentos Inuyasha estaba con ella, gemía su nombre no el de Kikyou, pero había estado tan sensible esos días que era un desastre.

Inuyasha sentía sus dedos ser apretados por el interior de Kagome, su miembro dio un tirón, como exigiendo atención por parte de las paredes de la chica, con dificultad levanto un poco a Kagome y se una sola envestida entró en ella, tuvo que contenerse para no correrse en ese momento, aquellos días de abstinencia le estaban cobrando factura. Comenzó a moverse lentamente, pero no dejo de torturar aquel botón tan sensible de Kagome, entonces fue cuando la escucho ¿sollozar?.

― ¿Fui muy brusco?.― preguntó preocupado, él gozando como nunca y tal vez la había lastimado.

― Estoy bien, muévete.― pidió al mover sus caderas, sentirse invadida por Inuyasha era algo que ansiaba desde hace mucho y no lo echaría a perder por sus pensamientos tan fuera de lugar, en esos momentos ella lo tenía a él, en esos momentos él era todo suyo.

El ojidorado sonrió complacido y la sujeto más fuerte, para poder guiarla a cada embestida, a cada movimiento las ondas en el agua se incrementaban. Kagome intentaba ahogar sus gemidos, temía que alguien les escuchará, así que se llevo una mano a la boca.

― Inu, ya no puedo.― decía extasiada por tanto placer.― Pero, quiero verte.― pidió.

― Aguanta un poco más, deja girarte.― él también quería verla, la ayudo girarse y una vez que quedaron frente a frente la beso con anhelo, al mismo tiempo que se ensartaba en ella de nuevo.

Le encantaba verla en ese momento en que los dos se perdían en una nube de placer, algo que también era nuevo para él, antes no le importaba no perderse en los ojos de su acompañante, pero con Kagome, podía sentir sus almas fusionarse, podía sentir todas esas cosas que no se podían decir con palabras. Sentir el cuerpo de su azabache junto al suyo, sus gemidos y ser llamado por ella lo ponían al mil, que más quisiera no parar en toda la noche, pero por ahora esa sesión debía ser suficiente, sintió ser apretado más y se derramó.

Kagome respirada agitadamente aún podía sentir en su cuerpo los restos de la ola de placer que había tenido segundos atrás; recostada en el pecho de Inuyasha podía sentir la respiración de él y se sorprendió al percatarse que estaba tranquilo ¿Cómo era posible que tuviera tanto aguante? ¿Acaso ella la que no aguantaba nada? ¿Y si él se había quedado con las ganas? ¡No quería pensar en eso! Le había sentido correrse, pero ¿Qué pasaba si él estaba acostumbrado a sesiones más largas? ¡Kami! No estaba a la altura de él.

― ¿En qué tanto piensas?― preguntó al notarla calla, no estaba dormida, tenía los ojos abiertos y hacía muecas.

― En nada.

― Duérmete necesitas descansar.

― ¿Tú aún tienes ganas de... bueno de...?― decía con voz temblorosa.

Inuyasha le veía sorprendido ¿En qué tanto estaba pensando esa chica? Por su tono y mirada, suponía que nada bueno.

― Ya tendremos tiempo, para otra ronda, pero ahora relájate.― dijo al darle suaves masajes en su espalda.

― Pero no estás cansado.

― Es verdad, pero si satisfecho, mírame.― le tomó del mentón y la obligo a verle.― No sé en que tantas cosas estas pensado, no se si es por las hormonas del embarazo que tu mentecita piensa cosas raras, pero estoy bien, deja de preocuparte ¿De acuerdo?.

Kagome asintió y se acurruco entre los brazos de Inuyasha, quien de inmediato la beso en la frente y fue cuando soltó una leve risa.

― Parece que no quiere que siga ocupando su lugar.― comentó al sentir que su hijo lo pateaba al aún él estar ocupando su espacio.

― Idiota.― claro que había sentido al bebé moverse, pero no se imagino que esa fuera la reacción del chico.

― ¿Quien pensaría que una adorable muchachita como tu tuviera su carácter tan bipolar?― preguntó divertido al escucharla "molesta", en un momento tenía sus ánimos por los suelos y al siguiente le regañaba.

Esperó que le contestará alguna otra cosa, pero no hubo respuesta, giró la cabeza y la vio dormida, sonrió y se recargo mejor en las rocas; por ahora él no dormiría, se limitaría a contemplarla, a admirarla, quería pasar el mayor tiempo posible viéndola memorizándola, guardando cada parte de ella en su mente.


Dejó los papeles sobre el buró junto a la cama, necesitaba ayuda solo quedaba un mes para que él bebé naciera y el tiempo pasaba volando. Miró a Kagome dormir a su lado, no iba a perderla, no quería no tenerla nunca más con él. Pero tampoco le podía quitar su hijo a Kikyou y su hijo necesitaba un padre ¿Por qué el destino eran tan cruel? ¿Por qué mandarle a Kagome y hacerlos sufrir a los dos? Entendía que él estuviera recibiendo su merecido por la manera que había sido desde que conoció a Kikyou, dejando a un lado a su familia que solo se preocupaba por él, pero Kagome era una buena hija, amaba a su madre y por esa razón se vio en la necesidad de alquilarse, no era justo que ella sufriera también.

Ya estaba decidido, mañana regresaría a Tokio para ir a ver a sus padres para pedirles ayuda, seguramente su padre lo iba a querer matar pero no le importaba, solo quería poder seguir con Kagome y ya tenía que hacerse responsable por sus acciones.


Perdón la demora, pero con las lluvias por donde vivo, se pedio la señal de internet y apenas hoy se normalizo el servicio, así que ahora que ya está bien, lo primero que hago es subirles la continuación.

Respecto a que se hará con el premio, pues se debatían entre la opción A y B, por lo que opté por que el ganador escoja si quiere A o B. Elegí al ganador por quien más quien rews a dejado hasta este capítulo #10, la personita afortunada es Jossy con 9, por lo que ella elegirá de que va su historia.

Miles de gracias por sus mensajes:

Pollito, Aky, Izumi, Maritza, Misheru, jossy, Joh chan, Nahia, elvi y ClaudiiTa.

Les adelanto que la historia va como hasta ahora, posiblemente les pueda dar otro regalo.

Nos vemos el fin de semana para ponernos al corriente (no se me presenta algún contratiempo), solo resta decir que las cosas estarán intensas.

Bye!

11/09/2014