XIV. Viviendo lejos.
El primer día de Inuyasha y Hikaru en casa. Llegaron sin compañía a pesar de las protestas de Izayoi, pero Inuyasha quería estar solo con su hijo.
Al entrar, Inuyasha se alivió de que Kikyou aún no hubiera llegado. Fue al cuarto de su hijo y ya todo estaba en su lugar, Sango y Miroku le habían hecho el favor de adaptar aquella habitación, les agradecía enormemente pero, a ese lugar le hacía falta "algo", no le parecía la habitación de un bebé a pesar de tener un ropero azul, la cuna tipo Moisés, una mecedora, un cambiador repleto de pañales, toallitas, talco y cremas.
Dejó a su hijo en la cuna, encendió el monitor de bebé y fue a la cocina, quería comer algo, se preparó un sándwich y regresó con su hijo, se sentó en la mecedora y comenzó a comer. Al terminarse su sándwich se acomodo mejor y se dispuso a dormir un poco.
...
Alrededor de las seis de la tarde, Inuyasha estaba en la sala alimentando a su hijo, cuando el sonido de la puerta llamó su atención y bufo molesto, Kikyou acababa de llegar.
― Amor, ya estoy de vuelta.― dijo al acercarse a Inuyasha, pero se detuvo al verlo cargando un bulto.
― Es lo que veo. ¿Quieres cargarlo?― preguntó al ofrecerle al bebé, tal vez Kikyou solo necesitaba comenzar a crear lazos con el pequeño para que su instinto de madre surgiera.
― ¿Es niño?
― Sí. Anda, cárgalo.― le animó de nuevo al ver que Hikaru ya había dejado de comer.
Kikyou se le acercó al verlo moverse, apenas si tenía cabello, pero parecía ser negro; su piel estaba rosada y los ojos, no lograba verlos bien.
― ¿De qué color son sus ojos?
― Me parece que cafés, aún no los abre bien... Cárgalo.― volvió a decir Inuyasha.
Kikyou se acercó más a Hikaru cuando le vio abrir sus ojos, pero justo cuando las dos miradas se cruzaron, Hikaru comenzó a llorar desesperadamente.
― No llores.― decía Inuyasha al acunar a su hijo.― Es tu mamá.― dijo con dificultad, no podía seguir engañándose y debía aceptar la realidad.
Kikyou era la madre de su hijo.
¿Qué era la madre de ese niño? Si lo era, pero más que tener un hijo, tenía un seguro para una vida llena de comodidades.
― Que ya se callé, enséñale desde ahora que no debe ser llorón.
― No entiende lo que pasa, tiene unas horas de nacido.― dijo molesto, por un momento pensó que Kikyou comenzaba a sentir atracción por Hikaru, pero en cuanto el bebé la rechazo ella volvió a ser la de siempre.
― Me voy a dar un baño.― dijo con fastidio.
...
Por la noche cuando se alistaban para dormir, Inuyasha estaba intentando perder el tiempo, quería poder retrasar lo más que pudiera el hecho de tener que dormir junto a Kikyou. Pero por más que quisiera debía dormir en la misma cama que ella, fue por Hikaru que ya dormía en su recámara y fue a su habitación.
― ¿Qué estás haciendo?― preguntó Kikyou al ver a Inuyasha entrar a la recamara con su hijo.
― Va a dormir junto a nosotros.― contestó como si fuera de lo más normal y comenzó a acomodar las cobijas.
― De ninguna manera.― sentenció la pelinegra.
― Ni un día de nacido tiene, no voy a dejarlo solo.― contraatacó fríamente.
― ¿Entonces para qué le construiste una recamara?.
― Para cuando este más grande.
― Déjalo en su cuarto.― ordenó, a lo que Inuyasha se terminó de enojar.
― Que duermas bien.― dijo al salir de la habitación y escuchó un grito por parte de Kikyou.
Entró al cuarto de su hijo y lo dejó en su cuna, luego él tomo unas mantas y las acomodo en el piso junto a la cuna, prefería dormir allí y no al lado de Kikyou.
Las dos primeras semanas no fueron tan agotadoras, Hikaru comía y se dormía, lloraba poco, pero a partir de la tercer semana se reusaba a tomar su fórmula y lloraba si no sentía a su padre cerca a él.
Kikyou tomaba el sol en el balcón y tenía una mascarilla de pepino en la cara, por la tarde tenía una entrevista sobre cómo había sido su embarazo y quería lucir radiante. Pero el llanto interminable de aquel niño la exasperaba, se levantó y entró al departamento.
― ¡Cállalo!― gritó furiosa.
― Ya pronto estará su mamila.― contestó de malas Inuyasha.
No estaba molesto por el llanto de su hijo, estaba molesto por tener que estar con esa mujer y por no saber la razón por la cual su hijo no quería las fórmulas, ya le había cambiado la marca seis veces y si se terminaba la mitad de su mamila era mucho.
― No quiero tener marcas en mi rostro, tengo una entrevista.
― Regresa a tomar tu baño de sol, ya le doy de comer.― dijo para deshacerse de ella.
― ¿Hoy ya dormirás conmigo o todavía sigues enojado?― preguntó al acercarse lentamente hasta Inuyasha, desde que se volvieron a ver el chico no le prestaba atención, se ponía atuendos provocativos y ni se inmutaba.― Tal vez un hijo no fue buena idea si va hacer que nos distanciemos.― decía melosamente, mientras intentaba pasar sus manos por el pecho del él.
― ¿Podrías al menos fingir que Hikaru te interesa?.― preguntó al apartarla y cargar a su hijo, que estaba en su portabebés.
― Aun no entiendo porque le pusiste así. Ichiro hubiera sido mejor.― dijo al ser rechazada por él.
― No es nada original "primer hijo".― dijo al recordar la conversación que tuvo con Kagome.
― ¿Qué haces?― preguntó Kagome al verlo acostado en el sofá y hojear un libro.
― Mi madre me lo acaba de dar, es para ver nombres de bebés.― explicaba, cuando se le ocurrió una gran idea.― Pero no quiero estar leyendo todo esto, le pondré Ichiro.― dijo al cerrar el libro.
― ¿Qué no puedes ser más original?.
― No quiero pensarlo mucho.― dijo mientras se levantaba y sentaba.
― Pero es tu primer hijo, anda esfuérzate.― dijo al sentarse junto a él.
― Está bien.― todo iba muy bien, Kagome había caído en su trampa.― Kai, porque me gusta el mar.― ese no, ella frunció el seño.― Yuki, tendrá un alma valiente o Yoshimi, buen corazón.― decía al ir revisando los nombres.
― El último es de niña.
"Ok, esos no."
― Kenji.
― Es para un segundo hijo.
― Hayate, seguramente será como el viento, parecerá un pequeño tornado.― observo a Kagome y nada en su rostro indicaba que le agradece.― Ryu o Ryuta, para que tenga la fuerza de un dragón...¿Inusuke?.
― Ya lo estas inventando.
Era verdad, el último se lo sacó de la manga, pero era tan complicado, sería más fácil si ella cooperará conscientemente.
― Entonces un nombre extranjero como Luka, Matt, Luke, Dean...
― ¿Quieres tomarlo enserio?― le interrumpió.― Los nombres japonés son bonitos, tienes que conservar esa esencia.
― ¿Cómo la esencia de un guerrero? ¿Crees que será como un samurái?.
― Puede ser, después de todo tu lo criarás y te gustan todas esas cosas. Tampoco olvides que debe ser algo que tenga significado para ti, lo que este bebé va a representar para ti.― dijo al sobar su vientre.
― En ese caso, Takeshi no suena tan mal o tal vez Hikaru, será una luz en mi vida.
Vio a Kagome sonreír y asentir inconscientemente. Ya estaba decidido, le pondría Takeshi o Hikaru.
Veía a Inuyasha perdido en sus pensamientos mientras le daba de comer al niño, sonreía como idiota y hasta soltó una risilla, algo le decía que no pensaba en ella o el niño precisamente.
― Por cierto, ya pedí mi vestido, deberías ver tu traje.― dijo para sacarlo de su burbuja de ensueño.
Inuyasha solo frunció el ceño, la boda que tanto soñó y ahora no quería.
Bajó del camión que la dejaba a dos cuadras de su casa, era hora de volver a ver su familia. Sin darse cuenta el trayecto fue muy corto y ya estaba enfrente de la casa. Tocó a la puerta y su madre le abrió al poco rato.
― ¡Hija!.
― Perdón por no venir antes, pero las cosas se complicaron un poco.
― Eso no importa, pasa. Todos estarán felices de verte.
― ¿Cómo han estado?.
― Muy bien, extrañándote.
― ¡Hermana!.― gritó un jovencito.― ¡Papá, abuelo, Kagome está en casa!.
― ¡Mi campeona! Ven y dale un abrazo a tu viejo.
― Papá, lamento la demora.
― No importa, estás aquí y gracias a ti, tu madre se opero. Estamos muy agradecidos.
― ¡Querida nieta! Ya vino alguien que escuchará mis historias.
― Ya no tendré que sufrir solo.― dijo en voz baja Souta.
― ¿Cuánto tiempo te quedarás?― preguntó Sonomi.
― Tres semanas, quisiera poder estar más tiempo pero ya inicio clases.
― Esa es mi hija, sus estudios primero que todo lo demás.― dijo con orgullo Sabato.
― ¿Hermana subiste de peso?― preguntó Souta al ver mejor a su hermana.
― Souta.― reprendido la señora Higurashi.
― Él tiene razón.― concordó el abuelo.
― Eso quiere decir que la alimentaron bien.― le quitó importancia Sonomi.
― Es que la abuela Kaede decía que estaba muy flacucha y se ponía triste si no comía lo que cocinaba.― mintió Kagome.
― Debe ser una mujer muy agradable, ojalá pudiera darle las gracias por cuidarte bien.
― Lo es, no te preocupes madre, estoy segura que de alguna manera lo sabe, es una mujer muy sabia. Y padre, no te preocupes, saldré a correr por las mañanas.
― Así se habla, por lo menos cinco kilómetros.
― Sabato, deja que descanse antes de volver a la escuela.
― ¿Dos kilómetros?― ofertó Sabato.
― Claro que si papá, pero ahora quiero ir a dormir un rato, el viaje me agoto.
― Primero toma un baño.― sugirió Sonomi y Kagome acepto encantada.
...
Se metió en la tina que estaba llena de agua caliente, dejando que sus músculos descansaran. Por costumbre paso sus manos por su vientre ahora plano, a pesar de no haber tenido cesárea tenía una leve cicatriz, era de una leve cirugía para quitarle el exceso de piel y no se notará que había tenido un embarazo.
Al principio se negó a que se la hicieran, pero cuando le explicaron que si no se la hacía debía usar fajas y que su piel tardaría en reacomodarse, acepto. No quería levantar sospechas con su familia y pronto esa cicatriz desaparecería por completo.
Se estaba bañando cuando logró escuchar el llanto de Hikaru, se asomó y vio a Kikyou arreglándose.
― Kikyou ¿Puedes ver qué tiene?.
― Estoy terminando de arreglarme.
― Solo un minuto en lo que me quitó el jabón.
― Me dieron el número de una niñera, le llamaré para que venga y...
― ¡De ninguna manera!― dijo al salir de nuevo con su pijama y con jabón en el cabello.
― Como quieras, me voy, llego tarde ¡Bye Amor!.
Miró con furia el camino por donde ella se fue, no dejaría que otras personas criaran a su hijo. Fue hasta donde su hijo que seguía llorando y lo cargó.
― Ven aquí bodoque, ya no llores.― le mecía en sus brazos, pero no dejaba de llorar.― Aquí estoy, no llores ¿Tienes hambre?― preguntó al ofrecerle su mamila y él la rechazó.― ¿Qué pasa? No estás sucio.― dijo al revisarle el pañal.
¿Qué tenía que hacer? ¿Qué haría Kagome? Cantarle, pero él no le cantaría... Pero, podía tararear una de las canciones que ella le cantaba, poco después Hikaru se quedó dormido.
Inuyasha limpió la carita de su hijo, que estaba mojada por el llanto. Lo contempló por un momento, era tan inocente que no sabía lo que pasaba a su alrededor, pero crecería y comenzaría hacer preguntas, preguntaría ¿Por qué su madre no lo quería? ¿Por qué sus padres no se llevaban bien? ¿Por qué su padre siempre lucía triste?.
― Perdóname, Hikaru espero algún día me perdones por haberte dado una madre como Kikyou, pero yo te daré el amor que ella no te dará. Te lo prometo cachorro.― deposito un beso en la frente de su hijo, lo puso en su cuna y regresó a terminar su baño.
Algún día Hikaru sabría toda la verdad, él le contaría de la hermosa chica que lo trajo al mundo, que lo amó como suyo a pesar de no serlo y que él amaba con toda su alma.
Esa tarde quedo de verse con Miroku y Sango en un parque para ir a tomar un café. Estaba sentado en una banca y por alguna extraña razón llamaba la atención de la mujeres que pasaban. Él no le veía nada de extraño, solo era un padre que estaba con su hijo que dormía en su carriola.
― Sango, ¡Mira con quien nos encontramos! Es el padre del año.― dijo Miroku "emocionado".
― Ya déjalo.― regañó la chica, sabía que su amigo no tenía buen humor desde que no veía a Kagome.― Hola Inuyasha ¿Cómo va tu vida como padre primerizo?.
― Es agotador, pero estoy feliz.― dijo con un toque de amargura.
― Se ve tan adorable.― decía la chica al inclinarse y ver a su sobrino.
― ¿Cómo está?.
― Bien, fue a casa de sus padres, iré a verla cuando regrese.― dijo Sango al captar la pregunta de su amigo.
Miroku y Sango intercambiaron miradas, sabían muy bien que Inuyasha solo soportaba aquella separación por Hikaru, se hacía del fuerte pero por dentro estaba destrozado.
― Dejemos la carriola en el coche y vayamos por un café.― habló Miroku.
Mientras Miroku terminaba de meter la carriola en su coche y Sango tomaba la pañalera, Inuyasha sostenía a su hijo quien ya había despertado, lo acunaba en sus brazos y casi se va de espaldas cuando los rayos del sol iluminaron mejor los ojos de Hikaru.
― ¿Pero qué...?.
― ¿Qué sucede?.― preguntó alarmada Sango al ver que Inuyasha estaba pasmado.
― Sus ojos.
Miroku y Sango vieron los ojos del bebé y se llevaron la misma sorpresa que Inuyasha. Los ojos de Hikaru tenían heterocromía, al rededor eran miel y al centro cafés.
― Por kami, son hermosos.― halagó Sango.― ¿No te habías dado cuenta?.
― Es la primera vez que los veo bien bajo el sol.
― Amigo mío, tu hijo es único.― dijo finalmente Miroku.
No era posible, ese niño llevaba llorando casi una hora ¿Acaso Inuyasha no podía callarlo?. Se levando furiosa de la cama y entró al cuarto del niño.
― ¿Ahora qué le pasa?
― Es por la vacuna, le dio fiebre.― explicó Inuyasha.
― Dale algo para que se callé.
― No le puedo dar nada, solo puedo bañarlo.― acaba de hacer eso y su fiebre solo bajo un poco.
― ¿Cuanto más le va a durar?
― No lo sé.
― Entonces iré con Tsubaky, mañana tengo sesión y debo descansar.
― Haz lo que quieras.
No le importaba lo que ella hiciera, solo le importaba su hijo, su pequeño bebé que no dejaba de llorar, debía sentirse realmente mal. Mejor llamaba a su madre para pedirle consejo, ella sabría qué hacer.
Se despertó agitada y sudando, no recordaba qué había soñado pero sentía un nudo en el estomago, su corazón latía como loco y tenía lagrimas en los ojos.
Se levanto de la cama y fue a sentarse junto a su ventana, el sueño de pronto se le había ido. Miró el cielo y su corazón dio un vuelco, pronto comenzó a llorar, se sentía tan sola y vacía. No lograba entender todas las emociones que sentía, no sabía ¿Por qué no dejaba de llorar?.
Llevó sus manos a su vientre, todavía le era extraño no sentir movimiento en el, miró su playera y estaba mojada ¿Qué se sentiría poder alimentar a alguien que depende de ti? Debía ser la sensación más maravillosa del mundo. Le hubiera gustado ver por un segundo al bebé que creció dentro de ella ¿Sería como Inuyasha? ¿Abría heredado hermosos ojos miel? Tomó un cojín y hundió su cara en el para ahogar sus sollozos y que su familia no la escuchará.
¿Acaso estaría sufriendo depresión postparto?.
El tiempo con su familia le ayudo mucho, pero extrañaba demasiado a Inuyasha, pero él ya estaba por seguir con su vida. Al menos eso rumoraban sus amigas.
― Espero que cuando tenga un hijo conserve un cuerpo como el de Kikyou.― decía esperanzada Eril.
― ¿Pero por qué lo oculto?― preguntó sin entender Ayumi.
― Dice que fue un embarazo de riesgo y no quería la presión de la prensa.― dijo Yuka al leer el artículo de la revista.― Se va a casar el próximo mes, su boda será en un salón estilo veneciano y su vestido lo diseña Jakotsu.
― ¿El famoso diseñador? ¡Que suertuda!.― gritó Eril.
― Su prometido es un Adonis ¿Qué opinas Kagome?.― preguntó Yuka a su amiga que llevaba mucho callada.
Kagome se levanto y se fue sin dar explicaciones, ya no quería seguir escuchando sobre Kikyou, ni escuchar todas las mentiras que ella había dicho en esa entrevista y mucho menos de su frustración sexual que tuvo durante el embarazo y por ello ansiaba su luna de miel con desesperación.
Inuyasha no sería capaz de acostarse de nuevo con ella ¿Verdad? Pero si lo hacía estaba en todo su derecho, después de todo él tenía necesidades y bien o mal Kikyou sería su esposa.
Llegó hasta el área de la piscina, no había nadie y se sentó en las gradas, no podía dejar de llorar, quería olvidar todo, quería poder hablar con alguien, no podía ir con Sango ya que ella le diría a Inuyasha que no estaba bien y él podía cometer una locura. Tomó su móvil y le marco a la única persona que en ese momento podía ayudarla.
― Mochi Mochi.
― Kouga, soy Kagome.
― Hola hermosa, supe que ya terminó todo ¿Cómo estás?.
― ¿Estás en Japón?.
― Claro ¿Qué pasa?.― preguntó preocupado al escucharla llorar.
― Te necesito, necesitó hablar con alguien sobre "eso".
― Ahora mismo voy por ti ¿Dónde estás?.
― En la escuela.
― Llegó en 20 minutos.
Los días pasaron y a pesar de que Sango se había convertido en una gran amiga que iba a verla, la llevaba a comprar su despensa o los materiales para la escuela en contra de su voluntad, pues pensaba que Inuyasha ya no tenía ninguna responsabilidad con ella, se sentía sola.
Su único apoyó era Kouga, él era la única persona antes de Inuyasha que conocía su secreto y la apoyaba incondicionalmente. Iban a comer juntos, salían a pasear o simplemente pasaban las tardes viendo películas. Kouga se había convertido en su confidente y su vieja amistad se reforzó.
Tomó su mochila para sacar su libreta y comenzar con su tarea, cuando vio el peluche que había comprado esa misma tarde, un conejo café claro afelpado. La verdad es que no tenía ni idea del porque lo había comprado, solo que al pasar por aquella tienda le pareció tan lindo que entró y lo compró. Lo saco de su mochila y lo acomodó en su escritorio.
Sería la primera vez que saldría con Kikyou y su hijo, irían a ver la Iglesia que había escogido Kikyou y hablar con el padre. Al principio Kikyou era la única que hablaría con él, pero el padre pidió que fueran todos.
― Cárgalo un segundo en lo que abro.― pidió Inuyasha al intentar abrir la puerta trasera del coche y meter a Hikaru.
― Esta babeando.― dijo asqueada al ver que sacaba burbujas de baba.
― ¿Y?.
― No quiero llegar con manchas en la ropa.
― Entonces ve sola.― le dejó las llaves y regresó al departamento.
Ese día no estaba de humor, cualquier tema referente a su boda le ponía de malas y no iba a soportar esa actitud por parte de Kikyou.
― ¡Inuyasha! ¡Regresa! ¡Que regreses!― gritaba pero el chico la ignoró.
Todo se le estaba saliendo de control, Inuyasha ya no era el de antes. Ya no podía manipularlo a su antojo y todo por culpa de ese niño.
Ese día InuNo e Izayoi iba a ir a visitarlos, por lo que Inuyasha bañaba a su hijo de poco más de dos meses, esté chapoteaba en el agua, cuando sintió que el agua comenzaba a enfriarse, lo saco y comenzó a llorar.
― Ya no llores, otro rato.― dijo al devolverlo a la tina.― Te gusta ¿verdad? ¿Sabes a quien más le gusta el agua? A Kagome.― dijo al recordar que ella practicaba natación.― Ahora sí, afuera que puedes enfermar.― ¿Qué crees que esté haciendo? ¿Le irá bien en la escuela? Claro que le va muy bien, es muy lista.― hablaba mientras lo llevaba de regreso a su recámara.― No te muevas, voy por tu ropa.― lo dejo sobre la cama y fue a la cajonera, sacó un conjunto de marinerito y sonrió con nostalgia, aún recordaba el día en que lo compró con Kagome.
Escuchó que su hijo se reía y regresó de inmediato, ya se había quitado la toalla y movía enérgicamente sus extremidades.
― ¿Qué tanto haces?― le aplicó crema y Hikaru se río de nuevo.― Ya estoy loco, esa linda sonrisa me recuerda a la de Kagome, ya basta de perder el tiempo, hay que vestirte para cuando tus abuelos lleguen.
Le estaba secando sus piececitos a su bebé cuando algo llamo su atención. Miró de nuevo y su corazón se aceleró, aquello no podía ser ¿O sí? Estaba seguro que no estaba alucinando.
Hasta aquí el capítulo de hoy.
Sé que han sufrido mucho con el anterior (yo también) y pronto se los recompensaré, pero ahora más drama. Algunas ya han hecho sus predicciones, pero ¿Quien acertará?.
Muchas gracias por tomarse un momento de su valioso tiempo y dejar un mensaje:
Misheru, OPAWER, candy667, joh chan, Maritza, izumy, elvi, aky, CaludiiTa, Dalila, jossy y cleolarosanegra.
En verdad muchas gracias. Nos estamos leyendo.
05/10/2014
