XVI. Conexión.
Inuyasha había estado esperando a Kagome solo por quince minutos y con cada segundo que pasaba se impacientaba más, ya quería verla, poder arreglar las cosas, hacer que todo fuera como debía ser, pero ella no llegaba. Estaba por hablarle a Miroku para que rastreara su celular e ir a buscarla, cuando el sonido de la puerta abrirse hizo que su corazón se acelerara, se levanto y los nervios lo invadieron al verla.
¿Qué haces aquí?, fue lo primero que salió de los labios de Kagome al verle. Inuyasha de inmediato notó que estaba espantada, no comprendía el porqué él estaba allí y lo mejor era aclarar las cosas lo más rápido posible, antes de que ella sufriera un ataque de nervios.
Kagome seguía pasmada, Inuyasha no iba a ser capaz de cometer una locura ¿Cierto? Si Kikyou se enteraba que él la había ido a ver la demandaría y toda su familia sufriría. Por Kami, su corazón ya latía muy rápido y respiraba agitadamente, respiró pausadamente para intentar calmarse, pero cuando escucho que Inuyasha le contestaba, no creyó lo que le decía.
― El acuerdo ya no es válido.― dijo Inuyasha con una amplia sonrisa y caminó hasta la chica.
― No entiendo.
Inuyasha tomó la bolsa que ella aún cargaba y la dejo en la mesa, luego la tomó a ella de las manos.
― El acuerdo es nulo porque...― comenzaba a explicar cuando un gran rayo calló, iluminó el lugar e inmediatamente la luz se fue.
Pero aquel estruendo, también se vio acompañado por el llanto de un bebé. Kagome miró sorprendida hacía el sillón e Inuyasha se acerco, cargó al pequeño que se había asustado por el sonido.
― Siéntate hay mucho que explicar.― dijo al ofrecerle asiento.
― No entiendo que pasa.― dijo al sentarse junto a Inuyasha y el bebé.
― El día que estaba terminado de llenar los documentos para tu inseminación estaba muy cansado, no había dormido bien en días y llene mal un papel... Te puse a ti como segunda opción si algo salía mal con el ovulo de Kikyou.
― ¿Cómo dices?― preguntó sorprendida.
― Kikyou tenía mucha prisa por irse y firmó la hoja sin estar llena, se fue sin revisarla, cuando finalmente la llene, supongo que mi subconsciente te quiso a ti desde el primer momento, ver como calmabas a aquella niña, me hizo desear que tú fueras la madre de mi hijo. En las pruebas, los óvulos de Kikyou no servían porque no había dejado de tomar las pastillas como le recomendaron y usaron uno tuyo, no nos lo notificaron a mi o a Kikyou porque dieron por hecho que todo estaba bien.
― No, lo que dices no es posible, yo no puedo ser...― se negaba a creer todo eso, seguramente eso era un sueño, debió empaparse con la lluvia, enfermó y ahora tenía ese extraño sueño.
― Kag, este bebé es de los dos.― dijo al acomodar a Hikaru y dejar que ella lo viera mejor.
― ¿Cómo estás seguro?― preguntó aún sin creer todo lo que decía, miró al pequeño y su corazón se aceleró.
― Hace días mientras lo vestía vi una mancha en la planta de su pie, tiene la forma de una media luna, es igual a la tuya.― decía al recordar aquel evento y se alegró por haber aliviado los calambres en los pies de ella, si no lo hubiera hecho, jamás hubiera sabido que Kagome tenía esa mancha en la planta del pie y hubiera pensado que era una marca propia de su hijo.― En ese momento pensé que alucinaba, ese mismo día mis padres fueron de visita y fuimos a un hospital para preguntar si algo así era posible, le hicieron pruebas de ADN... A los dos días llegaron los resultados y solo coincidía conmigo, de inmediato fui a la clínica de fertilidad y pedí ver la hoja, entonces me di cuenta y me explicaron todo.
― ¿No me mientes?― preguntó con lágrimas en los ojos, todo eso era demasiado bueno para ser real.
― Claro que no, es nuestro hijo pequeña.― confirmó al tomarla se la cara y pasarle a Hikaru.
Kagome sostuvo al pequeño con cuidado y más lagrimas comenzaron a empapar su rostro, tener a aquel pequeño ser en sus brazos fue la sensación más hermosa que había sentido, tanto como cuando lo sentía moverse dentro de ella.
― Se parece mucho a ti.― dijo al ya haber dejado de llorar un poco.
― Claro que no, cuando veía tu sonrisa en él, pensaba que estaba loco, pero no era así.― decía embelesado al ver finalmente a su hijo en los brazos de su madre, pero se preocupo al ver que ella observaba extrañada al pequeño.― ¿Qué pasa?.
― Sus ojos son hermosos.― contestó, por un momento pensó que sus ojos están viendo cosas raras, pero no, su bebé tenía una hermosa combinación de color.
― ¿Sabes que me di cuenta del peculiar color de sus ojos hasta un mes después?― admitió divertido el chico.
― ¿Cómo es posible?
― Él dormía mucho y cuando lo sacaba al sol le cubría.
― Eres increíble... Y ¿Qué va a pasar con Kikyou?― preguntó preocupada, algo como eso no se solucionaba tan fácil.
― Ya hable con ella, no lo tomó muy bien, pero no puede hacer nada.
Dejo a Hikaru con sus abuelos y fue al departamento, esperando encontrarse con Kikyou, debía arreglar todo y cuanto antes lo hiciera mejor.
Corrió con suerte y se la topo arreglándose, al parecer iba a salir. Kikyou le reclamó de inmediato el no haber llegado a casa pero él la ignoró. Le explicó con el mayor tacto posible que Hikaru no era su hijo, pero en vez de sorpresa en su rostro, vio miedo.
― ¿Qué es lo que acabas de decirme?― preguntó nerviosa, con todo eso sus planes se iban abajo y su vida corría peligro.
― Lo que escuchaste, Hikaru solo es mi hijo.
― Es imposible.
― ¡Entiende que no dejaste de tomar las pastillas!.
― ¡Mientes!.
― ¡Tu no mientas!.
― Es una vil trampa solo para volver con esa mujerzuela ¿Verdad?.
― Esto se acabó.― dijo al intentar mantenerse calmado, no quería empeorar más las cosas.
― ¿Cómo que se acabó?.
― Dime el color de ojos de Hikaru.― dijo solo para terminar de aclarar algo.
― Dijiste que cafés.― contestó de inmediato al recordarlo.
Inuyasha negó, era verdad, en realidad Kikyou jamás miró a Hikaru, nunca se detuvo a ver cómo era.
― Admítelo, jamás te importó en realidad tener un hijo y ahora que se que tú no eres su madre, no le veo razón de seguir juntos.
― ¡No puedes estar hablando enserio!.
― ¿Por qué no?.
― Todo mundo ya sabe que tenemos un hijo y nos casaremos, la boda es en una semana, no la puedes cancelar.
― ¿Quieres ver que si puedo?― le reto.― Y no me importa lo que le dijeras a los medios, te quiero fuera de mi casa.
― ¡Inuyasha! ¡No puedes hacerme esto!.
― Tu sola te lo hiciste, si en algún momento hubieras mostrado un poco de verdadero amor por el que sería nuestro hijo, tal vez las cosas hubieran sido diferentes, pero no lo hiciste. Desde este momento ya no tienes ningún derecho sobre MÍ hijo.
― ¡Te vas a arrepentir!.
― No te tengo miedo.
― ¡Deberías!.
― Adiós Kikyou.― dijo antes de salir de la habitación.
Kagome seguía embelesada con su hijo, era la cosita más hermosa que había visto y ella estaba llena de júbilo al poder sostenerlo finalmente. Su bebé, su hijito, su pequeño... ¿Cómo le había puesto de nombre Inuyasha? Solo esperaba que uno bonito o definitivamente que Kikyou no lo hubiera escogido.
― ¿Cómo se llama?― preguntó Kagome, quería saber el nombre de su bebé.
― Ichiro.― mintió, quería ver su cara.
― Hikaru le va más, pero ya que.― dijo molesta.
― Te lo dije Hika, tu madre hace hermosos pucheros cuando está molesta.
― ¿Hika?― miró a Inuyasha y esté sonrió.― Eres un tramposo.― le reclamó al golpearlo con un cojín e Inuyasha comenzó a reír.― Por eso decías todos esos nombres aquel día.
― No vamos a discutir eso ahora, ya no importa.― dijo al besarla pero al poco tiempo Kagome los separó bruscamente.― ¿Qué pasa?.― dirigió la mirada a donde ella veía y vio a Hikaru chupando el pecho de Kagome sobre la tela de su playera.
― Creo tiene hambre.― dijo la chica, al sentirlo chupar uno de sus pechos se sobresalto, fue una sensación algo extraña.
― ¿Le quieres dar de comer? Digo, si tienes leche, si no, no hay problema le traje un bote de fórmula.― decía todo nervioso mientras abría la pañalera ¿Cómo debía abordar un tema como ese?.
― ¿No le habías dado de comer?― preguntó Kagome a Inuyasha, cuando él volteo la vio a ella alimentándolo.
Mientras escuchaba a Inuyasha divertida, se saco su playera y acomodó a su bebé para que comiera. A ella no le gustaba para nada la idea de que su bebé siguiera tomando ese suplemento.
― Mientras te esperábamos le di, pero casi no come de la fórmula, creí que no tendrías.
― El doctor dijo que sin un estímulo la dejaría de producir, pero lo sigo haciendo, cuando estuve con mis padres fue estresante, debía sacármela a escondidas.
― No lo había visto comer de esa forma, creó que quería que lo alimentaras tu.― comentó al ver que su hijo prácticamente devoraba la leche de su madre.― ¿Te digo algo gracioso?― Kagome le miró como diciendo "¿Qué?".― Hika, no se deja cargar por cualquiera, no dejaba que Kikyou se le acercará, dejo que mis padres, Miroku y Sango lo cargaran solo hasta después de un tiempo, pero contigo fue de inmediato, creo que él sabe que eres su madre.
― De hecho, desde que lo vi, algo me atraía a él pero tenía miedo, tuve miedo de lo que podía ocurrir.
― Ya no debes temer, ya todo está bien.― dijo al inclinarse y besarla.
...
Aquel día Inuyasha y Hikaru se quedaron en el departamento con Kagome, lo único malo fue que ¡La cama era individual! Kagome y Hikaru dormían hacía la pared e Inuyasha en la orilla posterior en apenas un pequeño espacio. Había pensado dormir en el suelo pero ¡Él quería dormir a lado de su familia! Y alrededor de las tres de la mañana, Hikaru se despertó, exigiendo su alimento.
― ¿Tiene hambre?― preguntó somnolienta Kagome.
― Le voy a dar su mamila, sigue durmiendo, mañana vas a la escuela.― dijo Inuyasha al sentarse en la cama y querer cargar a su hijo, pero fue detenido por Kagome.
― No le vas a seguir dando esa fórmula.― le dijo al sentarse en la cama, apoyándose en la pared y cargar a su bebé que no dejaba de llorar.― Además, para tu información mañana es sábado, tu eres el que necesita dormir y que si tengo que ir a la escuela, Hikaru necesita de la leche de su madre ¿verdad?― preguntó a su pequeño que al tener a su alcance el pecho de su madre comenzó a comer.
― Eres tan linda.― dijo conmovido y se sentó junto a ella, rodeándola por los hombros y viendo embelesado aquella hermosa escena.
Pero cuando Inuyasha acarició la cabeza de su hijo, esté se aferró más al pecho de su madre comenzando a succionar con más fuerza y rapidez.
― Tranquilo, papá no te la va a quitar.― dijo divertida Kagome.
― Como ahora ya tienes a tu madre y esa leche si te gusta, ya no me quieres cerca.― le reprochó en broma a Hikaru.
Minutos después cuando su hijo dejo de comer y estaba dormido de nuevo, Inuyasha decidió que era hora de abordar un tema que tampoco podía atrasarse más.
― ¿Cuando vamos con tus padres?
― No arruines el momento.― le reprochó Kagome.
― Pequeña.― dijo en advertencia al ver que ella planeaba no hablar sobre eso.
― El próximo mes o el siguiente.― respondió mientras se acostaba de nuevo junto a Hikaru.
― En algún momento debemos decirles y cuanto antes mejor.― dijo al abrazarla por la cintura.― Voy a estar contigo, vamos a pasar por esto juntos.― la beso en la sien y ella suspiró.
― ¿El próximo fin de semana?
― Está bien.― eso era muy razonable.
A él también se le ponían los nervios de punta al imaginarse frente a la familia de su... ¿Novia? ¿Prometida? ¿Esposa? ¿Qué eran ellos en realidad? Debía solucionar eso ahora mismo.
― Pequeña ¿Estás despierta?
― Un poco.
― ¿Quieres ser mi esposa?
― ¡¿Qué?!― preguntó sorprendida al girarse y verlo a la cara.
― ¿Qué si quieres ser mi esposa?― repitió la pregunta y espero impaciente, pero ella solo lo miraba sin decir nada.
El corazón de Kagome latía muy rápido, Inuyasha le había propuesto matrimonio y ella quería pero... ¿No se suponía que antes debieron ser novios? Aunque si lo pensaba bien, nada en su relación llevaba el orden correcto, lo común era ser amigos, novios, prometidos, esposos y después de un tiempo tener hijos. Ella se embarazo, fueron amigos y en Yakahama tuvieron una relación pero jamás Inuyasha le propuso ser su novia, entonces ¿Fue su amante? Ahora se sentía realmente triste.
― ¿Por qué lloras?― preguntó preocupado el chico al verla llorar.
― Yo... Yo...― no sabía que decir.
― Dime lo que te pasa.
― ¿En Yakayama qué fui para ti?
Ahora comprendía todo, Kagome estaba hecha un lío de emociones y él debía aclararle bien las cosas.
― Desde entonces lo has sido todo para mí, se que piensas y cualquiera diría que fuiste mi amante pero no, yo jamás lo sentí de esa manera. Sé que no te pedí que fueras mi novia...
― Porque no podías, aún eras pareja de Kikyou.― interrumpió con amargura.
― No te lo pedí porque di por hecho que ya lo eras y tal vez no había terminado con Kikyou pero si lo pienso bien, nuestra relación terminó cuando no hizo nada por querer en realidad un hijo. ¿Entonces qué dices, quieres ser mi esposa?
― Si quiero.― contestó e inmediatamente fue besada por su ahora prometido.
Iban a ir al centro comercial por despensa básica de bebé, ya que Inuyasha no quería regresar aún a su departamento por dos cosas, primero quería asegurarse que Kikyou ya se hubiera marchado y por otro lado no quería llevar a vivir a ese lugar, él quería un lugar nuevo, una casa donde pudieran comenzar como una familia, sin que los recuerdos de Kikyou les atormentarán. Ya después se encargaría de hablar con la azabache y buscar una casa.
― Dámelo, no puedes abrir.― pidió Kagome al verlo batallar con la puerta trasera del coche. Cargaba a Hikaru y la silla de bebé, ¿En verdad creía poder él solo?
― Ya casi.― dijo al lograr meter la silla dentro del coche, ahora solo debía sujetarla.
― Ven acá.― dijo Kagome a su hijo al momento que se lo quitaba a Inuyasha.― Tu padre que cree poder con todo, ¿Tienes hambre?― preguntó al ver Hikaru buscaba su pecho.― Eres un pequeño glotón, subamos al coche y te alimento.
― ¿No vas a cambiarte?― preguntó Inuyasha al ver que la playera de ella estaba mojada por la baba de su hijo.― Tenemos tiempo, ve a cambiarte.
― Es una manchita y es baba de bebé, de mi bebé.― decía al sentarse en el asiento trasero y acomodarse para alimentarlo.
Sonrió como idiota al escucharla decir aquello, en realidad solo a una verdadera madre no le importaría ensuciarse por su hijo. Kagome era la madre que siempre quiso para su bebé, la esposa adecuada.
― Te amo.― dijo el chico mientras la tomaba del mentón para que ella lo viera y poder besarla.
Kagome le miró extrañada, ¿Acaso Inuyasha había pensado que ella se enojaría porque su bebé la ensució un poco? Ese hombre estaba loco.
― También te amo.― contestó antes de que el chico cerrará la puerta y fuera a su asiento para ya irse.
Estaba apurando preparando la comida, sería la primera vez que sus padres irían después de haber regresado con Kagome y quería que todo fuera perfecto.
― ¿Qué cocinaras?― preguntó Kagome al entrar a la cocina con Hikaru en brazos.
― Las costillas favoritas de papá y el flan de chocolate que le gusta a mi mamá.― decía mientras revisaba el tiempo que llevaban las cosillas en el horno, no quería que se quemarán.
― No estés nervioso, no es como si los fuera a conocer por primera vez.
― Lo sé, pero quiero que todo salga bien, les diré que nos casaremos y... Tienes razón, no tengo por qué estar nervioso, solo que será la primer comida que tendremos como familia.
― Eres tan tierno cuando no sabes que decir.― dijo al revolverle el cabello a Inuyasha.― Pero bueno, en lo que terminas, voy a bañar a Hika, debe estar limpiecito para cuando lleguen sus abuelos.
Kagome estaba bañando a Hikaru en la bañera mientras jugaba con él y sus juguetes de baño que compraron el fi de semana.
― Un tiburón se comerá tu pancita.― decía al momento que le hacía cosquillas con un tiburón esponja.
― Pero llega un pulpo y la salva.― dijo Inuyasha haber ido al baño y lograr escuchar lo que Kagome decía, entonces se acerco y abrazo a Kagome, él era el pulpo.
― Pero la ballena moja al pulpo.― tomó una ballena de plástico y al apretarla, salió un chorro de agua mojando a Inuyasha y provocando la risa del pequeño.
― Te gusta que tu padre este mojado ¿Verdad pequeño traidor?― decía Inuyasha al acariciarle el estomago.― ¿Sabes en qué más se parece a ti?― preguntó a Kagome y ella negó.― Le encanta estar en el agua.
― Entonces le hubiera encantado ir a Okinawa.
― ¿Cuando fuiste?
― El fin de semana pasado, el abuelo de Kouga cumplió años y...
― ¿Fuiste con Kouga?― interrumpió con claros celos.
― ¿Qué tiene de malo? Él es con la única persona con la que podía hablar.
― ¿Y Sango?
― Necesitaba a alguien que me conociera desde antes, alguien que no fuera después de ti, además Sango podría decirte que estaba deprimida y hubieras hecho alguna locura ¿Me equívoco?.― preguntó al notarlo callado.
En esa parte ella tenía razón, no le hubiera importado y la habría ido a ver. Pero le enojaba que ella hubiera querido olvidarlo, que pasará las últimas semanas con el lobucho, aún así comprendía que Kagome debió pasar por momentos difíciles y le gustase o no, Kouga conocía su secreto y era el único que podía hacerle compañía.
― Ya voy secarlo el agua se está enfriando.― envolvió a Hikaru en una toalla y lo llevo a la cama.
Inuyasha observaba a Kagome mientras seguía sumido en sus pensamientos, ella había sido fuerte, si él no hubiera tenido a Hikaru no hubiera soportado aquella breve separación, entonces los recuerdos del parto volvieron, ese día la dejo a pesar de que ella estaba aterrada, tuvo que pasar por aquel complicado alumbramiento sola y la culpa lo invadió.
― Kagome, perdóname.― dijo el chico al acercársele.
― ¿Perdonarte por ponerte celoso?.― preguntó al no comprender de que se disculpaba.
― Por hacer sufrir, por dejarte aquel día, cuando Hikaru nació.― explicó al abrazarla fuertemente.
― No hay problema ya paso.― decía al tiempo que los sentimientos la invadían.
― Yo no quería dejarte, lo que pasó ese día es una de las cosas más difíciles que tuve que hacer, yo debí quedarme junto a ti, darte apoyo.
― Todo está bien, debías hacerlo, no tenías opción.― decía sinceramente y luchando por no llorar.
Ese día cuando él le soltó y se fue sin ni siquiera mirarla su corazón se partió, pero sabía que no había opción, debía irse y dejarla, de otra forma estarían infringiendo el contrato. Recordaba que aquel día por más esfuerzo que hiciera Hika no nacía, ya le dolía todo el cuerpo, el dolor era insoportable y tenía miedo, no por ella, si no por la criaturita que luchaba por nacer, temía que algo malo le pasará, no quería perderlo, él debía nacer para alegrar la vida de Inuyasha, no supo de donde saco las fuerzas pero al final escucho el llanto del bebé, se sintió más que feliz y destrozada al ver que se lo llevaban lejos de su vista.
― Te prometo que jamás volveré a soltarte, voy a recompensarte todos los días.― prometía Inuyasha al tenerla entre sus brazos.
― Solo quiero poder estar junto a ti, poder tener una vida contigo y Hikaru.
― Y los que vengan.― dijo con una amplia sonrisa.
― Tarado, primero deja terminó la escuela.
― Te falta un año ¿Cierto? Diez meses se me hace un tiempo razonable, cuando termines tendrás dos meses y...
― Idiota, al menos espera que Hika tenga dos años.
― Está bien, trataré pero no prometo nada.
― ¡Ah! Eres un...
― Yo también te amo, pequeña bipolar.― dijo al comenzar a besarla, debía admitir que era un masoquista, le gustaba ver a su prometida enojada, le volvía loco ese lado suyo.
Estaba tan entretenidos besándose hasta que un pequeño estornudo los bajo de las nubes.
― Voy a vestirlo.― dijo Kagome al separarse y comenzar a vestir a Hikaru.
Inuyasha los observaba embelesado, ella era tan delicada con su hijo, siempre que lo tenía frente suyo en su rostro se mostraba una gran sonrisa y no solo a ella, también a Hikaru que no paraba de reír mientras su madre le ponía crema, pero estaba seguro que él también sonreía, amaba a las dos personas que estaban frente de él. Caminó por la habitación, observando todo lo que ella tenía y de repente algo llamó su atención.
― Pequeña ¿Y esté peluche?― preguntó al ver el conejo que reposaba en el escritorio, lo tomó y lo examinó, parecía nuevo.
― Me lo regalo un chico ahora que regrese a la escuela.― mintió, quería ponerlo celoso, a él le gustaba hacerla enojar y a ella ponerlo celoso.
― Es una lástima que un día ya no lo encuentres ¿Verdad Hika?― preguntó al estar moviendo el peluche delante de su hijo.
― Eres un celoso, yo lo compre.― admitió.― Pase por una tienda y me pareció muy lindo, así que entre y lo compre.― explicaba al terminar de vestir a su hijo.― Ya déjalo donde lo encontraste.
― Pequeña mentirosa, todo por eso tendrás que quitármelo.― dijo al alzarlo sobre su cabeza, Kagome saltó pero si de por sí Inuyasha era más alto, con el brazo levantado lo era más.
― Deja de ser tan infantil.― regañó la chica.
― No soy infantil, la infantil eres tú que compras peluches.
― Esta bonito ¡Ya dámelo!
― ¿Te gusta Hika?― preguntó Inuyasha al ver que no dejaba de seguir al dichoso conejo con la mirada.― No cachorro es de mamá.― dijo al ver que estiraba sus brazos, eso quería decir que lo quería.― Ya te dije que es de mamá, luego te compro uno.― decía al ponerlo de nuevo en el escritorio, pero en cuanto lo hizo, Hikaru comenzó a llorar.― No llores, aquí está, toma.― tomó de nuevo el conejo y se lo dio a su hijo, quien de inmediato lo sujetó con fuerza.
― Lo siento, le compraré uno y te devuelvo ese.― decía Inuyasha al ver que su hijo no tenía intenciones de soltar el peluche.
― Creo lo compré para él.― dijo la chica al ver la escena.― Además, mira lo tierno que se ve.― dijo al acostarse junto a su bebé y de inmediato Hikaru busco el calor de su mamá, ya tenía sueño.
― Voy a ver cómo va la comida, duerman un rato.― dijo Inuyasha a darle un beso a su bebé y a Kagome.
― Pero no tengo sueño.― repelo con un bostezo la azabache.
― Lo que digas.― dijo al taparlos con una manta y salir de la habitación.
...
Inuyasha estaba completamente incomodo, sus padres estaban contando a Kagome con lujo de detalles lo que paso desde que vio la mancha en Hikaru, hasta que recibió la carta, no es que no le hubiera dicho todo a la azabache, pero omitió algunas cosas vergonzosas que no quería que ella no supiera.
― Aquel día apenas llegamos nos arrastro a un hospital y cuando le dijeron que las pruebas se las darían en dos días, casi le da un ataque de ansías.― decía InuNo.
― Pero el día que llegaron los resultados, debiste verlo, por un momento nos espanto, no decía nada, solo miraba los resultados y lloraba, su padre le tuvo que quitar la hoja.― agregó Izayoi.
― ¿En verdad lloraste?― preguntó incrédula Kagome, ella lo había visto llorar pero jamás se imaginó que lloraría enfrente de otros.
― Lloró de felicidad, ni nosotros creíamos lo que veíamos.― dijo divertida Izayoi.
― ¿Quieren más flan?― interrumpió Inuyasha, ya no quería hablar de eso ¿Y qué si lloro? Aquel papel era su boleto para regresar con Kagome.
― No te avergüences, la amas y eso no debe avergonzarte.― dijo compresiva Izayoi.
― No me avergüenzo por eso, no era necesario que le dijeran todo eso.
― Eras un desastre sin ella, la verdad es que no sabemos cómo es que lograbas cuidar a mi nieto.― meditó en voz alta InuNo.
― ¿Quieren o no más flan?― volvió a preguntar algo molesto y sus padres iban a aprovechar para ponerlo más en vergüenza, cuando su hijo salvo su pellejo al comenzar a llorar.― Voy a verlo.― dijo de inmediato al levantarse e ir a la recamara.
Lo último que Inuyasha escucho fueron las risas de sus padres ¿Por qué no tenía padres normales?.
Kagome respiró profundo por millonésima vez, estaban justo afuera de la casa de sus padres, la hora de en fretarlos había llegado.
― Todo va a estar bien.― intentó calmarla Inuyasha al sujetarla de las manos.
― Les mentí ¿Y ahora llegó a decirles que tienen un nieto?
― Se que suena mal, pero todo va a estar bien, si mis padres lo comprendieron ellos también lo harán.
― ¿Y si no lo hacen? ¿Y si por el enojo les da una ataque? ¿Y si ya no quieren volver a verme? ¿Y si...
― ¿Y si mejor respiras y te calmas? Piensa en otra cosa, me dijiste que la cafetería estaba abajo, no la veo.
― Del otro lado está la entrada, está es la puerta principal a la casa.
― ¿Están trabajando ahora?
― No lo creó.
― ¿Te parece si vamos bajando?.― Kagome asintió.
Inuyasha salió del coche y fue a abrirle la puerta a la chica.
― Voy a estar a tu lado, tranquila.
Kagome bajo y espero que Inuyasha sacará a Hikaru.
― Yo llevo esto.― dijo al tomar la pañalera.
Caminó hasta la puerta de su casa, puso su mano en el timbre y cerró los ojos, entonces oprimió el botón. Solo espero unos segundos que se le hicieron eternos, cuando finalmente abrieron se topo con su hermano.
― Hermana.― dijo sorprendido el chico.
― Hola Souta.
― ¿Por qué no avisaste que venías?
― Una sorpresa.
― Mamá y papá se fueron a revisión al médico, el abuelo se fue a un retiro espiritual.― explicaba cuando la presencia de un joven y un bebé le llamaron la atención.― ¿Quién es él? ¿Hermana?.
― Entremos, es una larga historia, muy larga.
Se vio en la necesidad de contarle todo a su hermano, ya habían pasado dos horas y sus padres no llegaban. Si Souta la comprendía lo tendría a él de su parte y eso sería bueno ¿Verdad?.
― ¿Por qué no dijiste nada?― preguntó incrédulo.
― No podía.
― ¿Puedo cargarlo?― preguntó al ver que su sobrino no dejaba de verlo.
― Sostenlo así.― indicó Inuyasha al pasárselo, pero en cuanto Hikaru se vio lejos de los brazos de su padre comenzó a llorar.
― Creo que no le agradó.― dijo Souta algo decepcionado.
― No es eso, Hika, él es tu tío no llores.― decía Kagome a su bebé y por arte de magia dejo de llorar.
― Te entendió.― dijo sorprendido Souta.― ¡Woo! Sus ojos son de dos colores y ¿Qué le dan que pesa?
― Come mucho y ¿Verdad que sus ojos son hermosos?― preguntó a lo que Souta asintió.
Inuyasha observaba a los dos hermanos, Souta era un buen chico y de inmediato le agradó, también entendió por completo porque Kagome le quería tanto.
Se escuchó la puerta y enseguida pasos acercarse. Los tres miraron hacia la entrada a la sala y la primera que vieron fue a la madre de Kagome.
― ¡Hija! Vaya sorpresa.― dijo Sonomi al entrar a la sala y ver a Kagome, pero de inmediato le llamaron la atención el joven apuesto que estaba sentado junto a su hija y el bebé que cargaba Souta.
― Hola mamá.
― ¿Y ese joven?
― Hay algo que debo decirles ¿Dónde está papá?
― Fue a guardar unas cosas de su equipo de beisbol, ¿Qué pasa, Kagome?― preguntó con algo de desconfianza, algo le decía que algo que cambiaría sus vidas iba a pasar.
― Souta mañana me vas a ayudar a dejar el equipo a...― iba diciendo la voz de un hombre, pero se corto al entrar a la sala y ver a las visitas.― Kagome ¿Qué haces aquí? ¿Ellos quienes son?
La azabache tomó aire, lo mejor era decirlo sin rodeos.
― Mamá, papá, él es Taisho Inuyasha y el bebé que carga Souta essunieto.― logró decir lo último demasiado rápido y cerrando los ojos, no quería ver cuando el infierno se desatará.
Bueno hasta aquí llega el capítulo de la semana.
Hubo quienes adivinaron lo que pasaría y sé que estaban con muchas de confirma la maternidad de Kagome, pero las cosas a su tiempo. Ahora a enfrentar a los padres de Kagome, si quieren saber que sucede, no dejen de leer el próximo capítulo.
Y muchas gracias:
Maritza (Ayame es así porque al principio de la serie me pareció una acosadora, pero pronto madurara), elvi, azami, valeaome, Brenda, Javita, cleolarosanegra, dalila, johchan, misheru, aky, Serena, jossy e izumi.
Nos leemos.
18/10/2014
