XVII. Enfrentamientos.
Sonomi y Sabato se quedaron mirando a su hija, luego se vieron entre ellos, a pesar de que Kagome dijo muy rápido las últimas palabras lograron comprenderlo, pero lo que ellas les decía no podía ser verdad, no tenía lógica. Lo único que se les ocurría era que ella tenía novio y él tenía un hijo, tal vez padre soltero.
― ¿Cómo dijiste?― preguntó con cautela Sabato.
― Que son abuelos.― dijo volviendo a cerrar los ojos, tenía miedo de lo que estaba por pasar.
― Querrás decir que son novios y que él tiene un hijo.― intervino Sonomi para calmar la tensión.
― No, en realidad son abuelos.― negó Kagome.
― Explícate bien ahora mismo jovencita.― ordenó Sabato, si era una broma no le estaba gustado.
― Verán yo... Yo... Es que... ¿Por qué mejor no se sientan?― pidió la azabache al ver la mirada colérica de su padre.
― ¡KA-GO-ME!― la chica se estremeció por el grito de su padre.
Souta también se encogió de hombros y se puso atrás del sillón, por si las cosas se salían de control él correría afuera con su sobrino, quien para su sorpresa ya estaba dormido a pesar del grito de su abuelo.
― Cuando mamá enfermo... Yo... Es que...― no sabía que decir, las pocas palabras que se le ocurrían no salían de su boca.
― Yo se los explicaré, cálmate.― dijo Inuyasha al tomarla de la mano.
Hasta ahora era un espectador, no quería meterse para no empeorar las cosas, pero no contó con que ella pudiera tuviera un ataque de pánico. Miró a Souta y por su reacción dedujo que las cosas se estaban saliendo de control, fue entonces que decidió hacerse cargo.
Y allí, parados en medio de la sala Inuyasha explicó los acontecimientos del último año. No hubo interrupciones, solo miradas de incredulidad y enojo.
― ¡¿Cómo se te ocurrió hacer semejante estupidez?!― gritó colérico Sabato a su hija al Inuyasha haber terminado su relato.
― Lo siento, estaba desesperada no quería perder a mamá.― dijo de inmediato Kagome.
― ¿Y si algo malo te hubiera pasado? Nosotros ni por enterados.― decía con enojo Sabato.― No te creí tan imprudente, me decepcionaste, no te criamos de esta manera, no había dinero pero saldríamos adelante.
Cada palabra de su padre eran puñaladas para ella, lo último que quiere un hijo es decepcionar a sus padres.
― No tiene ni idea de lo que ella sufrió por engañarlos.― comenzó a explicar Inuyasha.― Se que yo también tuve la culpa, buscar alguien para mi beneficio pero si eso jamás hubiera pasado no la hubiera conocido, en verdad amo a su hija.― dijo muy seguro de sí.
― ¿Qué hubiera pasado si no hubiera habido ese error? Ella seguiría sufriendo por ti.
― Estoy consciente de ello, pero créanme no iba a rendirme, yo también sufría al no tenerla.
― Sabes que mi hija no es plato de segunda ¿Verdad?
― ¡Papá!― interrumpió Kagome, no quería escuchar aquello, por alguna razón esas palabras le dolieron en el alma.
― Está bien.― dijo el ojidorado para calmar a la chica.― Le aseguró que no lo es para mí, Kagome es lo principal para mí.
― ¿Acaso tenías pensado que fuera tu querida?― preguntó a Inuyasha, ya que solo así su hija podía estar con él.― ¿Y tú lo ibas a aceptar? ¿Qué no tienes dignidad?― preguntó ahora a su hija, quien de inmediato comenzó a llorar y se dejo caer en el sillón.
Inuyasha al verla se preocupó por la salud de su prometida, esto estaba siendo demasiado para ella.
― ¡Sabato!― reprendió Sonomi, no quería meterse para no empeorar las cosas, pero eso ya era demasiado, su hija había hecho una locura, pero no era como para hablarse así, por el amor de Kami ¡Kagome seguía siendo su hija!.
― No quiero volver a verte, váyanse de inmediato.― dijo antes de salir de la habitación y subir a la planta alta.
― Papá ¡Papá!.― Kagome lo intentó alcanzar pero su madre e Inuyasha la detuvieron.
― Tiene que pensar muchas cosas.― dijo Sonomi a su hija.― Yo tampoco apruebo lo que hiciste pero me alegro que las cosas resultaran bien al final.― decía maternalmente al hacerla sentar se nuevo y ella sentarse junto a su hija.― Ya deja de llorar y déjame ver a mi nieto.― pidió al limpiarle las lágrimas.
Inuyasha busco con la mirada a Souta y esté se acerco para darle a su madre el bebé.
― Aquí esta.― dijo Souta.
Sonomi sostuvo con plena maestría a su nieto, lo observo maravillada, el pequeño dormía tranquilamente a pesar del ruido, era la cosita más tierna, tan pequeño y delicado.
― ¿Cómo se llama?
― Hikaru.― contestó Inuyasha.
― Hubiera querido poder verte embarazada.― dijo con pesar.― Pero ya habrá otra oportunidad ¿verdad?― preguntó a ambos jóvenes, Kagome miró a su madre sorprendida y avergonzada.
― Claro que sí, se lo prometo.― dijo Inuyasha con una sonrisa, claro que habría otro oportunidad.
― ¿Cuando se casan? Porque se van a casar ¿Cierto?.
― En dos semanas por lo civil y en dos meses en Takayama.
― ¿Ya decidieron que tipo de boda será?
― Tradicional.― contestó ahora Kagome ya un poco más calmada.― La madre de Inuyasha me dará su kimono, pero yo quisiera usar algo del tuyo.
― Kagome, eso me haría muy feliz― dijo al tomar las manos de su hija.― ¿No habrá ningún problema?― preguntó a Inuyasha.
― Ninguno, solo quiero que ella ese día este feliz.
― Ya es muy tarde.― dijo Sonomi al escuchar el reloj sonar y marcar las diez de la noche.― Vayan a descansar.
― Pero papá...
― Quédense.― suplicó, pero Kagome negó.
― Podemos ir a un hotel, no queremos causar más problemas.― dijo Inuyasha al ser consciente que Kagome no quería estar por ahora allí.
― Insisto, hay una habitación aquí abajo.
― Mamá, no quiero que se enoje contigo o Souta.
― ¿No los haré cambiar de opinión?― preguntó y Kagome negó.― Tu padre necesita pensar muchas cosas, eres su niña, ya fue complicado que tuvieras que ir a Tokio tu sola y le iba a ser difícil cuando alguien vinieran a pedir tu mano y esto, algo como esto ningún padre se lo espera, denle tiempo, estoy segura que recapacitará.
― No te preocupes mamá.
― Nos vamos, les mandaremos la invitación.― dijo Inuyasha al levantarse y tomar la pañalera.
― Allí estaremos, tomó a mi nieto y cuídense.― dijo Sonomi al despedirse de su hija.
Jueves, ese día era en el que salía más tarde de la universidad, pero de último momento su última clase se suspendió, cosa que le pareció perfecta, estaría con sus dos personas favoritas antes. Con lo único que no contaba era que Kouga le fue a buscar, esperando encontrarla y ya que su amigo estaba allí, fueron por un helado y aprovecho para contarle los pormenores. Por supuesto que ya sabía que estaba con Inuyasha y que Hikaru resulto ser su hijo, pero no era lo mismo decírselo por textos y breves llamadas, a decírselo personalmente. La siguiente hora se paso volando y Kouga se ofreció a llevarla a su casa, pero antes debía pasar al baño y ella se quedo esperándolo en una banca. Observaba la gente a su alrededor, cuando dos en especial captaron su atención, Inuyasha había ido por ella junto con Hikaru.
― ¿Qué hacen aquí?― preguntó Kagome al tenerlos ya frente a ella.
― Venimos por ti, ya te extrañábamos.
― Yo también los extrañaba, ven Hika.― dijo al cargar a su hijo que estiraba sus brazos a ella.
― ¿Por qué huele a café?
― Estábamos revisando el cargamento de café en el restaurante, supongo que se le impregno el olor.
― ¿Entonces de allí vienen?
― Sí, ¿Qué hace él aquí?― preguntó el ojidorado a la defensiva al ver a Kouga.
― Vino a verme, ya está al tanto de todo.
― Así que al final no te resististe a sus encantos.― dijo Kouga con burla al llegar hasta donde ellos estaban.
― Es difícil no hacerlo y tu eso lo sabes bien.
― Espero la trates bien, si me entero que la lastimas no dudes en que no te la quitaré.― advirtió el moreno.
― Quiero ver que lo intentes.― le reto.
― Ya basta los dos.― intervino Kagome.
― Esto es para ti.― dijo Kouga al sacar de su chamarra un gorrito y ponérselo a Hikaru.
― ¡Es tan bonito! Un poco grande pero así le durará más, gracias Kouga.― agradeció la azabache al ver a su bebé con un gorrito blanco que tenía orejitas de perro.
― No hay de que preciosa, es en honor a su padre.― confesó, cosa que no le causó gracia a Inuyasha.― Vaya, vaya... Heterocromia.― dijo al ver con detenimiento los ojos del pequeño.― Una mutación muy rara, siempre supe que un hijo tuyo sería especial.
― Creo que le agradas.― dijo Kagome al notar que Hikaru no dejaba de ver a Kouga.
― Él también a mí, debe ser porque tú eres su mamá.― en eso sonó el localizador de Kouga.― Me necesitan en el hospital, nos vemos hermosa, cualquier cosa me llamas.― dijo y Kagome asintió.
― No es necesario que le llames, por eso estoy aquí.
― Eres muy celoso.
― A él le interesas ¿Cómo no estarlo?.
― Pero solo es mi amigo.
― Pero tú eres mía.― dijo al atraerla por la cintura.
― Celoso y posesivo, no es una buena combinación y más con tu carácter.
― Solo soy así contigo y no me mientas, te gusto así.― dijo con una sonrisa fanfarrona.
― Tienes razón, vamos a la casa ya tengo hambre.
― Vayamos al restaurante y así lo conoces.
― Me parece buena idea.
...
Cuando llegaron al restaurante Kagome se sorprendió de lo elegante que se veía todo, hasta se sintió fuera de lugar, todas las personas incluido el personal y la clientela iban bien vestidas, ella en cambio iba en jeans manchados de pintura, botas y suéter holgado. Inuyasha la presentó al personal y se dirigieron a la parte trasera, que era donde estaba su oficina.
― Jamás imagine que a esta hora tendrían gente, me hubiera ido a cambiar antes de venir aquí.
― Te vez hermosa así.
― ¡Todos iban pulcros y yo llena de pintura!
― Eso se soluciona fácilmente, les diré que ahora tienen que llevar pintura en la ropa.
― No digas tonterías.
― Entonces tu no las digas, espérame adentró, encargaré la comida.― dijo al abrir una oficina e indicarle a Kagome que entrará.
Kagome observaba la oficina, era pequeña solo había una pantalla, un escritorio, un librero, un archivero y un pequeño sofá con mesa de centro. Ella se lo imagino más grande, pero de alguna manera le reconfortaba que fuera sencillo, allí ya no se sentía desubicada. Se acercó al escritorio y una foto de ella llamo su atención, tomó el marco y miró mejor la foto, era de ella embarazada, estaba en el jardín leyendo ¿Cuando se la tomó Inuyasha que no se dio cuenta? Y ¿Cuantas más tendría?.
― ¡Imbécil! Ya no te me escondas.― gritó un hombre al entrar a la oficina.
Kagome se sobresalto, volteando de inmediato a la puerta, observo al hombre y dedujo que ese debía ser el hermano de Inuyasha ya que tenían el mismo color de ojos.
― ¿Busca a Inuyasha?― preguntó con cautela.
― Tú debes ser la chica que tuvo a su hijo.― decía al caminar hasta Kagome e instintivamente ella retrocedió.― Y ese debe ser el niño.― dijo al observar al pequeño que ella cargaba.― ¿Se puede saber qué haces aquí? ¿Dónde está el idiota?
― No es ningún idiota y fue a la cocina, lo estoy esperando.― logró responder, aquel hombre le daba miedo.
― Sesshoumaru.― dijo Inuyasha al ver que su hermano tenía acorralada a Kagome contra el escritorio.
― Te largas, dejas todo botado, regresas tranquilamente diciendo que tienes un hijo y te casaras.― decía al encararlo.
― ¿Y eso a ti qué te importa?― preguntó al interponerse entre Kagome y su hermano.
― ¿En verdad vas hacer tan estúpido? ¿No aprendiste de la otra mujer?
― ¡No compares a Kagome con Kikyou! Y si solo vas estar insultando vete de aquí.
― ¡No me iré! Te largas por nueve meses y regresas como si nada a hacerte cargo, no lo creo.
― Así como tú.― contraatacó.
― Estaba atendiendo los negocios de la familia ¡Cosa que no sabes hacer!.― gritó ahora con más fuerza y Hikaru comenzó a llorar.
Kagome intentó calmar a su bebé, pero al parecer se había espantado, busco con su mirada la puerta, tal vez lo mejor era que se fuera, pero no podía sin tener que pasar junto a Sesshoumaru.
― Si quieres que te de las gracias por encargarte en mi ausencia, "Gracias".
― ¡No seas tan cínico!
― ¡Si quieres tanto todo esto quédatelo!― apenas Inuyasha dijo eso cuando Sesshoumaru le lanzo un puñetazo, haciéndolo caer al suelo.
Inuyasha busco a Kagome, quería comprobar que estaba bien ya que la escucho gritar y a Hikaru llorar más fuerte.
― Si quieres pelear peleemos, pero deja salir a Kagome y a mi hijo.
― ¿Entonces en verdad te importan? Yo que creí que era solo una aventura.
― ¡Ya te dije que no hables así de ella!― gritó furioso y se lanzo contra su hermano, podía seguir reclamándole a él, pero no le perdonaría que se metiera con Kagome.
Kagome miraba espantada como los dos hermanos estaban peleando, no tenía ni idea de que hacer, sostuvo más fuerte a Hikaru contra su pecho y cuando los dos se estrellaron contra la pantalla cerró los ojos, pero de inmediato el gritó de un tercer hombre llamó su atención.
― ¡Dejen de pelear los dos!
Ambos hermanos dejaron de pelear y observaron a su padre, por su parte Kagome se sintió aliviada al ver a InuNo en el lugar.
― Están asustando al bebé y a Kagome, ven pequeña.― dijo InuNo al extenderle la mano, de inmediato Kagome fue hasta él y fue cuando vio Izayoi en el pasillo acompañada por una jovencita castaña.
― Vamos a comer cariño, InuNo tendrá una larga charla con ellos.― dijo Izayoi al sacarla de la oficina.
¿Acaso no tienen sentido común? ¿Qué hubiera pasado si no hubiera venido? Hubieran lastimado Kagome y a mi nieto, ellos no tenían porque quedar en medio de su tonta pelea.
Fue lo último que escuchó Kagome antes de que Izayoi la guiara a una mesa privada.
...
Hora y media después Kagome e Izayoi estaba sentadas en una mesa, habían visto a Sesshoumaru irse hace pocos minutos y esperaban que Inuyasha llegará. Mientras tanto Kagome arrullaba su pequeño que después de mucho logró dormir.
― ¿Cómo estás?― preguntó Izayoi a su hijo al verlo y notar su labio partido.
― Bien mamá, no te preocupes.
― Voy con tu padre, los dejo para que hablen.
― ¿Están bien?― preguntó al sentarse junto a Kagome y ella asintió.― Perdón por lo que paso.
― Es normal, se preocupa por ti.― dijo al comprender la actitud de su cuñado, había estado hablando con Izayoi y aquella misteriosa chica que resulto ser la cuñada de Inuyasha.
― ¿Por qué tienes que excusar a todos?
― Es tu hermano y en el fondo te quiere ¿Sabías que estaba casado?
― No, fue una sorpresa, al parecer hacer cosas a escondidas es cosa de familia.
Estaban en medio del regaño de InuNo cuando un comentario por parte de él, llamó la atención de Inuyasha.
― ¿Te gustaría que Inuyasha tratará a sí a Rin?
― ¿Rin?― preguntó curioso.
― Su esposa, ahora responde ¿Te gustaría? Mira que están en las misma condiciones.
― No es verdad.
― Por el amor a Kami, te casaste a escondidas, esa fue la verdadera razón por la que te fuiste a Londres.
Después de eso, su padre los obligó a limpiar todo su desastre.
― Esa es la prueba de que no es malo, Rin es una chica muy dulce y dice que Sesshoumaru solo quería conocerme, pero no es muy bueno con las palabras, no se a quien me recuerda.― agregó al ver a Inuyasha.
― Graciosa.― dijo al atraerla por la cintura.― Mañana tenemos que ir a casa de mis padres a cenar, una cena de reconciliación según mi padre.
― Está bien, al menos se que ante su padre se comportarán.
― No entiendo porque mis padres no me dijeron que el idiota se caso, lo supieron en cuanto regresó.
― Ustedes no se llevan bien, tal vez no creyeron que te importaría algo como eso.
― De todas formas debieron decírmelo, le hablaron a él de mi.
― No lo hicieron, vio en una revista lo del "embarazo" de Kikyou y luego indagó por todos lados.
― ¿Cómo lo sabes?― preguntó sorprendido, su hermano jamás se interesaba por su vida.
― Rin me lo dijo, y no solo eso, para que estén a mano me dijo otra cosa que él aún no sabe, vas a ser tío.
― ¿El tonto de Sesshoumaru será padre?― preguntó incrédulo.
― Eso me dijo Rin y... Ella quiere que un día cuando ella esté presente, llegues con un regalo para un bebé y se lo des, quiere que se enteré de esa manera, mañana sería una buena oportunidad
― Me matará.― dijo con miedo.
― Ella aseguró que no lo hará, que no le dejaría hacerlo.
― Eso espero.
Tenía que admitir que la cara de sorpresa de su hermano no tenía precio y como prometió Rin, ella intervino antes de que su amado esposo moliera a golpes a su cuñado. Después de aquello la cena fue muy amena y sin incidente alguno, pero tenía que admitir que le sorprendió que una chica tan linda, tierna y calmada como Rin pudiera controlar a su temperamental y frio hermano, solo bastaba una mirada o un "Sessho" para que su hermano se volviera dócil.
Por su parte, Sesshoumaru estaba sorprendido al ver a Inuyasha molestar a Kagome y ella cambiar de ánimo con mucha facilidad, por la mirada de su hermano se dio cuenta que aquello le gustaba a él, en verdad que eran una pareja muy rara. Su hermano era un masoquista y su cuñada una bipolar.
El día de la boda llegó muy rápido, solo esperaban a que el juez llegará para casarlos cuando la familia de Kagome llegó y les sorprendió ver que el padre de ella había ido, se acerco hasta ellos y les miró apenado.
― Perdón por cómo me comporte.― se disculpó Sabato.― Pero eres mi pequeña, desde siempre he alejado a los chicos para que no te lleven de mi lado y... Esa noticia fue dura para mí.
― Papá, no te preocupes, todo está bien.― dijo al enternecida la azabache y lo abrazo.
― Disculpa todo lo que te dije muchacho.
― Está bien, es normal. Le confesaré que si tenemos una niña, seré igual o más sobreprotector que usted.
― Te puedo dar buenos consejos para apartar a los pretendientes indeseados.
― Quisiera una nieta, pero con esos dos hombres mejor que sea otro niño.― dijo con pesar Sonomi provocando la risa de Souta y el abuelo Higurashi, cuando él se enteró tampoco le causo gracia la acción de su nieta, pero por el amor a Buda ¡Tenía un bisnieto!
― ¿Creen que pueda conocer a mi nieto?― preguntó Sabato a Kagome.
― Claro que si papá.― dijo Kagome al sacar a Hikaru de su carriola y pasárselo a su padre.
― Esta grandote, tiene un agarre fuerte.― dijo al momento que su nieto le tomaba de un dedo.― Serás un buen lanzador.
― Yo creo que bateador.― dijo Inuyasha al no estar de acuerdo.
― Así que te gusta el béisbol.
― Claro que sí.
― Ya veremos quién tiene razón, el entrenador o un aficionado.
― También soy jugador, desde tercer grado lo juego.― le hizo saber.
― Un día de estos tu equipo contra el mío.
― Delo por hecho.
― Te lo advierto, mi hija es mi lanzadora.
― Ahora será mi esposa, es mi lanzadora.― dijo al saber de ante mano que el padre de Kagome la entrenó de pequeña.
― Papá, Inuyasha, ya basta.― decía cansada Kagome, en buen momento se les ocurrió hablar de béisbol.
Terminaba de dar las últimas instrucciones de su nuevo plan a sus secuaces. Aquello no fuera necesario si su adorada Kikyou hubiera cumplido con su parte, pero a pesar de todas sus advertencias, bajo la guardia y dejo ir a Inuyasha.
― Recuerden no dañar al niño, lo necesitamos con vida y a la chica no la toquen aún, la necesitamos como rehén.
― En cuanto la deje sola con el niño actuaremos.― dijo un hombre alto de pañoleta en la cabeza.
― Solo hagan su trabajo, eso es lo de menos, ellos deben pagar la humillación.― dijo enojada Kikyou.
― Seguirán mis órdenes, tu ya no estás en posición de darlas, te recuerdo que es por tu culpa que estamos en esta situación.― dijo el jefe al tomar por la barbilla a la modelo.
― Me duele.― se quejó al sentir los dedos de él encajarse en su mentón.
― Agradece por ser hermosa y buena en la cama, porque de otra manera ya estarías muerta.
Kikyou le miró aterrada, sabía que no mentía y rogaba porque todo se solucionara.
― Señor, me informaron que el día de ayer se casaron por el civil.― dijo una mujer de chongo y plumas en su peinado.
― Mejor esa chica logró lo que tú no, te dije que no atrasaras tanto la boda, pero tenías que ponerte diva, una boda rápida era lo que necesitábamos, si me hubieras hecho caso, ya estarías casada con Inuyasha y ese niño sería legalmente tuyo también.
― ¿Qué desea hacer señor?― preguntó la otra mujer.
― Busca un abogado, que tenga familia y tráelo cuanto antes.
En contra de sus deseos Sango la secuestro a ella y a Hikaru, para ir a comer ya que hace mucho tiempo que no salían. Pero para empeorar las cosas, al centro comercial que fueron se toparon con Kouga y Sango le invitó a ir con ellas, quería conocer a aquel chico que ayudo a su amiga cuando ella no pudo, por ser cercana a Inuyasha.
Para sorpresa de Kagome, Sango y Kouga se llevaron bien, incluso se burlaban de Inuyasha, el lado positivo era que ahora tenía una mejor amiga y un mejor amigo, que congeniaban muy bien.
Terminaron de comer y Kagome salió del restaurante para esperar a Sango y a Kouga, ya que Hikaru se estaba impacientando. Sango estaba escogiendo un pastel para Miorku y Kouga había ido al ATM, entretenía a Hikaru con un sonajero cuando la voz de una mujer que a pesar de haber escuchado pocas veces sabía a quién pertenecía.
― Nos volvemos a ver.
― Señorita Tama.― dijo sorprendida Kagome, jamás pensó verla en ese lugar.
― ¿Estás feliz? Me quitaste todo ¿Con qué embrujaste a Inuyasha? Porque solo así se hubiera fijado en ti.― le reclamó con odio.
― Siento mucho lo que paso, en verdad, yo jamás...
― ¿Jamás qué?― le interrumpió.― ¿Me vas a decir que desde que lo viste no te atrajo? Eres de lo peor.
― No voy a discutir y mis disculpas son sinceras.
― ¡No te lo creo, eres una manipuladora, una trepadora! Pero hay algo que me reconforta, jamás le podrán decir a ese bastardo que fue hecho con amor, ni que es el producto del profundo amor que se profesaban sus padres ¿Sabes por qué? Porque cuando se creó Inuyasha me amaba a mí, era por mí que se desvivía y tu no eras nadie.― escupió con veneno.
Kagome abrazo más fuerte a su bebé, amaba a su bebé con toda su alma al igual que a Inuyasha, pero le gustará o no, Kikyou tenía razón.
― ¿Está todo bien?― preguntó Kouga al llegar y ver a aquella mujer, desde que la vio con Kagome no le dio buena espina.
― Todo bien Kouga.― contestó Kagome al Kikyou marcharse sin decir palabra alguna.
― ¿Segura?
― Sí, ya vámonos.
― Kagome ¿Estás bien? Te vi con Kikyou.― decía preocupada Sango.
― ¿Ella es la modelo?
― No le digan a Inuyasha que nos la topamos.― pidió Kagome, no quería empeorar las cosas.
― Tiene que saberlo, ¿Qué tal si se les vuelve a acercar?― preguntó Sango.
― Esa mujer puede estar loca por los celos, te miraba como queriendo apuñalarte.― decía Kouga.
― Puedes estar seguro que eso quería.― confirmó Sango.
― Por favor, no le digan.― volvió a pedir Kagome.
― Como digas, pero si algo así pasa de nuevo le diré aún en contra de tus deseos.― advirtió Sango.― Regresemos al restaurante antes de que el desesperado de tu esposo comience a llamar.
Kagome, Inuyasha y Hikaru, iban caminó a Takayama para visitar a Kaede y al ser ella buena costurera, le pedirían que arreglara el Kimono que usaría Kagome y aprovechando le pedirían que les ayudará a organizar su boda.
― Kaede se pondrá contenta por conocerte.― decía Kagome a su bebé desde el asiento delantero.
― También por arreglar el Kimono y organizar la boda.― dijo Inuyasha.― Sabes, creo que esa anciana quería esto.
― ¿Por qué lo dices?
― Hacía cosas muy raras, me ponía celoso y me hacía preguntas capciosas a cada cosa que hacía por ti.
― ¿En verdad? A mí no, serán imaginaciones tuyas.
― No lo creo.
Minutos después el llanto de Hikaru no se hizo esperar, Kagome volteo a verlo y movía su boca, ya tenía hambre.
― ¡Eres un glotón! Comiste antes de salir del aeropuerto.
― Pásate atrás con él.― dijo Inuyasha al estacionarse a la orilla de la carretera.― Adelante es peligroso.
― Está bien.― se quitó su cinturón y se paso atrás con su bebé.
Rato después Kagome dormitaba con Hikaru en brazos, pero no se quería dormir, no se le parecía justo que Inuyasha fuera manejando sin que ella le hiciera compañía.
― Trata de dormir, estoy bien.― pidió al ver por el retrovisor que la azabache dormitaba.
― Pero quiero hacerte compañía.
― Duerme, faltan dos horas para llegar.
― ¿Seguro estarás bien?
― Muy bien.
Kagome se acomodo mejor a Hikaru y se recargo en el asiento, estaba por quedarse dormida cuando un fuerte golpe la despertó.
― ¡Mierda! ¿Están bien?― preguntó preocupado Inuyasha.
De la nada una camioneta negra apareció y los embistió, apenas si pudo controlar el coche antes de ser lanzados colina abajo. Inuyasha volteo a ver a la camioneta, pero esta ya no estaba.
― ¿Están bien?― volvió a preguntar al Hikaru llorar más fuerte.
― Estamos bien, Hika solo se espanto.― dijo al revisar a su bebé.― ¿Qué paso?
― Un loco borracho chocó contra nosotros.― dijo al suponer que algo así había pasado.― Voy a bajar.― se quitó su cinturón y cuando estaba por abrir la puerta, la voz de Kagome le advirtió.
― Inu, una camioneta.― dijo al verla.
Inuyasha apenas si pudo entrar de nuevo, cuando la camioneta los volvió a envestir, piso el freno, al parecer los querían echar colina abajo.
― ¿Pero qué?― se preguntó al ver a la camioneta retroceder, para luego acelerar y así poder envestirlos con mayor fuerza.― ¡Cúbrete!― gritó a Kagome.
Kagome cubrió con su cuerpo a Hikaru y se aferró con todas sus fuerzas al asiento, sintió ser cubierta por la chamarra de Inuyasha, luego vino un fuerte golpe y escuchó los vidrios romperse, percibió el coche girar y estrellarse contra algo. Tenía mucho miedo, Hikaru no paraba de llorar y no escuchaba a Inuyasha, tenía miedo de destaparse y encontrarse con una pesadilla.
Inuyasha apenas si tuvo tiempo de cubrir a Kagome con su chamarra y regresar a pisar el frenó para intentar detener el golpe, pero su coche no era rival ante aquella camioneta que al parecer estaba blindada. La camioneta los golpeo de nuevo, su coche fue colina abajo y vio con pánico como el lado de Kagome se iba a estrellar contra un árbol, como pudo logró girar el coche y fue su lado el que chocó de lleno contra el tronco.
Siento la demora pero en la semana no pude avanzar mucho con el capitulo. Pero al fin terminé, espero fuera de su agrado y nos leemos en el próximo.
Javita, jossy, dalila, elvi, Maritza, izumy, aky, Joh chan y Misheru. Mil gracias, de nuevo les he dejado pensando ¿Qué pasará? Muajaja
Se cuidan.
27/10/2014
