"Si yo pudiera darte una cosa en la vida, me gustaría darte la capacidad de verte a ti mismo a través de mis ojos. Sólo entonces te darás cuenta de lo especial que eres para mí…" F.K.
El contacto frío de las manos de Rin lo despertaron mientras anunciaban el inicio del aterrizaje en Japón. El corazón de Haru comenzó a latir con fuerza, y los nervios se apoderaron de él instantáneamente. Miró horrorizado a Rin, queriendo huir, como siempre lo hacía, el único problema es que ahí no había a donde escapar.
Se volteó a la ventana para intentar calmarse, pero aquella barrera de nubes grises solo le hacía sentirse más atrapado. No se podía divisar tierra, no se podía ver el mar, solo nubes grises y la lluvia golpeando tímidamente las ventanas del avión mientras comenzaba a descender.
Apretó con fuerza sus manos en los brazos del asiento y volvió a mirar a Rin que lo contemplaba con cautela.
—Cálmate. — Le sonrió —Solo es un poco de lluvia. — apoyó su mano sobre la de Haru, pero este la retiro en cuanto sintió el contacto.
—No es la lluvia, ni el aterrizaje. — murmuró de nuevo hacia la ventana.
—No estará allá abajo. — Intentó calmarlo —No sabe que vienes. —
Haru soltó una bocana de aire y asintió —Lo siento… — agachó la mirada —Hace mucho tiempo que no estaba en casa. —
—Llevamos el mismo tiempo sin volver. — le recordó con un poco de nostalgia —Deberías alegrarte de estar en casa, de poder ver a tus papás, a tus amigos… —
—Rin… — ignoró lo último que éste le había dicho —Tienes que prometerme algo. — Fue él quien tomó la mano de Rin esta vez —Prométeme que no dejarás que me quede. —
Rin lo miró confundido.
—Si algo me hace querer quedarme… si alguien me hace cambiar de opinión… — trataba de explicarse, pero en realidad, ni si quiera él mismo sabía que era lo que le estaba pidiendo.
— ¿Debo obligarte a volver a Australia conmigo? — levantó una ceja intrigado.
Haru asintió —Prométemelo. — exigió.
Éste se quedo callado un momento. Sabía que sería un problema prometerle algo así. Y lo sabía porque no había sido sincero el último tiempo con Haru y cuando éste se enterara iba a ser imposible cumplir esa promesa.
—Haru… — intentó evadirlo.
Éste lo callo con su mirada.
—Prométemelo, Rin… por favor. —
Rin asintió —Lo prometo Haru. Haré lo necesario para que vuelvas a casa conmigo. —
Para cuando terminó de hablar, el avión ya había tocado suelo japonés. El corazón de Haru volvió a enloquecer en cuanto pudo divisar partes del aeropuerto pese a la lluvia en la ciudad.
Rin se levantó junto con todas las personas para sacar sus bolsos, pero Haru en cambio permanecía sentado mirando por la ventana.
— ¡Ey! — lo llamó, pero no tuvo respuesta —Haru… — insistió arrastrando las letras —Haruka. — le tiró su chaqueta a la cara y solo así reacciono. Para entonces casi no quedaba gente en el avión —Vámonos. — tomó sus cosas y salió sin fijarse si Haru lo seguía o no.
Haru siguió al mar de gente que avanzaba en la misma dirección lejos del avión, pero en algún momento dejo de ver a Rin y ya no pudo encontrarlo entre la multitud. Y él no era un gran conocedor de aquel lugar, ni siquiera sabía con certeza donde se encontraba la salida.
Cuando las personas empezaron a dispersarse, dejo caer su bolso y empezó a buscar a Rin. ¿Qué tan difícil podía ser encontrar su cabello rojizo? Hasta entonces no sabía lo difícil que podía llegar a ser.
La angustia lo embargo. Se sintió abandonado por un momento y se planteó seriamente la idea de comprar un pasaje de regreso en ese mismo momento, pero antes que la desesperación terminara por absorberlo, Rin apareció con los bolsos de ambos.
—Pareces un niño asustado por haber perdido a su mami. — le dijo dejando caer el bolso de Haru —Solo me fui cinco minutos. —
Lejos de enfadarse por sus palabras, Haru se sintió aliviado de que volviera y soltó una bocanada de aire. Podría haber saltado a sus brazos en ese mismo momento, pero Rin ya iba caminando hacia la salida con su teléfono en las manos.
—No volveré por ti. — le advirtió a la distancia y con un gesto con la mano.
Tomó sus cosas y corrió tras él. Antes de poder alcanzarlo Rin se detuvo pero no se giró hacia él, en cambio agachó la cabeza. Haru fue deteniendo la marcha pausadamente hasta que miró por sobre el hombro de Rin y lo entendió todo. Makoto estaba frente a ellos con su mejor sonrisa, con su mejor ropa, con su mejor todo. Aunque éste aún no lo veía a él.
Haru dejo caer su bolso y sopesó la posibilidad de huir de nuevo, pero su cuerpo no fue capaz de moverse. Se sintió traicionado. Por eso Rin había insistido tanto en que viajara con él, por eso le había obligado. Se sintió como un idiota por no haberse dado cuenta. Makoto quería que viajara así que Rin lo había hecho posible.
Todo lo que paso a continuación fue como una tortuosa cámara lenta. Rin se giró buscándolo, pudo ver en sus ojos el arrepentimiento por su traición. Buscaba perdón con la mirada, pero Haru aun no era capaz de reaccionar. Dio un paso hacia atrás, como queriendo retroceder el tiempo y haber tomado la decisión de permanecer en Australia, pero después quiso ir incluso mucho más allá, hasta el tiempo en que decidió confiarle su alma a Rin.
Makoto pasó junto a Rin sin detenerse a saludarlo. Haru dio otro paso hacia atrás pasmado de verlo, después de cuatro años tenía que volver a verlo, debía volver a revivir su dolor y nadie le había avisado, nadie le había advertido que esto iba a suceder.
—Haru. — la voz de Makoto sonaba distendida.
Haru sentía un pitido en sus oídos y bajo la mirada en cuanto Makoto lo alcanzó como si verlo de tan cerca doliera. Aunque en realidad si lo hacía, dolía verlo, dolía olerlo, incluso dolía recordarlo. Por lo que era imposible que no hiciera daño tenerlo así, tan cerca pero tan lejos al mismo tiempo.
—Makoto… — susurró sin levantar la vista. Sintió la boca amarga cuando pronunció su nombre.
Makoto quiso tocarlo, pero Haru se alejó al sentir la proximidad y negó con la cabeza.
—Lo siento. — la voz suave de Makoto no ayudaba a odiarlo, deseaba que desapareciera, pero estaba ahí, queriendo hablarle, queriendo tocarlo, ¿cómo no iba amarlo?
Levantó la mirada. Sus ojos brillaban llenos de pena.
— ¿Qué haces aquí? — su voz sonaba neutra, ocultando toda la ansiedad que lo recorría por dentro — ¿Tú le pediste a Rin que me trajera? —
Makoto sonrió.
—No contestabas mis llamados. — Reconoció —Tenía que encontrar una forma de traerte. —
Haru soltó un pequeño suspiro.
— ¿Para qué querías que volviera después que me echaste? — dijo tranquilo, pero lleno de pena.
—Haru… — se volvió acercar, pero Haru lo apartó.
Paso junto a él y volvió por sus cosas que estaban arrumbadas en medio del aeropuerto —Pierdes tu tiempo. — Se volvió a mirarlo —No vine a verte. — caminó hasta la salida donde estaba Rin aguardando.
—Haru. — lo llamó Rin cuando paso junto a él también.
—Puedo volver a casa solo. — dijo secamente —Gracias por nada. — le dio una pequeña mirada molesta.
Pero Rin no lo dejo, lo siguió de cerca y en cuanto tuvo la oportunidad lo tomó del brazo.
—No hagas esto Haru, te vas arrepentir. — hizo un gesto con la cabeza hacia adentro del aeropuerto —Habla con él. — le rogó.
Haru solo lo miró con el ceño fruncido.
—Confié en ti, Rin. — se soltó del agarre —Y así me pagaste. — alzó la voz.
—Yo no sé lo que paso entre ustedes. — le devolvió el grito —Tachibana me pidió este favor, porque imaginé que quería solucionar las cosas contigo y creí que era lo mejor sabiendo en el estado en el que estabas. —
Haru abrió más los ojos — ¿En qué estado estaba? — lo encaró con enojo.
—Estas deprimido, Haru. —
—No sabes nada… — murmuró dándole la espalda.
—Podría saberlo si al menos me contaras lo que te pasa, lo que sea que te hizo Makoto para que actúes así con él y conmigo. —
Haru soltó una risita irónica.
— ¿Y por qué no le preguntaste cuando llamó para pedirte que me trajeras a casa? —
—No me pareció correcto. — reconoció.
— ¿Pero si traerme a la fuerza a verlo? — volvió a increparlo molesto —No sabía que te importaba tanto Makoto. ¿Al menos le contaste lo que paso entre nosotros mientras estuvimos en Australia? Tal vez de haberlo sabido no te habría pedido ayuda para que me trajeras de regreso a casa. — dijo con toda la rabia que tenía en su interior.
Makoto lo observaba desde la entrada y para bien o para mal había escuchado todo lo que Haru le había gritado a Rin. Su rostro no era capaz de demostrar ningún tipo de emoción por lo que acababa de escuchar, ni siquiera fue capaz de reaccionar cuando Haru continuó caminando y se subió a uno de los buses que lo llevarían a casa.
Rin tampoco lo siguió. También le habían dolido sus palabras y se arrepintió de todo lo que había hecho. Aunque en su interior no estaba seguro de estar arrepentido de haber ayudado a Makoto o de querer de la forma en que lo hacía a Haru. De cualquier forma el destino que rodeaba a Haru significaba sufrimiento y él había elegido mantenerse cerca de él. Tenía que asumir las consecuencias.
Se volvió a ver a Makoto, quien lo miraba un tanto retraído.
—No salió muy bien. — dijo tranquilo.
—Makoto… —
Éste negó y lo detuvo con la mano.
—No tienes que explicarme nada, y mucho menos disculparte. — le sonrió —No tendría derecho a hacerlo, o al menos en teoría. — suspiró.
Rin lo miró confundido.
— ¿Me puedes decir que carajos paso entre Haru y tú que esta como alma que lleva el diablo? —
Makoto lo miró antes de contemplar el cielo.
—En su primer año aquí le dijeron que las mejores oportunidades las tendría en Australia, y no aquí. — Se encogió de hombros —Yo hice lo necesario para que él tomara la decisión de irse de aquí. —
—Le rompiste el corazón… — murmuró Rin.
