Aquí el capítulo 4. Sé que he tardado en subirlo, pero es que había estado muy ocupada con las tareas y exámenes finales. Pero bueno, ahora ya podré actualizar más rápido, al menos un capítulo cada una o dos semanas.
My little Pony no me pertenece.
Fluttershy despertó con emoción. Hoy sería el día que conocería Ponyville. Ella no era la clase de Pony que comúnmente estaría emocionada por conocer otro lugar, pero era porque a donde sea que iba, siempre habían pegasos. Siempre había intentado encajar con todos ellos, pero nunca lo había logrado, pues siempre era el mismo problema: su miedo a volar.
Era paradójico que ella, una pegaso, temiera poder estar en las alturas, surcar los cielos e ir a altas velocidades. Pero era la verdad. Era el miedo de todos los días. Pero con Big Macintosh todo era diferente. Desde que llegaron a conocerse, él siempre estuvo al tanto de todo lo que le pasaba. Nunca le hacía preguntas, al menos no las más incomodas, le dio un hogar, le daba las tres comidas del día y si él era así, todos debían ser iguales de buenos ¿cierto?
Se duchó, desayunó e hizo las tareas de la mañana y ayudó a cargar una carreta con toda la mercadería del día. Sólo hacía falta que la hermana menor de su amigo terminara de desayunar y podrían partir. Mientras esto pasaba, la pegaso estaba revisando la carreta. Parecía vieja, pero resistente.
Justo en ese momento vio pasar una sombra a gran velocidad. Miró al cielo y de repente todo fue como una broma de mal gusto. Hizo lo primero que le llegó a la cabeza: corrió dentro de la casa. Rogaba porque no haya sido vista a medida que subía por las escaleras y llegaba hasta la habitación de la pequeña Applebloom.
Big Macintosh la vio de reojo, por unos momentos pensó que estaba impaciente por ir a Ponyville. Pero al ver detenidamente el rostro de su amiga, supo que algo andaba mal— tienes que ayudarme —dijo con una vos entrecortada— quiere lastimarme —y eso era todo lo que tenía que decir para que él dejara a su hermanita al cuidado de su amiga pelirrosada, mientras él veía de qué o quién debía ayudarla.
Fluttershy no había podido articular alguna otra palabra después de esto. El Pony rojo pensó que se trataban de los lobos de la vez pasada, pero desechó esa idea al no escuchar sus gruñidos o el sonido de sus patas rodeando su hogar. Pero vio el miedo en su amiga, el mismo miedo que tenía el día en que la conoció, por lo que algo igual de malo debía estar allá afuera.
Entonces escuchó a alguien golpeando la puerta un par de veces. Eso calmó sus nervios. Al menos ese alguien tenía la capacidad de razonar como para llamar a la puerta de manera civilizada. Respiró hondo y decidió hacer frente a lo que sea, si con ello ayudaba a su amiga.
—¿Eeyup? —Preguntó. Al otro lado se encontraba una joven Grifón. Sus garras se hundían en la tierra a medida que lanzaba algunos "rayos" repetidas veces.
La Grifón alzó una seja. Era la primera vez que había visto a un Pony sin alas y sin cuernos tan de cerca.
Las mañanas siempre eran calmadas y silenciosas en Cloudsdale. No había animales que despertaran a todo el mundo y el trabajo diario casi siempre se llevaba a cabo en las tardes, pues los agricultores necesitaban la lluvia cuando el sol amenaza con secar los cultivos. Otras veces para impedir que esto evite que los potros falten a la escuela por una lluvia mañanera.
Esto, junto con el hecho de que hoy no había clases de prácticas de vuelo veloz, eran todo lo que necesitaba para reponer las fuerzas utilizadas el día anterior. Pero había dos problemas; el primero era que la luz del sol pasaba a través de la cortina entreabierta, permitiendo que la luz del sol golpeara su cara, despertándola al cabo de unos segundos; el segundo problema, y el mayor de los dos, era que Fluttershy aún se encontraba perdida. No podía darse el lujo de seguir durmiendo como si nada pasara.
Era el colmo con esa potranca. Su cuello aún dolía por girarlo tantas veces el día anterior y no habían conseguido una pista de donde pudiera estar. Cerró completamente la cortina antes de que la luz del sol también despertara a su mejor amiga y ésta se dispusiera a seguir reanudando su búsqueda. El desayuno ya estaba servido en la mesa, junto con una nota de la madre de Raimbow, que decía que no volvería hasta el mediodía, junto con otros adultos que habían ido a Ponyville a traer consigo algunos suministros.
Antes de salir de casa, observó por última vez a su amiga, aún se encontraba durmiendo. Prefirió no despertarla. Nunca le agradó Fluttershy, pues siempre era el miembro que retrasaba a todo el grupo. Había llegado a detestarla desde el primer día que habían tocado como compañeras de vuelo y esa fue la primera y última vez que había acabado en última. Con Raimbow Dash todo era diferente, con ella siempre era el empate, en primera o en segunda.
Y Raimbow Dash era la única razón por la que había decidido buscarla. Ya lo habían intentado en todo Cloudsdale, a petición de la pegaso azul, y ahora se haría a su manera. Ya antes había pensado que la tonta se encontraba bajo las nubes, en la tierra, un lugar muy desagradable para la Grifón. Alzó el vuelo y empezó su descenso. Cuando la encontrara, porque estaba segura que la cobarde se escondía en la tierra, se encargaría de darle una lección para que nunca abandonara las nubes ni de broma.
Pensó en ir directamente al pueblito de quinta y preguntar por ella, pero recordó que los adultos estarían ahí para comprar los suministros al medio día y en la mañana se encargarían de ser puros turistas. Si la veían a ella fuera de Cloudsdale sin permiso y sin un adulto responsable estaría en los mismos problemas que Fluttershy. Cambió de dirección, esta vez fue directo hasta una granja. Por unos momentos creyó haber visto a una potra afuera de un granero con la misma melena que la cobarde. Pero había entrado en una casa con la velocidad de un rayo. Tenía que ser ella.
Aterrizó con éxito sobre la tierra, aunque sus garras se hundían en ella, pues era la primera vez en su vida que había llegado tan bajo. Golpeó la puerta y esperó unos momentos a que algún adulto se acercara, pero en su lugar le abrió un joven Pony rojo— ¿Eeyup? —No sabía si esa era una pregunta. Ni siquiera sabía si "Eud" o lo que sea que haya dicho se encontraba en algún diccionario.
—Rayos, rayos, rayos, rayos —Decía en vos baja. Era peor de lo que se había imaginado: todos los Ponys de tierra eran unos cabezas huecas que apenas y podían hablar. Al menos haría el intento de conversar con él— Hola… soy Gilda… grifon… yo… venir… del cielo… alto… cerca de las nubes… no tan cerca del sol… Yo… buscar… amiga… Fluttershy… ella cayó… alto… ¿Tu ver Pony con alas?… así… como estas… pero de Pony.
La Grifón se había dado media vuelta y extendió sus alas, mientras las señalaba con una de sus garras.
Big Macintosh se hubiera golpeado la cara con una de sus pesuñas delanteras de no ser porque se consideraba un caballero. Ya había oído hablar que las Grifón eran diferentes en más de un sentido de los Ponys, pero nunca le habían dicho qué tanto. ¡Eran unas cabezas huecas que apenas y podían hablar! Pensó unos momentos en sus palabras, no sólo porque debía pensarlas bien para que la Grifón le entendiera, sino porque rara vez tenía que hablar mucho con alguien, sin contar con su pequeña amiga.
—Yo ver Ponys con alas… haya… villa— Utilizó una de sus pesuñas para señalar a Ponyville en la lejanía— Ellos ahí… ellos ahora.
—No… Hablo de… Pony pequeña… potranca —Alzó una garra hasta la altura que debía tener Fluttershy— Es amarilla… y melena rosa.
La conversación había durado más de lo que ambos habían imaginado, pero sin llegar a algún lado. En cualquier otro momento la Grifón hubiera perdido los estribos y le hubiera gritado al Pony de tierra que se perdiera y que aprendiera a hablar, pero éste se había mostrado respetoso. Ojala todos mostraran el mismo respeto a una especie tan digna como la de los Grifones.
Muy a su pesar se hubiera marchado, pero de pronto escucho una vos chillona. No recordaba muy bien la vos de la pegaso amarillenta, pero si recordaba que era igual de chillona que esa— ¿Ya se fue? — por impulso apartó al potro de su camino y voló hasta quedar frente a una potranca con una capucha que cubría todo su cuerpo.
—¿Fluttershy, eres tú? —Pregunto la Grifón. Por fin su viaje había llegado a su fin y podía empezar a torturar, no de la manera más horrible, a la joven pegaso— Estás en serios problemas jovencita. Cuando volvamos a Cloudsdale desearás nunca haber salido ahí.
—¡No toques a mi hermana, está enferma! —Gritó el Pony rojo al mismo tiempo que la Grifón se acercaba a Fluttershy.
Ambos se miraron y exclamaron al mismo tiempo —¡puedes hablar bien!
—¿Entonces por qué no lo hiciste antes? —Preguntó Gilda— Pudimos ahorrarnos mucho tiempo ¿Y de qué está enferma tu hermana, si se puede saber? —No estaba del todo segura de ello, pero era mejor no arriesgarse.
Big Macintosh tardó unos segundos en inventarse la mejor mentira que su mente le permitía decir— No sabía que podías hablar bien. Y mi hermana tiene la enfermedad de las Ponys de tierra —Para su desgracia, él no era un mentiroso— Sólo las hembras pueden contraer esa enfermedad… cualquier clase de hembra. Lo mejor será que no te le acerques mucho ni la toque directamente.
Con un aleteo de sus alas se alejó de la potra. ¡Sabía que los que viven en la tierra sólo traían problemas! Al salir vio la carreta y pidió que le ayudaran a buscar a una pegaso que se había extraviado hace unas semanas y así poder llevarla devuelta a su hogar. También les explicó que no podía ser vista por los adultos o tendría problemas.
Big Macintosh observo a Fluttershy para tener o no su aprobación. La pegaso no estaba segura si la Grifón decía o no la verdad. Ella nunca se había molestado siquiera en hablarle cuando estaban en Cloudsdale, por lo que sólo podía pensar que había bajado para seguir molestándola.
Mientras que Gilda se encontraba distraída, negó con la cabeza para que su amigo no la ayudara. Éste estaba por decir un "no", pero vio el rostro de la Grifón, se veía preocupada y su vos indicaba que decía la verdad. No tuvo otra opción más que hacer espacio en la carreta para que las dos pudieran ir con él.
Gilda estaba rodeada de algunos barriles y cajas llenas de manzanas, con algunos huecos por los que podía ver lo que estaba de frente, sin que alguien pudiera verla a ella.
Finalmente habían llegado hasta Ponyville. Una villa aún en construcción, pero que seguramente sería un lugar muy hermoso dentro de algunos años. Se detuvo frente a la biblioteca, un lugar que pocas veces era visitado por los turistas, un lugar idóneo donde podría esconder a la Grifón y buscara a Fluttershy.
—Te lo agradezco —dijo Gilda, mostrando una sonrisa sincera— nunca pensé que los de tu clase pudieran ser así de generosos.
Las palabras eran como agujas para Big Macintosh. Él no era un mentiroso o un embustero, pero estaba haciendo ambas cosas a la vez. Quería morderse el labio inferior a medida que estrechaba una de las garras de Gilda, pero esto podría levantar sospechas. Pronto la vio entrar y observar todo a su alrededor a través de una ventana.
—No creo que quiera hacerte daño —dijo el Pony rojo. Tampoco lo creía Fluttershy, pero al no poder estar segura de ello, siguió ocultándose bajo su capucha.
Esa mañana él sólo quería traer a su amiga a Ponyville para poder llevarla ante los adultos, pues ellos debían saber qué hacer con ella. Pero tras el encuentro con la Grifón sus pensamientos cambiaron. Ahora no estaba seguro si esa era una buena idea. Los adultos podían desterrarla de su hogar o castigarla de la manera más severa posible.
Tampoco estaba seguro de que si esto último fuera posible. Sólo conocía a una chica que era lo suficientemente lista como para tener una respuesta clara: Cheerilee. Terminó de hacer la entrega de las provisiones y recibió una gran bolsa de bits y las miradas de asombró de la mayoría de los pegasos. Era la primera vez que veían a un pony de tierra traer consigo una carga tan pesada, pese a ser aún un potro.
Ahora libre de la carga fue en busca de su antigua compañera de clases, dándole de paso un pequeño Tour a su amiga: como el hogar de una de las amigas de su hermana, Rarity, la Pony más excéntrica y perfeccionista que jamás haya conocido. Además de la pastelería del Sr. Cake. Que como siempre, el olor de los pastelillos lograba despertar el apetito de todo aquel que pasara frente a la pastelería y ambos jóvenes no eran la excepción. Dentro se encontraba Cheerilee, sentada como siempre en una de las esquinas, leyendo un libro sobre cómo ser una buena profesora, mientras terminaba una rebanada de pastel.
La pony de tierra alzó la cabeza y sonrió al ver a su amigo— Buenos días, Big Macintosh —dijo con una amplia sonrisa— Veo que tu hermanita está jugando a ser una súper heroína otra vez.
El mayor le dio a la pegaso algunos bits para que pudiera comprar algunos bocadillos. Al menos así él podría hacer la única pregunta que creía incomoda— Eeyup. Señorita Cheerilee ¿Sabe algo de los pegasos que viajan a la tierra sin decírselo a alguien?
Era la primera vez que la pony de tierra escuchaba a su amigo hacer una pregunta como esa, pero por más que quería tener una respuesta, no la tenía— Me temo que nunca he escuchado o leído algo como eso. ¿Por qué la pregunta?
En eso la más joven regreso con una bandeja repleta de pasteles. Dentro de unos minutos todos los pegasos se irían con las provisiones y no estaba seguro si era buena idea tenerla en la granja. Cheerilee empezó a comer uno de los pasteles mientras esperaba una respuesta de su amigo, pero no la hubo. Además ¿No fue él quien le dijo que su hermana se había ido a Manhattan? No creía que hubiera vuelto tan pronto ya que el tren de Manhattan a Ponyville volvería hasta dentro de dos días.
Estaba a punto de quitarle la capucha a quien sea estuviera debajo de ella, pero todos sus pensamientos fueron interrumpido al ver a una joven Grifón entrando al lugar como si nada pasara. Pero para los lugareños ver a alguien de su especie era algo inusual.
—¡Oye, tú! —Exclamó Gilda, acercándose a la mesa en la que se encontraba Big Macintosh— ¿Son tuyos? —pregunto, señalando los pasteles en la mesa. No esperó una respuesta y empezó a comerse algunos pastelillos— Los adultos ya se fueron y no encontraron a quien vine a buscar, así que quiero que me ayudes hallarla
—¿De quién está hablando? —Preguntó Cheerilee. Estaba asombrada por ver una Grifón tan cerca y molesta por su manera de comportar.
—De una pegaso. Así de alto, es amarilla y su melena es rosada. Quiero que me ayude a buscarla o mi amiga tendrá serios problemas cuando vuelva a casa —y dicho esto, y haberse comido casi todos los pasteles, tomo al pony de tierra y fue sacándolo del lugar— Ustedes, si no están haciendo algo importante, sirvan para algo y vengan a ayudarnos.
Era la gota que había derramado el vaso. No importaba si era la primera vez que veía a una de su especie, no iba a permitir que alguien como ella simplemente llegara y la tratara de esa manera. Corrió para reprenderla, pero Big Macintosho la detuvo.
—Nope —dijo, adivinando lo que su amiga estaba por hacer— Si nos dividimos la encontraremos más rápido.
Debía ser una broma. Sabía que él era la clase de Pony que ayudaba a quien se lo pedía, le gustaba eso de él, pero no iba a permitir que la alada abusara de esa nobleza suya. Nuevamente la detuvo. Su rostro parecía implorando que ella lo escuchara e hiciera lo que le decía.
Se dividieron en dos grupos: Gilda con Cheerilee y Big Macintosh con "su hermana". El pony de tierra rogaba para que el primer grupo no se matara mientras él escondía a Fluttershy, a petición de ella. No había vuelta atrás y estaba dispuesto a tomar las consecuencias que sus actos pudieran generar.
Cuando aún no tenía su Cutie mark, la pony morada había escuchado de los Grifón. Eran seres nobles y orgullosos. Su sola presencia causaba miedo o admiración en todos aquellos que estuvieran frente a ellos. Pero lo que sentía no era ni una ni la otra. No llevaban ni cinco minutos de conocerse cuando ya había empezado a detestar caminar a su lado.
—Lo menos que podrías hacer es decir gracias. ¿No te parece? —Dijo la pelipúrpura.
—"Gracias" ¿Por qué habría de hacerlo? —Pregunto Gilda como si nada.
—No sé. Tal vez por ayudarte a buscar a tu amiga. Por invitarte una ronda entera de pasteles. Por permitir ese tono de vos tuyo. Por no decir que es de mala educación volar cuando deberías estar caminando. No sé, tú dímelo —Hubiera continuado hablando, pero creía que eso era más que suficiente como para bajarle los humos a la alada.
—Primero, Fluttershy no es mi amiga, es la amiga de MI amiga, a quien tiene buscándola de un lugar a otra. Segundo, esos pasteles estaban muy empalagosos. Tercero, yo hablo como quiero, soy yo quien tiene las alas. Y por último, no es mi especie quien tiene la enfermedad de las Ponys de tierra.
—¿Pero de qué está hablando? —Eso último casi la hizo reir— no existe tal enfermedad.
¿No existe? Ahora todo tenía sentido. Su vista era la mejor y nunca le había fallado. Sabía que había visto a la cobarde en la granja, sabía que el terrestre estaba actuando extraño. Y todo ese tiempo le creyó, pensó que estaba ayudándola sólo porque sí.
Voló hasta que todo Ponyville estaba en su rango de visión. Logró localizar rápidamente a la encapuchada y descendió extendiendo sus garras. Cuando tomó la capucha y la arrojó a lo lejos sintió que se había llevado parte del pelaje de la pelirosada… y le gustaba el grito de miedo y dolor que esto había causado. Nadie jugaba con ella, mucho menos las inútiles y débiles.
—¡Me mentiste! —Exclamó señalando a Big Macintosh— Ahora pagaras por lo que hicist…
No había terminado de hablar cuando Big Macintosh la embistió. No era la clase de Pony que le gustaba la violencia, le huía tanto como podía, pero odiaba cuando alguien fuerte lastimaba al débil sólo porque podía. Gilda se sentía desorientada por unos momentos, pero se repuso con rapidez.
Alzó el vuelo e intentó atacar con las garras, pero Big Macintosh fue más ágil y golpeó el estomago de la Grifón, luego la mordió del cuello y la arrojó contra unos barriles de basura. Uso sólo la fuerza necesaria para desorientarla, pero esto no la detuvo.
—Bien, "amigo", ahora si estoy enojada —antes sólo estaba probando las habilidades del terrestre. Lo vio embestir, esquivar y golpear. Y ahora que tenía una idea de cómo pelear contra él. Volvió a alzar el vuelo y dar pequeños círculos semi-hipnóticos en el cielo.
Los músculos de Big Macintosh se tensaron al sentir el ataque de la alada en cualquier momento. Ésta sonrió para sí misma. Sus alas tomaron posición para ir a toda velocidad mientras caía en picada.
El mayor quedó tendido en el suelo, con Gilda sobre él. Sus garras rasgaban repetidas veces las pesuñas del terrestre, mientras este intentaba librarse con patadas lanzadas al aire. Era un momento de debilidad que había esperado. Su cuello ahora estaba libre para una mordida que lo dejaría fuera de combate al instante.
Pero lo que ella no sabía es que hace unas noches él ya se había encontrado en una situación similar. Ya había cometido el error de dejar que su miedo lo dominara. Había jugado con ella y dejado el cuello libre para que sus ojos no se fijaran en las patas traseras. Rezaba para que esta vez pudiera controlar su fuerza, antes de dar una patada que mandaría volando a la Grifón quien sabe donde…
Y hasta aquí el fic. Espero que les haya gusto y como ya dije antes, ahora será menos tiempo el que tendrán que esperar para leer el siguiente capítulo.
Por ahora me encuentro en una gran encrucijada. Para no extender demasiado el fic estoy entre escribir el primer día de escuela de Applejack en Manhattan, lo otro es continuar con la conclusión de esta historia... veré que hacer.
Si les gustó o tienen alguna sugerencia o petición para el siguiente o futuros capítulos no olviden dejar sus reviews, que son muy importantes ya que me motivan y alegran el día de gran manera.
