XVIII. Secuestro.
Todo era tan confuso, intento enfocar su alrededor pero no podía, la cabeza le daba vueltas y escuchaba un pitido, llevo una de sus manos a cabeza y sintió mojado, miró sus dedos y estaban rojos ¿Por qué tenía pintura? El pitido en su oído se fue esfumando y alcanzó a escuchar un llanto, era Hikaru ¿Pero por qué lloraba? Y con aquel pensamiento los recuerdos le volvieron.
― ¿Kagome?― apenas si logró decir, pero no la escuchó.― ¡Kagome!― gritó más fuerte.
No sabía el tiempo que llevaba recostada en el asiento, pero le pareció una eternidad, ya se estaba desesperando, intentaba calmar a su bebé pero no dejaba de llorar, temía que algo malo le hubiera pasado. Se estaba incorporando, teniendo cuidado de que los trozos de vidrio no le cayeran a Hikaru, cuando escucho que Inuyasha le llamaba.
― Estamos bien.― contestó para tranquilizarlo.
Inuyasha al escucharla respiró aliviado, ellos estaba bien.
― ¿Tienes tu móvil?― le preguntó, él no sabía donde había quedado el suyo, seguramente debajo de los asientos.
― Está en la pañalera.― contestó al comenzar a buscarlo.― Aquí está pero no tiene señal.― dijo al ver la pantalla.
― ¿Qué?― preguntó extrañado.― No importa, hay que salir.― intentó salir de su asiento pero de inmediato un dolor en su pierna izquierda se hizo presente.
― ¿Qué pasa?― preguntó Kagome al escucharlo gemir.
― Mi pierna está atorada, nada grave, solo se atoró con el volante.― mintió para no preocuparla, la verdad era que sentía algo enterrado en ella.― ¿Hikaru cómo esta?― preguntó al ya no escucharlo llorar.
― Ya se calmó, parece que está bien.
― Intenta buscar mi teléfono, puede que tenga señal, tal vez esta bajo el asiento ¿Kagome?.― llamó al ver que ella se había quedado viendo algo.
― Unos sujetos vienen.― contestó temerosa, nada bueno iba a pasar.
Inuyasha volteo hacía atrás y efectivamente, tres personas completamente de negro bajaban por la colina. Intentó mover el asiento para liberarse, no iba a dejar que lastimaran a su familia, pero no había forma de mover el asiento, el coche lo tenía prisionero.
― Sal o todos mueren.― dijo un hombre a Kagome mientras la amenazaba con un arma.
― ¿Qué es lo que quieren?― preguntó furioso Inuyasha.
― ¡Que salgas!― ordenó otro y al ver que la chica no se movía le disparo a Inuyasha justo en su pierna lastimada.
― ¡Inuyasha!― gritó Kagome.
― Si no sales el siguiente será en su cabeza o a tu hijo.― amenazo el segundo hombre.
Con temor Kagome salió del coche y la tercer persona le quitó a su bebé.
― Sube a esa camioneta, llevare a tu hijo por seguridad, para que no intentes nada estúpido.
― ¡No! ¡Kagome! ¡Déjenlos!― gritaba Inuyasha al ver que se los llevaban, pero solo lograba lastimarse más.
― Pronto te llamaremos, cuando nos vayamos volverá la señal.― dijo el primer hombre al aventarle un celular.
Inuyasha vio a Kagome subir a la camioneta, le siguieron los tres hombres y arrancaron de inmediato, observo impotente como en esa camioneta se llevaban a su familia.
...
Al subir a la camioneta le vendaron los ojos, tiempo después el cual se le hizo eterno, la bajaron de la camioneta y le quitaron la venda, estaban en una gran casa de dos pisos en medio del bosque, era como una casa de seguridad, le entregaron a Hikaru y le indicaron que entrará. La llevaron a una recamara en la planta alta, observo el lugar, había una cama matrimonial, un closet y las ventanas tenía papel además de las cortinas.
― Te conviene ser buena chica.― dijo un hombre que recién llegaba.
Kagome le observo sorprendida, era el único que no se había cubierto la cara, su cabello era negro, largo y rizado; sus ojos transmitían maldad y odio, cosa que le aterró a la azabache.
― Mientras hagas lo que se te diga los dos estarán bien.― dijo al acercase a la chica.― ¿Comprendiste?― preguntó y Kagome asintió.― En el closet hay ropa limpia, cámbiate y disculpa a mis hombres son un poco toscos, no saben tratar a una dama.― dijo al ver que los zapatos y pantalón de ella, tenían lodo y hojas secas.
― ¿Qué es lo que quiere?― preguntó con miedo y sosteniendo a Hikaru con fuerza.
― Recuperar lo que me pertenece, ahora cámbiate estás muy mugrosa, dentro de poco te traerán de comer.
Kagome lo observo salir, no estaba muy segura si hacerle caso y cambiarse, pero como ese sujeto había dicho, mientras hiciera lo que le pedían ella y Hikaru estarían bien. Fue al closet, encontrándose con pantalones, playeras y suéteres. Tomó lo primero a la mano y se apresuro a cambiarse, antes de que alguien entrará.
Hikaru comenzó a llorar, necesitaba un cambio y no tenía con que hacerlo, justo en ese momento una mujer con chongo, entró con la comida.
― Más te vale que te comas todo.― dijo al dejar la bandeja de comida en la cama.
― Espera.― se apresuró a decir Kagome al verla dar la vuelta.― Necesito ir al baño, tengo que limpiar a mi bebé.
― Ven conmigo.― Kagome la siguió hasta el final del pasillo, en el trayecto vio a un hombre en las escaleras que cargaba una escopeta.― Aquí es, los pañales están allí.
― Gracias.― se apresuró a cambiar a Hikaru y le limpio su cara que tenía algo de tierra.― Ya terminé.
― Si necesitas venir puedes salir, de todas formas no tienes posibilidad de escapar, viste a ese sujeto, a él no le importa que seas mujer y tengas un bebé en brazos, no dudara en lastimarte si intentas algo estúpido ¿Comprendes?
― Claro.― no estaba loca como para intentar escapar, confiaba en que pronto Inuyasha los sacaría de ese lugar.
Abrió un poco los ojos y vio un techo blanco, ¿Ahora dónde estaba? Se estiró y su pierna dolió, llevó una mano a ella y la tenía vendada. Intentó levantarse pero se mareo de inmediato ¿Qué carajos le había pasado?
― Hijo, recuéstate el efecto de los sedantes todavía no pasa.― escuchó decir a su padre.― Inuyasha, acuéstate antes de que te lastimes.
― ¿Qué paso?
― Descansa, ya nos encargamos.― decía InuNo al acostar de nuevo a su hijo.
― ¿De qué hablas?
― Vuelve a dormir.
InuNo miraba a su hijo con preocupación, cuando su esposa y él recibieron aquella llamada de su hijo no lo podían creer, pero de inmediato llamarón a emergencias, una hora después recibieron otra llamada diciéndoles que su hijo estaba en un hospital de Nagoya, lo habían llevado a cirugía, tenía una pierna lastimada y un fuerte golpe en la cabeza.
Al llegar al hospital les dijeron que había perdido mucha sangre y debía permanecer en reposo, la condición de su pierna era delicada, si no se cuidaba como se debía se la lastimaría de manera permanente.
― ¿Y Kagome? ¿Está con Kaede?― preguntó, lo último que recordaba era que iban a ir con esa anciana.
― Duérmete.
Estaba por hacer caso a su padre, cuando vio una bolsa de suero y se dio cuenta que estaba en un hospital, entonces los recuerdos le volvieron. Se levanto como pudo, casi se cae, no se podía mantener en pie.
― ¡Que te quedes en la cama!― gritó InuNo al intentar mantener a su hijo en reposo.
― Kagome y Hikaru están en no sé donde ¿Y quieres que me quede aquí?― decía al intentar quitarse el suero.
― Ya los buscan y tu herida es grave.
― ¿Llamarón para el rescate o algo?
― Aún no.
― ¡¿Cómo que no han llamado?! Tengo que buscarlos, no puedo quedarme aquí.
― Tienes que recuperarte.
― ¿Hace cuanto estoy aquí? ¡¿Hace cuanto?!― preguntó de nuevo al ver que su padre no contestaba.
― Tres días, ya habías perdido mucha sangre cuando emergencias llego.
― ¡¿Tres días y no han llamado para el rescate?! Dijeron que llamarían.
― Tranquilo, quizá con quien quieren hablar es contigo y se enteraron que no estabas consiente.
― ¡Entonces avisa que ya desperté!― no pensaba perder más tiempo, tenía que rescatar a Kagome y Hikaru de esos malditos.
Le dieron el alta a Inuyasha la tarde del día siguiente, cosa que le exasperó ¡Él ya se sentía bien!. Y después de media hora después de llegar a casa de sus padres, recibieron una llamada, eran los secuestradores. En la casa había un equipo de rescate, listos para rastrear la llamada pero algo les decía que eso no iba a ser posible.
― Estás son nuestras condiciones: Se divorciara de su esposa y se casará con su antigua novia.― decía un hombre.
― Están locos, pero eso quiere decir que Kikyou está detrás de esto.― claro que lo estaba, esa mujer estaba loca.
― Por su causa perdimos acciones, nos conviene ese matrimonio, también cambiará los papeles de su hijo para que la madre sea la señorita Tama.
― Esas demandas son absurdas, ponga una cantidad.
― Nada de eso, con ese matrimonio nos beneficiamos más.
― Quiero hablar con mi esposa.― exigió, necesitaba saber que ella y Hikaru estaba bien.
Kagome escuchaba atentada toda la conversación, estaba durmiendo a Hikaru cuando ese hombre entro acompañado de otros dos, llevaban un teléfono, hicieron una llamada y pusieron el altavoz, cuando escucho contestar a Inuyasha se sintió aliviada, estaba bien, aquellos cinco días le parecieron eternos y temía que algo malo le hubiera pasado a su ojidorado.
Al escuchar mencionar a Kikyou, no entendía ¿Qué tenía que ver Kikyou en todo esto? No la había visto y nadie la había mencionado. Observo a Hikaru dormir en la cama, estaba tan tranquilo ajeno a todo lo que pasaba.
― Habla hermosa.― ordenó el jefe a Kagome.
― Inu.― dijo al estar frente al teléfono.
― ¿Están bien?― preguntó Inuyasha, la escuchaba apagada ¿Y si algo malo le habían hecho?
― Estamos bien.
― Por el momento "Mon petit chou".― dijo el hombre al acariciarle el rostro.― Ya la escucho, ahora decídase no soy una persona paciente.― le dijo a Inuyasha.
Espero un momento a que Inuyasha le contestará, pero al no obtener respuesta, aventó a Kagome al piso y se puso sobre ella.
― ¿Qué hace?.― preguntó la chica al tener a ese hombre sobre ella.
― Tranquila, lo disfrutarás.― dijo al sujetarla de las manos e inclinarse a su cuello.
― No, no, no ¡Suélteme!― gritaba mientras sentía el aliento de ese hombre en su cuello.
― ¿Qué le hace?― preguntó preocupado Inuyasha al escuchar gritar a Kagome.
― No sabía que tu querido esposo es un pervertido, quiere que le describa lo que hacemos.
― ¡No me toque!― gritó más fuerte al sentir que ese sujeto le tocaba uno de senos por debajo del sujetador.
― Con razón te quiere, tienes una piel exquisita, sobre todo esos labios que son una tentación.― dijo al forzarla a que lo besara.
― ¡Déjeme!― gritó al borde de las lagrimas al librarse de aquellos labios.
― ¡Lo haré pero suéltela!― gritó Inuyasha, se sentía tan impotente, aquel sujeto estaba tocando a Kagome y él no podía hacer nada.
― No se nota que hubieras estado embarazada y eso que fue hace ¿Cuatro meses?― preguntó al desabrocharle el pantalón y pasar sus dedos peligrosamente por el inicio de su ropa interior.
― ¡Ya dije que lo haré!― gritó con más fuerza Inuyasha, no iba a dejarle abusar de Kagome.
― Justo cuando comenzaba a disfrutarlo.― dijo con fastidió.
― Me casaré con Kikyou pero no cambiaré los papeles de mi hijo, él se quedará con su madre.― él podía renuncia a Kagome, pero no iba a dejar a Kagome sin su hijo, si Hikaru se quedaba con él tendría que vivir con Kikyou, sufrir de sus rechazos y eso jamás se lo perdonaría.
― Está bien, pero, el niño jamás podrá recibir nada de la herencia de los Taisho.
― Trató hecho.― contestó de inmediato Inuyasha.
― Quiero que estés mañana allí sin falta, un abogado les visitará en el transcurso de la mañana.― informó antes de colgar.
― ¿Hijo?― preguntó preocupado InuNo.
― Solo asegúrense que estén bien.― pidió al ser consciente que ahora no solo tenía que renunciar a Kagome, ahora también a Hikaru, justo cuando pensó que todo estaría bien, que formarían una familia, esos sujetos tenían que aparecer y arruinarlo todo.
InuNo e Izayoi vieron salir a su hijo de la sala, ellos también estaban preocupados, pero InuNo tenía un plan que esperaba funcionara.
― Sessho necesito que vengas conmigo.― dijo InuNo a su hijo mayor y esté le siguió a la entrada principal.
― ¿Adónde van?
― Tranquila Izayoi, todo estará bien.― tranquilizó a su esposa y salió de la casa con su hijo mayor.
En toda la noche no pudo dormir, no sabía a qué hora es que llegaría el abogado del diablo. Pero al dar las diez de la mañana el timbre sonó, se levanto del sillón y vio a un hombre castaño y ojeroso entrar.
― Buen día, soy Kuranoske me enviaron a esta casa.― dijo con temor.
― Debe ser el secuas de ese bastardo.― dijo con desprecio Inuyasha.
― No, hace unas semanas unos sujetos vinieron a mí, al salir de mi trabajo me subieron a un coche y allí me dijeron que debía hacerles un favor, al principio me negué, nada bueno podía salir de esas personas, pero me mostraron fotos de mi esposa y niñas, comprenderá que no me pude negar.
― ¿Cómo se que dice la verdad?― preguntó desconfiado Inuyasha.
― No hay manera, pero tendrá que confiar en mí.
― Hijo, son ellos.― informó Izayoi al sonar el teléfono.
― Ya llego tu abogado.― dijo Inuyasha.
― Lo sé, por eso llamó, los documentos ya los firmó la señorita Tama, solo falta usted. ― dijo el hombre al otro lado.― Y Kuranoske, espero todo esté en orden, si algo sale mal puede que tus lindas niñas se queden sin padres.
― Todo está en orden, se lo aseguró.― contestó con voz temblorosa, en buena hora se había metido en ese lio.
― No firmaré hasta estar seguro que los dejaran libres.― dijo Inuyasha que aún desconfiaba de todo.
― El contrató solo será válido si esa condición se cumple, ahora firme en la línea.
― ¿Es verdad lo que dice?― preguntó Inuyasha al abogado.
― Es verdad.
― Ahora firme, ya sabe que no soy una persona paciente, todavía puedo cambiar de opinión.
Inuyasha leyó el documento rápidamente, al parecer todo estaba en forma, tomó un bolígrafo y volteo a ver a su madre, ella le dio una mirada de comprensión y apoyo, sujetó el bolígrafo con fuerza y lo puso en el papel, justo en la línea donde estaba su nombre.
¡Terminé! Siento la demora pero las festividades de de Noviembre se atravesaron, estuve comprando cosas para la ofrenda, poniéndola y se me fue el tiempo de volada. En fin, espero les gustase, es algo corto pero en el próximo se los recompensó.
Javita, Maritza, elvi, jossy, Leskyta, roxana, aky e izumy, muchas gracias.
Nos leemos.
03/11/2014
Mon petit chou: es como calabacita.
